Vivir de la Tele

Creación, guión y mucha tele

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Etiqueta: Gran Hermano

No nos quedan razones para creer en Gran Hermano

Hacía mucho que no me mojaba en este sentido, pero los últimos acontecimientos ocurridos en la casa de Gran Hermano me traen de cabeza: las tramas, que comenzaron siendo previsibles y bastante templadas, han derivado en historias que se me escapan, pues no comprendo cómo el programa puede recompensar ciertas actitudes y penalizar otras que percibo mucho más correctas que las primeras. Me sorprende la hipocresía de los de arriba y las tragaderas de los de abajo, la hipersusceptibilidad en según qué temas y la dejadez en otros. Y aunque algunos concursantes se hayan ganado mi admiración, sigo sin entender por qué, tras diecisiete ediciones de este reality, vuelva a resultar vencedor un perfil similar al del año pasado. Y del anterior. Aunque me repito más que los ajos, creo que lo que sí comprendo es por qué la organización está tan empeñada en que siempre gane la misma persona: pensarán (o querrán pensar) que somos tontos y que los perfiles más complejos se escapan de nuestro entendimiento. Yo, al menos, me siento así. No tonta, sino defraudada.

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25 años de televisión (II)

Si todavía no has leído la primera parte de esta serie, puedes hacerlo aquí. Siendo una niña descubrí el poder que la televisión ejercía sobre mí en el buen sentido: me divertía, he emocionaba y me sorprendía. Con algunos años más, descubrí que la pequeña pantalla era mucho más que un simple entretenimiento: quería que formara parte de mi vida y haría todo lo posible porque así fuera (por algo este blog se llama Vivir de la Tele). Si ya hemos repasado del 1991 al 2008, todavía quedan unos añitos por analizar y recordar aquellos programas que más influencia causaron en mi yo adolescente hasta la actualidad.

Universidad y televisión: el descubrimiento de mi verdadera pasión

2009: Uno de los títulos que más significó para mi posterior formación e interés televisivo fue Granjero Busca Esposa. Aunque llevaba ya muchos años siguiendo distintos realities de todo tipo, este significó la semilla de lo que en el futuro se consideraría tróspido, aunque todavía no nos sonara de nada este término.

En el noveno año de la era 2000 también conocí a Samanta Villar gracias a su 21 días, cuya primera temporada fue toda una revelación de intenciones y me sirvió para reafirmarme en mi decisión de estudiar Periodismo porque contar historias así tendría que ser maravilloso. Aunque en los años siguientes el tono de los reportajes se suavizó muchísimo, en su entrega debut en Cuatro nos trajo relatos aterradores de la realidad que la gente vive, aunque lejos de nosotros.

Durante mi primer año de universidad no consumí mucha tele, si lo comparamos con los que estaban por venir, pero descubrí títulos que no me dejaron indiferente (para bien y para mal), como Curso del 63, De Buena Ley, Hermano Mayor y La Caja. Por supuesto, 2009 también fue el año de Sálvame, formato del que renegué en un principio (como todos) pero al que me enganché inevitablemente tiempo después… Aunque para eso todavía quedan alguno años.

2010: Podemos considerar al décimo año de la era 2000 como el año del absurdo, pues gran parte de los títulos que surgen en este momento orbitan alrededor de este exitoso concepto. El desfile de realities inexplicables es llamativo: Las Joyas de la Corona, con Carmen Lomana al frente, presentó a una serie de jóvenes faltos de educación que serían “rehabilitados” en una escuela de modales.

En 2010 también nace en Telecinco Más Allá de la Vida, el polémico programa presentado por Jordi González y comunicado con el otro mundo gracias a las labores de Anne Germain. Sin embargo, el chiringuito duró un suspiro: la británica se vio obligada a abandonar la cadena al descubrirse los informes que se zampaba antes de realizar sus particulares entrevistas. Aunque había quienes ya le habían calado…

Aunque la estrella del absurdo fue Florentino Fernández con el aterrizaje en Cuatro de Tonterías Las Justas. Junto a Dani Martínez y Anna Simon, quienes comenzaron una subida frenética en la pequeña pantalla, llenaron las sobremesas de risas entre repasos a la actualidad y, literalmente, mamporrazos.

El Reencuentro llegó cuando Gran Hermano se enfrentaba a una “crisis” de edad tras 11 ediciones. Aunque los fieles seguidores nos mantuviéramos al pie del cañón (tal y como permanecemos ahora), es cierto que el mítico reality necesitaba de algunos elementos sorprendentes, a la vez que nostálgicos, que volvieran a conquistar al público que en algún momento de su vida se paró a ver mi programa favorito. En esta edición especial se reencontraron Ainhoa Pareja con Nicola (GH5), Nicky con Cristal y Bea “la legionaria (GH6), Jorge Berrocal con Mª José Galera y Silvia (GH1), Ana Toro con Almudena “Chiqui”, Gema Zafra y Orlando (GH11), Raquel López con Pepe (GH7), Noemí Ungría con Raquel Morillas (GH3), Amor Romeira, Andallá, Melania y Piero (GH9), Inma Contreras con Bea “la marquesa” (GH7), Nacho con Desirée (GH4) y, por supuesto, Arturo e Indhira (GH11). Aunque muchos participantes abandonaron de forma voluntaria y a algunos tuvo que aplicárseles la expulsión disciplinaria, El Reencuentro fue una edición inolvidable por los recuerdos que trajo y los conflictos que desencadenó. También es verdad que para mí resultó un debate de sentimientos: me enamoré de concursantes que había odiado y le cogí manías a algunos que fueron mis favoritos en sus respectivas entregas.

2011: he de admitir que, a día de hoy, no he visto El Barco. Pese a la fiebre que surgió con el estreno de esta serie y a cantidad de referencias que he leído sobre a ficción (no por buena, sino por absurda), no me paré a ver ni siquiera un capítulo. Pero había tantísima gente enganchada que, para qué engañarme, sí que fue un acontecimiento reseñable para este año de televisión.

Aunque en 2009 no vi Perdidos en la Tribu, asistí al estreno de Perdidos en la Ciudad en 2011 y descubrí un magnífico reality basado en la hermandad y en el intercambio de culturas. Las familias españolas que habían viajado años atrás para convivir con tribus de lugares recónditos del mundo acogían ahora a quienes habían sido sus compañeros. Para la sorpresa de los extranjeros y para la nuestra, comprobamos cómo alucinan con elementos que para nosotros son parte de la vida diaria.

Sin duda, 2011 venía cargadito de televisión y descubrimientos de los que otros públicos acabaron disfrutando. Tu Cara Me Suena, formato creado en España y vendido a más de 37 países llegaba en este año para satisfacer a la audiencia gracias al desparpajo de un buen casting y al talento innato de las estrellas. Aunque disfruto con los cantantes que realizan actuaciones de infarto, creo que me gustan más aun los participantes que llegan sin esperar nada y sorprenden… Para bien o para mal.

2012: Mi interés por la televisión, desde un punto de vista más técnico que lúdico, comienza a ser más evidente mientras curso segundo y tercero de carrera. Es aquí cuando comienzo a escribir sobre esta temática en un medio online, pero todavía me sentía bastante insegura porque no sabía ni por dónde empezar: el universo catódico cada vez me resutaba más grande y era imposible elegir tan solo un tema sobre el que publicar. Me gustaba todo: las series extranjeras que descubría poco a poco, las españolas que cada vez me parecían más interesantes y los programas que comenzaba a ver desde otro punto de vista, no solo desde el del simple entretenimiento. En este momento se hunde La Noria, programa de actualidad política y corazón presentado por Jordi González,  debido a la retirada de sus anunciantes tras la polémica entrevista a la madre de “El Cuco”.

Este año también tuvimos nuestra ración de talents correspondiente: con la llegada del formato de The Voice a España descubrimos una forma nueva de emocionarnos con un concurso y, sobre todo, nos ponemos en la piel del jurado encargado de elegir al equipo que luchará en el programa.

Pero si algo distingue al 2012 de otro año televisivo es la explosión de lo tróspido, que llevaba un tiempo germinándose y ahora parecía estar listo para presentarse al público. Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo llegaba de la mano de Luján Argüelles a Cuatro, con un casting repleto de personajes, una realización magistral y un argumento maravilloso… Una pena que en la red no queden vídeos de la primera edición.

También descubrimos a Alberto Chicote, el televisivo chef que se puso al frente del Pesadilla En La Cocina a la española. Este programa significa el comienzo de la obsesión culinaria que todavía sigue trayendo cola en la programación: todo lo relacionado con la comida nos encanta, y todavía más si viene acompañado de tensión, broncas, competición y evolución. Ver a Chicote salvar los negocios arruinados, insalubres y nada apetecibles resulta una de las experiencias más satisfactorias de la tele.

Si no tuviéramos bastante con los tronistas de Mujeres y Hombres y Viceversa, a quienes no hice referencia en 2008 porque no fueron relevantes en mi descubrimiento, los chicos de Gandía Shore sí que revolucionaron mi forma de comprender los realities. Es cierto que había visto algo de Jersey Shore (incluso de los spin offs de Pauly y, más tarde, de Snookie & Jwoww, de quienes me considero una fan total), pero descubrir las burradas dichas y hechas en el contexto español daba muchísimo más juego que ver como se llevaban detenida a Nicole por ir borracha por la playa. ¡Donde iba a parar!

