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25 años de televisión (I)

Este post comenzó a ser creado el 2 de septiembre del 2015, el día que cumplí 24 años. Como me conozco y sé que no soy capaz de “vomitar” un post de un tirón (y menos uno como este, repleto de videoteca), empiezo a escribirlo con un margen de tiempo considerable. Ahora, con el cuarto de siglo recién estrenado, releo y completo con aquellos trocitos de la pequeña pantalla que recuerdo con cariño y fueron necesarios para que hoy fuera lo que soy: una apasionada (y dependiente hasta el extremo) de este medio. Aquí os dejo mi particular repaso a 25 años de televisión.

La infancia: maratones de VHS y creación de referentes

1991: Aunque yo tan solo contaba con días desde que nací, el 19 de septiembre se estrenaba en Antena 3 la mítica Farmacia de Guardia, la cual aparecía en mis apuntes del máster en guión como referente en la sitcom española. Pese a que no conservo apenas recuerdos de la ficción dirigida por Antonio Mercero, no podía no mencionarla en este repaso debido a su importancia para la historia de la ficción en nuestra televisión. Sin embargo, aunque sería imposible que me acordara de todo lo que vi durante este periodo, tengo entendido que me llamaban muchísimo la atención los sonidos llamativos y colores chillones de las cortinillas de Telecinco.

1992: El ’92 no solo fue un año espléndido para España de cara al mundo, sino que esta apertura tuvo repercusión en la tele. Yo, que todavía no era consciente de lo que ocurría tras el cristal, me quedaba embobada viendo los sketches de Pinnic (formato que ya reivindiqué en otra ocasión) en La 2.

Este mismo año también me fascinaban, según las declaraciones de mi familia, las performances de la rubísima y súper carismática Xuxa en Telecinco, en su colorido show Xuxa Park.

1993: El cuarto año de los noventa, el segundo de mi vida, fue sin duda el de los concursos. En La 2 de Televisión Española se estrenaba Cifras y Letras al tiempo que en Antena 3 Emilio Aragón daba la bienvenida a una nueva era con El Juego de la Oca y sus pruebas descabelladas (nunca mejor dicho). Sin embargo, el recuerdo más lúcido que conservo es el de Qué Apostamos. El show presentado por Ramón García disfrutó de varias temporadas en La 1 mostrando a los espectadores cómo los superhumanos eran capaces de desempeñar habilidades sorprendentes. Pero, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad con los talent shows, existían elementos que servían de alicientes tanto para los espectadores como para los invitados presentes en plató, quienes debían apostar a favor o en contra de los concursantes. Además, el público asistente también jugaba un papel divertido en el concurso, pues debían apostar para elegir el ganador. De lo más recordado de uno de los títulos estrella de Ramonchu son las duchas que él y las distintas copresentadoras (Ana Obregón, Antonio Dell’Atte, Raquel Navamuel o Mónica Martínez, en la etapa de la pública) se daban al finalizar cada programa, aunque algún que otro famoso también llegó empapado a casa tras haber jugado en este maravilloso programa.

El recuerdo más lúcido que conservo del ’93 es el de El Gran Circo de TVE. Aunque comenzara su andadura en 1973, en este año regresó a La 1 de Televisión Española para seguir animando las mañanas de los fines de semana a todos los niños que esperábamos que Miliki y Rita Irasema nos contaran historias divertidas. Tenía una obsesión enfermiza con este dúo, ¡me volvían loca!

1994: Un poquito más despierta y adquiriendo gusto televisivo gracias a los maratones de VHS que me tragaba en cada comida (mi madre me grababa un cóctel de contenidos para que me dejara alimentar, pues era la única forma en que no protestaba -tanto-), disfrutaba con los Tricicle en ¡Chooof! pues, aunque no dijeran una sola palabra en todo lo que duraba el programa, me tronchaba de la risa. La tele captaba toda mi atención y con tan solo tres años ya comenzaba a vislumbrarse esta obsesión catódica que tengo (más bien, afición).

