Vivir de la Tele

Creación, guión y mucha tele

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De agradecimientos y partos artístico-creativos: el proceso.

Siempre se me ha dado bien hablar en público. Desde el instituto (por suerte, comencé a presentar exposiciones con 16 años en 1º de Bachillerato) me ofrecía voluntaria para defender los trabajos en grupo de asignaturas como Historia de la Literatura Universal o Medios de Comunicación. Esta última, una optativa que ha desaparecido de la oferta educativa, fue la que me salvó la vida: descubrí el periodismo, la fotografía y el montaje de vídeo gracias a Macarena Astorga y me di cuenta de que no podía estudiar Turismo (lo que pretendía cuando entré en el Bachillerato, por aquello de los idiomas y que, viviendo en la Costa del Sol, era de lo poco que daba de comer… Y ahora, ni eso), sino que yo tenía algo dentro que debía sacar a base de capturar imágenes y escribir sin descanso.

Entré en Periodismo casi a trompicones, sin que me quedara más remedio que estudiar en un turno de tarde que me chupaba la energía a pesar de que sea un búho y prefiera trabajar cuando el sol ha caído. Cuando me cambié al turno matinal, me levantaba a las 5:30 de la mañana para coger un bus que me llevaba a la facultad desde mi ciudad. Fue una época bastante dura, aunque siempre he sabido ver el lado bueno de las cosas y disfrutaba pasando tiempo con mis amigas, a pesar de que algunas clases parecieran clones de otras que ya habíamos cursado (era muy normal estudiar el mismo temario en primero, segundo y tercero de carrera. No sé si con el Plan Bolonia habrá cambiado algo. Espero que sí). En 2º grabé un cortometraje (que jamás saldrá a la luz, ya sabéis, el odio que un autor puede tener hacia sus opera prima…) y me frustré como nunca en mi vida por haber obtenido una calificación mucho menor de la que merecía. Me di cuenta de que quienes no se apasionan con su profesión son incapaces de disfrutar con los trabajos de los apasionados. Y me dio tanta pena…

Cuántas horas he pasado encerrada en el sótano más productivo del mundo…/ Facultad de Ciencias de la Comunicación, Universidad de Málaga

Por suerte, era muy complicado que yo me sintiera perdida. Siempre tuve muy claro qué quería hacer (tanto en lo personal como en lo profesional) e hice todo lo posible por “meter la cabeza” en el mundillo que más me llamaba la atención: el de la pequeña pantalla que siempre se había visto en mi casa como algo más que un simple entretenimiento. Mi madre, la mujer más crítica que conozco, jamás me ha dado tregua por ser su hija y ha sido la que más me ha machacado para que hiciera las cosas bien. Desde que comencé a escribir sobre televisión en medios digitales pequeñitos me echaba abajo todos los artículos por ser flojos y carentes de sentido. Y tenía razón. Cuando no se está demasiado motivada ni por los de arriba y no existen unos cánones de exigencia (y cuando se es bastante cría y no se sabe nada de lo que una escribe, como era mi caso), es normal escribir mierda y más mierda.

Hasta el último curso de carrera no tuve una asignatura de televisión, y qué corta se me hizo. Gracias a Juan Francisco Gutiérrez Lozano (no tendré palabras para agradecerle todo lo que ha hecho por mí, aunque él no lo sepa) aprendí los entresijos técnicos de la caja no tan tonta que cada vez me llamaba con más fuerza. A base de gritos y algún berrinche de pura impotencia por que las cosas no salieran tal y como yo veía en mi cabeza, me crecí ante las pantallas del control y descubrí que quizá no se me diera tan mal aquello de dirigir a un equipo, proponer alternativas en situaciones problemáticas y, en definitiva, hacer tele. A pesar de hiciéramos una basura de trabajo, recuerdo Edición y producción de la información en televisión como las mejores horas de toda la licenciatura.

