Vivir de la Tele

Creación, guión y mucha tele

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Categoría: Televisión (página 2 de 4)

Transmedia: cuando la televisión traspasa la barrera de la pantalla

El transmedia está de moda. Quizá sea la primera vez que te topas con este término desconocido o quizá, como me ocurre a mí, estés un poco saturado de encontrártelo allá adonde vayas. La narración transmediática funciona de la misma manera que un río: una historia es contada a través de distintos afluentes gracias a la participación de los consumidores de la misma, los cuales achican aguas o abren nuevos canales para que los contenidos circulen con libertad. Pese a la complejidad que entraña este sistema, El Ministerio Del Tiempo es el ejemplo perfecto para ilustrar un término que a muchos se nos escapaba.

En la variedad está el gusto: la multiplataforma

El final de la primera temporada de la ficción que ha despertado del letargo a los espectadores desencantados con la programación nacional ha supuesto el comienzo de una era: la del crecimiento hacia otros géneros nunca vistos en nuestras pantallas y en soportes que se salen de ella para dotar de riqueza a los contenidos. Acostumbrados a ver las series desde nuestro sofá, sin más dispositivo que el smarphone por si sucediera algo digno de ser comentado en las redes, El Ministerio Del Tiempo cambia la concepción de visionado gracias a la multitud de plataformas que surgen a su alrededor. Desde el podcast hasta la televisión online, la experiencia calma la curiosidad de los espectadores que no se conforman con los 70 minutos aproximados de capítulo semanal ni con el especial emitido tras este en la misma cadena.

Queremos saber más, no nos conformamos con consumir aquello que nos ofrecen a través de los canales habituales. Por suerte, la multiplataforma es uno de los elementos que caracteriza a la ficción creada por Javier y Pablo Olivares como única. Dentro del maravilloso universo elaborado no solo por ellos, sino por los seguidores, encontramos un especial emitido tras el episodio, un podcast, un programa de televisión online y una mastodóntica carga de contenido generado a través de las redes sociales, en Facebook y Twitter, por usuarios ajenos al proceso de escritura de las tramas y diseño de los personajes. Gracias a este último punto, El Ministerio Del Tiempo ha cruzado la barrera de la emisión nacional y ha impregnado de ministeria hasta a los espectadores situados en América Latina. Aunque el público que sigue la serie a través del canal online no se ha tenido en cuenta hasta febrero en la elaboración de las audiencias “oficiales” (las que elabora Kantar Media), la carga es más que significativa cuando con tan solo tres capítulos emitidos acumulaba un total de 263.000 visionados a la carta.

La clave de la revolucionaria ficción que acaba de emitir la cadena de televisión pública ha sido la retroalimentación entre los canales: mientras cada capítulo despertaba un interés especial en los espectadores, estos se valían de las redes para calmar (o potenciarlas, según se vea) sus ansias de Ministerio. Por otro lado, los contenidos “extras” que han surgido a partir del producto más convencional (que no central, ya que para considerarlo transmediático no puede haber un centro, sino varios elementos surgidos al mismo tiempo) han enriquecido los contenidos base de una forma más que significativa: conocer más de la historia ayuda no solo a que la comprensión de cada episodio sea más efectiva, sino que potencia la búsqueda autónoma de los porqués que quizá se nos escapen.

Pero lo que más ha llamado mi atención desde que la ministeria comenzó a ser una tendencia digna de ser estudiada ha sido la creación de perfiles en las redes sociales que imitaban los comportamientos de los personajes de la serie. El fandom no solo impregna las redes en su potencia más básica, a través de la discusión surgida gracias a los hashtags y a medida que se disfruta de la entrega semanas; sino que va más allá de la realidad, si entendemos realidad como lo que veíamos en la pequeña pantalla cada lunes y estaba escrito en el guión de los hermanos Olivares, José Ramón Fernández, Anaïs Schaaf y Paco López Barrio. Así, mientras que algunos seguidores interactuaban en Twitter bajo la identidad de personajes como Irene Larra, Alfonso de Entreríos, Ernesto Jiménez o incluso la esposa fallecida de Julián; otros daban rienda suelta a su imaginación y utilizaban el escenario del Ministerio para crear historias paralelas. Marcos Muñoz escribe fan fics profundizando en lo que ya se cuenta en la serie, aportando novedad al relato y alimentando la curiosidad de los que se quedaron con ganas de más tras el episodio de obligado vistazo.

Transmedia y televisión: ¿un modo de visionado incompatible con el espectador estándar?

Es cierto que la multiplataforma permite al público un enriquecimiento del proceso de consumo que se escapa de lo habitual (al menos, de lo que conocíamos hasta hace algunos años). Sin embargo, estos nuevos espectadores no son los únicos que disfrutan con la ficción, sino que los consumidores tradicionales de sofá y mando a distancia también han tenido parte de culpa de la renovación de la segunda temporada de El Ministerio del Tiempo.

Aunque nadie conozca a nadie que tenga audímetro en su casa (en caso contrario, por favor, ¡manifíestense!), todas las mañanas nos levantamos con los datos arrojados por Kantar Media y nos alegramos o nos sorprendemos según si nuestros contenidos favoritos del día anterior han obtenido buenos o malos resultados. Bien es sabido que El Ministerio del Tiempo no sacaba todo lo mejor de sí en cuanto a las audiencias tradicionales, debido a la guerra del share que se libraba cada lunes en la televisión (luchaba contra Bajo Sospecha, una de las apuestas de Antena 3 para los contenidos de ficción, que se llevaba a gran parte de la tarta), pese a que en redes sociales hubiera provocado tan movimiento.

El universo del entretenimiento en general crece a pasos agigantados. Para ciertos usuarios, la televisión se ha convertido en una herramienta que depende de forma directa de la conversación en la red, aunque también es posible verla de forma independiente puesto que la totalidad del relato se comprende sin necesidad de elementos extra. En este caso, que El Ministerio Del Tiempo tenga naturaleza transmedia no impide su acceso a una parte del público objetivo del prime time de TVE: el espectador estándar, más mayor que el multitarea y multiplataforma, alejado de las nuevas tecnologías y que disfruta de la televisión en familia o en solitario, sin otros dispositivos que lo “entretengan” del visionado.

Para mí ha sido el descubrimiento del año. Que la televisión pública apueste por una ficción novedosa, no en cuanto a historias, sino en métodos para contarlas, abre una puerta que creía cerrada en el panorama que nos queda más cercano a los que disfrutamos de la pequeña pantalla. Pese a los disgustos que nos llevamos cuando nos enteramos de las burradas que se cometen en un servicio pagado por todos, es inevitable que se nos escape la lagrimita cuando contenidos como El Ministerio Del Tiempo aterrizan, son bien cuidados y valorados como se merecen: no solo como títulos que solo recordarán los más frikis, sino como las míticas creaciones que Televisión Española solía hacer y parecía haber olvidado el método. Como Fortunata y Jacinta, Verano Azul, La Plaza del DiamanteAnillos de Oro, Los Gozos y Las Sombras o Cuéntame Cómo Pasó. Por El Ministerio Del Tiempo no pasarán los años que la desgasten… Como las buenas series.

IMAGEN: Alex Muñoz, magnífico ilustrador, me presta su creación de El Ministerio Del Tiempo para dar color a este post. De nuevo, ¡mil gracias! La imagen no se ve al completo, pero podéis hacerlo aquí mismo.

