Vivir de la Tele

Creación, guión y mucha tele

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Categoría: Guión (página 1 de 2)

No nos quedan razones para creer en Gran Hermano

Hacía mucho que no me mojaba en este sentido, pero los últimos acontecimientos ocurridos en la casa de Gran Hermano me traen de cabeza: las tramas, que comenzaron siendo previsibles y bastante templadas, han derivado en historias que se me escapan, pues no comprendo cómo el programa puede recompensar ciertas actitudes y penalizar otras que percibo mucho más correctas que las primeras. Me sorprende la hipocresía de los de arriba y las tragaderas de los de abajo, la hipersusceptibilidad en según qué temas y la dejadez en otros. Y aunque algunos concursantes se hayan ganado mi admiración, sigo sin entender por qué, tras diecisiete ediciones de este reality, vuelva a resultar vencedor un perfil similar al del año pasado. Y del anterior. Aunque me repito más que los ajos, creo que lo que sí comprendo es por qué la organización está tan empeñada en que siempre gane la misma persona: pensarán (o querrán pensar) que somos tontos y que los perfiles más complejos se escapan de nuestro entendimiento. Yo, al menos, me siento así. No tonta, sino defraudada.

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Las series que podrían haber sido buenas: de tramas tópicas y personajes insulsos

Tras el espléndido desfiles de nuevos contenidos de ficción que presenciamos en estos momentos, parece que todo lo que consumimos o hemos consumido recientemente esté cubierto de un halo de calidad. Es cierto que desde el último año asistimos a estrenos de televisión sorprendentes que indican que algo está cambiando, aunque poco a poco, en un panorama que parecía anclado en los gustos de la famosa señora de Cuenca. A pesar del despertar de los directivos en cuanto a las nuevas tendencias, del reciente (y no del todo cierto) gusto por el riesgo en la producción y realización de series y en la educación paulatina de los espectadores ante unas estructuras y personajes desconocidos hasta ahora, todavía encontramos señales que indican lo lejos que estamos de considerar que todo el camino está andado.

¿Por qué no terminamos de despegar?

2015 está resultando un año de sorpresas: si muchos nos maravillamos ante el estreno de El Ministerio del Tiempo y tememos la posibilidad de que Televisión Española decida no renovarla (por pura inconsciencia de no saber que tiene entre manos un producto de culto, mezclada con un interés comercial incompatible con su naturaleza de cadena pública) también nos espantamos ante creaciones que parecen haber nacido hace décadas. El mundo parece avanzar demasiado rápido para según quienes, los que prefirieron quedarse anclados en las tramas ligeras y tópicas, en los personajes que no dan más de sí y en alimentar las necesidades de un público (quiero pensar que mínimo) que se conforma con poco. Por suerte, la tendencia indica que los creadores y los encargados de dar el visto bueno a los contenidos presentados tienen menos miedo al fracaso que hace algún tiempo, lo que propicia que las ficciones que hoy vemos en nuestra televisión tengan un mínimo de consideración entre una crítica más que resabiada.

Las comparaciones son tan odiosas como inevitables. Pese a que el público español no tenga nada que ver con el internacional (los hábitos de consumo y gustos son distintos), llevamos mucho consumiendo ficción extranjera y asimilando unos gustos impensables hace dos décadas. A los que disfrutan con Homeland, Six Feet Under, Broachurch o Community entre otras, se nos quedan cortos los personajes planos, las tramas insulsas y las historias poco arriesgadas que nos presentan en series como Los Nuestros, FamiliaBajo Sospecha o Dreamland. Menos la última mencionada, que es un caso aparte digno de análisis exhaustivo, podemos atrevernos a afirmar que tampoco resultan un fracaso, más bien, un lento viaje hacia una cima rodeada de bruma.

Hablemos de casos concretos: tramas y personajes

  • Bajo Sospecha: aun en mitad de la temporada, con tramas abiertas que provocan intriga en el espectador, carece de perfiles que otorguen a la ficción del realismo que necesita. Pese a tratarse de un caso fácilmente identificable con el espectador (una niña desaparece en un pueblo el día de su comunión), no consigo empatizar con ninguno de los personajes, quizá por esa extraña pretensión de querer parecer más malos de lo que realmente son (¿o no?) o porque a más de uno le falta una buena reescritura del perfil psicológico. En concreto, no entiendo a Laura, interpretada por Blanca Romero, aunque confío en que sea una cuestión de tiempo y me sorprenda en el desenlace de la temporada con todos los porqués que han ido quedando colgados capítulo a capítulo.

  • Física o Química: mientras que los extranjeros han sabido sacarle un jugoso partido a los conflictos de adolescentes encerrados en los pasillos de un instituto poniéndoles mucha música y mucho drama, nosotros no nos sentimos cómodos en esta división. Sin embargo, hubo un tiempo en que supimos hacer buena ficción estudiantil y de cuya cantera salieron actores que hoy siguen trabajando en el audiovisual. ¿Qué le fallaba a FoQ? La cantidad de tópicos que rellenaban sus tramas: la adolescente embaraza, el alumno que se lía con la profesora, el gay que no sale del armario, la chica mala malísima… Una serie evidente a más no poder, a la vez que altamente adictiva debido al morbo que siente el espectador cuando descubre que lo que cree que va a ocurrir, ocurre.

  • Familia: de nuevo, los personajes no son creíbles en esta ficción que tenía potencial para ser un buen recuerdo. Esta serie, que tan solo aguantó una temporada en parrilla y de la que casi nadie se acuerda a estas alturas, tenía muchos puntos en común con la genial Pelotas (demasiados, diría yo) aunque pecaba de pretenciosa. A diferencia de los personajes planos que encontramos en otras series, Familia contaba con unos componentes tan poco comunes que constaba de creer: una madre traumatizada por haber tenido que abandonar su carrera como actriz, un padre frustrado por no conseguir sus metas como entrenador de un equipo de fútbol, una hermana megalómana y escritora de novelitas rosas con aires de García Márquez, otra hermana adúltera y la última, la protagonista pese a la coralidad aparente del escenario, sobre quien cae toda la responsabilidad de este peculiar conjunto. Nadie es perfecto, y menos en una serie dramática de televisión (que se lo digan a los de How To Get Away With Murder, The Sopranos, Breaking Bad o My Mad Fat Diary), sin embargo, la imperfección tiene que ser dosificada a cucharaditas, no de golpe y porrazo.

  • Aquí Paz y Después Gloria: pese a la novedad de esta ficción, de la cual tan solo hemos visto un capítulo, me atrevo a decir que la serie que Mediaset se llevó a talleres tras un piloto que no convenció a su equipo posee un planteamiento incorrecto. Aunque la trama se pudiera ajustar a un desarrollo cómico de los acontecimientos (los tópicos, más que risa, dan vergüenza ajena), me cuadraría y me atraería muchísimo más si la narración fuera dramática: un timador se ve obligado a huir de un grupo de matones muy peligrosos (me conformaría con que no fueran tan penosos como los que nos presentaron) y debe hacerse pasar por su hermano gemelo, herido/muerto/desaparecido tras un accidente que tienen los dos. El planteamiento es bueno si la evolución es correcta, pero un personaje cómico tiende a no evolucionar. Por tanto, ¿qué elemento novedoso tiene que aportarnos esta serie? Porque se risas vamos más bien justos…

Gracias, artífices

Mientras se investigan nuevas historias y tendencias, otros no parecen querer abandonar la comodidad que otorga permanecer en los estándares que triunfaban décadas atrás. No me refiero a los creadores, los cuales sé que siempre tienen algo nuevo en mente, sino de quienes derriban este algo por no resultar adecuado para el momento o para el público objetivo. Pese a la negativa (antes más habitual que ahora, cuando parece que las puertas comienzan a abrirse con mayor facilidad visto el éxito de la ficción “más compleja” al otro lado de la frontera) de los que eligen qué se emite y qué se desecha, tenemos la suerte de contar con cabezas inquietas que, sin dejar de lado el sentido comercial (siempre hay que tenerse en cuenta ya que el guionista es vendedor de ideas en cierta medida), son capaces de hacernos llegar las historias más interesantes, enérgicas y apasionantes. Gracias. Tan solo os pido una cosa: no permitáis que os derroten.

