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Etiqueta: personajes

Cuéntame Cómo Pasó: más que un pasatiempo, una lección

ALERTA, SPOILER: Si no estás al día de Cuéntame Cómo Pasó es probable que un spoiler te sorprenda. ¡Estáis avisados!

Qué pena me da que termine otra temporada de una de mis series favoritas y tenga que esperar para poder disfrutar de una nueva entrega (si nos dejan, claro). Tras haberme tragado más de cien capítulos de la serie en tan solo un verano, Cuéntame Cómo Pasó se convirtió para mí en mucho más que un referente de la creación televisiva en España (y en el mundo) y los Alcántara pasaron a formar parte de mis recuerdos más tiernos de la pequeña pantalla.

En esta ocasión (la número diecisiete, nada más y nada menos), hemos disfrutado con el romance de Antonio y Merche, quienes vivían una especie de segunda adolescencia volviéndose a enamorar y reconciliándose con momentos tan duros como su primera boda; hemos sufrido con Carlos y sus indecisiones, típicas en sus años de madurez; hemos visto cómo Ines tomaba decisiones que serán clave para el resto de su vida y hemos reído con las ocurrencias de Herminia, quien vive uno de los momentos más frescos en la ficción y resulta cada vez más indispensable en el desarrollo de la serie.

Tramas: apoyadas en la Historia, pero válidas por sí misma

Aunque pudiera parecer que Cuéntame Cómo Pasó es una simple serie familiar, con tramas adaptadas a todas las edades que conforman el público objetivo de la cadena pública en horario de prime time, la creación por Miguel Ángel Bernardeu ha sabido ir más allá de lo que hacen otros títulos. Pese a que todavía no se desprende de las historias infantiles (antes protagonizadas por Carlitos y, ahora, por María), la serie ha sabido focalizar la tensión y los tiempos en aquellos momentos que merecen mayor protagonismo. Por ello, aunque la trama de los niños pueda tener presencia episódica, tan solo complementa a la historia que vertebra cada temporada y que es la que aporta la tensión que caracteriza a la ficción.

Sin embargo, lo que más me llama la atención de cómo crean los guionistas la línea argumental es el paralelismo que se mantiene entre la historia inventada de la familia Alcántara y la Historia real, por así decirlo, de lo que ocurrió en España y tras sus fronteras en los años en los que se desarrollan las temporadas. Así, todo queda justificado por el contexto: el boom de las construcción, que no solo fastidia a Antonio debido a los negocios turbios de don Pablo, sino que hasta llega a afectar al entorno de los más pequeños; la muerte de Franco, abordada desde el punto de vista cómico y catódico, las presiones que experimentó Toni (uno de mis personajes favoritos), a quien aterrorizaron por meter las narices en la trama de los GAL hasta que huyó al extranjero; y el miedo generalizado que sufren todos los personajes debido a los atentados de ETA que se suceden en el Madrid de ya entrados los ochenta, entre otras historias.

La familia Alcántara, expectante ante la inminente muerte de Franco.

La familia Alcántara, expectante ante la inminente muerte de Franco. Fuente

Aunque el peso de la Historia es esencial para que comprendamos ciertos comportamientos, las alegrías y vicisitudes de este matrimonio de Sagrillas vertebra la serie: Cuéntame Cómo Pasó se mide por los pulsos que marcan Mercedes Fernández y Antonio Alcántara, que no son pocos: desde la primera temporada, cuando él pasaba los días entre el ministerio y la imprenta y ella, cosiendo pantalones en el humilde piso de San Genaro; pasando por las ideas y venidas como pareja (ludopatía, cuernos y secuestro, incluído), como familia (por las aventuras de Inés con el teatro, la Iglesia y las agujas, entre otras; por los sustos de Toni y por los de Carlos… Al final, todos los hermanos han pisado la cárcel por una cosa o por otra…) y como vecinos de uno de los barrios más famosos de la televisión (demostrado en esta última temporada con la trama del violador de Galerías Preciados).

Personajes: el motor de la ficción

Las series que más me gustan suelen estar caracterizadas por contar con unos personajes que sobresalen de lo común y atrapan al público gracias a su carisma, sus ocurrencias y las historias que se generan debido a sus comportamientos. De Cuéntame Cómo Pasó no podría quedarme con uno solo, pues prácticamente todo el elenco me tiene conquistada: desde los más pequeños (aunque no en las últimas temporadas, sino en las primeras, cuando Carlitos pasaba de querer ser El Cid a Lawrence de Arabia.) hasta los más mayores (las historias de Herminia son de lo más tierno y divertido de la serie).

El heredero más consentido y mejor evolucionado. Fuente

Además, los secundarios cuentan con un gran peso en el desarrollo de los capítulos y aportan verosimilitud a las vivencias ocurridas en San Genaro. Esto último hemos podido comprobarlo en la temporada que ahora finaliza: Paquita ha tenido un gran protagonismo, siempre desde el segundo plano, gracias a su trama “montaña rusa”, a la que nos tiene acostumbrados (amor-desamor, sueños-desilusión, dinero-pérdidas, etc). Por otro lado, Karina también ha sido crucial para Carlos, quien parece haberse aclarado las ideas en cuanto al amor (aunque yo no estoy cien por cien segura de esto). Por último, Pili y Clara han sido claves en esta temporada, ya que sufrieron lo que se rumoreaba pero que nadie se atrevía a contar.

Las chicas más pillinas del Fly. Fuente

En Cuéntame Cómo Pasó sobresale el drama, la angustia, la tensión y la emoción final, aunque el humor y la ternura también cuenta con un claro papel en la ficción de Televisión Española. Herminia (personaje predilecto, junto con Toni) me ha hecho reír hasta que se me salten las lágrimas en esta última temporada y, pese a que ha tenido un protagonismo curioso en la entrega número 17 de la serie, me quedo con sus anteriores tramas románticas (y hasta oníricas) con su mago Jerónimo. Miguel y la reciente incorporación de Olmedilla también han logrado momentos hilarantes junto con la cómica Nieves, quienes formaban un extraño trío cada vez que coincidían en pantalla.

¿Qué nos queda por ver en Cuéntame Cómo Pasó?

Aunque siempre tengo la sensación de que, tras finalizar cada temporada, no queda mucho más que contar de la familia Alcántara debido a la intensidad con la que se narran las historias y la de sentimientos que se explotan cada vez que la serie regresa, me sorprendo cuando descubro las nuevas tramas que están por venir. Pese a las informaciones que leo, quiero confiar en que Cuéntame Cómo Pasó regresará para seguir enriqueciéndonos (porque sí, por supuesto que lo hace, igual que tantos contenidos que deberían potenciarse y que no se tienen en cuenta por considerarse un simple pasatiempo).

De la ficción nos queda por ver todo lo que quieran contarnos: vienen momentos históricos intensos, hitos que han marcado lo que hoy somos. Cuéntame Cómo Pasó es una clase de historia más allá de las aulas, que no solo enseña lo que ocurrió en el mundo de nuestros padres y abuelos, sino cómo se sintieron ante todos los cambios que experimentaba su entorno, un ejercicio de identificación y de valor por quiénes somos y de dónde venimos: de coser pantalones, del Ministerio y de la imprenta. De Sagrillas.

