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25 años de televisión (I)

Este post comenzó a ser creado el 2 de septiembre del 2015, el día que cumplí 24 años. Como me conozco y sé que no soy capaz de “vomitar” un post de un tirón (y menos uno como este, repleto de videoteca), empiezo a escribirlo con un margen de tiempo considerable. Ahora, con el cuarto de siglo recién estrenado, releo y completo con aquellos trocitos de la pequeña pantalla que recuerdo con cariño y fueron necesarios para que hoy fuera lo que soy: una apasionada (y dependiente hasta el extremo) de este medio. Aquí os dejo mi particular repaso a 25 años de televisión.

La infancia: maratones de VHS y creación de referentes

1991: Aunque yo tan solo contaba con días desde que nací, el 19 de septiembre se estrenaba en Antena 3 la mítica Farmacia de Guardia, la cual aparecía en mis apuntes del máster en guión como referente en la sitcom española. Pese a que no conservo apenas recuerdos de la ficción dirigida por Antonio Mercero, no podía no mencionarla en este repaso debido a su importancia para la historia de la ficción en nuestra televisión. Sin embargo, aunque sería imposible que me acordara de todo lo que vi durante este periodo, tengo entendido que me llamaban muchísimo la atención los sonidos llamativos y colores chillones de las cortinillas de Telecinco.

1992: El ’92 no solo fue un año espléndido para España de cara al mundo, sino que esta apertura tuvo repercusión en la tele. Yo, que todavía no era consciente de lo que ocurría tras el cristal, me quedaba embobada viendo los sketches de Pinnic (formato que ya reivindiqué en otra ocasión) en La 2.

Este mismo año también me fascinaban, según las declaraciones de mi familia, las performances de la rubísima y súper carismática Xuxa en Telecinco, en su colorido show Xuxa Park.

1993: El cuarto año de los noventa, el segundo de mi vida, fue sin duda el de los concursos. En La 2 de Televisión Española se estrenaba Cifras y Letras al tiempo que en Antena 3 Emilio Aragón daba la bienvenida a una nueva era con El Juego de la Oca y sus pruebas descabelladas (nunca mejor dicho). Sin embargo, el recuerdo más lúcido que conservo es el de Qué Apostamos. El show presentado por Ramón García disfrutó de varias temporadas en La 1 mostrando a los espectadores cómo los superhumanos eran capaces de desempeñar habilidades sorprendentes. Pero, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad con los talent shows, existían elementos que servían de alicientes tanto para los espectadores como para los invitados presentes en plató, quienes debían apostar a favor o en contra de los concursantes. Además, el público asistente también jugaba un papel divertido en el concurso, pues debían apostar para elegir el ganador. De lo más recordado de uno de los títulos estrella de Ramonchu son las duchas que él y las distintas copresentadoras (Ana Obregón, Antonio Dell’Atte, Raquel Navamuel o Mónica Martínez, en la etapa de la pública) se daban al finalizar cada programa, aunque algún que otro famoso también llegó empapado a casa tras haber jugado en este maravilloso programa.

El recuerdo más lúcido que conservo del ’93 es el de El Gran Circo de TVE. Aunque comenzara su andadura en 1973, en este año regresó a La 1 de Televisión Española para seguir animando las mañanas de los fines de semana a todos los niños que esperábamos que Miliki y Rita Irasema nos contaran historias divertidas. Tenía una obsesión enfermiza con este dúo, ¡me volvían loca!

1994: Un poquito más despierta y adquiriendo gusto televisivo gracias a los maratones de VHS que me tragaba en cada comida (mi madre me grababa un cóctel de contenidos para que me dejara alimentar, pues era la única forma en que no protestaba -tanto-), disfrutaba con los Tricicle en ¡Chooof! pues, aunque no dijeran una sola palabra en todo lo que duraba el programa, me tronchaba de la risa. La tele captaba toda mi atención y con tan solo tres años ya comenzaba a vislumbrarse esta obsesión catódica que tengo (más bien, afición).

Aunque el ’94 fue el año del particular Scavengers de Bertín Osborne, lo descubrí hace algunos años gracias a YouTube. Pese a que no formó parte de mi infancia televisiva, no podía dejar de mencionarlo en este recopilatorio…

1995Blossom y Punky Brewster llegaron a nuestras pantallas este año. Aunque mis padres no me dejaron ver la tele del late night hasta bastante más mayor, pude disfrutar del espacio presentado por Pepe Navarro y por cuyo plató desfilaron personajes tan maravillosos como Cristina ‘La Veneno’ y Krispín Klander a posteriori, gracias a YouTube y a la infinidad de zappings que siguen nutriéndose de estos contenidos. Esta noche cruzamos el Missisippi se estrenaba semanas después de que yo cumpliera cuatro años de edad.