Aunque el ’94 fue el año del particular Scavengers de Bertín Osborne, lo descubrí hace algunos años gracias a YouTube. Pese a que no formó parte de mi infancia televisiva, no podía dejar de mencionarlo en este recopilatorio…

1995Blossom y Punky Brewster llegaron a nuestras pantallas este año. Aunque mis padres no me dejaron ver la tele del late night hasta bastante más mayor, pude disfrutar del espacio presentado por Pepe Navarro y por cuyo plató desfilaron personajes tan maravillosos como Cristina ‘La Veneno’ y Krispín Klander a posteriori, gracias a YouTube y a la infinidad de zappings que siguen nutriéndose de estos contenidos. Esta noche cruzamos el Missisippi se estrenaba semanas después de que yo cumpliera cuatro años de edad.

En el ’95 surgía un alocado formato que durante los viernes noche de verano llenaba a las familias de risas y diversión. Como rezaba la sintonía de El Grand Prix, “el programa del abuelo y del niño” tenía una función similar a la del ‘1, 2, 3, Responda Otra Vez‘: reunir a la familia frente a la televisión. En la actualidad, programar un viernes en prime time es arriesgado. Un año después de su estreno, el título también presentado por Ramón García (el rey de los concursos) conseguía un 36,6% de media de share. Si tenéis nostalgia, he encontrado este canal en YouTube donde van subiendo todos los programas, pues en el archivo de RTVE tan solo hay 12 vídeos.

1996: Cuando se estrenó Con Mucha Marcha en La 2 de Televisión Española yo contaba con cinco años de edad y una conciencia casi plena de todo lo que ocurría tras la pequeña pantalla.

El 96′ fue un año de grandes estrenos televisivos, pues surgieron títulos como Caiga Quien Caiga, Día a Día, Redes, Hostal Royal Manzanares, La Parodia Nacional o Sorpresa, ¡Sorpresa! Recuerdo con especial cariño un especial de Navidad que todavía conservo en VHS y que no soy capaz de encontrar en la red. Ahora, ya he visto el vídeo de la niña de Redondo cincuenta mil veces…

1997: Junto con el Missisippi, Crónicas Marcianas no solo ha sido uno de los títulos más venerados del late de nuestra televisión, sino que para mí resultaba un mito viviente, alejado de mis posibilidades debido al horario y a sus contenidos. De todas formas, mi madre acabó comprendiendo mi temprano interés por aquel espacio adulto y no le quedó más remedio que grabarme algunos fragmentos en los que acudían los concursantes de Gran Hermano, aunque para este momento todavía quedan algunos añitos mas… El que os enseño a continuación lo conocí a raíz de la participación de las famosas Hermanas del Baptisterio en Callejeros. Lo que no supe en ese momento es que ya había pasado por la tele, acompañadas de Javier Cárdenas.

Saber y Ganar también llegaba este año a La 2 de Televisión Española. Desde su estreno y hasta el día de hoy, es lo que se ve en mi casa a la hora de comer. Mis padres, como su audiencia, todavía no se han hartado de los magníficos, de Juanjo Cardenal, de Pilar Vázquez ni del fantástico sentido del humor de Jordi Hurtado.

Aunque Tómbola se estrenaba en el Canal Nou, los andaluces también pudimos verlo en Canal Sur durante algunos meses, hasta que los responsables decidieron que el espacio no era apto para su emisión en la televisión autonómica. El polémico espacio de corazón donde se vivieron momentos de lo más tensos resultó un punto y aparte para este tipo de programas, pues los que estaban por venir bebieron de forma irremediable de sus métodos, su realización y sus conflictos internos.

1998: Recuerdo cómo mi abuela programaba el temporizador de la tele de la habitación para que se apagara a la media hora, cuando le pedía con todos mis recursos que me dejara (¡por favor!) ver Furor. Yo, que siempre fue una niña muy obediente, no volvía a encender la pantalla pese a que sabía de sobra la estrategia para bajar el volumen a tope y que nadie se diera cuenta de que, efectivamente, no me había dormido cuando me tocaba y me había quedado viendo aquel espectáculo de botones, lunes y canciones. Con siete años me había quedado prendada de Alonso Caparrós, aunque cuando traían a su hermano Andrés al plató me gustaba más el otro.

