Vivir de la Tele

Creación, guión y mucha tele

Menú Cerrar

No nos quedan razones para creer en Gran Hermano

Hacía mucho que no me mojaba en este sentido, pero los últimos acontecimientos ocurridos en la casa de Gran Hermano me traen de cabeza: las tramas, que comenzaron siendo previsibles y bastante templadas, han derivado en historias que se me escapan, pues no comprendo cómo el programa puede recompensar ciertas actitudes y penalizar otras que percibo mucho más correctas que las primeras. Me sorprende la hipocresía de los de arriba y las tragaderas de los de abajo, la hipersusceptibilidad en según qué temas y la dejadez en otros. Y aunque algunos concursantes se hayan ganado mi admiración, sigo sin entender por qué, tras diecisiete ediciones de este reality, vuelva a resultar vencedor un perfil similar al del año pasado. Y del anterior. Aunque me repito más que los ajos, creo que lo que sí comprendo es por qué la organización está tan empeñada en que siempre gane la misma persona: pensarán (o querrán pensar) que somos tontos y que los perfiles más complejos se escapan de nuestro entendimiento. Yo, al menos, me siento así. No tonta, sino defraudada.

Leer más

NaNoWriMo: ¿Y si lo vuelvo a intentar este año?

Han pasado dos años desde la última vez que me enfrenté y gané el NaNoWrimo. Ahora, con todas las circunstancias en mi contra, quiero volver a enfrentarme a la “página en blanco”. Entrecomillo esta temida expresión porque sentarme en mi escritorio y, literalmente, teclear las más de mil palabras diarias que debería escribir para alcanzar las soñadas 50.000 sin saber cómo se desarrollará la acción me parece una locura: en mi caso, más que página en blanco me encuentro ante esquemas que (espero) me ayudarán a saber hacia dónde va mi historia. Y sí, creo que este año será mi año. Y estoy tan segura de ello porque voy a volver a escribir aquella historia que me conquistó durante la primera vez que realicé este reto. Estoy más ilusionada que nunca.

¿Repito NaNoWriMo? Nunca se escribe la misma historia

Quizá penséis que me encuentro ante la decisión más cobarde que haya podido tomar en esta ocasión, pese a la “valentía” de volver a enfrentarme a un noviembre de lo más frenético. En lugar de descubrir una historia desde cero, rescato aquella que me hizo conocer la ilusión por crear algo más allá del par de páginas, gracias a la que pude desarrollar personajes que acabaron conquistándome y las historias que no se han marchado de mis pensamientos, aunque ya hayan pasado algunos años desde que escribiera el primer borrador. Por esto, he decidido retomar aquello que no terminé con el fin de quedarme conforme con mi obra (qué pedante suena). Ya que he podido comprobar lo que me gusta y lo que no, ¿por qué no iba a darle ahora otra oportunidad? Creo que el NaNoWriMo es el momento perfecto para ello.

Es cierto que conozco a los personajes, que sé hacia dónde están dirigidas sus acciones y por qué se desata el detonante que dará lugar, tras los correspondientes puntos de giro, a un clímax. A pesar de esto, también sé que el resultado de las futuras 50.000 palabras que escribiré el próximo mes no será igual al que desarrollé hace un par de años: así como yo he evolucionado, tengo la sensación de que mi historia lo ha hecho conmigo. Y no hay nada que me ponga más nerviosa y me llene tanto de energía como esto.

¿Mis circunstancias? En contra, ¡más tensión – diversión!

Gracias a mi trabajo de oficina y mis retos personales de creación, he descubierto que cuando más escribo es cuando más presionada me siento. A nadie le gusta vivir estresado, por supuesto, pero a mí me funcionan las cuentas atrás, el contador de palabras y el desafío/decepción: soy una persona demasiado exigente, por lo que no me puedo permitir “perder” este reto una vez que ya esté participando. Es así de estúpido, pues siempre pueden surgir circunstancias que me impidan sentarme a escribir mis 1.167 palabras diarias de media, pero este comportamiento me ha funcionado en las dos ocasiones en las que me he apuntado al NaNoWriMo. Ahora, con más trabajo que nunca y con falta de horas de ocio y sueño, me lanzo para demostrarme a mí misma que no hay excusas que valgan y, sobre todo, para ser consciente de que puedo hacer todo lo que me proponga. Necesito escribir. Necesito volver a ponerme al límite, a exprimirme. Lo dicho… ¡Ahora es el momento perfecto!

¿Lo hacemos juntos?

Como en las dos ocasiones anteriores que participé, las redes sociales y los foros locales de la web oficial de NaNoWriMo fueron una vía de escape magnífica para los días en los que me costaba más trabajo de lo habitual alcanzar la meta diaria. Aunque sea un evento internacional y en España no tenga el mismo seguimiento que en otros países, los chicos de WrimoEs llevan años haciendo un magnífico trabajo. Por ello, me encantaría que este año escribiéramos las 50.000 palabras juntos: utilizando el hashtag #tuhistoriaimporta en Twitter podremos darnos ánimos, contar nuestras aventuras y desventuras a lo largo del camino y, en definitiva, alimentarnos de motivación. A mí me funcionó hace años, ¿por qué no lo iba a conseguir a estas alturas? Vamos, ¿quién se anima?

Granjero Busca Esposa regresa a la televisión: el soplo de aire fresco (y rural) que necesitábamos

Tras el comienzo de la decimoséptima edición de Gran Hermano y su caída en picado inminente, quienes apreciamos los formatos que mantienen su esencia y provocan en el espectador las reacciones más sanas como la carcajada o la ternura hemos saltado de la emoción tras conocer la gran noticia del regreso de Granjero Busca Esposa a la pequeña pantalla. El programa, cuyas emisiones finalizaron en 2011 y el fenómeno “tróspido” comenzaba a despuntar (aunque no fue evidente hasta 2012 con el comienzo de Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo), regresa en un momento social y tecnológico óptimo: en 2008, cuando se estrenó la primera temporada de este reality, todavía andábamos tanteando Twitter y, por supuesto, no habíamos asimilado su consumo simultáneo con el de los contenidos de la televisión. Ahora, vamos sobrados de experiencia y gusto por la guasa multipantalla.

Los granjeros de la cuarta edición del programa. De izquierda a derecha: Román (agricultor y ganadero), Gustavo (pastor trashumante), Luis (jinete), Melendi (ganadero), Jonathan (ganadero) y César (ganadero y agricultor).

Tal y como reza el título del programa, Granjero Busca Esposa cuenta con una premisa sencilla y una criba que ya hemos visto en otros formatos de la casa: los hombres (aunque también han participado mujeres) deben seleccionar a las chicas que consideren más idóneas para acompañarles en lo sentimental y, por supuesto, en el duro trabajo de los animales, el campo y la vida retirada de la urbe. Al igual que en los dating shows que hemos visto en Cuatro, lo que hace grande a este formato es el casting, el montaje y el desarrollo de las tramas. Por suerte, tanto los granjeros como las aspirantes a granjeras son bastante peculiares. Además, las historias surgen sin apenas ser forzadas a través del guión gracias a las situaciones cotidianas: el duro trabajo diario, el entorno y el choque de egos… ¡Una granja da para mucho!

Que viva Twitter, Vine y los realities

El reality es el género más fuerte de la televisión: además de su exclusividad de plataforma (por ahora, solo es posible su desarrollo en la pequeña pantalla, tal y como está planteado), provoca reacciones más allá de las historias que vemos desde nuestro sofá. Además del rendimiento de los títulos como Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo o Un Príncipe Para… en cuanto a audiencias y posterior reciclaje de algunos personajes por parte de la factoría de Mediaset para su uso en otros formatos como Supervivientes, GHVIP o hasta el improvisado pero no menos polémico Campamento de Verano; el éxito de los “trospi-realities” se demuestra en la huella que dejan para la posteridad. Prueba de ello es que todavía recuerdo a Pedro, participante de la tercera temporada de Granjero Busca Esposa, y en ocasiones me sorprendo a mí misma recitando algunas de sus escatológicas frases lapidarias que nada tienen que envidiarles a las que suelta doña Eugenia en Aída.

Pedro, a pesar de sus peculiares hábitos de higiene, fue un imán de amor-odio para sus pretendientas.

Aunque hace algunos años no contábamos con tantas herramientas para que este rastro permaneciera en nuestra memoria, Granjero Busca Esposa consiguió que no nos olvidáramos de algunos de los momentos estelares del formato: la relación que conformaron Aitor y Ana y el vacío que le hicieron a la pobre Edurne, el encuentro “detrás de las cámaras” de la rusa Vera y el ganadero de toros bravos de Medina Sidonia (Cádiz) Carlos, los celos entre los gemelos Pedro y Jesús que, finalmente, desencaderaron una pelea en mitad de una cena delante de sus amigos y sus pretendientas;  y el final feliz de Raquel y Tito, quienes se casaron después de los días de convivencia del concurso.

Raquel y Tito, de la primera temporada, se casaron tras el concurso.

Mi pena reside en que en MiTele tan solo podemos ver íntegra la cuarta temporada… Con lo maravillosas que resultaron las anteriores. Yo solo espero que Pedro el cabrero vuelva a comentar la nueva edición de Granjero Busca Esposa en YouTube. Aquí, una muestra del tesoro que todavía permanece. ¡Solo puedo cruzar los dedos para que no se esfumen y poder seguir disfrutándolos!

A este vídeo lo titularemos “Como soy autónomo, hago lo que me da la gana”.

Aquí, Pedro el Cabrero graba un vlog en toda regla, donde nos muestra a su amiguis y lo que hace en una fresca noche de verano: comer pipas de girasol. Aunque no tenga nada que ver con el programa, no podía no incluir este extraordinario material.

Me ocurre lo mismo con este vídeo: el granjero, sin saberlo, graba un vídeo típico de bloguero gurú de moda y lifestyle. ¿Acaso todavía no sabéis qué ropa vestir para trabajar en el campo? No hay dramas: Pedro el cabrero os lo cuenta aquí.

Para nuestra suerte, el regreso de uno de mis realities favoritos llega en un momento más que adecuado: pese a que Pedro ya mostraba una tendencia hacia la crítica del formato y la traslación del mismo a otras ventanas, es ahora cuando hemos asumido por completo estos conceptos. Prueba de ello es cómo Twitter se revoluciona cada noche que emiten un programa de estas características o cómo Vine está cada vez más repleto de maravillosos fragmentos de vídeo de tan solo seis segundos con los mejores momentos de nuestros formatos predilectos. Además, los realities ya no solo se comentan en exclusiva en los corrillos de los magacines de las cadenas amigas, sino que el debate se ha mudado a las redes sociales, las plataformas se fortalecen gracias a ser trending topic y los seguidores conocen las estrategias para

La Campos, frotándose las manos para despellejar (televisivamente hablando, claro) a Raquel Morillas (GH3) en el corrillo de Día a Día. Y dirán de Sálvame

A tan solo unas horas del estreno de Granjero Busca Esposa, solo me queda calentar los dedos para twittear, retwittear y revinear como la auténtica seguidora que soy. No he tenido suficiente con los últimos contenidos tróspidos (más bien, casi tróspidos, como Quiero Ser Monja) que Cuatro nos ha ofrecido, y First Dates se nos queda corto a quienes disfrutamos descubriendo los hábitos más vergonzosos y las reacciones más hilarantes de aquellos que se prestan a mostrárnoslos.

