Vivir de la Tele

Creación, guión y mucha tele

Menú Cerrar

Categoría: Creación (página 2 de 2)

¿Verano = Parón creativo?

El mes de julio lleva implícito aires de mudanza, de maletas por deshacer y desórdenes que resolver. Yo soy muy organizada dentro de un caos imposible de entender por muchos, por eso puedo pasarme semanas con macutos abiertos y bolsas llenas de no sé qué cosas alrededor de mi habitación. Sin embargo, soy incapaz de hacer nada productivo mientras en mi “zona de trabajo” hay un caos de trastos. Y cuando hablo de trastos no solo me refiero a los recuerdos del regreso a casa, también me refiero a los archivos olvidados en los rincones de mi ordenador e, incluso, a los papelotes de ideas sueltas que acumulo en mi escritorio. Con el cuarto ya recogido, la mesa despejada y el portátil formateado (soy muy maniática, suelo limpiarlo a fondo tres veces al año), me dispongo a enfrentarme a la apatía del verano en cuanto a lo creativo.

Y, ¿por dónde empiezo? La verdad, no estoy muy segura de cómo afrontar el parón. Desde que veía de lejos el fin de curso me propuse que estos dos meses de vacaciones no iba a permitirme una tregua, y no porque no la merezca.

Leer + pensar + escribir = crear

Yo soy persona de listas de tareas pendientes, de agendas llenas de anotaciones y, por qué no, de cumplir con lo que me propongo. Para este verano tengo una barbaridad de libros que leer, películas y series que ver, por lo que seguramente no pare de trabajar. Y digo trabajar porque nutrirse de novedades, alimentar la curiosidad y aprender sin descanso es esencial para el creador (ya seas guionista, novelista, cualquier profesión que implique creatividad). Carmen O. Carbonero, guionista de series como Los Serrano y Águila Roja entre otras, nos contó una tarde de máster que ella acostumbra a ver un capítulo de alguna serie antes de comenzar a escribir para “ponerse a tono”.

Mientras busco trabajo de lo mío (de guionista, de periodista, de productora, de lo que sea… De lo mío), yo también me pongo a tono: leo (nada de manuales, que ya me empapé bastante durante el curso), veo muchísima tele (para no variar) y veo muchísimas series. No puedo tomarme unas vacaciones en esto a pesar de que pueda llegar a saturarme, ¿quién sabe cuándo y dónde aparecerá la musa? Todo producto está inspirado en algo que hemos visto, escuchado o experimentado. Las ideas jamás proceden de la nada, por ello debemos permanecer en constante estado de recepción de estímulos que puedan resultarnos útiles en cualquier momento y en cualquier lugar: en la playa, echándote una siesta (a mí, los sueños me inspiran muchísimo) o dando una vuelta “con la fresquita”. El verano cuenta con escenarios ideales para poner nuestra maquinaria creativa a funcionar.

A mí me inspiran estas playas…

Lo tengo. ¿Cuál es el siguiente paso?

Con las ideas claras y el norte de nuestro proyecto definido, nos queda la parte más complicada del reto del verano: no estancarnos. Leí en el blog de Escrilia una entrada sobre las maneras de perder el tiempo para los escritores y decidí poner en práctica los consejos que proponía: establecer un horario de trabajo, permanecer el menor tiempo posible “conectada” (cuando desconecto el wifi de mi ordenador es cuando más me cunde el trabajo. Si necesito consultar un dato, lo anoto y lo hago después. Cada cosa a su tiempo) y, sobre todo, organizar mi zona de trabajo que, como mencioné antes, resulta un caos muy complicado de solucionar.

Para este verano he diseñado una lista de objetivos contabilizables que debo cumplir antes de que finalice el mes de septiembre. De esta manera, es muy sencillo saber en qué porcentaje hemos logrado lo que nos proponíamos a corto plazo, plantear qué podemos cambiar para mejorar este porcentaje y, sobre todo, conocer en qué nos hemos equivocado para que no vuelva a suceder la próxima vez que nos pongamos metas. Un objetivo contabilizable es aquel que puede medirse con cifras. Por ejemplo, si quieres proponerte escribir más cortometrajes este verano, piensa un número para construir tu meta. ¿Cuántos borradores crees que podrás conseguir en tres meses? ¿Tres, cuatro?

Ya me estoy arrepintiendo…

Sé que es muy difícil cumplir con todos los objetivos que nos propongamos al  principio del verano, no te angusties. Fallar no significa fracasar, es más, equivocarse es tan necesario como aprender. Quizá nos pasemos con nuestras metas, seguro que nos ponemos más de las que podamos alcanzar o nos quedemos cortos. ¿Qué más da? Lo único que importa es sacar algo en claro de nuestro trabajo, conocernos mejor a nosotros mismos como creadores: cuáles son las rutinas que mejor nos funcionan, a qué hora somos más productivos a la hora de escribir o qué manías tenemos.

Por lo pronto, yo estoy poniendo en práctica todo lo que os cuento aquí. Cuando termine el verano, ya veréis si me ha funcionado o me he quedado por el camino… ¡Deseadme suerte!

De agradecimientos y partos artístico-creativos: el proceso.

Siempre se me ha dado bien hablar en público. Desde el instituto (por suerte, comencé a presentar exposiciones con 16 años en 1º de Bachillerato) me ofrecía voluntaria para defender los trabajos en grupo de asignaturas como Historia de la Literatura Universal o Medios de Comunicación. Esta última, una optativa que ha desaparecido de la oferta educativa, fue la que me salvó la vida: descubrí el periodismo, la fotografía y el montaje de vídeo gracias a Macarena Astorga y me di cuenta de que no podía estudiar Turismo (lo que pretendía cuando entré en el Bachillerato, por aquello de los idiomas y que, viviendo en la Costa del Sol, era de lo poco que daba de comer… Y ahora, ni eso), sino que yo tenía algo dentro que debía sacar a base de capturar imágenes y escribir sin descanso.