Ana Rosa Quintana se estrenaba en Antena 3 con el magacín Sabor a Ti. Recuerdo que me pilló de vacaciones en Valencia y alternaba los visionados de Doraemon en un lenguaje que se me escapaba con los de este nuevo programa. Volviéndolos a ver ahora, alucino con lo rápido que pasa el tiempo y con lo mal que envejecen los escenarios, los looks y la televisión en general. Más bien, alguna televisión.

No puedo cerrar el ’98 sin hacer una mención a El Informal. Desde aquí quiero transmitir a los directivos del momento, a los creadores del formato y al realizador a los mandos del día al que me refiero que, por su culpa, vivo traumatizada con la película Alien. Y no porque la viera a una edad prematura (de hecho, la vi ya con 24 tacos, hasta que no pude evitarlo más tiempo), sino porque me comí una de las escenas más terroríficas que había presenciado jamás: aquella en la que el alien sale del vientre de su víctima y salta de la mesa de operaciones enseñando sus afilados dientes. Por todo lo demás, el programa presentado por Florentino Fernández y Javier Capitán ha sido uno de los títulos que más risas ha provocado en mi casa y en mi familia todavía se nos saltan las lágrimas cuando recordamos algún doblaje. Y es que no es para menos.

1999: en este año comenzaría el recorrido de todo un hito en la pequeña pantalla. Carlos Lozano se ponía al frente de Noche de Fiesta, creación de José Luis Moreno, quien ha intentado por todos los medios que su creación perviviera hasta el 2015 con Alfombra Roja Palace (y hasta nuevo aviso, que nunca se sabe). Por muchos títulos que tuvieran estos espacios, el programa siempre era el mismo: una gala grabada en un hotel o en exteriores, compuesta por actuaciones musicales y de humor. La verdad, no sé si en algún momento haría algo de gracia pero, a las puertas del 2000, la televisión había recorrido mucho más de lo que reflejaba este título.

Mis padres me mandaban a la cama temprano todos los domingos, además de porque el lunes tenía que madrugar para ir al colegio, porque querían ver 7 Vidas tranquilos. De nuevo, mi curiosidad televisiva provocaba que, a pesar de no ver la pantalla, me durmiera tarde escuchando los divertidos diálogos entre David (Toni Cantó) y Laura (Paz Vega). Años más tarde sí que pude ver algún capítulo sin remordimientos y me arrepentí de no haber disfrutado antes de personajes tan maravillosos como Sole (Amparo Baró), Paco (Javier Cámara), Gonzalo (Gonzalo de Castro) Carlota (Blanca Portillo) o Diana (Anabel Alonso).

De la preadolescencia a la ¿madurez?: el cambio de milenio y los realities que estaban por venir

2000: Tenía que comenzar este apartado mencionando a mi reality favorito de todos los tiempos. Gran Hermano aterrizaba en España en abril y, aunque todavía era una niña, viví con total intensidad gran parte de los acontecimientos vividos en la casa de Soto del Real (que, más tarde, se mudaría al mítico Guadalix de la Sierra): la expulsión de Mª José Galera, el “jódete” de Vanessa, la salida conjunta de Silvia e Israel, los intentos de Ínigo (y su/s polo/s verde/s), el abandono de Mónica tras descubrirse su pasado en una revista (y ser comunicado a la concursante por el programa, debido a la gravedad del asunto, la salida voluntaria de Jorge Berrocal y la victoria de Ismael Beiro al ritmo de los Police, tras 90 días de convivencia y aislamiento, entre otros. Gran Hermano, aquel programa que se presentaba como un experimento social, había roto una barrera en nuestra televisión: la de la privacidad más personal. Aquello nos encantó.

