Vivir de la Tele

Creación, guión y mucha tele

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Évole y la Espe-espantada: el arte de hacer preguntas y el deber de responderlas

El domingo asistimos a otro espectáculo lamentable patrocinado por uno de los mejores programas que ha parido la televisión de nuestros tiempos. Jordi Évole, anteriormente apodado como El Follonero, y con razón, se sentaba junto a Esperanza Aguirre en una cafetería cercana a la popular sede de Génova del Partido Popular. Comenzando la charla en un tono distendido aunque irónico, el regreso de Salvados con el estreno de la 2ª parte de su octava temporada auguraba un revuelo asegurado tanto en las informaciones televisivas de la mañana siguiente como en las redes sociales durante los momentos de emisión.

Desde que Évole se marcó la trola de Operación Palace (que, sentara mejor o peor y resultara más o menos creíble, es una pieza digna de revisionado y estudio) y dejó con las patas colgando a más de 5 millones de espectadores, el revoltoso reportero tan solo puede aspirar a sorprender al público. Él lo hace con maestría y desde una relativa sombra: otorgando el protagonismo al entrevistado, permitíendole explicar su punto de vista y ofreciéndole la oportunidad de dejarse a sí mismo con el culo al aire ante un público que sigue revolviéndose al comprobar que lo que se cuece en la política y en la actualidad nacional e internacional está tan lleno de basura como nos veníamos oliendo.

Esperanza Aguirre entraba sembrando un silencio sepulcral que obligaba a preguntarse si aquel fenómeno era habitual ante su presencia o tan solo se debía a la tensión del momento. La ex presidenta de la Comunidad de Madrid ya había protagonizado momentos polémicos en Antena 3, cadena del mismo grupo que laSexta, durante la semana, según parece, temiéndose lo que ocurriría la noche del domingo: de nuevo, su nombre se vería sumido en un bochornoso espectáculo televisivo desde que se levantara de su asiento y dejara a Jordi Évole con la palabra en la boca. Éste, sin más remedio que reírse de la situación, se ha vuelto a cubrir de gloria. Qué momentazo. Qué maravilla.

Sin embargo, la espantada a la que asistimos el domingo por parte de esta pobre sexagenaria no resultó motivo de éxtasis televisivo, más allá del buen sabor de boca que han dejado las audiencias del lunes por la mañana. Que la vuelta de Salvados haya arrojado un espléndido 21,2% de share no indica que a la gente le guste lo que ve, más bien todo lo contrario: el público quiere respuestas a las preguntas que formula, en este caso, mediante la perspicacia y la rapidez mental de Évole y el maravilloso equipo que lo respalda.

El chico que el equipo de Buenafuente descubriera cuando comenzaba la era de los 2000 se encuentra cada vez más cómodo en la que es ya su casa: esté donde esté y esté con quien esté, en la helada Finlandia o en el salón del mismísimo Artur Mas, lidiando con Juan Cotino (o con su hermano) o escuchando con una gran fortaleza a las víctimas del accidente del metro de Valencia. Mucho ha llovido desde que sus incómodas preguntas comenzaran a levantar los sarpullidos de más de uno, nada más y nada menos que siete años, cifra por la cual la señora Aguirre se sorprendía al encuentro de Évole. Sin embargo, a El Follonero no le pesan ni los aniversarios en antena ni los entrevistados a los que ha sacado los colores a lo largo de su camino. Ni, muchísimo menos, una resabiada Esperanza Aguirre que permanecía frente al curioso reportero con la coraza de la prepotencia que le caracteriza.

De nuevo, la estrategia de los balones fuera del campo y la media sonrisa que transmitía eso de “estoy jodida, pero contenta” dejaron entrever la fuerza del periodismo a la hora de contar historias que no solo interesan al público que se sienta a ver un programa de televisión un domingo por la noche, sino que son necesarias para que los ciudadanos configuren el mapa mental de la actualidad nacional, de lo que se cuece en el mundo que hay más allá de la pantalla que visualizan. La realización, la naturalidad de las escenas y un guión (más bien, una escaleta sencilla) de lo más distendido y, cómo no, los silencios resultaron los elementos necesarios para que el Aló Pablo (Aló Espe), como lo bautizó la mediática política, fuera un bombazo. ¿Cuál es el secreto para que la fórmula funcione a la perfección? No basta con echar en el caldero catódico un revoltijo de ingredientes susceptibles de ser sabrosos a los ojos del espectador, sino que los instrumentos para que la mezcla adquiera la textura correcta son esenciales: el ritmo marcado por los interlocutores, la agilidad del entrevistador y, por supuesto, el arte de realizar preguntas, aunque el deber de responderlas quede, en ocasiones, en un oscuro segundo plano.

Y tal y como vino, se fue. A las siete y diez de una tarde lluviosa de Madrid que, según afirmaba al comienzo del programa, había sido el primer día malo de aquel año. No se preocupe, Espe, que vendrán muchos más.

IMAGEN: La Sexta.

YouTube: la nueva ventana pseudocatódica

Desde que a alguien se le ocurriera grabarse a sí mismo con la webcam, soltar un discurso más o menos planificado y subirlo a la plataforma de visualización y distribución de vídeo más popular del mundo ha llovido mucho. Sin embargo, en pleno momento de la hibridación de los medios es inevitable que percibamos cómo ha evolucionado este movimiento que parecía confuso en su nacimiento y que ahora resulta imprescindible en la vida de muchos usuarios de Internet y las redes sociales. Yo lo confieso: soy consumidora de vlogs y veo al día al menos dos o tres vídeos, ya sean tutoriales, daily vlogs o vídeos “estándar”, dentro de lo estándar que se puede ser siendo YouTuber. Desde un tiempo a esta parte vengo encontrándome con piezas que me han llamado especialmente la atención. Ya sea por sus contenidos, por su montaje, por la masa de audiencia que lo recibe o por lo que pretenden hacer sentir a los espectadores, he descubierto algunos vídeos que bien podrían encuadrarse en el marco de la televisión, por increíble que pudiera parecer en los orígenes de este portal.

Las cifras de Youtube: ¿fórmula secreta?

No. No voy a hablar de cuánto gana un YouTuber por cada visualización ni he hecho cábalas sobre cuántos vídeos necesita subir para vivir de ello (este tema está ya bastante manido). Cuando me refiero a las cifras, me refiero a la audiencia, a cuántos espectadores llega un vídeo a través de este portal. Es difícil realizar una media, ya que este número varía dependiendo de la actividad social del creador de vídeo, de sus contenidos y de cómo los viraliza. Para poneros un ejemplo, nada tiene que ver un vlogtrip (vídeo de viajes) con un tutorial de maquillaje: ni tiene el mismo público ni obtiene los mismos números… Normalmente.