IMAGEN: Antena 3

El fascinante mundo de los reality shows, vol. II: granjeros, tróspidos y colegiales ni-nis

Puedes leer el primer post de esta serie aquí.

Con la llegada de la final de la tercera edición de Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo no he podido evitar escribir este post más nostálgico que serio. Aunque lo intente, es imposible que me limite a repasar los puntos teórico de aquellos programas de televisión que me sacaron más que una carcajada, porque cuando hablamos de los realities de la última etapa de este tragicómico medio, más nos vale reír que echarnos a llorar, como pretenden que hagamos algunos al tacharnos desde de analfabetos hasta de antisociales. Y nos hemos reído más que bien.

La tele, como las plataformas de difusión de contenidos más adaptadas a las necesidades del público actual, es un pozo sin fondo en el buen sentido de la expresión. Cuando creemos que hemos llegado al final de su explotación, alguien crea un formato que sorprende a la crítica y a los espectadores por su dinámica, por su feeling y por sus datos de share. Le pese a quien le pese, los realities han protagonizado este fenómeno de reciclaje positivo y no solo han dado la vuelta a la percepción que muchos tenían sobre ellos, sino que han creado una especie de mitología en base a esa percepción incorrecta.

Actores, ¿juguetes rotos?

Esta mitología está compuesta tanto por historias más o menos épicas y por personajes que se quedan grabados en el imaginario del medio. La magia de este fenómeno es la que produce que, quienes solo consuman un par de horas de programación generalista, pueden llegar a reconocer ciertas caras sin saber de dónde han salido. Sin embargo, más que rememorar a los personajes que se han hecho un hueco en la historia de la televisión, pretendía acordarme de aquellos que lo intentaron y se quedaron en el camino.

Los “actores” (entrecomillados, ya que ni lo son de oficio ni de intención, tan solo es una denominación para situarlos en este contexto) que protagonizan estos formatos son incategorizables y dificilmente descriptibles. Aún así, poseen un poder de atracción sobre el espectador equiparable con la del paciente que se deja hipnotizar por su terapeuta, quien no puede dejar de mirar el elemento que se balancea frente a él. Como Zeus convertido en toro blanco para atraer a la joven Europa, Florentino de la Florence bajaba las escaleras del plató de Gran Hermano VIP a trompicones mientras lanzaba particulares acusaciones a una Nagore que tampoco se callaba la boca, David Pedre (Un Príncipe Para Corina) cocinaba unos macarrones con tomate a la princesa de su cuento o María Amparo (Supermodelo) realizaba su desfile más trágico cuando resbalaba en el bordillo de la pasarela para ir a parar a la piscina del set. Sin que pudieran ser considerados ejemplos de nada digno de ser enseñado ni en las escuelas ni en las casas de cada uno, no podemos evitar admirar tal espectaculo. ¿Y qué le vamos a hacer, si nos divierte?

Si despejáramos la incógnita de la ecuación “Juan Camus + Cayo Paloma”, ¿cuál sería el resultado? Si se trata de rescatar a juguetes rotos para volverlos a destrozar… Puede ser una fórmula ideal. Que se prepare Anna Allen…

Los distintos realities que hemos presenciado a lo largo de la historia reciente de la televisión han dejado “residuos” imposibles de depurar. Mientras que el universo Telecinco los recicla una y otra vez para rellenar los programas que los sitúan líderes de audiencia, otros no consiguen atravesar la barrera que separa el terreno de los frikis malos del de los frikis buenos. Sin embargo, esta división es cada vez cada vez más difusa y por ello, mucho más sencilla de ser rebasada por quienes jamás se hubieran imaginado en tal terreno hostil. Así, una ganadora del Premio Planeta como Lucía Etxebarría coincidió el tiempo y en espacio con actores de la talla de Gaby (ex novia de Paquirrín y ex participante del indescriptible Mujeres y Hombres y Viceversa) o Pedre, a quien recordaba un poco más arriba y con quien tuvo un conflicto del que nunca sabremos si fue producto de su imaginación o si la realidad superaba a la ficción del momento. Aunque es cierto que han habido múltiples bajas en el arduo camino del reality, otros tantos se han visto aprovechado al máximo el potencial que de otro modo era imposible de sacar a relucir. Mientras la dulce de Lety no descansa de bolos desde que salió de la tercera edición de Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo, me topé con Mª Carmen en un anuncio de Samsung para YouTube.

 

¿Qué reality rescataría? La parrilla más hilarante

Al más puro estilo de El Ministerio del Tiempo, daría cualquier cosa por abrir una puerta y aterrizar en los platósde los programas que se realizaron hace años en la factoría de Eyeworks Cuatro Cabezas y Zeppeling TV, los cuales fueron capaces de crear y mostrar a los espectadores cómo de extraña, curiosa, entrañable y odiosa podía llegar a ser la muestra de la sociedad que, representativa o no (¿y qué importará eso mientras nos partamos de risa?), llegaba a sus manos. Sin dudarlo, tengo mi propio top four de títulos que necesito en la televisión actual:

  • Curso del 63: aunque laSexta lo intentó con Generación Ni-Ni tras el éxito del programa germen, fue Curso del 63 el que despertó la curiosidad de la audiencia por conocer un poco más el comportamiento de este grupo. Aunque ya los conocíamos gracias a Hermano Mayor y, resultaba un fenómeno demasiado reciente y poco explotado en este medio. Sin embargo, a raíz de este nacieron otros como Hijos de Papá Las Joyas de la Corona, incluso me atrevería a decir que Gandía Shore (antes, por supuesto, el original en Jersey) bebe inevitablemente de la mecánica: un grupo de adolescentes es “encerrado” en un espacio distinto al habitual y deberá desempeñar unas tareas con las que estarán más o menos conformes, las cuales desencadenarán una serie de reacciones.

  • Princesas de Barrio: el docu-reality que narraba las aventuras y desventuras de este grupo de chicas me consquistó desde que mostró la cara desconocida de las protagonistas. Además de ser unas chonis de libro (con operaciones de estética, ropajes y actitudes incluidos), algunas de ellas demostraron ser tan dulces como ordinarias. Por eso, al igual que me río con los momentos más absurdo de los Gipsy Kings, me divertía al ver cómo estas “amigas” iban juntas al concierto de Camela o se enamoraban de las prestaciones de la Thermomix. ¡Como para no cogerles cariño!

