La Isla vs El Puente: ¿cuál es el programa más auténtico?

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Tengo la sensación de que hace años que no me dejo caer por aquí. Será que la televisión cada vez me desencanta más o que no encuentro el momento para sentarme frente al ordenador y ordenar (valga la redundancia) los pensamientos y sensaciones que me nacen cuando descubro los formatos más recientes. Será que la tele sigue siendo la misma, pese a que los programas cambien de nombres y de caras, y mi vida sí que está evolucionando; o será que no presto la atención que debería o, quizá, que necesita este medio para ser disfrutado.

Pocos títulos se han salvado de mi criba por falta de tiempo e ilusión: ni Las Campos, pese al universo en el que estaba encuadrado y en lo trocho (o churro) del argumento; ni lo último de El Ministerio del Tiempo (por falta de continuidad en el visionado, mea culpa) ni las últimas series dramáticas estrenadas por Telecinco y Antena 3 (Sé Quién Eres o La Casa de Papel) por cómo se han ido deshinchando a medida que las tramas avanzaban. Salvo por el reencuentro de Operación Triunfo, la última temporada emitida de Cuéntame Cómo Pasó, algún contenido que no necesita ser seguido semana tras semana como Streetviú, LocoMundo o los programas de Be Mad  o DKISS como Cuerpos Embarazosos o Chapuzas Estéticas (mi último guilty pleasure), no he seguido con demasiado interés ningún otro espacio. Aunque, tras la lista de títulos que os acabo de soltar, cualquiera diría que yo no veo la tele…

La Isla: mi último descubrimiento

Debido al hastío catódico que estoy experimentando, me llaman la atención aquellos formatos que apuestan por lo diferente en su planteamiento o en las técnicas utilizadas en la realización. La Isla se anunciaba como un programa de supervivencia como lo fue el primer Supervivientes, donde concursantes anónimos se encontraban en verdaderas condiciones de precariedad en una isla desierta. Del mismo modo, en La Isla se sobrevive incluso sin agua potable hasta hace algunas semanas, lo cual añade realismo al relato. Del realismo de lo que vemos al otro lado de la pantalla también son responsables los propios participantes, pues ellos son los propios operadores de cámara y sonidistas del equipo. En principio, no cabe posibilidad de que el contenido grabado esté segmentado y, según lo que veo tras el montaje, se respetan todas las visiones: aunque percibimos la división entre los grupos, ninguna voz está por encima de la otra.
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Juan, a punto de ser evacuado de la isla tras sufrir una picadura de un pez piedra. Fuente.

No ha faltado la polémica alrededor de la supervivencia, como suele ocurrir siempre que observamos comportamientos de otros individuos en la televisión. Es inevitable juzgar, aunque creo que en esta ocasión no se han tenido en cuenta los elementos que rodeaban a la ficción: al fin y al cabo, están simulando una situación extrema, donde cualquier animal o planta puede ser clave para las necesidades de alimentación y la recuperación de la energía. Además, desde mi punto de vista, la ejecución del caimán fue lo más respetuosa posible. De hecho, Fernando, vegetariano por convicción, no puso impedimento alguno a los comportamientos de sus compañeros, y no porque entre sus rasgos se destaque la timidez, pues no ha tenido problema en defender su punto de vista en todas las situaciones vividas en la isla. Me cuesta comprender el rechazo de muchos espectadores hacia el programa tras este acontecimiento, aunque sí comprendo sus razones: ver a un animal en una situación crítica es siempre desagradable. Sin embargo, La Isla trata de mostrar la realidad tal y como es, cruda y despiadada. Por ello, tampoco se censuró la sangre que caía del pie de Juan, médico de profesión, tras ser atacado por un pez piedra.

El Puente: otro programa desinflado

El nuevo formato de #0 prometía en sus promociones: un grupo de 15 personas trabajaría mano a mano en la construcción del puente que les llevaría a un cuantioso premio a través del río. Sin embargo, la premisa no es tan sencilla como se planteó en un primero momento para los concursantes: quien alcance la meta deberá decidir si se queda con el premio, o bien, si lo reparte entre sus compañeros. De este programa lo que más me interesaba era el casting: por al planteamiento, los participantes deberían tener unas actitudes tan inteligentes como empáticas, tan maduras como embaucadoras. Sin embargo me choca mucho que, tras cuatro programas, haya concursantes a los que todavía soy incapaz de ponerles nombre; mientras que otros parecen ser los únicos protagonistas del relato.

Los participantes de El Puente, frente a la hoguera. Fuente.

Me temo que se han pretendido destacar ciertos perfiles que, desde mi punto de vista, no aportan gran cosa a la razón de ser de El Puente. En teoría, el fin del concurso es construir el puente y conocer las estrategias que harán al vencedor (o vencedores). Será que la gran mayoría de participantes no me caen bien o que siento que se tienen más en cuenta actitudes que caen en gracia que el verdadero trabajo (que, al final, será lo único importante para llegar al destino), pero este programa no ha logrado convencerme.

¿Mi ganador? El más auténtico

La producción de Shine Iberia, adaptada del formato original The Island with Bear Grylls, ha logrado captar mi atención y mantenerme intrigada semana tras semana. La implicación de los concursantes, quizá debido a la participación desinteresada que propicia el formato (no hay un premio en metálico, sino que el premio es la satisfacción personal de haber conseguido superar los 30 días de supervivencia), a las historias sucedidas dentro del programa y a la cercanía que transmiten sin ir más allá de la isla. Algo que me choca de El Puente es todo lo contrario: es necesario que  nos cuenten sus vidas, que nos muestren sus demonios y que se justifiquen ante nosotros antes de su participación  en el concurso para que comprendamos sus reacciones y podamos sentirnos identificados con ellos, lo cual no siempre se consigue.