En el ’95 surgía un alocado formato que durante los viernes noche de verano llenaba a las familias de risas y diversión. Como rezaba la sintonía de El Grand Prix, “el programa del abuelo y del niño” tenía una función similar a la del ‘1, 2, 3, Responda Otra Vez‘: reunir a la familia frente a la televisión. En la actualidad, programar un viernes en prime time es arriesgado. Un año después de su estreno, el título también presentado por Ramón García (el rey de los concursos) conseguía un 36,6% de media de share. Si tenéis nostalgia, he encontrado este canal en YouTube donde van subiendo todos los programas, pues en el archivo de RTVE tan solo hay 12 vídeos.

1996: Cuando se estrenó Con Mucha Marcha en La 2 de Televisión Española yo contaba con cinco años de edad y una conciencia casi plena de todo lo que ocurría tras la pequeña pantalla.

El 96′ fue un año de grandes estrenos televisivos, pues surgieron títulos como Caiga Quien Caiga, Día a Día, Redes, Hostal Royal Manzanares, La Parodia Nacional o Sorpresa, ¡Sorpresa! Recuerdo con especial cariño un especial de Navidad que todavía conservo en VHS y que no soy capaz de encontrar en la red. Ahora, ya he visto el vídeo de la niña de Redondo cincuenta mil veces…

1997: Junto con el Missisippi, Crónicas Marcianas no solo ha sido uno de los títulos más venerados del late de nuestra televisión, sino que para mí resultaba un mito viviente, alejado de mis posibilidades debido al horario y a sus contenidos. De todas formas, mi madre acabó comprendiendo mi temprano interés por aquel espacio adulto y no le quedó más remedio que grabarme algunos fragmentos en los que acudían los concursantes de Gran Hermano, aunque para este momento todavía quedan algunos añitos mas… El que os enseño a continuación lo conocí a raíz de la participación de las famosas Hermanas del Baptisterio en Callejeros. Lo que no supe en ese momento es que ya había pasado por la tele, acompañadas de Javier Cárdenas.

Saber y Ganar también llegaba este año a La 2 de Televisión Española. Desde su estreno y hasta el día de hoy, es lo que se ve en mi casa a la hora de comer. Mis padres, como su audiencia, todavía no se han hartado de los magníficos, de Juanjo Cardenal, de Pilar Vázquez ni del fantástico sentido del humor de Jordi Hurtado.

Aunque Tómbola se estrenaba en el Canal Nou, los andaluces también pudimos verlo en Canal Sur durante algunos meses, hasta que los responsables decidieron que el espacio no era apto para su emisión en la televisión autonómica. El polémico espacio de corazón donde se vivieron momentos de lo más tensos resultó un punto y aparte para este tipo de programas, pues los que estaban por venir bebieron de forma irremediable de sus métodos, su realización y sus conflictos internos.

1998: Recuerdo cómo mi abuela programaba el temporizador de la tele de la habitación para que se apagara a la media hora, cuando le pedía con todos mis recursos que me dejara (¡por favor!) ver Furor. Yo, que siempre fue una niña muy obediente, no volvía a encender la pantalla pese a que sabía de sobra la estrategia para bajar el volumen a tope y que nadie se diera cuenta de que, efectivamente, no me había dormido cuando me tocaba y me había quedado viendo aquel espectáculo de botones, lunes y canciones. Con siete años me había quedado prendada de Alonso Caparrós, aunque cuando traían a su hermano Andrés al plató me gustaba más el otro.

Ana Rosa Quintana se estrenaba en Antena 3 con el magacín Sabor a Ti. Recuerdo que me pilló de vacaciones en Valencia y alternaba los visionados de Doraemon en un lenguaje que se me escapaba con los de este nuevo programa. Volviéndolos a ver ahora, alucino con lo rápido que pasa el tiempo y con lo mal que envejecen los escenarios, los looks y la televisión en general. Más bien, alguna televisión.