  • Confianza Ciega: pese a que solo conocía el formato de oídas, hace poco que me puse al día con algunos de los capítulos que encontré en las redes y me sorprendí con el nivel de tensión y de manejo de las emociones de los concursantes por parte del equipo. A pesar de tratarse de un programa de 2001, comenzaban a trastear la fusión del reality con otros formatos como el dating, añadiéndoles elementos inesperados como vídeos manipulados (totales sacados de contexto editados con fragmentos confusos, piezas mal subtituladas, etc). El re Supe por qué el genial podcast Nube, tía! se llama así y sigo sin comprender por qué Antena 3 dejó escapar tal potencia para años después convertirse en la cadena triste (y con razón). Aunque ahora pretendan subirse al carro de la actualidad televisiva con Casados A Primera Vista, ya quisieran las mejores entregas de este contar con las intrigas del de hace más de trece años. A veces avanzamos, pero otras nos quedamos estancados sin remedio. Además, necesitamos a Francine Gálvez de vuelta en la televisión. ¡Es urgente!

  • Granjero Busca Esposa: dejo para el último lugar el programa que para mí fue el más revelador de todos los de esta misma naturaleza que he visto. La maravillosa obra de Grundy Producciones (Sin Tetas No Hay Paraíso, Yo Soy Bea, Factor X) provocó un clic en mi cabeza: yo, que era seguidora acérrima de realities de corte “tradicional”, comenzaba a interesarme por otros productos que sobrepasaban los límites establecidos y se fusionaban con otros formatos. ¿Qué era aquello que me tenía enganchada, me hacía reír y esperaba con ansias a que llegara una nueva edición? Descubrimos el poder de Luján Arguelles para contar una historia cómica y nos maravillamos al comprobar cómo un casting de compatibilidad podía cambiar de forma radical en cualquier momento del programa. Lo que parecía un simple dating show rural provocó una fenómeno que, aunque no trasladable en las cifras (la última edición no superó el 8% de share), inspiró a todos los títulos que fueron aterrizando tras este. Este vídeo es tan solo una muestra de lo hilarante que puede resultar el casting de formatos como este. Pedro nos conquistó a todos por su falta de higiene dental y por su urgencia intestinal mientras pastoreaba ovejas.

¿Estamos preparados para consumir buena ficción?

Si hace algunas semanas escribía sobre el hype creado tras conocer los nuevos contenidos que aterrizarían en el panorama nacional con el 2015, hoy os cuento por qué que me invadió anoche la negatividad después de asistir al estreno de Bajo Sospecha, la nueva serie de Antena 3 y Bambú Producciones, protagonizada por Blanca Portillo y Jon González y escrita por Ramón Campos y Gema Rodríguez Neira. A pesar de que los creadores de títulos como Gran Hotel, Hispania, Gran Reserva o Velvet han sabido dotar a la ficción de un realismo que echamos de menos en los anteriores títulos policiacos, me falta algo para considerarla la serie que nos merecemos.

A pesar de la expectación, los buenos datos arrojados el el primer día de emisión, la calidad de la fotografía y hasta la sorpresa causada (al menos, en mi caso) por un hilo argumental bastante bien definido y por unas actuaciones más que decentes, Bajo Sospecha me dejó un extraño regusto que no sé identificar tras varios días de reflexión desde que aterrizara en la pequeña pantalla. Ya conté qué me pareció en Perdidos en la Tele pero, como suele pasarme cuando analizo el estreno de una serie desde el punto de vista del espectador, me queda la espinita de cuestionarme por qué no me gusta lo que veo (o, en este caso, por qué no me convence) y de responder con lo que creo que ocurre para que esto suceda. Y, allá vamos.

Personajes ¿planos? = reacciones evidentes

Salvo excepciones, uno de los aspectos que no termina de pulir el mundo de la ficción televisiva española es el de la creación de personajes. Así como Jean Cité analizaba cómo Victor Ros, protagonista de la miniserie que llevaba su nombre, no resultaba creíble debido a su falta de matices negativos; creo que los personajes de Bajo Sospecha responden a criterios de definición bastante sencillos: él, dentro del estereotipo de casanova-listillo y ella, dentro del de estirada-listilla, juegan el evidente papel de la pareja-no pareja cuya tensión sexual no resuelta (T. S. N. R.) cansa más que engancha. A pesar de que hayamos podido ver bastante poco en el primer episodio de la temporada, tengo la sensación de que no darán mucho más de sí… Aunque espero que me sorprendan y tenga que escribir otro post rectificando.

Por otro lado, de los demás personajes que juegan un papel más o menos protagonista dentro de la serie, el que más me llama la atención es el jefe de policía. Aparentemente amigable, no duda en soltarle una patada en los huevos (literalmente, sin rodeos metafóricos ni nada, para la desgracia de nuestro casanova-listillo) en cuanto ve venir los problemas o, al menos, la intranquilidad de sus apacibles dominios. A Vidal, el personaje interpretado por Vicente Romero, parece importarle más que Víctor (Yon González) venga a Cienfuegos a meterse en sus asuntos que que la pobre Alicia, pequeña, desaparecida y vete tú a saber qué más cosas, haya dejado algún rastro que ilumine su búsqueda. Además, es el más creíble por estos matices de egoísmo e interés.

No queda sitio para la intriga

A pesar de que nos vendieron Bajo Sospecha como una serie de intriga, frenética y que no daría tregua al espectador en cuanto a la curiosidad que le produciría capítulo a capítulo, experimenté una gran decepción durante el visionado del primer episodio. Aunque tan solo presenciamos el detonante de las tramas, tanto de la central como de las secundarias que funcionan de afluentes de la principal, nos fastidiaron el quid de la cuestión: Alicia, la niña desaparecida, está viva. Podemos justificar esta siembra de información (en mi opinión, forzada) con que lo realmente importante no es el resultado de la búsqueda, sino cómo se realiza y qué desencadena en la familia y en la pareja de investigadores. Sin embargo, lo que no me cuadra es por qué se ejecuta en un punto del capítulo que no coincide con los picos de guion marcados. Llamadme tradicional, pero considero que es necesario que respetemos eso del detonante, primer punto de giro, segundo y clímax, al menos si el producto es español y al público que nos dirigimos también lo es.

Que no se cumpla la estructura básica en ciertos momentos produce que la intriga sufra una caída estrepitosa y sin remedio, pese a que a lo largo del episodio se respire un ambiente de tensión continua, de mal rollito entre los personajes y de preguntas en el aire: ¿Qué es lo que ocultan todos? ¿Por qué algunos están enfadados con otros? Aunque Alberto Rey afirme que Bajo Sospecha engancha “como una perra”, este efecto tan solo se produce durante el capítulo. La verdad, todavía no me ha quitado el sueño, y digo todavía porque confío en que esta ficción despegue capítulo a capítulo.

¿Estamos preparados para consumir buena ficción?

Pese a que las cadenas no estén dispuestas a ceder algunos números de share a cambio de un contenido más fino y exigente. La falsa creencia (al menos, la antigua creencia) del espectador que solo busca un descanso en la televisión, un contenido que no le haga pensar demasiado tras llegar exhausto del trabajo carece de sentido a estas alturas, más aun cuando los consumidores de ficciones extranjeras no hace más que crecer. Quiero creer que sí, que por supuesto que estamos preparados y, sobre todo, que nos merecemos la buena ficción. Hace mucho que no me conformo con la pasable.

