Vivir de la Tele

Creación, guión y mucha tele

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Etiqueta: realities

25 años de televisión (II)

Si todavía no has leído la primera parte de esta serie, puedes hacerlo aquí. Siendo una niña descubrí el poder que la televisión ejercía sobre mí en el buen sentido: me divertía, he emocionaba y me sorprendía. Con algunos años más, descubrí que la pequeña pantalla era mucho más que un simple entretenimiento: quería que formara parte de mi vida y haría todo lo posible porque así fuera (por algo este blog se llama Vivir de la Tele). Si ya hemos repasado del 1991 al 2008, todavía quedan unos añitos por analizar y recordar aquellos programas que más influencia causaron en mi yo adolescente hasta la actualidad.

Universidad y televisión: el descubrimiento de mi verdadera pasión

2009: Uno de los títulos que más significó para mi posterior formación e interés televisivo fue Granjero Busca Esposa. Aunque llevaba ya muchos años siguiendo distintos realities de todo tipo, este significó la semilla de lo que en el futuro se consideraría tróspido, aunque todavía no nos sonara de nada este término.

En el noveno año de la era 2000 también conocí a Samanta Villar gracias a su 21 días, cuya primera temporada fue toda una revelación de intenciones y me sirvió para reafirmarme en mi decisión de estudiar Periodismo porque contar historias así tendría que ser maravilloso. Aunque en los años siguientes el tono de los reportajes se suavizó muchísimo, en su entrega debut en Cuatro nos trajo relatos aterradores de la realidad que la gente vive, aunque lejos de nosotros.

Durante mi primer año de universidad no consumí mucha tele, si lo comparamos con los que estaban por venir, pero descubrí títulos que no me dejaron indiferente (para bien y para mal), como Curso del 63, De Buena Ley, Hermano Mayor y La Caja. Por supuesto, 2009 también fue el año de Sálvame, formato del que renegué en un principio (como todos) pero al que me enganché inevitablemente tiempo después… Aunque para eso todavía quedan alguno años.

2010: Podemos considerar al décimo año de la era 2000 como el año del absurdo, pues gran parte de los títulos que surgen en este momento orbitan alrededor de este exitoso concepto. El desfile de realities inexplicables es llamativo: Las Joyas de la Corona, con Carmen Lomana al frente, presentó a una serie de jóvenes faltos de educación que serían “rehabilitados” en una escuela de modales.

En 2010 también nace en Telecinco Más Allá de la Vida, el polémico programa presentado por Jordi González y comunicado con el otro mundo gracias a las labores de Anne Germain. Sin embargo, el chiringuito duró un suspiro: la británica se vio obligada a abandonar la cadena al descubrirse los informes que se zampaba antes de realizar sus particulares entrevistas. Aunque había quienes ya le habían calado…

Aunque la estrella del absurdo fue Florentino Fernández con el aterrizaje en Cuatro de Tonterías Las Justas. Junto a Dani Martínez y Anna Simon, quienes comenzaron una subida frenética en la pequeña pantalla, llenaron las sobremesas de risas entre repasos a la actualidad y, literalmente, mamporrazos.

El Reencuentro llegó cuando Gran Hermano se enfrentaba a una “crisis” de edad tras 11 ediciones. Aunque los fieles seguidores nos mantuviéramos al pie del cañón (tal y como permanecemos ahora), es cierto que el mítico reality necesitaba de algunos elementos sorprendentes, a la vez que nostálgicos, que volvieran a conquistar al público que en algún momento de su vida se paró a ver mi programa favorito. En esta edición especial se reencontraron Ainhoa Pareja con Nicola (GH5), Nicky con Cristal y Bea “la legionaria (GH6), Jorge Berrocal con Mª José Galera y Silvia (GH1), Ana Toro con Almudena “Chiqui”, Gema Zafra y Orlando (GH11), Raquel López con Pepe (GH7), Noemí Ungría con Raquel Morillas (GH3), Amor Romeira, Andallá, Melania y Piero (GH9), Inma Contreras con Bea “la marquesa” (GH7), Nacho con Desirée (GH4) y, por supuesto, Arturo e Indhira (GH11). Aunque muchos participantes abandonaron de forma voluntaria y a algunos tuvo que aplicárseles la expulsión disciplinaria, El Reencuentro fue una edición inolvidable por los recuerdos que trajo y los conflictos que desencadenó. También es verdad que para mí resultó un debate de sentimientos: me enamoré de concursantes que había odiado y le cogí manías a algunos que fueron mis favoritos en sus respectivas entregas.