Desde fuera, YouTube funciona combinando elementos clave: un guión que llame la atención de tu audiencia, un montaje curioso, un poco de carisma, muchas horas de trabajo y, por qué no, algo de suerte. Ni conozco la fórmula secreta del triunfo en este medio ni tampoco me veo ni con el talento ni con las fuerzas (ni, para qué engañarnos, la necesidad) de contar nada a la webcam de mi ordenador. Sin embargo, admiro la generosidad de los que muestran su vida, su día a día, sus vivencias y sus conocimientos al mundo. A mí me tienen enganchada.

A pesar de ser consumidora de YouTube y de estar suscrita a varios canales, hace poco que descubrí que muchos de los vídeos se regían por principios estéticos y de contenidos parecidos a los que abundan en el género del reportaje en televisión. Callejeros Viajeros, Andaluces (y sus gemelos) por el Mundo, Capitán Q, Vivan Los Bares han conseguido contar historias desde distintos puntos de vista y desde distintos puntos del mundo. Sin embargo, ¿acaso los video-reportajes de Yellow Mellow, Rush Smith, Luzu y MolaViajar no funcionan de la misma manera?

Tanto los planos elegidos, como el montaje y hasta el guión (a veces, escrito previamente, a veces, improvisado sobre la marcha) recuerdan a formatos que podemos ver en la pequeña pantalla y que nos atrapan en nuestro sofá, por ejemplo, durante las franjas del domingo por la tarde o los sábados al mediodía. Si le damos un par de vueltas, ¿por qué no podríamos trasladar los contenidos de YouTube a la televisión? ¿Qué es lo que falta para que la mudanza (al menos, la duplicidad) funcionase?

La fusión, todavía prematura

A pesar de todos los elementos clave que podrían cuajar en un medio como la televisión, es demasiado pronto para sacar los vídeos de su plataforma original para distribuirlos a través de otros canales. Ha habido amagos fallidos como el de TriboTV, que más que tener intención de dar difusión a creadores procedentes de portales distintos resultó ser un supuesto timo; o como el de Fiesta Suprema, un programa de La 2 donde tres YouTubers de la talla de Loulogio, Bolli (TodoElMonteEsOrgasmo) y Roc (Outconsumer) hacían sus cositas más o menos graciosas, pero que no llegó a convencer a la audiencia de la televisión tradicional. Sin embargo, la plataforma de distribución de vídeo más famosa del mundo ha sido la culpable de que muchos talentos de ventana catódica hayan encontrado un hueco en el mercado de la ficción y el humor nacional.

Quizá por los métodos, el tono del discurso o la audiencia, todavía difusa en cuanto a consumidores de vlogs y de este tipo de contenidos, no terminara de funcionar en un medio distinto al original de gestación. La cultura de YouTube se contagia de formar viral y constituye en la actualidad una generación, la llamada Generación C, caracterizada por la interconectividad, la creación de tendencias y la caída del consumo de televisión (¿casualidad?) entre otros aspectos. ¿Qué es lo que falta para dar el salto? Desde mi punto de vista, igual que es imposible trasladar los contenidos de la prensa a la radio o los de la radio a la televisión, YouTube (y todo lo que engloba a su universo) posee elementos tan definitorios que constituye un medio en sí mismo, por lo que me parece imposible (al menos, ahora) que ocupe un espacio en la pequeña pantalla. Sin embargo, al igual que la televisión se nutre de la radio, de la prensa tradicional y, más que nunca, de los contenidos generados en la red, YouTube se alimenta inevitablemente de la tele. Y viceversa.

IMAGEN: del Instagram de Yellow Mellow, Rush Smith y Luzu.

#GHVIPEsBasura, QQCCMH y el rechazo hacia el reality

Tras la polémica suscitada en redes sociales, de la que surgió el hashtag #GHVIPEsBasura, me pregunté si el programa que hace caja en Telecinco gracias a haber congregado a las figuras más casposas de la televisión de sobremesa y del papel couché, es tan horrible como lo pintan en los medios de información televisiva que suelo consultar. Por nuestras pequeñas pantallas han pasado realities de todo tipo: de famosos y de anónimos, de jaulas de pladur y de islas desiertas, de territorios conocidos y de lugares por descubrir… Sin embargo, tan solo hemos podido disfrutar de un pequeñísimo porcentaje de todo lo que se produce y emite en las televisiones de todo el globo: tan malo y tan bueno como lo poco que creamos y que llega a nosotros. Por tanto, resulta complicado juzgar un formato tan amplio como el reality habiendo visto tan poco contenido.

¿#GHVIPEsBasura?

Con Gran Hermano VIP he sufrido una de las mayores decepciones de la temporada, a pesar de que no hayamos terminado ni el primer mes del año. Tras una decimoquinta edición más que floja de mi reality favorito (por ser el primero y por ser el germen de todos los que han nacido después de éste), quería convencerme a mí misma de que la entrega de los famosos vendría cargada no solo de la morralla que la cadena quiere meternos a toda costa en todos sus programas (la cual estaba dispuesta a aguantar, una vez más), sino que descubriríamos potencial de televisión más allá del espectáculo típico de “Telecirco”. Nada más lejos de la realidad, pues hemos tenido que conformarnos con la entrada triunfal de Coman (Adán y Eva), con los dramas de Víctor Sandoval y su continua regresión a los fantasmas de Miami, con los gritos de Belén Esteban y las peinetas hacia la ex concejala del PSOE Olvido Hormigos. Por supuesto, tampoco podía faltar la presencia de algunos tronistas y viceversos, grupo que más que relacionado con un programa de la televisión ya parece casi una tribu urbana. En total, una fauna digna de ser vista… ¿O preferís ahorraros la sorpresa/perturbación? Yo ya estoy algo saturada.

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Belén Esteban, o como la llaman en Twitter, #LaBrujaDelPueblo. Fuente: Telecinco.