IMAGEN: Antena3

YouTube: la nueva ventana pseudocatódica

Desde que a alguien se le ocurriera grabarse a sí mismo con la webcam, soltar un discurso más o menos planificado y subirlo a la plataforma de visualización y distribución de vídeo más popular del mundo ha llovido mucho. Sin embargo, en pleno momento de la hibridación de los medios es inevitable que percibamos cómo ha evolucionado este movimiento que parecía confuso en su nacimiento y que ahora resulta imprescindible en la vida de muchos usuarios de Internet y las redes sociales. Yo lo confieso: soy consumidora de vlogs y veo al día al menos dos o tres vídeos, ya sean tutoriales, daily vlogs o vídeos “estándar”, dentro de lo estándar que se puede ser siendo YouTuber. Desde un tiempo a esta parte vengo encontrándome con piezas que me han llamado especialmente la atención. Ya sea por sus contenidos, por su montaje, por la masa de audiencia que lo recibe o por lo que pretenden hacer sentir a los espectadores, he descubierto algunos vídeos que bien podrían encuadrarse en el marco de la televisión, por increíble que pudiera parecer en los orígenes de este portal.

Las cifras de Youtube: ¿fórmula secreta?

No. No voy a hablar de cuánto gana un YouTuber por cada visualización ni he hecho cábalas sobre cuántos vídeos necesita subir para vivir de ello (este tema está ya bastante manido). Cuando me refiero a las cifras, me refiero a la audiencia, a cuántos espectadores llega un vídeo a través de este portal. Es difícil realizar una media, ya que este número varía dependiendo de la actividad social del creador de vídeo, de sus contenidos y de cómo los viraliza. Para poneros un ejemplo, nada tiene que ver un vlogtrip (vídeo de viajes) con un tutorial de maquillaje: ni tiene el mismo público ni obtiene los mismos números… Normalmente.

Desde fuera, YouTube funciona combinando elementos clave: un guión que llame la atención de tu audiencia, un montaje curioso, un poco de carisma, muchas horas de trabajo y, por qué no, algo de suerte. Ni conozco la fórmula secreta del triunfo en este medio ni tampoco me veo ni con el talento ni con las fuerzas (ni, para qué engañarnos, la necesidad) de contar nada a la webcam de mi ordenador. Sin embargo, admiro la generosidad de los que muestran su vida, su día a día, sus vivencias y sus conocimientos al mundo. A mí me tienen enganchada.

A pesar de ser consumidora de YouTube y de estar suscrita a varios canales, hace poco que descubrí que muchos de los vídeos se regían por principios estéticos y de contenidos parecidos a los que abundan en el género del reportaje en televisión. Callejeros Viajeros, Andaluces (y sus gemelos) por el Mundo, Capitán Q, Vivan Los Bares han conseguido contar historias desde distintos puntos de vista y desde distintos puntos del mundo. Sin embargo, ¿acaso los video-reportajes de Yellow Mellow, Rush Smith, Luzu y MolaViajar no funcionan de la misma manera?

Tanto los planos elegidos, como el montaje y hasta el guión (a veces, escrito previamente, a veces, improvisado sobre la marcha) recuerdan a formatos que podemos ver en la pequeña pantalla y que nos atrapan en nuestro sofá, por ejemplo, durante las franjas del domingo por la tarde o los sábados al mediodía. Si le damos un par de vueltas, ¿por qué no podríamos trasladar los contenidos de YouTube a la televisión? ¿Qué es lo que falta para que la mudanza (al menos, la duplicidad) funcionase?

La fusión, todavía prematura

A pesar de todos los elementos clave que podrían cuajar en un medio como la televisión, es demasiado pronto para sacar los vídeos de su plataforma original para distribuirlos a través de otros canales. Ha habido amagos fallidos como el de TriboTV, que más que tener intención de dar difusión a creadores procedentes de portales distintos resultó ser un supuesto timo; o como el de Fiesta Suprema, un programa de La 2 donde tres YouTubers de la talla de Loulogio, Bolli (TodoElMonteEsOrgasmo) y Roc (Outconsumer) hacían sus cositas más o menos graciosas, pero que no llegó a convencer a la audiencia de la televisión tradicional. Sin embargo, la plataforma de distribución de vídeo más famosa del mundo ha sido la culpable de que muchos talentos de ventana catódica hayan encontrado un hueco en el mercado de la ficción y el humor nacional.

Quizá por los métodos, el tono del discurso o la audiencia, todavía difusa en cuanto a consumidores de vlogs y de este tipo de contenidos, no terminara de funcionar en un medio distinto al original de gestación. La cultura de YouTube se contagia de formar viral y constituye en la actualidad una generación, la llamada Generación C, caracterizada por la interconectividad, la creación de tendencias y la caída del consumo de televisión (¿casualidad?) entre otros aspectos. ¿Qué es lo que falta para dar el salto? Desde mi punto de vista, igual que es imposible trasladar los contenidos de la prensa a la radio o los de la radio a la televisión, YouTube (y todo lo que engloba a su universo) posee elementos tan definitorios que constituye un medio en sí mismo, por lo que me parece imposible (al menos, ahora) que ocupe un espacio en la pequeña pantalla. Sin embargo, al igual que la televisión se nutre de la radio, de la prensa tradicional y, más que nunca, de los contenidos generados en la red, YouTube se alimenta inevitablemente de la tele. Y viceversa.

IMAGEN: del Instagram de Yellow Mellow, Rush Smith y Luzu.

¿Cómo se escribe un reality? Tramas y perfiles en Gran Hermano

Aquellos que digan que un reality no tiene trabajo de guion porque, aunque sea cierto que los concursantes no actúan bajo las directrices de un texto memorizado, están muy equivocados. Sin embargo, no significa que el programa no siga con unas directrices de tramas y estructuras básicas. Gran Hermano funciona al revés que casi todos los demás espacios que vemos en televisión (desde formatos de géneros distintos como los magacines o, incluso los informativos; hasta las series): el guión no lo “elaboran” los guionistas, sino que son los propios participantes quienes marcan las pautas que se seguirán a lo largo de todo el concurso.

Dónde comienzan las tramas

La convivencia es el escenario ideal para desencadenar historias: las filias, las fobias, los romances y la lucha de egos son los “conflictos” más recurrentes en los realities. De hecho, existen formatos específicos que enfocan sus energías en crear historias derivadas de una de estas variantes (por ejemplo, Un Príncipe Para... se centra en la aventura del romance y la atracción física, por ejemplo). Los acontecimientos de la vida diaria se convierten en tramas susceptibles de ser desarrolladas, siempre y cuando se den las circunstancias idóneas para ello (que los participantes estén receptivos, que el ambiente del reality sea tenso o distendido, etc). Sin embargo, no podemos olvidar que el escenario donde se ejecutan las tramas no es el mundo real aunque las experiencias vividas sean reales. Aquí es donde entra en juego la estrategia, que gracias al paso del tiempo, a la evolución de los formatos y al conocimiento que los “actores” del reality poseen del propio concurso, se ha convertido en otro punto tramático fuerte. Si no, que se lo digan a Pepe Herrero. No sé si ganó su edición de Gran Hermano por jugar con una buena estrategia o por mantener enganchada a la audiencia a esa misma estrategia… ¡Pero ganó!

No podemos olvidarnos de las tan mencionadas historias de “carpeta”. Para quien todavía no esté a la última en cuanto a términos de Gran Hermano se refiere, carpeteras son aquellas (y aquellos) que defienden a capa y espada a las parejas que se crean a partir de estas tramas. Estos grupos de apoyo poseen un poder inmenso dentro del concurso porque son los que se gastan el dinero en y proteger a sus protegidos y, por tanto, están muy protegidas por el propio reality. Es por ello que, cuando existe el mínimo indicio de “amor carpeteril”, se mueven todos los hilos posibles para que la historia salga a flote. No quiero decir que el programa manipule las situaciones, jamás me atrevería a decir que Gran Hermano está guionizado, en el mal sentido de la palabra, puesto que ya nos ha demostrado de sobra que los concursantes pueden actuar de la manera más espontanea posible en el momento más inoportuno. Que se lo digan a Indhira, protagonista de una de las historias de carpeta más intensas de toda la historia del reality, la cual fue expulsada por un comportamiento violento. Pasen y vean una de las mayores broncas de Gran Hermano, con vaso de agua incluido.