2011: he de admitir que, a día de hoy, no he visto El Barco. Pese a la fiebre que surgió con el estreno de esta serie y a cantidad de referencias que he leído sobre a ficción (no por buena, sino por absurda), no me paré a ver ni siquiera un capítulo. Pero había tantísima gente enganchada que, para qué engañarme, sí que fue un acontecimiento reseñable para este año de televisión.

Aunque en 2009 no vi Perdidos en la Tribu, asistí al estreno de Perdidos en la Ciudad en 2011 y descubrí un magnífico reality basado en la hermandad y en el intercambio de culturas. Las familias españolas que habían viajado años atrás para convivir con tribus de lugares recónditos del mundo acogían ahora a quienes habían sido sus compañeros. Para la sorpresa de los extranjeros y para la nuestra, comprobamos cómo alucinan con elementos que para nosotros son parte de la vida diaria.

Sin duda, 2011 venía cargadito de televisión y descubrimientos de los que otros públicos acabaron disfrutando. Tu Cara Me Suena, formato creado en España y vendido a más de 37 países llegaba en este año para satisfacer a la audiencia gracias al desparpajo de un buen casting y al talento innato de las estrellas. Aunque disfruto con los cantantes que realizan actuaciones de infarto, creo que me gustan más aun los participantes que llegan sin esperar nada y sorprenden… Para bien o para mal.

2012: Mi interés por la televisión, desde un punto de vista más técnico que lúdico, comienza a ser más evidente mientras curso segundo y tercero de carrera. Es aquí cuando comienzo a escribir sobre esta temática en un medio online, pero todavía me sentía bastante insegura porque no sabía ni por dónde empezar: el universo catódico cada vez me resutaba más grande y era imposible elegir tan solo un tema sobre el que publicar. Me gustaba todo: las series extranjeras que descubría poco a poco, las españolas que cada vez me parecían más interesantes y los programas que comenzaba a ver desde otro punto de vista, no solo desde el del simple entretenimiento. En este momento se hunde La Noria, programa de actualidad política y corazón presentado por Jordi González,  debido a la retirada de sus anunciantes tras la polémica entrevista a la madre de “El Cuco”.

Este año también tuvimos nuestra ración de talents correspondiente: con la llegada del formato de The Voice a España descubrimos una forma nueva de emocionarnos con un concurso y, sobre todo, nos ponemos en la piel del jurado encargado de elegir al equipo que luchará en el programa.

Pero si algo distingue al 2012 de otro año televisivo es la explosión de lo tróspido, que llevaba un tiempo germinándose y ahora parecía estar listo para presentarse al público. Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo llegaba de la mano de Luján Argüelles a Cuatro, con un casting repleto de personajes, una realización magistral y un argumento maravilloso… Una pena que en la red no queden vídeos de la primera edición.

También descubrimos a Alberto Chicote, el televisivo chef que se puso al frente del Pesadilla En La Cocina a la española. Este programa significa el comienzo de la obsesión culinaria que todavía sigue trayendo cola en la programación: todo lo relacionado con la comida nos encanta, y todavía más si viene acompañado de tensión, broncas, competición y evolución. Ver a Chicote salvar los negocios arruinados, insalubres y nada apetecibles resulta una de las experiencias más satisfactorias de la tele.

Si no tuviéramos bastante con los tronistas de Mujeres y Hombres y Viceversa, a quienes no hice referencia en 2008 porque no fueron relevantes en mi descubrimiento, los chicos de Gandía Shore sí que revolucionaron mi forma de comprender los realities. Es cierto que había visto algo de Jersey Shore (incluso de los spin offs de Pauly y, más tarde, de Snookie & Jwoww, de quienes me considero una fan total), pero descubrir las burradas dichas y hechas en el contexto español daba muchísimo más juego que ver como se llevaban detenida a Nicole por ir borracha por la playa. ¡Donde iba a parar!

2013: Mientras Canal Nou se iba al negro tras el anuncio del cese de sus emisiones, este año nos trajo nuevos descubrimientos catódicos en la línea de lo anterior, aunque cada vez con más intensidad: lo que sirvió de ensayo en el pasado ahora pasaba a la programación y se convertía en un producto de disfrute habitual. El caso de Un Príncipe Para Corina triunfó en audiencias y en las redes sociales, las cuales se transformaban en un hervidero en las noches de emisión del título. Y no era para menos: con semejante casting y semejantes perlitas, cualquier espectador se echaría una carcajada de categoría viendo algún capítulo.