No puedo cerrar el ’98 sin hacer una mención a El Informal. Desde aquí quiero transmitir a los directivos del momento, a los creadores del formato y al realizador a los mandos del día al que me refiero que, por su culpa, vivo traumatizada con la película Alien. Y no porque la viera a una edad prematura (de hecho, la vi ya con 24 tacos, hasta que no pude evitarlo más tiempo), sino porque me comí una de las escenas más terroríficas que había presenciado jamás: aquella en la que el alien sale del vientre de su víctima y salta de la mesa de operaciones enseñando sus afilados dientes. Por todo lo demás, el programa presentado por Florentino Fernández y Javier Capitán ha sido uno de los títulos que más risas ha provocado en mi casa y en mi familia todavía se nos saltan las lágrimas cuando recordamos algún doblaje. Y es que no es para menos.

1999: en este año comenzaría el recorrido de todo un hito en la pequeña pantalla. Carlos Lozano se ponía al frente de Noche de Fiesta, creación de José Luis Moreno, quien ha intentado por todos los medios que su creación perviviera hasta el 2015 con Alfombra Roja Palace (y hasta nuevo aviso, que nunca se sabe). Por muchos títulos que tuvieran estos espacios, el programa siempre era el mismo: una gala grabada en un hotel o en exteriores, compuesta por actuaciones musicales y de humor. La verdad, no sé si en algún momento haría algo de gracia pero, a las puertas del 2000, la televisión había recorrido mucho más de lo que reflejaba este título.

Mis padres me mandaban a la cama temprano todos los domingos, además de porque el lunes tenía que madrugar para ir al colegio, porque querían ver 7 Vidas tranquilos. De nuevo, mi curiosidad televisiva provocaba que, a pesar de no ver la pantalla, me durmiera tarde escuchando los divertidos diálogos entre David (Toni Cantó) y Laura (Paz Vega). Años más tarde sí que pude ver algún capítulo sin remordimientos y me arrepentí de no haber disfrutado antes de personajes tan maravillosos como Sole (Amparo Baró), Paco (Javier Cámara), Gonzalo (Gonzalo de Castro) Carlota (Blanca Portillo) o Diana (Anabel Alonso).

De la preadolescencia a la ¿madurez?: el cambio de milenio y los realities que estaban por venir

2000: Tenía que comenzar este apartado mencionando a mi reality favorito de todos los tiempos. Gran Hermano aterrizaba en España en abril y, aunque todavía era una niña, viví con total intensidad gran parte de los acontecimientos vividos en la casa de Soto del Real (que, más tarde, se mudaría al mítico Guadalix de la Sierra): la expulsión de Mª José Galera, el “jódete” de Vanessa, la salida conjunta de Silvia e Israel, los intentos de Ínigo (y su/s polo/s verde/s), el abandono de Mónica tras descubrirse su pasado en una revista (y ser comunicado a la concursante por el programa, debido a la gravedad del asunto, la salida voluntaria de Jorge Berrocal y la victoria de Ismael Beiro al ritmo de los Police, tras 90 días de convivencia y aislamiento, entre otros. Gran Hermano, aquel programa que se presentaba como un experimento social, había roto una barrera en nuestra televisión: la de la privacidad más personal. Aquello nos encantó.

2001: Definitivamente, el cambio de milenio había traído el descubrimiento del reality a nuestras pantallas. Tras el éxito de la primera edición de Gran Hermano nacieron otros formatos que utilizaban la convivencia de los concursantes uno de los reclamos. Sin embargo, en Operación Triunfo no solo valía con ser un buen compañero, sino que los participantes iban escalando hasta la final a base de talento, disciplina y emoción. Había llegado el origen del talent show, tal y como ahora lo conocemos, a España.

Además, en el año 2001 también comenzaba una ficción insignia de Televisión Española que, pese a los baches, sigue ofreciendo capítulos inmensos al público: Cuéntame Cómo Pasó. Aunque no comencé a seguirla en este momento, sino que fue en el verano de 2013 cuando me bebí todas las temporadas emitidas hasta el momento. Y qué secuencias descubrí… Y cómo me emocioné… A tal punto que, a día de hoy, está e mi top 5 de mejores series españolas.

Otro curioso título que nacía en 2001 era El Diario de Patricia. Por supuesto, no podía faltar en un repaso televisivo, pues ha sido el culpable de que se me escapara la carcajada en más de una ocasión mientras observaba (y hasta admiraba) la fauna que se paseaba por aquel plató de Antena 3. Algunas historias eran realmente dramáticas pero, otros relatos resultaban tan poco creíbles que lo único que podíamos hacer era partirnos de risa y disfrutar del espectáculo.