2013: Mientras Canal Nou se iba al negro tras el anuncio del cese de sus emisiones, este año nos trajo nuevos descubrimientos catódicos en la línea de lo anterior, aunque cada vez con más intensidad: lo que sirvió de ensayo en el pasado ahora pasaba a la programación y se convertía en un producto de disfrute habitual. El caso de Un Príncipe Para Corina triunfó en audiencias y en las redes sociales, las cuales se transformaban en un hervidero en las noches de emisión del título. Y no era para menos: con semejante casting y semejantes perlitas, cualquier espectador se echaría una carcajada de categoría viendo algún capítulo.

En el verano de este año comenzó mi descubrimiento de un formato que rechacé durante mucho tiempo. Kiko Hernández inició una cuenta atrás de cien días que me llenó de intrigas: quería saber por qué debíamos esperar tanto para conocer una exclusiva, cuando creía que estas siempre se lanzaban en el momento que eran contrastadas. La cuestión es que, por culpa de este gancho, me tragué Sálvame Diario durante todo el verano (no fuera a ser que a alguien se le escapara algo de este tema) y me enteré de todas las tramas que giraban alrededor de los colaboradores, así como de qué rol jugaba cada uno de ellos. Me sorprendí al descubrir cómo utilizaban el guión para crear un relato de lo más atractivo para el espectador, así como de el uso tan fantástico del material gráfico.


Antes de que terminara esta cuenta atrás (tan solo unas horas), Isabel Pantoja lanzaba un comunicado oficial en el que confesaba que su hija, hasta esa madrugada menor de edad, estaba embarazada. Con esta noticia (y el reventón de la exclusiva de Hernández), Sálvame se convertía en una junga de contenidos y declaraciones. Yo, que todavía no había comenzado el máster pero ya me había mudado (es decir, que no tenía nada mejor que hacer con mi vida salvo ver la tele, o no quería hacer otra cosa), me tragué todas las reacciones surgidas de este acontecimiento tan revolucionario. Además, también me nutrí de otras tramas igual o más jugosas que la de la tonadillera. De nuevo, descubrí la casi mágica capacidad de este programa para entretener a su público, algo cada vez más complicado en el mundo de sobreinformación en el que vivimos. Os enseño las historias que más me han divertido:



Otro formato hilarante que nacía este año era Cazamariposas. Nutrido de la misma prensa que Sálvame, este programa enfoca las historias de una forma distinta: mucho más rápida y jocosa, sin tomarse los contenidos tan en serio como los colaboradores del programa de sobremesa en Telecinco. Su inevitable similitud con el Tomate por cómo eligen los contenidos, cómo montan los vídeos (y los locutan, por supuesto), cómo crean tendencia y por cómo hacen cómplice de sus “trastadas” al público.



El triunfo de los fogones en la programación se reafirma con la llegada de Masterchef. Seguí la primera edición con fervor, aunque me he bajado del carro en los últimos años debido a la pérdida de norte del talent: si este concurso versa sobre el talento con la cocina y el aprendizaje, ¿por qué se crean tensiones, enemistades y competencias forzadas en el guión, cuando eso no es lo que realmente nos interesa? Por lo menos, a mí. Estoy bastante decepcionada con este tipo de programas, pues considero que todavía nos queda mucho por descubrir y que nos lo vamos a perder por querer tener el mismo éxito que los realities basados en la convivencia.

2013 también es el año de los trampolines. Por sorprendente y arriesgado que parezca, Telecinco y Antena 3 adquirieron formatos similares y los emitieron de forma simultánea, en un ejercicio de programación que nunca terminé de comprender. Splash! Famosos al Agua y ¡Mira Quién Salta! no tuvieron demasiado recorrido, pero dejaron imágenes para la posteridad.

Aunque todos estos títulos sean una aportación al más puro entretenimiento, en 2013 también nacieron programas informativos y de actualidad dignos de ser mencionados. El Objetivo de Ana Pastor llegaba a laSexta tras las convulsas circunstancias a las que se vio sometida la periodista en Televisión Española, después de ser destituida de Los Desayunos de TVE por razones poco claras. Este nuevo programa vendría a ofrecer al espectador todos los datos necesarios para que construyera su propia opinión de los hechos sucedidos en el escenario político. Aunque el planteamiento es excelente, permite poco margen de maniobra: al final, los tiempos en televisión son muy estrictos y algunos temas necesitan ser desgranados con más detalle.

Toñi Moreno se estrenaba en la pública tras años realizando el mismo programa de caridad en Canal Sur, la televisión autonómica de Andalucía. Entre Todos estuvo rodeado de polémica desde el primer día de emisión, pues al público le resultó poco ético que una cadena financiada de los presupuestos generales del Estado tuviera el elemento caritativo como elemento vertebrador. Personalmente, admiré a Moreno cuando hacía divertidísimos reportajes en 75 Minutos o en Andalucía Directo, pero me cansó cuando parecía que la única televisión solidaria (en el caso de que fuera necesaria) podía hacerla ella.

2014: Si Évole llevaba sorprendiéndonos desde que comenzara su andadura follonera en laSexta, con Operación Palace nos descolocó a todos. El falso documental que se promocionó como una revelación de datos y hechos del 23-F, intento de golpe de Estado que siempre ha estado rodeado de un halo de misterio y del cual todavía no sabemos qué es real y qué es épica. Con el (falso) testimonio de Jorge Vestrynge, Iñaki Anasagasti, Federico Mayor Zaragoza, Iñaki Gabilondo, Luis María Ansón o Fernándo Ónega entre otros, se narró cómo el Gobierno de Adolfo Suárez planeó dicho movimiento para sustituir al presidente por otro candidado de unidad nacional, con beneplácito del rey Juan Carlos I y bajo la dirección artísitica de José Luis Garci. Por supuesto, el título tenía un objetivo de ser: el de comprobar la falta de transparencia informativa que sufren los ciudadanos respecto a los hechos de Estado y a la actualidad política.

Tras la emisión de los capítulos de la 15ª temporada de Cuéntame Cómo Pasó se estrenó un maravilloso programa de reportajes que documentaba las temáticas tratadas en la ficción. Ochéntame llegó como un valor añadido a la serie que me tenía enganchada desde que la descubrí, así que no me quedó más remedio que quedarme despierta hasta bien tarde para seguir disfrutando.

Aunque en años anteriores me empapé de algunos titulos extranjeros cuyos temas principales giraban alrededor de la nutrición, el ejercicio físico y los hábitos saludables (Supersize VS Superskinny o I Used To Be Fat), El Método Osmin llegó a Cuatro para crear un revuelo a base de principios erróneos sobre la delgadez y el sacrificio. Bajo los lemas “pescado, agua y ensalada” o “la calle es tu gimnasio”, comprobamos cómo este supuesto entrenador personal machacaba a los participantes en el programa a base de restricciones extremas en la alimentación o durísimos ejercicios de alto impacto, no apto para individuos sedentarios.

Pero mi incursión televisiva de los programas de dietas fue mucho más allá del simple consumo. En 2014 tuve el placer de hacer prácticas en el programa de Canal Sur La Báscula, presentado por Enrique Sánchez y con cuyos consejos e historias de superación ha ayudado a miles de andaluces en cada temporada. A diferencia del formato de Osmin, sus intenciones van más allá del cambio físico: perder peso es ganar salud, pero no vale con ser delgado de cuerpo, sino que el estado mental también es fundamental para lograr el equilibrio y la aceptación.

En las oficinas de Mediasur pude hablar con varios concursantes de La Báscula y monté algunos contenidos con los vídeos domésticos que nos enviaban, para que viéramos como se desenvolvían en su día a día y los cambios que lograban gracias a la pérdida de peso. Aquí me di cuenta de toda la verdad que hay en este tipo de programas, a diferencia de lo que pensaba antes de pisar la productora. Habrá formatos más o menos ficcionados, construidos en base a las historias que dan más juego y dejando a un lado el mensaje de positividad que debería transmitir un título como este; pero tuve la grandísima suerte de colaborar en un buen producto, transmitiendo un mensaje fantástico.

Rescatando a Sara, dirigida por Manuel Ríos San Martín y producida por BocaBoca, me sorprendió por su crudeza, por el realismo de los testimonios reflejados y por la capacidad de trabajo del equipo, cuyas técnicas descubrí en este artículo.

Hable Con Ellas En Telecinco comenzaba en 2014 y su recorrido (interrumpido) se extendía hasta este mismo año. Aunque las carencias del formato se veían de lejos, es cierto que el programa nos dejó momentazos dignos de ser recordados en este recopilatorio: entre las pifias de Beatriz Montañez, la sinceridad de Yolanda Ramos y las espantadas (a veces real, a veces de broma) de algunos invitados, tuvimos un late insulso pero de lo más intenso por momentos. En gran parte, gracias a Twitter.

También pudimos ver la adaptación de un formato alemán de concienciación social en Cuatro y que prometía grandes momentos televisivos, pero se quedó en un intento. Quizá por la falta de continuidad en sus espisodios, En La Caja tan solo contó con dos temporadas poco sonadas, aunque sus capítulos no tienen desperdicio. Pudimos ver a Mercedes Milá en el entorno de la polémica cienciología, a Risto Mejide conviviendo con FEMEN, a Pedro García Aguado descubriendo Magaluf o a Juanra Bonet en Marinaleda.