En el verano de este año comenzó mi descubrimiento de un formato que rechacé durante mucho tiempo. Kiko Hernández inició una cuenta atrás de cien días que me llenó de intrigas: quería saber por qué debíamos esperar tanto para conocer una exclusiva, cuando creía que estas siempre se lanzaban en el momento que eran contrastadas. La cuestión es que, por culpa de este gancho, me tragué Sálvame Diario durante todo el verano (no fuera a ser que a alguien se le escapara algo de este tema) y me enteré de todas las tramas que giraban alrededor de los colaboradores, así como de qué rol jugaba cada uno de ellos. Me sorprendí al descubrir cómo utilizaban el guión para crear un relato de lo más atractivo para el espectador, así como de el uso tan fantástico del material gráfico.


Antes de que terminara esta cuenta atrás (tan solo unas horas), Isabel Pantoja lanzaba un comunicado oficial en el que confesaba que su hija, hasta esa madrugada menor de edad, estaba embarazada. Con esta noticia (y el reventón de la exclusiva de Hernández), Sálvame se convertía en una junga de contenidos y declaraciones. Yo, que todavía no había comenzado el máster pero ya me había mudado (es decir, que no tenía nada mejor que hacer con mi vida salvo ver la tele, o no quería hacer otra cosa), me tragué todas las reacciones surgidas de este acontecimiento tan revolucionario. Además, también me nutrí de otras tramas igual o más jugosas que la de la tonadillera. De nuevo, descubrí la casi mágica capacidad de este programa para entretener a su público, algo cada vez más complicado en el mundo de sobreinformación en el que vivimos. Os enseño las historias que más me han divertido:



Otro formato hilarante que nacía este año era Cazamariposas. Nutrido de la misma prensa que Sálvame, este programa enfoca las historias de una forma distinta: mucho más rápida y jocosa, sin tomarse los contenidos tan en serio como los colaboradores del programa de sobremesa en Telecinco. Su inevitable similitud con el Tomate por cómo eligen los contenidos, cómo montan los vídeos (y los locutan, por supuesto), cómo crean tendencia y por cómo hacen cómplice de sus “trastadas” al público.



El triunfo de los fogones en la programación se reafirma con la llegada de Masterchef. Seguí la primera edición con fervor, aunque me he bajado del carro en los últimos años debido a la pérdida de norte del talent: si este concurso versa sobre el talento con la cocina y el aprendizaje, ¿por qué se crean tensiones, enemistades y competencias forzadas en el guión, cuando eso no es lo que realmente nos interesa? Por lo menos, a mí. Estoy bastante decepcionada con este tipo de programas, pues considero que todavía nos queda mucho por descubrir y que nos lo vamos a perder por querer tener el mismo éxito que los realities basados en la convivencia.

2013 también es el año de los trampolines. Por sorprendente y arriesgado que parezca, Telecinco y Antena 3 adquirieron formatos similares y los emitieron de forma simultánea, en un ejercicio de programación que nunca terminé de comprender. Splash! Famosos al Agua y ¡Mira Quién Salta! no tuvieron demasiado recorrido, pero dejaron imágenes para la posteridad.

Aunque todos estos títulos sean una aportación al más puro entretenimiento, en 2013 también nacieron programas informativos y de actualidad dignos de ser mencionados. El Objetivo de Ana Pastor llegaba a laSexta tras las convulsas circunstancias a las que se vio sometida la periodista en Televisión Española, después de ser destituida de Los Desayunos de TVE por razones poco claras. Este nuevo programa vendría a ofrecer al espectador todos los datos necesarios para que construyera su propia opinión de los hechos sucedidos en el escenario político. Aunque el planteamiento es excelente, permite poco margen de maniobra: al final, los tiempos en televisión son muy estrictos y algunos temas necesitan ser desgranados con más detalle.

Toñi Moreno se estrenaba en la pública tras años realizando el mismo programa de caridad en Canal Sur, la televisión autonómica de Andalucía. Entre Todos estuvo rodeado de polémica desde el primer día de emisión, pues al público le resultó poco ético que una cadena financiada de los presupuestos generales del Estado tuviera el elemento caritativo como elemento vertebrador. Personalmente, admiré a Moreno cuando hacía divertidísimos reportajes en 75 Minutos o en Andalucía Directo, pero me cansó cuando parecía que la única televisión solidaria (en el caso de que fuera necesaria) podía hacerla ella.

