Ficción española en series, ¿qué nos chirría tanto?

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Las comparaciones apestan pero, a veces no queda más remedio que hacerlas. Siempre que veo una serie extranjera me pregunto qué es lo que falla en el sistema de creación y producción de las series españolas porque el resultado no es el mismo en absoluto. Igual que tampoco podemos comparar un libro con una película, las series de diferentes países tampoco tienen mucho que ver entre sí pero, la calidad de un producto es fácil de identificar sea cual sea. Personalmente, no soy capaz de encontrarla en gran parte de las series españolas que se emiten en la actualidad. Con cada vez más frecuencia, las cadenas de televisión invierten gran parte de su presupuesto en las series, tanto en las compras de temporadas extranjeras como en las de producción propia. La ficción televisiva es un terreno de actuación prácticamente seguro. Prueba de ello son las audiencias conseguidas en la emisión del último capítulo de Breaking Bad (según la consultora de audiencias Nielsen Media Research, fue visto por más de diez millones de espectadores en EE. UU.) y de Dexter (obtuvo casi 3 millones, cifra casi irrisoria, tras coincidir con la gala de los Emmy), los finales más esperados de esta temporada.

Fuente: AMC

En España, las audiencias también agasajan a la ficción nacional. El último episodio emitido de Vive Cantando alcanzó un 15,5% de share y superó los 2 millones y medio de espectadores, así como el de Tierra de Lobos, que alcanzó el 13% de cuota de pantalla. No solo las privadas encabezan la ficción de la parrilla televisiva, la pública también apuesta por este nicho. Televisión Española fue recientemente premiada “por su impulso a la producción de ficción” en el Zoom Festival Europeo de Cine de Igualada (Barcelona). Además, los datos demuestran que Cuéntame Cómo Pasó, serie reina de la pública, sigue batiendo récords de audiencia a pesar de su longevidad: el último episodio, “La vida ante tus ojos”, fue visto por más de 5 millones de espectadores y obtuvo un 25,5% de share. En estos momentos se está rodando la próxima temporada.

Fuente: RTVE

Sin embargo, los números no significan calidad. Mariola Cubels en su último libro ¿Y tú qué miras? expone algunos ejemplos de lo que quieren los ejecutivos según los creadores audiovisuales: “que las actrices y los actores sean guapos (aunque sean malos), que los protagonistas sean famosos, que una gran historia de amor sea el centro de atención de todo lo demás, que haya niños, que presente una narración clásica (dando por hecho que el público es corto de entendederas y no será capaz de comprender según qué técnicas más complejas), que se escriba para un público mayor (ya que los jóvenes casi no ven la televisión, ¿por qué será?) , que los capítulos duren 70 minutos, que no se digan tacos, que no se toquen temas de actualidad (para poder repetir el capítulo en los cientos de canales que tienen las cadenas esparcidos por la TDT sin que se desgaste) y que, aunque haya sexo, no sea muy explícito”.

A partir de estas premisas, ¿podríamos hacer un Homeland a la española? En absoluto, ¿cómo íbamos a crear una serie donde el argumento central de la trama fuera la actualidad política y el terrorismo? Además, ¿quién iba a verlo? Sin niños de por medio y con muchos tacos, además de personajes imperfectos. Las aristas de Carrie y las idas y venidas de Brody, demasiado para que nuestro público lo procese. Me temo que se creen que somos un poco tontos o que no nos gusta que nos vayamos a la cama pensando más de lo que deberíamos. Para eso ya están las películas… ¿No?

Lo que más nos gusta es reírnos

El humor es el punto fuerte que utilizan las cadenas para atraer al público. Las ficciones blancas y familiares como Médico de Familia fueron el gran descubrimiento de Globomedia y han seguido alimentando la televisión gracias al modelo de serie rentable y seguro que crearon. Por ejemplo, Los Serrano, cuyas repeticiones son usuales en las mañanas de FDF (digo yo que las verá alguien), no es más que otra versión del padre viudo y casado (o arrejuntado) con una madre (que puede tener hijos de otro matrimonio o tenerlos después, según les venga bien) en un entorno doméstico y rodeados de personajes cómicos. El resultado es exitoso, por lo menos hace un tiempo. Ahora parece no nos resulta tan gracioso y preferimos las situaciones más extremas donde ni las familias son tan perfectas ni los personajes tan redondos.

Nos gusta la comedia, nos gusta vernos reflejados en los personajes que nos resultan cómicos. Disfrutamos viendo cómo solucionan sus problemas diarios de las formas más absurdas e inverosímiles. Aquí No Hay Quién Viva o Aída, que llegará a su final tras su décima temporada, son los ejemplo más adecuados que he encontrado. La creación de José Luis Moreno (que sigue dando frutos gracias a su transformación para Mediaset La Que Se Avecina) es considerada por muchos espectadores como la mejor serie española de la historia. Ambas series tienen sus propias versiones extranjeras, por lo que deducimos que el formato ha tenido tal éxito que otros países demandan sus contenidos. ¿Debemos sentirnos orgullosos por ello? Juzgad vosotros mismos.

Ojo, que no todo es malo

No me gustaría dar la impresión de que soy anti ficción española, ni de sus series ni de su cine, en absoluto. Hay que reconocer que cuando estamos ante un trabajo de calidad, se nota. Para gustos, colores, como siempre que analizamos cualquier vertiente del arte o la creación. Pero es cierto que percibimos algo distinto en los productos que han tenido una elaboración más exhaustiva (de guión, de producción, de casting, etc). Me gustaría mencionar series que han quedad en la memoria y que, por desgracia, no tuvieron la relevancia que se merecían. Ya sabemos cómo funciona la televisión (si no lo sabéis, no os preocupéis, lo iremos aprendiendo a medida que el blog se haga más grande) y en qué se basan los directivos para decidir si una serie sigue adelante o se va al cubo de basura. Solo importan los números, no la calidad, como he explicado hace un rato, cuando ambos conceptos no tienen nada que ver entre sí.

Yo era pequeña cuando Telecinco emitió Vientos de Agua pero, ahora que he tenido la oportunidad de volver a ver algún capítulo, me tiene encandilada. Quizá el coste de la producción no saliera rentable en relación con las cifras obtenidas (tuvieron que cambiar el día de emisión para probar suerte), una verdadera pena. Esta creación de Juan José Campanella se estrenó también en Argentina y llegó hasta la HBO a pesar de sus pésimos resultados en la parrilla española, muestra de que la calidad de un producto no produce récords de rating por arte de magia.

Siguiendo en el terreno del drama, Crematorio se sitúa, según Miriam Lagoa, como la ficción española mejor valorada por los espectadores. Rompe con los tópicos mencionados arriba al tratar un tema de tal candente actualidad como la corrupción y el poder político y económico. ¿Estamos cambiando la forma en que vemos la televisión? ¿Nos hemos vuelto más exigentes? El trailer demuestra que, por lo menos, somos un poco más críticos y exigentes en cuanto a calidades.

Espero vuestras sugerencias. Todo lo que escribo aquí lo hago desde mi opinión, mi corta experiencia como guionista y mi algo más extensa experiencia como espectadora. Quiero aprender de todo lo que me contéis, de vuestros puntos de vista y vuestros conocimientos. Gracias por haber leído hasta aquí, espero que sigamos en contacto.