Entré en Periodismo casi a trompicones, sin que me quedara más remedio que estudiar en un turno de tarde que me chupaba la energía a pesar de que sea un búho y prefiera trabajar cuando el sol ha caído. Cuando me cambié al turno matinal, me levantaba a las 5:30 de la mañana para coger un bus que me llevaba a la facultad desde mi ciudad. Fue una época bastante dura, aunque siempre he sabido ver el lado bueno de las cosas y disfrutaba pasando tiempo con mis amigas, a pesar de que algunas clases parecieran clones de otras que ya habíamos cursado (era muy normal estudiar el mismo temario en primero, segundo y tercero de carrera. No sé si con el Plan Bolonia habrá cambiado algo. Espero que sí). En 2º grabé un cortometraje (que jamás saldrá a la luz, ya sabéis, el odio que un autor puede tener hacia sus opera prima…) y me frustré como nunca en mi vida por haber obtenido una calificación mucho menor de la que merecía. Me di cuenta de que quienes no se apasionan con su profesión son incapaces de disfrutar con los trabajos de los apasionados. Y me dio tanta pena…

Cuántas horas he pasado encerrada en el sótano más productivo del mundo…/ Facultad de Ciencias de la Comunicación, Universidad de Málaga

Por suerte, era muy complicado que yo me sintiera perdida. Siempre tuve muy claro qué quería hacer (tanto en lo personal como en lo profesional) e hice todo lo posible por “meter la cabeza” en el mundillo que más me llamaba la atención: el de la pequeña pantalla que siempre se había visto en mi casa como algo más que un simple entretenimiento. Mi madre, la mujer más crítica que conozco, jamás me ha dado tregua por ser su hija y ha sido la que más me ha machacado para que hiciera las cosas bien. Desde que comencé a escribir sobre televisión en medios digitales pequeñitos me echaba abajo todos los artículos por ser flojos y carentes de sentido. Y tenía razón. Cuando no se está demasiado motivada ni por los de arriba y no existen unos cánones de exigencia (y cuando se es bastante cría y no se sabe nada de lo que una escribe, como era mi caso), es normal escribir mierda y más mierda.

Hasta el último curso de carrera no tuve una asignatura de televisión, y qué corta se me hizo. Gracias a Juan Francisco Gutiérrez Lozano (no tendré palabras para agradecerle todo lo que ha hecho por mí, aunque él no lo sepa) aprendí los entresijos técnicos de la caja no tan tonta que cada vez me llamaba con más fuerza. A base de gritos y algún berrinche de pura impotencia por que las cosas no salieran tal y como yo veía en mi cabeza, me crecí ante las pantallas del control y descubrí que quizá no se me diera tan mal aquello de dirigir a un equipo, proponer alternativas en situaciones problemáticas y, en definitiva, hacer tele. A pesar de hiciéramos una basura de trabajo, recuerdo Edición y producción de la información en televisión como las mejores horas de toda la licenciatura.

Recuerdos de la pecera: cuando vuelvo a ver el Informativo del Canal 4 (nuestro grupo de trabajo), puedo escuchar mis gritos en un momento de silencio en el plató. ¡SON COLAS! ¡SON COLAS! Solo los entendidos (y los neuróticos como yo) me comprenderán. / Facultad de Ciencias de la Comunicación, Universidad de Málaga

Antes de esto, en 3º de carrera, Pedro Farias Batlle nos preguntó a todos los alumnos de su clase para qué estábamos estudiando Periodismo. Yo, que estaba sentada en las últimas filas del aula, escuché con atención las respuestas de todos mis compañeros y llegué a frustrarme por no sentirme identificada con aquello que decían: muchos querían ser reporteros de guerra, enviados especiales, periodistas deportivos… Nada me llamaba la atención, nada me apasionaba. Cuando llegó mi turno, temblorosa (cosa que nunca me ocurría) dije: “Me llamo Ana Magdalena Quijano y estudio Periodismo porque, para escribir ficción, primero debo aprender a escribir sobre la realidad“… ¿Qué me acababa de ocurrir? Algo estaba cambiando. Sabía que quería hacer tele pero acababa de darme cuenta de qué tele quería escribir. Desde el primer curso me había convertido en seriéfila (todavía de pacotilla) y me había tragado Lost en plena época de exámenes de junio cuando todavía existía Megavideo (estudiaba durante los 72 minutos de espera. Lo aprobé todo…). Después vino The Sopranos y descubrí la magia de las series dramáticas. ¿Acaso la pantalla de mi ordenador me estaba llamando? Cuando yo veía aquellos capítulos sentía que tenía que ser yo la que escribiera esos maravillosos diálogos. Después, me bajé de las nubes. Tenía que hacer algo para conseguir lo que anhelaba, aunque jamás llegara a ser showrunner de la HBO ni escribiera Breaking Bad.

Me matriculé en el Máster en Guión, Narrativa y Creatividad de la Universidad de Sevilla y me mudé a la ciudad que voy a echar muchísimo de menos cuando ya no esté aquí. Aprendí no solo de los profesores que han pasado por el sótano hispano-dominicano que teníamos casi en propiedad, sino que tantas horas conversando de nada y de todo me han servido muchísimo más que estudiar cualquier manual de cientos de páginas. Gracias a vosotros, compañeros, he descubierto la magia de las palabras y he conocido a gente realmente apasionada por lo que hace: por crear sensaciones y por escribir guiones que no solo sean correctos, sino que muevan algo en el interior de quienes los leen o los ven hecho obras. Gracias también a los profesores que nos transmitieron tantísimo entusiasmo en tan solo un par de clases y de los cuales aprendimos sobre personajes, tramas y de la vida en general. Gracias a mi tutora del Trabajo de Fin de Máster, Cristina Carreras Lario, por compartir pasión por la televisión conmigo y por su atención durante este periodo tan importante para mí.

No estoy acostumbrada a escribir posts tan personales, pero a veces está bien dar las gracias a todas las personas implicadas en este proceso. Gracias por este año de convivencia a ti, por leer mis borradores y por darle la vuelta a mi pensamiento cuando me bloqueo y soy incapaz de dar un paso. Por inspirarme, siempre. Y gracias también a ti porque, aunque estés lejos, estás más cerca que nunca.

El lunes expondré mi Trabajo de Fin de Máster en este salón. Me impone un poquito bastante… / Facultad de Comunicación, Universidad de Sevilla

Finalmente, el lunes a las 10 de la mañana defiendo mi Trabajo de Fin de Máster ante un tribunal. Todavía no sé muy bien qué diré, ni si me pondré tan nerviosa que me tiemblen las piernas o si, por lo contrario, si me sentiré como cuando expongo ante mis compañeros y no tenga más que un poco de corte que se me pasa a los dos minutos. Una vez más, me inunda la incertidumbre, el pan nuestro de cada día (de mi vida). Y, ¿de qué iba a vivir yo si no es de incertidumbre?

