Hoy cumplimos tres semanas escribiendo nuestro borrador. En mi caso, se está convirtiendo en una tarea de lo más frenética: sigo con el tiempo en mi contra y la vida me está poniendo todas las trabas posibles para que este año me dé de cabezazos para conseguir llegar a la meta de palabras diarias. Tengo todas las papeletas necesarias para no superar el reto, ¿qué mejor circunstancia para darle en los morros y lograrlo? No he encontrado mejor motivación que la contrariedad que me persigue.

Aunque tenga muy claro mi destino, es inevitable encontrarme con problemas en lo referido a la creación durante el mes de noviembre. Todos tenemos unos hábitos distintos y no solemos escribir de una forma mecánica (salvo en casos excepcionales, los cuales admiro por su capacidad de concentración y disciplina). Sin embargo, tras dos años de participación en el NaNoWriMo he encontrado dos problemas comunes en todos los que nos lanzamos a escribir sin descanso durante 30 días:

La crisis

Tarde o temprano, era inevitable. La crisis del NaNoWriMo acaba llegando siempre, pese a que nuestro contador eche humo o esté falto de palabras, nunca falla. En mi caso, ha llegado en el ecuador del reto, a la vez que cumplía las 25.000 palabras (con algo de retraso) y mi historia parecía llegar al llamado punto medio. La crisis es difícil de explicar con palabras y muy fácil de entender cuando uno mismo la experimenta: un conjunto de sensaciones que ocurren a medida que escribimos una historia y que nos obligan a abandonarla. ¿Por qué queremos desechar todo lo que hemos trabajado? Nos desilusionan las tramas, le cogemos manía a los personajes, no nos apasiona sentarnos a aporrear el teclado… Definitvamente, la estamos atravesando. Pero la crisis es tan fácil vivirla como librarnos de ella. El antídoto es sencillo: escribir, escribir y escribir. Y en ello estamos…

La procrastinación: mi mayor pecado

No puedo evitar perder el tiempo, más aún cuando escribo en el ordenador. A pesar de haberme descargado un software para trabajar sin distracciones, me paso todo el rato “escapando” a las redes sociales, a consultar qué está pasando en el mundo o, simplemente, a actualizar el contador de palabras de la plataforma oficial. No tengo remedio. Lo he probado todo: desconectar el ordenador de la red, dejar el móvil en otra habitación para no consultarlo, “premiarme” si no dejo de escribir en X minutos seguidos… Pero lo único que me sirve de verdad es trabajar con el método Pomodoro. Tan solo así soy capaz de escribir alrededor de 1.000 palabras en 25 minutos, lo que considero un logro. Sin él, no supero las 300 en una mañana. La procrastinación, como la crisis, es inevitable, y más aun cuando la tarea a realizar se extiende a lo largo de todo un mes.

Poco a poco

A pesar de todo, lo estamos consiguiendo. Cada vez estoy más cerca de la meta y aunque este año tengo más impedimentos para conseguirlo (el año pasado estaba prácticamente libre), no lo dudo ni un segundo. Mi truco para vencer los problemas de los que os hablo en este post es tan sencillo como eso: tener muy claras nuestras metas. Escribir 1667 palabras al día no supone un esfuerzo titánico y podemos entrenarnos para que este ejercicio sea cada vez más sencillo.

Por suerte, no estamos solos en esto. Durante el mes de noviembre se han realizado quedadas presenciales en Zaragoza, ciudad oficial del NaNoWriMo en España en 2014. Yo me he quedado con las ganas de asistir (me pilla muy lejos) pero no me quedo atrás comentando mis avances con el hashtag #tuhistoriaimporta, en la web oficial de NaNoWriMo y en el Tumblr de Wrimo España. ¡Somos muchísimos en esto! Y espero que el año que viene contemos con el doble de participantes.