Gran Hermano 16 y el porqué de mi desencanto

Cualquiera que me hubiera visto escribiendo el título de este post hace algunos años no se lo hubiera creído. Yo, defensora del formato a ultranza y consumidora compulsiva de todo lo que surgiera en las factorías de la mal llamada telebasura, creo haber llegado a un punto de no retorno en cuanto a mi percepción de los contenidos que podremos ver en la nueva temporada que se avecina. En conclusión y, aunque esto solo sea la introducción del post, Gran Hermano ni es lo que era ni logrará serlo jamás. Y ojalá pueda retractarme de esto que os digo cuando finalice la 16ª edición del concurso, pero ya me estoy temiendo lo peor…

Me adelanto a los acontecimientos y, claro, malpienso

Tras varias ediciones aguantando las soporíferas tramas programadas con calzador en la parrilla del reality, solo puedo pensar que lo que está por venir es poco más de lo mismo: historias de amor pasadas de rosca, mecánicas demasiado básicas, protagonistas faltos de acción de motu propio y “antagonistas” con aires de grandeza que tan solo llegan a eso, a aires. Atrás quedan los inolvidables participantes que revolucionaban la casa no solo con chillidos y comportamientos forzados como los que hemos visto en las últimas entregas, sino con verdaderos conflictos. Y cuando me refiero a conflictos no pretendo defender las broncas más que subidas de tono que hemos podido presenciar en ediciones como la tercera, la sexta o la onceava; sino al equilibrio de la mezcla de elementos que conforma un buen reality show: la lucha de egos, la escalada hacia el premio, la complicidad, la enemistad (y el enemigo común, muy importante en Gran Hermano) y la identificación con el público espectador. Todo ello conforma el conflicto, ya que los participantes deberán mantenerse en una continua elección de movimientos, pese a que nieguen la estrategia, con el fin de conseguir ser el último habitante de la casa de Guadalix de la Sierra. No quiero ser negativa, pero malpienso y creo que calibrar la balanza que lleva estropeada tantas ediciones va a ser una de las tareas más complicadas a las que se enfrentará la factoría encargada de dar vida al programa.

¿Qué necesito para reconciliarme con mi programa favorito?

Mientras que el conflicto no se crea solo y hace falta mucho trabajo para que las tramas resulten creíbles, para que el casting no resulte aburrido en mitad de la edición y para que, en conclusión, el público no se aburra. Y aunque con esta que comenzará en breve sean ya 16 las veces que Telecinco ha encerrado a desconocidos (y no tan desconocidos) en una casa para mostrarnos cómo reacciona el ser humano en un territorio tan hostil como aquel vigilado las 24 horas del día, soy de las que defiende que un programa puede renovarse y no caer en su propio cliché. No es tarea sencilla, pero considero que Gran Hermano 16 podría sobrevivir al desastre si tuviera en cuenta lo siguiente:

  • Un ritmo trepidante creciente: mientras que la primera gala es la más aburrida de todas, en las últimas entregas de mi reality favorito he tenido la sensación de ver las mismas reacciones durante semanas y hasta el final del recorrido del concurso. Una de las cosas que necesito para que la 16ª edición de Gran Hermano no sea la última (para mí) es una historia que enganche, un ritmo adecuado del relato y un buen tratamiento de los “hechos”, es decir, que se otorgue la importancia que merece lo que realmente lo merece. Algunos espectadores estamos cansados de ver cómo un concursante sobresale por encima de los demás, pese a que su importancia real no sea tal. Y aunque la percepción sea subjetiva, es resulta molesto que este fenómenos se haya repetido durante las últimas entregas, ¿quizá por falta de buen contenido?
  • Un buen casting: pese al tópico de la petición, Gran Hermano 16 necesita unos participantes dignos de ser recordados tras años y años de la emisión. Si os soy sincera, me cuesta recordar a la gran mayoría de los concursantes de las últimas ediciones, por tanto, han resultado innecesarios o nada trascendentes para el programa. Viendo el revuelo formado en redes sociales y el bombo que el propio reality ha dado en los medios, ojalá el “éxito total de la convocatoria” del que habla la organización no sirva para dejarnos la miel en lo labios. No me quito de la cabeza los grandes hermanos que han aportado más “chicha”: Carlos Navarro “el Yoyas” (GH2), Raquel Morillas, Patricia Ledesma, Kiko Hernández (GH3), Matías “Tone” (GH4), Aida Nízar, Ainhoa (GH5), Bea, Nicky (GH6), Pepe Herrero (GH7), Dani “el sucio” (GH8), Amor, Melania, Ángela (GH9), Almudena “Chiqui”, Ana Toro, Javier Palomares (GH10), Nagore, Tatiana, Indhira, Arturo(GH11), Chari, Rubén, Patricia Hurtado, Laura Campos (GH12), Pepe Flores, Daniel Santos, María Sánchez (GH12+1), Igor, Desiree (GH14), Lucía, Shaima, Alejandra (GH15). Como veis, la lista de imprescindibles fluctúa a favor de las ediciones intermedias, cargaditas de personajes clave para que las tramas más o menos largas en el recorrido del programa tuvieran sentido y enganche para el espectador. Sin embargo, ¿qué recordáis de Gran Hermano 15? Del triángulo Omar-Paula-Lucía, de la TSNR entre Azahara y Juanma, de la relación lapa-ameba entre Yolanda y Jonathan y de Loli echando las cartas en el confesionario… ¿Algo más? Porque yo, no.
  • Unas pruebas decentes: el sentido de ser de las pruebas que se realizan a lo largo del programa es el de comportarse como detonantes de los conflictos entre los participantes. Además de ello, también le sirve al espectador para conocer mejor los roles de cada uno de ellos. Sin embargo, si estas pruebas carecen de interés o resultan tan sencillas que no provocan las reacciones esperadas, no tiene lógica que sigan existiendo. O las quitan y nos dan a cambio más “metraje” de tramas, personajes y entresijos; o las diseñan con un poco más de gracia…
  • Un tratamiento justo del programa: tenemos la suerte de que Gran Hermano sea uno de los programas insignia de Telecinco. De no ser así, harían lo que quisieran con él: lo moverían por toda la parrilla si los datos de audiencia no son los esperados y marearían al público con estrategias televisivas y comerciales que se le escapan a la mayoría de los espectadores. En general, maltratarían tanto a los fieles seguidores del programa como al propio formato. Confieso que han habido ocasiones en las que me he sentido “maltratada”, sobre todo durante las últimas entregas del reality: aunque la formalidad en la programación no es uno de los puntos fuertes de las cadenas, no entiendo cómo se puede anunciar un contenido para su emisión a una hora y que se realice ésta minutos después (y cuando hablo de minutos quiero destacar que un minuto en televisión es algo tan preciado como el dinero, si no más), tras una avalancha de publicidad o contenidos que nada tienen que ver con lo prometido. Comprendo que el mercado publicitario haya caído en picado (como todo) y que debamos tragarnos más anuncios para que los programas sobrevivan, pero… ¿Es que no hay otras formas de publicidad, más novedosas y menos invasivas? ¿Por qué no investigamos un poco y dejamos a un lado todo lo arcaico? ¿O es que estamos acomodados?

 Habemus fecha y primera concursante

El domingo 13 de septiembre se estrena la 16ª entrega de mi reality favorito. Además, conocemos a la primera participante (aunque no sé si creérmelo del todo, ya que esta es la edición de los secretos) de este Gran Hermano, a quien han sorprendido en la rueda de prensa que el programa a dado para presentar lo que está por venir. Tras el despotrique, solo me queda soñar con que será la entrega del regreso a los orígenes, a las buenas historias y a los personajes que merezca la pena conocer a través de la pantalla. Como todos los años, nos han pintado la novedad como la panacea… ¿Nos lo creemos esta vez?

Transmedia: cuando la televisión traspasa la barrera de la pantalla

El transmedia está de moda. Quizá sea la primera vez que te topas con este término desconocido o quizá, como me ocurre a mí, estés un poco saturado de encontrártelo allá adonde vayas. La narración transmediática funciona de la misma manera que un río: una historia es contada a través de distintos afluentes gracias a la participación de los consumidores de la misma, los cuales achican aguas o abren nuevos canales para que los contenidos circulen con libertad. Pese a la complejidad que entraña este sistema, El Ministerio Del Tiempo es el ejemplo perfecto para ilustrar un término que a muchos se nos escapaba.