De qué hablo cuando hablo de crear

Al más puro estilo Murakami, he querido escribir esta entrada por el simple placer que me produce escribir. Llevo mucho tiempo haciéndolo, desde que entré en primero de Periodismo y, hasta ahora, criticando los estrenos en Perdidos en la Tele, en clase por asignación y por gusto, por cuenta propia y sin tregua. Escribir no es solo escribir, para mí, es viajar lo que no puedo en la vida real, descubrir cosas nuevas, personas nuevas, crear el mundo. Y, aunque pueda parecer pretencioso, la labor del creador no es más que la de hacer sentir a los demás.

A finales de junio defiendo mi Trabajo de Fin de Máster ante un tribunal. Desde las Navidades pasadas estoy trabajando en él y la idea lleva rondándome la cabeza varios años. Vamos, que no es nada improvisado ni pensado por necesidad, sino que estoy creando la serie dramática “de mis sueños”. Y digo creando porque, aunque la haya entregado como un proyecto supuestamente terminado, sigo dándole vueltas para mejorarla y moverla en un futuro no muy lejano.

Murakami escribió una especie de autobiografía en la que relaciona el descubrimiento de su talento con la aventura del running. Yo, sin embargo, que todavía no me atrevo a correr un kilómetro seguido (aunque lo conseguiré algún día, lo prometo), he querido hacer algo parecido. ¿Qué significa la escritura para mí? Hace un año hubiera contestado sin pensarlo pero hoy, tras haber escrito más que nunca en mi vida en tan solo un curso escolar, no soy capaz de encontrar una definición que me convenza. La creación no se limita a escribir cincuenta páginas o unos versos, qué va…

Inspiración, ¿dónde encontrarla?

Desde que descubrí el placer de la escritura hago “rituales” para encontrar la inspiración en cualquier momento y lugar. Y aunque Picasso dijera que la inspiración siempre se encuentra trabajando, he pasado mucho tiempo esperando a que apareciera para ponerme manos a la obra y no he hecho más que perder el tiempo. Mientras encuentro a la musa, creo playlists de las cuales me canso pasadas dos semanas (o según los textos que tenga que escribir, los personajes que tenga que diseñar… Las circunstancias van variando), me paso las tardes mirando fotos bonitas en Instagram o leyendo noticias en la portada de Menéame o Reddit. Cuando miro el reloj, el tiempo se me ha echado encima sin que me haya dado cuenta.

He descubierto que tengo una gran facilidad para trabajar bajo presión, una bendición en mi profesión (como guionista y periodista, aplicable a ambas) y que es mejor escribir mucha basura de un tirón para revisarla después. No pensé que esta entrada estuviera repleta de citas célebres pero es inevitable al hablar de inspiración y rutinas literarias. Hace años encontré una imagen que llevé durante mucho tiempo de fondo de pantalla en el móvil para que me sirviera de recordatorio.

Un día me dio por investigar de dónde venía, cómo a Hemingway se le había ocurrido tal afirmación que significaba para mí mucho más que escribir borracha y editar sobria (yo lo relacioné con el hecho de escribir sin revisar y revisar sin escribir, un método que a mí me funciona por ahora). Bendito Reddit. En este blog se investiga que no hay material atribuible a este autor que confirme que Hemingway afirmó tal cosa. Peter De Vries, en su novela Reuben, Reuben, podemos leer:

Sometimes I write drunk and revise sober, and sometimes I write sober and revise drunk. But you have to have both elements in creation — the Apollonian and the Dionysian, or spontaneity and restraint, emotion and discipline.

He descubierto que la labor de investigación es una de los procesos que más me inspiran para escribir: leer la prensa, buscar en foros especializados, artículos en revistas, leer, leer, leer. Para escribir con verosimilitud hacer falta saber muchas cosas que solo se aprenden a base de constancia e inquietud. No conozco ningún guionista que carezca de curiosidad ni ningún escritor que pase un solo día sin leer algunas líneas. Tener los ojos bien abiertos es la mejor forma para inspirarse. Así que, he incluido esta premisa como una más dentro de mis “rituales”.

El resurgir del fénix: rescatando mierda de la papelera

Leí una entrada en Bloguionistas (portal indispensable para los que escribís o estáis interesados en el mundo del guión) donde se hablaba, por así decirlo, de la curva evolutiva que sufre un guionista a la largo del proceso de creación. Este párrafo resume a la perfección su esencia:

Los guionistas vivimos en un continuo “sube y baja” emocional. Un día, lo que estás escribiendo te parece la hostia, y al otro, una mierda. Así, sin término medio. Y para poder seguir escribiendo (y convertirse realmente en un guionista), lo mejor es aceptarlo. Somos así. ¿Qué resulta agotador? Desde luego. Pero es lo que hay (Lee el original aquí).

Siempre me he considerado una persona poco paciente pero, gracias a la escritura, he descubierto que soy todo lo contrario. Empeñarse en desarrollar una idea tal y como la trazamos en nuestro pensamiento, darle mil y una vueltas, escribir y reescribir lo mismo durante meses me ha servido como un ejercicio de control de la desesperación. Me he enganchado de personajes, les he cogido manía a otros, me he cansado de según qué tramas y he tenido pesadillas con las historias que creo. Sin embargo, he aprendido a aislarme de mis sentimientos, a convertirme en otra persona cuando escribo, en una especie de robot sin recuerdos ni experiencias. Crear es separarse del mundo conocido para sumergirnos en el que queremos escribir.

He llenado papeleras hasta arriba de hojas que no conseguía rellenar sin un solo tachón, me he arrepentido y he tenido que rescatar alguna que otra bola desecha. Una profesora del Máster en Guión, Narrativa y Creatividad que acabo de terminar, nos recomendó a principio de curso que no tiráramos un solo papel, a pesar de que nos parezca la tontería más gorda. Nos dijo que buscáramos una caja (o una carpeta o un archivador) y guardáramos todo aquello que escribiéramos porque, nunca se sabe, puede valernos en cualquier momento en el futuro. Y no sabéis la razón que tiene… Ahora rescato personajes que pensé años atrás y les estoy sacando más jugo que nunca para proyectos futuros.

Me estreno

Aunque a veces me las quiera dar de entendida (y, por supuesto, se quede en un intento fallido), no tengo idea de nada: ni de guión ni de blogs ni de creación ni de buscar inspiración y menos de encontrarla. 2014 está siendo un año de estrenos de todo tipo, sobre todo de lo relativo a lo “profesional”: ha sido la primera vez que he escrito guiones, que he creado una serie dramática, que he “trabajado” para una productora de televisión y que he hablado de series dramáticas en la radio. Tan solo espero que no se quede en eso, en un comienzo.

