Aquellos que digan que un reality no tiene trabajo de guion porque, aunque sea cierto que los concursantes no actúan bajo las directrices de un texto memorizado, están muy equivocados. Sin embargo, no significa que el programa no siga con unas directrices de tramas y estructuras básicas. Gran Hermano funciona al revés que casi todos los demás espacios que vemos en televisión (desde formatos de géneros distintos como los magacines o, incluso los informativos; hasta las series): el guión no lo “elaboran” los guionistas, sino que son los propios participantes quienes marcan las pautas que se seguirán a lo largo de todo el concurso.

Dónde comienzan las tramas

La convivencia es el escenario ideal para desencadenar historias: las filias, las fobias, los romances y la lucha de egos son los “conflictos” más recurrentes en los realities. De hecho, existen formatos específicos que enfocan sus energías en crear historias derivadas de una de estas variantes (por ejemplo, Un Príncipe Para... se centra en la aventura del romance y la atracción física, por ejemplo). Los acontecimientos de la vida diaria se convierten en tramas susceptibles de ser desarrolladas, siempre y cuando se den las circunstancias idóneas para ello (que los participantes estén receptivos, que el ambiente del reality sea tenso o distendido, etc). Sin embargo, no podemos olvidar que el escenario donde se ejecutan las tramas no es el mundo real aunque las experiencias vividas sean reales. Aquí es donde entra en juego la estrategia, que gracias al paso del tiempo, a la evolución de los formatos y al conocimiento que los “actores” del reality poseen del propio concurso, se ha convertido en otro punto tramático fuerte. Si no, que se lo digan a Pepe Herrero. No sé si ganó su edición de Gran Hermano por jugar con una buena estrategia o por mantener enganchada a la audiencia a esa misma estrategia… ¡Pero ganó!

No podemos olvidarnos de las tan mencionadas historias de “carpeta”. Para quien todavía no esté a la última en cuanto a términos de Gran Hermano se refiere, carpeteras son aquellas (y aquellos) que defienden a capa y espada a las parejas que se crean a partir de estas tramas. Estos grupos de apoyo poseen un poder inmenso dentro del concurso porque son los que se gastan el dinero en y proteger a sus protegidos y, por tanto, están muy protegidas por el propio reality. Es por ello que, cuando existe el mínimo indicio de “amor carpeteril”, se mueven todos los hilos posibles para que la historia salga a flote. No quiero decir que el programa manipule las situaciones, jamás me atrevería a decir que Gran Hermano está guionizado, en el mal sentido de la palabra, puesto que ya nos ha demostrado de sobra que los concursantes pueden actuar de la manera más espontanea posible en el momento más inoportuno. Que se lo digan a Indhira, protagonista de una de las historias de carpeta más intensas de toda la historia del reality, la cual fue expulsada por un comportamiento violento. Pasen y vean una de las mayores broncas de Gran Hermano, con vaso de agua incluido.

Personajes: perfiles y roles

Como en todas las historias narradas y necesarias de un trabajo de guion, los personajes son una parte fundamental del total. Sin ellos, los realities no tendrían sentido. No quiero decir que sea imposible hacer un reality sin participantes, sino que el estudio de la personalidad de los participantes y un buen casting son elementos imprescindibles en una edición cañera de Gran Hermano, donde se consigue marcar la diferencia con respecto a años anteriores. Gilda Santana explica de forma magistral en su libro Diez años en Gran Hermano: Diario de una guionista cómo se configuran los personajes y se encuadran en perfiles, los cuales evolucionan con el paso de los días en la casa de Guadalix de la Sierra. Si cuando creamos personajes para un texto de ficción debemos calcular cómo se desenvolverán los personajes, en el reality también debemos estudiarlo para estar prevenidos. Si en una casa conviven dos líderes y diez débiles, seguro que habrá una lucha de egos; si, por lo contrario, hay cinco líderes y siete débiles, se crearán grupos de presión.

  • Victimas: si Paco, el primer expulsado de la 15ª edición de Gran Hermano, afirmaba que el concurso solo lo ganaban “los humildes” (teoría discutible cuanto menos), opino que este perfil es el que se lleva el premio gordo del reality o, si no, se queda cerca de conseguirlo. La víctima es aquel que ha sufrido, por desamor o por el rechazo de sus compañeros, y que empatiza con la audiencia por esto mismo. A Sabrina (GH2), Iván Madrazo (GH10), Laura Campos (GH12), Patricia Ledesma (GH3), Ania (GH1) e incluso Pepe Herrero (GH7) podemos encuadrarlos dentro de este perfil.
  • Débiles: para mí, débil no significa víctima. El débil es aquel que no puede considerarse fuerte o por su manera de actuar (son demasiado impulsivos, radicales de pensamiento, celosos, etc). Entre ellos encontramos a Nicky y a Bea “la legionaria” (GH6), a Shaima (GH15) y a Carlos Navarro “el yoyas” (GH2).
  • Líderes: a diferencia de los dos anteriores, el líder es aquel que “mueve los hilos” para que el grupo que tiene a su alrededor le guarde lealtad. Son personas frías (siempre hasta cierto punto), que no arriesgan demasiado y con el juego siempre en su cabeza. Pepe Flores (GH12+1) representa a la perfección el rol de líder. Sin embargo, Pepe Herrero (GH7) también cumple con este perfil, aunque también sea víctima (solo tenía un amigo dentro de la casa, su fiel compañero Dayron).
  • Graciosos, bufones, payasos: la tensión de la casa debe aligerarse de alguna manera. Los simpáticos por naturaleza también tienen su hueco en Gran Hermano y sirven para descargar los malos rollos de las ediciones más intensas.De una forma maravillosa, así lo hizo Daniel Santos (GH12+1) junto con Ariadna (en su rol de víctima), quienes protagonizaron momentos de carcajada y lágrima (Mercedes Milá llegó a caerse al suelo del plató de la risa en una ocasión).
  • Muebles: es imposible diseñar la edición perfecta y es inevitable que se cuele algún “mueble” en la casa de Gran Hermano. Por suerte, suelen ser expulsados por la audiencia en cuanto no se les ve el pelo. Somos así de malos, qué le vamos a hacer.