El relevo de Bruján Argüelles y la vuelta de Carlos Lozano

El majestuoso carisma de la musa platino de los “trospi-realities” ha ayudado, sin duda alguna, a que estos programas no queden en el simple recuerdo de un contenido gracioso pero prescindible. Luján Argüelles ha conducido con maestría programas insignia de Cuatro pero no significa que sea imprescindible. Así como Mercedes Milá me llega a saturar edición tras edición de Gran Hermano y creo que sería una sorpresa positiva que probaran con caras nuevas para las futuras entregas (que las habrá, y varias, of course); el relevo de Carlos Lozano, la estrella estrellada y ahora recuperada por Mediaset gracias a su intensa participación en GHVIP, puede ser el punto de frescura que necesita Granjero Busca Esposa para no quedarse anclado en lo que ya vimos en las anteriores ediciones. El exmodelo y presentador tiene ahora la oportunidad ideal para que la audiencia se olvide de la época estelar (y estrellada) de los primeros Operación Triunfo (incluso a él mismo tampoco le vendría mal, la verdad).

Lozano, quien todavía disfruta de la resaca del reality que lo llevó al redescubrimiento televisivo, estará al mando de este gran formato: será el encargado de presentar las pretendientas a los granjeros, de contarnos cómo viven ambas partes una preciosa historia de amor o, todo lo contrario, de narrarnos cómo acaban tirándose los trastos durante los días de convivencia, el choque cultural, los celos y los malentendidos… ¡Y yo solo puedo morderme las uñas hasta los codos esperando a que empiece!

Disfrutar de los realities no es pecado, señores

Me da mucha pena encontrarme con reacciones de sorpresa (negativa) de los no seguidores de estos contenidos cuando expreso mi emoción por el regreso de Granjero Busca Esposa, por el anuncio de una nueva edición de Gran Hermano o por el simple comentario sobre una anécdota dentro del escenario de este tipo de formatos. Al parecer, que disfrute con los realities llega a significar para muchos que mis estudios, mi nivel cultural, mis lecturas o mis gustos valen menos que los suyos. Como ya comentaba en un post que escribí en este blogno es necesario avergonzarse de los guilty pleasures, pues en la espontaneidad y en la capacidad de elección de unos contenidos más o menos intelecturales, combinados con el disfrute por lo supuestamente burdo y nada educativo (¿o no tanto?) reside el equilibrio. Ojo, que tampoco es un delito no utilizar frases célebres de la Esteban y compañía en nuestras conversaciones del día a día… Pero a mí me dan la vida, para qué engañarnos.

Al igual que se respetan a los críticos que afirman encontrarse aturdidos ante en nuevo universo de creación audiovisual de contenidos que se presenta ante sus narices, ¿por qué íbamos a menospreciar a quienes se saben los nombres de todos los colaboradores de Sálvame Diario, hasta los de los fichajes más recientes? Al fin y al cabo, forman parte del imaginario cultural de la actualidad. ¿O es que este formato no ha supuesto una revolución continuada de lo que instauró Aquí Hay Tomate en lo audiovisual del pequeño formato, en el montaje y en el concepto de la fast tv? ¿Acaso esto no es cultura también?

Es una pena que no quede apenas rastro de las ediciones previas de Granjero Busca Esposa en la red, pues hubiera sido un cierre ideal para el post que hoy os traigo. ¿Qué le vamos a hacer? Al menos, quienes las disfrutamos en su momento, nos queda el consuelo del recuerdo de los momentos más desternillantes. ¿Estará la nueva entrega a la altura de las anteriores? ¿Echaremos de menos a Luján Argüelles? ¿Estarán los montadores tan inspirados como antes? ¿Qué pensáis vosotros? ¡Contádmelo en los comentarios!

25 años de televisión (II)

Si todavía no has leído la primera parte de esta serie, puedes hacerlo aquí. Siendo una niña descubrí el poder que la televisión ejercía sobre mí en el buen sentido: me divertía, he emocionaba y me sorprendía. Con algunos años más, descubrí que la pequeña pantalla era mucho más que un simple entretenimiento: quería que formara parte de mi vida y haría todo lo posible porque así fuera (por algo este blog se llama Vivir de la Tele). Si ya hemos repasado del 1991 al 2008, todavía quedan unos añitos por analizar y recordar aquellos programas que más influencia causaron en mi yo adolescente hasta la actualidad.

Universidad y televisión: el descubrimiento de mi verdadera pasión

2009: Uno de los títulos que más significó para mi posterior formación e interés televisivo fue Granjero Busca Esposa. Aunque llevaba ya muchos años siguiendo distintos realities de todo tipo, este significó la semilla de lo que en el futuro se consideraría tróspido, aunque todavía no nos sonara de nada este término.

En el noveno año de la era 2000 también conocí a Samanta Villar gracias a su 21 días, cuya primera temporada fue toda una revelación de intenciones y me sirvió para reafirmarme en mi decisión de estudiar Periodismo porque contar historias así tendría que ser maravilloso. Aunque en los años siguientes el tono de los reportajes se suavizó muchísimo, en su entrega debut en Cuatro nos trajo relatos aterradores de la realidad que la gente vive, aunque lejos de nosotros.

Durante mi primer año de universidad no consumí mucha tele, si lo comparamos con los que estaban por venir, pero descubrí títulos que no me dejaron indiferente (para bien y para mal), como Curso del 63, De Buena Ley, Hermano Mayor y La Caja. Por supuesto, 2009 también fue el año de Sálvame, formato del que renegué en un principio (como todos) pero al que me enganché inevitablemente tiempo después… Aunque para eso todavía quedan alguno años.

2010: Podemos considerar al décimo año de la era 2000 como el año del absurdo, pues gran parte de los títulos que surgen en este momento orbitan alrededor de este exitoso concepto. El desfile de realities inexplicables es llamativo: Las Joyas de la Corona, con Carmen Lomana al frente, presentó a una serie de jóvenes faltos de educación que serían “rehabilitados” en una escuela de modales.

En 2010 también nace en Telecinco Más Allá de la Vida, el polémico programa presentado por Jordi González y comunicado con el otro mundo gracias a las labores de Anne Germain. Sin embargo, el chiringuito duró un suspiro: la británica se vio obligada a abandonar la cadena al descubrirse los informes que se zampaba antes de realizar sus particulares entrevistas. Aunque había quienes ya le habían calado…

Aunque la estrella del absurdo fue Florentino Fernández con el aterrizaje en Cuatro de Tonterías Las Justas. Junto a Dani Martínez y Anna Simon, quienes comenzaron una subida frenética en la pequeña pantalla, llenaron las sobremesas de risas entre repasos a la actualidad y, literalmente, mamporrazos.

El Reencuentro llegó cuando Gran Hermano se enfrentaba a una “crisis” de edad tras 11 ediciones. Aunque los fieles seguidores nos mantuviéramos al pie del cañón (tal y como permanecemos ahora), es cierto que el mítico reality necesitaba de algunos elementos sorprendentes, a la vez que nostálgicos, que volvieran a conquistar al público que en algún momento de su vida se paró a ver mi programa favorito. En esta edición especial se reencontraron Ainhoa Pareja con Nicola (GH5), Nicky con Cristal y Bea “la legionaria (GH6), Jorge Berrocal con Mª José Galera y Silvia (GH1), Ana Toro con Almudena “Chiqui”, Gema Zafra y Orlando (GH11), Raquel López con Pepe (GH7), Noemí Ungría con Raquel Morillas (GH3), Amor Romeira, Andallá, Melania y Piero (GH9), Inma Contreras con Bea “la marquesa” (GH7), Nacho con Desirée (GH4) y, por supuesto, Arturo e Indhira (GH11). Aunque muchos participantes abandonaron de forma voluntaria y a algunos tuvo que aplicárseles la expulsión disciplinaria, El Reencuentro fue una edición inolvidable por los recuerdos que trajo y los conflictos que desencadenó. También es verdad que para mí resultó un debate de sentimientos: me enamoré de concursantes que había odiado y le cogí manías a algunos que fueron mis favoritos en sus respectivas entregas.

2011: he de admitir que, a día de hoy, no he visto El Barco. Pese a la fiebre que surgió con el estreno de esta serie y a cantidad de referencias que he leído sobre a ficción (no por buena, sino por absurda), no me paré a ver ni siquiera un capítulo. Pero había tantísima gente enganchada que, para qué engañarme, sí que fue un acontecimiento reseñable para este año de televisión.

Aunque en 2009 no vi Perdidos en la Tribu, asistí al estreno de Perdidos en la Ciudad en 2011 y descubrí un magnífico reality basado en la hermandad y en el intercambio de culturas. Las familias españolas que habían viajado años atrás para convivir con tribus de lugares recónditos del mundo acogían ahora a quienes habían sido sus compañeros. Para la sorpresa de los extranjeros y para la nuestra, comprobamos cómo alucinan con elementos que para nosotros son parte de la vida diaria.

Sin duda, 2011 venía cargadito de televisión y descubrimientos de los que otros públicos acabaron disfrutando. Tu Cara Me Suena, formato creado en España y vendido a más de 37 países llegaba en este año para satisfacer a la audiencia gracias al desparpajo de un buen casting y al talento innato de las estrellas. Aunque disfruto con los cantantes que realizan actuaciones de infarto, creo que me gustan más aun los participantes que llegan sin esperar nada y sorprenden… Para bien o para mal.

2012: Mi interés por la televisión, desde un punto de vista más técnico que lúdico, comienza a ser más evidente mientras curso segundo y tercero de carrera. Es aquí cuando comienzo a escribir sobre esta temática en un medio online, pero todavía me sentía bastante insegura porque no sabía ni por dónde empezar: el universo catódico cada vez me resutaba más grande y era imposible elegir tan solo un tema sobre el que publicar. Me gustaba todo: las series extranjeras que descubría poco a poco, las españolas que cada vez me parecían más interesantes y los programas que comenzaba a ver desde otro punto de vista, no solo desde el del simple entretenimiento. En este momento se hunde La Noria, programa de actualidad política y corazón presentado por Jordi González,  debido a la retirada de sus anunciantes tras la polémica entrevista a la madre de “El Cuco”.

Este año también tuvimos nuestra ración de talents correspondiente: con la llegada del formato de The Voice a España descubrimos una forma nueva de emocionarnos con un concurso y, sobre todo, nos ponemos en la piel del jurado encargado de elegir al equipo que luchará en el programa.

Pero si algo distingue al 2012 de otro año televisivo es la explosión de lo tróspido, que llevaba un tiempo germinándose y ahora parecía estar listo para presentarse al público. Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo llegaba de la mano de Luján Argüelles a Cuatro, con un casting repleto de personajes, una realización magistral y un argumento maravilloso… Una pena que en la red no queden vídeos de la primera edición.

También descubrimos a Alberto Chicote, el televisivo chef que se puso al frente del Pesadilla En La Cocina a la española. Este programa significa el comienzo de la obsesión culinaria que todavía sigue trayendo cola en la programación: todo lo relacionado con la comida nos encanta, y todavía más si viene acompañado de tensión, broncas, competición y evolución. Ver a Chicote salvar los negocios arruinados, insalubres y nada apetecibles resulta una de las experiencias más satisfactorias de la tele.

Si no tuviéramos bastante con los tronistas de Mujeres y Hombres y Viceversa, a quienes no hice referencia en 2008 porque no fueron relevantes en mi descubrimiento, los chicos de Gandía Shore sí que revolucionaron mi forma de comprender los realities. Es cierto que había visto algo de Jersey Shore (incluso de los spin offs de Pauly y, más tarde, de Snookie & Jwoww, de quienes me considero una fan total), pero descubrir las burradas dichas y hechas en el contexto español daba muchísimo más juego que ver como se llevaban detenida a Nicole por ir borracha por la playa. ¡Donde iba a parar!

2013: Mientras Canal Nou se iba al negro tras el anuncio del cese de sus emisiones, este año nos trajo nuevos descubrimientos catódicos en la línea de lo anterior, aunque cada vez con más intensidad: lo que sirvió de ensayo en el pasado ahora pasaba a la programación y se convertía en un producto de disfrute habitual. El caso de Un Príncipe Para Corina triunfó en audiencias y en las redes sociales, las cuales se transformaban en un hervidero en las noches de emisión del título. Y no era para menos: con semejante casting y semejantes perlitas, cualquier espectador se echaría una carcajada de categoría viendo algún capítulo.