2002: Aunque no seguí esta serie, es cierto que supuso un descubrimiento curioso. Ana y los Siete comenzaba sus emisiones en TVE este año y aguanto hasta el 2005 en programación. La Obregón se metía en el papel de la niñera-stripper que llevaba su mismo nombre y triunfaba en las audiencias.

Pero el programa que recuerdo con más cariño de este año fue el talent que Jesús Vázquez y Elia Galera presentaron en Telecinco. Si Operación Triunfo se vivió con intensidad en mi casa, más dramática fue la expulsión de Roser en Popstars. Tuvimos que llamar para salvarla tras su nominación porque mi hermano, de siete años, se había encaprichado con la catalana y no dejaba de llorar.

2003: el programa que Jorge Javier Vázquez y Carmen Alcayde presentaban en la sobremesa de Telecinco supuso toda una revolución en mi familia, aunque el consumo bestial llegó años más tarde de su estreno. Aquí Hay Tomate fue engullido en mi casa tras el renventón del caso Malaya, pues nos tocaba muy de cerca, y disfrutamos como gorrinos comprobando el revuelo mediático que se formaba a unas calles de nuestra casa. Aunque ya nos meábamos de la risa con los magistrales vídeos de Cachuli y la Pantoja paseando su amor por la aldea de El Rocío y las calles de Marbella… ¡Mi tierra!

Homo Zapping, que también nacía en el 2003, tampoco podía dejar pasar las desternillantes escenas de la mediática pareja.

Este mismo año se estrenaba una serie que, según el post que Borja Terán publicó en La Información, es el Verano Azul de las generaciones más jóvenes. Aquí No Hay Quien Viva es un referente de las comedias de situación en nuestra televisión y atrajo a un público tan diverso que permaneció en parrilla hasta el 2006, aunque su legado todavía permanece gracias a La Que Se Avecina. No puedo elegir un momento de esta maravillosa serie que todavía me saca una sonrisa cada vez que me trago sus reposiciones de madrugada en A3Series.

2004: Si Gran Hermano me conquistó a tal punto que, dieciséis ediciones después, acudo fiel a la cita de las nuevas entregas, La Casa De Tu Vida revolucionó mi concepción de reality: este, sin ser un talent, contaba con un elemento extra a la convivencia (debían construir una casa) y, además, resultaba un catalizador de todos los conflictos que ocurrían. Que no eran pocos…

Aunque nunca fui demasiado fan de los concursos de las tardes, he de reconocer que me enganché a Allá Tú. No solo por la dinámica del programa ni por lo bien que lo hacía Jesús Vázquez (cuando todavía no nos habíamos cansado de él por estar en casi todos los títulos de Telecinco), sino porque el público acababa empatizando con los concursantes. Como todos los días eran los mismos, conocíamos sus lugares de procedencia y el casting estaba elaborado con delicadeza (todos los concursantes eran muy simpático y daban juego), no nos quedaba más remedio que quedarnos a ver si el elegido acababa escogiendo la caja adecuada. Seguro que mas de uno recuerda todavía su pegadiza cabecera…

2005: Aunque el apagón analógico no llegó hasta el 2012, es en este momento cuando empieza a vislumbrarse el cambio tecnológico que estaba por venir. Cuatro nacía en 2005 rodeada de una gran expectación en noviembre de este año. Tras haber pasado mi infancia preguntándome qué había tras las interferencias de Canal +, se abría una nueva ventana con la llegada de esta nueva cadena en abierto. El guiñol de Michael Robinson nos lo contaba justo antes de comenzar:

A la primera persona que vimos en la nueva Cuatro fue a Iñaki Gabilondo, junto con parte del equipo. En las imágenes, pese a su baja calidad, también podemos distinguir a Iker Jiménez, a Nacho Abad, a Quequé y a Eva Hache entre otros. ¿A qué otras caras conocidas de la tele veis en esta presentación?

Pero Cuatro no es la única cadena que se estrena dentro de este panorama digital. LaSexta también llega a nuestros hogares de la mano de Emilio Aragón, Florentino Fernández, el Gran Wyoming y Helena Resano, con un reclamo ideal para quienes no ven la tele por la falta de contenidos variados, interesantes o divertidos.