2014 también fue el año del regreso de Risto Mejide a la televisión, a un género en el cual se sentía cómodo y gracias al que consiguió momentos de gloria. El creativo se sentó al frente de Viajando Con Chester, programa emitido por Cuatro, giraba alrededor del invitado y las preguntas que Mejide lanzaba. A veces muy pretencioso y, otras, brillante, este formato me llamó la atención por la facilidad de atracción del público a través de la palabra.

2015: Sin duda alguna, este es el año de El Ministerio del Tiempo. La serie que llegaba a La 1 de TVE para revolucionar al público y que tanto ha dado que hablar hasta la actualidad aterrizó con fuerza en nuestra televisión gracias a unos principios estupendos: buenos personajes, un guión consistente y una excusa magnífica, que no era otra que la de viajar al pasado para solventar problemas futuros en la historia. Gracias a Rodolfo Sancho, a Aura Garrido, a Nacho Fresneda, Juan Gea, Cayetana Guillén Cuervo y a Hugo Silva (en la última temporada que hemos visto), España puede estar tranquila al contar con unos funcionarios tan eficientes en las cuestiones temporales.

Otro formato que me fascinó este año fue el de Casados a Primera Vista, emitido en Antena3 y algo polémico por la presima que planteaba: varias parejas de desconocidos se encontrarían en una playa paradisiaca de México para darse el “sí quiero” sin haber intercambiado una conversación previamente. El novio y la novia deberán conocerse después del enlace y comprobar si, tal y como indicaría un test realizado por un equipo de psicólogos antes de entrar en el programa, son compatibles. Tras la luna de miel y la convivencia, los esposos decidirán si quieren seguir adelante con el matrimonio o, si por el contrario, prefieren continuar cada uno por su lado.

No todo lo emitido y estrenado en 2015 fue una delicia para nuestros ojos. Este año encontramos verdaderas perlas de la televisión más decadente, triste y de baja calidad. Títulos como Levántate, Las Aventuras del Capitán Alatriste, Yo Quisiera, Aquí Paz y Después Gloria o Centro Médico nos sorprendieron para mal, pero si tuviera que quedarme solo con uno elegiría el que os presento: aunque en 2014 ya pudimos apreciar (o sufrir, según se vea) la vuelta de las famosas galas estivales de José Luis Moreno, regresaba a La 1 de Televisión Española con Alfombra Roja Palace. Sin novedades desde Noche de Fiesta, el desfile de cantantes, bailarines, cómicos pasados de rosca y escenas de matrimonio enranciadas, quienes soportamos las cuatro entregas que duraba la temporada nos pegamos unas buenas risas en Twitter. 

Otro título destacable en esta jungla del horror catódico es el de ¡Vaya Fauna!. Telecinco, en su afán por destacar a través de los talents y sin querer darse cuenta de que estamos realmente cansados de ellos, lo intentó con un programa en el que los animales eran los protagonistas del show. Más que un espacio lleno de sorpresas, apto para toda la familia y divertido, resultó un programa deleznable debido al trato al que eran sometidos los animales que participaban en él. En pleno auge de las polémicas que rechazan los circos de fieras, Telecinco no estuvo en absoluto acertado.

Como contrapunto de toda la bazofia que vimos el año pasado, también pude disfrutar de momentos esperanzadores ante la televisión. Manu Sánchez, a quien seguía desde que presentara La Semana Más Larga en Canal Sur, llegaba a laSexta para conquistar al público de todo el país. Sin embargo, El Último Mono se quedó en un intento, quizá porque su humor no fuera comprendido por los espectadores de toda España. A mí me pareció de lo mejorcito que nos trajo la televisión en 2015.

Otro programa que me resultó totalmente necesario en nuestra vida fue Constructor a la Fuga. Aunque estemos algo saturados de los contenidos relacionados con la vivienda en laSexta (no sé cuántos capítulos de ¿Quién Vive Ahí? o Piso Compartido habré podido ver en mi vida), este nos traía mucho más que simples casas bonitas. Al contrario, el formato adaptado del original Cowboy Builders (que también hemos podido ver en España y el cual era muchísimo más fuerte que su homónimo) trataba un tema social preocupante: el de tantas familias que sufren la incompetencia de un constructor en su propio techo. Sin embargo, no fue un éxito de audiencia y tampoco pudimos ver el último episodio de la temporada debido a un conflicto legal.

2016: Aunque este año todavía no ha terminado, sí que puedo mencionar aquellos títulos que ya han destacado por encima de otros en la programación. El inicio de emisiones de #0 trajo consigo contenidos diferentes a todo lo que habíamos visto antes: aunque Canal + ya contaba con una oferta distinta a la de la televisión convencional, gracias a la nueva cadena de Movistar hemos disfrutado de AcapelA, Late Motiv o Web Therapy. Pero el programa que más me ha enganchado ha sido La Huida, adaptación de Hunted: un concurso de “supervivencia”, en el que los fugitivos tendrían que huir de las autoridades durante 28 días. Todo un descubrimiento.

Aunque Cuatro llevaba algunos años de capa caída en cuanto a creación de nuevos títulos que atrajeran la atención de a audiencia, parece que en 2016 vivimos su despertar: en la línea de los realities que nos gustan, en los que encontramos elementos de ficción descarada y trocitos de realidad, estrenaba Quiero Ser Monja, un descubrimiento del mundo religioso a la vez que un espectáculo de las risas. Gracias a un casting correcto y a lo propio de la situación, disfrutamos de unos capítulos muy divertidos.

Otro título con personalidad ha sido Feis tu Feis, aunque no en cuanto a las audiencias. El programa en el que Joaquín Reyes entrevistaba y se ponía en la piel del invitado no alcanzó cifras espectaculares debido a la franja en que se programó y a la crecida competencia a la que se enfrentaba cada viernes por la noche. Sin embargo, el formato me parecía de lo más adecuado y, si volviera a la programación, lo vería sin dudarlo.

Pero la sorpresa por excelencia de este año de televisión ha sido la que ha dado First Dates. Lo que pareciera un simple programa de citas se ha convertido en un fenómeno social en el que parejas de desconocidos comparten una cena mientras los espectadores observan y comentan en redes sociales cómo se desenvuelve el encuentro. Programado en access prime time, nos permite disfrutar de un formato distinto a lo habitual, pero en el universo tróspido de personajes que tanta gracia nos hace.

Y ahora, ¿qué?

Si la televisión me ha dado tan buenos momentos durante 25 años de mi vida, no me puedo imaginar lo que me tiene deparado en el futuro. Gracias a la tele he descubierto un universo que me ilusiona, me llena de energía y, sobre todo, me apasiona.  Y con la pasión se llega a todos sitios.

Aunque a pasos pequeñitos, he llegado a lugares que jamás me hubiera imaginado que pudiera alcanzar. Estoy escribiendo en varios medios online y sigo con la cabeza llena de proyectos. A la tele tengo que agradecerle prácticamente todo lo que tengo, y sé que seguirá haciéndome regalos maravillosos.

Gracias a todos por los comentarios tan bonitos que he recibido en Twitter sobre esta serie de posts. ¡A por otros 25 años televisivos más!

El fascinante mundo de los reality shows, vol. II: granjeros, tróspidos y colegiales ni-nis

Puedes leer el primer post de esta serie aquí.

Con la llegada de la final de la tercera edición de Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo no he podido evitar escribir este post más nostálgico que serio. Aunque lo intente, es imposible que me limite a repasar los puntos teórico de aquellos programas de televisión que me sacaron más que una carcajada, porque cuando hablamos de los realities de la última etapa de este tragicómico medio, más nos vale reír que echarnos a llorar, como pretenden que hagamos algunos al tacharnos desde de analfabetos hasta de antisociales. Y nos hemos reído más que bien.

La tele, como las plataformas de difusión de contenidos más adaptadas a las necesidades del público actual, es un pozo sin fondo en el buen sentido de la expresión. Cuando creemos que hemos llegado al final de su explotación, alguien crea un formato que sorprende a la crítica y a los espectadores por su dinámica, por su feeling y por sus datos de share. Le pese a quien le pese, los realities han protagonizado este fenómeno de reciclaje positivo y no solo han dado la vuelta a la percepción que muchos tenían sobre ellos, sino que han creado una especie de mitología en base a esa percepción incorrecta.

Actores, ¿juguetes rotos?

Esta mitología está compuesta tanto por historias más o menos épicas y por personajes que se quedan grabados en el imaginario del medio. La magia de este fenómeno es la que produce que, quienes solo consuman un par de horas de programación generalista, pueden llegar a reconocer ciertas caras sin saber de dónde han salido. Sin embargo, más que rememorar a los personajes que se han hecho un hueco en la historia de la televisión, pretendía acordarme de aquellos que lo intentaron y se quedaron en el camino.

