De la idea al proyecto: ¿por dónde empezamos a crear?

Posted by in Creación, Guión

Cuando creé este blog pretendí que no fuera un proyecto más. Será que soy, como diría Mindy Lahiri, una “natural storyteller” y no puedo evitar tener miles y miles de ideas rondando por mi cabeza a lo largo del día. Algunas llegan a germinar. Otras, no. Me niego a que este blog sea una idea mal plantada, de hecho, escribo este post con un espíritu completamente renovado y lleno de energía positiva.

En las últimas semanas ha venido mucha gente interesante al máster. Cuando comenzábamos a sentir una rutina soporífera por culpa de las clases teóricas que no nos llevaban a ninguna parte, los profesores fueron muy oportunos al invitar a antiguos alumnos de la Facultad de Comunicación (Universidad de Sevilla) y a conocidos del oficio que tenemos en común. Por las aulas han pasado profesionales de la televisión y del cine, algunos con más fortuna que otros pero, en general, con pasión por lo que hacen. Esto nos ha servido, tanto a mí como a mis compañeros, para cargarnos las baterías y comenzar de cero. Ahora viene la parte más difícil, donde se juntan las prácticas en empresas y los comienzos de algo que comenzamos a vislumbrar a lo lejos (no tan lejos).

Los comienzos nunca fueron sencillos

El Trabajo de Fin de Máster queda mucho más cerca de lo que parece y todos tenemos miles de ideas. De nuevo, las benditas ideas, el germen de nuestros futuros proyectos y las culpables de que muchas noches no consigamos conciliar el sueño hasta las tantas. Siempre he sido persona de almacenar trastos y quienes han trabajado conmigo saben que soy una persona organizada dentro de una nube de desastre: en mi mente, mis ideas pueden ser de lo más caóticas pero hago todo lo posible para ordenarlas y ser capaz de entenderlas con mayor facilidad. A veces, la idea puede presentarse de forma confusa, no siempre llega a nuestra cabeza como una clara revelación y definirla resulta más trabajoso que escribir el guión en sí mismo.

Los invitados que hemos tenido el honor de recibir en las aulas de la Facultad de Comunicación nos han salvado el curso. En un momento de desconcierto total, cuando ni algunos profesores son capaces de guiarnos en nuestro proyecto, Paco Baños, Rafael Cobos y Alberto Rodríguez nos contagiaron del entusiasmo que, poco a poco, estábamos perdiendo a base de disgustos y decepciones.

Rafael Cobos (al fondo), guionista; y Alberto Rodríguez (al frente), director. Dan nombre a títulos como After y Grupo 7.

Paco Baños, director, guionista y script. Un máquina.

Alberto Rodríguez, director de títulos como 7 Vírgenes, Grupo 7 o La Isla Mínima, nos dio una charla un lunes. No imagino un mejor plan para comenzar la semana. Nos llenó la cabeza de inspiración, al menos a mí, y salí del aula con muchas ganas de hacer cosas, de ordenar ideas, de trabajar ideas. Estuvo mostrándonos algunos “recortes” que le ayudaron a crear sus obras a partir de pequeños detalles y nos recomendó que buscáramos una caja donde guardar todo aquello que nos sirviera de punto de partida para nuestros futuros proyectos. Y, desde que nos lo dijo, no he dejado de pensar en ello.

¿Cómo organizo mis ideas?

Suelo trabajar de forma desordenada, escribo en hojas arrugadas y mancho miles de folios siempre que pretendo crear un proyecto. Sin embargo, nunca había guardado nada hasta ahora. Mi papelera (física) siempre estaba llena y no conseguía escribir nada que no acabara hecho una bolita arrugada. Por ello, desde que comencé el máster y, supuestamente, era el momento de empiezar a escribir “de manera oficial”, no podía permitirme perder nada, aunque fuera pura mierda.

Descubrí Evernote gracias a una serie de posts interesantísimos de Tinta al Sol. Me sirvieron de guía hace cosa de tres años cuando comenzaba a tontear con la escritura seria, cuando me despertaba pensando en una novela que jamás llegué a escribir y me acostaba con la cabeza llena de historias que deseaba escribir y nunca encontraba la musa que me soplara las palabras exactas. Evernote es mi contenedor de ideas, mi cajón desastre y adonde acudo cada vez que se me ocurre algo. Aunque suelo llevar siempre encima alguna libreta y tengo el móvil lleno de notas, esta plataforma me resulta de lo más práctico porque puedo ordenar mi caos natural a través de etiquetas y carpetas de una forma sencilla y visual.

En Evernote guardo desde las primeras descripciones de los personajes hasta los mapas de tramas, ideas sueltas o recursos que puedan servirme en algún momento del proceso. Aquí cabe todo, como quien lo guarda en una carpeta “a lo analógico”, Evernote no tiene prácticamente límites. Yolanda González Mesa tiene en su blog Tinta Al Sol una serie de post interesantísimos sobre el uso de esta aplicación en el campo de la escritura donde explica todos sus usos y recovecos de una forma sencilla y entretenida.

Brújula en mano, sin perder “el norte” de nuestra idea

¿Hacia dónde queremos ir? ¿Qué queremos contar en realidad? Alberto Rodríguez nos repitió en más de una ocasión que lo más importante de nuestra historia es el norte, es decir, la dirección hacia donde va lo que escribiremos. La idea puede cambiar de forma e incluso de fondo, pero nunca podremos permitir que cambie de intención para que la historia cree el efecto que deseamos en su momento de gestación. ¿Cuál es el sentimiento de nuestro protagonista? ¿Cuál es su conflicto? La esencia o, como diría Ramón Navarrete Galiano (un estupendísimo profesor de la Universidad de Sevilla, cuyas clases os recomiendo desde aquí), el espíritu de nuestra idea no puede perderse jamás. Podemos contar la historia de mil maneras diferentes, a través de una novela o un documental, un cortometraje o una serie dramática, pero la idea siempre debe llevar la misma dirección.

¿Y cómo calibramos la brújula? Desde el primer día de clase nos recomiendan trabajar en equipo. A veces podemos ser muy nuestros, nos encariñamos con aquello que hemos ideado a base del sufrimiento placentero del creador, del escritor que llora mientras escribe o del guionista que trasnocha buscando el punto de giro perfecto. Pero, al contrario del encierro en solitario, es imprescindible aprender a trabajar en equipo y contrastar opiniones con los compañeros. Cuando nos encariñamos con nuestro trabajo es muy difícil sacarle todos los errores. Escribir junto a otras personas es necesario para que el guión sea caleidoscópico a la vez que sencillo.

En la mayoría de los casos perdemos el norte cuando no sabemos dónde se encuentra. Debemos definir los puntos clave de nuestro relato antes de comenzar a trabajar: quién es nuestro protagonista, cuál es su conflicto, a quién o a qué deberá enfrentarse para resolverlo. Con estas preguntas resueltas nos ahorraremos solventar muchas dudas en el futuro, en el story line es donde está nuestro norte.

Entre papelotes y miles de ideas, seguimos creciendo

Sé que no soy la única que está experimentando esta sensación de entusiasmo general aunque la situación no sea la mejor del mundo. Todos mis compañeros tenemos ideas, proyectos más o menos factibles y muchas ganas de no parar de trabajar. Llevo un tiempo con el blog algo parado y no me gustaría que fuera una idea que se queda en el camino de los proyectos olvidados, no me da la gana. Por eso me he propuesto no abandonarlo más, cuidarlo y mimarlo. Gracias por seguir ahí.