Pero este año no solo supuso el nacimiento de canales de televisión y el comienzo de una nueva era, sino que la factoría de ficción y entretenimiento también fue muy prolífica. Descubrimos títulos que nos hicieron reír como Camera Café, Splunge, Aída o Buenafuente; y espacios que nos descubrieron un mundo desconocido hasta ahora, como Callejeros o Cuarto Milenio. Aunque si tuviera que quedarme con un solo programa elegiría Soy El Que Más Sabe de Televisión Del Mundo. Creo que las razones son obvias…

2006: Es aquí cuando comienza la era de Sé Lo Que Hicísteis y con ello, el inicio del sufrimiento de las demás cadenas. Quienes pudimos disfrutar de este grandísimo formato nos sentíamos muchísimo más satisfechos que viendo un simple programa de zapping, pues Patricia Conde y Ángel Martín se encargaban de mofarse de todas las pifias que ocurrían en nuestra televisión. Además, el largo recorrido que tuvo este título y la fluidez con que ocurría la emisión provocaba que tuviera un lenguaje propio lleno de momentos internos y hasta motes para ciertos canales y personajes famosos.

De nuevo, en este año me topo con un título que no pude disfrutar en directo. De Vientos de Agua tan solo pudimos ver dos episodios, pues Telecinco decidió no emitir el resto de la temporada debido a las bajas audiencias y por precaución contra la piratería. Yo pude verla muchos años después (en 2013 ) y creo que no he llorado más en mi vida. Como Cuéntame, esta también se encuentra en mi top 5 de series españolas por la historia tan maravillosa que narra, por lo auténtico de sus personajes y, en general, por la emoción que desprende en cada secuencia.

2007: Lorenzo Milá y Ana Blanco se pusieron al frente de un programa que cumplía todos los principios de servicio público. Yo, que todavía no tenía el espíritu político formado del todo, me sirvió para comprender aspectos del día a día traducidos a las acciones políticas. Tengo Una Pregunta Para Usted funcionaba de una forma muy sencilla: el público realizaba preguntas al político presente en el plató y este debía responderlas. Por supuesto, estas cuestiones no eran metapolíticas, como suelen ser los discursos de algunos dirigentes, sino que se preguntaba sobre el paro, la educación, la sanidad y la crisis económica que comenzaba a asomar las orejas. Aunque otros títulos han intentado recuperar este formato en algunas de sus secciones, nadie ha conseguido mantener la esencia.

2008: Todavía recuerdo con claridad el día en que La Sexta fue condenada a no emitir imágenes de Telecinco a raíz de la revolución que había supuesto Sé Lo Que Hicísteis. El gran Ángel Martín había triunfado gracias a los programas de la cadena donde Mermelada hacía de las suyas, pues su ingenio y el del equipo de guionistas superó todos los límites y conquistó a los espectadores.

En general, laSexta contó este año con grandes programas que fortalecieron su línea: Estas No Son Las Noticias, Qué Vida Más Triste (webserie llevada a la pequeña pantalla, ¡bendito descubrimiento!), La Tira o Salvados. Este último no solo supuso el descubrimiento al público de Jordi Évole ‘El Follonero’ o de quienes no vieron a Carlos Navarro ‘El Yoyas’ en GH2, sino que con el paso de los años ha matizado sus intenciones y en la actualidad está establecido como un formato serio de reportajes de calidad.

¿Te ha gustado este post? Pronto podrás leer la segunda parte. ¡Hasta 2016 todavía quedan años por repasar!

Cuéntame Cómo Pasó: más que un pasatiempo, una lección

ALERTA, SPOILER: Si no estás al día de Cuéntame Cómo Pasó es probable que un spoiler te sorprenda. ¡Estáis avisados!

Qué pena me da que termine otra temporada de una de mis series favoritas y tenga que esperar para poder disfrutar de una nueva entrega (si nos dejan, claro). Tras haberme tragado más de cien capítulos de la serie en tan solo un verano, Cuéntame Cómo Pasó se convirtió para mí en mucho más que un referente de la creación televisiva en España (y en el mundo) y los Alcántara pasaron a formar parte de mis recuerdos más tiernos de la pequeña pantalla.

En esta ocasión (la número diecisiete, nada más y nada menos), hemos disfrutado con el romance de Antonio y Merche, quienes vivían una especie de segunda adolescencia volviéndose a enamorar y reconciliándose con momentos tan duros como su primera boda; hemos sufrido con Carlos y sus indecisiones, típicas en sus años de madurez; hemos visto cómo Ines tomaba decisiones que serán clave para el resto de su vida y hemos reído con las ocurrencias de Herminia, quien vive uno de los momentos más frescos en la ficción y resulta cada vez más indispensable en el desarrollo de la serie.