En la variedad está el gusto: la multiplataforma

El final de la primera temporada de la ficción que ha despertado del letargo a los espectadores desencantados con la programación nacional ha supuesto el comienzo de una era: la del crecimiento hacia otros géneros nunca vistos en nuestras pantallas y en soportes que se salen de ella para dotar de riqueza a los contenidos. Acostumbrados a ver las series desde nuestro sofá, sin más dispositivo que el smarphone por si sucediera algo digno de ser comentado en las redes, El Ministerio Del Tiempo cambia la concepción de visionado gracias a la multitud de plataformas que surgen a su alrededor. Desde el podcast hasta la televisión online, la experiencia calma la curiosidad de los espectadores que no se conforman con los 70 minutos aproximados de capítulo semanal ni con el especial emitido tras este en la misma cadena.

Queremos saber más, no nos conformamos con consumir aquello que nos ofrecen a través de los canales habituales. Por suerte, la multiplataforma es uno de los elementos que caracteriza a la ficción creada por Javier y Pablo Olivares como única. Dentro del maravilloso universo elaborado no solo por ellos, sino por los seguidores, encontramos un especial emitido tras el episodio, un podcast, un programa de televisión online y una mastodóntica carga de contenido generado a través de las redes sociales, en Facebook y Twitter, por usuarios ajenos al proceso de escritura de las tramas y diseño de los personajes. Gracias a este último punto, El Ministerio Del Tiempo ha cruzado la barrera de la emisión nacional y ha impregnado de ministeria hasta a los espectadores situados en América Latina. Aunque el público que sigue la serie a través del canal online no se ha tenido en cuenta hasta febrero en la elaboración de las audiencias “oficiales” (las que elabora Kantar Media), la carga es más que significativa cuando con tan solo tres capítulos emitidos acumulaba un total de 263.000 visionados a la carta.

La clave de la revolucionaria ficción que acaba de emitir la cadena de televisión pública ha sido la retroalimentación entre los canales: mientras cada capítulo despertaba un interés especial en los espectadores, estos se valían de las redes para calmar (o potenciarlas, según se vea) sus ansias de Ministerio. Por otro lado, los contenidos “extras” que han surgido a partir del producto más convencional (que no central, ya que para considerarlo transmediático no puede haber un centro, sino varios elementos surgidos al mismo tiempo) han enriquecido los contenidos base de una forma más que significativa: conocer más de la historia ayuda no solo a que la comprensión de cada episodio sea más efectiva, sino que potencia la búsqueda autónoma de los porqués que quizá se nos escapen.

Pero lo que más ha llamado mi atención desde que la ministeria comenzó a ser una tendencia digna de ser estudiada ha sido la creación de perfiles en las redes sociales que imitaban los comportamientos de los personajes de la serie. El fandom no solo impregna las redes en su potencia más básica, a través de la discusión surgida gracias a los hashtags y a medida que se disfruta de la entrega semanas; sino que va más allá de la realidad, si entendemos realidad como lo que veíamos en la pequeña pantalla cada lunes y estaba escrito en el guión de los hermanos Olivares, José Ramón Fernández, Anaïs Schaaf y Paco López Barrio. Así, mientras que algunos seguidores interactuaban en Twitter bajo la identidad de personajes como Irene Larra, Alfonso de Entreríos, Ernesto Jiménez o incluso la esposa fallecida de Julián; otros daban rienda suelta a su imaginación y utilizaban el escenario del Ministerio para crear historias paralelas. Marcos Muñoz escribe fan fics profundizando en lo que ya se cuenta en la serie, aportando novedad al relato y alimentando la curiosidad de los que se quedaron con ganas de más tras el episodio de obligado vistazo.

Transmedia y televisión: ¿un modo de visionado incompatible con el espectador estándar?

Es cierto que la multiplataforma permite al público un enriquecimiento del proceso de consumo que se escapa de lo habitual (al menos, de lo que conocíamos hasta hace algunos años). Sin embargo, estos nuevos espectadores no son los únicos que disfrutan con la ficción, sino que los consumidores tradicionales de sofá y mando a distancia también han tenido parte de culpa de la renovación de la segunda temporada de El Ministerio del Tiempo.

Aunque nadie conozca a nadie que tenga audímetro en su casa (en caso contrario, por favor, ¡manifíestense!), todas las mañanas nos levantamos con los datos arrojados por Kantar Media y nos alegramos o nos sorprendemos según si nuestros contenidos favoritos del día anterior han obtenido buenos o malos resultados. Bien es sabido que El Ministerio del Tiempo no sacaba todo lo mejor de sí en cuanto a las audiencias tradicionales, debido a la guerra del share que se libraba cada lunes en la televisión (luchaba contra Bajo Sospecha, una de las apuestas de Antena 3 para los contenidos de ficción, que se llevaba a gran parte de la tarta), pese a que en redes sociales hubiera provocado tan movimiento.

El universo del entretenimiento en general crece a pasos agigantados. Para ciertos usuarios, la televisión se ha convertido en una herramienta que depende de forma directa de la conversación en la red, aunque también es posible verla de forma independiente puesto que la totalidad del relato se comprende sin necesidad de elementos extra. En este caso, que El Ministerio Del Tiempo tenga naturaleza transmedia no impide su acceso a una parte del público objetivo del prime time de TVE: el espectador estándar, más mayor que el multitarea y multiplataforma, alejado de las nuevas tecnologías y que disfruta de la televisión en familia o en solitario, sin otros dispositivos que lo “entretengan” del visionado.

Para mí ha sido el descubrimiento del año. Que la televisión pública apueste por una ficción novedosa, no en cuanto a historias, sino en métodos para contarlas, abre una puerta que creía cerrada en el panorama que nos queda más cercano a los que disfrutamos de la pequeña pantalla. Pese a los disgustos que nos llevamos cuando nos enteramos de las burradas que se cometen en un servicio pagado por todos, es inevitable que se nos escape la lagrimita cuando contenidos como El Ministerio Del Tiempo aterrizan, son bien cuidados y valorados como se merecen: no solo como títulos que solo recordarán los más frikis, sino como las míticas creaciones que Televisión Española solía hacer y parecía haber olvidado el método. Como Fortunata y Jacinta, Verano Azul, La Plaza del DiamanteAnillos de Oro, Los Gozos y Las Sombras o Cuéntame Cómo Pasó. Por El Ministerio Del Tiempo no pasarán los años que la desgasten… Como las buenas series.

IMAGEN: Alex Muñoz, magnífico ilustrador, me presta su creación de El Ministerio Del Tiempo para dar color a este post. De nuevo, ¡mil gracias! La imagen no se ve al completo, pero podéis hacerlo aquí mismo.

Disculpad el paron de casi un mes que ha sufrido el blog. Como diría Loulogio, me ha surgido un imprevisto: la vida. Sé que no es excusa, pero todavía tengo que acostumbrarme a un ritmo que no termino de dominar… ¡Volveré pronto! Lo prometo 🙂

Las series que podrían haber sido buenas: de tramas tópicas y personajes insulsos

Tras el espléndido desfiles de nuevos contenidos de ficción que presenciamos en estos momentos, parece que todo lo que consumimos o hemos consumido recientemente esté cubierto de un halo de calidad. Es cierto que desde el último año asistimos a estrenos de televisión sorprendentes que indican que algo está cambiando, aunque poco a poco, en un panorama que parecía anclado en los gustos de la famosa señora de Cuenca. A pesar del despertar de los directivos en cuanto a las nuevas tendencias, del reciente (y no del todo cierto) gusto por el riesgo en la producción y realización de series y en la educación paulatina de los espectadores ante unas estructuras y personajes desconocidos hasta ahora, todavía encontramos señales que indican lo lejos que estamos de considerar que todo el camino está andado.

¿Por qué no terminamos de despegar?

