Clara y Juan Manuel, de la primera edición de Masterchef España

Hace un mes que formo parte del estupendo equipo de Perdidos en la Tele, una página donde se habla de lo que más me gusta en el mundo, de televisión y todo lo relacionado con la caja no tan tonta. El día 11 de febrero cumplían su primer aniversario y escribí un post sobre los mejores y los peores estrenos del año de vida de esta plataforma. Hablé de Masterchef y Top Chef, incluso llegué a ponerme nostálgica recordando algunos de los momentos que destacaron del reality que Televisión Española adaptó con verdadera maestría. El programa está en marcha de nuevo y, como adelantaron mis compañeros en octubre del pasado año, ya están realizando los castings.

Está rico, ¿eh? Pepe el Bohío disfruta de cada cucharada como si fuera la última.

Si repasamos la parrilla de las últimas temporadas encontraremos un fenómeno novedoso en comparación con tiempos anteriores en la televisión. Hay muchos programas dedicados a la labor culinaria, algunos desde el enfoque documental pero, sobre todo, en formato de reality. Antes del boom que ha surgido de la cocina televisiva, Antena 3 tuvo un intento fallido con la emisión de Esta cocina es un infierno, producido por Zeppeling y presentado por Carolina Ferre en 2006. Quizá la audiencia española no estuviera preparada para darle la bienvenida a este tipo de programas y desconocía el funcionamiento del gastro reality.

¿Por qué ahora?

Como siempre, nos gusta imitar (adaptar) a los norteamericanos. Estos, siempre por delante de nosotros, comenzaron con la creación de formatos culinario-televisivos realmente innovadores para su época. La popular Julia Child presentó en 1963 The French chef y siguió trabajando en la pequeña pantalla hasta el año 2000 siendo un claro referente (si no conocéis su historia, os recomiendo que le echéis un ojo a la película Julie y Julia, protagonizada por Meryl Streep y Amy Adams). En España, no fue hasta 1984 cuando llegó un programa de cocina a la televisión: Con las manos en la masa llegó en 1984 a TVE de la mano de Elena Santonja y fue referente para el futuro gastronómico de la pequeña pantalla.

La cocina, aunque siempre ha estado presente en pequeños programas o secciones de magacines, ha regresado como tema recurrente de la televisión en un formato totalmente renovado. El talent show ha cambiado la definición que conocíamos anteriormente y que nos solía recordar a programas como Operación Triunfo, La VozTú Sí Que Vales o similares; y ha ampliado su concepto a áreas que resultaban impensable hace algunos años. Ahora, en continua renovación de escenarios televisivos y siempre en busca del formato perfecto, el reality se recicla y se tratan todos los espacios posibles: desde el coaching (Hermano Mayor, Supernanny, Generación Ni-Ni o Negocios al Límite entre otros títulos) a los demás realities que poco tienen que ver con el Gran Hermano original y germen de todos estos programas.

Los fogones dan muchísimo juego en televisión. Gracias a una realización ágil y a un equipo de titanes (tanto delante como detrás de las cámaras), los realities culinarios han sido el mayor acierto de la parrilla en el último año. Sin embargo, como la gallina de los huevos de oro, podemos llegar a la saturación a base del desgaste y de cansar al espectador poniéndole siempre lo mismo en la tele. Desde la adaptación de Masterchef en Televisión Española, pasamos por Top Chef en Antena 3 y perdimos la cuenta de los gastro realities que se han hecho a partir del éxito del primero. Cuatro se atrevió con Deja sitio para el postre y cadenas autonómicas como Canal Sur (Andalucía) han destacado la importancia de la tapa en el escenario de la cocina. Por supuesto, todos los programas siguen el mismo esquema: una selección de los participantes, el juego de un jurado que mantiene o se deshace de estos concursantes y, cómo no, juegos sentimentales propios de los realities (tensión, competencia, compañerismo y lucha constante).

Canal Sur, televisión autonómica de Andalucía, está dando pasos de gigante en cuanto a la creación de realities, aportándoles un carisma muy propio de la tierra.

¿El secreto? Chefs mediáticos, animales televisivos

Alberto Chicote, uno de los mayores descubrimiento de La Sexta en los últimos años de televisión. Rígido, irónico pero entrañable.

En España no estamos acostumbrados a los programas sin conductores. Necesitamos un narrador que dirija la estructura, que indique a los concursantes qué hacer y qué no para que nosotros, sentados tranquilamente frente al televisor, entendamos todo sin necesidad de estrujarnos demasiado el cerebro. Algo que debemos aprender de los estadounidenses es a eliminar una figura (para mí) innecesaria y bastarnos con unas cuantas técnicas de realización para comprender cómo se organiza un programa. El mejor ejemplo de esto es el Masterchef de EE. UU., donde tan solo basta con la voz del chef Ramsey para estructurar cada capítulo. Lo intentamos con Top Chef y, gracias al animal (siempre en el buen sentido de la palabra) de Chicote, estuvimos a punto de conseguirlo con buenos resultados, aunque nos quedamos cortos.

La figura del jurado es esencial en este tipo de programas. El fenómeno de “animal” televisivo en los talents shows comenzó en España con Risto Mejide, recordado por todos por momentos como “el efecto consolador” dirigido a Lorena (OT 2006, a quien tachó de ser “perfecta en la ejecución pero fría en el sentimiento”). Risto acababa con la moral de los concursantes y ponía los nervios de punta tanto de los profesores de la academia como del público. La audiencia alcanzaba los picos más altos cuando comenzaban las valoraciones del jurado y todos esperábamos la perlita de la noche cuando le tocaba hablar al productor y creativo publicitario.

Alberto Chicote ha sido el animal de la televisión de los fogones. Como Gordon Ramsey, ha sabido cómo ganarse a la audiencia a base de dar caña y poner firmes a todos los trabajadores de los restaurantes que visitaba, pasando de ser prácticamente un desconocido a convertirse en una de las caras más conocidas del panorama televisivo. A diferencia de Risto, Chicote siempre ha simpatizado con los espectadores desde el primer momento y es casi omnipresente en la pequeña pantalla (llego a protagonizar un sketch en la última gala de los Premios Goya y es continuamente imitado por Berto Romero en el late En El Aire que conduce junto a Andreu Buenafuente).

Conclusiones

Para saber si el formato de reality culinario sigue teniendo tirada debemos esperar al estreno de la próxima temporada de Masterchef y a su posterior repercusión en la parrilla. ¿Seguiremos encontrando formatos similares o se habrán reciclado los programas? ¿Qué más queda por explorar en el mundo de la cocina televisiva? ¿Volverán espacios parecidos a Esta cocina es un infierno con personajes conocidos frente a los fuegos? Personalmente, le he cogido cariño al gastro reality pero no puedo imaginar otros programas similares para seguir sacando provecho de los buenos resultados en las audiencias. ¿Se están acabando las posibilidades de hacer buenos realities? ¿Nos estamos aburriendo de ver siempre lo mismo? Desde aquí, hago un llamamiento a los guionistas, creativos y directivos encargados de la creación de realities: ¡reciclen! ¡Innoven! Pero no saturen. Tal y como estamos, estamos bien.