2001: Definitivamente, el cambio de milenio había traído el descubrimiento del reality a nuestras pantallas. Tras el éxito de la primera edición de Gran Hermano nacieron otros formatos que utilizaban la convivencia de los concursantes uno de los reclamos. Sin embargo, en Operación Triunfo no solo valía con ser un buen compañero, sino que los participantes iban escalando hasta la final a base de talento, disciplina y emoción. Había llegado el origen del talent show, tal y como ahora lo conocemos, a España.

Además, en el año 2001 también comenzaba una ficción insignia de Televisión Española que, pese a los baches, sigue ofreciendo capítulos inmensos al público: Cuéntame Cómo Pasó. Aunque no comencé a seguirla en este momento, sino que fue en el verano de 2013 cuando me bebí todas las temporadas emitidas hasta el momento. Y qué secuencias descubrí… Y cómo me emocioné… A tal punto que, a día de hoy, está e mi top 5 de mejores series españolas.

Otro curioso título que nacía en 2001 era El Diario de Patricia. Por supuesto, no podía faltar en un repaso televisivo, pues ha sido el culpable de que se me escapara la carcajada en más de una ocasión mientras observaba (y hasta admiraba) la fauna que se paseaba por aquel plató de Antena 3. Algunas historias eran realmente dramáticas pero, otros relatos resultaban tan poco creíbles que lo único que podíamos hacer era partirnos de risa y disfrutar del espectáculo.

2002: Aunque no seguí esta serie, es cierto que supuso un descubrimiento curioso. Ana y los Siete comenzaba sus emisiones en TVE este año y aguanto hasta el 2005 en programación. La Obregón se metía en el papel de la niñera-stripper que llevaba su mismo nombre y triunfaba en las audiencias.

Pero el programa que recuerdo con más cariño de este año fue el talent que Jesús Vázquez y Elia Galera presentaron en Telecinco. Si Operación Triunfo se vivió con intensidad en mi casa, más dramática fue la expulsión de Roser en Popstars. Tuvimos que llamar para salvarla tras su nominación porque mi hermano, de siete años, se había encaprichado con la catalana y no dejaba de llorar.

2003: el programa que Jorge Javier Vázquez y Carmen Alcayde presentaban en la sobremesa de Telecinco supuso toda una revolución en mi familia, aunque el consumo bestial llegó años más tarde de su estreno. Aquí Hay Tomate fue engullido en mi casa tras el renventón del caso Malaya, pues nos tocaba muy de cerca, y disfrutamos como gorrinos comprobando el revuelo mediático que se formaba a unas calles de nuestra casa. Aunque ya nos meábamos de la risa con los magistrales vídeos de Cachuli y la Pantoja paseando su amor por la aldea de El Rocío y las calles de Marbella… ¡Mi tierra!

Homo Zapping, que también nacía en el 2003, tampoco podía dejar pasar las desternillantes escenas de la mediática pareja.

Este mismo año se estrenaba una serie que, según el post que Borja Terán publicó en La Información, es el Verano Azul de las generaciones más jóvenes. Aquí No Hay Quien Viva es un referente de las comedias de situación en nuestra televisión y atrajo a un público tan diverso que permaneció en parrilla hasta el 2006, aunque su legado todavía permanece gracias a La Que Se Avecina. No puedo elegir un momento de esta maravillosa serie que todavía me saca una sonrisa cada vez que me trago sus reposiciones de madrugada en A3Series.