Los “actores” (entrecomillados, ya que ni lo son de oficio ni de intención, tan solo es una denominación para situarlos en este contexto) que protagonizan estos formatos son incategorizables y dificilmente descriptibles. Aún así, poseen un poder de atracción sobre el espectador equiparable con la del paciente que se deja hipnotizar por su terapeuta, quien no puede dejar de mirar el elemento que se balancea frente a él. Como Zeus convertido en toro blanco para atraer a la joven Europa, Florentino de la Florence bajaba las escaleras del plató de Gran Hermano VIP a trompicones mientras lanzaba particulares acusaciones a una Nagore que tampoco se callaba la boca, David Pedre (Un Príncipe Para Corina) cocinaba unos macarrones con tomate a la princesa de su cuento o María Amparo (Supermodelo) realizaba su desfile más trágico cuando resbalaba en el bordillo de la pasarela para ir a parar a la piscina del set. Sin que pudieran ser considerados ejemplos de nada digno de ser enseñado ni en las escuelas ni en las casas de cada uno, no podemos evitar admirar tal espectaculo. ¿Y qué le vamos a hacer, si nos divierte?

Si despejáramos la incógnita de la ecuación “Juan Camus + Cayo Paloma”, ¿cuál sería el resultado? Si se trata de rescatar a juguetes rotos para volverlos a destrozar… Puede ser una fórmula ideal. Que se prepare Anna Allen…

Los distintos realities que hemos presenciado a lo largo de la historia reciente de la televisión han dejado “residuos” imposibles de depurar. Mientras que el universo Telecinco los recicla una y otra vez para rellenar los programas que los sitúan líderes de audiencia, otros no consiguen atravesar la barrera que separa el terreno de los frikis malos del de los frikis buenos. Sin embargo, esta división es cada vez cada vez más difusa y por ello, mucho más sencilla de ser rebasada por quienes jamás se hubieran imaginado en tal terreno hostil. Así, una ganadora del Premio Planeta como Lucía Etxebarría coincidió el tiempo y en espacio con actores de la talla de Gaby (ex novia de Paquirrín y ex participante del indescriptible Mujeres y Hombres y Viceversa) o Pedre, a quien recordaba un poco más arriba y con quien tuvo un conflicto del que nunca sabremos si fue producto de su imaginación o si la realidad superaba a la ficción del momento. Aunque es cierto que han habido múltiples bajas en el arduo camino del reality, otros tantos se han visto aprovechado al máximo el potencial que de otro modo era imposible de sacar a relucir. Mientras la dulce de Lety no descansa de bolos desde que salió de la tercera edición de Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo, me topé con Mª Carmen en un anuncio de Samsung para YouTube.

 

¿Qué reality rescataría? La parrilla más hilarante

Al más puro estilo de El Ministerio del Tiempo, daría cualquier cosa por abrir una puerta y aterrizar en los platósde los programas que se realizaron hace años en la factoría de Eyeworks Cuatro Cabezas y Zeppeling TV, los cuales fueron capaces de crear y mostrar a los espectadores cómo de extraña, curiosa, entrañable y odiosa podía llegar a ser la muestra de la sociedad que, representativa o no (¿y qué importará eso mientras nos partamos de risa?), llegaba a sus manos. Sin dudarlo, tengo mi propio top four de títulos que necesito en la televisión actual:

  • Curso del 63: aunque laSexta lo intentó con Generación Ni-Ni tras el éxito del programa germen, fue Curso del 63 el que despertó la curiosidad de la audiencia por conocer un poco más el comportamiento de este grupo. Aunque ya los conocíamos gracias a Hermano Mayor y, resultaba un fenómeno demasiado reciente y poco explotado en este medio. Sin embargo, a raíz de este nacieron otros como Hijos de Papá Las Joyas de la Corona, incluso me atrevería a decir que Gandía Shore (antes, por supuesto, el original en Jersey) bebe inevitablemente de la mecánica: un grupo de adolescentes es “encerrado” en un espacio distinto al habitual y deberá desempeñar unas tareas con las que estarán más o menos conformes, las cuales desencadenarán una serie de reacciones.

  • Princesas de Barrio: el docu-reality que narraba las aventuras y desventuras de este grupo de chicas me consquistó desde que mostró la cara desconocida de las protagonistas. Además de ser unas chonis de libro (con operaciones de estética, ropajes y actitudes incluidos), algunas de ellas demostraron ser tan dulces como ordinarias. Por eso, al igual que me río con los momentos más absurdo de los Gipsy Kings, me divertía al ver cómo estas “amigas” iban juntas al concierto de Camela o se enamoraban de las prestaciones de la Thermomix. ¡Como para no cogerles cariño!

  • Confianza Ciega: pese a que solo conocía el formato de oídas, hace poco que me puse al día con algunos de los capítulos que encontré en las redes y me sorprendí con el nivel de tensión y de manejo de las emociones de los concursantes por parte del equipo. A pesar de tratarse de un programa de 2001, comenzaban a trastear la fusión del reality con otros formatos como el dating, añadiéndoles elementos inesperados como vídeos manipulados (totales sacados de contexto editados con fragmentos confusos, piezas mal subtituladas, etc). El re Supe por qué el genial podcast Nube, tía! se llama así y sigo sin comprender por qué Antena 3 dejó escapar tal potencia para años después convertirse en la cadena triste (y con razón). Aunque ahora pretendan subirse al carro de la actualidad televisiva con Casados A Primera Vista, ya quisieran las mejores entregas de este contar con las intrigas del de hace más de trece años. A veces avanzamos, pero otras nos quedamos estancados sin remedio. Además, necesitamos a Francine Gálvez de vuelta en la televisión. ¡Es urgente!

  • Granjero Busca Esposa: dejo para el último lugar el programa que para mí fue el más revelador de todos los de esta misma naturaleza que he visto. La maravillosa obra de Grundy Producciones (Sin Tetas No Hay Paraíso, Yo Soy Bea, Factor X) provocó un clic en mi cabeza: yo, que era seguidora acérrima de realities de corte “tradicional”, comenzaba a interesarme por otros productos que sobrepasaban los límites establecidos y se fusionaban con otros formatos. ¿Qué era aquello que me tenía enganchada, me hacía reír y esperaba con ansias a que llegara una nueva edición? Descubrimos el poder de Luján Arguelles para contar una historia cómica y nos maravillamos al comprobar cómo un casting de compatibilidad podía cambiar de forma radical en cualquier momento del programa. Lo que parecía un simple dating show rural provocó una fenómeno que, aunque no trasladable en las cifras (la última edición no superó el 8% de share), inspiró a todos los títulos que fueron aterrizando tras este. Este vídeo es tan solo una muestra de lo hilarante que puede resultar el casting de formatos como este. Pedro nos conquistó a todos por su falta de higiene dental y por su urgencia intestinal mientras pastoreaba ovejas.

#GHVIPEsBasura, QQCCMH y el rechazo hacia el reality

Tras la polémica suscitada en redes sociales, de la que surgió el hashtag #GHVIPEsBasura, me pregunté si el programa que hace caja en Telecinco gracias a haber congregado a las figuras más casposas de la televisión de sobremesa y del papel couché, es tan horrible como lo pintan en los medios de información televisiva que suelo consultar. Por nuestras pequeñas pantallas han pasado realities de todo tipo: de famosos y de anónimos, de jaulas de pladur y de islas desiertas, de territorios conocidos y de lugares por descubrir… Sin embargo, tan solo hemos podido disfrutar de un pequeñísimo porcentaje de todo lo que se produce y emite en las televisiones de todo el globo: tan malo y tan bueno como lo poco que creamos y que llega a nosotros. Por tanto, resulta complicado juzgar un formato tan amplio como el reality habiendo visto tan poco contenido.

¿#GHVIPEsBasura?

Con Gran Hermano VIP he sufrido una de las mayores decepciones de la temporada, a pesar de que no hayamos terminado ni el primer mes del año. Tras una decimoquinta edición más que floja de mi reality favorito (por ser el primero y por ser el germen de todos los que han nacido después de éste), quería convencerme a mí misma de que la entrega de los famosos vendría cargada no solo de la morralla que la cadena quiere meternos a toda costa en todos sus programas (la cual estaba dispuesta a aguantar, una vez más), sino que descubriríamos potencial de televisión más allá del espectáculo típico de “Telecirco”. Nada más lejos de la realidad, pues hemos tenido que conformarnos con la entrada triunfal de Coman (Adán y Eva), con los dramas de Víctor Sandoval y su continua regresión a los fantasmas de Miami, con los gritos de Belén Esteban y las peinetas hacia la ex concejala del PSOE Olvido Hormigos. Por supuesto, tampoco podía faltar la presencia de algunos tronistas y viceversos, grupo que más que relacionado con un programa de la televisión ya parece casi una tribu urbana. En total, una fauna digna de ser vista… ¿O preferís ahorraros la sorpresa/perturbación? Yo ya estoy algo saturada.

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Belén Esteban, o como la llaman en Twitter, #LaBrujaDelPueblo. Fuente: Telecinco.

A pesar de que pensemos o no que Gran Hermano VIP es una basura y que este youtuber estuvo más o menos acertado en su afirmación (lo que sí consiguió fue una publicidad gratuita inmensa, juzguen ustedes si fue más una táctica comercial que la espontaneidad del mismo o la necesidad de expresar lo que “sentía”), el mundo de los realities no acaba ni empieza en la edición de los famosos, ni siquiera comparte los pilares básicos del formato si lo comparamos con los docu-realities o los docurreporjates. Quizá #GHVIPEsBasura (sea, más bien) según el cristal con que se mire y cómo de en serio nos tomemos el programa, pero no podemos trasladarlo a todos los demás espacios en los que la “realidad” sea el elemento vertebrador.