Con la defensa de mi Trabajo de Fin de Máster ante un tribunal doy por finalizada mi etapa como estudiante de guión. Sin embargo, no sé si puedo considerarme guionista todavía.

De la idea al proyecto: ¿por dónde empezamos a crear?

Cuando creé este blog pretendí que no fuera un proyecto más. Será que soy, como diría Mindy Lahiri, una “natural storyteller” y no puedo evitar tener miles y miles de ideas rondando por mi cabeza a lo largo del día. Algunas llegan a germinar. Otras, no. Me niego a que este blog sea una idea mal plantada, de hecho, escribo este post con un espíritu completamente renovado y lleno de energía positiva.

En las últimas semanas ha venido mucha gente interesante al máster. Cuando comenzábamos a sentir una rutina soporífera por culpa de las clases teóricas que no nos llevaban a ninguna parte, los profesores fueron muy oportunos al invitar a antiguos alumnos de la Facultad de Comunicación (Universidad de Sevilla) y a conocidos del oficio que tenemos en común. Por las aulas han pasado profesionales de la televisión y del cine, algunos con más fortuna que otros pero, en general, con pasión por lo que hacen. Esto nos ha servido, tanto a mí como a mis compañeros, para cargarnos las baterías y comenzar de cero. Ahora viene la parte más difícil, donde se juntan las prácticas en empresas y los comienzos de algo que comenzamos a vislumbrar a lo lejos (no tan lejos).

Los comienzos nunca fueron sencillos

El Trabajo de Fin de Máster queda mucho más cerca de lo que parece y todos tenemos miles de ideas. De nuevo, las benditas ideas, el germen de nuestros futuros proyectos y las culpables de que muchas noches no consigamos conciliar el sueño hasta las tantas. Siempre he sido persona de almacenar trastos y quienes han trabajado conmigo saben que soy una persona organizada dentro de una nube de desastre: en mi mente, mis ideas pueden ser de lo más caóticas pero hago todo lo posible para ordenarlas y ser capaz de entenderlas con mayor facilidad. A veces, la idea puede presentarse de forma confusa, no siempre llega a nuestra cabeza como una clara revelación y definirla resulta más trabajoso que escribir el guión en sí mismo.

Los invitados que hemos tenido el honor de recibir en las aulas de la Facultad de Comunicación nos han salvado el curso. En un momento de desconcierto total, cuando ni algunos profesores son capaces de guiarnos en nuestro proyecto, Paco Baños, Rafael Cobos y Alberto Rodríguez nos contagiaron del entusiasmo que, poco a poco, estábamos perdiendo a base de disgustos y decepciones.

Rafael Cobos (al fondo), guionista; y Alberto Rodríguez (al frente), director. Dan nombre a títulos como After y Grupo 7.

Paco Baños, director, guionista y script. Un máquina.

Alberto Rodríguez, director de títulos como 7 Vírgenes, Grupo 7 o La Isla Mínima, nos dio una charla un lunes. No imagino un mejor plan para comenzar la semana. Nos llenó la cabeza de inspiración, al menos a mí, y salí del aula con muchas ganas de hacer cosas, de ordenar ideas, de trabajar ideas. Estuvo mostrándonos algunos “recortes” que le ayudaron a crear sus obras a partir de pequeños detalles y nos recomendó que buscáramos una caja donde guardar todo aquello que nos sirviera de punto de partida para nuestros futuros proyectos. Y, desde que nos lo dijo, no he dejado de pensar en ello.

¿Cómo organizo mis ideas?

Suelo trabajar de forma desordenada, escribo en hojas arrugadas y mancho miles de folios siempre que pretendo crear un proyecto. Sin embargo, nunca había guardado nada hasta ahora. Mi papelera (física) siempre estaba llena y no conseguía escribir nada que no acabara hecho una bolita arrugada. Por ello, desde que comencé el máster y, supuestamente, era el momento de empiezar a escribir “de manera oficial”, no podía permitirme perder nada, aunque fuera pura mierda.

Descubrí Evernote gracias a una serie de posts interesantísimos de Tinta al Sol. Me sirvieron de guía hace cosa de tres años cuando comenzaba a tontear con la escritura seria, cuando me despertaba pensando en una novela que jamás llegué a escribir y me acostaba con la cabeza llena de historias que deseaba escribir y nunca encontraba la musa que me soplara las palabras exactas. Evernote es mi contenedor de ideas, mi cajón desastre y adonde acudo cada vez que se me ocurre algo. Aunque suelo llevar siempre encima alguna libreta y tengo el móvil lleno de notas, esta plataforma me resulta de lo más práctico porque puedo ordenar mi caos natural a través de etiquetas y carpetas de una forma sencilla y visual.

En Evernote guardo desde las primeras descripciones de los personajes hasta los mapas de tramas, ideas sueltas o recursos que puedan servirme en algún momento del proceso. Aquí cabe todo, como quien lo guarda en una carpeta “a lo analógico”, Evernote no tiene prácticamente límites. Yolanda González Mesa tiene en su blog Tinta Al Sol una serie de post interesantísimos sobre el uso de esta aplicación en el campo de la escritura donde explica todos sus usos y recovecos de una forma sencilla y entretenida.

Brújula en mano, sin perder “el norte” de nuestra idea

¿Hacia dónde queremos ir? ¿Qué queremos contar en realidad? Alberto Rodríguez nos repitió en más de una ocasión que lo más importante de nuestra historia es el norte, es decir, la dirección hacia donde va lo que escribiremos. La idea puede cambiar de forma e incluso de fondo, pero nunca podremos permitir que cambie de intención para que la historia cree el efecto que deseamos en su momento de gestación. ¿Cuál es el sentimiento de nuestro protagonista? ¿Cuál es su conflicto? La esencia o, como diría Ramón Navarrete Galiano (un estupendísimo profesor de la Universidad de Sevilla, cuyas clases os recomiendo desde aquí), el espíritu de nuestra idea no puede perderse jamás. Podemos contar la historia de mil maneras diferentes, a través de una novela o un documental, un cortometraje o una serie dramática, pero la idea siempre debe llevar la misma dirección.

¿Y cómo calibramos la brújula? Desde el primer día de clase nos recomiendan trabajar en equipo. A veces podemos ser muy nuestros, nos encariñamos con aquello que hemos ideado a base del sufrimiento placentero del creador, del escritor que llora mientras escribe o del guionista que trasnocha buscando el punto de giro perfecto. Pero, al contrario del encierro en solitario, es imprescindible aprender a trabajar en equipo y contrastar opiniones con los compañeros. Cuando nos encariñamos con nuestro trabajo es muy difícil sacarle todos los errores. Escribir junto a otras personas es necesario para que el guión sea caleidoscópico a la vez que sencillo.