Tramas: apoyadas en la Historia, pero válidas por sí misma

Aunque pudiera parecer que Cuéntame Cómo Pasó es una simple serie familiar, con tramas adaptadas a todas las edades que conforman el público objetivo de la cadena pública en horario de prime time, la creación por Miguel Ángel Bernardeu ha sabido ir más allá de lo que hacen otros títulos. Pese a que todavía no se desprende de las historias infantiles (antes protagonizadas por Carlitos y, ahora, por María), la serie ha sabido focalizar la tensión y los tiempos en aquellos momentos que merecen mayor protagonismo. Por ello, aunque la trama de los niños pueda tener presencia episódica, tan solo complementa a la historia que vertebra cada temporada y que es la que aporta la tensión que caracteriza a la ficción.

Sin embargo, lo que más me llama la atención de cómo crean los guionistas la línea argumental es el paralelismo que se mantiene entre la historia inventada de la familia Alcántara y la Historia real, por así decirlo, de lo que ocurrió en España y tras sus fronteras en los años en los que se desarrollan las temporadas. Así, todo queda justificado por el contexto: el boom de las construcción, que no solo fastidia a Antonio debido a los negocios turbios de don Pablo, sino que hasta llega a afectar al entorno de los más pequeños; la muerte de Franco, abordada desde el punto de vista cómico y catódico, las presiones que experimentó Toni (uno de mis personajes favoritos), a quien aterrorizaron por meter las narices en la trama de los GAL hasta que huyó al extranjero; y el miedo generalizado que sufren todos los personajes debido a los atentados de ETA que se suceden en el Madrid de ya entrados los ochenta, entre otras historias.

La familia Alcántara, expectante ante la inminente muerte de Franco.

La familia Alcántara, expectante ante la inminente muerte de Franco. Fuente

Aunque el peso de la Historia es esencial para que comprendamos ciertos comportamientos, las alegrías y vicisitudes de este matrimonio de Sagrillas vertebra la serie: Cuéntame Cómo Pasó se mide por los pulsos que marcan Mercedes Fernández y Antonio Alcántara, que no son pocos: desde la primera temporada, cuando él pasaba los días entre el ministerio y la imprenta y ella, cosiendo pantalones en el humilde piso de San Genaro; pasando por las ideas y venidas como pareja (ludopatía, cuernos y secuestro, incluído), como familia (por las aventuras de Inés con el teatro, la Iglesia y las agujas, entre otras; por los sustos de Toni y por los de Carlos… Al final, todos los hermanos han pisado la cárcel por una cosa o por otra…) y como vecinos de uno de los barrios más famosos de la televisión (demostrado en esta última temporada con la trama del violador de Galerías Preciados).

Personajes: el motor de la ficción

Las series que más me gustan suelen estar caracterizadas por contar con unos personajes que sobresalen de lo común y atrapan al público gracias a su carisma, sus ocurrencias y las historias que se generan debido a sus comportamientos. De Cuéntame Cómo Pasó no podría quedarme con uno solo, pues prácticamente todo el elenco me tiene conquistada: desde los más pequeños (aunque no en las últimas temporadas, sino en las primeras, cuando Carlitos pasaba de querer ser El Cid a Lawrence de Arabia.) hasta los más mayores (las historias de Herminia son de lo más tierno y divertido de la serie).

El heredero más consentido y mejor evolucionado. Fuente

Además, los secundarios cuentan con un gran peso en el desarrollo de los capítulos y aportan verosimilitud a las vivencias ocurridas en San Genaro. Esto último hemos podido comprobarlo en la temporada que ahora finaliza: Paquita ha tenido un gran protagonismo, siempre desde el segundo plano, gracias a su trama “montaña rusa”, a la que nos tiene acostumbrados (amor-desamor, sueños-desilusión, dinero-pérdidas, etc). Por otro lado, Karina también ha sido crucial para Carlos, quien parece haberse aclarado las ideas en cuanto al amor (aunque yo no estoy cien por cien segura de esto). Por último, Pili y Clara han sido claves en esta temporada, ya que sufrieron lo que se rumoreaba pero que nadie se atrevía a contar.