Lo mágico del docu-reality: contar una historia a través de la “realidad”

La televisión es un medio que nunca deja de sorprenderme. Cuando pensé escribir sobre los realities decidí que no podía volver a repetir lo mismo de siempre: el guión-sin guión, la importancia del casting y la creación de las tramas. Conociendo estos conceptos, me gustaría adentrarme en lo que se aleja de lo formal y centrarme en aquello que llama la atención del espectador en su máxima potencia: la naturalidad del que “juega” y los acontecimientos que son tratados en los formatos. Es aquí donde entra en escena el docu-reality, un género nacido a partir del primitivo reality y que ha ido evolucionando debido a las necesidades del público y de la transformación de la televisión.

Dentro del amplio universo del docu-reality (si este es amplio, imaginaos la inmensidad de su formato padre, el del reality) distingo los siguientes subgéneros (según mi percepción, por supuesto):

  • La  factual television: basada, literalmente, en hechos reales. Aquella que muestra eventos reales de gente real. Dentro de este grupo encontramos programas como el mítico Cops, One Born Every Minute Embarrasing Bodies. En España, podemos encuadrar dentro de esta clasificación a Policías en Acción y a U-24 Urgencias.
  • La de situaciones provocadas: en los que encontramos los formatos que, tras una documentación previa, se desencadena de forma intencionada un conflicto o un reto. Bajo esta subcategoría encontramos los programas como I Used to Be Fat, Perdidos en la Tribu, Adán y Eva, el mítico Confianza Ciega o el polémico El Método Osmín.
  • El híbrido del docu-reportaje con el reality: aquellos programas en los que se muestra una realidad de la mano de un “actor” que participa de los acontecimientos y, por tanto, los narra a la vez que los documenta para la audiencia. Dentro de esta definición encontramos espacios como Wild Frank, 21 Días o el recién estrenado En Tierra Hostil.
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Frank Cuesta narra y documenta su realidad para mostrársela a la audiencia de una forma jamás vista. Fuente: Formula TV.

El término reality lleva implícito el concepto de realidad, en este caso, de telerealidad. Según la RAE, la realidad se refiere tanto a la “existencia real y efectiva de algo”, a la “verdad, lo que ocurre verdaderamente” como a “lo que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio“. Esta última explicación me llama la atención de forma especial, ya que resulta complicado poner en la balanza qué es lo verdaderamente efectivo o práctico, sobre todo si lo medimos con los ojos de la televisión o del espectáculo. ¿Qué es efectivo en la pequeña pantalla (en general) y en el mundo del reality (en particular)? Bajo mi percepción, tanto las buenas historias como los golpes de efecto, es decir, que la audiencia se “enganche” y que no decaigan sus picos de sorpresa y empatía. Esto es tan complicado como diseñar la serie o la película perfecta, ya que hay que calcular el guión al milímetro. Sin embargo, en la actualidad estamos experimentando un gran crecimiento del género y cada temporada encontramos un producto que nos conquista. A mí, pese a que se trate de un formato con años de recorrido, me fascina Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo y todo el universo creado alrededor de esta maravilla.

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La maravillosa Mª Carmen, ante la avergonzada mirada de su hijo, Fran.

La factoría de Eyeworks Cuatro Cabezas supo dar con la tecla cuando en 2012 creyó que QQCCMH encajaba en la parrilla nacional, cuando revolucionó el concepto de ver la televisión convirtiéndolo en un fenómeno social y cuando pusieron todo su empeño en los métodos: en un casting espectacular para cada ocasión, en una edición de los vídeos que sorprende hasta al espectador más espabilado y con una dirección y unos guionistas que merecen todos los honores. ¿El truco? Contar un cuento de elementos sencillos, enredándolos y con un toque de humor absurdo. De nuevo, la realidad es el elemento crucial en esta historia porque, aunque nos estén enseñando un “teatrillo” conformado por figurantes desempeñando distintos roles; no dejan de ser ciertas todas las jugadas que visualizamos en este formato: los engaños, los juegos, los secretos y los momentos mas vergonzosos. Simplemente, magnífico.

IMAGEN: Cuatro (promocional).

¿Cómo se escribe un reality? Tramas y perfiles en Gran Hermano

Aquellos que digan que un reality no tiene trabajo de guion porque, aunque sea cierto que los concursantes no actúan bajo las directrices de un texto memorizado, están muy equivocados. Sin embargo, no significa que el programa no siga con unas directrices de tramas y estructuras básicas. Gran Hermano funciona al revés que casi todos los demás espacios que vemos en televisión (desde formatos de géneros distintos como los magacines o, incluso los informativos; hasta las series): el guión no lo “elaboran” los guionistas, sino que son los propios participantes quienes marcan las pautas que se seguirán a lo largo de todo el concurso.

Dónde comienzan las tramas

La convivencia es el escenario ideal para desencadenar historias: las filias, las fobias, los romances y la lucha de egos son los “conflictos” más recurrentes en los realities. De hecho, existen formatos específicos que enfocan sus energías en crear historias derivadas de una de estas variantes (por ejemplo, Un Príncipe Para... se centra en la aventura del romance y la atracción física, por ejemplo). Los acontecimientos de la vida diaria se convierten en tramas susceptibles de ser desarrolladas, siempre y cuando se den las circunstancias idóneas para ello (que los participantes estén receptivos, que el ambiente del reality sea tenso o distendido, etc). Sin embargo, no podemos olvidar que el escenario donde se ejecutan las tramas no es el mundo real aunque las experiencias vividas sean reales. Aquí es donde entra en juego la estrategia, que gracias al paso del tiempo, a la evolución de los formatos y al conocimiento que los “actores” del reality poseen del propio concurso, se ha convertido en otro punto tramático fuerte. Si no, que se lo digan a Pepe Herrero. No sé si ganó su edición de Gran Hermano por jugar con una buena estrategia o por mantener enganchada a la audiencia a esa misma estrategia… ¡Pero ganó!

No podemos olvidarnos de las tan mencionadas historias de “carpeta”. Para quien todavía no esté a la última en cuanto a términos de Gran Hermano se refiere, carpeteras son aquellas (y aquellos) que defienden a capa y espada a las parejas que se crean a partir de estas tramas. Estos grupos de apoyo poseen un poder inmenso dentro del concurso porque son los que se gastan el dinero en y proteger a sus protegidos y, por tanto, están muy protegidas por el propio reality. Es por ello que, cuando existe el mínimo indicio de “amor carpeteril”, se mueven todos los hilos posibles para que la historia salga a flote. No quiero decir que el programa manipule las situaciones, jamás me atrevería a decir que Gran Hermano está guionizado, en el mal sentido de la palabra, puesto que ya nos ha demostrado de sobra que los concursantes pueden actuar de la manera más espontanea posible en el momento más inoportuno. Que se lo digan a Indhira, protagonista de una de las historias de carpeta más intensas de toda la historia del reality, la cual fue expulsada por un comportamiento violento. Pasen y vean una de las mayores broncas de Gran Hermano, con vaso de agua incluido.

Personajes: perfiles y roles

Como en todas las historias narradas y necesarias de un trabajo de guion, los personajes son una parte fundamental del total. Sin ellos, los realities no tendrían sentido. No quiero decir que sea imposible hacer un reality sin participantes, sino que el estudio de la personalidad de los participantes y un buen casting son elementos imprescindibles en una edición cañera de Gran Hermano, donde se consigue marcar la diferencia con respecto a años anteriores. Gilda Santana explica de forma magistral en su libro Diez años en Gran Hermano: Diario de una guionista cómo se configuran los personajes y se encuadran en perfiles, los cuales evolucionan con el paso de los días en la casa de Guadalix de la Sierra. Si cuando creamos personajes para un texto de ficción debemos calcular cómo se desenvolverán los personajes, en el reality también debemos estudiarlo para estar prevenidos. Si en una casa conviven dos líderes y diez débiles, seguro que habrá una lucha de egos; si, por lo contrario, hay cinco líderes y siete débiles, se crearán grupos de presión.

  • Victimas: si Paco, el primer expulsado de la 15ª edición de Gran Hermano, afirmaba que el concurso solo lo ganaban “los humildes” (teoría discutible cuanto menos), opino que este perfil es el que se lleva el premio gordo del reality o, si no, se queda cerca de conseguirlo. La víctima es aquel que ha sufrido, por desamor o por el rechazo de sus compañeros, y que empatiza con la audiencia por esto mismo. A Sabrina (GH2), Iván Madrazo (GH10), Laura Campos (GH12), Patricia Ledesma (GH3), Ania (GH1) e incluso Pepe Herrero (GH7) podemos encuadrarlos dentro de este perfil.
  • Débiles: para mí, débil no significa víctima. El débil es aquel que no puede considerarse fuerte o por su manera de actuar (son demasiado impulsivos, radicales de pensamiento, celosos, etc). Entre ellos encontramos a Nicky y a Bea “la legionaria” (GH6), a Shaima (GH15) y a Carlos Navarro “el yoyas” (GH2).
  • Líderes: a diferencia de los dos anteriores, el líder es aquel que “mueve los hilos” para que el grupo que tiene a su alrededor le guarde lealtad. Son personas frías (siempre hasta cierto punto), que no arriesgan demasiado y con el juego siempre en su cabeza. Pepe Flores (GH12+1) representa a la perfección el rol de líder. Sin embargo, Pepe Herrero (GH7) también cumple con este perfil, aunque también sea víctima (solo tenía un amigo dentro de la casa, su fiel compañero Dayron).
  • Graciosos, bufones, payasos: la tensión de la casa debe aligerarse de alguna manera. Los simpáticos por naturaleza también tienen su hueco en Gran Hermano y sirven para descargar los malos rollos de las ediciones más intensas.De una forma maravillosa, así lo hizo Daniel Santos (GH12+1) junto con Ariadna (en su rol de víctima), quienes protagonizaron momentos de carcajada y lágrima (Mercedes Milá llegó a caerse al suelo del plató de la risa en una ocasión).
  • Muebles: es imposible diseñar la edición perfecta y es inevitable que se cuele algún “mueble” en la casa de Gran Hermano. Por suerte, suelen ser expulsados por la audiencia en cuanto no se les ve el pelo. Somos así de malos, qué le vamos a hacer.