Personajes: perfiles y roles

Como en todas las historias narradas y necesarias de un trabajo de guion, los personajes son una parte fundamental del total. Sin ellos, los realities no tendrían sentido. No quiero decir que sea imposible hacer un reality sin participantes, sino que el estudio de la personalidad de los participantes y un buen casting son elementos imprescindibles en una edición cañera de Gran Hermano, donde se consigue marcar la diferencia con respecto a años anteriores. Gilda Santana explica de forma magistral en su libro Diez años en Gran Hermano: Diario de una guionista cómo se configuran los personajes y se encuadran en perfiles, los cuales evolucionan con el paso de los días en la casa de Guadalix de la Sierra. Si cuando creamos personajes para un texto de ficción debemos calcular cómo se desenvolverán los personajes, en el reality también debemos estudiarlo para estar prevenidos. Si en una casa conviven dos líderes y diez débiles, seguro que habrá una lucha de egos; si, por lo contrario, hay cinco líderes y siete débiles, se crearán grupos de presión.

  • Victimas: si Paco, el primer expulsado de la 15ª edición de Gran Hermano, afirmaba que el concurso solo lo ganaban “los humildes” (teoría discutible cuanto menos), opino que este perfil es el que se lleva el premio gordo del reality o, si no, se queda cerca de conseguirlo. La víctima es aquel que ha sufrido, por desamor o por el rechazo de sus compañeros, y que empatiza con la audiencia por esto mismo. A Sabrina (GH2), Iván Madrazo (GH10), Laura Campos (GH12), Patricia Ledesma (GH3), Ania (GH1) e incluso Pepe Herrero (GH7) podemos encuadrarlos dentro de este perfil.
  • Débiles: para mí, débil no significa víctima. El débil es aquel que no puede considerarse fuerte o por su manera de actuar (son demasiado impulsivos, radicales de pensamiento, celosos, etc). Entre ellos encontramos a Nicky y a Bea “la legionaria” (GH6), a Shaima (GH15) y a Carlos Navarro “el yoyas” (GH2).
  • Líderes: a diferencia de los dos anteriores, el líder es aquel que “mueve los hilos” para que el grupo que tiene a su alrededor le guarde lealtad. Son personas frías (siempre hasta cierto punto), que no arriesgan demasiado y con el juego siempre en su cabeza. Pepe Flores (GH12+1) representa a la perfección el rol de líder. Sin embargo, Pepe Herrero (GH7) también cumple con este perfil, aunque también sea víctima (solo tenía un amigo dentro de la casa, su fiel compañero Dayron).
  • Graciosos, bufones, payasos: la tensión de la casa debe aligerarse de alguna manera. Los simpáticos por naturaleza también tienen su hueco en Gran Hermano y sirven para descargar los malos rollos de las ediciones más intensas.De una forma maravillosa, así lo hizo Daniel Santos (GH12+1) junto con Ariadna (en su rol de víctima), quienes protagonizaron momentos de carcajada y lágrima (Mercedes Milá llegó a caerse al suelo del plató de la risa en una ocasión).
  • Muebles: es imposible diseñar la edición perfecta y es inevitable que se cuele algún “mueble” en la casa de Gran Hermano. Por suerte, suelen ser expulsados por la audiencia en cuanto no se les ve el pelo. Somos así de malos, qué le vamos a hacer.

¿Verano = Parón creativo?

El mes de julio lleva implícito aires de mudanza, de maletas por deshacer y desórdenes que resolver. Yo soy muy organizada dentro de un caos imposible de entender por muchos, por eso puedo pasarme semanas con macutos abiertos y bolsas llenas de no sé qué cosas alrededor de mi habitación. Sin embargo, soy incapaz de hacer nada productivo mientras en mi “zona de trabajo” hay un caos de trastos. Y cuando hablo de trastos no solo me refiero a los recuerdos del regreso a casa, también me refiero a los archivos olvidados en los rincones de mi ordenador e, incluso, a los papelotes de ideas sueltas que acumulo en mi escritorio. Con el cuarto ya recogido, la mesa despejada y el portátil formateado (soy muy maniática, suelo limpiarlo a fondo tres veces al año), me dispongo a enfrentarme a la apatía del verano en cuanto a lo creativo.

Y, ¿por dónde empiezo? La verdad, no estoy muy segura de cómo afrontar el parón. Desde que veía de lejos el fin de curso me propuse que estos dos meses de vacaciones no iba a permitirme una tregua, y no porque no la merezca.

Leer + pensar + escribir = crear

Yo soy persona de listas de tareas pendientes, de agendas llenas de anotaciones y, por qué no, de cumplir con lo que me propongo. Para este verano tengo una barbaridad de libros que leer, películas y series que ver, por lo que seguramente no pare de trabajar. Y digo trabajar porque nutrirse de novedades, alimentar la curiosidad y aprender sin descanso es esencial para el creador (ya seas guionista, novelista, cualquier profesión que implique creatividad). Carmen O. Carbonero, guionista de series como Los Serrano y Águila Roja entre otras, nos contó una tarde de máster que ella acostumbra a ver un capítulo de alguna serie antes de comenzar a escribir para “ponerse a tono”.

Mientras busco trabajo de lo mío (de guionista, de periodista, de productora, de lo que sea… De lo mío), yo también me pongo a tono: leo (nada de manuales, que ya me empapé bastante durante el curso), veo muchísima tele (para no variar) y veo muchísimas series. No puedo tomarme unas vacaciones en esto a pesar de que pueda llegar a saturarme, ¿quién sabe cuándo y dónde aparecerá la musa? Todo producto está inspirado en algo que hemos visto, escuchado o experimentado. Las ideas jamás proceden de la nada, por ello debemos permanecer en constante estado de recepción de estímulos que puedan resultarnos útiles en cualquier momento y en cualquier lugar: en la playa, echándote una siesta (a mí, los sueños me inspiran muchísimo) o dando una vuelta “con la fresquita”. El verano cuenta con escenarios ideales para poner nuestra maquinaria creativa a funcionar.

A mí me inspiran estas playas…

Lo tengo. ¿Cuál es el siguiente paso?

Con las ideas claras y el norte de nuestro proyecto definido, nos queda la parte más complicada del reto del verano: no estancarnos. Leí en el blog de Escrilia una entrada sobre las maneras de perder el tiempo para los escritores y decidí poner en práctica los consejos que proponía: establecer un horario de trabajo, permanecer el menor tiempo posible “conectada” (cuando desconecto el wifi de mi ordenador es cuando más me cunde el trabajo. Si necesito consultar un dato, lo anoto y lo hago después. Cada cosa a su tiempo) y, sobre todo, organizar mi zona de trabajo que, como mencioné antes, resulta un caos muy complicado de solucionar.

Para este verano he diseñado una lista de objetivos contabilizables que debo cumplir antes de que finalice el mes de septiembre. De esta manera, es muy sencillo saber en qué porcentaje hemos logrado lo que nos proponíamos a corto plazo, plantear qué podemos cambiar para mejorar este porcentaje y, sobre todo, conocer en qué nos hemos equivocado para que no vuelva a suceder la próxima vez que nos pongamos metas. Un objetivo contabilizable es aquel que puede medirse con cifras. Por ejemplo, si quieres proponerte escribir más cortometrajes este verano, piensa un número para construir tu meta. ¿Cuántos borradores crees que podrás conseguir en tres meses? ¿Tres, cuatro?