2015 está resultando un año de sorpresas: si muchos nos maravillamos ante el estreno de El Ministerio del Tiempo y tememos la posibilidad de que Televisión Española decida no renovarla (por pura inconsciencia de no saber que tiene entre manos un producto de culto, mezclada con un interés comercial incompatible con su naturaleza de cadena pública) también nos espantamos ante creaciones que parecen haber nacido hace décadas. El mundo parece avanzar demasiado rápido para según quienes, los que prefirieron quedarse anclados en las tramas ligeras y tópicas, en los personajes que no dan más de sí y en alimentar las necesidades de un público (quiero pensar que mínimo) que se conforma con poco. Por suerte, la tendencia indica que los creadores y los encargados de dar el visto bueno a los contenidos presentados tienen menos miedo al fracaso que hace algún tiempo, lo que propicia que las ficciones que hoy vemos en nuestra televisión tengan un mínimo de consideración entre una crítica más que resabiada.

Las comparaciones son tan odiosas como inevitables. Pese a que el público español no tenga nada que ver con el internacional (los hábitos de consumo y gustos son distintos), llevamos mucho consumiendo ficción extranjera y asimilando unos gustos impensables hace dos décadas. A los que disfrutan con Homeland, Six Feet Under, Broachurch o Community entre otras, se nos quedan cortos los personajes planos, las tramas insulsas y las historias poco arriesgadas que nos presentan en series como Los Nuestros, FamiliaBajo Sospecha o Dreamland. Menos la última mencionada, que es un caso aparte digno de análisis exhaustivo, podemos atrevernos a afirmar que tampoco resultan un fracaso, más bien, un lento viaje hacia una cima rodeada de bruma.

Hablemos de casos concretos: tramas y personajes

  • Bajo Sospecha: aun en mitad de la temporada, con tramas abiertas que provocan intriga en el espectador, carece de perfiles que otorguen a la ficción del realismo que necesita. Pese a tratarse de un caso fácilmente identificable con el espectador (una niña desaparece en un pueblo el día de su comunión), no consigo empatizar con ninguno de los personajes, quizá por esa extraña pretensión de querer parecer más malos de lo que realmente son (¿o no?) o porque a más de uno le falta una buena reescritura del perfil psicológico. En concreto, no entiendo a Laura, interpretada por Blanca Romero, aunque confío en que sea una cuestión de tiempo y me sorprenda en el desenlace de la temporada con todos los porqués que han ido quedando colgados capítulo a capítulo.

  • Física o Química: mientras que los extranjeros han sabido sacarle un jugoso partido a los conflictos de adolescentes encerrados en los pasillos de un instituto poniéndoles mucha música y mucho drama, nosotros no nos sentimos cómodos en esta división. Sin embargo, hubo un tiempo en que supimos hacer buena ficción estudiantil y de cuya cantera salieron actores que hoy siguen trabajando en el audiovisual. ¿Qué le fallaba a FoQ? La cantidad de tópicos que rellenaban sus tramas: la adolescente embaraza, el alumno que se lía con la profesora, el gay que no sale del armario, la chica mala malísima… Una serie evidente a más no poder, a la vez que altamente adictiva debido al morbo que siente el espectador cuando descubre que lo que cree que va a ocurrir, ocurre.

  • Familia: de nuevo, los personajes no son creíbles en esta ficción que tenía potencial para ser un buen recuerdo. Esta serie, que tan solo aguantó una temporada en parrilla y de la que casi nadie se acuerda a estas alturas, tenía muchos puntos en común con la genial Pelotas (demasiados, diría yo) aunque pecaba de pretenciosa. A diferencia de los personajes planos que encontramos en otras series, Familia contaba con unos componentes tan poco comunes que constaba de creer: una madre traumatizada por haber tenido que abandonar su carrera como actriz, un padre frustrado por no conseguir sus metas como entrenador de un equipo de fútbol, una hermana megalómana y escritora de novelitas rosas con aires de García Márquez, otra hermana adúltera y la última, la protagonista pese a la coralidad aparente del escenario, sobre quien cae toda la responsabilidad de este peculiar conjunto. Nadie es perfecto, y menos en una serie dramática de televisión (que se lo digan a los de How To Get Away With Murder, The Sopranos, Breaking Bad o My Mad Fat Diary), sin embargo, la imperfección tiene que ser dosificada a cucharaditas, no de golpe y porrazo.

  • Aquí Paz y Después Gloria: pese a la novedad de esta ficción, de la cual tan solo hemos visto un capítulo, me atrevo a decir que la serie que Mediaset se llevó a talleres tras un piloto que no convenció a su equipo posee un planteamiento incorrecto. Aunque la trama se pudiera ajustar a un desarrollo cómico de los acontecimientos (los tópicos, más que risa, dan vergüenza ajena), me cuadraría y me atraería muchísimo más si la narración fuera dramática: un timador se ve obligado a huir de un grupo de matones muy peligrosos (me conformaría con que no fueran tan penosos como los que nos presentaron) y debe hacerse pasar por su hermano gemelo, herido/muerto/desaparecido tras un accidente que tienen los dos. El planteamiento es bueno si la evolución es correcta, pero un personaje cómico tiende a no evolucionar. Por tanto, ¿qué elemento novedoso tiene que aportarnos esta serie? Porque se risas vamos más bien justos…

Gracias, artífices

Mientras se investigan nuevas historias y tendencias, otros no parecen querer abandonar la comodidad que otorga permanecer en los estándares que triunfaban décadas atrás. No me refiero a los creadores, los cuales sé que siempre tienen algo nuevo en mente, sino de quienes derriban este algo por no resultar adecuado para el momento o para el público objetivo. Pese a la negativa (antes más habitual que ahora, cuando parece que las puertas comienzan a abrirse con mayor facilidad visto el éxito de la ficción “más compleja” al otro lado de la frontera) de los que eligen qué se emite y qué se desecha, tenemos la suerte de contar con cabezas inquietas que, sin dejar de lado el sentido comercial (siempre hay que tenerse en cuenta ya que el guionista es vendedor de ideas en cierta medida), son capaces de hacernos llegar las historias más interesantes, enérgicas y apasionantes. Gracias. Tan solo os pido una cosa: no permitáis que os derroten.

IMAGEN: Antena 3

El fascinante mundo de los reality shows, vol. II: granjeros, tróspidos y colegiales ni-nis

Puedes leer el primer post de esta serie aquí.

Con la llegada de la final de la tercera edición de Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo no he podido evitar escribir este post más nostálgico que serio. Aunque lo intente, es imposible que me limite a repasar los puntos teórico de aquellos programas de televisión que me sacaron más que una carcajada, porque cuando hablamos de los realities de la última etapa de este tragicómico medio, más nos vale reír que echarnos a llorar, como pretenden que hagamos algunos al tacharnos desde de analfabetos hasta de antisociales. Y nos hemos reído más que bien.

La tele, como las plataformas de difusión de contenidos más adaptadas a las necesidades del público actual, es un pozo sin fondo en el buen sentido de la expresión. Cuando creemos que hemos llegado al final de su explotación, alguien crea un formato que sorprende a la crítica y a los espectadores por su dinámica, por su feeling y por sus datos de share. Le pese a quien le pese, los realities han protagonizado este fenómeno de reciclaje positivo y no solo han dado la vuelta a la percepción que muchos tenían sobre ellos, sino que han creado una especie de mitología en base a esa percepción incorrecta.

Actores, ¿juguetes rotos?

Esta mitología está compuesta tanto por historias más o menos épicas y por personajes que se quedan grabados en el imaginario del medio. La magia de este fenómeno es la que produce que, quienes solo consuman un par de horas de programación generalista, pueden llegar a reconocer ciertas caras sin saber de dónde han salido. Sin embargo, más que rememorar a los personajes que se han hecho un hueco en la historia de la televisión, pretendía acordarme de aquellos que lo intentaron y se quedaron en el camino.