A pesar de que pensemos o no que Gran Hermano VIP es una basura y que este youtuber estuvo más o menos acertado en su afirmación (lo que sí consiguió fue una publicidad gratuita inmensa, juzguen ustedes si fue más una táctica comercial que la espontaneidad del mismo o la necesidad de expresar lo que “sentía”), el mundo de los realities no acaba ni empieza en la edición de los famosos, ni siquiera comparte los pilares básicos del formato si lo comparamos con los docu-realities o los docurreporjates. Quizá #GHVIPEsBasura (sea, más bien) según el cristal con que se mire y cómo de en serio nos tomemos el programa, pero no podemos trasladarlo a todos los demás espacios en los que la “realidad” sea el elemento vertebrador.

Lo mágico del docu-reality: contar una historia a través de la “realidad”

La televisión es un medio que nunca deja de sorprenderme. Cuando pensé escribir sobre los realities decidí que no podía volver a repetir lo mismo de siempre: el guión-sin guión, la importancia del casting y la creación de las tramas. Conociendo estos conceptos, me gustaría adentrarme en lo que se aleja de lo formal y centrarme en aquello que llama la atención del espectador en su máxima potencia: la naturalidad del que “juega” y los acontecimientos que son tratados en los formatos. Es aquí donde entra en escena el docu-reality, un género nacido a partir del primitivo reality y que ha ido evolucionando debido a las necesidades del público y de la transformación de la televisión.

Dentro del amplio universo del docu-reality (si este es amplio, imaginaos la inmensidad de su formato padre, el del reality) distingo los siguientes subgéneros (según mi percepción, por supuesto):

  • La  factual television: basada, literalmente, en hechos reales. Aquella que muestra eventos reales de gente real. Dentro de este grupo encontramos programas como el mítico Cops, One Born Every Minute Embarrasing Bodies. En España, podemos encuadrar dentro de esta clasificación a Policías en Acción y a U-24 Urgencias.
  • La de situaciones provocadas: en los que encontramos los formatos que, tras una documentación previa, se desencadena de forma intencionada un conflicto o un reto. Bajo esta subcategoría encontramos los programas como I Used to Be Fat, Perdidos en la Tribu, Adán y Eva, el mítico Confianza Ciega o el polémico El Método Osmín.
  • El híbrido del docu-reportaje con el reality: aquellos programas en los que se muestra una realidad de la mano de un “actor” que participa de los acontecimientos y, por tanto, los narra a la vez que los documenta para la audiencia. Dentro de esta definición encontramos espacios como Wild Frank, 21 Días o el recién estrenado En Tierra Hostil.
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Frank Cuesta narra y documenta su realidad para mostrársela a la audiencia de una forma jamás vista. Fuente: Formula TV.

El término reality lleva implícito el concepto de realidad, en este caso, de telerealidad. Según la RAE, la realidad se refiere tanto a la “existencia real y efectiva de algo”, a la “verdad, lo que ocurre verdaderamente” como a “lo que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio“. Esta última explicación me llama la atención de forma especial, ya que resulta complicado poner en la balanza qué es lo verdaderamente efectivo o práctico, sobre todo si lo medimos con los ojos de la televisión o del espectáculo. ¿Qué es efectivo en la pequeña pantalla (en general) y en el mundo del reality (en particular)? Bajo mi percepción, tanto las buenas historias como los golpes de efecto, es decir, que la audiencia se “enganche” y que no decaigan sus picos de sorpresa y empatía. Esto es tan complicado como diseñar la serie o la película perfecta, ya que hay que calcular el guión al milímetro. Sin embargo, en la actualidad estamos experimentando un gran crecimiento del género y cada temporada encontramos un producto que nos conquista. A mí, pese a que se trate de un formato con años de recorrido, me fascina Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo y todo el universo creado alrededor de esta maravilla.

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La maravillosa Mª Carmen, ante la avergonzada mirada de su hijo, Fran.

La factoría de Eyeworks Cuatro Cabezas supo dar con la tecla cuando en 2012 creyó que QQCCMH encajaba en la parrilla nacional, cuando revolucionó el concepto de ver la televisión convirtiéndolo en un fenómeno social y cuando pusieron todo su empeño en los métodos: en un casting espectacular para cada ocasión, en una edición de los vídeos que sorprende hasta al espectador más espabilado y con una dirección y unos guionistas que merecen todos los honores. ¿El truco? Contar un cuento de elementos sencillos, enredándolos y con un toque de humor absurdo. De nuevo, la realidad es el elemento crucial en esta historia porque, aunque nos estén enseñando un “teatrillo” conformado por figurantes desempeñando distintos roles; no dejan de ser ciertas todas las jugadas que visualizamos en este formato: los engaños, los juegos, los secretos y los momentos mas vergonzosos. Simplemente, magnífico.

IMAGEN: Cuatro (promocional).

Las series que están por venir: nuevos escenarios, nuevas historias

Con el comienzo del año 2015 llegan a nuestros oídos (y, sobre todo, a nuestras pantallas a través de las redes sociales) noticias de cómo serán los próximos productos de televisión que se avecinan de cara a la nueva temporada. Tras la decepción que sufrimos con Alatriste, relegada al late night tras su fracaso, queda pensar que todo lo que está por venir será mucho mejor que la ficción que Telecinco estrenaba tras una larga espera. Pero, ¿cómo podemos identificar que el panorama comienza a cambiar? ¿Cuáles son las señales que nos indica que algo se remueve en los entresijos de las series “made in Spain” ?

Del cine a las series

Muchos profesionales de la gran industria cinematográfica ha comprobado que el mercado de las series es también digno de estudio y de atención. No solo los directores y actores extranjeros como Woody Allen, Kevin Spacey, Jeff Daniels, Matthew McConaughey, Martin Scorsese o J.J. Abrams; sino que el escenario nacional también se suma a la fiebre de la pequeña pantalla. Juan Antonio Bayona, español contagiado de Hollywood, probó suerte con Penny Dreadful, aunque la rodó a modo de película y no como la serie que es. Si en los 90 ocurría que los directores de la pequeña pantalla se mudaban al cine, ahora ocurre lo contrario: se lanzan a la creación de nuevos contenidos para televisión de la mano de grandes plataformas de difusión. Con esto me refiero a un caso particular que me ha sorprendido de una forma muy grata por el cual no puedo dejar de preguntarme cómo resultará el producto final. Alberto Rodríguez, director de 7 Vírgenes, Grupo 7 y La Isla Mínima, será el encargado de rodar la primera producción de Movistar Series que seguro no dejará indiferente a nadie. Ambientada en la Sevilla del siglo XVI asolada por la peste bubónica, estoy convencida de que las artes de Rodríguez y el grandísimo equipo que respalda el proyecto lo tratarán como un niño recién nacido y lo alimentarán para que se convierta en un producto de referencia. ¿Estaremos haciéndonos demasiadas ilusiones? ¿Quedará anclada por ser otra serie de época más? A pesar de que en ocasiones, los escenarios se repitan, quiero creer que todavía queda mucho que contar.