Ya me estoy arrepintiendo…

Sé que es muy difícil cumplir con todos los objetivos que nos propongamos al  principio del verano, no te angusties. Fallar no significa fracasar, es más, equivocarse es tan necesario como aprender. Quizá nos pasemos con nuestras metas, seguro que nos ponemos más de las que podamos alcanzar o nos quedemos cortos. ¿Qué más da? Lo único que importa es sacar algo en claro de nuestro trabajo, conocernos mejor a nosotros mismos como creadores: cuáles son las rutinas que mejor nos funcionan, a qué hora somos más productivos a la hora de escribir o qué manías tenemos.

Por lo pronto, yo estoy poniendo en práctica todo lo que os cuento aquí. Cuando termine el verano, ya veréis si me ha funcionado o me he quedado por el camino… ¡Deseadme suerte!

De qué hablo cuando hablo de crear

Al más puro estilo Murakami, he querido escribir esta entrada por el simple placer que me produce escribir. Llevo mucho tiempo haciéndolo, desde que entré en primero de Periodismo y, hasta ahora, criticando los estrenos en Perdidos en la Tele, en clase por asignación y por gusto, por cuenta propia y sin tregua. Escribir no es solo escribir, para mí, es viajar lo que no puedo en la vida real, descubrir cosas nuevas, personas nuevas, crear el mundo. Y, aunque pueda parecer pretencioso, la labor del creador no es más que la de hacer sentir a los demás.

A finales de junio defiendo mi Trabajo de Fin de Máster ante un tribunal. Desde las Navidades pasadas estoy trabajando en él y la idea lleva rondándome la cabeza varios años. Vamos, que no es nada improvisado ni pensado por necesidad, sino que estoy creando la serie dramática “de mis sueños”. Y digo creando porque, aunque la haya entregado como un proyecto supuestamente terminado, sigo dándole vueltas para mejorarla y moverla en un futuro no muy lejano.

Murakami escribió una especie de autobiografía en la que relaciona el descubrimiento de su talento con la aventura del running. Yo, sin embargo, que todavía no me atrevo a correr un kilómetro seguido (aunque lo conseguiré algún día, lo prometo), he querido hacer algo parecido. ¿Qué significa la escritura para mí? Hace un año hubiera contestado sin pensarlo pero hoy, tras haber escrito más que nunca en mi vida en tan solo un curso escolar, no soy capaz de encontrar una definición que me convenza. La creación no se limita a escribir cincuenta páginas o unos versos, qué va…

Inspiración, ¿dónde encontrarla?

Desde que descubrí el placer de la escritura hago “rituales” para encontrar la inspiración en cualquier momento y lugar. Y aunque Picasso dijera que la inspiración siempre se encuentra trabajando, he pasado mucho tiempo esperando a que apareciera para ponerme manos a la obra y no he hecho más que perder el tiempo. Mientras encuentro a la musa, creo playlists de las cuales me canso pasadas dos semanas (o según los textos que tenga que escribir, los personajes que tenga que diseñar… Las circunstancias van variando), me paso las tardes mirando fotos bonitas en Instagram o leyendo noticias en la portada de Menéame o Reddit. Cuando miro el reloj, el tiempo se me ha echado encima sin que me haya dado cuenta.

He descubierto que tengo una gran facilidad para trabajar bajo presión, una bendición en mi profesión (como guionista y periodista, aplicable a ambas) y que es mejor escribir mucha basura de un tirón para revisarla después. No pensé que esta entrada estuviera repleta de citas célebres pero es inevitable al hablar de inspiración y rutinas literarias. Hace años encontré una imagen que llevé durante mucho tiempo de fondo de pantalla en el móvil para que me sirviera de recordatorio.

Un día me dio por investigar de dónde venía, cómo a Hemingway se le había ocurrido tal afirmación que significaba para mí mucho más que escribir borracha y editar sobria (yo lo relacioné con el hecho de escribir sin revisar y revisar sin escribir, un método que a mí me funciona por ahora). Bendito Reddit. En este blog se investiga que no hay material atribuible a este autor que confirme que Hemingway afirmó tal cosa. Peter De Vries, en su novela Reuben, Reuben, podemos leer:

Sometimes I write drunk and revise sober, and sometimes I write sober and revise drunk. But you have to have both elements in creation — the Apollonian and the Dionysian, or spontaneity and restraint, emotion and discipline.

He descubierto que la labor de investigación es una de los procesos que más me inspiran para escribir: leer la prensa, buscar en foros especializados, artículos en revistas, leer, leer, leer. Para escribir con verosimilitud hacer falta saber muchas cosas que solo se aprenden a base de constancia e inquietud. No conozco ningún guionista que carezca de curiosidad ni ningún escritor que pase un solo día sin leer algunas líneas. Tener los ojos bien abiertos es la mejor forma para inspirarse. Así que, he incluido esta premisa como una más dentro de mis “rituales”.

El resurgir del fénix: rescatando mierda de la papelera

Leí una entrada en Bloguionistas (portal indispensable para los que escribís o estáis interesados en el mundo del guión) donde se hablaba, por así decirlo, de la curva evolutiva que sufre un guionista a la largo del proceso de creación. Este párrafo resume a la perfección su esencia:

Los guionistas vivimos en un continuo “sube y baja” emocional. Un día, lo que estás escribiendo te parece la hostia, y al otro, una mierda. Así, sin término medio. Y para poder seguir escribiendo (y convertirse realmente en un guionista), lo mejor es aceptarlo. Somos así. ¿Qué resulta agotador? Desde luego. Pero es lo que hay (Lee el original aquí).

Siempre me he considerado una persona poco paciente pero, gracias a la escritura, he descubierto que soy todo lo contrario. Empeñarse en desarrollar una idea tal y como la trazamos en nuestro pensamiento, darle mil y una vueltas, escribir y reescribir lo mismo durante meses me ha servido como un ejercicio de control de la desesperación. Me he enganchado de personajes, les he cogido manía a otros, me he cansado de según qué tramas y he tenido pesadillas con las historias que creo. Sin embargo, he aprendido a aislarme de mis sentimientos, a convertirme en otra persona cuando escribo, en una especie de robot sin recuerdos ni experiencias. Crear es separarse del mundo conocido para sumergirnos en el que queremos escribir.

He llenado papeleras hasta arriba de hojas que no conseguía rellenar sin un solo tachón, me he arrepentido y he tenido que rescatar alguna que otra bola desecha. Una profesora del Máster en Guión, Narrativa y Creatividad que acabo de terminar, nos recomendó a principio de curso que no tiráramos un solo papel, a pesar de que nos parezca la tontería más gorda. Nos dijo que buscáramos una caja (o una carpeta o un archivador) y guardáramos todo aquello que escribiéramos porque, nunca se sabe, puede valernos en cualquier momento en el futuro. Y no sabéis la razón que tiene… Ahora rescato personajes que pensé años atrás y les estoy sacando más jugo que nunca para proyectos futuros.

Me estreno

Aunque a veces me las quiera dar de entendida (y, por supuesto, se quede en un intento fallido), no tengo idea de nada: ni de guión ni de blogs ni de creación ni de buscar inspiración y menos de encontrarla. 2014 está siendo un año de estrenos de todo tipo, sobre todo de lo relativo a lo “profesional”: ha sido la primera vez que he escrito guiones, que he creado una serie dramática, que he “trabajado” para una productora de televisión y que he hablado de series dramáticas en la radio. Tan solo espero que no se quede en eso, en un comienzo.