Leo a Saramago y veo Gran Hermano. ¿Y qué?

Si la televisión es el medio de comunicación más criticado por sus contenidos supuestamente banales, de bajo interés cultural o escasa formación (conceptos erróneos), el reality es el género que más rechaza la sociedad de cara a la galería. Sin embargo, las audiencias demuestran todo lo contrario: a la gente le gusta verlo, comentarlo en redes sociales y, en definitiva, disfrutar de todo lo bueno que aporta. Que sí, que lo hace. Por supuesto.

Soy y seré una defensora a ultranza del reality

Mi andadura comenzó cuando a los 8 años, de chiripa, vi la expulsión de Mª José Galera (GH1). Me he tragado todas y cada una de las ediciones de Gran Hermano, casi todas las de Operación Triunfo, varios Supervivientes (aunque a trompicones, vi la primera edición de “anónimos” y he visto por encima todas las de los famosos), La Casa de tu Vida, Perdidos en la Tribu, Granjero Busca Esposa (programa olvidado que merece un post… Y lo tendrá), Mujeres Ricas, Alaska y Mario, Curso del 63, Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo y algún que otro programa extranjero como Jersey Shore y el spin off de Snooki & Jwoww, Supersize VS Superskinny One Born Every Minute o Embarrassing Bodies entre otros. Se me escapan los títulos de los programas que no he seguido de forma habitual, aunque cada vez que encuentro un reality en la televisión me paro, al menos, a ver de qué se trata. Ahora estoy descubriendo los realities surcoreanos… Vamos, que soy una auténtica friki.

Una auténtica friki, pero ninguna friki

Todo el mundo tiene aficiones, más o menos dispares (yo lo comparo con el fútbol, ya que jamás conseguiré entender cómo puede atraer a las masas de la forma en que lo hace, pero lo respeto como lo que más). En ocasiones se me ha juzgado por ver y disfrutar de los realities, por vivirlos de manera apasionada. Siempre defiendo que, a diferencia de la imagen que posee la gente de que el reality es un contenido vacío, está lleno de factores culturales y de formación de pensamiento crítico. Además, el televidente empatiza con los concursantes y experimenta un sentimiento de identificación comparable con el que se produce con el cine o las series de televisión dramáticas. Por supuesto que el reality cuenta con elementos despreciables y que muchos de los titulos que podemos ver en la programación actual merecen morir pero, ¿acaso no hay canciones malas siendo la música una cosa maravillosa? No me gusta generalizar.

No hay guilty pleassures

No me siento culpable de ver ‘Gran Hermano’. Tampoco me siento culpable de disfrutar con mis demás aficiones, ¿por qué iba a hacerlo? Me gusta el deporte, el cine, la música y la lectura. Veo Gran Hermano y leo a Saramago, ¿y qué? Para gustos, colores. Habrá quien no soporte la novela realista del siglo XIX y no por ello sea menos culto que quien se emocione con un gol de su equipo o se pase días enteros haciendo cola para ver a su banda favorita en un concierto. Hace tiempo que pienso que los llamados guilty pleassures (aquellos placeres que hacen sentirnos culpables por disfrutarlos. Desde comerte un donut de chocolate en medio de una dieta hasta vivir apasionadamente el desenlace de una telenovela) no existen en realidad, sino que mucha gente prefiere que sigamos mintiendo al afirmar que vemos los documentales de La 2 (que si ya no los veía nadie hace diez años, cuando se escuchaba esta rancia expresión, ahora menos) a que seamos sinceros y declaremos que no solo vimos la primera edición del programa de “la vida en directo”, sino que nos hemos tragado muchas más. Yo, todas.

¿Y por qué nos da tanta vergüenza decir que hemos visto Aquí Hay Tomate (que cuando comenzó era un programa buenísimo, que no dejó títere con cabeza del caso Malaya), que todos conocemos las imágenes de Yola Berrocal gritando poseída ante un monitor en Hotel Glam y que, seguro, TODOS conocemos cómo se llamaba el primer ganador de Gran Hermano y, si me tiras, la segunda? Porque el reality en España está encasillado como un formato usado por la televisión más chabacana, aquella que tiende a la incultura de la audiencia para entretener con el humor más burdo… Quizá el reality en España no tenga el rodaje del que puede presumir el género en el extranjero, donde se utiliza para fines educativos y de explicación de fenómenos sociológicos. ¿A que esto no suena tan mal? La BBC produce esta cantidad ingente de realities… ¿Os sigue dando corte decir que veis Gran Hermano?

¿…Todavía no sabéis quién es?

 

Calentando motores

A mediados de septiembre comienza, como me gusta llamarlo, el reality por excelencia, del que llevo hablando meses antes de que se conociera fecha de estreno de la nueva edición. Y aunque mis compañeros de Perdidos en la Tele están preparando un espacio maravilloso para que, los frikis como yo, escribamos (charlemos, critiquemos, despotriquemos) sobre esta maravilla que es Gran Hermano; os seguiré dando la chapa con los aspectos más técnicos y enrevesados del programa por esta vía. ¿Quién se apunta a ver la 15ª edición de mi reality favorito?

IMAGEN: Gran Hermano

Sobre el casting de GH15: Casos prácticos de fracaso

Esta tarde se ha hecho público que mañana, jueves 15 de mayo, comienzan los castings para la decimoquinta edición del gigante de los realities que tanto suelo mencionar en este blog: Gran Hermano.

¿Cómo se os queda el cuerpo? La novedad de esta entrega, como bien explica Mercedes Milá en la promo, es que los concursantes no participarán solos en el reality como estábamos acostumbrados a verlos. Esta vez, aunque no sabemos cómo, los grandes hermanos concursarán acompañados por su familia o amigos. En las redes sociales las reacciones no han tardado en aparecer y la percepción general es negativa.

 

Y esta es solo una pequeña muestra. La verdad, la idea de concursar en pareja no convence a los más fieles del reality por excelencia y dudo mucho que atraiga al público que lleva tiempo despegado de Gran Hermano por su decadencia. Pero, que no nos engañen, porque este movimiento no es una novedad en el formato: muchos de los participantes han contado con el apoyo de un compañero dentro de la casa.

La presencia de un familiar en Guadalix de la Sierra ha solido revolucionar al resto de los concursantes, sobre todo cuando éste entraba sin que nadie se diera cuenta. Los juegos de engaños, habituales en Gran Hermano, son recordados por los fans del programa y han dejado verdaderos momentos de carcajada explosiva. Conchi (“Conzi”) y Pamela y, en la última edición, Gonzalo y Carlos, dieron muchísimo juego en el reality.

¿Por qué los gemelos dan tanto juego? Por el despiste, el desquicie, la incertidumbre que provocan en los demás concursantes de la casa. Sin embargo, si los familiares entran juntos y los participantes saben qué relación tienen, ¿en qué queda el conflicto? En absolutamente nada. También hemos vivido momentos madre/hija. ¿Qué no se ha hecho ya en Gran Hermano? Me parece que muy poco.

Saray y Pilarita, gallegas y a cada cual más insoportable, protagonizaron momentos que quedarán en la memoria del reality. La madre, jugando un papelón de madre moderna y colega de su hija, levantó los odios más voraces del público y la hija, que para colmo acabó liada con su  mayor enemigo y ahogando sus penas en cucharadas de mayonesa a altas horas de la madrugada, tampoco se quedaba atrás. Pero jamás olvidaré a una madre/hija que, a pesar de que Gran Hermano estuviera investigando nuevas líneas de creación del programa, marcó un punto de inflexión. Esta vez la madre no concursaba, pero como si lo hiciera. ¿Recordáis a Patricia Ledesma y a la omnipresente Encarni? Por desgracia, hay muy poco archivo de aquella época (hace ya 12 años de su emisión) pero podéis ver aquí la primera gala y la última.

Patricia Ledesma, concursante de GH3 y segunda finalista.

Encarni Manfredi, madre de Patricia Ledesma, haciendo todo lo posible por matar a Marta López (GH2) con el poder de su mirada.

