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NaNoWriMo 2014: comienza la cuenta atrás

Noviembre es, para mí, un mes imprescindible. No puedo faltar a la cita que llevo asistiendo desde el año pasado y que tantos buenos resultados me aportó desde el momento que decidí formar parte de esta locura. El NaNoWriMo quizá parezca un suicidio para los escribientes que jamás se hayan planteado la creación compulsiva, es decir, escribir, escribir y escribir sin apenas descanso. Para mí, es un verdadero placer.

¿Qué estoy tramando?

Me lo he planteado cientos de veces, pero jamás he logrado comenzar una “novela” y darla por concluída. En este caso, el NaNoWriMo me sirve para escribir un argumento sin rumbo, por así decirlo (el destino de las 50.000 palabras no lo decido hasta que lo tengo delante de mis narices. Por así decirlo, me elige a mí, no yo a él). En clase de escritura de guión del máster que hice en la Universidad de Sevilla nos dieron una serie de pasos para que la conclusión de nuestra obra fuera precisa y, sobre todo, tal y como la imaginábamos en su origen: desde la idea hasta el guión final, pasando por un storyline, un mapa de pulsos y un argumento “novelizado”. En este caso, el punto del producto que desarrollo es el más largo del proceso.
Hace mucho que asumí que no estaba hecha para rellenar las páginas de un libro, sino que se me daba mucho mejor describir acciones que se reflejaran en la pantalla. No soy demasiado buena en las descripciones (por mucho que me empeñe, tengo la sensación de que soy muy pedante escribiendo algo puramente literario) y mi punto fuerte es la creación de personajes. Cada cual utiliza el NaNoWriMo como mejor le conviene, los hay  “rebeldes” que se niegan a escribir en formato novela durante el mes de noviembre y se atreven con un guión a pesar de que las 50.000 palabras no puedan equivalerse a un largometraje. En este caso, me ciño a las reglas y, como ocurrió el año pasado, será lo que tenga que ser…

¿En qué punto me encuentro?

Faltan dos semanas para que llegue el día 1 y comience a correr el contador de palabras. Ahora estoy definiendo las estructuras de las tramas, por dónde quiero que circule mi historia, qué puntos de giro deseo que sucedan y con qué fin, que es lo más importante. Tengo muchos datos calibrados, mapas diseñados en mi cabeza (los cuales, en estos días, espero trasladar al papel) e, incluso, fragmentos en los que pienso cuando desde que me levanto hasta que me acuesto. Ahora no vale escribir, es trampa hasta el 1 de noviembre a las 00 h, esa es la norma que me impongo para no “viciar” aquello en lo que pienso.
Creo que sé qué quiero escribir. Todavía es pronto (a pesar de que lleve planificando desde agosto, en dos semanas puede ocurrir cualquier cosa y mi historia puede sufrir cambios inesperados), pero ya conozco los puntos clave de lo que quiero contar: tengo definidos los personajes y sé cuáles son sus objetivos. Llevo rumiando esta idea en mi cabeza durante mucho tiempo, incluso la llegué a plasmar en el papel (al menos, lo intenté), aunque siempre con resultados nefastos. Hace varios años decidí posponerla, me convencí de que “no era su momento” y la dejé reposar. Ahora, no tiene nada que ver con lo que era en su origen, no sé si es mejor o peor… Lo descubriré cuando termine el mes.

¿Cómo me inspiro?

Llevo mucho tiempo documentándome sobre este fenómeno (antes incluso de animarme a formar parte de él), rebuscando en Internet y aprendiendo de la gente que está tan loca como yo para disfrutar el frenético mes de noviembre. Los siguientes enlaces me han ayudado mucho:

¡Espero que a vosotros también os sirva de ayuda! Por cierto, acaba de ponerse en marcha la web Wrimo España y este año comentaremos nuestros progresos en Twitter bajo el hashtag #tuhistoriaimporta. ¿Qué ocurrió con vuestras 50.000 palabras del año pasado? ¿Se quedaron en tan solo un proyecto o han ido más allá?

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