Refugiados y el hype por la novedad

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Natalia Tena, una de las protagonistas de la nueva ficción de LaSexta. Fuente: El Economista.

Las típicas historias que solían abundar en la televisión española parecen deshacerse a medida que el río de la calidad se llena de agua nueva y fresca. Lejos quedan las locas mesas de desayunos de Globomedia y sus familias perfectas-no tan perfectas (aunque se han intentado reanimar, sin éxito), así como las tramas de adolescentes que ya no interesan ni a esta franja en particular. Aunque se siga practicado el product placement hasta en las secuencias más insólitas y los jóvenes tengan más o menos relevancia en las historias de la actualidad, ahora se tratan distintas problemáticas: nos preocupa el porvenir más allá del área doméstica, pensamos en ciencia ficción e incluso llegamos a preguntarnos qué ocurriría si ocurriera un desastre a nivel mundial. Cuestiones que se plantean en ficciones como The Leftovers, Lost o Under the Dome han conquistado a los creativos patrios. ¿Por qué no llevarlas a las pantallas de los españoles, que poco conocen de los mundos distópicos a través de este medio? ¿Qué ocurriría si creamos una serie que englobe elementos de thriller, estética y tramas nunca vistas? Por lo pronto, a la crítica le gusta esta idea.

The Refugees nace de Bambú (Gran Hotel, Velvet) y la mismísima BBC, quien la coproduce junto con Atresmedia. Tan solo por su padrino británico ya alimenta el hype que se está produciendo alrededor de su llegada a la televisión. El guión, la clave que cautivó a la emblemática cadena, promete ser el elemento que la distinga de todas las demás ficciones que hemos visto en nuestras pantallas. Refugiados, como se llamará en España, es una serie para una audiencia activa, es decir, que disfrute comiéndose el coco y dándole vueltas a la cabeza. El público acostumbrado a ver exclusivamente a televisión convencional en nuestro país quizá no comprenda el sentido de esta nueva ficción y, quizá por ello me parece una de las apuestas más atrevidas de laSexta. ¿Confía en que la audiencia consumidora de productos extranjeros se enganche? ¿O pretende cambiar, poco a poco, la visión de los espectadores más pasivos? Estoy deseando que empiece.

Rabia y la llegada del high concept a España

Parte del elenco de Rabia. Fuente: Perdidos en la Tele

Desde que el espectador de productos televisivos nacionales tuvo acceso a ficciones que traspasaban las barreras geográficas e incluso culturales, las comparaciones han sido odiosas. Nada tiene que ver The X-Files con El Inquilino ni la adaptación española de Cheers, protagonizada por Antonio Resines, con su original. Sin embargo, resulta muy complicado no caer en la exigencia, en pedirle al producto español parecerse un poco a lo que acostumbramos a ver en la televisión extranjera que tanto nos cautiva. Aunque no despreciamos lo que se crea en nuestro escenario, tenemos la espinita del quiero y no puedo. ¿Y si esta percepción estuviera cambiando poco a poco?

2014 resultó un año revolucionario para la ficción española y salieron a la luz títulos que soprendieron a gran parte del público. Sin embargo, así como Pérez-Reverte se lamentaba de que Telencinco no era la HBO y, por ello (entre otras razones), Alatriste había resultado semejante bodrio; la parte restante de los espectadores siguen con la venda del “producto nacional y, por ende, mal producto” y no se desprende del prejuicio de lo español. Quiero pensar que 2015 será el año del cambio de mentalidad, de la apertura de miras y de la recepción de ficciones que conquiste al público rezagado. Por lo pronto, los creativos han comenzado a dar el salto y se está apostando no solo por historias distintas, sino por tendencias que en el extranjero ya ha generado éxitos. De nuevo, imitamos lo que se hace más allá de nuestras fronteras, por supuesto, aportando un toque de lo mejor de lo nuestro (espero, no voy a adelantarme a los acontecimientos). Isla Audiovisual y Mediaset han preparado un escenario fuera de lo común y un problema global para contextualizar su nueva serie. Rabia, a la que quieren bautizarla como la madre del high concept en España, promete aterrizar con aires nuevos a la televisión y convence en su presentación al espectador hastiado de los contenidos pasados de vuelta. Su reparto, más que correcto; su equipo, con grandes ideas y metas a corto y largo plazo. Solo espero que no sea un espejismo más.

¿Qué es lo que nos falta para dar el salto?

A pesar de las buenas intenciones, los proyectos no pueden llevarse a la realidad si no hay un señor (o un grupo de enchaquetados sentados alrededor de una mesa cara) que dé el visto bueno. Es conocido que ficciones sin pies ni cabeza han salido adelante por un puro sentido comercial, más bien, por una mala intuición comercial (por mucho que les moleste a algunos, dos tetas no tiran más que dos carretas a estas alturas de la televisión, o de según qué televisión). Quiero creer que estamos en otro punto, en el que la televisión como elemento formador de la cultura es cada vez más evidente. ¿Convencerán estas ficciones a la audiencia? ¿Debatiremos sobre las teorías que encierren las series españolas? ¿Asistiremos a la creación de un referente? Ojalá 2015 nos deje satisfechos.

IMAGEN: Canal Sur.

Alatriste: no nos merecemos esta televisión

Hace cosa de un año que escribí un post reivindicando la calidad en las creaciones españolas en cuanto a la ficción televisiva se refiere. Anoche presenciamos un espectáculo ridículo con el estreno de Alatriste, por otra parte, serie condenada a muerte desde que se conocieron las primeras noticias de los problemas con la producción y, más aun, tras ver las promos que tanto bombo daba Telecinco y que tanto nos chirriaba a muchos. Como Dreamland (parece que los pasos están marcados para la inevitable tragedia), un proyecto ilusionante se ha quedado en tan solo un mal amago. ¿Qué es lo que ha fallado en la ficción para que el fracaso resulte tan evidente?