Los “actores” (entrecomillados, ya que ni lo son de oficio ni de intención, tan solo es una denominación para situarlos en este contexto) que protagonizan estos formatos son incategorizables y dificilmente descriptibles. Aún así, poseen un poder de atracción sobre el espectador equiparable con la del paciente que se deja hipnotizar por su terapeuta, quien no puede dejar de mirar el elemento que se balancea frente a él. Como Zeus convertido en toro blanco para atraer a la joven Europa, Florentino de la Florence bajaba las escaleras del plató de Gran Hermano VIP a trompicones mientras lanzaba particulares acusaciones a una Nagore que tampoco se callaba la boca, David Pedre (Un Príncipe Para Corina) cocinaba unos macarrones con tomate a la princesa de su cuento o María Amparo (Supermodelo) realizaba su desfile más trágico cuando resbalaba en el bordillo de la pasarela para ir a parar a la piscina del set. Sin que pudieran ser considerados ejemplos de nada digno de ser enseñado ni en las escuelas ni en las casas de cada uno, no podemos evitar admirar tal espectaculo. ¿Y qué le vamos a hacer, si nos divierte?

Si despejáramos la incógnita de la ecuación “Juan Camus + Cayo Paloma”, ¿cuál sería el resultado? Si se trata de rescatar a juguetes rotos para volverlos a destrozar… Puede ser una fórmula ideal. Que se prepare Anna Allen…

Los distintos realities que hemos presenciado a lo largo de la historia reciente de la televisión han dejado “residuos” imposibles de depurar. Mientras que el universo Telecinco los recicla una y otra vez para rellenar los programas que los sitúan líderes de audiencia, otros no consiguen atravesar la barrera que separa el terreno de los frikis malos del de los frikis buenos. Sin embargo, esta división es cada vez cada vez más difusa y por ello, mucho más sencilla de ser rebasada por quienes jamás se hubieran imaginado en tal terreno hostil. Así, una ganadora del Premio Planeta como Lucía Etxebarría coincidió el tiempo y en espacio con actores de la talla de Gaby (ex novia de Paquirrín y ex participante del indescriptible Mujeres y Hombres y Viceversa) o Pedre, a quien recordaba un poco más arriba y con quien tuvo un conflicto del que nunca sabremos si fue producto de su imaginación o si la realidad superaba a la ficción del momento. Aunque es cierto que han habido múltiples bajas en el arduo camino del reality, otros tantos se han visto aprovechado al máximo el potencial que de otro modo era imposible de sacar a relucir. Mientras la dulce de Lety no descansa de bolos desde que salió de la tercera edición de Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo, me topé con Mª Carmen en un anuncio de Samsung para YouTube.

 

¿Qué reality rescataría? La parrilla más hilarante

Al más puro estilo de El Ministerio del Tiempo, daría cualquier cosa por abrir una puerta y aterrizar en los platósde los programas que se realizaron hace años en la factoría de Eyeworks Cuatro Cabezas y Zeppeling TV, los cuales fueron capaces de crear y mostrar a los espectadores cómo de extraña, curiosa, entrañable y odiosa podía llegar a ser la muestra de la sociedad que, representativa o no (¿y qué importará eso mientras nos partamos de risa?), llegaba a sus manos. Sin dudarlo, tengo mi propio top four de títulos que necesito en la televisión actual:

  • Curso del 63: aunque laSexta lo intentó con Generación Ni-Ni tras el éxito del programa germen, fue Curso del 63 el que despertó la curiosidad de la audiencia por conocer un poco más el comportamiento de este grupo. Aunque ya los conocíamos gracias a Hermano Mayor y, resultaba un fenómeno demasiado reciente y poco explotado en este medio. Sin embargo, a raíz de este nacieron otros como Hijos de Papá Las Joyas de la Corona, incluso me atrevería a decir que Gandía Shore (antes, por supuesto, el original en Jersey) bebe inevitablemente de la mecánica: un grupo de adolescentes es “encerrado” en un espacio distinto al habitual y deberá desempeñar unas tareas con las que estarán más o menos conformes, las cuales desencadenarán una serie de reacciones.

  • Princesas de Barrio: el docu-reality que narraba las aventuras y desventuras de este grupo de chicas me consquistó desde que mostró la cara desconocida de las protagonistas. Además de ser unas chonis de libro (con operaciones de estética, ropajes y actitudes incluidos), algunas de ellas demostraron ser tan dulces como ordinarias. Por eso, al igual que me río con los momentos más absurdo de los Gipsy Kings, me divertía al ver cómo estas “amigas” iban juntas al concierto de Camela o se enamoraban de las prestaciones de la Thermomix. ¡Como para no cogerles cariño!

  • Confianza Ciega: pese a que solo conocía el formato de oídas, hace poco que me puse al día con algunos de los capítulos que encontré en las redes y me sorprendí con el nivel de tensión y de manejo de las emociones de los concursantes por parte del equipo. A pesar de tratarse de un programa de 2001, comenzaban a trastear la fusión del reality con otros formatos como el dating, añadiéndoles elementos inesperados como vídeos manipulados (totales sacados de contexto editados con fragmentos confusos, piezas mal subtituladas, etc). El re Supe por qué el genial podcast Nube, tía! se llama así y sigo sin comprender por qué Antena 3 dejó escapar tal potencia para años después convertirse en la cadena triste (y con razón). Aunque ahora pretendan subirse al carro de la actualidad televisiva con Casados A Primera Vista, ya quisieran las mejores entregas de este contar con las intrigas del de hace más de trece años. A veces avanzamos, pero otras nos quedamos estancados sin remedio. Además, necesitamos a Francine Gálvez de vuelta en la televisión. ¡Es urgente!

  • Granjero Busca Esposa: dejo para el último lugar el programa que para mí fue el más revelador de todos los de esta misma naturaleza que he visto. La maravillosa obra de Grundy Producciones (Sin Tetas No Hay Paraíso, Yo Soy Bea, Factor X) provocó un clic en mi cabeza: yo, que era seguidora acérrima de realities de corte “tradicional”, comenzaba a interesarme por otros productos que sobrepasaban los límites establecidos y se fusionaban con otros formatos. ¿Qué era aquello que me tenía enganchada, me hacía reír y esperaba con ansias a que llegara una nueva edición? Descubrimos el poder de Luján Arguelles para contar una historia cómica y nos maravillamos al comprobar cómo un casting de compatibilidad podía cambiar de forma radical en cualquier momento del programa. Lo que parecía un simple dating show rural provocó una fenómeno que, aunque no trasladable en las cifras (la última edición no superó el 8% de share), inspiró a todos los títulos que fueron aterrizando tras este. Este vídeo es tan solo una muestra de lo hilarante que puede resultar el casting de formatos como este. Pedro nos conquistó a todos por su falta de higiene dental y por su urgencia intestinal mientras pastoreaba ovejas.

Mis 10 series de 2014

Todos los años son años de series. Tras comprobar cómo el fin de 2014 llegaba y el comienzo del 2015 me ha acabado pisando los talones en lo que a información televisiva y seriéfila se refiere, yo no pensaba ser menos que todos los medios y bloggeros que han hecho un repaso de lo mejor y lo peor de este periodo. En esta entrada he recopilado lo que considero las 10 series más relevantes del 2014. Por supuesto, ni he visto todas las series estrenadas durante 2014 (no me da la vida para tanto) ni cuento con la sabiduría universal de valorar qué es de visionado imprescindible y qué no. Pero… ¿Y lo que me gusta hacer una lista?