2004: Si Gran Hermano me conquistó a tal punto que, dieciséis ediciones después, acudo fiel a la cita de las nuevas entregas, La Casa De Tu Vida revolucionó mi concepción de reality: este, sin ser un talent, contaba con un elemento extra a la convivencia (debían construir una casa) y, además, resultaba un catalizador de todos los conflictos que ocurrían. Que no eran pocos…

Aunque nunca fui demasiado fan de los concursos de las tardes, he de reconocer que me enganché a Allá Tú. No solo por la dinámica del programa ni por lo bien que lo hacía Jesús Vázquez (cuando todavía no nos habíamos cansado de él por estar en casi todos los títulos de Telecinco), sino porque el público acababa empatizando con los concursantes. Como todos los días eran los mismos, conocíamos sus lugares de procedencia y el casting estaba elaborado con delicadeza (todos los concursantes eran muy simpático y daban juego), no nos quedaba más remedio que quedarnos a ver si el elegido acababa escogiendo la caja adecuada. Seguro que mas de uno recuerda todavía su pegadiza cabecera…

2005: Aunque el apagón analógico no llegó hasta el 2012, es en este momento cuando empieza a vislumbrarse el cambio tecnológico que estaba por venir. Cuatro nacía en 2005 rodeada de una gran expectación en noviembre de este año. Tras haber pasado mi infancia preguntándome qué había tras las interferencias de Canal +, se abría una nueva ventana con la llegada de esta nueva cadena en abierto. El guiñol de Michael Robinson nos lo contaba justo antes de comenzar:

A la primera persona que vimos en la nueva Cuatro fue a Iñaki Gabilondo, junto con parte del equipo. En las imágenes, pese a su baja calidad, también podemos distinguir a Iker Jiménez, a Nacho Abad, a Quequé y a Eva Hache entre otros. ¿A qué otras caras conocidas de la tele veis en esta presentación?

Pero Cuatro no es la única cadena que se estrena dentro de este panorama digital. LaSexta también llega a nuestros hogares de la mano de Emilio Aragón, Florentino Fernández, el Gran Wyoming y Helena Resano, con un reclamo ideal para quienes no ven la tele por la falta de contenidos variados, interesantes o divertidos.

Pero este año no solo supuso el nacimiento de canales de televisión y el comienzo de una nueva era, sino que la factoría de ficción y entretenimiento también fue muy prolífica. Descubrimos títulos que nos hicieron reír como Camera Café, Splunge, Aída o Buenafuente; y espacios que nos descubrieron un mundo desconocido hasta ahora, como Callejeros o Cuarto Milenio. Aunque si tuviera que quedarme con un solo programa elegiría Soy El Que Más Sabe de Televisión Del Mundo. Creo que las razones son obvias…

2006: Es aquí cuando comienza la era de Sé Lo Que Hicísteis y con ello, el inicio del sufrimiento de las demás cadenas. Quienes pudimos disfrutar de este grandísimo formato nos sentíamos muchísimo más satisfechos que viendo un simple programa de zapping, pues Patricia Conde y Ángel Martín se encargaban de mofarse de todas las pifias que ocurrían en nuestra televisión. Además, el largo recorrido que tuvo este título y la fluidez con que ocurría la emisión provocaba que tuviera un lenguaje propio lleno de momentos internos y hasta motes para ciertos canales y personajes famosos.

De nuevo, en este año me topo con un título que no pude disfrutar en directo. De Vientos de Agua tan solo pudimos ver dos episodios, pues Telecinco decidió no emitir el resto de la temporada debido a las bajas audiencias y por precaución contra la piratería. Yo pude verla muchos años después (en 2013 ) y creo que no he llorado más en mi vida. Como Cuéntame, esta también se encuentra en mi top 5 de series españolas por la historia tan maravillosa que narra, por lo auténtico de sus personajes y, en general, por la emoción que desprende en cada secuencia.

2007: Lorenzo Milá y Ana Blanco se pusieron al frente de un programa que cumplía todos los principios de servicio público. Yo, que todavía no tenía el espíritu político formado del todo, me sirvió para comprender aspectos del día a día traducidos a las acciones políticas. Tengo Una Pregunta Para Usted funcionaba de una forma muy sencilla: el público realizaba preguntas al político presente en el plató y este debía responderlas. Por supuesto, estas cuestiones no eran metapolíticas, como suelen ser los discursos de algunos dirigentes, sino que se preguntaba sobre el paro, la educación, la sanidad y la crisis económica que comenzaba a asomar las orejas. Aunque otros títulos han intentado recuperar este formato en algunas de sus secciones, nadie ha conseguido mantener la esencia.

