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NaNoWriMo: 5 excusas por las que no participaré este año

Lo siento. Comienzo este post pidiéndome perdón a mí misma. Primero, por haberme creado ilusiones durante casi dos meses, por esperar con ansias este momento y por echarme atrás a última hora. Segundo, por lamentarme. A pesar de que solo he participado en dos ocasiones, el NaNoWriMo se ha convertido en un imprescindible: me permite liberarme de las ataduras que yo misma me establezco, escribo sin mirar atrás y tan solo me concentro en la cifra (y en que la historia se sostenga, aunque solo sea un poquito). Este año no va a poder ser, pero no dejo de pensar en la sensación que me produce el reto, el esfuerzo y la recompensa al final del proyecto.

5 razones/excusas por las que este año me pierdo el NaNoWriMo

1. No he tenido una buena idea que desarrollar en los meses previos al National Novel Writing Month. Qué le vamos a hacer, pero a veces la inspiración no llega, mucho menos cuando no quedan huecos libres en mi cabeza.

2. No he tenido tiempo de planificar. Con uno o dos conflictos puede diseñarse una buena historia, pero esta vez me ha sido imposible centrarme, pararme a ordenar las ideas (más bien, los atisbos de ideas) y comenzar lo que podría ser un buen borrador.

3. No he organizado mi calendario. Mirando hacia adelante, soy consciente de que noviembre se avecina bastante complicado para mí en cuanto a lo profesional. No puedo permitirme complicármelo un poco más, pese a que la recompensa de ver el número 50.000 en el contador de palabras sea de lo más gratificante.

4. No puedo perder más horas de sueño. Este verano conseguí la Mi Band de Xiaomi y me sorprende lo poco que puedo llegar a dormir y lo mucho que me cunden los días. Si, además de todo, tuviera que escribir más de 1.600 palabras diarias, no creo que llegara viva a fin de mes.

5. No tengo claras mis prioridades. Al contrario que me ocurrió en los dos años anteriores, en esta ocasión no estoy segura de si el NaNoWriMo debe ir por delante de todo lo demás, sobre todo, de mi trabajo actual. Sé que un borrador puede ser una inversión a largo plazo, pero ahora tampoco puedo pensar a largo plazo, sino que debo hacerlo al día. Quizá este sea el punto que más me apena.

Hazlo por mí

A pesar de que solo he participado en dos ocasiones, tengo clavada la espinita por no poder hacerlo este año. Sigo de cerca a los wrimos de España, quienes cada año organizan quedadas en Zaragoza y se animan mutuamente a través de las redes sociales. En esta ocasión, no puedo unirme a ellos en la lucha hacia las 50k, pero no perderé la pista de quienes hayan decidido escribir el primer borrador de algo que, seguro, será mucho más que el principio de algo. Personalmente, el NaNoWriMo ha provocado en mí la sensación de motivación por la escritura que quizá ahora me falta, por lo que me encuentro en una de las mayores contradicciones que se me han planteado nunca: no escribo porque no escribo y, si escribiera, escribiría.

Por ello, os animo a hacerlo: apuntaos al reto. Todavía estáis a tiempo.

Vuelvo a escribir: la dificultad (y la satisfacción) de engrasar la maquinaria

Desde que llevo una vida tan frenética como ordenada he dejado de lado lo que más alegrías y berrinches me produce: no he vuelto a coger un folio y a garabatearlo, a darle forma a unos personajes y a complicarles la existencia de la forma más cruel y placentera tanto para mí como para quien los observe desde fuera. Tras varias semanas pensándolo en serio, hoy he decidido finalizar este periodo de barbecho y, volver a escribir y recuperar los proyectos que tenía guardados en un cajón.

Lo reconozco: como Dani Mateo, soy emprendedora porque inicio muchos proyectos, pero rara vez termino uno. Me ilusiono con demasiada facilidad y me resulta muy complicado dar por finalizados los jaleos en los que me meto. Y como no tengo excusas, me confieso en este espacio que es tan mío como de quienes me leéis.

Escribir: lo que me motiva y lo que me satura

Tengo la suerte de que me apasione algo que no tiene fin, al menos, a largo (larguísimo) plazo: la televisión, por mucho que se empeñen algunos en eliminarla del imaginario cultural universal, es un elemento siempre presente, en constante evolución y sorpresa para lo que nos gusta admirarla y desengranarla. Ahora estamos presenciando un periodo de cambio en la ficción nacional y, por suerte, no he dejado de comentar los nuevos contenidos que han ido aterrizando a nuestra pequeña pantalla. Sin embargo, en Vivir de la Tele no hablo de estrenos (a no ser que necesite un poco más de palabras, análisis o una visión distinta a la que aporto en Perdidos en la Tele), sino que voy más allá de lo que veo. Y esto, es una de las cosas que más me motivan para seguir escribiendo, no solo aquí, sino fuera de la “jaula” del post.