En el verano de este año comenzó mi descubrimiento de un formato que rechacé durante mucho tiempo. Kiko Hernández inició una cuenta atrás de cien días que me llenó de intrigas: quería saber por qué debíamos esperar tanto para conocer una exclusiva, cuando creía que estas siempre se lanzaban en el momento que eran contrastadas. La cuestión es que, por culpa de este gancho, me tragué Sálvame Diario durante todo el verano (no fuera a ser que a alguien se le escapara algo de este tema) y me enteré de todas las tramas que giraban alrededor de los colaboradores, así como de qué rol jugaba cada uno de ellos. Me sorprendí al descubrir cómo utilizaban el guión para crear un relato de lo más atractivo para el espectador, así como de el uso tan fantástico del material gráfico.


Antes de que terminara esta cuenta atrás (tan solo unas horas), Isabel Pantoja lanzaba un comunicado oficial en el que confesaba que su hija, hasta esa madrugada menor de edad, estaba embarazada. Con esta noticia (y el reventón de la exclusiva de Hernández), Sálvame se convertía en una junga de contenidos y declaraciones. Yo, que todavía no había comenzado el máster pero ya me había mudado (es decir, que no tenía nada mejor que hacer con mi vida salvo ver la tele, o no quería hacer otra cosa), me tragué todas las reacciones surgidas de este acontecimiento tan revolucionario. Además, también me nutrí de otras tramas igual o más jugosas que la de la tonadillera. De nuevo, descubrí la casi mágica capacidad de este programa para entretener a su público, algo cada vez más complicado en el mundo de sobreinformación en el que vivimos. Os enseño las historias que más me han divertido:



Otro formato hilarante que nacía este año era Cazamariposas. Nutrido de la misma prensa que Sálvame, este programa enfoca las historias de una forma distinta: mucho más rápida y jocosa, sin tomarse los contenidos tan en serio como los colaboradores del programa de sobremesa en Telecinco. Su inevitable similitud con el Tomate por cómo eligen los contenidos, cómo montan los vídeos (y los locutan, por supuesto), cómo crean tendencia y por cómo hacen cómplice de sus “trastadas” al público.



El triunfo de los fogones en la programación se reafirma con la llegada de Masterchef. Seguí la primera edición con fervor, aunque me he bajado del carro en los últimos años debido a la pérdida de norte del talent: si este concurso versa sobre el talento con la cocina y el aprendizaje, ¿por qué se crean tensiones, enemistades y competencias forzadas en el guión, cuando eso no es lo que realmente nos interesa? Por lo menos, a mí. Estoy bastante decepcionada con este tipo de programas, pues considero que todavía nos queda mucho por descubrir y que nos lo vamos a perder por querer tener el mismo éxito que los realities basados en la convivencia.

2013 también es el año de los trampolines. Por sorprendente y arriesgado que parezca, Telecinco y Antena 3 adquirieron formatos similares y los emitieron de forma simultánea, en un ejercicio de programación que nunca terminé de comprender. Splash! Famosos al Agua y ¡Mira Quién Salta! no tuvieron demasiado recorrido, pero dejaron imágenes para la posteridad.

Aunque todos estos títulos sean una aportación al más puro entretenimiento, en 2013 también nacieron programas informativos y de actualidad dignos de ser mencionados. El Objetivo de Ana Pastor llegaba a laSexta tras las convulsas circunstancias a las que se vio sometida la periodista en Televisión Española, después de ser destituida de Los Desayunos de TVE por razones poco claras. Este nuevo programa vendría a ofrecer al espectador todos los datos necesarios para que construyera su propia opinión de los hechos sucedidos en el escenario político. Aunque el planteamiento es excelente, permite poco margen de maniobra: al final, los tiempos en televisión son muy estrictos y algunos temas necesitan ser desgranados con más detalle.

Toñi Moreno se estrenaba en la pública tras años realizando el mismo programa de caridad en Canal Sur, la televisión autonómica de Andalucía. Entre Todos estuvo rodeado de polémica desde el primer día de emisión, pues al público le resultó poco ético que una cadena financiada de los presupuestos generales del Estado tuviera el elemento caritativo como elemento vertebrador. Personalmente, admiré a Moreno cuando hacía divertidísimos reportajes en 75 Minutos o en Andalucía Directo, pero me cansó cuando parecía que la única televisión solidaria (en el caso de que fuera necesaria) podía hacerla ella.

2014: Si Évole llevaba sorprendiéndonos desde que comenzara su andadura follonera en laSexta, con Operación Palace nos descolocó a todos. El falso documental que se promocionó como una revelación de datos y hechos del 23-F, intento de golpe de Estado que siempre ha estado rodeado de un halo de misterio y del cual todavía no sabemos qué es real y qué es épica. Con el (falso) testimonio de Jorge Vestrynge, Iñaki Anasagasti, Federico Mayor Zaragoza, Iñaki Gabilondo, Luis María Ansón o Fernándo Ónega entre otros, se narró cómo el Gobierno de Adolfo Suárez planeó dicho movimiento para sustituir al presidente por otro candidado de unidad nacional, con beneplácito del rey Juan Carlos I y bajo la dirección artísitica de José Luis Garci. Por supuesto, el título tenía un objetivo de ser: el de comprobar la falta de transparencia informativa que sufren los ciudadanos respecto a los hechos de Estado y a la actualidad política.

Tras la emisión de los capítulos de la 15ª temporada de Cuéntame Cómo Pasó se estrenó un maravilloso programa de reportajes que documentaba las temáticas tratadas en la ficción. Ochéntame llegó como un valor añadido a la serie que me tenía enganchada desde que la descubrí, así que no me quedó más remedio que quedarme despierta hasta bien tarde para seguir disfrutando.

Aunque en años anteriores me empapé de algunos titulos extranjeros cuyos temas principales giraban alrededor de la nutrición, el ejercicio físico y los hábitos saludables (Supersize VS Superskinny o I Used To Be Fat), El Método Osmin llegó a Cuatro para crear un revuelo a base de principios erróneos sobre la delgadez y el sacrificio. Bajo los lemas “pescado, agua y ensalada” o “la calle es tu gimnasio”, comprobamos cómo este supuesto entrenador personal machacaba a los participantes en el programa a base de restricciones extremas en la alimentación o durísimos ejercicios de alto impacto, no apto para individuos sedentarios.

Pero mi incursión televisiva de los programas de dietas fue mucho más allá del simple consumo. En 2014 tuve el placer de hacer prácticas en el programa de Canal Sur La Báscula, presentado por Enrique Sánchez y con cuyos consejos e historias de superación ha ayudado a miles de andaluces en cada temporada. A diferencia del formato de Osmin, sus intenciones van más allá del cambio físico: perder peso es ganar salud, pero no vale con ser delgado de cuerpo, sino que el estado mental también es fundamental para lograr el equilibrio y la aceptación.

En las oficinas de Mediasur pude hablar con varios concursantes de La Báscula y monté algunos contenidos con los vídeos domésticos que nos enviaban, para que viéramos como se desenvolvían en su día a día y los cambios que lograban gracias a la pérdida de peso. Aquí me di cuenta de toda la verdad que hay en este tipo de programas, a diferencia de lo que pensaba antes de pisar la productora. Habrá formatos más o menos ficcionados, construidos en base a las historias que dan más juego y dejando a un lado el mensaje de positividad que debería transmitir un título como este; pero tuve la grandísima suerte de colaborar en un buen producto, transmitiendo un mensaje fantástico.

Rescatando a Sara, dirigida por Manuel Ríos San Martín y producida por BocaBoca, me sorprendió por su crudeza, por el realismo de los testimonios reflejados y por la capacidad de trabajo del equipo, cuyas técnicas descubrí en este artículo.

Hable Con Ellas En Telecinco comenzaba en 2014 y su recorrido (interrumpido) se extendía hasta este mismo año. Aunque las carencias del formato se veían de lejos, es cierto que el programa nos dejó momentazos dignos de ser recordados en este recopilatorio: entre las pifias de Beatriz Montañez, la sinceridad de Yolanda Ramos y las espantadas (a veces real, a veces de broma) de algunos invitados, tuvimos un late insulso pero de lo más intenso por momentos. En gran parte, gracias a Twitter.

También pudimos ver la adaptación de un formato alemán de concienciación social en Cuatro y que prometía grandes momentos televisivos, pero se quedó en un intento. Quizá por la falta de continuidad en sus espisodios, En La Caja tan solo contó con dos temporadas poco sonadas, aunque sus capítulos no tienen desperdicio. Pudimos ver a Mercedes Milá en el entorno de la polémica cienciología, a Risto Mejide conviviendo con FEMEN, a Pedro García Aguado descubriendo Magaluf o a Juanra Bonet en Marinaleda.

2014 también fue el año del regreso de Risto Mejide a la televisión, a un género en el cual se sentía cómodo y gracias al que consiguió momentos de gloria. El creativo se sentó al frente de Viajando Con Chester, programa emitido por Cuatro, giraba alrededor del invitado y las preguntas que Mejide lanzaba. A veces muy pretencioso y, otras, brillante, este formato me llamó la atención por la facilidad de atracción del público a través de la palabra.

2015: Sin duda alguna, este es el año de El Ministerio del Tiempo. La serie que llegaba a La 1 de TVE para revolucionar al público y que tanto ha dado que hablar hasta la actualidad aterrizó con fuerza en nuestra televisión gracias a unos principios estupendos: buenos personajes, un guión consistente y una excusa magnífica, que no era otra que la de viajar al pasado para solventar problemas futuros en la historia. Gracias a Rodolfo Sancho, a Aura Garrido, a Nacho Fresneda, Juan Gea, Cayetana Guillén Cuervo y a Hugo Silva (en la última temporada que hemos visto), España puede estar tranquila al contar con unos funcionarios tan eficientes en las cuestiones temporales.

Otro formato que me fascinó este año fue el de Casados a Primera Vista, emitido en Antena3 y algo polémico por la presima que planteaba: varias parejas de desconocidos se encontrarían en una playa paradisiaca de México para darse el “sí quiero” sin haber intercambiado una conversación previamente. El novio y la novia deberán conocerse después del enlace y comprobar si, tal y como indicaría un test realizado por un equipo de psicólogos antes de entrar en el programa, son compatibles. Tras la luna de miel y la convivencia, los esposos decidirán si quieren seguir adelante con el matrimonio o, si por el contrario, prefieren continuar cada uno por su lado.

No todo lo emitido y estrenado en 2015 fue una delicia para nuestros ojos. Este año encontramos verdaderas perlas de la televisión más decadente, triste y de baja calidad. Títulos como Levántate, Las Aventuras del Capitán Alatriste, Yo Quisiera, Aquí Paz y Después Gloria o Centro Médico nos sorprendieron para mal, pero si tuviera que quedarme solo con uno elegiría el que os presento: aunque en 2014 ya pudimos apreciar (o sufrir, según se vea) la vuelta de las famosas galas estivales de José Luis Moreno, regresaba a La 1 de Televisión Española con Alfombra Roja Palace. Sin novedades desde Noche de Fiesta, el desfile de cantantes, bailarines, cómicos pasados de rosca y escenas de matrimonio enranciadas, quienes soportamos las cuatro entregas que duraba la temporada nos pegamos unas buenas risas en Twitter. 

Otro título destacable en esta jungla del horror catódico es el de ¡Vaya Fauna!. Telecinco, en su afán por destacar a través de los talents y sin querer darse cuenta de que estamos realmente cansados de ellos, lo intentó con un programa en el que los animales eran los protagonistas del show. Más que un espacio lleno de sorpresas, apto para toda la familia y divertido, resultó un programa deleznable debido al trato al que eran sometidos los animales que participaban en él. En pleno auge de las polémicas que rechazan los circos de fieras, Telecinco no estuvo en absoluto acertado.