2008: Todavía recuerdo con claridad el día en que La Sexta fue condenada a no emitir imágenes de Telecinco a raíz de la revolución que había supuesto Sé Lo Que Hicísteis. El gran Ángel Martín había triunfado gracias a los programas de la cadena donde Mermelada hacía de las suyas, pues su ingenio y el del equipo de guionistas superó todos los límites y conquistó a los espectadores.

En general, laSexta contó este año con grandes programas que fortalecieron su línea: Estas No Son Las Noticias, Qué Vida Más Triste (webserie llevada a la pequeña pantalla, ¡bendito descubrimiento!), La Tira o Salvados. Este último no solo supuso el descubrimiento al público de Jordi Évole ‘El Follonero’ o de quienes no vieron a Carlos Navarro ‘El Yoyas’ en GH2, sino que con el paso de los años ha matizado sus intenciones y en la actualidad está establecido como un formato serio de reportajes de calidad.

¿Te ha gustado este post? Pronto podrás leer la segunda parte. ¡Hasta 2016 todavía quedan años por repasar!

Sin Identidad y el despegue de la ficción nacional en televisión

Cuando el año pasado comenzó a emitirse Sin Identidad, una serie muy promocionada en la cadena y de la cual no esperaba mucho más que un ligero entretenimiento, sentí que algo estaba cambiando en nuestra televisión. Tras la miniserie Niños Robados, emitida en Telecinco algún tiempo antes y la cual ya abordaba la temática que sería el trasfondo de la ficción escrita por Manuel Ríos San Martín, parecía que no podría sacarse más provecho a las historias contadas por madres e hijos que fueron separados años atrás en una España que hoy nos cuesta reconocer. Sin embargo, Sin Identidad ha roto unos moldes que parecían permanentes. Tras el cierre de la serie estoy tan satisfecha como entristecida.

Estoy satisfecha gracias a un desarrollo de la acción en crecimiento y en constante vaivén, de subidas y bajadas en la historia para mantener al espectador en vilo durante cada capítulo; gracias a la creación de personajes reales, redondos y sorprendentes y gracias a un discurso innovador que, aunque sin alejarse del todo a lo comercial que exigen las cadenas privadas generalistas para rellenar su prime time, no venía a ser lo mismo de siempre, lo mismo de lo que ya nos hemos cansado. Por otro lado, me quedo tristona al haber puesto punto y final a una serie que me tenía realmente enganchada. De Sin Identidad me ha gustado casi todo, más aun cuando apenas nadie se había atrevido a crear un producto tan completo pero, a la vez, tan arriesgado: aunque sea cada vez más común, usar un tema de actualidad como contexto o, en este caso, detonante de la acción, no suele verse en las ficciones españolas de televisión. Más bien, se tiende a evitar por “no meter la pata”. Parece que hemos perdido el miedo al riesgo catódico del contratiempo y yo no puedo hacer otra cosa que alegrarme.

Si todavía no has visto Sin Identidad o te perdiste los últimos capítulos, te recomiendo que no leas más. Esta entrada está llena de SPOILERS. Así que, ¿por qué no te pones al día a la carta?

Una historia bien atada y un guión creíble

La primera sorpresa de Sin Identidad fue su planteamiento: María, una chica perteneciente a una familia acomodada, descubrían que era una niña robada tras una revisión médica. En este punto, decide buscar sus orígenes y se encuentra con Fernanda, su madre biológica; y Amparo, su hermana melliza. En el reencuentro y en la posterior presentación de su familia de sangre a su familia en el papel, conocerá que Enrique, su adorado tío, pertenecía a una trama de venta de niños. A partir de aquí, todo se complica: María, no conforme con las explicaciones ni de su madre ni del resto de su familia, decide emprender su propio camino para conocer el centro de la cuestión. Sin embargo, las trabas que encuentra en el trayecto son cada vez más llamativas y arriesgadas: desde un matón que se alía con su hermana melliza para ambos beneficiarse del plan maquiavélico de Enrique hasta una banda de trata de blancas, que sirve como punto de referencia en la estructura in media res de la ficción.

