A propósito de lo de Bertín Osborne: cuánto nos gusta una (buena) entrevista

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No es una novedad que este elemento mágico esté presente en todas las cadenas y a todas horas: un género tan práctico y agradecido no se podía dejar pasar en un escenario tan vivo como la televisión, en continuo cambio y con necesidades continuas de alimentación por parte de un público activo. Sobre todo, en los tiempos que corren: gracias a la inmediatez de las reacciones y a cómo se explotan las mismas (en redes sociales, en programas de zapping e, incluso, en la vida cotidiana) la entrevista trabajada en la pequeña pantalla atraviesa su mejor momento. Prueba de ello es la pelea mediática (de formatos, de personajes y, en definitiva, de esencia) que vivimos desde la barrera con la cancelación del programa de Bertín Osborne en La 1 de Televisión Española y la inminente, aunque todavía no oficial, marcha del presentador hacia Telecinco. La verdad, ¿quién iba a ser tan ingenuo como para dejar pasar semejante oportunidad? Ahora, solo queda cruzar los dedos para que el formato se mantenga lo más intacto posible.

El género estrella, presente en todos los formatos

La entrevista es, más que un género aislado, un recurso del cual se nutren todos los demás. Al fin y al cabo, de la conversación entre dos interlocutores se sacan más conclusiones que con un único discurso, sin preguntas ni respuestas. Además del lenguaje verbal, que permite la extracción de titulares y la creación de cebos, esenciales en las promos e informaciones sobre dicho contenido; la riqueza del lenguaje de los gestos, las miradas y los silencios pasarían inadvertidas de no ser por este soporte y todas las posibilidades que ofrece (el ritmo, el montaje, la fotografía, etc).

Si echamos un vistazo a la programación diaria encontraremos que la entrevista forma parte de prácticamente todos los contenidos: desde los más informativos (en magazines e informativos, sobre todo en periodo electoral o cuando ha ocurrido algún hecho especialmente noticiable y sea necesario el testimonio de una de las partes implicadas para aportar mayor valor a la realidad transmitida) hasta los pertenecientes al más puro entretenimiento: Aunque en la ficción sea más complicado incluir este género, hemos encontrado la forma perfecta de combinarlo: como nuestra curiosidad no cesa jamás (y más desde que es tan sencillo acceder a los contenidos, cuándo y cómo queramos) tenemos la suerte de contar con material extra no solo en las películas, sino de cualquier título con una mínima expectación en la tele.

Chesters, hogares y protagonistas

La entrevista en la televisión da tanto juego que los encargados de programar los contenidos no pueden dejarla pasar. No es una novedad encontrar formatos cuyo elemento vertebrador sea la entrevista: títulos como Viaje Con Nosotros del magnífico Javier Gurruchaga, Entrevista a la Carta y Las Cerezas de Julia Otero, Ratones Coloraos y El Loco de la Colina de Jesús Quintero, Viajando con Chester y Al Rincón (de pensar) de Risto Mejide entre otros tantos han provocado momentos televisivos memorables para la audiencia que disfruta comprobando cómo el entrevistado se abre en canal a la audiencia. La naturaleza voyeur humana, visible no solo en el consumo de realities sino también en la actual moda vlogger; se consolida en la ventana catódica gracias a la estructura, el contexto y el final efecto de la entrevista: es muy fácil empatizar con los protagonistas de estos espacios, emocionarnos con sus historias, sentirnos como en casa y cambiar la percepción que tenemos de ciertas personas tras conocerlos un poco mejor. En definitiva, la entrevista en profundidad se encarga de esto.

La entrevista crea sensación positivas en el espectador, entre ellas, la identificación con los personajes

Mismo entrevistador, mismo escenario, distinto entrevistado. Fuente: Cuatro.

La tele ha sabido canalizar con maestría las sensaciones de cercanía que provocan que el entrevistado elija un territorio conocido por el espectador como escenario de sus declaraciones. La ya famosa finca de la parra de Bertín Osborne es solo un ejemplo más de cómo nos gusta sentirnos “como en casa” cada vez que asistimos a estos encuentros: encontrar elementos que conocemos a lo largo de los sucesivos capítulos nos reconforta, pues nos sentimos partícipes de la conversación e, incluso, podemos fantasear con jugar el rol del entrevistado de una forma inconsciente, sobre todo si simpatizamos con quien realiza las preguntas o, simplemente, si nos atrae su forma de lanzarlas. Por ello, la teoría de la entrevista que aprendí en la facultad pierde fuerza en esta época de la televisión, ya que pese a que no tiene que ser el protagonista del programa, tampoco debe otorgar todo el peso al invitado. Más bien, ha de ser un toma y daca que, según mi percepción, han conseguido alcanzar los últimos títulos que han pasado por nuestra pantalla particular.