2014: Si Évole llevaba sorprendiéndonos desde que comenzara su andadura follonera en laSexta, con Operación Palace nos descolocó a todos. El falso documental que se promocionó como una revelación de datos y hechos del 23-F, intento de golpe de Estado que siempre ha estado rodeado de un halo de misterio y del cual todavía no sabemos qué es real y qué es épica. Con el (falso) testimonio de Jorge Vestrynge, Iñaki Anasagasti, Federico Mayor Zaragoza, Iñaki Gabilondo, Luis María Ansón o Fernándo Ónega entre otros, se narró cómo el Gobierno de Adolfo Suárez planeó dicho movimiento para sustituir al presidente por otro candidado de unidad nacional, con beneplácito del rey Juan Carlos I y bajo la dirección artísitica de José Luis Garci. Por supuesto, el título tenía un objetivo de ser: el de comprobar la falta de transparencia informativa que sufren los ciudadanos respecto a los hechos de Estado y a la actualidad política.

Tras la emisión de los capítulos de la 15ª temporada de Cuéntame Cómo Pasó se estrenó un maravilloso programa de reportajes que documentaba las temáticas tratadas en la ficción. Ochéntame llegó como un valor añadido a la serie que me tenía enganchada desde que la descubrí, así que no me quedó más remedio que quedarme despierta hasta bien tarde para seguir disfrutando.

Aunque en años anteriores me empapé de algunos titulos extranjeros cuyos temas principales giraban alrededor de la nutrición, el ejercicio físico y los hábitos saludables (Supersize VS Superskinny o I Used To Be Fat), El Método Osmin llegó a Cuatro para crear un revuelo a base de principios erróneos sobre la delgadez y el sacrificio. Bajo los lemas “pescado, agua y ensalada” o “la calle es tu gimnasio”, comprobamos cómo este supuesto entrenador personal machacaba a los participantes en el programa a base de restricciones extremas en la alimentación o durísimos ejercicios de alto impacto, no apto para individuos sedentarios.

Pero mi incursión televisiva de los programas de dietas fue mucho más allá del simple consumo. En 2014 tuve el placer de hacer prácticas en el programa de Canal Sur La Báscula, presentado por Enrique Sánchez y con cuyos consejos e historias de superación ha ayudado a miles de andaluces en cada temporada. A diferencia del formato de Osmin, sus intenciones van más allá del cambio físico: perder peso es ganar salud, pero no vale con ser delgado de cuerpo, sino que el estado mental también es fundamental para lograr el equilibrio y la aceptación.

En las oficinas de Mediasur pude hablar con varios concursantes de La Báscula y monté algunos contenidos con los vídeos domésticos que nos enviaban, para que viéramos como se desenvolvían en su día a día y los cambios que lograban gracias a la pérdida de peso. Aquí me di cuenta de toda la verdad que hay en este tipo de programas, a diferencia de lo que pensaba antes de pisar la productora. Habrá formatos más o menos ficcionados, construidos en base a las historias que dan más juego y dejando a un lado el mensaje de positividad que debería transmitir un título como este; pero tuve la grandísima suerte de colaborar en un buen producto, transmitiendo un mensaje fantástico.

Rescatando a Sara, dirigida por Manuel Ríos San Martín y producida por BocaBoca, me sorprendió por su crudeza, por el realismo de los testimonios reflejados y por la capacidad de trabajo del equipo, cuyas técnicas descubrí en este artículo.

Hable Con Ellas En Telecinco comenzaba en 2014 y su recorrido (interrumpido) se extendía hasta este mismo año. Aunque las carencias del formato se veían de lejos, es cierto que el programa nos dejó momentazos dignos de ser recordados en este recopilatorio: entre las pifias de Beatriz Montañez, la sinceridad de Yolanda Ramos y las espantadas (a veces real, a veces de broma) de algunos invitados, tuvimos un late insulso pero de lo más intenso por momentos. En gran parte, gracias a Twitter.

También pudimos ver la adaptación de un formato alemán de concienciación social en Cuatro y que prometía grandes momentos televisivos, pero se quedó en un intento. Quizá por la falta de continuidad en sus espisodios, En La Caja tan solo contó con dos temporadas poco sonadas, aunque sus capítulos no tienen desperdicio. Pudimos ver a Mercedes Milá en el entorno de la polémica cienciología, a Risto Mejide conviviendo con FEMEN, a Pedro García Aguado descubriendo Magaluf o a Juanra Bonet en Marinaleda.