Pese a lo arriesgado del argumento, el guión que conforma el esqueleto de Sin Identidad es bien claro y no da rodeos. Desconozco si el final de la serie se conocía en el momento en que se cerró la escritura de la primera temporada, pero todo ha tenido sentido a medida de que narración avanzaba y no ha perdido “seriedad” por el camino. De hecho, la evolución tanto de la trama como la de los personajes ha mantenido un ritmo no solo correcto, sino necesario para que el espectador se enganchara: mediante pequeños saltos o cliffhangers, Sin Identidad permanecía en una continua subida de escalera en cuesta, es decir, desde abajo hasta arriba con una inclinación considerable, para dar un salto que dejara al capítulo en el borde del precipicio. Aunque tuviera que adaptarse a los criterios de los contenidos que estamos acostumbrados a ver en nuestra televisión, no ha pecado de explicar en exceso ni de demasiado previsible. Sin haber contado con sorpresas infartantes (no podemos pedírselas a una ficción creada para este panorama, todavía inmaduro), ha alimentado la curiosidad y la intriga en un grado notable.

Pero lo que más me gusta de Sin Identidad es cómo ha sabido mojarse sin salir empapada. Y me explico: ha criticado a los gobiernos, a las empresas farmacéuticas y a las fundaciones que utilizan sus organizaciones para lavar dinero y realizar fines bien distintos a los originales, todo ello justificado por la trama y contado a través de un guión correcto. En contra de lo que ocurre en gran parte de las series dramáticas nacionales, donde parece rechazarse de forma automática, la actualidad es no solo compatible con la ficción, sino que aporta riqueza y credibilidad al relato. Tras el buen uso de este elemento en la serie que terminaba la semana pasada en Antena 3, solo me queda cruzar los dedos para que sigan escribiéndose productos críticos e inteligentes para el gran público que, gracias a una educación audiovisual cada vez de mejor calidad, tolera y disfruta de una mayor oferta.

Ausencia de antagonistas puros: el profundo diseño de los personajes

Es aquí donde tuve más prejuicios con Sin Identidad. Desde que vi las promos de la serie y Megan Montaner se presentaba al público como una vengadora con naturaleza superheróica, pensé que aquello sería una ficción de acción por acción (sin fundamento) y que no iría conmigo. No podía estar más equivocada: desde el primer capítulo encontré una serie de personajes que me cautivaron, pese a lo prematuro de la sensación: una abogada, aunque joven, luchadora y curiosa; un abogado convencido de sus principios (aparentemente), un especialista informático que lo da todo por alguien a quien apenas conoce, una hermana desconocida egoísta y desorientada, una madre frustrada en todos los sentidos de la vida, un primo desgraciado y un tío encargado de la siembra de tal desgracia en toda la familia. Visto así, bien parece que Sin Identidad no es más que una ficción de corte familiar con una estructura más adecuada a las telenovelas que a  una serie dramática de prime time, pero también es cierto que dentro de los círculos más reducidos y estrechos es donde se desarrollan las problemáticas más jugosas. Más aun si a esto le sumamos una trama, primero de investigación y, después, de venganza.

El diseño de los personajes de esta ficción es uno de sus puntos fuertes: aun basándose en el principio del protagonista contra los antagonistas, no cae en los tópicos que hemos visto en otras historias de luchas de egos. En este caso, no hay ni buenos ni malos, pues los buenos ejecutan malas acciones y los malos pueden actuar en ocasiones bajo un sentimiento bueno. El ejemplo perfecto es el de Amparo, la hermana melliza, quien comienza realizando sus planes por culpa del interés y el egoísmo y acaba ejecutándolos por el bien de su hijo y con una gran culpabilidad por haber traicionado a María. Bruno, el primo de la protagonista de la serie, también se desdobla: pese a ser un personaje de lo más cretino, desarrolla sentimientos positivos hacia su mujer y hacia su hijo. En Sin Identidad no existen antagonistas puros, pues hasta Enrique Vergel es capaz de querer a su nieto y de mostrar una ternura que solo consigue aflorar cuando está con él.