No siempre hemos fracasado en las adaptaciones

Que la tendencia actual sea la del hastío, la del tópico y la de lo contrario a la sorpresa no significa que llevemos toda la vida haciendo las cosas mal. La televisión pública puede presumir de contar con repertorio de adaptaciones que ha llevado a la pequeña pantalla con maestría, buen gusto y sentido del medio absoluto. Nombres como La Plaza del Diamante o Fortunata y Jacinta son muestra de que cualquier tiempo pasado fue mejor si hablamos de coger una novela, desmenuzarla y transformarla en un guión y posterior producto de televisión. Ojo, no juzgo ni que la serie sea mejor que la obra original ni lo contrario, sino la calidad de la adaptación.

En el caso de Alatriste, el desencadenante de este post, las comparaciones son odiosas. Si Pérez-Reverte conquista a su público lector a través de sus historias y de su conocimiento de los hechos (no puedo juzgar esto porque no he leído su obra, al igual que me es imposible criticar una serie que no he visto), en la serie todo parece de lo más caótico, improvisado y cutre. En la noche de su estreno todo parecía más propio de un teatro de colegio (de los más caros, por supuesto) que de una super producción como la que nos quisieron vender. Resulta obsceno que, a pesar del enorme presupuesto y de la infinidad de medios con los que contaban, no fueran capaces ni de caer en la cuenta de que una prostituta recitaba versos de Quevedo que le faltaban veinticinco años para ser escritos.

Nos gusta la cercanía. La necesitamos

Uno de los grandes secretos del éxito de las ficciones (no solo en televisión, sino en cualquier plataforma) es el de la identificación del público con los personajes y las situaciones que observa más allá de su propia realidad. Que Alatriste esté basada en el siglo XVII no implica que sea imposible empatizar con los comportamientos de los protagonistas y secundarios que conforman la serie. De hecho, hemos comprobado que el espectador puede llegar a identificarse incluso con ficciones de corte fantástico, donde a primera vista es poco probable que encontremos elementos de referencia. Es el caso de Game of Thrones y el boom surgido no solo a raíz del éxito de la serie producida por la HBO, sino por la fiebre lectora acrecentada desde el estreno de la ficción. Los devoradores de los libros y fieles seguidores de la adaptación en la pequeña pantalla la han elegido no solo por su cuidada estética o por el interés que suscitan las diversas tramas, sino porque es inevitable elegir a un “favorito” entre los protagonistas de la ficción.

Quizá sea demasiado pronto para sentirnos identificados con alguno de los personajes de Alatriste (dibujar el universo de una ficción en un solo capítulo está al alcance de muy pocos creadores), pero ni siquiera hemos sido capaces de reconocer las subtramas, las metas ocultas, lo justifique el porqué de las acciones de estas marionetas. Anoche tan solo vi intentos de miradas profundas, acompañados por una banda sonora inadecuada.

¿La tele que nos merecemos?

Me da mucha pena leer constantes tweets y comentarios en las revistas de información televisiva de espectadores resignados con la televisión que “nos ha tocado” tener. Pese a que Pérez-Reverte se lamentara de que Telecinco no fuera la HBO y de que España sea España, opino que ni una cadena generalista debe imitar los contenidos de un canal de pago (puesto que no poseen la misma función) ni el público de ésta debe permitir semejante desfile de morraja. Somos espectadores (algunos más activos, otros más pasivos) de todo lo malo que “nos merecemos”. Estoy cansada de que algunos títulos sean un “sí o sí” en la programación y de que se alegren al ver un número de dos cifras en las audiencias de la mañana siguiente como si de  un triunfo se tratara.

Mis 10 series de 2014

Todos los años son años de series. Tras comprobar cómo el fin de 2014 llegaba y el comienzo del 2015 me ha acabado pisando los talones en lo que a información televisiva y seriéfila se refiere, yo no pensaba ser menos que todos los medios y bloggeros que han hecho un repaso de lo mejor y lo peor de este periodo. En esta entrada he recopilado lo que considero las 10 series más relevantes del 2014. Por supuesto, ni he visto todas las series estrenadas durante 2014 (no me da la vida para tanto) ni cuento con la sabiduría universal de valorar qué es de visionado imprescindible y qué no. Pero… ¿Y lo que me gusta hacer una lista?

  • 10. How I Met Your Mother: No por buena, sino por “mítica”, incluyo esta sitcom en mi lista de Fin de Año seriéfilo. Pocas series de este calibre han durado casi diez años (Cheers cumplió 11 años en antena) y, pese a temporadas más bajas que otras y un final que no convenció a todos, me dejó una buena sensación. A pesar de poder ser comparada con su predecesora Friends, no se parece ni en sus personajes ni en las tramas que desarrolla a lo largo de la ficción. Que sí, que hay una historia sentimental horizontal que se extiende de comienzo a fin, que también hay picos en esta misma, pero… Nada que ver. Si alguien me pregunta, sin duda me quedo con Rachel y Ross. Os dejo al pánfilo de Ted para vosotros.
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  • 9. The Mindy Project: Por “plana”, boba o típica que pueda resultar al espectador de series más puntilloso, al que veneró Breaking Bad y criticó el final de Dexter hasta la saciedad (como yo misma), esta ficción me supera. Si sentí un desazón muy tonto cuando la ABC no renovó Selfie por una segunda temporada, creo que si The Mindy Project desapareciera de nuestras vidas hasta derramaría una lagrimita. Desde que descubrí a Mindy Kaling en The Office me enganché a su encanto y, además, hace una pareja estupenda con Chris Messina, quien no deja de sorprenderme y es capaz de adaptarse tanto a un papel dramático (como ocurre con The Newsroom) como a la comedia más cómica. Disfruto con los cacaos mentales de la doctora Lahiri, con las fiestas absurdas y las salidas de todos los personajes, a veces demasiado extremos como para provocar la carcajada, a veces de lo más adecuados.
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  • 8. How To Get Away With Murder: Todavía no he visto un solo capítulo de Scandal pese a que me inquieta cómo parte de la crítica la pone por las nubes mientras que otros preferirían enterrarla para no encontrársela jamás. Sin embargo, la producción de Shonda Rhimes me atrajo desde que vi el primer capítulo en pantalla grande gracias al Festival de Series de Canal + en Málaga. Disfruté de cómo estaban dibujadas las líneas que comenzaban a definirse desde los primeros flashbacks, de cómo el carácter de Annalise Keating helaba tanto como enternecía y de cómo unos adolescentes que pudieran parecer de lo más fastidiosos acababan ganándose a los espectadores en una historia de lo más trepidante. Pese a lo tópico que pudiera parecer que los alumnos de una clase de Derecho Penal tuvieran que enfrentarse al encubrimiento de un gravísimo delito criminal, la ficción crece, crece y crece.
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  • 7: Orange Is The New Black: Dramedias, venid a mí. Soy una fanática de este híbrido que aporta tanto historias duras como momentos hilarantes. En la serie que coloco en el séptimo puesto de la lista me decepcionó en su segunda temporada, aunque no podía desecharla debido a la fuerza de algunos de sus personajes. Aunque Chapman, su protagonista, me parece la menos importante, alucino con las subtramas que los secundarios crean y alimentan. En esta ocasión, Red nos ha mostrado su lado más tierno y familiar y hemos descubierto la historia de Rosa, quien nos ha ofrecido uno de los finales más épicos de las ficciones de este tipo. Sin duda, el broche de oro para una temporada pobre, pero en absoluto mala.
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  • 6: My Mad Fat Diary: Hace tan solo unas semanas despertábamos con la magnífica noticia de que tendríamos una tercera entrega de Rachel Earl y su mundo. Yo ya me había conformado (más bien, superado) con que no pudiéramos disfrutar más temporadas de este descubrimiento británico que comenzó siendo una tarea pendiente para el 2014 y se convirtió en un deleite. Una historia de adolescentes que nada tiene que ver con lo que hemos podido ver, por ejemplo, en la televisión española. ¿Cómo reaccionaría la protagonista de esta ficción en el Zurbarán, instituto donde se desarrollaba Física o Química? ¿O en el colegio de Los Serrano? Si la pobre Rae está ya tocadita, ni me la quiero imaginar en tales circunstancias…
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  • 5: The Newsroom: Me he reído, me he enfadado, he aprendido y hasta he llorado (sobre todo, en los dos últimos capítulos de la útlima temporada) con esta serie. ¿Cómo iba a dejarla fuera de mi ranking? Sigo sin comprender por qué todavía hay quienes no aceptan que esta ficción dramática sea buena, por qué no han empatizado con los personajes y la han criticado hasta su final, del todo correcto por haberlo ejecutado antes de que pudiera quemarse por tirar del hilo. Quizá sea porque soy periodista, he trabajado en televisión y puedo sentirme identificada con las mecánicas de una redacción y su frenetismo… No lo sé, simplemente, todavía no he superado que se haya terminado.
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tv.com