  • 10. How I Met Your Mother: No por buena, sino por “mítica”, incluyo esta sitcom en mi lista de Fin de Año seriéfilo. Pocas series de este calibre han durado casi diez años (Cheers cumplió 11 años en antena) y, pese a temporadas más bajas que otras y un final que no convenció a todos, me dejó una buena sensación. A pesar de poder ser comparada con su predecesora Friends, no se parece ni en sus personajes ni en las tramas que desarrolla a lo largo de la ficción. Que sí, que hay una historia sentimental horizontal que se extiende de comienzo a fin, que también hay picos en esta misma, pero… Nada que ver. Si alguien me pregunta, sin duda me quedo con Rachel y Ross. Os dejo al pánfilo de Ted para vosotros.
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  • 9. The Mindy Project: Por “plana”, boba o típica que pueda resultar al espectador de series más puntilloso, al que veneró Breaking Bad y criticó el final de Dexter hasta la saciedad (como yo misma), esta ficción me supera. Si sentí un desazón muy tonto cuando la ABC no renovó Selfie por una segunda temporada, creo que si The Mindy Project desapareciera de nuestras vidas hasta derramaría una lagrimita. Desde que descubrí a Mindy Kaling en The Office me enganché a su encanto y, además, hace una pareja estupenda con Chris Messina, quien no deja de sorprenderme y es capaz de adaptarse tanto a un papel dramático (como ocurre con The Newsroom) como a la comedia más cómica. Disfruto con los cacaos mentales de la doctora Lahiri, con las fiestas absurdas y las salidas de todos los personajes, a veces demasiado extremos como para provocar la carcajada, a veces de lo más adecuados.
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  • 8. How To Get Away With Murder: Todavía no he visto un solo capítulo de Scandal pese a que me inquieta cómo parte de la crítica la pone por las nubes mientras que otros preferirían enterrarla para no encontrársela jamás. Sin embargo, la producción de Shonda Rhimes me atrajo desde que vi el primer capítulo en pantalla grande gracias al Festival de Series de Canal + en Málaga. Disfruté de cómo estaban dibujadas las líneas que comenzaban a definirse desde los primeros flashbacks, de cómo el carácter de Annalise Keating helaba tanto como enternecía y de cómo unos adolescentes que pudieran parecer de lo más fastidiosos acababan ganándose a los espectadores en una historia de lo más trepidante. Pese a lo tópico que pudiera parecer que los alumnos de una clase de Derecho Penal tuvieran que enfrentarse al encubrimiento de un gravísimo delito criminal, la ficción crece, crece y crece.
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  • 7: Orange Is The New Black: Dramedias, venid a mí. Soy una fanática de este híbrido que aporta tanto historias duras como momentos hilarantes. En la serie que coloco en el séptimo puesto de la lista me decepcionó en su segunda temporada, aunque no podía desecharla debido a la fuerza de algunos de sus personajes. Aunque Chapman, su protagonista, me parece la menos importante, alucino con las subtramas que los secundarios crean y alimentan. En esta ocasión, Red nos ha mostrado su lado más tierno y familiar y hemos descubierto la historia de Rosa, quien nos ha ofrecido uno de los finales más épicos de las ficciones de este tipo. Sin duda, el broche de oro para una temporada pobre, pero en absoluto mala.
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huffpost.com

  • 6: My Mad Fat Diary: Hace tan solo unas semanas despertábamos con la magnífica noticia de que tendríamos una tercera entrega de Rachel Earl y su mundo. Yo ya me había conformado (más bien, superado) con que no pudiéramos disfrutar más temporadas de este descubrimiento británico que comenzó siendo una tarea pendiente para el 2014 y se convirtió en un deleite. Una historia de adolescentes que nada tiene que ver con lo que hemos podido ver, por ejemplo, en la televisión española. ¿Cómo reaccionaría la protagonista de esta ficción en el Zurbarán, instituto donde se desarrollaba Física o Química? ¿O en el colegio de Los Serrano? Si la pobre Rae está ya tocadita, ni me la quiero imaginar en tales circunstancias…
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wbez.org

  • 5: The Newsroom: Me he reído, me he enfadado, he aprendido y hasta he llorado (sobre todo, en los dos últimos capítulos de la útlima temporada) con esta serie. ¿Cómo iba a dejarla fuera de mi ranking? Sigo sin comprender por qué todavía hay quienes no aceptan que esta ficción dramática sea buena, por qué no han empatizado con los personajes y la han criticado hasta su final, del todo correcto por haberlo ejecutado antes de que pudiera quemarse por tirar del hilo. Quizá sea porque soy periodista, he trabajado en televisión y puedo sentirme identificada con las mecánicas de una redacción y su frenetismo… No lo sé, simplemente, todavía no he superado que se haya terminado.
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tv.com

  • 4: Fargo: No soy de segundos visionados, prefiero probar cosas nuevas a las repeticiones, pero esta serie lo merece sin duda alguna. Lo que pudiera parecer un sacrilegio en el principio se convirtió en magia desde que comprobamos el arte de Noah Hawley no solo para la adaptación (a pesar de que afirmaba no haber adaptado la obra de los Cohen, sino que tan solo utilizaba el ambiente y los matices), sino para la creación de historias y personajes que no dejan indiferente a nadie. Si Martin Freeman me conquistó en Sherlock, ahora no tengo más remedio que seguirle la pista de cerca. Si para colmo forma dueto interpretativo con Billy Bob Thornton y el flequillo inquietante de un Lorne Malvo de lo más impredecible, es inexcusable.
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huffpost.com

  • 3: Aída: Os extrañaréis de encontrar una serie española en el top 3 de mi lista particular televisiva. El spin-off de la mítica 7 Vidas, apuesta fuera de lo común en el panorama nacional debido a que comenzó con cifras bajas y estaba condenada a acabar en los talleres (de los que nunca o casi nunca se regresa), resultó la píldora que el espectador necesitaba para el prime time de los domingos. Una opción distinta al Salvados de Jordi Évole y característica por su comicidad sin límites, enganchó hasta a 6 millones de espectadores en sus mejores tiempos. Tras la marcha de la protagonista principal la serie había sufrido una caída progresiva de su audiencia pese a que los episodios seguían siendo hilarantes gracias a la creación de nuevos personajes que no tenían nada que envidiar a los mejores cómicos del país. Además, nos gusta el humor pícaro y hasta ofensivo, como demuestran las cifras de La Que Se Avecina en la actualidad. Con el fin de Aída, termina una era. ¿Estaremos ante el comienzo de otra?
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mewmagazine.es

  • 2: True Detective: Sí, era demasiado evidente que la ficción creada por Nic Pizzolatto estuviera en otra de las tantas listas que llevamos leyendo desde que comenzó la Navidad. Pero no podía dejar pasar a dos de los personajes que más me han enganchado durante este año seriéfilo ni a una trama central trepidante y unas secundarias de lo más sorprendentes. Mientras que Rust se explayaba con sus retorcidos pensamientos y dejaba con cara de pasmarote a Martin, se desarrollaba un universo que a todos los que la hemos puesto, prácticamente, por las nubes en nuestras críticas, nos ha cautivado. Ahora, a esperar la segunda temporada.
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mashable.com

  • 1: The Leftovers: La controvertida obra de Damonn Lindelof no podía estar en otro lugar que en el merecidísimo Top 1. La que ha sido para mí la serie del año ha dejado tan buen sabor de boca como mala crítica, ya que ni unos ni otros se ponen de acuerdo en valorar si ha sido una buenísima ficción o un producto innecesario. Opino que ha sido revolucionaria no solo por las historias que se cuentan sino por cómo se cuentan: el guión, de principio a fin (aunque al principio no se aprecie), está elaborado con maestría y las interpretaciones (ocurre lo mismo que con el guión, que debemos ambientarnos y  meternos de lleno en el contenido para valorarlas) resultan tan crudas que llegamos a empatizar con personajes que llevan comportamientos imposibles de comprender en el comienzo. Como ya escribí en este medio, me ha encantado. No sé qué nos deparará la segunda entrega, pero tan solo por cómo he disfrutado la primera, ya se encuentra entre mis series favoritísimas.
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HBO

De qué hablo cuando hablo de crear

Al más puro estilo Murakami, he querido escribir esta entrada por el simple placer que me produce escribir. Llevo mucho tiempo haciéndolo, desde que entré en primero de Periodismo y, hasta ahora, criticando los estrenos en Perdidos en la Tele, en clase por asignación y por gusto, por cuenta propia y sin tregua. Escribir no es solo escribir, para mí, es viajar lo que no puedo en la vida real, descubrir cosas nuevas, personas nuevas, crear el mundo. Y, aunque pueda parecer pretencioso, la labor del creador no es más que la de hacer sentir a los demás.