Las chicas más pillinas del Fly. Fuente

En Cuéntame Cómo Pasó sobresale el drama, la angustia, la tensión y la emoción final, aunque el humor y la ternura también cuenta con un claro papel en la ficción de Televisión Española. Herminia (personaje predilecto, junto con Toni) me ha hecho reír hasta que se me salten las lágrimas en esta última temporada y, pese a que ha tenido un protagonismo curioso en la entrega número 17 de la serie, me quedo con sus anteriores tramas románticas (y hasta oníricas) con su mago Jerónimo. Miguel y la reciente incorporación de Olmedilla también han logrado momentos hilarantes junto con la cómica Nieves, quienes formaban un extraño trío cada vez que coincidían en pantalla.

¿Qué nos queda por ver en Cuéntame Cómo Pasó?

Aunque siempre tengo la sensación de que, tras finalizar cada temporada, no queda mucho más que contar de la familia Alcántara debido a la intensidad con la que se narran las historias y la de sentimientos que se explotan cada vez que la serie regresa, me sorprendo cuando descubro las nuevas tramas que están por venir. Pese a las informaciones que leo, quiero confiar en que Cuéntame Cómo Pasó regresará para seguir enriqueciéndonos (porque sí, por supuesto que lo hace, igual que tantos contenidos que deberían potenciarse y que no se tienen en cuenta por considerarse un simple pasatiempo).

De la ficción nos queda por ver todo lo que quieran contarnos: vienen momentos históricos intensos, hitos que han marcado lo que hoy somos. Cuéntame Cómo Pasó es una clase de historia más allá de las aulas, que no solo enseña lo que ocurrió en el mundo de nuestros padres y abuelos, sino cómo se sintieron ante todos los cambios que experimentaba su entorno, un ejercicio de identificación y de valor por quiénes somos y de dónde venimos: de coser pantalones, del Ministerio y de la imprenta. De Sagrillas.

Ficción española en series, ¿qué nos chirría tanto?

Las comparaciones apestan pero, a veces no queda más remedio que hacerlas. Siempre que veo una serie extranjera me pregunto qué es lo que falla en el sistema de creación y producción de las series españolas porque el resultado no es el mismo en absoluto. Igual que tampoco podemos comparar un libro con una película, las series de diferentes países tampoco tienen mucho que ver entre sí pero, la calidad de un producto es fácil de identificar sea cual sea. Personalmente, no soy capaz de encontrarla en gran parte de las series españolas que se emiten en la actualidad. Con cada vez más frecuencia, las cadenas de televisión invierten gran parte de su presupuesto en las series, tanto en las compras de temporadas extranjeras como en las de producción propia. La ficción televisiva es un terreno de actuación prácticamente seguro. Prueba de ello son las audiencias conseguidas en la emisión del último capítulo de Breaking Bad (según la consultora de audiencias Nielsen Media Research, fue visto por más de diez millones de espectadores en EE. UU.) y de Dexter (obtuvo casi 3 millones, cifra casi irrisoria, tras coincidir con la gala de los Emmy), los finales más esperados de esta temporada.

Fuente: AMC

En España, las audiencias también agasajan a la ficción nacional. El último episodio emitido de Vive Cantando alcanzó un 15,5% de share y superó los 2 millones y medio de espectadores, así como el de Tierra de Lobos, que alcanzó el 13% de cuota de pantalla. No solo las privadas encabezan la ficción de la parrilla televisiva, la pública también apuesta por este nicho. Televisión Española fue recientemente premiada “por su impulso a la producción de ficción” en el Zoom Festival Europeo de Cine de Igualada (Barcelona). Además, los datos demuestran que Cuéntame Cómo Pasó, serie reina de la pública, sigue batiendo récords de audiencia a pesar de su longevidad: el último episodio, “La vida ante tus ojos”, fue visto por más de 5 millones de espectadores y obtuvo un 25,5% de share. En estos momentos se está rodando la próxima temporada.

Fuente: RTVE

Sin embargo, los números no significan calidad. Mariola Cubels en su último libro ¿Y tú qué miras? expone algunos ejemplos de lo que quieren los ejecutivos según los creadores audiovisuales: “que las actrices y los actores sean guapos (aunque sean malos), que los protagonistas sean famosos, que una gran historia de amor sea el centro de atención de todo lo demás, que haya niños, que presente una narración clásica (dando por hecho que el público es corto de entendederas y no será capaz de comprender según qué técnicas más complejas), que se escriba para un público mayor (ya que los jóvenes casi no ven la televisión, ¿por qué será?) , que los capítulos duren 70 minutos, que no se digan tacos, que no se toquen temas de actualidad (para poder repetir el capítulo en los cientos de canales que tienen las cadenas esparcidos por la TDT sin que se desgaste) y que, aunque haya sexo, no sea muy explícito”.