En la mayoría de los casos perdemos el norte cuando no sabemos dónde se encuentra. Debemos definir los puntos clave de nuestro relato antes de comenzar a trabajar: quién es nuestro protagonista, cuál es su conflicto, a quién o a qué deberá enfrentarse para resolverlo. Con estas preguntas resueltas nos ahorraremos solventar muchas dudas en el futuro, en el story line es donde está nuestro norte.

Entre papelotes y miles de ideas, seguimos creciendo

Sé que no soy la única que está experimentando esta sensación de entusiasmo general aunque la situación no sea la mejor del mundo. Todos mis compañeros tenemos ideas, proyectos más o menos factibles y muchas ganas de no parar de trabajar. Llevo un tiempo con el blog algo parado y no me gustaría que fuera una idea que se queda en el camino de los proyectos olvidados, no me da la gana. Por eso me he propuesto no abandonarlo más, cuidarlo y mimarlo. Gracias por seguir ahí.

 

Esto no ha terminado…

Aunque pudiera parecer que Vivir de la Tele hubiera entrado en coma, tan solo ha sido un descanso forzado. He tenido problemas con la seguridad de WordPress y no pude acceder al blog durante los últimos días. Además, he comenzado a hacer prácticas en una empresa, por lo que me ha resultado casi imposible seguir con la continuidad de los post…

No tengo perdón. Pero aquí estoy de nuevo, con un post en la nevera que pronto subiré. Gracias por seguir ahí.

El oficio del guionista desde la no experiencia

Puede parecer absurdo que teniendo un blog sobre guión no haya escrito un solo guión digno de ser rodado, ni siquiera revisado para su posterior uso. Sí que he escaletado bocetos de proyectos que se han hecho sobre la marcha, sin guión (aunque parezca imposible, cuanto menos conocimiento se tiene del oficio más sencillo parece poner en marcha un cortometraje, aunque después el resultado sea una basura. Con dieciocho años y en segundo de carrera importa poco y todo parece maravilloso). Es así, soy guionista de casi título, aun no he terminado el máster que lo acredita. Pero sí, sí que soy guionista, igual que también soy escritora. ¿Que por qué? Porque no puedo estar un día sin crear historias.

Desde que participé en el NaNoWriMo de 2013 descubrí que quizá no se me daría tan mal lo de escribir novelas. Desde que rodé un cortometraje, con medios escasos y menos conocimientos, descubrí que quizá no se me daría tan mal contar lo que me pasaba por la cabeza. Entonces, sería feliz si a lo que me dedicaba en la vida era a escribir y contar historias para que después se rodaran (o no). Cuando entré por primera vez en el aula-zulo donde asisto a las clases del máster, me sentí como en casa. Ya sabía que iba a ser guionista antes de matricularme y saber que me habían aceptado, pero hasta que no me senté en la penúltima fila y miré a mi alrededor, no me lo terminé de creer. Algunos de mis compañeros están muy desilusionados con las lecciones, pero yo intento sacarle siempre el lado positivo a todas las cosas. Espero aprender, de hecho, todavía no sé absolutamente nada de esta profesión que, me temo, será muy difícil de desempeñar. La única certeza que poseo del oficio es su dificultad, nada más y nada menos.

Sin embargo, es muy fácil desilusionarse cuando 56 personas están encerradas en un sótano donde las luces no dejan de parpadear y el ordenador dificulta la tarea de aprendizaje en vez que hacerla más llevadera. He llegado a asistir a clases donde lo único que se utiliza es una presentación de texto negro sobre fondo blanco y la profesora se ha limitado a leer cada una de las diapositivas con una sorprendente parsimonia. Yo he pagado para aprender a escribir, no para que me cuenten cosas que puedo aprender leyéndome un libro. Pero, como he dicho antes, no pienso quedarme con lo malo de esta experiencia que considero positiva en general. De hecho, a pesar de que todavía no hemos escrito un guión en los tres meses que llevamos de clases, me estoy empapando de conocimientos que me servirán para poder escribir en un futuro.

El libro que me estoy leyendo ahora, muy recomendable. Tengo una lista de más de veinte libros que leer sobre guiones, guionistas y letras en general...

El libro que me estoy leyendo ahora, muy recomendable. Tengo una lista de más de veinte libros que leer sobre guiones, guionistas y letras en general…

Nos han repetido muchas veces que el oficio de guionista no tiene nada que ver con el arte ni con los artificios de las palabras. El guión es, simplemente, un material de trabajo, y no una obra maestra que no pueda ser modificada. De hecho, no debemos cogerle cariño a lo que escribamos (al menos, no demasiado) porque nos lo echarán por tierra varias veces antes de que nos den un aprobado. Es así, el guión es solo el paso previo al producto y, si no convence a quien lo financie, se va para atrás y deja paso a otro más bueno o más rentable. Este no es oficio para quien se embelese leyéndose a sí mismo sino para quien imagine una película teniendo tan solo líneas en un papel.

Escuchar a la gente que viene a contarnos cómo trabajan es siempre reconfortante. A pesar de que durante los cuatro años de carrera tan solo acudieron al aula pesimistas que nos dijeron que el periodismo no tenía futuro, que teníamos que aprender inglés si no queríamos morirnos de hambre y que habíamos escogido la profesión errónea en un tiempo equivocado; los ponentes (más bien, compañeros) que han venido al máster solo nos han transmitido esperanza y muy buen rollo. Desde la más profunda humildad y sin creerse artistas, nos han dado consejos sobre cómo desempeñar la difícil tarea de escribir un buen texto. El maestro Rafael Azcona, autor del guión de películas maravillosas como El pisito, ¡Ay, Carmela!, Belle époque o La niña de tus ojos entre otras tantas, afirmó en un documental que este es “un oficio que no se aprende“, sino que se va haciendo sobre la marcha. Aquí os dejo la primera parte, para que juzguéis vosotros mismos:

Aunque este vídeo que os pongo a continuación es el que más me ha sorprendido de todos los que hemos visto. Un compañero de clase lo puso en relación a una asignatura sobre creación de personajes. Aquí, Guillermo Arriaga habla sobre el carácter y la pasión desbordante de los personajes que a él le gusta crear. No se puede sintetizar mejor todo lo que quiere transmitir en tan solo 25 minutos.