Quien entra en Gran Hermano no viene de nuevas: suelen participar verdaderos expertos en la materia, que han visto el reality desde la primera edición y que, incluso, se han presentado varias veces a los castings y saben cómo funciona el proceso. Algunos juegan un papel que les dura tan solo unas semanas (por mucho que digan los comentaristas, colaboradores de magazines donde se trata en programa y demás expertos, es imposible interpretar un papel en una casa aislada durante más de tres meses. A no ser que seas un neúrotico y te lo creas, pero eso ya son otros temas) y otros juegan bien sus cartas. Creo que el juego de los familiares o amigos no funcionaría a estas alturas, más que nada, porque los concursantes están ya muy resabiados. Sin embargo, confío en la factoría de Gran Hermano y en el poder que tienen de sorprender año tras año (aunque cada vez les cueste más trabajo).

Los realities donde los participantes juegan por parejas no suelen tener demasiada relevancia en la historia de la televisión. Salvo los concursos de superación tipo Pekín Express, los intentos que ha hecho Mediaset por cambiar las reglas del juego han sido fallidos. La Casa De Tu Vida, un programa donde las parejas debían luchar por su permanencia en la casa a la vez que la construían, es el perfecto ejemplo de este concepto. A los que os espantáis cuando escucháis hablar de Gran Hermano, ved el vídeo. Eso sí que era la jungla.

El reality obtuvo buenos resultados en la primera edición y creó personajes celebres que rodaron durante algún tiempo por los distintos platós de Telecinco. La tercera edición tan solo duró dos semanas. ¿Ocurrirá lo mismo con la edición número 15 de Gran Hermano? A los que somos fans desde hace tantos años nos daría muchísima pena pero, la verdad, el formato necesita muchos cambios para seguir siendo el fenómeno que era a comienzos del 2000. ¿Tiene fecha de caducidad el reality por excelencia de la televisión española? Por favor… ¡Que no sea así!

La reinvención del reality: el género televisivo por excelencia

Sala de control de realización de Gran Hermano España. Fuente: Fórmula TV.

Desde la llegada del fenómeno Big Brother de la mano de Telecinco en el año 2000 el reality ha estado siempre presente en la parrilla televisiva. Gran Hermano marcó un antes y un después a la hora de entender la manera de ver la televisión. Podemos decir que, aunque la era de la hipertelevisión quedara algo alejada, el medio comenzaba su transformación hacia el visionado social y la participación de las audiencias en la elección de los contenidos.

Pero en 14 años ha dado tiempo a que el público modifique sus hábitos de consumo y preferencias a la hora de ver la televisión. Lo más probable es que si viéramos la primera gala de la primera edición de Gran Hermano (a no ser que fuérais tan frikis como yo, que sí la disfruto), nos aburriéramos sobremanera. Si el formato se ha mantenido estable durante tantas temporadas casi ininterrumpidas y ha propiciado la creación de otros realities, ¿qué ha cambiado en el modelo para que continuemos enganchados a ellos?

La diversidad, esencial para combatir el hastío

Perdidos en la Tribu es uno de los docurealities más representativos del panorama.

La oferta de programas de este tipo que encontramos cada día en la parrilla es abrumadora. Ya no solo tenemos el más puro formato de telerrealidad, sino que sus derivamos más dinámicos ocupan una gran parte de la franja diaria en la parrilla. Estos son el docureality y el docudrama. Títulos como Pesadilla en la Cocina, Novias de Beverly Hills o Perdidos en la Tribu tan solo son una muestra de lo que se emite a diario y en reposición continua en las cadenas secundarias de la TDT.

La explicación de este fenómeno es sencilla: primero, la reposición es muy barata y, segundo, la gente lo sigue viendo porque el formato engancha. A pesar de que los contenidos novedosos son muy frecuentes y los grandes realities ocupan el prime time en todos los casos, no solo éstos beben de la caja no tan tonta, sino que la oferta en inmensa, compleja de contabilizar y de etiquetar.

Reality vs Tradición: la evolución del formato

Hablar de Jersey Shore y el esperpento como concepto base del reality actual nos daría para rellenar otro post entero.

Ni de Gran Hermano interesa el estudio sociológico ni de Supervivientes interesa la supervivencia, valga la redundancia. Si un espectador de mediados de los 90 viajara en el tiempo y aterrizara en la actualidad quedaría completamente descolocado ante la nueva televisión que ven sus ojos. Sería incapaz de entender lo que ocurre al otro lado de la pantalla. Pero, al igual que el lenguaje cinematográfico ha evolucionado con el paso de los años, la telerrealidad ha ampliado sus horizontes hacia universos que jamás hubiéramos creído posibles. Títulos como Jersey Shore (y sus variantes británica y española), My Strange Addiction o Toddlers And Tiaras superan cualquier barrera ética o moral establecida en la mente del espectador. Ver hasta dónde podemos llegar es lo que más nos gusta, por extraño que parezca.

Sin embargo, no podemos olvidar que la televisión es un carísimo teatrillo que pretende que nos creamos todo lo que vemos en ella. Aunque la RAE todavía no recoja la definición del término reality, hemos asumido (por error) que todo lo que está denominado así debe ser real en su totalidad. Esto es, que el programa no debe organizarse por un guión y que las actuaciones de los personajes deben ser espontáneas y no estar sujetas a compromisos de ningún tipo. Sin embargo, el éxito de este formato en plena evolución reside en la creatividad y la técnica de los equipos de guión, la labor de casting previa al reality, la realización y la postproducción. Un perfecto ejemplo de ello es el recién estrenado Un Príncipe Para Laura que, a pesar de ser ésta su segunda edición, no ha dejado a nadie indiferente.

Nuestro toque personal

Gracias al éxito de los formatos extranjeros adaptados a las necesidades del público nacional, no hemos dejado de explorar y disfrutar de nuevos programas, por chocantes que pudieran parecernos en un principio. ¿Quién pudiera imaginar hace diez años que nos acabaríamos aficionando a programas de episodios cortos como Pesadilla en la Cocina y que, incluso llegaríamos hasta a crear nuestro propio monstruo de los fogones?

El Jefe Infiltrado, nuevo programa adaptado de La Sexta de la versión original norteamericana.

El último formato que hemos adaptado ha sido el de El Jefe, programa que llevaba emitiéndose en Xplora desde comienzos de 2013 y que llamó la atención de los aficionados a los realities fuera de lo común. Un alto cargo de una empresa se infiltra entre los empleados de la misma para conocer qué puede mejorarse y qué problemas tiene el sistema que maneja. Jose Díaz, activo twittero y crítico de televisión, considera que el espacio puede convertirse en “el heredero de Pesadilla en la Cocina” al guardar semejanzas en los mecanismos de desarrollo. Sin embargo, a El Jefe Infiltrado le falta algo esencial para que nos quedemos pegados a la televisión: el carisma de un personaje que se convierta en ídolo de masas.

Nos encanta ver caras conocidas en los realities y, sobre todo, reciclar los participantes. Los concursantes de Gran Hermano han sido (y siguen siéndolo, aunque tras 14 ediciones los habitantes de la casa no sean tan archiconocidos como lo fueron en las tres primeras temporadas) muy recurrentes en otros formatos similares como Supervivientes, Mujeres y Hombres y Viceversa y demás programas de la misma casa. Esto sucede porque al conocer cómo son y cómo se comportaron en el reality de origen, sabemos qué rol van a jugar en el reality futuro y nos da satisfacción saber de antemano qué ocurrirá. Por ello tendemos a casposear las plantillas y los programas están llenos de personajes estereotipados: la guapa tonta, el macho alfa, el freak, la superwoman y el chivo expiatorio. De nuevo, y a pesar de lo que digan algunos ideólogos de estos formatos, el guión está tan presente que se crean las mismas estructuras de narración que en cualquier otra historia.

Mis descubrimientos de la temporada

Linds, pensando quién sabe qué.

El reality no deja de expandirse por los demás formatos de la televisión. En el caso de Lindsay, donde se narra la vida de la celebritie Lindsay Lohan después de su rehabilitación de la mano y producción de Oprah Winfrey, transpasa los límites del docureality y se convierte en algo más. Con una compleja definición, cada capítulo aporta un dramatismo muy bien creado sobre todo lo que le pasa a esta chica. Aunque no consigo dar con los subtítulos y me cuesta descifrar según qué cosas, empatizo con ella a pesar de sus excentricidades, cosa que me parece tremendamente difícil.

También quería destacar un reality de la fábrica de Endemol que me llamó la atención desde la primera vez que escuché hablar de él. Su nombre, Utopia, puede suscitar miles de pensamientos si no hemos visto la promo. Cuando la visioné, me pregunté si este formato podría ser adaptado a la española y le trasladé mi inquietud a Baldomero Toscano, director de producción de programas de Mediaset, en una charla que dio en clase. Él me contestó con risas que, a no ser que llenáramos un descampado con ex tronistas y demás personalidades asiduas a los platós de Telecinco, resultaría muy complicado.

La verdad, sería interesante volver a los orígenes del reality, donde no existía la retroalimentación entre programas y los “actores” eran desconocidos. La incertidumbre, la sorpresa y la emoción eran sentimientos únicos que ahora, por muy trabajado que esté, son complicados de conseguir de forma natural.

El fascinante mundo de los reality shows

De grandes éxitos como “Yo no veo la tele, me achicharra la inspiración” o “Solo vi el primer Gran Hermano, los demás han sido una mierda” os traigo este post. No, no me he convertido en una espectadora pasiva más, engullida por el sofá de mi piso, incapaz de cambiar el canal por no alcanzar el mando al estirar el brazo. Hay que verlo todo para poder analizarlo y criticarlo y, aquí me tenéis.