Como contrapunto de toda la bazofia que vimos el año pasado, también pude disfrutar de momentos esperanzadores ante la televisión. Manu Sánchez, a quien seguía desde que presentara La Semana Más Larga en Canal Sur, llegaba a laSexta para conquistar al público de todo el país. Sin embargo, El Último Mono se quedó en un intento, quizá porque su humor no fuera comprendido por los espectadores de toda España. A mí me pareció de lo mejorcito que nos trajo la televisión en 2015.

Otro programa que me resultó totalmente necesario en nuestra vida fue Constructor a la Fuga. Aunque estemos algo saturados de los contenidos relacionados con la vivienda en laSexta (no sé cuántos capítulos de ¿Quién Vive Ahí? o Piso Compartido habré podido ver en mi vida), este nos traía mucho más que simples casas bonitas. Al contrario, el formato adaptado del original Cowboy Builders (que también hemos podido ver en España y el cual era muchísimo más fuerte que su homónimo) trataba un tema social preocupante: el de tantas familias que sufren la incompetencia de un constructor en su propio techo. Sin embargo, no fue un éxito de audiencia y tampoco pudimos ver el último episodio de la temporada debido a un conflicto legal.

2016: Aunque este año todavía no ha terminado, sí que puedo mencionar aquellos títulos que ya han destacado por encima de otros en la programación. El inicio de emisiones de #0 trajo consigo contenidos diferentes a todo lo que habíamos visto antes: aunque Canal + ya contaba con una oferta distinta a la de la televisión convencional, gracias a la nueva cadena de Movistar hemos disfrutado de AcapelA, Late Motiv o Web Therapy. Pero el programa que más me ha enganchado ha sido La Huida, adaptación de Hunted: un concurso de “supervivencia”, en el que los fugitivos tendrían que huir de las autoridades durante 28 días. Todo un descubrimiento.

Aunque Cuatro llevaba algunos años de capa caída en cuanto a creación de nuevos títulos que atrajeran la atención de a audiencia, parece que en 2016 vivimos su despertar: en la línea de los realities que nos gustan, en los que encontramos elementos de ficción descarada y trocitos de realidad, estrenaba Quiero Ser Monja, un descubrimiento del mundo religioso a la vez que un espectáculo de las risas. Gracias a un casting correcto y a lo propio de la situación, disfrutamos de unos capítulos muy divertidos.

Otro título con personalidad ha sido Feis tu Feis, aunque no en cuanto a las audiencias. El programa en el que Joaquín Reyes entrevistaba y se ponía en la piel del invitado no alcanzó cifras espectaculares debido a la franja en que se programó y a la crecida competencia a la que se enfrentaba cada viernes por la noche. Sin embargo, el formato me parecía de lo más adecuado y, si volviera a la programación, lo vería sin dudarlo.

Pero la sorpresa por excelencia de este año de televisión ha sido la que ha dado First Dates. Lo que pareciera un simple programa de citas se ha convertido en un fenómeno social en el que parejas de desconocidos comparten una cena mientras los espectadores observan y comentan en redes sociales cómo se desenvuelve el encuentro. Programado en access prime time, nos permite disfrutar de un formato distinto a lo habitual, pero en el universo tróspido de personajes que tanta gracia nos hace.

Y ahora, ¿qué?

Si la televisión me ha dado tan buenos momentos durante 25 años de mi vida, no me puedo imaginar lo que me tiene deparado en el futuro. Gracias a la tele he descubierto un universo que me ilusiona, me llena de energía y, sobre todo, me apasiona.  Y con la pasión se llega a todos sitios.

Aunque a pasos pequeñitos, he llegado a lugares que jamás me hubiera imaginado que pudiera alcanzar. Estoy escribiendo en varios medios online y sigo con la cabeza llena de proyectos. A la tele tengo que agradecerle prácticamente todo lo que tengo, y sé que seguirá haciéndome regalos maravillosos.

Gracias a todos por los comentarios tan bonitos que he recibido en Twitter sobre esta serie de posts. ¡A por otros 25 años televisivos más!

25 años de televisión (I)

Este post comenzó a ser creado el 2 de septiembre del 2015, el día que cumplí 24 años. Como me conozco y sé que no soy capaz de “vomitar” un post de un tirón (y menos uno como este, repleto de videoteca), empiezo a escribirlo con un margen de tiempo considerable. Ahora, con el cuarto de siglo recién estrenado, releo y completo con aquellos trocitos de la pequeña pantalla que recuerdo con cariño y fueron necesarios para que hoy fuera lo que soy: una apasionada (y dependiente hasta el extremo) de este medio. Aquí os dejo mi particular repaso a 25 años de televisión.

La infancia: maratones de VHS y creación de referentes

1991: Aunque yo tan solo contaba con días desde que nací, el 19 de septiembre se estrenaba en Antena 3 la mítica Farmacia de Guardia, la cual aparecía en mis apuntes del máster en guión como referente en la sitcom española. Pese a que no conservo apenas recuerdos de la ficción dirigida por Antonio Mercero, no podía no mencionarla en este repaso debido a su importancia para la historia de la ficción en nuestra televisión. Sin embargo, aunque sería imposible que me acordara de todo lo que vi durante este periodo, tengo entendido que me llamaban muchísimo la atención los sonidos llamativos y colores chillones de las cortinillas de Telecinco.

1992: El ’92 no solo fue un año espléndido para España de cara al mundo, sino que esta apertura tuvo repercusión en la tele. Yo, que todavía no era consciente de lo que ocurría tras el cristal, me quedaba embobada viendo los sketches de Pinnic (formato que ya reivindiqué en otra ocasión) en La 2.

Este mismo año también me fascinaban, según las declaraciones de mi familia, las performances de la rubísima y súper carismática Xuxa en Telecinco, en su colorido show Xuxa Park.

1993: El cuarto año de los noventa, el segundo de mi vida, fue sin duda el de los concursos. En La 2 de Televisión Española se estrenaba Cifras y Letras al tiempo que en Antena 3 Emilio Aragón daba la bienvenida a una nueva era con El Juego de la Oca y sus pruebas descabelladas (nunca mejor dicho). Sin embargo, el recuerdo más lúcido que conservo es el de Qué Apostamos. El show presentado por Ramón García disfrutó de varias temporadas en La 1 mostrando a los espectadores cómo los superhumanos eran capaces de desempeñar habilidades sorprendentes. Pero, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad con los talent shows, existían elementos que servían de alicientes tanto para los espectadores como para los invitados presentes en plató, quienes debían apostar a favor o en contra de los concursantes. Además, el público asistente también jugaba un papel divertido en el concurso, pues debían apostar para elegir el ganador. De lo más recordado de uno de los títulos estrella de Ramonchu son las duchas que él y las distintas copresentadoras (Ana Obregón, Antonio Dell’Atte, Raquel Navamuel o Mónica Martínez, en la etapa de la pública) se daban al finalizar cada programa, aunque algún que otro famoso también llegó empapado a casa tras haber jugado en este maravilloso programa.

El recuerdo más lúcido que conservo del ’93 es el de El Gran Circo de TVE. Aunque comenzara su andadura en 1973, en este año regresó a La 1 de Televisión Española para seguir animando las mañanas de los fines de semana a todos los niños que esperábamos que Miliki y Rita Irasema nos contaran historias divertidas. Tenía una obsesión enfermiza con este dúo, ¡me volvían loca!

1994: Un poquito más despierta y adquiriendo gusto televisivo gracias a los maratones de VHS que me tragaba en cada comida (mi madre me grababa un cóctel de contenidos para que me dejara alimentar, pues era la única forma en que no protestaba -tanto-), disfrutaba con los Tricicle en ¡Chooof! pues, aunque no dijeran una sola palabra en todo lo que duraba el programa, me tronchaba de la risa. La tele captaba toda mi atención y con tan solo tres años ya comenzaba a vislumbrarse esta obsesión catódica que tengo (más bien, afición).

Aunque el ’94 fue el año del particular Scavengers de Bertín Osborne, lo descubrí hace algunos años gracias a YouTube. Pese a que no formó parte de mi infancia televisiva, no podía dejar de mencionarlo en este recopilatorio…

1995Blossom y Punky Brewster llegaron a nuestras pantallas este año. Aunque mis padres no me dejaron ver la tele del late night hasta bastante más mayor, pude disfrutar del espacio presentado por Pepe Navarro y por cuyo plató desfilaron personajes tan maravillosos como Cristina ‘La Veneno’ y Krispín Klander a posteriori, gracias a YouTube y a la infinidad de zappings que siguen nutriéndose de estos contenidos. Esta noche cruzamos el Missisippi se estrenaba semanas después de que yo cumpliera cuatro años de edad.

En el ’95 surgía un alocado formato que durante los viernes noche de verano llenaba a las familias de risas y diversión. Como rezaba la sintonía de El Grand Prix, “el programa del abuelo y del niño” tenía una función similar a la del ‘1, 2, 3, Responda Otra Vez‘: reunir a la familia frente a la televisión. En la actualidad, programar un viernes en prime time es arriesgado. Un año después de su estreno, el título también presentado por Ramón García (el rey de los concursos) conseguía un 36,6% de media de share. Si tenéis nostalgia, he encontrado este canal en YouTube donde van subiendo todos los programas, pues en el archivo de RTVE tan solo hay 12 vídeos.

1996: Cuando se estrenó Con Mucha Marcha en La 2 de Televisión Española yo contaba con cinco años de edad y una conciencia casi plena de todo lo que ocurría tras la pequeña pantalla.

El 96′ fue un año de grandes estrenos televisivos, pues surgieron títulos como Caiga Quien Caiga, Día a Día, Redes, Hostal Royal Manzanares, La Parodia Nacional o Sorpresa, ¡Sorpresa! Recuerdo con especial cariño un especial de Navidad que todavía conservo en VHS y que no soy capaz de encontrar en la red. Ahora, ya he visto el vídeo de la niña de Redondo cincuenta mil veces…

1997: Junto con el Missisippi, Crónicas Marcianas no solo ha sido uno de los títulos más venerados del late de nuestra televisión, sino que para mí resultaba un mito viviente, alejado de mis posibilidades debido al horario y a sus contenidos. De todas formas, mi madre acabó comprendiendo mi temprano interés por aquel espacio adulto y no le quedó más remedio que grabarme algunos fragmentos en los que acudían los concursantes de Gran Hermano, aunque para este momento todavía quedan algunos añitos mas… El que os enseño a continuación lo conocí a raíz de la participación de las famosas Hermanas del Baptisterio en Callejeros. Lo que no supe en ese momento es que ya había pasado por la tele, acompañadas de Javier Cárdenas.

Saber y Ganar también llegaba este año a La 2 de Televisión Española. Desde su estreno y hasta el día de hoy, es lo que se ve en mi casa a la hora de comer. Mis padres, como su audiencia, todavía no se han hartado de los magníficos, de Juanjo Cardenal, de Pilar Vázquez ni del fantástico sentido del humor de Jordi Hurtado.

Aunque Tómbola se estrenaba en el Canal Nou, los andaluces también pudimos verlo en Canal Sur durante algunos meses, hasta que los responsables decidieron que el espacio no era apto para su emisión en la televisión autonómica. El polémico espacio de corazón donde se vivieron momentos de lo más tensos resultó un punto y aparte para este tipo de programas, pues los que estaban por venir bebieron de forma irremediable de sus métodos, su realización y sus conflictos internos.

1998: Recuerdo cómo mi abuela programaba el temporizador de la tele de la habitación para que se apagara a la media hora, cuando le pedía con todos mis recursos que me dejara (¡por favor!) ver Furor. Yo, que siempre fue una niña muy obediente, no volvía a encender la pantalla pese a que sabía de sobra la estrategia para bajar el volumen a tope y que nadie se diera cuenta de que, efectivamente, no me había dormido cuando me tocaba y me había quedado viendo aquel espectáculo de botones, lunes y canciones. Con siete años me había quedado prendada de Alonso Caparrós, aunque cuando traían a su hermano Andrés al plató me gustaba más el otro.