Bertín Osborne y la parra

La parra, Bertín Osborne y Jorge Cadaval. Fuente: RTVE

¿Por qué nos gusta tanto?

  • Las entrevistas satisfacen nuestra curiosidad, a la vez que nos sorprenden/espantan/revuelven: gracias a este género se consiguen confesiones inimaginables en otros entornos que, incluso, parecen declaraciones sencillas realizadas en una conversación entre dos amigos. Y aunque Risto Mejide nos ha ofrecido grandes momentos protagonizados por personajes de total actualidad como Pablo Iglesias, Albert Rivera o Ada Colau, no fue ni mucho menos el primero en hacer de este género su bandera. Jesús Quintero hacía que los entrevistados se sintieran cómodos, tan cómodos que lanzaban titulares bomba y, por supuesto, respuestas doblemente agresivas. Ejemplo de ello es cómo Jesús Gil se declara “el mayor demócrata” de España en los Ratones Coloraos mientras que su tocayo Quintero no dudaba en devolverle la pelota con sus propias palabras (gracias, por supuesto, al poder de la hemeroteca/vídeoteca).

Además de este documento histórico, podemos incluir declaraciones un poco más actuales del género de las entrevistas, aunque no menos polémicas ni memorables. En esta ocasión, Jordi Évole entrevistó a Cayetano Martínez de Irujo en un capítulo donde recorría Andalucía en busca de una justificación de las durísimas palabras que Duran i Lleida dedicó a los agricultores andaluces. Desde luego que la entrevista no tiene despercidio, pues satisface la curiosidad de quien se pregunte qué pensará el aristócrata de un tema que le afecta de forma directa. Este vídeo tan solo es un fragmento de la entrevista emitida, la cual puede verse íntegra aquí.

  • Producen sensación de cercanía y empatizan con el espectador: además del sentimiento de rechazo que pueda provocar la entrevista, por suerte, también se produce el efecto contrario (todo no iban a ser malas noticias). Hemos asistido a conversaciones tiernas, memorables y desternillantes que no podrían haber formado parte de nuestro recuerdo de no ser por la televisión. Gracias al montaje podemos disfrutar de las anécdotas y chascarrillos del entrevistado que, de haberse llevado al papel o a la prensa online, quizá podrían haber estado fuera de lugar (más bien, de espacio). Pese a que la tele juega con el poder del tiempo, también cuenta con elementos aligeradores de la carga que, combinándolos con maestría, producen en el público una sensación de comprensión tan solo equiparable a una charla cara a cara. Os enseño la última entrevista que ha hecho que me enternezca, en la cual Juan Y Medio (señor al que adoro desde el punto de vista televisivo y más allá) explicaba sin reparos pero con mucha guasa los momentos más entrañables y divertidos de su vida y la de su familia. El vídeo que os muestro es solo un avance subido a YouTube, pero la entrevista puede verse al completo a la carta en RTVE.

  • Permite profundizar en un tema de interés público u especial relevancia: el ser humano, curioso por naturaleza, cada vez se conforma con menos en cuanto a información y contenido se refiere. Por ello, es habitual que la programación se llene de temas “duplicados” cuando la agenda marca un tiempo político específico u ocurre algún evento extraordinario, ya sea positivo o negativo. La entrevista es un complemento más de estos contenidos que se generan para satisfacer la necesidad del público de saber más acerca de lo que ocurre en el momento que ocurre. Si la calidad de las preguntas realizadas es óptima, puede ser de lo más enriquecedora ya que se aporta un punto de vista especializado del tema en cuestión. Así, el más que televisivo Eduard Punset acercó la ciencia (aunque sea desde la posterior parodia) a la sociedad con el mítico Redes.

El fenómeno Bertín

Una cara polémica pero amiga como la de Bertín Osborne no ha hecho más que beneficiar al género de la entrevista. El hecho de que la mitad del público simpatice con quien realiza las preguntas y la otra mitad se muestre reacia a sus chascarrillos y afirmaciones provoca un constante tira y afloja de lo más adecuado para el formato: quienes disfrutan con el discurso del presentador, ganadero y bodeguero no se pierden una sola entrega de En La Tuya o En La Mía y quienes no pueden ni verlo tras la pequeña pantalla aúnan todas sus fuerzas para seguir sufriendo con sus declaraciones a la carta y, por supuesto, no se pierden una sola noticia o post que se publiquen al respecto (que no son pocas, desde luego). Lejos de que esto le afecte de forma negativa, el formato se ha hecho un gigante en todos los sentidosmientras ha servido de inspiración para otros títulos de la competencia, las privadas se lo rifran tras su salida de la televisión pública. Al igual que ocurrió con Risto Mejide y su viaje de Mediaset a Atresmedia, Bertín Osborne es un caramelo catódico. ¡Bien por él!

 

IMAGEN: Huffington Post.