Sin embargo, la falta de tiempo y el “querer llevar todo para delante”, como decimos por el sur, son elementos incompatibles en lo que a la productividad efectiva se refiere. Porque sí, me considero una persona muy productiva: me paso el día pensando en todo lo que tengo que hacer y lo ordeno en mi cabeza para que, a la hora de la verdad, la maraña de tareas no pueda conmigo; pero la autoexigencia extrema que llevo practicando desde que iba al colegio no me permite dedicarle tan solo cinco minutos al día a este blog. O blanco o negro: o me siento y paso tardes enteras recopilando información, estructurando un post y, finalmente, escribiéndolo y publicándolo; o no hago nada. Y esto, es lo que me satura.

Aprendiendo a situarme en el ecuador de los estados

Y digo estado con minúscula, refiriéndome a los estados que experimento cuando Vivir de la Tele me viene a la cabeza. Y no solo por el blog, sino por todo lo que debería estar haciendo y no hago. Hace un año que decidí que un proyecto debía reposar algún tiempo, y me temo que ya ha tenido el descanso suficiente. Sin embargo, desempolvar las páginas escritas tiempo atrás me resulta una de las tareas más complicadas del mundo. Por suerte, no he dejado de trabajar en estos meses de parón y no he olvidado cómo golpear las teclas de mi ordenador. Algo es algo, ¿no?

Aunque todavía no me atrevo a lanzarme a la piscina de la reescritura (del repensamiento y del replanteamiento de todo lo que tenía claro, más bien, de lo que creía tener claro), sí que estoy en pleno proceso de preparación de lo que está por venir: quiero crear algo antes de que acabe 2015, algo más corto que extenso, y quizá pueda ser el comienzo de algo que puede alargarse. Sin embargo, hay que comenzar a engrasar la máquina antes de someterla a una carga de trabajo a la que no está acostumbrada porque, si no, puede romperse. Y en ese punto me encuentro, en el de “desacomodarme” y en el de ponerme en marcha.

Por suerte, y aunque no me haya parado a escribir, no he abandonado el proyecto ni un instante. Una profesora del Máster en Guión, Narrativa y Creatividad Audiovisual de la Universidad de Sevilla nos contó que si nos levantábamos con una idea en la cabeza y nos acostábamos con la misma, sería por algo. A mí me ocurre… ¿Será por algo? Quiero descubrirlo.

Más que de 0, empiezo de -5

Arrancar un coche que lleva años encerrado en un garaje es, más que complicado, casi heróico. Aunque mi caso no es comparable, me siento como si llevara años sin teclear una letra y la simple visión de la plantilla en blanco hace que el corazón me de un vuelco (pequeñito). No hay nada que me haga más feliz que escribir (más bien, que haber escrito, a lo Dorothy Parker) pero, a la vez, no hay nada que me resulte más trabajoso que sentarme en mi escritorio, eliminar el “ruido” que me desconcentra y sacar algo productivo de toda una tarde dándole vueltas al coco.

Ojalá todo esto me lleve hacia alguna parte y, si no lo hace, tampoco pasaría nada. He disfrutado mucho en el primer proceso de creación, que va desde el NaNoWriMo de 2013 hasta junio del año pasado. Un año después, tras ver las cosas desde la barrera y de convencerme de que mi proyecto no es tan ajeno como a veces he tenido que creer (obligándome a desvincularme tras haberle cogido demasiado cariño), vuelvo a la carga. Ahora comienza el segundo proceso, más bien, la segunda parte de un gran proceso: vuelvo a los mapas de tramas, a los corchos llenos de hojas, a las carpetas y carpetas desperdigadas por mi ordenador, a las copias de seguridad y a las pérdidas de sueño en mitad de la noche. Por supuesto, vuelvo a la libreta junto a la cama, ya que nunca se sabe cuándo puede pillarte la inspiración ni cuál será la idea que haga de mi proyecto un conjunto redondo.

¿Me ayudáis a no perderme en este viaje? Como apoyo del blog, hace poco que he creado un newsletter quincenal donde iré contando aquellas cosas que influyen en mi proceso de trabajo, para bien y para mal. Si, como yo, eres un “culo inquieto” y no puedes estar más de cinco minutos sin hacer nada, suscríbete y ayúdame a no rendirme. Escribir es tan sufrido como satisfactorio. ¿Seguimos luchando?

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