  • 4: Fargo: No soy de segundos visionados, prefiero probar cosas nuevas a las repeticiones, pero esta serie lo merece sin duda alguna. Lo que pudiera parecer un sacrilegio en el principio se convirtió en magia desde que comprobamos el arte de Noah Hawley no solo para la adaptación (a pesar de que afirmaba no haber adaptado la obra de los Cohen, sino que tan solo utilizaba el ambiente y los matices), sino para la creación de historias y personajes que no dejan indiferente a nadie. Si Martin Freeman me conquistó en Sherlock, ahora no tengo más remedio que seguirle la pista de cerca. Si para colmo forma dueto interpretativo con Billy Bob Thornton y el flequillo inquietante de un Lorne Malvo de lo más impredecible, es inexcusable.
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huffpost.com

  • 3: Aída: Os extrañaréis de encontrar una serie española en el top 3 de mi lista particular televisiva. El spin-off de la mítica 7 Vidas, apuesta fuera de lo común en el panorama nacional debido a que comenzó con cifras bajas y estaba condenada a acabar en los talleres (de los que nunca o casi nunca se regresa), resultó la píldora que el espectador necesitaba para el prime time de los domingos. Una opción distinta al Salvados de Jordi Évole y característica por su comicidad sin límites, enganchó hasta a 6 millones de espectadores en sus mejores tiempos. Tras la marcha de la protagonista principal la serie había sufrido una caída progresiva de su audiencia pese a que los episodios seguían siendo hilarantes gracias a la creación de nuevos personajes que no tenían nada que envidiar a los mejores cómicos del país. Además, nos gusta el humor pícaro y hasta ofensivo, como demuestran las cifras de La Que Se Avecina en la actualidad. Con el fin de Aída, termina una era. ¿Estaremos ante el comienzo de otra?
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mewmagazine.es

  • 2: True Detective: Sí, era demasiado evidente que la ficción creada por Nic Pizzolatto estuviera en otra de las tantas listas que llevamos leyendo desde que comenzó la Navidad. Pero no podía dejar pasar a dos de los personajes que más me han enganchado durante este año seriéfilo ni a una trama central trepidante y unas secundarias de lo más sorprendentes. Mientras que Rust se explayaba con sus retorcidos pensamientos y dejaba con cara de pasmarote a Martin, se desarrollaba un universo que a todos los que la hemos puesto, prácticamente, por las nubes en nuestras críticas, nos ha cautivado. Ahora, a esperar la segunda temporada.
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mashable.com

  • 1: The Leftovers: La controvertida obra de Damonn Lindelof no podía estar en otro lugar que en el merecidísimo Top 1. La que ha sido para mí la serie del año ha dejado tan buen sabor de boca como mala crítica, ya que ni unos ni otros se ponen de acuerdo en valorar si ha sido una buenísima ficción o un producto innecesario. Opino que ha sido revolucionaria no solo por las historias que se cuentan sino por cómo se cuentan: el guión, de principio a fin (aunque al principio no se aprecie), está elaborado con maestría y las interpretaciones (ocurre lo mismo que con el guión, que debemos ambientarnos y  meternos de lleno en el contenido para valorarlas) resultan tan crudas que llegamos a empatizar con personajes que llevan comportamientos imposibles de comprender en el comienzo. Como ya escribí en este medio, me ha encantado. No sé qué nos deparará la segunda entrega, pero tan solo por cómo he disfrutado la primera, ya se encuentra entre mis series favoritísimas.
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HBO

Navidad televisiva: qué nos gusta ver y qué no durante las fiestas

Como cada año, la programación se cubre de un halo navideño que inunda la parrilla de películas americanas sobre las aventuras de unos niños y sus padres con los espíritus típicos de la época, de especiales musicales que nos transportan a tiempos casi remotos, de caras conocidas y algo rancias presentando programas tan tópicos como los discursos de todas las fiestas y, sobre todo, de buenos deseos lanzados a través de todas las plataformas posibles (más aun cuando la tele no solo se ve en el salón de la vivienda, sino en el ordenador y el el teléfono móvil, ¡bienvenido a la era digital! Bienvenido a la publicidad incesante, estés donde estés). Como cada año, la Navidad llega a la televisión cargada de anuncios de juguetes, perfumes, turrones y de programación temática.