Ana Rosa Quintana se estrenaba en Antena 3 con el magacín Sabor a Ti. Recuerdo que me pilló de vacaciones en Valencia y alternaba los visionados de Doraemon en un lenguaje que se me escapaba con los de este nuevo programa. Volviéndolos a ver ahora, alucino con lo rápido que pasa el tiempo y con lo mal que envejecen los escenarios, los looks y la televisión en general. Más bien, alguna televisión.

No puedo cerrar el ’98 sin hacer una mención a El Informal. Desde aquí quiero transmitir a los directivos del momento, a los creadores del formato y al realizador a los mandos del día al que me refiero que, por su culpa, vivo traumatizada con la película Alien. Y no porque la viera a una edad prematura (de hecho, la vi ya con 24 tacos, hasta que no pude evitarlo más tiempo), sino porque me comí una de las escenas más terroríficas que había presenciado jamás: aquella en la que el alien sale del vientre de su víctima y salta de la mesa de operaciones enseñando sus afilados dientes. Por todo lo demás, el programa presentado por Florentino Fernández y Javier Capitán ha sido uno de los títulos que más risas ha provocado en mi casa y en mi familia todavía se nos saltan las lágrimas cuando recordamos algún doblaje. Y es que no es para menos.

1999: en este año comenzaría el recorrido de todo un hito en la pequeña pantalla. Carlos Lozano se ponía al frente de Noche de Fiesta, creación de José Luis Moreno, quien ha intentado por todos los medios que su creación perviviera hasta el 2015 con Alfombra Roja Palace (y hasta nuevo aviso, que nunca se sabe). Por muchos títulos que tuvieran estos espacios, el programa siempre era el mismo: una gala grabada en un hotel o en exteriores, compuesta por actuaciones musicales y de humor. La verdad, no sé si en algún momento haría algo de gracia pero, a las puertas del 2000, la televisión había recorrido mucho más de lo que reflejaba este título.

Mis padres me mandaban a la cama temprano todos los domingos, además de porque el lunes tenía que madrugar para ir al colegio, porque querían ver 7 Vidas tranquilos. De nuevo, mi curiosidad televisiva provocaba que, a pesar de no ver la pantalla, me durmiera tarde escuchando los divertidos diálogos entre David (Toni Cantó) y Laura (Paz Vega). Años más tarde sí que pude ver algún capítulo sin remordimientos y me arrepentí de no haber disfrutado antes de personajes tan maravillosos como Sole (Amparo Baró), Paco (Javier Cámara), Gonzalo (Gonzalo de Castro) Carlota (Blanca Portillo) o Diana (Anabel Alonso).

De la preadolescencia a la ¿madurez?: el cambio de milenio y los realities que estaban por venir

2000: Tenía que comenzar este apartado mencionando a mi reality favorito de todos los tiempos. Gran Hermano aterrizaba en España en abril y, aunque todavía era una niña, viví con total intensidad gran parte de los acontecimientos vividos en la casa de Soto del Real (que, más tarde, se mudaría al mítico Guadalix de la Sierra): la expulsión de Mª José Galera, el “jódete” de Vanessa, la salida conjunta de Silvia e Israel, los intentos de Ínigo (y su/s polo/s verde/s), el abandono de Mónica tras descubrirse su pasado en una revista (y ser comunicado a la concursante por el programa, debido a la gravedad del asunto, la salida voluntaria de Jorge Berrocal y la victoria de Ismael Beiro al ritmo de los Police, tras 90 días de convivencia y aislamiento, entre otros. Gran Hermano, aquel programa que se presentaba como un experimento social, había roto una barrera en nuestra televisión: la de la privacidad más personal. Aquello nos encantó.

2001: Definitivamente, el cambio de milenio había traído el descubrimiento del reality a nuestras pantallas. Tras el éxito de la primera edición de Gran Hermano nacieron otros formatos que utilizaban la convivencia de los concursantes uno de los reclamos. Sin embargo, en Operación Triunfo no solo valía con ser un buen compañero, sino que los participantes iban escalando hasta la final a base de talento, disciplina y emoción. Había llegado el origen del talent show, tal y como ahora lo conocemos, a España.

Además, en el año 2001 también comenzaba una ficción insignia de Televisión Española que, pese a los baches, sigue ofreciendo capítulos inmensos al público: Cuéntame Cómo Pasó. Aunque no comencé a seguirla en este momento, sino que fue en el verano de 2013 cuando me bebí todas las temporadas emitidas hasta el momento. Y qué secuencias descubrí… Y cómo me emocioné… A tal punto que, a día de hoy, está e mi top 5 de mejores series españolas.

Otro curioso título que nacía en 2001 era El Diario de Patricia. Por supuesto, no podía faltar en un repaso televisivo, pues ha sido el culpable de que se me escapara la carcajada en más de una ocasión mientras observaba (y hasta admiraba) la fauna que se paseaba por aquel plató de Antena 3. Algunas historias eran realmente dramáticas pero, otros relatos resultaban tan poco creíbles que lo único que podíamos hacer era partirnos de risa y disfrutar del espectáculo.

2002: Aunque no seguí esta serie, es cierto que supuso un descubrimiento curioso. Ana y los Siete comenzaba sus emisiones en TVE este año y aguanto hasta el 2005 en programación. La Obregón se metía en el papel de la niñera-stripper que llevaba su mismo nombre y triunfaba en las audiencias.

Pero el programa que recuerdo con más cariño de este año fue el talent que Jesús Vázquez y Elia Galera presentaron en Telecinco. Si Operación Triunfo se vivió con intensidad en mi casa, más dramática fue la expulsión de Roser en Popstars. Tuvimos que llamar para salvarla tras su nominación porque mi hermano, de siete años, se había encaprichado con la catalana y no dejaba de llorar.

2003: el programa que Jorge Javier Vázquez y Carmen Alcayde presentaban en la sobremesa de Telecinco supuso toda una revolución en mi familia, aunque el consumo bestial llegó años más tarde de su estreno. Aquí Hay Tomate fue engullido en mi casa tras el renventón del caso Malaya, pues nos tocaba muy de cerca, y disfrutamos como gorrinos comprobando el revuelo mediático que se formaba a unas calles de nuestra casa. Aunque ya nos meábamos de la risa con los magistrales vídeos de Cachuli y la Pantoja paseando su amor por la aldea de El Rocío y las calles de Marbella… ¡Mi tierra!

Homo Zapping, que también nacía en el 2003, tampoco podía dejar pasar las desternillantes escenas de la mediática pareja.

Este mismo año se estrenaba una serie que, según el post que Borja Terán publicó en La Información, es el Verano Azul de las generaciones más jóvenes. Aquí No Hay Quien Viva es un referente de las comedias de situación en nuestra televisión y atrajo a un público tan diverso que permaneció en parrilla hasta el 2006, aunque su legado todavía permanece gracias a La Que Se Avecina. No puedo elegir un momento de esta maravillosa serie que todavía me saca una sonrisa cada vez que me trago sus reposiciones de madrugada en A3Series.

2004: Si Gran Hermano me conquistó a tal punto que, dieciséis ediciones después, acudo fiel a la cita de las nuevas entregas, La Casa De Tu Vida revolucionó mi concepción de reality: este, sin ser un talent, contaba con un elemento extra a la convivencia (debían construir una casa) y, además, resultaba un catalizador de todos los conflictos que ocurrían. Que no eran pocos…

Aunque nunca fui demasiado fan de los concursos de las tardes, he de reconocer que me enganché a Allá Tú. No solo por la dinámica del programa ni por lo bien que lo hacía Jesús Vázquez (cuando todavía no nos habíamos cansado de él por estar en casi todos los títulos de Telecinco), sino porque el público acababa empatizando con los concursantes. Como todos los días eran los mismos, conocíamos sus lugares de procedencia y el casting estaba elaborado con delicadeza (todos los concursantes eran muy simpático y daban juego), no nos quedaba más remedio que quedarnos a ver si el elegido acababa escogiendo la caja adecuada. Seguro que mas de uno recuerda todavía su pegadiza cabecera…

2005: Aunque el apagón analógico no llegó hasta el 2012, es en este momento cuando empieza a vislumbrarse el cambio tecnológico que estaba por venir. Cuatro nacía en 2005 rodeada de una gran expectación en noviembre de este año. Tras haber pasado mi infancia preguntándome qué había tras las interferencias de Canal +, se abría una nueva ventana con la llegada de esta nueva cadena en abierto. El guiñol de Michael Robinson nos lo contaba justo antes de comenzar:

A la primera persona que vimos en la nueva Cuatro fue a Iñaki Gabilondo, junto con parte del equipo. En las imágenes, pese a su baja calidad, también podemos distinguir a Iker Jiménez, a Nacho Abad, a Quequé y a Eva Hache entre otros. ¿A qué otras caras conocidas de la tele veis en esta presentación?

Pero Cuatro no es la única cadena que se estrena dentro de este panorama digital. LaSexta también llega a nuestros hogares de la mano de Emilio Aragón, Florentino Fernández, el Gran Wyoming y Helena Resano, con un reclamo ideal para quienes no ven la tele por la falta de contenidos variados, interesantes o divertidos.

Pero este año no solo supuso el nacimiento de canales de televisión y el comienzo de una nueva era, sino que la factoría de ficción y entretenimiento también fue muy prolífica. Descubrimos títulos que nos hicieron reír como Camera Café, Splunge, Aída o Buenafuente; y espacios que nos descubrieron un mundo desconocido hasta ahora, como Callejeros o Cuarto Milenio. Aunque si tuviera que quedarme con un solo programa elegiría Soy El Que Más Sabe de Televisión Del Mundo. Creo que las razones son obvias…

2006: Es aquí cuando comienza la era de Sé Lo Que Hicísteis y con ello, el inicio del sufrimiento de las demás cadenas. Quienes pudimos disfrutar de este grandísimo formato nos sentíamos muchísimo más satisfechos que viendo un simple programa de zapping, pues Patricia Conde y Ángel Martín se encargaban de mofarse de todas las pifias que ocurrían en nuestra televisión. Además, el largo recorrido que tuvo este título y la fluidez con que ocurría la emisión provocaba que tuviera un lenguaje propio lleno de momentos internos y hasta motes para ciertos canales y personajes famosos.

De nuevo, en este año me topo con un título que no pude disfrutar en directo. De Vientos de Agua tan solo pudimos ver dos episodios, pues Telecinco decidió no emitir el resto de la temporada debido a las bajas audiencias y por precaución contra la piratería. Yo pude verla muchos años después (en 2013 ) y creo que no he llorado más en mi vida. Como Cuéntame, esta también se encuentra en mi top 5 de series españolas por la historia tan maravillosa que narra, por lo auténtico de sus personajes y, en general, por la emoción que desprende en cada secuencia.

2007: Lorenzo Milá y Ana Blanco se pusieron al frente de un programa que cumplía todos los principios de servicio público. Yo, que todavía no tenía el espíritu político formado del todo, me sirvió para comprender aspectos del día a día traducidos a las acciones políticas. Tengo Una Pregunta Para Usted funcionaba de una forma muy sencilla: el público realizaba preguntas al político presente en el plató y este debía responderlas. Por supuesto, estas cuestiones no eran metapolíticas, como suelen ser los discursos de algunos dirigentes, sino que se preguntaba sobre el paro, la educación, la sanidad y la crisis económica que comenzaba a asomar las orejas. Aunque otros títulos han intentado recuperar este formato en algunas de sus secciones, nadie ha conseguido mantener la esencia.