Disculpad el paron de casi un mes que ha sufrido el blog. Como diría Loulogio, me ha surgido un imprevisto: la vida. Sé que no es excusa, pero todavía tengo que acostumbrarme a un ritmo que no termino de dominar… ¡Volveré pronto! Lo prometo 🙂

El fascinante mundo de los reality shows, vol. II: granjeros, tróspidos y colegiales ni-nis

Puedes leer el primer post de esta serie aquí.

Con la llegada de la final de la tercera edición de Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo no he podido evitar escribir este post más nostálgico que serio. Aunque lo intente, es imposible que me limite a repasar los puntos teórico de aquellos programas de televisión que me sacaron más que una carcajada, porque cuando hablamos de los realities de la última etapa de este tragicómico medio, más nos vale reír que echarnos a llorar, como pretenden que hagamos algunos al tacharnos desde de analfabetos hasta de antisociales. Y nos hemos reído más que bien.

La tele, como las plataformas de difusión de contenidos más adaptadas a las necesidades del público actual, es un pozo sin fondo en el buen sentido de la expresión. Cuando creemos que hemos llegado al final de su explotación, alguien crea un formato que sorprende a la crítica y a los espectadores por su dinámica, por su feeling y por sus datos de share. Le pese a quien le pese, los realities han protagonizado este fenómeno de reciclaje positivo y no solo han dado la vuelta a la percepción que muchos tenían sobre ellos, sino que han creado una especie de mitología en base a esa percepción incorrecta.

Actores, ¿juguetes rotos?

Esta mitología está compuesta tanto por historias más o menos épicas y por personajes que se quedan grabados en el imaginario del medio. La magia de este fenómeno es la que produce que, quienes solo consuman un par de horas de programación generalista, pueden llegar a reconocer ciertas caras sin saber de dónde han salido. Sin embargo, más que rememorar a los personajes que se han hecho un hueco en la historia de la televisión, pretendía acordarme de aquellos que lo intentaron y se quedaron en el camino.

Los “actores” (entrecomillados, ya que ni lo son de oficio ni de intención, tan solo es una denominación para situarlos en este contexto) que protagonizan estos formatos son incategorizables y dificilmente descriptibles. Aún así, poseen un poder de atracción sobre el espectador equiparable con la del paciente que se deja hipnotizar por su terapeuta, quien no puede dejar de mirar el elemento que se balancea frente a él. Como Zeus convertido en toro blanco para atraer a la joven Europa, Florentino de la Florence bajaba las escaleras del plató de Gran Hermano VIP a trompicones mientras lanzaba particulares acusaciones a una Nagore que tampoco se callaba la boca, David Pedre (Un Príncipe Para Corina) cocinaba unos macarrones con tomate a la princesa de su cuento o María Amparo (Supermodelo) realizaba su desfile más trágico cuando resbalaba en el bordillo de la pasarela para ir a parar a la piscina del set. Sin que pudieran ser considerados ejemplos de nada digno de ser enseñado ni en las escuelas ni en las casas de cada uno, no podemos evitar admirar tal espectaculo. ¿Y qué le vamos a hacer, si nos divierte?

Si despejáramos la incógnita de la ecuación “Juan Camus + Cayo Paloma”, ¿cuál sería el resultado? Si se trata de rescatar a juguetes rotos para volverlos a destrozar… Puede ser una fórmula ideal. Que se prepare Anna Allen…

Los distintos realities que hemos presenciado a lo largo de la historia reciente de la televisión han dejado “residuos” imposibles de depurar. Mientras que el universo Telecinco los recicla una y otra vez para rellenar los programas que los sitúan líderes de audiencia, otros no consiguen atravesar la barrera que separa el terreno de los frikis malos del de los frikis buenos. Sin embargo, esta división es cada vez cada vez más difusa y por ello, mucho más sencilla de ser rebasada por quienes jamás se hubieran imaginado en tal terreno hostil. Así, una ganadora del Premio Planeta como Lucía Etxebarría coincidió el tiempo y en espacio con actores de la talla de Gaby (ex novia de Paquirrín y ex participante del indescriptible Mujeres y Hombres y Viceversa) o Pedre, a quien recordaba un poco más arriba y con quien tuvo un conflicto del que nunca sabremos si fue producto de su imaginación o si la realidad superaba a la ficción del momento. Aunque es cierto que han habido múltiples bajas en el arduo camino del reality, otros tantos se han visto aprovechado al máximo el potencial que de otro modo era imposible de sacar a relucir. Mientras la dulce de Lety no descansa de bolos desde que salió de la tercera edición de Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo, me topé con Mª Carmen en un anuncio de Samsung para YouTube.

 

¿Qué reality rescataría? La parrilla más hilarante

Al más puro estilo de El Ministerio del Tiempo, daría cualquier cosa por abrir una puerta y aterrizar en los platósde los programas que se realizaron hace años en la factoría de Eyeworks Cuatro Cabezas y Zeppeling TV, los cuales fueron capaces de crear y mostrar a los espectadores cómo de extraña, curiosa, entrañable y odiosa podía llegar a ser la muestra de la sociedad que, representativa o no (¿y qué importará eso mientras nos partamos de risa?), llegaba a sus manos. Sin dudarlo, tengo mi propio top four de títulos que necesito en la televisión actual:

  • Curso del 63: aunque laSexta lo intentó con Generación Ni-Ni tras el éxito del programa germen, fue Curso del 63 el que despertó la curiosidad de la audiencia por conocer un poco más el comportamiento de este grupo. Aunque ya los conocíamos gracias a Hermano Mayor y, resultaba un fenómeno demasiado reciente y poco explotado en este medio. Sin embargo, a raíz de este nacieron otros como Hijos de Papá Las Joyas de la Corona, incluso me atrevería a decir que Gandía Shore (antes, por supuesto, el original en Jersey) bebe inevitablemente de la mecánica: un grupo de adolescentes es “encerrado” en un espacio distinto al habitual y deberá desempeñar unas tareas con las que estarán más o menos conformes, las cuales desencadenarán una serie de reacciones.

  • Princesas de Barrio: el docu-reality que narraba las aventuras y desventuras de este grupo de chicas me consquistó desde que mostró la cara desconocida de las protagonistas. Además de ser unas chonis de libro (con operaciones de estética, ropajes y actitudes incluidos), algunas de ellas demostraron ser tan dulces como ordinarias. Por eso, al igual que me río con los momentos más absurdo de los Gipsy Kings, me divertía al ver cómo estas “amigas” iban juntas al concierto de Camela o se enamoraban de las prestaciones de la Thermomix. ¡Como para no cogerles cariño!

  • Confianza Ciega: pese a que solo conocía el formato de oídas, hace poco que me puse al día con algunos de los capítulos que encontré en las redes y me sorprendí con el nivel de tensión y de manejo de las emociones de los concursantes por parte del equipo. A pesar de tratarse de un programa de 2001, comenzaban a trastear la fusión del reality con otros formatos como el dating, añadiéndoles elementos inesperados como vídeos manipulados (totales sacados de contexto editados con fragmentos confusos, piezas mal subtituladas, etc). El re Supe por qué el genial podcast Nube, tía! se llama así y sigo sin comprender por qué Antena 3 dejó escapar tal potencia para años después convertirse en la cadena triste (y con razón). Aunque ahora pretendan subirse al carro de la actualidad televisiva con Casados A Primera Vista, ya quisieran las mejores entregas de este contar con las intrigas del de hace más de trece años. A veces avanzamos, pero otras nos quedamos estancados sin remedio. Además, necesitamos a Francine Gálvez de vuelta en la televisión. ¡Es urgente!