A finales de junio defiendo mi Trabajo de Fin de Máster ante un tribunal. Desde las Navidades pasadas estoy trabajando en él y la idea lleva rondándome la cabeza varios años. Vamos, que no es nada improvisado ni pensado por necesidad, sino que estoy creando la serie dramática “de mis sueños”. Y digo creando porque, aunque la haya entregado como un proyecto supuestamente terminado, sigo dándole vueltas para mejorarla y moverla en un futuro no muy lejano.

Murakami escribió una especie de autobiografía en la que relaciona el descubrimiento de su talento con la aventura del running. Yo, sin embargo, que todavía no me atrevo a correr un kilómetro seguido (aunque lo conseguiré algún día, lo prometo), he querido hacer algo parecido. ¿Qué significa la escritura para mí? Hace un año hubiera contestado sin pensarlo pero hoy, tras haber escrito más que nunca en mi vida en tan solo un curso escolar, no soy capaz de encontrar una definición que me convenza. La creación no se limita a escribir cincuenta páginas o unos versos, qué va…

Inspiración, ¿dónde encontrarla?

Desde que descubrí el placer de la escritura hago “rituales” para encontrar la inspiración en cualquier momento y lugar. Y aunque Picasso dijera que la inspiración siempre se encuentra trabajando, he pasado mucho tiempo esperando a que apareciera para ponerme manos a la obra y no he hecho más que perder el tiempo. Mientras encuentro a la musa, creo playlists de las cuales me canso pasadas dos semanas (o según los textos que tenga que escribir, los personajes que tenga que diseñar… Las circunstancias van variando), me paso las tardes mirando fotos bonitas en Instagram o leyendo noticias en la portada de Menéame o Reddit. Cuando miro el reloj, el tiempo se me ha echado encima sin que me haya dado cuenta.

He descubierto que tengo una gran facilidad para trabajar bajo presión, una bendición en mi profesión (como guionista y periodista, aplicable a ambas) y que es mejor escribir mucha basura de un tirón para revisarla después. No pensé que esta entrada estuviera repleta de citas célebres pero es inevitable al hablar de inspiración y rutinas literarias. Hace años encontré una imagen que llevé durante mucho tiempo de fondo de pantalla en el móvil para que me sirviera de recordatorio.

Un día me dio por investigar de dónde venía, cómo a Hemingway se le había ocurrido tal afirmación que significaba para mí mucho más que escribir borracha y editar sobria (yo lo relacioné con el hecho de escribir sin revisar y revisar sin escribir, un método que a mí me funciona por ahora). Bendito Reddit. En este blog se investiga que no hay material atribuible a este autor que confirme que Hemingway afirmó tal cosa. Peter De Vries, en su novela Reuben, Reuben, podemos leer:

Sometimes I write drunk and revise sober, and sometimes I write sober and revise drunk. But you have to have both elements in creation — the Apollonian and the Dionysian, or spontaneity and restraint, emotion and discipline.

He descubierto que la labor de investigación es una de los procesos que más me inspiran para escribir: leer la prensa, buscar en foros especializados, artículos en revistas, leer, leer, leer. Para escribir con verosimilitud hacer falta saber muchas cosas que solo se aprenden a base de constancia e inquietud. No conozco ningún guionista que carezca de curiosidad ni ningún escritor que pase un solo día sin leer algunas líneas. Tener los ojos bien abiertos es la mejor forma para inspirarse. Así que, he incluido esta premisa como una más dentro de mis “rituales”.

El resurgir del fénix: rescatando mierda de la papelera

Leí una entrada en Bloguionistas (portal indispensable para los que escribís o estáis interesados en el mundo del guión) donde se hablaba, por así decirlo, de la curva evolutiva que sufre un guionista a la largo del proceso de creación. Este párrafo resume a la perfección su esencia:

Los guionistas vivimos en un continuo “sube y baja” emocional. Un día, lo que estás escribiendo te parece la hostia, y al otro, una mierda. Así, sin término medio. Y para poder seguir escribiendo (y convertirse realmente en un guionista), lo mejor es aceptarlo. Somos así. ¿Qué resulta agotador? Desde luego. Pero es lo que hay (Lee el original aquí).

Siempre me he considerado una persona poco paciente pero, gracias a la escritura, he descubierto que soy todo lo contrario. Empeñarse en desarrollar una idea tal y como la trazamos en nuestro pensamiento, darle mil y una vueltas, escribir y reescribir lo mismo durante meses me ha servido como un ejercicio de control de la desesperación. Me he enganchado de personajes, les he cogido manía a otros, me he cansado de según qué tramas y he tenido pesadillas con las historias que creo. Sin embargo, he aprendido a aislarme de mis sentimientos, a convertirme en otra persona cuando escribo, en una especie de robot sin recuerdos ni experiencias. Crear es separarse del mundo conocido para sumergirnos en el que queremos escribir.

He llenado papeleras hasta arriba de hojas que no conseguía rellenar sin un solo tachón, me he arrepentido y he tenido que rescatar alguna que otra bola desecha. Una profesora del Máster en Guión, Narrativa y Creatividad que acabo de terminar, nos recomendó a principio de curso que no tiráramos un solo papel, a pesar de que nos parezca la tontería más gorda. Nos dijo que buscáramos una caja (o una carpeta o un archivador) y guardáramos todo aquello que escribiéramos porque, nunca se sabe, puede valernos en cualquier momento en el futuro. Y no sabéis la razón que tiene… Ahora rescato personajes que pensé años atrás y les estoy sacando más jugo que nunca para proyectos futuros.

Me estreno

Aunque a veces me las quiera dar de entendida (y, por supuesto, se quede en un intento fallido), no tengo idea de nada: ni de guión ni de blogs ni de creación ni de buscar inspiración y menos de encontrarla. 2014 está siendo un año de estrenos de todo tipo, sobre todo de lo relativo a lo “profesional”: ha sido la primera vez que he escrito guiones, que he creado una serie dramática, que he “trabajado” para una productora de televisión y que he hablado de series dramáticas en la radio. Tan solo espero que no se quede en eso, en un comienzo.

Con la defensa de mi Trabajo de Fin de Máster ante un tribunal doy por finalizada mi etapa como estudiante de guión. Sin embargo, no sé si puedo considerarme guionista todavía.

Desmontando las series 2: Los personajes

Aunque este post pertenezca a una serie de entradas que iré escribiendo periódicamente sobre el universo seriéfilo, los conceptos que explico en esta pueden aplicarse en cualquier tipo de texto: para guiones de cine, publicidad, televisión; para teatro, novela o cualquier otro tipo. El personaje es básico en el desarrollo de la trama y esencial para que la identificación del espectador con la historia. Crear un personaje no es tarea sencilla, de hecho, resulta casi un arte del más refinado orfebre: realzar las aristas de los caracteres, dotarlo tanto de cualidades como de defectos para que parezca alguien real y hacer todo lo posible para que sus acciones no sean previsibles es más complicado que darle vida sobre el papel tras haberlo creado previamente. Si un personaje plano está inmerso en una trama amorosa sabríamos cómo acabaría la película (o la novela o el guión en sí mismo) sin necesidad de finalizar el visionado. Y esto no es lo que queremos.

Tony Soprano es, desde mi punto de vista, uno de los personajes mejor creados de la historia de las series de televisión.