2008: Todavía recuerdo con claridad el día en que La Sexta fue condenada a no emitir imágenes de Telecinco a raíz de la revolución que había supuesto Sé Lo Que Hicísteis. El gran Ángel Martín había triunfado gracias a los programas de la cadena donde Mermelada hacía de las suyas, pues su ingenio y el del equipo de guionistas superó todos los límites y conquistó a los espectadores.

En general, laSexta contó este año con grandes programas que fortalecieron su línea: Estas No Son Las Noticias, Qué Vida Más Triste (webserie llevada a la pequeña pantalla, ¡bendito descubrimiento!), La Tira o Salvados. Este último no solo supuso el descubrimiento al público de Jordi Évole ‘El Follonero’ o de quienes no vieron a Carlos Navarro ‘El Yoyas’ en GH2, sino que con el paso de los años ha matizado sus intenciones y en la actualidad está establecido como un formato serio de reportajes de calidad.

¿Te ha gustado este post? Pronto podrás leer la segunda parte. ¡Hasta 2016 todavía quedan años por repasar!

Cuéntame Cómo Pasó: más que un pasatiempo, una lección

ALERTA, SPOILER: Si no estás al día de Cuéntame Cómo Pasó es probable que un spoiler te sorprenda. ¡Estáis avisados!

Qué pena me da que termine otra temporada de una de mis series favoritas y tenga que esperar para poder disfrutar de una nueva entrega (si nos dejan, claro). Tras haberme tragado más de cien capítulos de la serie en tan solo un verano, Cuéntame Cómo Pasó se convirtió para mí en mucho más que un referente de la creación televisiva en España (y en el mundo) y los Alcántara pasaron a formar parte de mis recuerdos más tiernos de la pequeña pantalla.

En esta ocasión (la número diecisiete, nada más y nada menos), hemos disfrutado con el romance de Antonio y Merche, quienes vivían una especie de segunda adolescencia volviéndose a enamorar y reconciliándose con momentos tan duros como su primera boda; hemos sufrido con Carlos y sus indecisiones, típicas en sus años de madurez; hemos visto cómo Ines tomaba decisiones que serán clave para el resto de su vida y hemos reído con las ocurrencias de Herminia, quien vive uno de los momentos más frescos en la ficción y resulta cada vez más indispensable en el desarrollo de la serie.

Tramas: apoyadas en la Historia, pero válidas por sí misma

Aunque pudiera parecer que Cuéntame Cómo Pasó es una simple serie familiar, con tramas adaptadas a todas las edades que conforman el público objetivo de la cadena pública en horario de prime time, la creación por Miguel Ángel Bernardeu ha sabido ir más allá de lo que hacen otros títulos. Pese a que todavía no se desprende de las historias infantiles (antes protagonizadas por Carlitos y, ahora, por María), la serie ha sabido focalizar la tensión y los tiempos en aquellos momentos que merecen mayor protagonismo. Por ello, aunque la trama de los niños pueda tener presencia episódica, tan solo complementa a la historia que vertebra cada temporada y que es la que aporta la tensión que caracteriza a la ficción.

Sin embargo, lo que más me llama la atención de cómo crean los guionistas la línea argumental es el paralelismo que se mantiene entre la historia inventada de la familia Alcántara y la Historia real, por así decirlo, de lo que ocurrió en España y tras sus fronteras en los años en los que se desarrollan las temporadas. Así, todo queda justificado por el contexto: el boom de las construcción, que no solo fastidia a Antonio debido a los negocios turbios de don Pablo, sino que hasta llega a afectar al entorno de los más pequeños; la muerte de Franco, abordada desde el punto de vista cómico y catódico, las presiones que experimentó Toni (uno de mis personajes favoritos), a quien aterrorizaron por meter las narices en la trama de los GAL hasta que huyó al extranjero; y el miedo generalizado que sufren todos los personajes debido a los atentados de ETA que se suceden en el Madrid de ya entrados los ochenta, entre otras historias.

La familia Alcántara, expectante ante la inminente muerte de Franco.

La familia Alcántara, expectante ante la inminente muerte de Franco. Fuente

Aunque el peso de la Historia es esencial para que comprendamos ciertos comportamientos, las alegrías y vicisitudes de este matrimonio de Sagrillas vertebra la serie: Cuéntame Cómo Pasó se mide por los pulsos que marcan Mercedes Fernández y Antonio Alcántara, que no son pocos: desde la primera temporada, cuando él pasaba los días entre el ministerio y la imprenta y ella, cosiendo pantalones en el humilde piso de San Genaro; pasando por las ideas y venidas como pareja (ludopatía, cuernos y secuestro, incluído), como familia (por las aventuras de Inés con el teatro, la Iglesia y las agujas, entre otras; por los sustos de Toni y por los de Carlos… Al final, todos los hermanos han pisado la cárcel por una cosa o por otra…) y como vecinos de uno de los barrios más famosos de la televisión (demostrado en esta última temporada con la trama del violador de Galerías Preciados).

Personajes: el motor de la ficción

Las series que más me gustan suelen estar caracterizadas por contar con unos personajes que sobresalen de lo común y atrapan al público gracias a su carisma, sus ocurrencias y las historias que se generan debido a sus comportamientos. De Cuéntame Cómo Pasó no podría quedarme con uno solo, pues prácticamente todo el elenco me tiene conquistada: desde los más pequeños (aunque no en las últimas temporadas, sino en las primeras, cuando Carlitos pasaba de querer ser El Cid a Lawrence de Arabia.) hasta los más mayores (las historias de Herminia son de lo más tierno y divertido de la serie).

El heredero más consentido y mejor evolucionado. Fuente

Además, los secundarios cuentan con un gran peso en el desarrollo de los capítulos y aportan verosimilitud a las vivencias ocurridas en San Genaro. Esto último hemos podido comprobarlo en la temporada que ahora finaliza: Paquita ha tenido un gran protagonismo, siempre desde el segundo plano, gracias a su trama “montaña rusa”, a la que nos tiene acostumbrados (amor-desamor, sueños-desilusión, dinero-pérdidas, etc). Por otro lado, Karina también ha sido crucial para Carlos, quien parece haberse aclarado las ideas en cuanto al amor (aunque yo no estoy cien por cien segura de esto). Por último, Pili y Clara han sido claves en esta temporada, ya que sufrieron lo que se rumoreaba pero que nadie se atrevía a contar.

Las chicas más pillinas del Fly. Fuente

En Cuéntame Cómo Pasó sobresale el drama, la angustia, la tensión y la emoción final, aunque el humor y la ternura también cuenta con un claro papel en la ficción de Televisión Española. Herminia (personaje predilecto, junto con Toni) me ha hecho reír hasta que se me salten las lágrimas en esta última temporada y, pese a que ha tenido un protagonismo curioso en la entrega número 17 de la serie, me quedo con sus anteriores tramas románticas (y hasta oníricas) con su mago Jerónimo. Miguel y la reciente incorporación de Olmedilla también han logrado momentos hilarantes junto con la cómica Nieves, quienes formaban un extraño trío cada vez que coincidían en pantalla.

¿Qué nos queda por ver en Cuéntame Cómo Pasó?

Aunque siempre tengo la sensación de que, tras finalizar cada temporada, no queda mucho más que contar de la familia Alcántara debido a la intensidad con la que se narran las historias y la de sentimientos que se explotan cada vez que la serie regresa, me sorprendo cuando descubro las nuevas tramas que están por venir. Pese a las informaciones que leo, quiero confiar en que Cuéntame Cómo Pasó regresará para seguir enriqueciéndonos (porque sí, por supuesto que lo hace, igual que tantos contenidos que deberían potenciarse y que no se tienen en cuenta por considerarse un simple pasatiempo).

De la ficción nos queda por ver todo lo que quieran contarnos: vienen momentos históricos intensos, hitos que han marcado lo que hoy somos. Cuéntame Cómo Pasó es una clase de historia más allá de las aulas, que no solo enseña lo que ocurrió en el mundo de nuestros padres y abuelos, sino cómo se sintieron ante todos los cambios que experimentaba su entorno, un ejercicio de identificación y de valor por quiénes somos y de dónde venimos: de coser pantalones, del Ministerio y de la imprenta. De Sagrillas.

A propósito de lo de Bertín Osborne: cuánto nos gusta una (buena) entrevista

No es una novedad que este elemento mágico esté presente en todas las cadenas y a todas horas: un género tan práctico y agradecido no se podía dejar pasar en un escenario tan vivo como la televisión, en continuo cambio y con necesidades continuas de alimentación por parte de un público activo. Sobre todo, en los tiempos que corren: gracias a la inmediatez de las reacciones y a cómo se explotan las mismas (en redes sociales, en programas de zapping e, incluso, en la vida cotidiana) la entrevista trabajada en la pequeña pantalla atraviesa su mejor momento. Prueba de ello es la pelea mediática (de formatos, de personajes y, en definitiva, de esencia) que vivimos desde la barrera con la cancelación del programa de Bertín Osborne en La 1 de Televisión Española y la inminente, aunque todavía no oficial, marcha del presentador hacia Telecinco. La verdad, ¿quién iba a ser tan ingenuo como para dejar pasar semejante oportunidad? Ahora, solo queda cruzar los dedos para que el formato se mantenga lo más intacto posible.

El género estrella, presente en todos los formatos

La entrevista es, más que un género aislado, un recurso del cual se nutren todos los demás. Al fin y al cabo, de la conversación entre dos interlocutores se sacan más conclusiones que con un único discurso, sin preguntas ni respuestas. Además del lenguaje verbal, que permite la extracción de titulares y la creación de cebos, esenciales en las promos e informaciones sobre dicho contenido; la riqueza del lenguaje de los gestos, las miradas y los silencios pasarían inadvertidas de no ser por este soporte y todas las posibilidades que ofrece (el ritmo, el montaje, la fotografía, etc).

Si echamos un vistazo a la programación diaria encontraremos que la entrevista forma parte de prácticamente todos los contenidos: desde los más informativos (en magazines e informativos, sobre todo en periodo electoral o cuando ha ocurrido algún hecho especialmente noticiable y sea necesario el testimonio de una de las partes implicadas para aportar mayor valor a la realidad transmitida) hasta los pertenecientes al más puro entretenimiento: Aunque en la ficción sea más complicado incluir este género, hemos encontrado la forma perfecta de combinarlo: como nuestra curiosidad no cesa jamás (y más desde que es tan sencillo acceder a los contenidos, cuándo y cómo queramos) tenemos la suerte de contar con material extra no solo en las películas, sino de cualquier título con una mínima expectación en la tele.

Chesters, hogares y protagonistas

La entrevista en la televisión da tanto juego que los encargados de programar los contenidos no pueden dejarla pasar. No es una novedad encontrar formatos cuyo elemento vertebrador sea la entrevista: títulos como Viaje Con Nosotros del magnífico Javier Gurruchaga, Entrevista a la Carta y Las Cerezas de Julia Otero, Ratones Coloraos y El Loco de la Colina de Jesús Quintero, Viajando con Chester y Al Rincón (de pensar) de Risto Mejide entre otros tantos han provocado momentos televisivos memorables para la audiencia que disfruta comprobando cómo el entrevistado se abre en canal a la audiencia. La naturaleza voyeur humana, visible no solo en el consumo de realities sino también en la actual moda vlogger; se consolida en la ventana catódica gracias a la estructura, el contexto y el final efecto de la entrevista: es muy fácil empatizar con los protagonistas de estos espacios, emocionarnos con sus historias, sentirnos como en casa y cambiar la percepción que tenemos de ciertas personas tras conocerlos un poco mejor. En definitiva, la entrevista en profundidad se encarga de esto.

La entrevista crea sensación positivas en el espectador, entre ellas, la identificación con los personajes

Mismo entrevistador, mismo escenario, distinto entrevistado. Fuente: Cuatro.