  • Granjero Busca Esposa: dejo para el último lugar el programa que para mí fue el más revelador de todos los de esta misma naturaleza que he visto. La maravillosa obra de Grundy Producciones (Sin Tetas No Hay Paraíso, Yo Soy Bea, Factor X) provocó un clic en mi cabeza: yo, que era seguidora acérrima de realities de corte “tradicional”, comenzaba a interesarme por otros productos que sobrepasaban los límites establecidos y se fusionaban con otros formatos. ¿Qué era aquello que me tenía enganchada, me hacía reír y esperaba con ansias a que llegara una nueva edición? Descubrimos el poder de Luján Arguelles para contar una historia cómica y nos maravillamos al comprobar cómo un casting de compatibilidad podía cambiar de forma radical en cualquier momento del programa. Lo que parecía un simple dating show rural provocó una fenómeno que, aunque no trasladable en las cifras (la última edición no superó el 8% de share), inspiró a todos los títulos que fueron aterrizando tras este. Este vídeo es tan solo una muestra de lo hilarante que puede resultar el casting de formatos como este. Pedro nos conquistó a todos por su falta de higiene dental y por su urgencia intestinal mientras pastoreaba ovejas.

La crítica y El Ministerio Del Hype

Me apodero de la expresión que acuñaban los críticos y espectadores que esperan impacientes el aterrizaje de la nueva serie de Televisión Española para la noche del martes. Algunos privilegiados ya pudieron disfrutar del primer episodio de El Ministerio del Tiempo la semana pasada y otros hemos tenido que conformarnos con alimentar nuestra ansia de productos de calidad desde el otro lado de la pantalla. En mi caso, leyendo, leyendo, leyendo y deseando que todo lo que leía fuera verdad.

Creación patria + ciencia ficción = ¿fórmula explosiva o fallida?

Javier y el fallecido Pablo Olivares apostaron por recuperar el antiguo gusto televisivo por lo fantástico, por lo que se escapara de la lógica que conocemos, por lo desconcertante. Con El Ministerio del Tiempo se desprenden de la concepción de “lo cutre” en relación con las historias fundamentadas en principios que nos resultan ajenos, en este caso, los viajes en el tiempo. A mí me resulta inevitable pensar en ciencia ficción sin que mi mente viaje hasta el set de grabación de Scavengers, en el cual un Bertín Osborne demasiado plateado para pasar por ser humano y demasiado peludo para ser un robot conducía un concurso sin pies ni cabeza. Pero ni la serie a la que esta noche asistimos a su estreno es un programa de desafío ni se dirige al mismo público. Tan solo confío en que nos cuenten una buena historia.

Los guionistas encargados de dar forma a El Ministerio del Tiempo ya nos han contado buenas historias en ocasiones anteriores. Aunque no he visto Isabel, loada por muchos y que no logra convencer a otros, sí que me tragué Pelotas años después de que fuera retirada de la parrilla y he de admitir que me reí a carcajadas con las mejores temporadas de Los Serrano (en las que Marcos y Eva todavía tonteaban y no se sabía nada de los SJK). Ahora, en un género arriesgado y para una audiencia resabiada, más aun tras las buenas palabras de los críticos más destroyers del país,  la historia que nos transmitan no solo tiene que ser buena. Tiene que ser la bomba.

Abriendo el apetito

Con el goteo constante de opiniones sobre la serie, con más incertidumbre que datos y con unas ganas terribles de probar a qué sabe la nueva ficción de la pública (Víctor Ros fue un aperitivo de lo más suculento), esta noche llega El Ministerio del Tiempo para conquistar a los espectadores como lo hizo con la crítica. En este vídeo podéis comprobar sus reacciones que, para sorpresa de quienes seguimos de cerca sus artículos y qué es lo que piensan sobre todo lo que se estrena en nuestra pequeña pantalla, sorprende hasta a la audiencia más estoica. Sin duda alguna, me quedo con el tweet-sentencia de Alberto Rey que, a diferencia de lo que estamos acostumbrados a leer en sus despiadados y maravillosos textos, califica la novedad como “muy buena”… ¡Guau!

Por si fuera poco, TVE colgaba en su página web los primeros cinco minutos de la serie que seguro dará que hablar esta temporada. Además, nos mostraba tres minutos más de la misma en la noche anterior a su estreno, y aunque con un visionado que resulta efímero, es cierto que notamos evidentes diferencias de calidad y escritura en comparación con ficciones de esta misma temporada… Pero, como las comparaciones son odiosas, no compararemos (por ahora). Vedlo vosotros y, si os parece, hablamos.

Hablemos, pues

El Ministerio del Tiempo ha prometido tanto (no por sí misma, sino por las voces de la crítica) que dudo mucho su fracaso. No solo me fío del criterio de quienes ya han podido disfrutar del primer episodio, sino del equipo que respalda a la ficción que seguro revolucionará la concepción del espectador de series extranjeras que rechaza cualquier creación nacional por, simplemente, ser española. Como con el cine y la música, siempre habrá quien se aleje de “lo suyo/nuestro” por prejuicio. Con El Ministerio del Tiempo (más bien, El Ministerio del Hype tras la expectación creada) esperamos que no nos sirvan ni los prejuicios ni la experiencia anterior (no podemos negar que han habido y habrán muy malos productos, pero de aquí y de la China popular). Por mi parte, tan solo con el material mostrado antes del estreno de la serie, la gestión del movimiento en redes sociales y los adelantos que nos dan a los espectadores (eso sí, a cucharaditas), ya me valen para confiar en que, más o menos buena, la ficción que viene será distinta a las demás. Y vosotros, ¿qué esperáis de El Ministerio del Tiempo?

IMAGEN: TVE

¿Estamos preparados para consumir buena ficción?

Si hace algunas semanas escribía sobre el hype creado tras conocer los nuevos contenidos que aterrizarían en el panorama nacional con el 2015, hoy os cuento por qué que me invadió anoche la negatividad después de asistir al estreno de Bajo Sospecha, la nueva serie de Antena 3 y Bambú Producciones, protagonizada por Blanca Portillo y Jon González y escrita por Ramón Campos y Gema Rodríguez Neira. A pesar de que los creadores de títulos como Gran Hotel, Hispania, Gran Reserva o Velvet han sabido dotar a la ficción de un realismo que echamos de menos en los anteriores títulos policiacos, me falta algo para considerarla la serie que nos merecemos.

A pesar de la expectación, los buenos datos arrojados el el primer día de emisión, la calidad de la fotografía y hasta la sorpresa causada (al menos, en mi caso) por un hilo argumental bastante bien definido y por unas actuaciones más que decentes, Bajo Sospecha me dejó un extraño regusto que no sé identificar tras varios días de reflexión desde que aterrizara en la pequeña pantalla. Ya conté qué me pareció en Perdidos en la Tele pero, como suele pasarme cuando analizo el estreno de una serie desde el punto de vista del espectador, me queda la espinita de cuestionarme por qué no me gusta lo que veo (o, en este caso, por qué no me convence) y de responder con lo que creo que ocurre para que esto suceda. Y, allá vamos.

Personajes ¿planos? = reacciones evidentes

Salvo excepciones, uno de los aspectos que no termina de pulir el mundo de la ficción televisiva española es el de la creación de personajes. Así como Jean Cité analizaba cómo Victor Ros, protagonista de la miniserie que llevaba su nombre, no resultaba creíble debido a su falta de matices negativos; creo que los personajes de Bajo Sospecha responden a criterios de definición bastante sencillos: él, dentro del estereotipo de casanova-listillo y ella, dentro del de estirada-listilla, juegan el evidente papel de la pareja-no pareja cuya tensión sexual no resuelta (T. S. N. R.) cansa más que engancha. A pesar de que hayamos podido ver bastante poco en el primer episodio de la temporada, tengo la sensación de que no darán mucho más de sí… Aunque espero que me sorprendan y tenga que escribir otro post rectificando.