Aunque a más de uno os cueste creerlo, el reality show es un formato espectacular, creativo y casi mágico en lo que respecta a su aplicación social.  Soy consumidora de estos contenidos desde, prácticamente, su creación e inserción en España. Comencé viendo Gran Hermano con la expulsión de María José Galera, de la primera edición, cuando tan solo tenía ocho años. Aunque no entendía muy bien qué estaba ocurriendo en aquella casa y en aquel plató, seguí viendo las galas todas las semanas, me enganché a los resúmenes y mi madre me grababa los especiales del programa matinal de María Teresa Campos y los de Crónicas Marcianas (solo los que consideraba adecuados, cuando comenzaban a quitarse la ropa paraba el vídeo, claro). Me tragué Gran Hermano 1 de principio a fin, y la segunda edición, y la tercera, y la cuarta… Hasta el día de hoy, he visto 14 ediciones. La 15 también la veré, a pesar de que haya quien diga que el formato está más que pasado de rosca. Y tienen razón. Pero no quiero utilizar este post para decir qué no me gusta del reality, sino que pretendo reconciliar a quienes reniegan de Gran Hermano con un maravilloso programa que, aunque lleve más de 14 años presente en la parrilla española, sigue teniendo puntos televisivos pendientes de explotación.

La conductora del programa, Mercedes Milá, recibiendo al ganador de la primera edición de Gran Hermano, Ismael Beiro.

Gran Hermano: gran reclamo, grandes beneficios

Cuando decidí escribir sobre los reality shows pensé en documentarme y conocer lo máximo posible antes de hablar de nada. Saqué de la biblioteca algún libro, leí muchos blogs de supuestos entendidos en el tema y me quedé totalmente desconcertada. Según Rebeca Quintáns y Andrés Sánchez, autores del libro Gran Hermano, el precio de la dignidad, el formato “es un salto mortal más en la pirueta del espectáculo”. Además, afirman que “nadie les creyó” cuando Telecinco lo anunció como un “experimento sociológico y que contribuía a la ciencia por ser único de tales características”. Todos coinciden en la misma premisa: Gran Hermano fue creado por y para el morbo televisivo y, por supuesto, para sacar tajada de ello. Y yo me pregunto, ¿acaso en la tele (privada, la pública debe cumplir con un servicio público, tiene una función distinta) se crea algún contenido que no esté pensado para obtener beneficio económico? Me parece que no.

Puede que se equivocaran en la primera denominación del formato, pero han tenido 13 ediciones para rectificar el error. Mercedes Milá se preguntaba en el primer programa de la primera entrega si el proyecto que comenzaban haría historia de la televisión y quizá ni se imaginara las consecuencias que tendría en las audiencias en los próximos programas de la edición de Ismael Beiro, Iván y Ania, donde llegaron a alcanzar picos de 11 millones de espectadores. Gran Hermano jamás ha dejado de ser una excusa para aprovechar un producto que llamaba la atención de los espectadores y traía a la cadena y a la productora un beneficio multimillonario. Y creo que lo consiguió con creces.

Mercedes Milá, 13 ediciones más tarde, sentada en el plató de la última entrega del reality.

¿Por qué Gran Hermano es lo peor de lo peor de la televisión?

He sido juzgada por decir que veo Gran Hermano y, mucho más, por considerarme una seguidora acérrima del programa. Luis Navarrete, coordinador del Máster en Guión, Narrativa y Creatividad Audiovisual que curso actualmente en la Universidad de Sevilla hace una perfecta distinción entre los productos pertenecientes al “gusto popular” y aquellos que se encuadran en el “gusto culto”. ¿Qué ocurre con Gran Hermano, que la sociedad lo rechaza de una manera tan tajante y dice cambiar el canal en cuanto escucha la música del programa? ¿Quizá resulta improductivo sentarte a ver cómo salen y entran los concursantes en una casa llena de cámaras? Si tenemos este pensamiento, no podemos olvidar que cualquier cosa que veamos en la pequeña pantalla (y cuando digo cualquier cosa, me refiero a todos los productos creados por y para la televisión, sin pretensiones educativas) será igual de improductiva que ver Gran Hermano. Existen espacios que fueron ideados para entretener, provocar unas risas a los espectadores y, por supuesto, ganar posibles compradores de los productos que publicitan los anunciantes. Eso es lo más importante.

Pero los realities no son los únicos motores que mueven cantidades ingentes de dinero. Desde Globomedia, comenzando por Médico de Familia y siguiendo por la infinidad de ficciones nacionales que hemos podido ver a lo largo de la historia de las televisiones privadas, hemos descubierto mesas de desayuno repletas de productos que a nosotros no se nos ocurriría jamás comer por las mañanas. Entonces, ¿por qué se condena a Gran Hermano por publicitar a según qué marcas? ¿Acaso no es lo que hace todo el mundo en la televisión? Todos nos han vendido algo alguna vez desde la pequeña pantalla, no nos vamos a extrañar a estas alturas.

Teté y Eva (Los Serrano), desayunando al ritmo del product placement como las que no quieren la cosa…

Todo el mundo ha criticado alguna vez al reality más visto de España y del mundo. El producto creado por John de Mol, fundador de Endemol y cabeza del proyecto Big Brother, ha estado en boca de todos desde su primera emisión el 23 de abril del 2000. Y aunque pudiera parecer sencillo reunir a un grupo de desconocidos, encerrarlos en una casa ajena y esperar a que surgieran las relaciones, roces y reacciones esperadas por el equipo que controla y diseña el programa, es mucho más complicado que guionizar un magacín o una sitcom. En Gran Hermano todo se magnifica, como bien dicen los fans y concursantes, y nunca se sabe con exactitud qué puede ocurrir. Quizá la incertidumbre sea el punto más interesante del reality, aunque sea una “incertidumbre altamente guionizada” por parte de un gran equipo de creativos y redactores. Si nos tragamos bazofias varias, donde en la mayoría de las situaciones sabemos casi exactamente qué va a decir el protagonista de la ficción en una momento específico, ¿por qué no vemos un programa donde, en mayor o menos medida, los personajes puedan llegar a sorprendernos? ¿Quién no quedó boqueabierto cuando Silvia decidió acompañar a Israel (GH 1) el día de su expulsión? ¿Y cuándo Noemí (GH 12+1) se desnudó en las duchas del Gran Hermano Brasil, dejando a los demás concursantes con la misma cara que teníamos nosotros frente a nuestras televisiones? Muchos tachan al formato del mejor ejemplo de la llamada telebasura, todo lo que venga de la pequeña pantalla es, más o menos, aprovechable. Javier Bilbao escribe que estos programas “son un estímulo para nuestras mentes, evolucionadas en un entorno de continua interacción personal”. Para que luego digan los supuestos entendidos y reputados teóricos…

Solo los más frikis de Gran Hermano serán capaces de reconocer a estas dos figuras de la edición número 12 del reality. Una de ellas firmaba la frase “se me comba la peluca” y, la otra, consiguió que un conejo se volviera, literalmente, cardiópata por arguantarla. Momentos estelares.

¿De capa caída?

Pues sí, para que nos vamos a engañar, 14 ediciones hacen mella en cualquier programa de la televisión. Como los años que pesan en las personas, Gran Hermano ha sufrido un declive en muchos sentidos: desde los castings y la selección de los perfiles de los concursantes, pasando por las tramas que se tratan en el programa y llegando, por supuesto, a la presentadora. Sé que hay muchos seguidores de la Milá, que la consideran una de las caras más necesarias del panorama del espectáculo (incluso en el informativo) pero, del carisma al esperpento hay solo un paso. Y Mercedes lo cruzó hace algunos años ya.

Desvaríos varios en Gran Hermano, por supuesto, protagonizados por Mercedes Milá. También enseñó las bragas en una ocasión, pero he decidido omitir la imagen por motivos evidentes.

Me cuesta creer que, algún día, Gran Hermano desaparezca de la parrilla televisiva, pero he de confesar que en estos últimos años lo he deseado muchas veces. Como las series de ficción que se alargan hasta la saciedad, como una telenovela mala donde los personajes no hacen más que morir y resucitar, todos los formatos tienen su momento de gloria y de decadencia. Al parecer, hasta los propios directivos decidieron que el programa no merecía el destino que estaba viviendo, cuando la audiencia no alcanzaba los tres millones de espectadores en las noches más álgidas del reality. Por ello, anunciaron un descanso de un año tras la última edición. Mercedes Milá (por supuesto, quién si no, ¿Pepe Navarro? Já) proclamó a los cuatro vientos que Gran Hermano 15 estaría de regreso tras el verano de este año.

Quiero creer que este periodo de barbecho sirva para que Gran Hermano se refresque y haga un viaje de regreso a los orígenes, cuando el formato era tan básico como bueno y los concursantes no eran personajes sacados de los lugares más recónditos de Internet y el mundo del espectáculo, sino que tan solo eran gente “normal”. No podía terminar este post sin adjuntar un vídeo de mis momentos favoritos del programa: las noches de Halloween en Gran Hermano, o lo que es lo mismo, carcajada asegurada.

Una cosa… Se puede ver Gran Hermano, ¡y leer a Saramago!

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