La tele ha sabido canalizar con maestría las sensaciones de cercanía que provocan que el entrevistado elija un territorio conocido por el espectador como escenario de sus declaraciones. La ya famosa finca de la parra de Bertín Osborne es solo un ejemplo más de cómo nos gusta sentirnos “como en casa” cada vez que asistimos a estos encuentros: encontrar elementos que conocemos a lo largo de los sucesivos capítulos nos reconforta, pues nos sentimos partícipes de la conversación e, incluso, podemos fantasear con jugar el rol del entrevistado de una forma inconsciente, sobre todo si simpatizamos con quien realiza las preguntas o, simplemente, si nos atrae su forma de lanzarlas. Por ello, la teoría de la entrevista que aprendí en la facultad pierde fuerza en esta época de la televisión, ya que pese a que no tiene que ser el protagonista del programa, tampoco debe otorgar todo el peso al invitado. Más bien, ha de ser un toma y daca que, según mi percepción, han conseguido alcanzar los últimos títulos que han pasado por nuestra pantalla particular.

Bertín Osborne y la parra

La parra, Bertín Osborne y Jorge Cadaval. Fuente: RTVE

¿Por qué nos gusta tanto?

  • Las entrevistas satisfacen nuestra curiosidad, a la vez que nos sorprenden/espantan/revuelven: gracias a este género se consiguen confesiones inimaginables en otros entornos que, incluso, parecen declaraciones sencillas realizadas en una conversación entre dos amigos. Y aunque Risto Mejide nos ha ofrecido grandes momentos protagonizados por personajes de total actualidad como Pablo Iglesias, Albert Rivera o Ada Colau, no fue ni mucho menos el primero en hacer de este género su bandera. Jesús Quintero hacía que los entrevistados se sintieran cómodos, tan cómodos que lanzaban titulares bomba y, por supuesto, respuestas doblemente agresivas. Ejemplo de ello es cómo Jesús Gil se declara “el mayor demócrata” de España en los Ratones Coloraos mientras que su tocayo Quintero no dudaba en devolverle la pelota con sus propias palabras (gracias, por supuesto, al poder de la hemeroteca/vídeoteca).

Además de este documento histórico, podemos incluir declaraciones un poco más actuales del género de las entrevistas, aunque no menos polémicas ni memorables. En esta ocasión, Jordi Évole entrevistó a Cayetano Martínez de Irujo en un capítulo donde recorría Andalucía en busca de una justificación de las durísimas palabras que Duran i Lleida dedicó a los agricultores andaluces. Desde luego que la entrevista no tiene despercidio, pues satisface la curiosidad de quien se pregunte qué pensará el aristócrata de un tema que le afecta de forma directa. Este vídeo tan solo es un fragmento de la entrevista emitida, la cual puede verse íntegra aquí.

  • Producen sensación de cercanía y empatizan con el espectador: además del sentimiento de rechazo que pueda provocar la entrevista, por suerte, también se produce el efecto contrario (todo no iban a ser malas noticias). Hemos asistido a conversaciones tiernas, memorables y desternillantes que no podrían haber formado parte de nuestro recuerdo de no ser por la televisión. Gracias al montaje podemos disfrutar de las anécdotas y chascarrillos del entrevistado que, de haberse llevado al papel o a la prensa online, quizá podrían haber estado fuera de lugar (más bien, de espacio). Pese a que la tele juega con el poder del tiempo, también cuenta con elementos aligeradores de la carga que, combinándolos con maestría, producen en el público una sensación de comprensión tan solo equiparable a una charla cara a cara. Os enseño la última entrevista que ha hecho que me enternezca, en la cual Juan Y Medio (señor al que adoro desde el punto de vista televisivo y más allá) explicaba sin reparos pero con mucha guasa los momentos más entrañables y divertidos de su vida y la de su familia. El vídeo que os muestro es solo un avance subido a YouTube, pero la entrevista puede verse al completo a la carta en RTVE.

  • Permite profundizar en un tema de interés público u especial relevancia: el ser humano, curioso por naturaleza, cada vez se conforma con menos en cuanto a información y contenido se refiere. Por ello, es habitual que la programación se llene de temas “duplicados” cuando la agenda marca un tiempo político específico u ocurre algún evento extraordinario, ya sea positivo o negativo. La entrevista es un complemento más de estos contenidos que se generan para satisfacer la necesidad del público de saber más acerca de lo que ocurre en el momento que ocurre. Si la calidad de las preguntas realizadas es óptima, puede ser de lo más enriquecedora ya que se aporta un punto de vista especializado del tema en cuestión. Así, el más que televisivo Eduard Punset acercó la ciencia (aunque sea desde la posterior parodia) a la sociedad con el mítico Redes.

El fenómeno Bertín

Una cara polémica pero amiga como la de Bertín Osborne no ha hecho más que beneficiar al género de la entrevista. El hecho de que la mitad del público simpatice con quien realiza las preguntas y la otra mitad se muestre reacia a sus chascarrillos y afirmaciones provoca un constante tira y afloja de lo más adecuado para el formato: quienes disfrutan con el discurso del presentador, ganadero y bodeguero no se pierden una sola entrega de En La Tuya o En La Mía y quienes no pueden ni verlo tras la pequeña pantalla aúnan todas sus fuerzas para seguir sufriendo con sus declaraciones a la carta y, por supuesto, no se pierden una sola noticia o post que se publiquen al respecto (que no son pocas, desde luego). Lejos de que esto le afecte de forma negativa, el formato se ha hecho un gigante en todos los sentidosmientras ha servido de inspiración para otros títulos de la competencia, las privadas se lo rifran tras su salida de la televisión pública. Al igual que ocurrió con Risto Mejide y su viaje de Mediaset a Atresmedia, Bertín Osborne es un caramelo catódico. ¡Bien por él!

 

IMAGEN: Huffington Post.

Gran Hermano 16: el reality agonizante

Del domingo de septiembre que comenzaba la decimosexta edición del reality que más me entretiene, más me engancha y más me convence de la televisión; al miércoles que finalizaba parece que, más que tres meses, hayan pasado tres años. No sé si ha sido la entrega de Gran Hermano que más larga se me ha hecho, pero de lo que estoy segura es de que el programa que empecé a ver con ilusión no tiene nada que ver con el que terminó. Los secretos que prometían no dejar indiferente a ningún espectador han acabado aburriendo y los temas tratados a lo largo del recorrido se han ido desinflando a pesar de las pretensiones del equipo, pero cuando las bases son de todo menos sólidas es lógico que acabemos deseando que cese el sufrimiento lo antes posible. Esto no quita que no haya disfrutado de algunos momentos (contados con los dedos de una mano), pero siento que cada vez me cuesta más trabajo ser fiel a las galas de los jueves, a los debates de los domingos, a los resúmenes diarios y a todos los programas especiales que se sacan de la manga con la intención de mantenernos actualizados de todo lo que ocurre en Guadalix de la Sierra para que sea más sencillo engancharnos. Conmigo no lo han conseguido.

Un casting previsible

Pese a los intentos de sorpresa que hemos observado en las tramas de Aritz y Han (que, más que sorpresivas han llegado a ser de lo más pesadas y poco creíbles, en mi opinión) y la presencia de Maite y su rol de detonante del malestar (aunque tan solo por una semana, por suerte o por desgracia), la selección de los participantes ha vuelto a quedarse muy corta. Prueba de ello es que el perfil de las ganadoras de las últimas ediciones parece un calco: mujeres jóvenes y atractivas, desgraciadas en el amor durante el concurso. Estos desengaños les han catapultado al primer puesto del podio y, por supuesto, el programa también se lo ha puesto muy fácil: han introducido a terceras personas en la casa para alimentar las tramas, han idealizado estas tramas a través del montaje y, en plató, han gozado del beneficio de Mercedes Milá, defensora de las causas perdidas en lo que a amores imposibles se refiere. Solo hay que echar la vista atrás para comprobar que siempre ha habido concursantes así (Sabrina de GH2, Patricia de GH3, Nuria -Fresita- de GH5, Indhira de GH11, Laura de GH12, etc), aunque me alegro al saber que las mujeres fuertes y luchadoras quedan en un mejor lugar de mi memoria (Silvia de GH1, Inma Contreras de GH7, Laura Ceballos de GH8, Melania de GH9, Ana Toro de GH10, Terry de GH12, Alejandra de GH15). Por supuesto, la ganadora de la última edición de Gran Hermano no corresponde a este perfil, pese a que no puedo negar su fuerza, conseguida gracias al apoyo masculino sin excepciones.

He de confesar que la entrada de Han y los inicios de su relación con Aritz me llamó la atención: como bien se mencionó anoche, era la primera vez que en un Gran Hermano de España ocurría algo parecido y, tan solo por la novedad de los acontecimientos resultaba una trama atractiva aunque haya perdido fuelle con el tiempo y haya llegado a ser más un esperpento que una “relación pasional” motivada por la atracción dentro de la casa. Sin embargo, pese a lo llamativo inicial de la trama, quienes la conformaban han decepcionado: Aritz, que prometía no tener televisión en su buhardilla ni conocer absolutamente nada del universo que conforma no solo el reality al que entraría, sino sus alrededores, acabó siendo uno de los participantes más prudentes en el juego. Pero, tras desatarse la vorágine que desencadenaría en sus gritos, en los llantos del chino y en las mil y una reconciliaciones bajo los edredores más famosos de Guadalix de la Sierra; pude comprobar que el vasco sabía más del funcionamiento de Gran Hermano que muchos de sus compañeros.

El papagayo, testigo de la “amistad” (según Aritz) o “relación pasional” (según Han), según se mire. Fuente.

Por otro lado, el programa jugó de forma inoportuna con determinados perfiles, aunque supongo que lo hizo en su beneficio. Mientras quemaron a Muti tras una semana de invisibilidad en la que solo podía hablar con sus compañeros a ratos; usaron una repesca para potenciar los roles de los participantes que todavía quedaban dentro del concurso. Así, creo con firmeza que la vuelta de Raquel sirvió para que Sofía, quien estaba en la cuerda floja momentos antes de los conflictos que se presenciaron tras el regreso de la fisioterapeuta, se hiciera con el ansiado maletín gracias a los arranques de rabia y celos de su mayor enemiga. Al final, Gran Hermano 16 se ha sostenido en los pilares que varias ediciones anteriores también utilizaron: en los desengaños, en la lucha de egos en cuanto a lo sentimental y a la atracción física. ¿De verdad que no existe otra cosa? ¿Los directores de casting no encuentran nada más jugoso que esto? ¿O es que ya no nos interesa nada más? Qué queréis que os diga, pero yo no me veo saciada con este reparto.

Un debate bochornoso

Considero esencial que un reality extenso y complejo como este tenga el mayor número de puntos de vista posible porque, ya que resulta imposible que un solo espectador sea capaz de verlo todo, es muy interesante que pueda nutrirse del testimonio y opinión de quienes han realizado un visionado colaborativo. Por ello, aplaudo la labor de quienes trabajan en el minutado, así como la de los bloggeros que narran y opinan sobre lo que ocurre en la casa más televisiva del panorama nacional (después de la de Bertín Osborne, por supuesto). Sin embargo, así como disfruto leyendo páginas y páginas de Gran Hermano, me pongo muy nerviosa si es una jauría la que debate sobre el reality, a gritos, al mismo tiempo y con argumentos más penosos que válidos.

Disfrutaba del programa del domingo cuando estaba conformado por tan solo una mesa de colaboradores y un presentador, cuando se mostraban vídeos y se comentaban sin que la voz tuviera que sobrepasar a la masa de asistentes, antiguos concursantes, familiares y demás público presente en plató. Pese a que el late night me mataba, pienso que este debate era de lejos mejor que el que hoy tenemos: no sé si por falta de chicha (carisma de los concursantes, contenidos, etc) o por necesidad de innovar el formato para conseguir una buena cifra a la mañana siguiente, se fuerzan secciones que carecen de sentido y que no aportan nada al concurso ni a gran parte de la audiencia.