Lo que yo no hubiera hecho (ni haría en el futuro)

A pesar de la buena sensación que me deja el desenlace de Sin Identidad, creo que la crítica aporta riqueza al producto. Por eso, no podía quedarme con la espinita: claro que ha habido cosas de esta serie que no me han terminado de gustar, pero tampoco esperaba que fuera perfecta (nada lo es).

Aunque no he podido revisionar la primera temporada, recuerdo que no me convencían las secuencias de la cárcel china. Sin embargo, con el tiempo cobraron sentido. Quizá sería que no estábamos acostumbrados a los cold opens de las ficciones patrias en televisión y, si no nos lo dan picadito y para que lo entendamos, nos chirría. Y me incluyo, qué le vamos a hacer, pero tras una vida consumiendo productos calcados, cuando viene una serie (para colmo, ¡española!) a cambiarnos todos los esquemas nos cuesta asimilarlo. A pesar de todo, la primera impresión que me dio fue muy buena.

Enumero aquellos puntos que no me convencieron en su momento y los que creo imposibles a estas alturas:

  • Un final feliz, en exceso: tras dos temporadas llenas de tensión, intrigas y un mal rollito generalizado no solo entre María y su familia, sino hasta en sus círculos exteriores pero participantes de su venganza, choca que la ficción termine de la forma más feliz posible:  habiendo llevado a cabo lo que había maquinado y con un resultado tan sumamente satisfactorio. Tras ver la última secuencia del último capítulo, aunque escuchemos una narración en off donde se hace referencia a las víctimas que han quedado por el camino, parece que María es la misma que la del primer capítulo a pesar del altísimo precio que ha debido pagar por su venganza: una niña bien que lucía una larga cabellera y trabajaba como abogada sin mayores preocupaciones. Echo de menos que la evolución del personaje se haga patente en el final de la ficción, que veamos una huella de lo que ha hecho y de en lo que se ha convertido.
  • Un final alternativo: en este punto he tenido mis dudas, pues no sé todavía si me pareció adecuado o lo hubiera omitido. Que Sin Identidad no terminara en la última secuencia, sino que se añadiera un trozo más de relato pudo servir para no cerrar la ficción de forma definitiva y así aportar una especie de conclusión abierta para que la sensación del espectador fueran más satisfactoria, si cabe. Sin embargo, yo no compro esta estructura “tramposa” si no va a ser desarrollada en un futuro, pues sino da la sensación de que el resto de la serie no tiene tanta importancia como las últimas frases del guión.
  • Una tercera temporada: tras el final de Quique, sacando la fortuna de su tío para vengar su muerte y comenzar otro ciclo de venganza, muchos espectadores se alimentaban a base del falso hype producido por la ilusión de ver una tercera temporada de Sin Identidad. Sin embargo, creo que esta ilusión no queda más que en eso. Que hubiera otra entrega para contar una historia totalmente distinta no solo rompería con la línea que hemos visto durante este tiempo, sino que caería en el error de narrar los mismo con distintos personajes, por lo que tengo la sensación de que perdería mucho de su encanto.

 

¿En conclusión? Un magnífico sabor de boca

Sin Identidad ha resultado ser la tregua que muchos necesitábamos. Con el manido tópico todavía presente de que aquí no se hacen buenas series, vino y lo rompió para llenarnos de orgullo a quienes defendemos la creación y a los creadores patrios. Ahora, solo espero que los guionistas sigan teniendo trabajo, que a los productores no dejen de ocurrírseles buenas ideas y que las cadenas sigan abiertas a propuestas arriesgadas. Para mí, un sobresaliente.

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