Por otro lado, de los demás personajes que juegan un papel más o menos protagonista dentro de la serie, el que más me llama la atención es el jefe de policía. Aparentemente amigable, no duda en soltarle una patada en los huevos (literalmente, sin rodeos metafóricos ni nada, para la desgracia de nuestro casanova-listillo) en cuanto ve venir los problemas o, al menos, la intranquilidad de sus apacibles dominios. A Vidal, el personaje interpretado por Vicente Romero, parece importarle más que Víctor (Yon González) venga a Cienfuegos a meterse en sus asuntos que que la pobre Alicia, pequeña, desaparecida y vete tú a saber qué más cosas, haya dejado algún rastro que ilumine su búsqueda. Además, es el más creíble por estos matices de egoísmo e interés.

No queda sitio para la intriga

A pesar de que nos vendieron Bajo Sospecha como una serie de intriga, frenética y que no daría tregua al espectador en cuanto a la curiosidad que le produciría capítulo a capítulo, experimenté una gran decepción durante el visionado del primer episodio. Aunque tan solo presenciamos el detonante de las tramas, tanto de la central como de las secundarias que funcionan de afluentes de la principal, nos fastidiaron el quid de la cuestión: Alicia, la niña desaparecida, está viva. Podemos justificar esta siembra de información (en mi opinión, forzada) con que lo realmente importante no es el resultado de la búsqueda, sino cómo se realiza y qué desencadena en la familia y en la pareja de investigadores. Sin embargo, lo que no me cuadra es por qué se ejecuta en un punto del capítulo que no coincide con los picos de guion marcados. Llamadme tradicional, pero considero que es necesario que respetemos eso del detonante, primer punto de giro, segundo y clímax, al menos si el producto es español y al público que nos dirigimos también lo es.

Que no se cumpla la estructura básica en ciertos momentos produce que la intriga sufra una caída estrepitosa y sin remedio, pese a que a lo largo del episodio se respire un ambiente de tensión continua, de mal rollito entre los personajes y de preguntas en el aire: ¿Qué es lo que ocultan todos? ¿Por qué algunos están enfadados con otros? Aunque Alberto Rey afirme que Bajo Sospecha engancha “como una perra”, este efecto tan solo se produce durante el capítulo. La verdad, todavía no me ha quitado el sueño, y digo todavía porque confío en que esta ficción despegue capítulo a capítulo.

¿Estamos preparados para consumir buena ficción?

Pese a que las cadenas no estén dispuestas a ceder algunos números de share a cambio de un contenido más fino y exigente. La falsa creencia (al menos, la antigua creencia) del espectador que solo busca un descanso en la televisión, un contenido que no le haga pensar demasiado tras llegar exhausto del trabajo carece de sentido a estas alturas, más aun cuando los consumidores de ficciones extranjeras no hace más que crecer. Quiero creer que sí, que por supuesto que estamos preparados y, sobre todo, que nos merecemos la buena ficción. Hace mucho que no me conformo con la pasable.

IMAGEN: Antena3

Évole y la Espe-espantada: el arte de hacer preguntas y el deber de responderlas

El domingo asistimos a otro espectáculo lamentable patrocinado por uno de los mejores programas que ha parido la televisión de nuestros tiempos. Jordi Évole, anteriormente apodado como El Follonero, y con razón, se sentaba junto a Esperanza Aguirre en una cafetería cercana a la popular sede de Génova del Partido Popular. Comenzando la charla en un tono distendido aunque irónico, el regreso de Salvados con el estreno de la 2ª parte de su octava temporada auguraba un revuelo asegurado tanto en las informaciones televisivas de la mañana siguiente como en las redes sociales durante los momentos de emisión.

Desde que Évole se marcó la trola de Operación Palace (que, sentara mejor o peor y resultara más o menos creíble, es una pieza digna de revisionado y estudio) y dejó con las patas colgando a más de 5 millones de espectadores, el revoltoso reportero tan solo puede aspirar a sorprender al público. Él lo hace con maestría y desde una relativa sombra: otorgando el protagonismo al entrevistado, permitíendole explicar su punto de vista y ofreciéndole la oportunidad de dejarse a sí mismo con el culo al aire ante un público que sigue revolviéndose al comprobar que lo que se cuece en la política y en la actualidad nacional e internacional está tan lleno de basura como nos veníamos oliendo.

Esperanza Aguirre entraba sembrando un silencio sepulcral que obligaba a preguntarse si aquel fenómeno era habitual ante su presencia o tan solo se debía a la tensión del momento. La ex presidenta de la Comunidad de Madrid ya había protagonizado momentos polémicos en Antena 3, cadena del mismo grupo que laSexta, durante la semana, según parece, temiéndose lo que ocurriría la noche del domingo: de nuevo, su nombre se vería sumido en un bochornoso espectáculo televisivo desde que se levantara de su asiento y dejara a Jordi Évole con la palabra en la boca. Éste, sin más remedio que reírse de la situación, se ha vuelto a cubrir de gloria. Qué momentazo. Qué maravilla.

Sin embargo, la espantada a la que asistimos el domingo por parte de esta pobre sexagenaria no resultó motivo de éxtasis televisivo, más allá del buen sabor de boca que han dejado las audiencias del lunes por la mañana. Que la vuelta de Salvados haya arrojado un espléndido 21,2% de share no indica que a la gente le guste lo que ve, más bien todo lo contrario: el público quiere respuestas a las preguntas que formula, en este caso, mediante la perspicacia y la rapidez mental de Évole y el maravilloso equipo que lo respalda.

El chico que el equipo de Buenafuente descubriera cuando comenzaba la era de los 2000 se encuentra cada vez más cómodo en la que es ya su casa: esté donde esté y esté con quien esté, en la helada Finlandia o en el salón del mismísimo Artur Mas, lidiando con Juan Cotino (o con su hermano) o escuchando con una gran fortaleza a las víctimas del accidente del metro de Valencia. Mucho ha llovido desde que sus incómodas preguntas comenzaran a levantar los sarpullidos de más de uno, nada más y nada menos que siete años, cifra por la cual la señora Aguirre se sorprendía al encuentro de Évole. Sin embargo, a El Follonero no le pesan ni los aniversarios en antena ni los entrevistados a los que ha sacado los colores a lo largo de su camino. Ni, muchísimo menos, una resabiada Esperanza Aguirre que permanecía frente al curioso reportero con la coraza de la prepotencia que le caracteriza.

De nuevo, la estrategia de los balones fuera del campo y la media sonrisa que transmitía eso de “estoy jodida, pero contenta” dejaron entrever la fuerza del periodismo a la hora de contar historias que no solo interesan al público que se sienta a ver un programa de televisión un domingo por la noche, sino que son necesarias para que los ciudadanos configuren el mapa mental de la actualidad nacional, de lo que se cuece en el mundo que hay más allá de la pantalla que visualizan. La realización, la naturalidad de las escenas y un guión (más bien, una escaleta sencilla) de lo más distendido y, cómo no, los silencios resultaron los elementos necesarios para que el Aló Pablo (Aló Espe), como lo bautizó la mediática política, fuera un bombazo. ¿Cuál es el secreto para que la fórmula funcione a la perfección? No basta con echar en el caldero catódico un revoltijo de ingredientes susceptibles de ser sabrosos a los ojos del espectador, sino que los instrumentos para que la mezcla adquiera la textura correcta son esenciales: el ritmo marcado por los interlocutores, la agilidad del entrevistador y, por supuesto, el arte de realizar preguntas, aunque el deber de responderlas quede, en ocasiones, en un oscuro segundo plano.