A partir de estas premisas, ¿podríamos hacer un Homeland a la española? En absoluto, ¿cómo íbamos a crear una serie donde el argumento central de la trama fuera la actualidad política y el terrorismo? Además, ¿quién iba a verlo? Sin niños de por medio y con muchos tacos, además de personajes imperfectos. Las aristas de Carrie y las idas y venidas de Brody, demasiado para que nuestro público lo procese. Me temo que se creen que somos un poco tontos o que no nos gusta que nos vayamos a la cama pensando más de lo que deberíamos. Para eso ya están las películas… ¿No?

Lo que más nos gusta es reírnos

El humor es el punto fuerte que utilizan las cadenas para atraer al público. Las ficciones blancas y familiares como Médico de Familia fueron el gran descubrimiento de Globomedia y han seguido alimentando la televisión gracias al modelo de serie rentable y seguro que crearon. Por ejemplo, Los Serrano, cuyas repeticiones son usuales en las mañanas de FDF (digo yo que las verá alguien), no es más que otra versión del padre viudo y casado (o arrejuntado) con una madre (que puede tener hijos de otro matrimonio o tenerlos después, según les venga bien) en un entorno doméstico y rodeados de personajes cómicos. El resultado es exitoso, por lo menos hace un tiempo. Ahora parece no nos resulta tan gracioso y preferimos las situaciones más extremas donde ni las familias son tan perfectas ni los personajes tan redondos.

Nos gusta la comedia, nos gusta vernos reflejados en los personajes que nos resultan cómicos. Disfrutamos viendo cómo solucionan sus problemas diarios de las formas más absurdas e inverosímiles. Aquí No Hay Quién Viva o Aída, que llegará a su final tras su décima temporada, son los ejemplo más adecuados que he encontrado. La creación de José Luis Moreno (que sigue dando frutos gracias a su transformación para Mediaset La Que Se Avecina) es considerada por muchos espectadores como la mejor serie española de la historia. Ambas series tienen sus propias versiones extranjeras, por lo que deducimos que el formato ha tenido tal éxito que otros países demandan sus contenidos. ¿Debemos sentirnos orgullosos por ello? Juzgad vosotros mismos.

Ojo, que no todo es malo

No me gustaría dar la impresión de que soy anti ficción española, ni de sus series ni de su cine, en absoluto. Hay que reconocer que cuando estamos ante un trabajo de calidad, se nota. Para gustos, colores, como siempre que analizamos cualquier vertiente del arte o la creación. Pero es cierto que percibimos algo distinto en los productos que han tenido una elaboración más exhaustiva (de guión, de producción, de casting, etc). Me gustaría mencionar series que han quedad en la memoria y que, por desgracia, no tuvieron la relevancia que se merecían. Ya sabemos cómo funciona la televisión (si no lo sabéis, no os preocupéis, lo iremos aprendiendo a medida que el blog se haga más grande) y en qué se basan los directivos para decidir si una serie sigue adelante o se va al cubo de basura. Solo importan los números, no la calidad, como he explicado hace un rato, cuando ambos conceptos no tienen nada que ver entre sí.

Yo era pequeña cuando Telecinco emitió Vientos de Agua pero, ahora que he tenido la oportunidad de volver a ver algún capítulo, me tiene encandilada. Quizá el coste de la producción no saliera rentable en relación con las cifras obtenidas (tuvieron que cambiar el día de emisión para probar suerte), una verdadera pena. Esta creación de Juan José Campanella se estrenó también en Argentina y llegó hasta la HBO a pesar de sus pésimos resultados en la parrilla española, muestra de que la calidad de un producto no produce récords de rating por arte de magia.

Siguiendo en el terreno del drama, Crematorio se sitúa, según Miriam Lagoa, como la ficción española mejor valorada por los espectadores. Rompe con los tópicos mencionados arriba al tratar un tema de tal candente actualidad como la corrupción y el poder político y económico. ¿Estamos cambiando la forma en que vemos la televisión? ¿Nos hemos vuelto más exigentes? El trailer demuestra que, por lo menos, somos un poco más críticos y exigentes en cuanto a calidades.

Espero vuestras sugerencias. Todo lo que escribo aquí lo hago desde mi opinión, mi corta experiencia como guionista y mi algo más extensa experiencia como espectadora. Quiero aprender de todo lo que me contéis, de vuestros puntos de vista y vuestros conocimientos. Gracias por haber leído hasta aquí, espero que sigamos en contacto.

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