Personajes reales en historias ficticias

No paro de escuchar de boca de mis profesores de guión que todo está escrito, tanto las historias como los personajes. Así como hay esquemas preestablecidos que se repiten en muchas tramas, los personajes tampoco son productos novedosos. Ramón Navarrete, profesor de la Universidad de Sevilla e investigador en Comunicación Audiovisual, Publicidad y Literatura; nos dijo en clase que leyeramos a Shakespeare si queríamos aprender del maestro de las historias ya que él lo había escrito todo. Ahora bien, ¿quién es el maestro de los personajes?
Linda Seger es una de las teóricas más representativas en la creación de personajes y ha escrito varios manuales sobre sus conocimientos en esta materia. Seger afirma que la observación y la experiencia del propio autor es esencial en la creación de un buen personaje: si miramos a nuestro alrededor, hay cientos de personas de las que tomar sus rasgos e inspirarnos para gestar un ser nuevo; y, gracias a que llevamos conociendo a la gente desde que somos personas físicas, la experiencia nos dará las claves de si hemos realizado bien este trabajo o necesitamos pulirlo. Sabremos cuando un personaje carece de carisma, cuando sus comportamientos no son coherentes o si, todo lo contrario, posee un carácter que engancha. Por tanto, no considero que haya maestros en lo que a los personajes se refiere, aunque todo esté escrito, es cuestión de volver a ordenar los elementos para dar lugar a nuevas y sorprendentes combinaciones.

Los primeros pasos 

Antes de comenzar a escribir nuestro producto (un guión para una serie de televisión, una película, incluso una novela) es recomendable realizar una biblia de personajes. Para los que no estéis familiarizados con los términos del mundillo de la creación audiovisual quizá no lo hayáis escuchado en vuestra vida: la biblia sirve para tener claro en todo momento del proceso (desde la escritura del primer borrador del guión hasta en la grabación del proyecto y el montaje del mismo) quiénes son los personajes que protagonizarán nuestra historia, qué objetivos tienen y por qué hacen lo que hacen cuando lo hacen. Podríamos considerar este wiki como una especie de biblia de personajes de Breaking Bad.

Aunque en la biblia solo expliquemos los datos necesarios para llevar a cabo nuestro proyecto de guión (sus características físicas, la relación de todos los personajes, si son protagonistas, antagonistas, coprotagonistas, etc), es recomendable que creemos el personaje desde cero: esto es, escribir un texto en el que expliquemos la biografía del personaje desde su nacimiento hasta el momento en que aparezca en nuestro guión para que podamos justificar qué hace y por qué. Lo que vemos en el episodio o en la película no es todo lo que existe en el universo de los personajes, aunque no den explicaciones. Todos los buenos personajes tienen un buen transfondo, un pasado interesante que todos queremos conocer. Aunque no se muestre específicamente en el desarrollo de la serie, película o novela, estará presente en cualquier movimiento que ejecute, en todos los pensamientos que ronden por su cabeza.

Mis favoritos

Mackenzie McHace, productora ejecutiva en The Newsroom (HBO)

Mackenzie McHale es un cóctel de dulzura y rigidez, de profesionalidad e improvisación. Como buena productora de noticias, sabe buscar la información en los lugares adecuados pero, a pesar de lo que pudiéramos imaginar por el cargo de poder que desempeña, no muestra prepotencia ni es en absoluto orgullosa. En el siguiente vídeo podréis ver cómo no tiene miedo a la hora de pedir ayuda a una compañera: Mackenzie no tiene ni idea de económicas y le pide a Sloan Sabbith, periodista especializada, que “le enseñe un par de cosas que decir para que parezca que sabe algo”.

“I just need you to teach me a couple of things to say that will make me look like I know something. How long did it take you to know what you know?”
“College, grad-school, doctorate, post-doctorate, practical experience. 15 years. When’s the panel?”
“Tuesday… Morning.”
“How about I give you three things you can write on your hand?”

Las encuentro encantadoras a ambas. Si no habéis visto la serie, os la recomiendo . A diferencia de la tendencia que tenemos aquí de no aportar actualidad a los productos seriados (lo comenté en este post), la característica de The Newsroom es que sus tramas giran en torno a los asuntos noticiosos, nacionales e internacionales, del momento. ¿Cómo iba a funcionar si no una serie ambientada en una redacción de unos informativos? Creedme que lo hace.

Dwight K. Schrute (The Office) assistant TO THE regional manager. Los que hayáis visto la serie, entenderéis esto último. Si no la habéis visto, ya estáis tardando.

Dwight K. Shrute es el personaje que más me ha sorprendido de todos los tiempos. Con una personalidad recta (típica alemana) y cómica a la vez, es el protagonista de momentos únicos en The Office. Sin él, las situaciones incómodas serían mucho más complejas de crear. Dwight hace que el caos resulte cercano, por lo que hay un riesgo continuo en el ambiente de oficina.

“Hay demasiada gente en este planeta. Necesitamos una nueva plaga”

Criado en una familia amish de ascendencia germana  y en un contexto casi trágico (chico de campo, ambiente muy humilde, rozando la miseria), conserva unos valores muy claros del honor y el deber: siempre está detrás de Michael Scott, el jefe de la oficina, para servirlo en lo que desee. La oveja negra de la oficina, el freak amante de Battlestar Galactica, Dwight denota singularidad en su vestimenta de tonos mostaza y en su peinado. En el momento de la creación de personajes, es imprescindible que caractericemos a través de la ropa y el físico: Dwight nos resulta chocante desde que lo vemos por primera vez en escena pero no llega a ser un fantoche sin sentido para la serie. De hecho, es esencial en todos los capítulos.

Sin embargo, posee un gran fondo de bondad y está siempre en busca del bien. Es un ser infantiloide, no sabe diferenciar la ironía de las afirmaciones y se molesta a menudo cuando no se siente integrado en el grupo. En este vídeo se pone a llorar porque Michael no lo invita a una fiesta en su casa.

Me gustaría analizar a todos y cada uno de los personajes de The Office. Es una de mis series de humor favoritas, pero tampoco quiero desvelar nada a quienes aún no la han visto. Solo destacaré que, en un mundo de adultos como es una oficina distribuidora de papel, ninguno de los personajes tiene un rol de persona mayor total. Tenéis que verla.

No me gusta Hannah Horvath (Girls), antes me fascinaba, pero ahora solo me resulta un revoltijo de tópicos hipsters lanzados sobre un papel sin apenas justificación: no es más que una chica poco agraciada con un trastorno mental, de comportamiento atrevido en todos los aspectos (desde en su sexualidad hasta en la manera de combinar su ropa) y aburrida de sí misma. Es inaguantable, ni ella misma es capaz de soportarse y, por eso, se hace tanto daño.

La pobre Hannah, intentando autoconvencerse.

Sus compañeras también son para echarle de comer aparte. Si tuviera que destacar una de ellas, me quedaría con Shoshanna: es repipi, mimada y muy pija, una chica virgen que sueña con las fantasías de Carrie de Sex and the City, bastante contradictoria. A pesar de sus peculiaridades que vuelven loco a cualquiera que se le acerque, es inocente.

Shosh, angustiada perdida.

Conclusiones

Lo que he aprendido desde que escribo de manera más seria (siempre he estado “escribiendo”, más bien, tonteando) es que no hay que tener miedo a crear personajes. Podemos partir de una idea: un rasgo físico, una frase o una manera de ser. Pero esto no basta, no podemos olvidarnos de las aristas. ¿Por qué el Batman de Christopher Nolan nos (me) gusta tanto? Porque es un héroe imperfecto, es huraño y está lleno de traumas. Es irresistible. ¿Y a vosotros? ¿Cuál es el personaje que más os atrae? ¿Cuál creéis que está mejor creado?

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Tema de Anders Norén.