Y tal y como vino, se fue. A las siete y diez de una tarde lluviosa de Madrid que, según afirmaba al comienzo del programa, había sido el primer día malo de aquel año. No se preocupe, Espe, que vendrán muchos más.

IMAGEN: La Sexta.

YouTube: la nueva ventana pseudocatódica

Desde que a alguien se le ocurriera grabarse a sí mismo con la webcam, soltar un discurso más o menos planificado y subirlo a la plataforma de visualización y distribución de vídeo más popular del mundo ha llovido mucho. Sin embargo, en pleno momento de la hibridación de los medios es inevitable que percibamos cómo ha evolucionado este movimiento que parecía confuso en su nacimiento y que ahora resulta imprescindible en la vida de muchos usuarios de Internet y las redes sociales. Yo lo confieso: soy consumidora de vlogs y veo al día al menos dos o tres vídeos, ya sean tutoriales, daily vlogs o vídeos “estándar”, dentro de lo estándar que se puede ser siendo YouTuber. Desde un tiempo a esta parte vengo encontrándome con piezas que me han llamado especialmente la atención. Ya sea por sus contenidos, por su montaje, por la masa de audiencia que lo recibe o por lo que pretenden hacer sentir a los espectadores, he descubierto algunos vídeos que bien podrían encuadrarse en el marco de la televisión, por increíble que pudiera parecer en los orígenes de este portal.

Las cifras de Youtube: ¿fórmula secreta?

No. No voy a hablar de cuánto gana un YouTuber por cada visualización ni he hecho cábalas sobre cuántos vídeos necesita subir para vivir de ello (este tema está ya bastante manido). Cuando me refiero a las cifras, me refiero a la audiencia, a cuántos espectadores llega un vídeo a través de este portal. Es difícil realizar una media, ya que este número varía dependiendo de la actividad social del creador de vídeo, de sus contenidos y de cómo los viraliza. Para poneros un ejemplo, nada tiene que ver un vlogtrip (vídeo de viajes) con un tutorial de maquillaje: ni tiene el mismo público ni obtiene los mismos números… Normalmente.

Desde fuera, YouTube funciona combinando elementos clave: un guión que llame la atención de tu audiencia, un montaje curioso, un poco de carisma, muchas horas de trabajo y, por qué no, algo de suerte. Ni conozco la fórmula secreta del triunfo en este medio ni tampoco me veo ni con el talento ni con las fuerzas (ni, para qué engañarnos, la necesidad) de contar nada a la webcam de mi ordenador. Sin embargo, admiro la generosidad de los que muestran su vida, su día a día, sus vivencias y sus conocimientos al mundo. A mí me tienen enganchada.

A pesar de ser consumidora de YouTube y de estar suscrita a varios canales, hace poco que descubrí que muchos de los vídeos se regían por principios estéticos y de contenidos parecidos a los que abundan en el género del reportaje en televisión. Callejeros Viajeros, Andaluces (y sus gemelos) por el Mundo, Capitán Q, Vivan Los Bares han conseguido contar historias desde distintos puntos de vista y desde distintos puntos del mundo. Sin embargo, ¿acaso los video-reportajes de Yellow Mellow, Rush Smith, Luzu y MolaViajar no funcionan de la misma manera?

Tanto los planos elegidos, como el montaje y hasta el guión (a veces, escrito previamente, a veces, improvisado sobre la marcha) recuerdan a formatos que podemos ver en la pequeña pantalla y que nos atrapan en nuestro sofá, por ejemplo, durante las franjas del domingo por la tarde o los sábados al mediodía. Si le damos un par de vueltas, ¿por qué no podríamos trasladar los contenidos de YouTube a la televisión? ¿Qué es lo que falta para que la mudanza (al menos, la duplicidad) funcionase?

La fusión, todavía prematura

A pesar de todos los elementos clave que podrían cuajar en un medio como la televisión, es demasiado pronto para sacar los vídeos de su plataforma original para distribuirlos a través de otros canales. Ha habido amagos fallidos como el de TriboTV, que más que tener intención de dar difusión a creadores procedentes de portales distintos resultó ser un supuesto timo; o como el de Fiesta Suprema, un programa de La 2 donde tres YouTubers de la talla de Loulogio, Bolli (TodoElMonteEsOrgasmo) y Roc (Outconsumer) hacían sus cositas más o menos graciosas, pero que no llegó a convencer a la audiencia de la televisión tradicional. Sin embargo, la plataforma de distribución de vídeo más famosa del mundo ha sido la culpable de que muchos talentos de ventana catódica hayan encontrado un hueco en el mercado de la ficción y el humor nacional.

Quizá por los métodos, el tono del discurso o la audiencia, todavía difusa en cuanto a consumidores de vlogs y de este tipo de contenidos, no terminara de funcionar en un medio distinto al original de gestación. La cultura de YouTube se contagia de formar viral y constituye en la actualidad una generación, la llamada Generación C, caracterizada por la interconectividad, la creación de tendencias y la caída del consumo de televisión (¿casualidad?) entre otros aspectos. ¿Qué es lo que falta para dar el salto? Desde mi punto de vista, igual que es imposible trasladar los contenidos de la prensa a la radio o los de la radio a la televisión, YouTube (y todo lo que engloba a su universo) posee elementos tan definitorios que constituye un medio en sí mismo, por lo que me parece imposible (al menos, ahora) que ocupe un espacio en la pequeña pantalla. Sin embargo, al igual que la televisión se nutre de la radio, de la prensa tradicional y, más que nunca, de los contenidos generados en la red, YouTube se alimenta inevitablemente de la tele. Y viceversa.

IMAGEN: del Instagram de Yellow Mellow, Rush Smith y Luzu.

#GHVIPEsBasura, QQCCMH y el rechazo hacia el reality

Tras la polémica suscitada en redes sociales, de la que surgió el hashtag #GHVIPEsBasura, me pregunté si el programa que hace caja en Telecinco gracias a haber congregado a las figuras más casposas de la televisión de sobremesa y del papel couché, es tan horrible como lo pintan en los medios de información televisiva que suelo consultar. Por nuestras pequeñas pantallas han pasado realities de todo tipo: de famosos y de anónimos, de jaulas de pladur y de islas desiertas, de territorios conocidos y de lugares por descubrir… Sin embargo, tan solo hemos podido disfrutar de un pequeñísimo porcentaje de todo lo que se produce y emite en las televisiones de todo el globo: tan malo y tan bueno como lo poco que creamos y que llega a nosotros. Por tanto, resulta complicado juzgar un formato tan amplio como el reality habiendo visto tan poco contenido.

¿#GHVIPEsBasura?