La Navidad: época ideal para quemar un buen producto

Pese a que el discurso del nuevo rey quizá sea lo más esperado por algunos telespectadores que no se pierden ningún 24 de diciembre el VTR del monarca en su oficina (¿cambiará de localización este año? ¿Estará acompañado? Veremos), a mí me entretiene más la nostalgia que los mensajes institucionales. Por ello, y a pesar de que todos los años se repitan los métodos, los momentos y hasta las coberturas de los reporteros en los distintos magazines matinales, me gusta ver el Sorteo de Lotería de Navidad porque, inevitablemente, me contagio de la euforia de la gente. Sin embargo, no empatizo con el teatrillo que nos ofrecen los especiales navideños de corte musical: ni con la gala de Raphael, que más que un imprescindible me parece un incesario en la televisión; ni con los especiales de supuesto humor que cada año son un poco peores que el anterior.

Miedo me da que con el 2015 regrese el mítico dúo Cruz y Raya, que tantas risas provocaban en mi casa allá por los 90 y que, estoy segura, se habrán quedado más que anticuados. Ni hablemos ya de que en Telecinco darán las campanadas los de Chiringuito de Pepe… A veces me pregunto hasta cuándo son capaces de quemar un producto que funcionaba para convertirlo, una vez más, en basura insignia de la cadena. Por supuesto, las Navidades son la época perfecta para que esto ocurra. TVE no se queda atrás con su especial de Masterchef, aunque todavía no me atrevo a predecir si será un nuevo batacazo o un éxito por los pelos.

Chiringuito de Pepe

No entiendo cómo este esperpento puede dar las campanadas en Telecinco… De qué me voy a extrañar, si hace nada las daba la Pantoja y su pequeño del alma.

Pero, a pesar del mal hacer de las televisiones y su gusto por meternos a cucharadas forzadas contenidos que no digerimos ni este año ni el que viene, hay cosas que no pasan de moda. Quizá porque siempre han estado ahí o, quizá, porque se han convertido en parte de nuestra vida y nos acompañan en rituales que repetimos año tras año. Recuerdo lo que me gusta ver el final del Concierto de Año Nuevo de Viena y contagiarme del entusiasmo del público, así como los saltos de esquí de Garmisch. Y vosotros, ¿qué veis durante la mañana del día 1 que no podéis dejar pasar año tras año?

 

TVE y la regresión temporal: la enfermedad degenerativa de la pública

Mientras que Televisión Española debería posicionarse como la cadena de referencia de información, contenidos culturales y formación mediante esta maravillosa plataforma que es la televisión, sigue inmersa en una espiral caótica de la que no es capaz de salir o, más bien, se encuentra demasiado cómoda en ella. Hacer buena tele es mucho más difícil que hacerla mediocre, y el mejor ejemplo de ello es que los penosos resultados de Sábado Sensacional en verano no han servido para abrir los ojos de quienes se han empeñado en hacer Telepasión para estas Navidades. Tras siete años sin emitirse, ya que creíamos que la televisión pública había evolucionado y los espectadores nos encontrábamos en otro estadio de recepción de contenidos, José Luis Moreno regresa cargado con sus peores armas: sus clichés de género y parejas, sus guiones vacíos y llenos de bromas repetitivas, más que rancias dignas de los peores cuñaos… Y con Carlos Lozano para Reyes.

Navidad TVE

Ana Obregón y Ramón García, ¿la pareja de moda televisiva? Hace unos diez años, quizá…

La tele autonómica: el caso del villancico en Canal Sur

A pesar de toda la morralla que encontramos en nuestras pantallas durante esta época, me gusta la Navidad en televisión. Me gustan las pelis americanas malas de nieve, luces y regalos, me gustan las cortinillas y promos navideñas y me gustan los especiales de Nochevieja de recortes musicales de hace veinte, treinta y cuarenta años. Me gusta que las televisiones se impliquen en esta época y me gusta cómo lo hace la televisión autonómica de Andalucía. En 2013, para la promoción de esta bonita iniciativa en la que animaban a los niños de los colegios e instituto de la comunidad a cantar el villancico ya institucional de la cadena (que hasta se han servido de ella en una chirigota), los presentadores del informativo de la autonómica se lanzaban cantar la famosa canción para la promoción.

Estas son las cosas que me enternecen de la televisión en Navidad, más que Ramones Garcías ni Anitas Obregones de turno, más que sorteos benéficos (que no faltan en esta época) y más que sorteos homenajes. Me gusta la Navidad y me gusta la tele, aunque estén ambas bastante complicadas.

IMÁGENES: Cadena SER

Vivir de la Tele cumple un año

Y regresamos para celebrarlo. Hace una semana me puse manos a la obra con los trámites oficiales de la mudanza del .wordpress.com para instalarnos aquí, en Vivir de la Tele. Este sitio comenzaba siendo un repositorio de no sabía muy bien qué y, después de un periodo de posts sobre televisión, productos audiovisuales de ficción y productividad en la creación, comienzo a tener claro sobre qué quiero escribir y cómo quiero hacerlo.

Tras un año de idas y venidas, de creación de un sentido de publicación y de, en general, aclarar muchas ideas que tenía en mente y no sabía muy bien qué hacer con ellas, Vivir de la Tele con una imagen responsive (cómoda para la lectura, clara, abierta en cuanto a diseño), con publicaciones semanales y con mucho, mucho, mucho contenido; pero, sobre todo, con ganas de seguir aprendiendo de todo lo bueno que nos ofrece la televisión y de contároslo de la mejor forma que sé.

¿Me acompañáis en esta aventura? ¡Despegamos!

 

NaNoWriMo 2014: semana 4… ¡Lo conseguí!

Como todos los años, parecía que el día 30 de noviembre no llegaba nunca y, a la vez, nos ha pillado casi por sorpresa a los que participamos en esta locura. De nuevo, el NaNoWriMo nos ha servido para desarrollar esa escritura automática que nos resulta tan complicada en ocasiones, para desarrollar situaciones y personajes y para darle una oportunidad al nuevo borrador que, tras un mes escribiendo sin cesar, hemos creado.

En total, unas 51.523 palabras en 30 días. Una historia circular de trama vertical y tres posibles subtramas que desarrollaré en las revisiones porque, por supuesto, esto no termina aquí. Ahora toca transformar lo que he escrito en lo que realmente quiero que sea, aunque eso todavía no lo tengo claro.