Con la defensa de mi Trabajo de Fin de Máster ante un tribunal doy por finalizada mi etapa como estudiante de guión. Sin embargo, no sé si puedo considerarme guionista todavía.

De la idea al proyecto: ¿por dónde empezamos a crear?

Cuando creé este blog pretendí que no fuera un proyecto más. Será que soy, como diría Mindy Lahiri, una “natural storyteller” y no puedo evitar tener miles y miles de ideas rondando por mi cabeza a lo largo del día. Algunas llegan a germinar. Otras, no. Me niego a que este blog sea una idea mal plantada, de hecho, escribo este post con un espíritu completamente renovado y lleno de energía positiva.

En las últimas semanas ha venido mucha gente interesante al máster. Cuando comenzábamos a sentir una rutina soporífera por culpa de las clases teóricas que no nos llevaban a ninguna parte, los profesores fueron muy oportunos al invitar a antiguos alumnos de la Facultad de Comunicación (Universidad de Sevilla) y a conocidos del oficio que tenemos en común. Por las aulas han pasado profesionales de la televisión y del cine, algunos con más fortuna que otros pero, en general, con pasión por lo que hacen. Esto nos ha servido, tanto a mí como a mis compañeros, para cargarnos las baterías y comenzar de cero. Ahora viene la parte más difícil, donde se juntan las prácticas en empresas y los comienzos de algo que comenzamos a vislumbrar a lo lejos (no tan lejos).

Los comienzos nunca fueron sencillos

El Trabajo de Fin de Máster queda mucho más cerca de lo que parece y todos tenemos miles de ideas. De nuevo, las benditas ideas, el germen de nuestros futuros proyectos y las culpables de que muchas noches no consigamos conciliar el sueño hasta las tantas. Siempre he sido persona de almacenar trastos y quienes han trabajado conmigo saben que soy una persona organizada dentro de una nube de desastre: en mi mente, mis ideas pueden ser de lo más caóticas pero hago todo lo posible para ordenarlas y ser capaz de entenderlas con mayor facilidad. A veces, la idea puede presentarse de forma confusa, no siempre llega a nuestra cabeza como una clara revelación y definirla resulta más trabajoso que escribir el guión en sí mismo.

Los invitados que hemos tenido el honor de recibir en las aulas de la Facultad de Comunicación nos han salvado el curso. En un momento de desconcierto total, cuando ni algunos profesores son capaces de guiarnos en nuestro proyecto, Paco Baños, Rafael Cobos y Alberto Rodríguez nos contagiaron del entusiasmo que, poco a poco, estábamos perdiendo a base de disgustos y decepciones.

Rafael Cobos (al fondo), guionista; y Alberto Rodríguez (al frente), director. Dan nombre a títulos como After y Grupo 7.

Paco Baños, director, guionista y script. Un máquina.

Alberto Rodríguez, director de títulos como 7 Vírgenes, Grupo 7 o La Isla Mínima, nos dio una charla un lunes. No imagino un mejor plan para comenzar la semana. Nos llenó la cabeza de inspiración, al menos a mí, y salí del aula con muchas ganas de hacer cosas, de ordenar ideas, de trabajar ideas. Estuvo mostrándonos algunos “recortes” que le ayudaron a crear sus obras a partir de pequeños detalles y nos recomendó que buscáramos una caja donde guardar todo aquello que nos sirviera de punto de partida para nuestros futuros proyectos. Y, desde que nos lo dijo, no he dejado de pensar en ello.

¿Cómo organizo mis ideas?

Suelo trabajar de forma desordenada, escribo en hojas arrugadas y mancho miles de folios siempre que pretendo crear un proyecto. Sin embargo, nunca había guardado nada hasta ahora. Mi papelera (física) siempre estaba llena y no conseguía escribir nada que no acabara hecho una bolita arrugada. Por ello, desde que comencé el máster y, supuestamente, era el momento de empiezar a escribir “de manera oficial”, no podía permitirme perder nada, aunque fuera pura mierda.

Descubrí Evernote gracias a una serie de posts interesantísimos de Tinta al Sol. Me sirvieron de guía hace cosa de tres años cuando comenzaba a tontear con la escritura seria, cuando me despertaba pensando en una novela que jamás llegué a escribir y me acostaba con la cabeza llena de historias que deseaba escribir y nunca encontraba la musa que me soplara las palabras exactas. Evernote es mi contenedor de ideas, mi cajón desastre y adonde acudo cada vez que se me ocurre algo. Aunque suelo llevar siempre encima alguna libreta y tengo el móvil lleno de notas, esta plataforma me resulta de lo más práctico porque puedo ordenar mi caos natural a través de etiquetas y carpetas de una forma sencilla y visual.

En Evernote guardo desde las primeras descripciones de los personajes hasta los mapas de tramas, ideas sueltas o recursos que puedan servirme en algún momento del proceso. Aquí cabe todo, como quien lo guarda en una carpeta “a lo analógico”, Evernote no tiene prácticamente límites. Yolanda González Mesa tiene en su blog Tinta Al Sol una serie de post interesantísimos sobre el uso de esta aplicación en el campo de la escritura donde explica todos sus usos y recovecos de una forma sencilla y entretenida.

Brújula en mano, sin perder “el norte” de nuestra idea

¿Hacia dónde queremos ir? ¿Qué queremos contar en realidad? Alberto Rodríguez nos repitió en más de una ocasión que lo más importante de nuestra historia es el norte, es decir, la dirección hacia donde va lo que escribiremos. La idea puede cambiar de forma e incluso de fondo, pero nunca podremos permitir que cambie de intención para que la historia cree el efecto que deseamos en su momento de gestación. ¿Cuál es el sentimiento de nuestro protagonista? ¿Cuál es su conflicto? La esencia o, como diría Ramón Navarrete Galiano (un estupendísimo profesor de la Universidad de Sevilla, cuyas clases os recomiendo desde aquí), el espíritu de nuestra idea no puede perderse jamás. Podemos contar la historia de mil maneras diferentes, a través de una novela o un documental, un cortometraje o una serie dramática, pero la idea siempre debe llevar la misma dirección.

¿Y cómo calibramos la brújula? Desde el primer día de clase nos recomiendan trabajar en equipo. A veces podemos ser muy nuestros, nos encariñamos con aquello que hemos ideado a base del sufrimiento placentero del creador, del escritor que llora mientras escribe o del guionista que trasnocha buscando el punto de giro perfecto. Pero, al contrario del encierro en solitario, es imprescindible aprender a trabajar en equipo y contrastar opiniones con los compañeros. Cuando nos encariñamos con nuestro trabajo es muy difícil sacarle todos los errores. Escribir junto a otras personas es necesario para que el guión sea caleidoscópico a la vez que sencillo.

En la mayoría de los casos perdemos el norte cuando no sabemos dónde se encuentra. Debemos definir los puntos clave de nuestro relato antes de comenzar a trabajar: quién es nuestro protagonista, cuál es su conflicto, a quién o a qué deberá enfrentarse para resolverlo. Con estas preguntas resueltas nos ahorraremos solventar muchas dudas en el futuro, en el story line es donde está nuestro norte.