Con Gran Hermano VIP he sufrido una de las mayores decepciones de la temporada, a pesar de que no hayamos terminado ni el primer mes del año. Tras una decimoquinta edición más que floja de mi reality favorito (por ser el primero y por ser el germen de todos los que han nacido después de éste), quería convencerme a mí misma de que la entrega de los famosos vendría cargada no solo de la morralla que la cadena quiere meternos a toda costa en todos sus programas (la cual estaba dispuesta a aguantar, una vez más), sino que descubriríamos potencial de televisión más allá del espectáculo típico de “Telecirco”. Nada más lejos de la realidad, pues hemos tenido que conformarnos con la entrada triunfal de Coman (Adán y Eva), con los dramas de Víctor Sandoval y su continua regresión a los fantasmas de Miami, con los gritos de Belén Esteban y las peinetas hacia la ex concejala del PSOE Olvido Hormigos. Por supuesto, tampoco podía faltar la presencia de algunos tronistas y viceversos, grupo que más que relacionado con un programa de la televisión ya parece casi una tribu urbana. En total, una fauna digna de ser vista… ¿O preferís ahorraros la sorpresa/perturbación? Yo ya estoy algo saturada.

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Belén Esteban, o como la llaman en Twitter, #LaBrujaDelPueblo. Fuente: Telecinco.

A pesar de que pensemos o no que Gran Hermano VIP es una basura y que este youtuber estuvo más o menos acertado en su afirmación (lo que sí consiguió fue una publicidad gratuita inmensa, juzguen ustedes si fue más una táctica comercial que la espontaneidad del mismo o la necesidad de expresar lo que “sentía”), el mundo de los realities no acaba ni empieza en la edición de los famosos, ni siquiera comparte los pilares básicos del formato si lo comparamos con los docu-realities o los docurreporjates. Quizá #GHVIPEsBasura (sea, más bien) según el cristal con que se mire y cómo de en serio nos tomemos el programa, pero no podemos trasladarlo a todos los demás espacios en los que la “realidad” sea el elemento vertebrador.

Lo mágico del docu-reality: contar una historia a través de la “realidad”

La televisión es un medio que nunca deja de sorprenderme. Cuando pensé escribir sobre los realities decidí que no podía volver a repetir lo mismo de siempre: el guión-sin guión, la importancia del casting y la creación de las tramas. Conociendo estos conceptos, me gustaría adentrarme en lo que se aleja de lo formal y centrarme en aquello que llama la atención del espectador en su máxima potencia: la naturalidad del que “juega” y los acontecimientos que son tratados en los formatos. Es aquí donde entra en escena el docu-reality, un género nacido a partir del primitivo reality y que ha ido evolucionando debido a las necesidades del público y de la transformación de la televisión.

Dentro del amplio universo del docu-reality (si este es amplio, imaginaos la inmensidad de su formato padre, el del reality) distingo los siguientes subgéneros (según mi percepción, por supuesto):

  • La  factual television: basada, literalmente, en hechos reales. Aquella que muestra eventos reales de gente real. Dentro de este grupo encontramos programas como el mítico Cops, One Born Every Minute Embarrasing Bodies. En España, podemos encuadrar dentro de esta clasificación a Policías en Acción y a U-24 Urgencias.
  • La de situaciones provocadas: en los que encontramos los formatos que, tras una documentación previa, se desencadena de forma intencionada un conflicto o un reto. Bajo esta subcategoría encontramos los programas como I Used to Be Fat, Perdidos en la Tribu, Adán y Eva, el mítico Confianza Ciega o el polémico El Método Osmín.
  • El híbrido del docu-reportaje con el reality: aquellos programas en los que se muestra una realidad de la mano de un “actor” que participa de los acontecimientos y, por tanto, los narra a la vez que los documenta para la audiencia. Dentro de esta definición encontramos espacios como Wild Frank, 21 Días o el recién estrenado En Tierra Hostil.
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Frank Cuesta narra y documenta su realidad para mostrársela a la audiencia de una forma jamás vista. Fuente: Formula TV.

El término reality lleva implícito el concepto de realidad, en este caso, de telerealidad. Según la RAE, la realidad se refiere tanto a la “existencia real y efectiva de algo”, a la “verdad, lo que ocurre verdaderamente” como a “lo que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio“. Esta última explicación me llama la atención de forma especial, ya que resulta complicado poner en la balanza qué es lo verdaderamente efectivo o práctico, sobre todo si lo medimos con los ojos de la televisión o del espectáculo. ¿Qué es efectivo en la pequeña pantalla (en general) y en el mundo del reality (en particular)? Bajo mi percepción, tanto las buenas historias como los golpes de efecto, es decir, que la audiencia se “enganche” y que no decaigan sus picos de sorpresa y empatía. Esto es tan complicado como diseñar la serie o la película perfecta, ya que hay que calcular el guión al milímetro. Sin embargo, en la actualidad estamos experimentando un gran crecimiento del género y cada temporada encontramos un producto que nos conquista. A mí, pese a que se trate de un formato con años de recorrido, me fascina Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo y todo el universo creado alrededor de esta maravilla.

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La maravillosa Mª Carmen, ante la avergonzada mirada de su hijo, Fran.

La factoría de Eyeworks Cuatro Cabezas supo dar con la tecla cuando en 2012 creyó que QQCCMH encajaba en la parrilla nacional, cuando revolucionó el concepto de ver la televisión convirtiéndolo en un fenómeno social y cuando pusieron todo su empeño en los métodos: en un casting espectacular para cada ocasión, en una edición de los vídeos que sorprende hasta al espectador más espabilado y con una dirección y unos guionistas que merecen todos los honores. ¿El truco? Contar un cuento de elementos sencillos, enredándolos y con un toque de humor absurdo. De nuevo, la realidad es el elemento crucial en esta historia porque, aunque nos estén enseñando un “teatrillo” conformado por figurantes desempeñando distintos roles; no dejan de ser ciertas todas las jugadas que visualizamos en este formato: los engaños, los juegos, los secretos y los momentos mas vergonzosos. Simplemente, magnífico.

IMAGEN: Cuatro (promocional).

Las series que están por venir: nuevos escenarios, nuevas historias

Con el comienzo del año 2015 llegan a nuestros oídos (y, sobre todo, a nuestras pantallas a través de las redes sociales) noticias de cómo serán los próximos productos de televisión que se avecinan de cara a la nueva temporada. Tras la decepción que sufrimos con Alatriste, relegada al late night tras su fracaso, queda pensar que todo lo que está por venir será mucho mejor que la ficción que Telecinco estrenaba tras una larga espera. Pero, ¿cómo podemos identificar que el panorama comienza a cambiar? ¿Cuáles son las señales que nos indica que algo se remueve en los entresijos de las series “made in Spain” ?

Del cine a las series

Muchos profesionales de la gran industria cinematográfica ha comprobado que el mercado de las series es también digno de estudio y de atención. No solo los directores y actores extranjeros como Woody Allen, Kevin Spacey, Jeff Daniels, Matthew McConaughey, Martin Scorsese o J.J. Abrams; sino que el escenario nacional también se suma a la fiebre de la pequeña pantalla. Juan Antonio Bayona, español contagiado de Hollywood, probó suerte con Penny Dreadful, aunque la rodó a modo de película y no como la serie que es. Si en los 90 ocurría que los directores de la pequeña pantalla se mudaban al cine, ahora ocurre lo contrario: se lanzan a la creación de nuevos contenidos para televisión de la mano de grandes plataformas de difusión. Con esto me refiero a un caso particular que me ha sorprendido de una forma muy grata por el cual no puedo dejar de preguntarme cómo resultará el producto final. Alberto Rodríguez, director de 7 Vírgenes, Grupo 7 y La Isla Mínima, será el encargado de rodar la primera producción de Movistar Series que seguro no dejará indiferente a nadie. Ambientada en la Sevilla del siglo XVI asolada por la peste bubónica, estoy convencida de que las artes de Rodríguez y el grandísimo equipo que respalda el proyecto lo tratarán como un niño recién nacido y lo alimentarán para que se convierta en un producto de referencia. ¿Estaremos haciéndonos demasiadas ilusiones? ¿Quedará anclada por ser otra serie de época más? A pesar de que en ocasiones, los escenarios se repitan, quiero creer que todavía queda mucho que contar.