Recuerdos de la pecera: cuando vuelvo a ver el Informativo del Canal 4 (nuestro grupo de trabajo), puedo escuchar mis gritos en un momento de silencio en el plató. ¡SON COLAS! ¡SON COLAS! Solo los entendidos (y los neuróticos como yo) me comprenderán. / Facultad de Ciencias de la Comunicación, Universidad de Málaga

Antes de esto, en 3º de carrera, Pedro Farias Batlle nos preguntó a todos los alumnos de su clase para qué estábamos estudiando Periodismo. Yo, que estaba sentada en las últimas filas del aula, escuché con atención las respuestas de todos mis compañeros y llegué a frustrarme por no sentirme identificada con aquello que decían: muchos querían ser reporteros de guerra, enviados especiales, periodistas deportivos… Nada me llamaba la atención, nada me apasionaba. Cuando llegó mi turno, temblorosa (cosa que nunca me ocurría) dije: “Me llamo Ana Magdalena Quijano y estudio Periodismo porque, para escribir ficción, primero debo aprender a escribir sobre la realidad“… ¿Qué me acababa de ocurrir? Algo estaba cambiando. Sabía que quería hacer tele pero acababa de darme cuenta de qué tele quería escribir. Desde el primer curso me había convertido en seriéfila (todavía de pacotilla) y me había tragado Lost en plena época de exámenes de junio cuando todavía existía Megavideo (estudiaba durante los 72 minutos de espera. Lo aprobé todo…). Después vino The Sopranos y descubrí la magia de las series dramáticas. ¿Acaso la pantalla de mi ordenador me estaba llamando? Cuando yo veía aquellos capítulos sentía que tenía que ser yo la que escribiera esos maravillosos diálogos. Después, me bajé de las nubes. Tenía que hacer algo para conseguir lo que anhelaba, aunque jamás llegara a ser showrunner de la HBO ni escribiera Breaking Bad.

Me matriculé en el Máster en Guión, Narrativa y Creatividad de la Universidad de Sevilla y me mudé a la ciudad que voy a echar muchísimo de menos cuando ya no esté aquí. Aprendí no solo de los profesores que han pasado por el sótano hispano-dominicano que teníamos casi en propiedad, sino que tantas horas conversando de nada y de todo me han servido muchísimo más que estudiar cualquier manual de cientos de páginas. Gracias a vosotros, compañeros, he descubierto la magia de las palabras y he conocido a gente realmente apasionada por lo que hace: por crear sensaciones y por escribir guiones que no solo sean correctos, sino que muevan algo en el interior de quienes los leen o los ven hecho obras. Gracias también a los profesores que nos transmitieron tantísimo entusiasmo en tan solo un par de clases y de los cuales aprendimos sobre personajes, tramas y de la vida en general. Gracias a mi tutora del Trabajo de Fin de Máster, Cristina Carreras Lario, por compartir pasión por la televisión conmigo y por su atención durante este periodo tan importante para mí.

No estoy acostumbrada a escribir posts tan personales, pero a veces está bien dar las gracias a todas las personas implicadas en este proceso. Gracias por este año de convivencia a ti, por leer mis borradores y por darle la vuelta a mi pensamiento cuando me bloqueo y soy incapaz de dar un paso. Por inspirarme, siempre. Y gracias también a ti porque, aunque estés lejos, estás más cerca que nunca.

El lunes expondré mi Trabajo de Fin de Máster en este salón. Me impone un poquito bastante… / Facultad de Comunicación, Universidad de Sevilla

Finalmente, el lunes a las 10 de la mañana defiendo mi Trabajo de Fin de Máster ante un tribunal. Todavía no sé muy bien qué diré, ni si me pondré tan nerviosa que me tiemblen las piernas o si, por lo contrario, si me sentiré como cuando expongo ante mis compañeros y no tenga más que un poco de corte que se me pasa a los dos minutos. Una vez más, me inunda la incertidumbre, el pan nuestro de cada día (de mi vida). Y, ¿de qué iba a vivir yo si no es de incertidumbre?

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Tema de Anders Norén.