Gracias a esta experiencia, tuvimos un intercambio de tweets de lo más interesante. Desde aquí, lo vuelvo a invitar a que nos haga una visita:

Todavía no sé nada de este mundillo, ni cómo he de moverme para que mis escritos lleguen a alguna parte ni cómo funcionan los mecanismos de selección. Pero sé que me gusta escribir, que disfruto haciéndolo como con pocas cosas en la vida. La pasión, como bien dice Arriaga, es para mí lo único necesario para desarrollar esta profesión. Sin pasión es fácil que todos los obstáculos que nos encontremos en el camino de la creación y venta del guión en un territorio tan hostil como este puedan acabar con nuestra moral. Sin pasión no escribiríamos más de diez páginas, ya no digo varias versiones de un mismo guión una y otra vez.

A lo largo de este curso espero aprender mucho y poder transmitir un poquito en esta ventana que me ofrece la red. Como yo, sé que somos muchos guionistas (con y sin experiencia) los que mantenemos la esperanza de ganarnos la vida haciendo lo que sabemos hacer. Desde aquí, animo a todos a que comiencen proyectos, aunque parezcan imposibles a primera vista, ¿quién sabe lo que nos depara el futuro? Quizá nos topemos con alguien que, tras leer nuestra sinopsis, nos pida un tratamiento. Y después, una escaleta. Y después, un guión… Parece de ensueño, ¿verdad? Puede ocurrir en cualquier momento. ¡A escribir!

Desmontando las series 2: Los personajes

Aunque este post pertenezca a una serie de entradas que iré escribiendo periódicamente sobre el universo seriéfilo, los conceptos que explico en esta pueden aplicarse en cualquier tipo de texto: para guiones de cine, publicidad, televisión; para teatro, novela o cualquier otro tipo. El personaje es básico en el desarrollo de la trama y esencial para que la identificación del espectador con la historia. Crear un personaje no es tarea sencilla, de hecho, resulta casi un arte del más refinado orfebre: realzar las aristas de los caracteres, dotarlo tanto de cualidades como de defectos para que parezca alguien real y hacer todo lo posible para que sus acciones no sean previsibles es más complicado que darle vida sobre el papel tras haberlo creado previamente. Si un personaje plano está inmerso en una trama amorosa sabríamos cómo acabaría la película (o la novela o el guión en sí mismo) sin necesidad de finalizar el visionado. Y esto no es lo que queremos.

Tony Soprano es, desde mi punto de vista, uno de los personajes mejor creados de la historia de las series de televisión.

Personajes reales en historias ficticias

No paro de escuchar de boca de mis profesores de guión que todo está escrito, tanto las historias como los personajes. Así como hay esquemas preestablecidos que se repiten en muchas tramas, los personajes tampoco son productos novedosos. Ramón Navarrete, profesor de la Universidad de Sevilla e investigador en Comunicación Audiovisual, Publicidad y Literatura; nos dijo en clase que leyeramos a Shakespeare si queríamos aprender del maestro de las historias ya que él lo había escrito todo. Ahora bien, ¿quién es el maestro de los personajes?
Linda Seger es una de las teóricas más representativas en la creación de personajes y ha escrito varios manuales sobre sus conocimientos en esta materia. Seger afirma que la observación y la experiencia del propio autor es esencial en la creación de un buen personaje: si miramos a nuestro alrededor, hay cientos de personas de las que tomar sus rasgos e inspirarnos para gestar un ser nuevo; y, gracias a que llevamos conociendo a la gente desde que somos personas físicas, la experiencia nos dará las claves de si hemos realizado bien este trabajo o necesitamos pulirlo. Sabremos cuando un personaje carece de carisma, cuando sus comportamientos no son coherentes o si, todo lo contrario, posee un carácter que engancha. Por tanto, no considero que haya maestros en lo que a los personajes se refiere, aunque todo esté escrito, es cuestión de volver a ordenar los elementos para dar lugar a nuevas y sorprendentes combinaciones.

Los primeros pasos 

Antes de comenzar a escribir nuestro producto (un guión para una serie de televisión, una película, incluso una novela) es recomendable realizar una biblia de personajes. Para los que no estéis familiarizados con los términos del mundillo de la creación audiovisual quizá no lo hayáis escuchado en vuestra vida: la biblia sirve para tener claro en todo momento del proceso (desde la escritura del primer borrador del guión hasta en la grabación del proyecto y el montaje del mismo) quiénes son los personajes que protagonizarán nuestra historia, qué objetivos tienen y por qué hacen lo que hacen cuando lo hacen. Podríamos considerar este wiki como una especie de biblia de personajes de Breaking Bad.

Aunque en la biblia solo expliquemos los datos necesarios para llevar a cabo nuestro proyecto de guión (sus características físicas, la relación de todos los personajes, si son protagonistas, antagonistas, coprotagonistas, etc), es recomendable que creemos el personaje desde cero: esto es, escribir un texto en el que expliquemos la biografía del personaje desde su nacimiento hasta el momento en que aparezca en nuestro guión para que podamos justificar qué hace y por qué. Lo que vemos en el episodio o en la película no es todo lo que existe en el universo de los personajes, aunque no den explicaciones. Todos los buenos personajes tienen un buen transfondo, un pasado interesante que todos queremos conocer. Aunque no se muestre específicamente en el desarrollo de la serie, película o novela, estará presente en cualquier movimiento que ejecute, en todos los pensamientos que ronden por su cabeza.

Mis favoritos

Mackenzie McHace, productora ejecutiva en The Newsroom (HBO)

Mackenzie McHale es un cóctel de dulzura y rigidez, de profesionalidad e improvisación. Como buena productora de noticias, sabe buscar la información en los lugares adecuados pero, a pesar de lo que pudiéramos imaginar por el cargo de poder que desempeña, no muestra prepotencia ni es en absoluto orgullosa. En el siguiente vídeo podréis ver cómo no tiene miedo a la hora de pedir ayuda a una compañera: Mackenzie no tiene ni idea de económicas y le pide a Sloan Sabbith, periodista especializada, que “le enseñe un par de cosas que decir para que parezca que sabe algo”.

“I just need you to teach me a couple of things to say that will make me look like I know something. How long did it take you to know what you know?”
“College, grad-school, doctorate, post-doctorate, practical experience. 15 years. When’s the panel?”
“Tuesday… Morning.”
“How about I give you three things you can write on your hand?”