Entre papelotes y miles de ideas, seguimos creciendo

Sé que no soy la única que está experimentando esta sensación de entusiasmo general aunque la situación no sea la mejor del mundo. Todos mis compañeros tenemos ideas, proyectos más o menos factibles y muchas ganas de no parar de trabajar. Llevo un tiempo con el blog algo parado y no me gustaría que fuera una idea que se queda en el camino de los proyectos olvidados, no me da la gana. Por eso me he propuesto no abandonarlo más, cuidarlo y mimarlo. Gracias por seguir ahí.

 

El héroe clásico debe morir

Hércules vs Walter White

Hércules vs Walter White

Conocemos los arquetipos heróicos desde la lectura de los clásicos. Homero define al héroe (en griego, ἥρως) en base a sus hazañas extraordinarias, las cuales lo dotaban de valores de bondad y valentía. Ahora, dentro del mundo audiovisual y los constantes cambios circunstanciales de la sociedad y los nuevos escenarios, tanto en el mundo real como en el ficticio, el héroe clásico ha perdido sentido. Ha surgido una nueva figura, con ciertos rasgos similares a los de su antecesora, pero que se aleja de lo idílico y representa un reflejo más realista del universo en que vivimos.

Hemos asumido que nadie es bueno por naturaleza gracias a la experiencia de la propia historia, la literatura y, ahora, el cine y la televisión. Los protagonistas de la ficción suelen tener un destino y un fin que desarrollar a lo largo del relato y ningún héroe considerado como tal en la actualidad es héroe porque sí. Esto significa que el héroe contemporáneo, para ser calificado de esta manera, desempeña ciertas acciones para solventar necesidades propias (ya sea la protección de su familia, su beneficio económico o el bien común, del que también se aprovechará). Resulta extraño encontrar héroes, más clásicos que modernos, que luchen a cambio de ningún premio.

En la actualidad no hay damiselas a quienes rescatar ni monstruos contra los que debe luchar. El héroe contemporáneo encuentra nuevas tareas a las que hacer frente en el presente: desde solucionar conflictos familiares (prácticamente inexistentes en las histórias épicas clásicas) hasta lidiar con su ser. El problema de la identidad es clave para entender los comportamientos de los héroes en la actualidad. Los doctores Edisa Mondelo Gonzáles y Alfonso Alvarado Cuadrado, en su artículo Visiones contemporáneas del héroe de la Universidad Rey Juan Carlos, afirman que este individuo debe “encontrar su lugar en el mundo” para poder “dar un sentido a su existencia”. A lo largo de la ficción, en literatura, cine y televisión, se han creado personajes cada vez más imperfectos en lo que se refiere a la psicología. Ya no nos interesan los héroes perfectos, sin miedos ni obstáculos, no son creíbles.

La importancia de las aristas

Bruce Wayne está lleno de imperfecciones. Batman es uno de los héroes contemporáneos más representativos.

Las figuras clásicas protagonistas de las historias se han quedado desfasadas por la falta de caracterización secundaria del personaje. Los héroes arquetípicos no eran conocidos más allá de sus aventuras, sus canciones de guerra o sus dibujos donde podíamos verlo luchando contra monstruosas bestias. Ahora, no podemos conformarnos con saber que el personaje realiza cierta hazaña, sino que siempre queremos saber por qué la desempeña y qué obstáculos encuentra en su camino (no obstáculos como tal, sino los que respectan a sus circunstancias personales y a sí mismo). Todos los héroes contemporáneos están diseñados con un perfecto equilibrio entre las virtudes y los defectos. No basta con presentar una kryptonita, sino que en nuestro relato debemos explicar por qué le resulta tan dañina.

Gracias a la evolución de las series y su acercamiento al cine y al mundo del cómic, los héroes están muy presentes en la ficción televisiva. Además, la cercanía con el personaje ha comenzado a interesarnos más que las hazañas, más usuales en el género de ficción y fantasía épica. Ahora, el héroe contemporáneo vive en una casa común, tiene una familia normal, un trabajo aburrido y un deber que acometer. Si es una persona como tú y como yo, ¿cómo podemos reconocer al héroe en el escenario que ahora nos ocupa? Una de las características esenciales de esta figura en la actualidad es su desdoblamiento.

A veces, Walter White. Otras, Heisenberg.

Utilizando el ejemplo de Superman que, aunque se quede algo anticuado para algunas explicaciones, nos resulta perfecto para entender el desdoblamiento del héroe contemporáneo. Clark Kent, periodista tímido y que no destaca en la redacción del Daily Planet, se esconde en un despacho para cambiarse de ropa y convertirse en Superman, el salvador conocido por todos y famoso por su superfuerza y visión de rayos X. ¿Qué ocurre? El alter ego del héroe contemporáneo es un ejemplo de la búsqueda continua de la verdadera identidad y, el cambio de traje, la imposibilidad de asumir como propias ciertas características que pueden espantar a la sociedad no heróica. A diferencia con las figuras clásicas, perfectamente asumidas por los no héroes, en la actualidad se ocultan las virtudes que lo hacen distinto al resto del mundo. Sin embargo, a pesar de los artificios y la pretensión, el héroe solo es uno.

La distancia entre el físico y padre de familia Walter White y su alter ego, el narcotraficante Heisenberg, se hace explícita en el uso del disfraz (el sombrero negro y las gafas de sol); pero cuando aprieta el gatillo, cuando asesina, no lo lleva puesto.

Jorge Carrión, Teleshakespeare.

El héroe: infancia y madurez

Cualquiera se echaría las manos a la cabeza si, hace algunos años, considerásemos a un asesino como un héroe.

[…] la tendencia ha sido siempre dotar al héroe de fuerzas extraordinarias desde el momento de su nacimiento, o aun desde el momento de su concepción. 

Joseph Campbell, El héroe de las mil caras.

Uno de los primeros pasos que debemos dar cuando comenzamos a escribir un guión es el diseño de los personajes que ocuparán nuestras tramas. La estructuración de un background (un repaso biográfico desde el momento del nacimiento hasta que aparece en la historia que guionizaremos) resulta esencial para la creación del héroe contemporáneo. Uno no es héroe porque sí, sino que ciertos hechos de su vida o razones específicas lo han convertido en una persona especial. Por ejemplo, el oscuro pasajero de Dexter (o, para los que disfrutamos de la V.O., The Dark Passenger) comienza a desarrollarse cuando presencia el asesinato de su madre con tan solo tres años de edad.

La infancia también resulta esencial en el caso de los héroes clásicos. Heracles, hijo de dios y mortal, quedará marcado para toda su vida por su condición divina impuesta desde el momento de su nacimiento. Tampoco todos los héroes contemporáneos surgen por hechos vividos en la niñez, sino que deben evolucionar hacia la heroicidad por otros factores. Walter White había sido un hombre común hasta que le diagnostican un cáncer terminal y debe asegurar un futuro digno para su familia.

El factor de la niñez resulta útil para crear héroes desde cero. La tarea del background puede sernos útiles para enriquecer al personaje en cualquier caso, no solo para dotarle de factores detonantes para el ejercicio heróico en su etapa de madurez, sino para crear una personalidad acorde con sus funciones de adulto. No traumaticemos a nuestros héroes en vano.

Cuando hablé de los personajes en las series, creí necesario dedicar algún post a este fenómeno que me interesa especialmente. He tardado bastante en subir una entrada nueva, pero todavía estoy planteando la periodicidad del blog. Sigo escribiendo, sigo trabajando. Por favor, cualquier sugerencia que tengáis la recibiré encantada. Estoy deseando llenar este espacio de contenidos interesantes y útiles para todo el mundo. Muchas gracias por leerme.

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Tema de Anders Norén.