Refugiados y el hype por la novedad

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Natalia Tena, una de las protagonistas de la nueva ficción de LaSexta. Fuente: El Economista.

Las típicas historias que solían abundar en la televisión española parecen deshacerse a medida que el río de la calidad se llena de agua nueva y fresca. Lejos quedan las locas mesas de desayunos de Globomedia y sus familias perfectas-no tan perfectas (aunque se han intentado reanimar, sin éxito), así como las tramas de adolescentes que ya no interesan ni a esta franja en particular. Aunque se siga practicado el product placement hasta en las secuencias más insólitas y los jóvenes tengan más o menos relevancia en las historias de la actualidad, ahora se tratan distintas problemáticas: nos preocupa el porvenir más allá del área doméstica, pensamos en ciencia ficción e incluso llegamos a preguntarnos qué ocurriría si ocurriera un desastre a nivel mundial. Cuestiones que se plantean en ficciones como The Leftovers, Lost o Under the Dome han conquistado a los creativos patrios. ¿Por qué no llevarlas a las pantallas de los españoles, que poco conocen de los mundos distópicos a través de este medio? ¿Qué ocurriría si creamos una serie que englobe elementos de thriller, estética y tramas nunca vistas? Por lo pronto, a la crítica le gusta esta idea.

The Refugees nace de Bambú (Gran Hotel, Velvet) y la mismísima BBC, quien la coproduce junto con Atresmedia. Tan solo por su padrino británico ya alimenta el hype que se está produciendo alrededor de su llegada a la televisión. El guión, la clave que cautivó a la emblemática cadena, promete ser el elemento que la distinga de todas las demás ficciones que hemos visto en nuestras pantallas. Refugiados, como se llamará en España, es una serie para una audiencia activa, es decir, que disfrute comiéndose el coco y dándole vueltas a la cabeza. El público acostumbrado a ver exclusivamente a televisión convencional en nuestro país quizá no comprenda el sentido de esta nueva ficción y, quizá por ello me parece una de las apuestas más atrevidas de laSexta. ¿Confía en que la audiencia consumidora de productos extranjeros se enganche? ¿O pretende cambiar, poco a poco, la visión de los espectadores más pasivos? Estoy deseando que empiece.

Rabia y la llegada del high concept a España

Parte del elenco de Rabia. Fuente: Perdidos en la Tele

Desde que el espectador de productos televisivos nacionales tuvo acceso a ficciones que traspasaban las barreras geográficas e incluso culturales, las comparaciones han sido odiosas. Nada tiene que ver The X-Files con El Inquilino ni la adaptación española de Cheers, protagonizada por Antonio Resines, con su original. Sin embargo, resulta muy complicado no caer en la exigencia, en pedirle al producto español parecerse un poco a lo que acostumbramos a ver en la televisión extranjera que tanto nos cautiva. Aunque no despreciamos lo que se crea en nuestro escenario, tenemos la espinita del quiero y no puedo. ¿Y si esta percepción estuviera cambiando poco a poco?

2014 resultó un año revolucionario para la ficción española y salieron a la luz títulos que soprendieron a gran parte del público. Sin embargo, así como Pérez-Reverte se lamentaba de que Telencinco no era la HBO y, por ello (entre otras razones), Alatriste había resultado semejante bodrio; la parte restante de los espectadores siguen con la venda del “producto nacional y, por ende, mal producto” y no se desprende del prejuicio de lo español. Quiero pensar que 2015 será el año del cambio de mentalidad, de la apertura de miras y de la recepción de ficciones que conquiste al público rezagado. Por lo pronto, los creativos han comenzado a dar el salto y se está apostando no solo por historias distintas, sino por tendencias que en el extranjero ya ha generado éxitos. De nuevo, imitamos lo que se hace más allá de nuestras fronteras, por supuesto, aportando un toque de lo mejor de lo nuestro (espero, no voy a adelantarme a los acontecimientos). Isla Audiovisual y Mediaset han preparado un escenario fuera de lo común y un problema global para contextualizar su nueva serie. Rabia, a la que quieren bautizarla como la madre del high concept en España, promete aterrizar con aires nuevos a la televisión y convence en su presentación al espectador hastiado de los contenidos pasados de vuelta. Su reparto, más que correcto; su equipo, con grandes ideas y metas a corto y largo plazo. Solo espero que no sea un espejismo más.

¿Qué es lo que nos falta para dar el salto?

A pesar de las buenas intenciones, los proyectos no pueden llevarse a la realidad si no hay un señor (o un grupo de enchaquetados sentados alrededor de una mesa cara) que dé el visto bueno. Es conocido que ficciones sin pies ni cabeza han salido adelante por un puro sentido comercial, más bien, por una mala intuición comercial (por mucho que les moleste a algunos, dos tetas no tiran más que dos carretas a estas alturas de la televisión, o de según qué televisión). Quiero creer que estamos en otro punto, en el que la televisión como elemento formador de la cultura es cada vez más evidente. ¿Convencerán estas ficciones a la audiencia? ¿Debatiremos sobre las teorías que encierren las series españolas? ¿Asistiremos a la creación de un referente? Ojalá 2015 nos deje satisfechos.

IMAGEN: Canal Sur.

Alatriste: no nos merecemos esta televisión

Hace cosa de un año que escribí un post reivindicando la calidad en las creaciones españolas en cuanto a la ficción televisiva se refiere. Anoche presenciamos un espectáculo ridículo con el estreno de Alatriste, por otra parte, serie condenada a muerte desde que se conocieron las primeras noticias de los problemas con la producción y, más aun, tras ver las promos que tanto bombo daba Telecinco y que tanto nos chirriaba a muchos. Como Dreamland (parece que los pasos están marcados para la inevitable tragedia), un proyecto ilusionante se ha quedado en tan solo un mal amago. ¿Qué es lo que ha fallado en la ficción para que el fracaso resulte tan evidente?

No siempre hemos fracasado en las adaptaciones

Que la tendencia actual sea la del hastío, la del tópico y la de lo contrario a la sorpresa no significa que llevemos toda la vida haciendo las cosas mal. La televisión pública puede presumir de contar con repertorio de adaptaciones que ha llevado a la pequeña pantalla con maestría, buen gusto y sentido del medio absoluto. Nombres como La Plaza del Diamante o Fortunata y Jacinta son muestra de que cualquier tiempo pasado fue mejor si hablamos de coger una novela, desmenuzarla y transformarla en un guión y posterior producto de televisión. Ojo, no juzgo ni que la serie sea mejor que la obra original ni lo contrario, sino la calidad de la adaptación.

En el caso de Alatriste, el desencadenante de este post, las comparaciones son odiosas. Si Pérez-Reverte conquista a su público lector a través de sus historias y de su conocimiento de los hechos (no puedo juzgar esto porque no he leído su obra, al igual que me es imposible criticar una serie que no he visto), en la serie todo parece de lo más caótico, improvisado y cutre. En la noche de su estreno todo parecía más propio de un teatro de colegio (de los más caros, por supuesto) que de una super producción como la que nos quisieron vender. Resulta obsceno que, a pesar del enorme presupuesto y de la infinidad de medios con los que contaban, no fueran capaces ni de caer en la cuenta de que una prostituta recitaba versos de Quevedo que le faltaban veinticinco años para ser escritos.