Las encuentro encantadoras a ambas. Si no habéis visto la serie, os la recomiendo . A diferencia de la tendencia que tenemos aquí de no aportar actualidad a los productos seriados (lo comenté en este post), la característica de The Newsroom es que sus tramas giran en torno a los asuntos noticiosos, nacionales e internacionales, del momento. ¿Cómo iba a funcionar si no una serie ambientada en una redacción de unos informativos? Creedme que lo hace.

Dwight K. Schrute (The Office) assistant TO THE regional manager. Los que hayáis visto la serie, entenderéis esto último. Si no la habéis visto, ya estáis tardando.

Dwight K. Shrute es el personaje que más me ha sorprendido de todos los tiempos. Con una personalidad recta (típica alemana) y cómica a la vez, es el protagonista de momentos únicos en The Office. Sin él, las situaciones incómodas serían mucho más complejas de crear. Dwight hace que el caos resulte cercano, por lo que hay un riesgo continuo en el ambiente de oficina.

“Hay demasiada gente en este planeta. Necesitamos una nueva plaga”

Criado en una familia amish de ascendencia germana  y en un contexto casi trágico (chico de campo, ambiente muy humilde, rozando la miseria), conserva unos valores muy claros del honor y el deber: siempre está detrás de Michael Scott, el jefe de la oficina, para servirlo en lo que desee. La oveja negra de la oficina, el freak amante de Battlestar Galactica, Dwight denota singularidad en su vestimenta de tonos mostaza y en su peinado. En el momento de la creación de personajes, es imprescindible que caractericemos a través de la ropa y el físico: Dwight nos resulta chocante desde que lo vemos por primera vez en escena pero no llega a ser un fantoche sin sentido para la serie. De hecho, es esencial en todos los capítulos.

Sin embargo, posee un gran fondo de bondad y está siempre en busca del bien. Es un ser infantiloide, no sabe diferenciar la ironía de las afirmaciones y se molesta a menudo cuando no se siente integrado en el grupo. En este vídeo se pone a llorar porque Michael no lo invita a una fiesta en su casa.

Me gustaría analizar a todos y cada uno de los personajes de The Office. Es una de mis series de humor favoritas, pero tampoco quiero desvelar nada a quienes aún no la han visto. Solo destacaré que, en un mundo de adultos como es una oficina distribuidora de papel, ninguno de los personajes tiene un rol de persona mayor total. Tenéis que verla.

No me gusta Hannah Horvath (Girls), antes me fascinaba, pero ahora solo me resulta un revoltijo de tópicos hipsters lanzados sobre un papel sin apenas justificación: no es más que una chica poco agraciada con un trastorno mental, de comportamiento atrevido en todos los aspectos (desde en su sexualidad hasta en la manera de combinar su ropa) y aburrida de sí misma. Es inaguantable, ni ella misma es capaz de soportarse y, por eso, se hace tanto daño.

La pobre Hannah, intentando autoconvencerse.

Sus compañeras también son para echarle de comer aparte. Si tuviera que destacar una de ellas, me quedaría con Shoshanna: es repipi, mimada y muy pija, una chica virgen que sueña con las fantasías de Carrie de Sex and the City, bastante contradictoria. A pesar de sus peculiaridades que vuelven loco a cualquiera que se le acerque, es inocente.

Shosh, angustiada perdida.

Conclusiones

Lo que he aprendido desde que escribo de manera más seria (siempre he estado “escribiendo”, más bien, tonteando) es que no hay que tener miedo a crear personajes. Podemos partir de una idea: un rasgo físico, una frase o una manera de ser. Pero esto no basta, no podemos olvidarnos de las aristas. ¿Por qué el Batman de Christopher Nolan nos (me) gusta tanto? Porque es un héroe imperfecto, es huraño y está lleno de traumas. Es irresistible. ¿Y a vosotros? ¿Cuál es el personaje que más os atrae? ¿Cuál creéis que está mejor creado?

Fuera de Series: Pequeños gestos para lograr grandes sueños

Fuente: revista.fueradeseries.com

Como podéis comprobar, trabajo en festivos. No podía dejar pasar el momento de comentaros un proyecto que lleva gestándose un tiempo y que merece una mención en este blog todavía infante. Somos muchos los seriéfilos que queremos transmitir nuestra pasión por la pequeña pantalla a todos los niveles. Gracias a las redes sociales, la difusión que podemos conseguir es inmensa: es fácil llegar a un público específico, estar al tanto de los asuntos de actualidad y practicar el feedback que, para mí, es totalmente necesario para poder crear una buena información.

El próximo 3 de febrero nace un proyecto muy esperado por quienes disfrutamos aprendiendo de la televisión. La revista Fuera de Series ha sido posible gracias al crowdfunding: desde su página web y a través de las redes sociales hicieron un llamamiento para recaudar 3.000 € y sufragar el proyecto. Para la sorpresa de sus precursores, no solo alcanzaron la cantidad prevista, sino que la llegaron a duplicar. A día de hoy, sobrepasan los 6.000 €. Este proyecto es el ejemplo perfecto de que la financiación colectiva funciona cuando está bien promocionado y el producto es bueno. Fuera de Series promete ser una publicación única y sin publicidad que no decepcionará a sus lectores: con cuatro artículos especializados y una entrevista al mes, autores como Juan Gómez-Jurado (periodista y autor del best seller La Leyenda del Ladrón), Alberto Rey (autor del blog Asesino en Serie del diario El Mundo), Ángela Armero (guionista, colaboradora en Bloguionistas y en Hotel Kafka) entre otros tantos,  aportarán una visión profesional al imaginario seriéfilo que nos apasiona. 

¿Quiénes son?

Fuera De Series comenzó siendo un podcast semanal donde Carlos José Navas, Carlos M. Navas y Jorge Navas Alejo debaten sobre distintos aspectos de las series de televisión del momento y los mitos que quedaron en el recuerdo de los espectadores. Puedes escucharlos aquí.

¿Cómo puedo conseguir la revista?

Suscribiéndote o contribuyendo al crowdfunding. Por 3 euros al mes o 30 euros al año tendrás una revista especializada en series de televisión y cine cargada de contenido inédito sobre la materia. Podrás leerla desde un dispositivo con acceso a Internet: tu PC, tu smartphone o tu tablet, en cualquier lugar y cualquier momento. Barato, sencillo y cómodo. Además, en estas fechas tan acertadas, puedes regalarle una suscripción a un amigo. ¿Te animas?