¿Es necesario que nos inventemos secciones absurdas, en lugar de que ofrezcamos a la audiencia razonamientos lógicos (mínimamente) para salvar o expulsar a los concursantes? Fuente.

Al final, he optado por no quedarme hasta las tantas, tan solo lo pongo y, de pasada, veo algún que otro vídeo que me he perdido durante la semana. Si le presto más atención de la que merece, acabo frustrada intentando sacar algo en claro entre grito y defensa inválida. No soy nadie para valorar quién lanza una afirmación más o menos correcta, pero no entiendo en base a qué se llenan las gradas porque prácticamente nadie de los presentes en plató son capaces de ejecutar lo que considero esencial para comprender el debate: contextualizar, defender y ser todo lo realistas que permitan los favoritismos, inevitables en este concurso. Por ello, no entiendo las acusaciones automáticas ni los “y tú más”. Ni aquí ni en ningún sitio. Y, como en el debate se potencia la confrontación frente a la discusión lógica, me bajo del carro. De otro más en Gran Hermano.

Promesas incumplidas

Más que la edición de los secretos, Gran Hermano 16 ha sido la edición de la decepción. Confieso que me maravilló la idea de la que partía esta última entrega del reality: información oculta tanto para los propios participantes como para los espectadores, lo que permitiría que  en el momento del descubrimiento todos los que componemos el conjunto nos sorprendiéramos. Yo esperaba un clímax como el que prometían en la primera gala, como el que alimentaban con el vídeo de proclamación del ganador de esta edición, como el que necesitábamos para no abandonar tras varios años de sopor y falta de emoción. De hecho, anoche seguía confiando en que el último secreto que quedaba por revelar servirían para reconciliarme con el formato y esperar la próxima edición con la ilusión que se me ha ido diluyendo a medida que transcurría el concurso y, cómo no, me quedé de nuevo con las ganas. ¿De verdad que el gran secreto de la edición era el de llevar a una hinchada de cada finalista para animar la elección del vencedor? ¿O era el de la participación de Rosa Benito y Rappel en la próxima edición de Gran Hermano VIP? ¿O es que era el del anuncio por parte de Mercedes Milá de otra edición más del reality por excelencia? De verdad, qué cansancio.

Os prometo que intenté mantener la energía a lo largo del reality, pero cada vez resultaba más difícil, sobre todo cuando ni siquiera la propia organización nos lo ponía fácil: desde la presentación de los concursantes se nos fue rompiendo la intriga (en un escenario donde las redes sociales están a la orden del día es sumamente complicado mantener un secreto) y descubrí que ni los secretos eran tan secretos ni el programa era lo que deseaba que fuera. De nuevo, me ha decepcionado.

Ay, qué sorpresa, no nos dimos cuenta del secreto de Marina… Durante los primeros 30 segundos. Fuente.

Tal y como ocurre en las mejores fiestas, que es mejor abandonarlas antes de que decaigan los ánimos, con Gran Hermano debería haberlo hecho hace ya varias ediciones. No quiero una decimoséptima entrega (que ya está confirmada). No quiero otra remesa de participantes cortados por el mismo patrón, no quiero que nos lo vendan como algo novedoso y sorprendente y no quiero ver las mismas historias rodando y rodando por Telecinco. Y aunque no me reconozco pidiéndolo, a quienes correspondan: por favor, no gastéis más esfuerzos intentando crear algo que nos emocione cuando, por razones que seguramente queden fuera de vuestro alcance, siempre acaben pidiéndoos lo mismo. Gran Hermano está más que muerto. ¿Por qué no lo enterramos de una vez?

IMAGEN: Vanitatis

¿Necesitamos más talent shows?

La promo Got Talent España, el nuevo programa que Telencinco lanzará en breves, ha provocado que sufriera una regresión inconsciente a mi preadolescencia: a la llegada de Operación Triunfo a la televisión pública, a la fiebre fan que los espectadores experimentamos al ver cómo, semana tras semana, salvaban y expulsaban a nuestros concursantes favoritos; a la expectación ante las actuaciones de PopStars y a las salidas más o menos dramáticas de las chicas; y al descubrimiento de la danza menos tradicional en un plató que tan solo habíamos visto en la ficción y que se convirtió en habitual de la sobremesa de Cuatro gracias a Fama! A Bailar. También me ilusioné con el descubrimiento de los concursos dedicados a mostrar cómo unos participantes luchaban a través de los fogones, pero el entusiasmo se ha ido esfumando cuando el logro de los formatos ha provocado una multiplicidad absurda y una sobrecarga en la programación. El exceso de los títulos que funcionan no se queda en las cocinas televisivas, sino que se contagia a toda la disciplina: los talent shows llevan años sin aportar ninguna novedad a los espectadores y, sin embargo, no hay quien los quite de la parrilla (o, al menos, quien los transforme).

Nada nuevo que mostrar

Tengo la impresión de que, cada vez que nos enfrentamos al estreno de un nuevo formato de esta categoría, se suceden las mismas imágenes y reacciones tras la pantalla: unos participantes que, emocionados, consiguen (o no) cumplir sus sueños; un jurado de diversa naturaleza que sirve de enlace entre los concursantes y el público y que aporta (algunos más que otros) el matiz profesional (o el discordante) de dichas actuaciones; y un presentador que cada vez me sobra más en un escenario de pantallas y demás elementos que, en lugar de realizar la función de acompañar, despistan a los que estamos en casa. Y no porque nos falte cultura audiovisual y no sepamos entender qué ocurre tras los focos, sino porque todo este artificio puede resultar visualmente agotador.

¿Otro talent culinario? ¿Otro más? Fuente: RTVE

Por muchas novedades que surjan en torno a estos formatos, creo estar viendo el mismo programa de un tiempo a esta parte. Desde el estreno de La Voz en España, no han surgido títulos que me sorprendan. Y aunque no dudo de la valentía que desprenden quienes se presentan a los castings y consiguen cantar, bailar o desarrollar la habilidad en cuestión frente a miles de espectadores para recibir un juicio mediático (y el posterior efecto, positivo para algunos y negativo para otros), esto no supone nada para mí. Al menos, en estos momentos, cuando han pasado casi quince años desde que viéramos cruzar la pasarela de la televisión pública a dieciséis triunfitos que significaron más que un puñado de nervios, talento e inexperiencia. Porque aunque antes que Operación Triunfo hubiéramos visto algún otro talent y se nos saltasen las lágrimas con las actuaciones de Lluvia de Estrellasla verdadera emoción surge con el seguimiento, la evolución y la identificación. Así, cuando nos invitaron a vivir la Academia desde dentro u a experimentar las audiciones a ciegas para, después, acompañar a los participantes de los distintos programas a lo largo de esta trayectoria, surge una conexión especial que se va diluyendo a medida que los formatos se multiplican. La saturación de talents es evidente: no pasamos tres días sin ver uno en la parrilla.

Talent multidisciplina, multiconcursante y multiaburrimiento

Este tipo de programas comenzaron desarrollando una sola habilidad, la cual se potenciaría a lo largo de la temporada y experimentaría un clímax digno de una gran final. Sin embargo, la evolución de los formatos ha provocado que las bases del talent tradicional se echaran a perder para dar paso a un abanico de novedades que, en lugar de aportar nuevas sensaciones al espectador, lo aturde ante tal bruma de mecánicas, disciplinas y valoraciones. El concurso de habilidad vocal y musical derivó en una competición entre intérpretes y bandas sin un criterio determinado para valorar a unos y a otros (Factor X); el de talentos infantiles más básico, en el de críos danzando por un plató sin rumbo (Pequeños Gigantes, Levántate); y el del arte ante los fogones, en el del reality de egos más absurdo (Masterchef, Top Chef). De nuevo, la hibridación es un arma de doble filo: al igual que puede producir verdaderas obras maestras, puede resultar soporífero para el espectador, hastiado de ver supuestos nuevos conceptos que tan solo están disfrazados.

Un oso toca la trompeta presionado por su dueño en un talent de Telecinco.

“I have no idea what I’m doing”. Fuente: VICE

Además de la hibridación en los formatos, la encontramos en los demás elementos que conforman los programas: en los concursantes (no solo en su naturaleza, sino en sus roles) y en las disciplinas acometidas. Esto significa que ya no solo vemos a participantes estándares realizando tareas estándares, sino que no es extraño descubrir cómo un menor se enfrenta a unos afilados cuchillos y demuestra su destreza en una gymkana gastronómica; o a un oso tocando la trompeta en medio de una jungla de luces y cableado. Pese a lo atrevido de la propuesta de colocar un elemento extraño en un escenario extraño, la fórmula no funciona. Vaya Fauna cerró su primera (y espero que única) temporada con un 13% de share medio y tras una caída en las cifras desde la primera gala, lo cual no es de extrañar tras la polémica que provocó ver cómo los animales jugaban a un Tú Sí Que Vales interespecie de pacotilla.

Tu Cara Me Suena: la excepción que confirma la regla

Aunque encuadrar este título en la categoría de talent más tradicional sea imposible, es cierto que la premisa del programa se basa en el desarrollo de una habilidad, en concreto, la de imitar a un personaje popular. A diferencia de los títulos de arriba, Tu Cara Me Suena sigue divirtiéndome tanto como el primer día: gracias a la carcajada que provoca el elenco de participantes, el carisma de algunos de ellos (y el anticarisma de otros, que se convierte en otro punto a favor para el programa gracias al espectáculo del mismo), el talento natural de otros y la sorpresa que, entrega tras entrega, no parece desgastarse. Quizá es que cuatro temporadas no hayan sido suficientes para quemar el formato o que las caras conocidas (y un magnífico casting, por supuesto) aporten el extra que mantiene enganchada a la audiencia.

¿Es Tu Cara Me Suena el contra-talent perfecto? Tiene un buen casting, una buena realización, un buen jurado y un magnífico resultado. Fuente: Atresplayer

Dudo de que la llegada del formato Got Talent suponga revelación alguna. Aunque soy defensora del constante reciclaje de los conceptos televisivos, cada vez creo con mayor firmeza que el talent, tal y como está planteado, tiene fecha de caducidad: no interesa ver cómo un aspirante se enfrenta al juicio con el arma que cree más estable, cuando estas armas son demasiado convencionales o viceversa. Quizá sea el momento ideal para respirar, apagar la maquinaria y replantearnos hacia dónde vamos en este sentido y, sobre todo, qué queremos conseguir y cómo. ¿Emoción del público? ¿Talentos y tramas que rellenen espacios vacíos en la parrilla? ¿Una legión de fans que se conviertan en una audiencia fiel? Habrá que ver dónde hemos puesto la brújula y calibrarla para que, en el futuro, no perdamos el norte.

Imagen: Vanitatis.

¿Podemos encuadrar a Pequeños Gigantes en la nueva programación infantil?

Pese a que no tenía pensado escribir un post sobre el tema, no he podido evitarlo tras asistir al estreno de la segunda temporada de Pequeños Gigantes en el prime time del lunes en Telecinco. Ya lo hice el año pasado debido a la novedad del formato en Perdidos en la Tele y, por supuesto, las críticas no se hicieron esperar: un internauta bastante moderado en su tono pero muy radical en su discurso llegó a sugerir que yo, que parecía pasar por un “momento rabioso” o “falto de estímulos”, seguramente estaba llena no de envidia, sino de una mezcla entre admiración y deseos frustrados por llevar un “pequeño gigante” en mis adentros que jamás logró subirse a un escenario. Sí, yo también me quedé ojiplática. Tras este detalle, me pregunto si el supuesto mini yo vería cubiertas sus necesidades televisivas tras el visionado del programa, el cual todavía no soy capaz de encuadrar en una categoría.

Leer más

© 2017 Vivir de la Tele. Todos los derechos reservados.

Tema de Anders Norén.