Nos gusta la cercanía. La necesitamos

Uno de los grandes secretos del éxito de las ficciones (no solo en televisión, sino en cualquier plataforma) es el de la identificación del público con los personajes y las situaciones que observa más allá de su propia realidad. Que Alatriste esté basada en el siglo XVII no implica que sea imposible empatizar con los comportamientos de los protagonistas y secundarios que conforman la serie. De hecho, hemos comprobado que el espectador puede llegar a identificarse incluso con ficciones de corte fantástico, donde a primera vista es poco probable que encontremos elementos de referencia. Es el caso de Game of Thrones y el boom surgido no solo a raíz del éxito de la serie producida por la HBO, sino por la fiebre lectora acrecentada desde el estreno de la ficción. Los devoradores de los libros y fieles seguidores de la adaptación en la pequeña pantalla la han elegido no solo por su cuidada estética o por el interés que suscitan las diversas tramas, sino porque es inevitable elegir a un “favorito” entre los protagonistas de la ficción.

Quizá sea demasiado pronto para sentirnos identificados con alguno de los personajes de Alatriste (dibujar el universo de una ficción en un solo capítulo está al alcance de muy pocos creadores), pero ni siquiera hemos sido capaces de reconocer las subtramas, las metas ocultas, lo justifique el porqué de las acciones de estas marionetas. Anoche tan solo vi intentos de miradas profundas, acompañados por una banda sonora inadecuada.

¿La tele que nos merecemos?

Me da mucha pena leer constantes tweets y comentarios en las revistas de información televisiva de espectadores resignados con la televisión que “nos ha tocado” tener. Pese a que Pérez-Reverte se lamentara de que Telecinco no fuera la HBO y de que España sea España, opino que ni una cadena generalista debe imitar los contenidos de un canal de pago (puesto que no poseen la misma función) ni el público de ésta debe permitir semejante desfile de morraja. Somos espectadores (algunos más activos, otros más pasivos) de todo lo malo que “nos merecemos”. Estoy cansada de que algunos títulos sean un “sí o sí” en la programación y de que se alegren al ver un número de dos cifras en las audiencias de la mañana siguiente como si de  un triunfo se tratara.

Navidad televisiva: qué nos gusta ver y qué no durante las fiestas

Como cada año, la programación se cubre de un halo navideño que inunda la parrilla de películas americanas sobre las aventuras de unos niños y sus padres con los espíritus típicos de la época, de especiales musicales que nos transportan a tiempos casi remotos, de caras conocidas y algo rancias presentando programas tan tópicos como los discursos de todas las fiestas y, sobre todo, de buenos deseos lanzados a través de todas las plataformas posibles (más aun cuando la tele no solo se ve en el salón de la vivienda, sino en el ordenador y el el teléfono móvil, ¡bienvenido a la era digital! Bienvenido a la publicidad incesante, estés donde estés). Como cada año, la Navidad llega a la televisión cargada de anuncios de juguetes, perfumes, turrones y de programación temática.

La Navidad: época ideal para quemar un buen producto

Pese a que el discurso del nuevo rey quizá sea lo más esperado por algunos telespectadores que no se pierden ningún 24 de diciembre el VTR del monarca en su oficina (¿cambiará de localización este año? ¿Estará acompañado? Veremos), a mí me entretiene más la nostalgia que los mensajes institucionales. Por ello, y a pesar de que todos los años se repitan los métodos, los momentos y hasta las coberturas de los reporteros en los distintos magazines matinales, me gusta ver el Sorteo de Lotería de Navidad porque, inevitablemente, me contagio de la euforia de la gente. Sin embargo, no empatizo con el teatrillo que nos ofrecen los especiales navideños de corte musical: ni con la gala de Raphael, que más que un imprescindible me parece un incesario en la televisión; ni con los especiales de supuesto humor que cada año son un poco peores que el anterior.

Miedo me da que con el 2015 regrese el mítico dúo Cruz y Raya, que tantas risas provocaban en mi casa allá por los 90 y que, estoy segura, se habrán quedado más que anticuados. Ni hablemos ya de que en Telecinco darán las campanadas los de Chiringuito de Pepe… A veces me pregunto hasta cuándo son capaces de quemar un producto que funcionaba para convertirlo, una vez más, en basura insignia de la cadena. Por supuesto, las Navidades son la época perfecta para que esto ocurra. TVE no se queda atrás con su especial de Masterchef, aunque todavía no me atrevo a predecir si será un nuevo batacazo o un éxito por los pelos.

Chiringuito de Pepe

No entiendo cómo este esperpento puede dar las campanadas en Telecinco… De qué me voy a extrañar, si hace nada las daba la Pantoja y su pequeño del alma.

Pero, a pesar del mal hacer de las televisiones y su gusto por meternos a cucharadas forzadas contenidos que no digerimos ni este año ni el que viene, hay cosas que no pasan de moda. Quizá porque siempre han estado ahí o, quizá, porque se han convertido en parte de nuestra vida y nos acompañan en rituales que repetimos año tras año. Recuerdo lo que me gusta ver el final del Concierto de Año Nuevo de Viena y contagiarme del entusiasmo del público, así como los saltos de esquí de Garmisch. Y vosotros, ¿qué veis durante la mañana del día 1 que no podéis dejar pasar año tras año?

 

TVE y la regresión temporal: la enfermedad degenerativa de la pública

Mientras que Televisión Española debería posicionarse como la cadena de referencia de información, contenidos culturales y formación mediante esta maravillosa plataforma que es la televisión, sigue inmersa en una espiral caótica de la que no es capaz de salir o, más bien, se encuentra demasiado cómoda en ella. Hacer buena tele es mucho más difícil que hacerla mediocre, y el mejor ejemplo de ello es que los penosos resultados de Sábado Sensacional en verano no han servido para abrir los ojos de quienes se han empeñado en hacer Telepasión para estas Navidades. Tras siete años sin emitirse, ya que creíamos que la televisión pública había evolucionado y los espectadores nos encontrábamos en otro estadio de recepción de contenidos, José Luis Moreno regresa cargado con sus peores armas: sus clichés de género y parejas, sus guiones vacíos y llenos de bromas repetitivas, más que rancias dignas de los peores cuñaos… Y con Carlos Lozano para Reyes.

Navidad TVE

Ana Obregón y Ramón García, ¿la pareja de moda televisiva? Hace unos diez años, quizá…

La tele autonómica: el caso del villancico en Canal Sur

A pesar de toda la morralla que encontramos en nuestras pantallas durante esta época, me gusta la Navidad en televisión. Me gustan las pelis americanas malas de nieve, luces y regalos, me gustan las cortinillas y promos navideñas y me gustan los especiales de Nochevieja de recortes musicales de hace veinte, treinta y cuarenta años. Me gusta que las televisiones se impliquen en esta época y me gusta cómo lo hace la televisión autonómica de Andalucía. En 2013, para la promoción de esta bonita iniciativa en la que animaban a los niños de los colegios e instituto de la comunidad a cantar el villancico ya institucional de la cadena (que hasta se han servido de ella en una chirigota), los presentadores del informativo de la autonómica se lanzaban cantar la famosa canción para la promoción.

Estas son las cosas que me enternecen de la televisión en Navidad, más que Ramones Garcías ni Anitas Obregones de turno, más que sorteos benéficos (que no faltan en esta época) y más que sorteos homenajes. Me gusta la Navidad y me gusta la tele, aunque estén ambas bastante complicadas.

IMÁGENES: Cadena SER

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Tema de Anders Norén.