Espero que contribuyáis a la creación de este proyecto que, más que un sueño, ya es una realidad. En cuanto se publique la revista estaré atenta para no perderme nada. Mucha suerte a los chicos de Fuera de Series y ánimo a todos aquellos que quieran emprender y seguir su propia ilusión. Ahora no es del todo difícil, podemos conseguirlo.

Felices fiestas a todos.

Desmontando las series 1: Las cabeceras

Soy una fanática de las series, me llama la atención cualquier cosa de ellas: los métodos de rodaje, los giros en el guión para enganchar al espectador (aunque a veces funcionen más que otras), la creación de los personajes y el uso de la música entre otros aspectos. No podía olvidarme de las cabeceras, parte esencial y sin la cual seríamos incapaces de concebir las series más míticas de la televisión.
La cabecera de una serie es un método de presentación de lo que vamos a ver, una marca de identidad del producto. Más o menos explicativas, las secuencias de apertura o intro muestran qué ocurrirá y quiénes serán los protagonistas del conflicto.
Borja Terán explica en su blog que algunas series prefirieron omitir sus cabeceras para no distraer a los espectadores y llevarlos de inmediato al desarrollo del capítulo. Este fenómeno podemos visionarlo en Lost, en Girls y en Breaking Bad, donde solo encontramos un rótulo con el título de la serie tras un preámbulo del episodio. Sin embargo, no deja de ser una excepción, ya que la intro resulta una parte esencial para comprender tanto el resto del capítulo como la serie completa.

HBO, especialistas en cabeceras

En el ámbito televisivo y de los medios de comunicación en general, el tiempo es un aspecto esencial a tener en cuenta por su limitación. Tiempo es igual a dinero, por lo que hay que contar las cosas en el menor tiempo posible y sintetizar al máximo. Por ello, las cabeceras deben contener todos los elementos necesarios para la comprensión del conjunto, por lo que la creación de las secuencias de apertura resulta en ocasiones una tarea de lo más compleja.
A excepción de Girls, las cabeceras de las series de HBO se caracterizan por tener una duración aproximada de 1 minuto y medio. Además de ser una de las cadenas de mayor calidad en la creación de series de televisión, también son capaces de producir cabeceras que permanecen en la mente de los espectadores por mucho tiempo. Son autores de obras de arte como la intro de Six Feet Under, la de Sex and the City, True Blood y Game of Thrones entre otras. Destaco esta última porque tiene un desarrollo distinto al de otras intros, no muestra los personajes que aparecerán en la serie y se limita a desarrollar el mapa del mundo ficticio.

La adaptación a la pequeña pantalla de la saga de A Song of Ice and Fire escrita por George R.R. Martin ha supuesto un giro en la concepción que tiene el público de las obras originales en otros formatos. Con esto quiero decir que, en contra de lo que suele decirse, la serie llega a rozar la maestría de las novelas, aunque sea imposible que un libro sea igual de bueno que una película en cualquier caso. Una novela se crea de manera diferente a una serie de televisión y, aunque no deja de ser una adaptación, es un ejercicio muy digno. De este proceso hablaré en las próximas entradas, creo que puede ser interesante que conozcamos cómo se realiza.

Visualmente atractivas

Hay cabeceras que desprenden estética, donde tema de apertura e imágenes cuadran a la perfección. Un ejemplo de esto puede ser la intro de Six Feet Under que antes mencioné. Sintetiza los elementos esenciales de la serie de una forma casi mágica.

Todavía no he tenido la ocasión de ver la serie pero, si tuviera que juzgarla solo por su cabecera, Master Of Sex tendría un diez. Es perfecta, dinámica, llena de color y dobles sentidos. Justo lo que necesita una intro para enganchar al espectador y quedarse a descubrir lo que está por venir. Propósito para el año que viene: empezar a verla, ya os contaré qué me parece.

Como friki del arte que soy, no podía dejar de mencionar la intro de The Borgias. Jorge D. Villamiel hizo un recopilatorio en OchoQuinceMagazine de todas las menciones pictóricas que incluye la cabecera.

Dexter también consigue un efecto atractivo en su cabecera sin que resulte desagradable la visión del psicópata que corta un trozo de carne. Como seguro que la habréis visto miles de veces ya, os animo a que veáis la versión que hicieron el equipo de Malviviendo. Son unos auténticos maestros en versionar cabeceras (en cada capítulo hacen una interpretación de una cabecera de alguna serie de televisión, adaptándola a sus personajes y contexto, de forma cómica) y, si no conocéis la serie, ya estáis tardando en verla.

Mis cabeceras predilectas

Tengo un especial cariño a la intro de The Sopranos. Quizá desde el punto de vista de la originalidad o el montaje no tenga nada de especial, pero como hace la cabecera de Game of Thrones, nos muestra el escenario de actuación de toda la serie, en esta ocasión, desde el interior del coche del gran T. La música en esta serie, así como la comida, juega un papel esencial a lo largo de sus seis temporadas. Hablar de The Sopranos me podría llevar cientos de entradas así que, por ahora, solo os muestro la cabecera subtitulada para que disfrutéis de la letra.

Ahora estoy poniéndome al día con The Newsroom. La tenía aparcada y hace poco terminé la primera temporada. Cuando comencé con la segunda, lo que más me sorprendió fue la cabecera que estrenaban, sobria aunque atractiva y tremendamente relacionada con todos los puntos de la profesión periodística y, más aun, con el trabajo en televisión. Me parece preciosa.

Y, como bonus extra, incluyo la cabecera de The Girl With The Dragon Tattoo de David Fincher. Sé que no es una serie de televisión pero es digna de ver. Un estupendo trabajo ilustrativo que, si habéis leído el libro, comprenderéis y os inquietará.

Este es un post dentro de una serie que está por construir. Espero que esta primera entrada oficial, aunque no primera, os haya parecido interesante. Si deseáis sugerirme algún tema para el blog que aun estoy creando podéis encontrarme en Twitter.

Vivir de la Tele: Primer post en este blog recién nacido ¿Por qué?

Llevaba un tiempo dándole vueltas.
He decidido hacer un blog. Comenzar desde cero, aprender, disfrutar.
¿Por qué lo hago? Porque creo que puedo aportar una visión desde otro punto del caleidoscopio, porque disfruto tantísimo viendo series, escribiendo guiones y leyéndolos que quiero transmitir mi entusiasmo a quienes estén tan aburridos como para pararse a leerme.

Leer más

© 2017 Vivir de la Tele. Todos los derechos reservados.

Tema de Anders Norén.