¿Cómo he vivido esta experiencia?

De forma apasionada y a trompicones. Esta recopilación de GIFs y la siguiente gráfica pueden explicarlo mejor:

nanowrimo

Aunque comencé cumpliendo las palabras diarias “obligatorias”, me estanqué durante el primer fin de semana y no fui capaz de recuperar el ritmo hasta hoy mismo. Aunque cada día me acercaba más a la meta, no lograba escribir lo suficiente como para ponerme al día. Este noviembre ha sido frenético y mucho más ocupado que el del año pasado. Sin embargo, lo he disfrutado tanto o más que el anterior NaNoWriMo.

Ha sido increíble. A pesar de estar lejos del núcleo de actividad wrimo en España, lo he vivido con tanta intensidad que lo echaré de menos. He participado en NaNoSprints y me he leído todos y cada uno de los posts escritos en relación con esta locura… ¡No solo soy yo la masoquista que ha disfrutado viendo cómo los minutos del reloj de mi PC seguían corriendo mientras que el contador de palabras no crecía! Hemos sido muchos los que hemos participado de esto.

¿Por qué participo en el NaNoWriMo?

Creo que ya no sé vivir sin el NaNoWriMo. Me ayuda a desarrollar argumento que, de otra forma, sería imposible para mí (tiendo a la dispersión y a la procrastinación absoluta). Tener una obligación contabilizable (en palabras) y trabajar bajo presión es lo que más me motiva para conseguir mis metas. Aunque no utilizo el NaNoWriMo para lo que, literalmente, está destinado: no escribo ni escribiré novelas nunca, no tengo talento para eso; sino que creo argumentos novelizados para proyectos de guión futuros que, por supuesto, no pienso dejar olvidados en un cajón.

El año pasado conseguí crear una serie dramática para televisión y, según las pistas que voy teniendo de mi borrador, me temo que está destinado a ser una miniserie. Quería escribir algo totalmente diferente a lo que hice el noviembre anterior, con tramas distintas y personajes que no se parecieran a los que ya había diseñado en otras ocasiones. No quería revivir las sensaciones que experimenté el pasado National Novel Writing Month, sino que quería descubrirme en otro terreno. Y creo que lo he conseguido.

¡He ganado! Ahora tan solo me falta la camiseta

nanowrimo

¿Quieres la tuya? Consíguela en la tienda de la página oficial.

¿Y vosotros? ¿Lo habéis logrado? Si no es así, no es el fin del mundo. Al fin y al cabo, el premio de escribir 50.000 palabras es un mes es ese: haberlas escrito. ¡Hemos ganado todos!

NaNoWriMo: semana 3

Hoy cumplimos tres semanas escribiendo nuestro borrador. En mi caso, se está convirtiendo en una tarea de lo más frenética: sigo con el tiempo en mi contra y la vida me está poniendo todas las trabas posibles para que este año me dé de cabezazos para conseguir llegar a la meta de palabras diarias. Tengo todas las papeletas necesarias para no superar el reto, ¿qué mejor circunstancia para darle en los morros y lograrlo? No he encontrado mejor motivación que la contrariedad que me persigue.

Aunque tenga muy claro mi destino, es inevitable encontrarme con problemas en lo referido a la creación durante el mes de noviembre. Todos tenemos unos hábitos distintos y no solemos escribir de una forma mecánica (salvo en casos excepcionales, los cuales admiro por su capacidad de concentración y disciplina). Sin embargo, tras dos años de participación en el NaNoWriMo he encontrado dos problemas comunes en todos los que nos lanzamos a escribir sin descanso durante 30 días:

La crisis

Tarde o temprano, era inevitable. La crisis del NaNoWriMo acaba llegando siempre, pese a que nuestro contador eche humo o esté falto de palabras, nunca falla. En mi caso, ha llegado en el ecuador del reto, a la vez que cumplía las 25.000 palabras (con algo de retraso) y mi historia parecía llegar al llamado punto medio. La crisis es difícil de explicar con palabras y muy fácil de entender cuando uno mismo la experimenta: un conjunto de sensaciones que ocurren a medida que escribimos una historia y que nos obligan a abandonarla. ¿Por qué queremos desechar todo lo que hemos trabajado? Nos desilusionan las tramas, le cogemos manía a los personajes, no nos apasiona sentarnos a aporrear el teclado… Definitvamente, la estamos atravesando. Pero la crisis es tan fácil vivirla como librarnos de ella. El antídoto es sencillo: escribir, escribir y escribir. Y en ello estamos…

La procrastinación: mi mayor pecado

No puedo evitar perder el tiempo, más aún cuando escribo en el ordenador. A pesar de haberme descargado un software para trabajar sin distracciones, me paso todo el rato “escapando” a las redes sociales, a consultar qué está pasando en el mundo o, simplemente, a actualizar el contador de palabras de la plataforma oficial. No tengo remedio. Lo he probado todo: desconectar el ordenador de la red, dejar el móvil en otra habitación para no consultarlo, “premiarme” si no dejo de escribir en X minutos seguidos… Pero lo único que me sirve de verdad es trabajar con el método Pomodoro. Tan solo así soy capaz de escribir alrededor de 1.000 palabras en 25 minutos, lo que considero un logro. Sin él, no supero las 300 en una mañana. La procrastinación, como la crisis, es inevitable, y más aun cuando la tarea a realizar se extiende a lo largo de todo un mes.

Poco a poco

A pesar de todo, lo estamos consiguiendo. Cada vez estoy más cerca de la meta y aunque este año tengo más impedimentos para conseguirlo (el año pasado estaba prácticamente libre), no lo dudo ni un segundo. Mi truco para vencer los problemas de los que os hablo en este post es tan sencillo como eso: tener muy claras nuestras metas. Escribir 1667 palabras al día no supone un esfuerzo titánico y podemos entrenarnos para que este ejercicio sea cada vez más sencillo.

Por suerte, no estamos solos en esto. Durante el mes de noviembre se han realizado quedadas presenciales en Zaragoza, ciudad oficial del NaNoWriMo en España en 2014. Yo me he quedado con las ganas de asistir (me pilla muy lejos) pero no me quedo atrás comentando mis avances con el hashtag #tuhistoriaimporta, en la web oficial de NaNoWriMo y en el Tumblr de Wrimo España. ¡Somos muchísimos en esto! Y espero que el año que viene contemos con el doble de participantes.

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