2014 también fue el año del regreso de Risto Mejide a la televisión, a un género en el cual se sentía cómodo y gracias al que consiguió momentos de gloria. El creativo se sentó al frente de Viajando Con Chester, programa emitido por Cuatro, giraba alrededor del invitado y las preguntas que Mejide lanzaba. A veces muy pretencioso y, otras, brillante, este formato me llamó la atención por la facilidad de atracción del público a través de la palabra.

2015: Sin duda alguna, este es el año de El Ministerio del Tiempo. La serie que llegaba a La 1 de TVE para revolucionar al público y que tanto ha dado que hablar hasta la actualidad aterrizó con fuerza en nuestra televisión gracias a unos principios estupendos: buenos personajes, un guión consistente y una excusa magnífica, que no era otra que la de viajar al pasado para solventar problemas futuros en la historia. Gracias a Rodolfo Sancho, a Aura Garrido, a Nacho Fresneda, Juan Gea, Cayetana Guillén Cuervo y a Hugo Silva (en la última temporada que hemos visto), España puede estar tranquila al contar con unos funcionarios tan eficientes en las cuestiones temporales.

Otro formato que me fascinó este año fue el de Casados a Primera Vista, emitido en Antena3 y algo polémico por la presima que planteaba: varias parejas de desconocidos se encontrarían en una playa paradisiaca de México para darse el “sí quiero” sin haber intercambiado una conversación previamente. El novio y la novia deberán conocerse después del enlace y comprobar si, tal y como indicaría un test realizado por un equipo de psicólogos antes de entrar en el programa, son compatibles. Tras la luna de miel y la convivencia, los esposos decidirán si quieren seguir adelante con el matrimonio o, si por el contrario, prefieren continuar cada uno por su lado.

No todo lo emitido y estrenado en 2015 fue una delicia para nuestros ojos. Este año encontramos verdaderas perlas de la televisión más decadente, triste y de baja calidad. Títulos como Levántate, Las Aventuras del Capitán Alatriste, Yo Quisiera, Aquí Paz y Después Gloria o Centro Médico nos sorprendieron para mal, pero si tuviera que quedarme solo con uno elegiría el que os presento: aunque en 2014 ya pudimos apreciar (o sufrir, según se vea) la vuelta de las famosas galas estivales de José Luis Moreno, regresaba a La 1 de Televisión Española con Alfombra Roja Palace. Sin novedades desde Noche de Fiesta, el desfile de cantantes, bailarines, cómicos pasados de rosca y escenas de matrimonio enranciadas, quienes soportamos las cuatro entregas que duraba la temporada nos pegamos unas buenas risas en Twitter. 

Otro título destacable en esta jungla del horror catódico es el de ¡Vaya Fauna!. Telecinco, en su afán por destacar a través de los talents y sin querer darse cuenta de que estamos realmente cansados de ellos, lo intentó con un programa en el que los animales eran los protagonistas del show. Más que un espacio lleno de sorpresas, apto para toda la familia y divertido, resultó un programa deleznable debido al trato al que eran sometidos los animales que participaban en él. En pleno auge de las polémicas que rechazan los circos de fieras, Telecinco no estuvo en absoluto acertado.

Como contrapunto de toda la bazofia que vimos el año pasado, también pude disfrutar de momentos esperanzadores ante la televisión. Manu Sánchez, a quien seguía desde que presentara La Semana Más Larga en Canal Sur, llegaba a laSexta para conquistar al público de todo el país. Sin embargo, El Último Mono se quedó en un intento, quizá porque su humor no fuera comprendido por los espectadores de toda España. A mí me pareció de lo mejorcito que nos trajo la televisión en 2015.

Otro programa que me resultó totalmente necesario en nuestra vida fue Constructor a la Fuga. Aunque estemos algo saturados de los contenidos relacionados con la vivienda en laSexta (no sé cuántos capítulos de ¿Quién Vive Ahí? o Piso Compartido habré podido ver en mi vida), este nos traía mucho más que simples casas bonitas. Al contrario, el formato adaptado del original Cowboy Builders (que también hemos podido ver en España y el cual era muchísimo más fuerte que su homónimo) trataba un tema social preocupante: el de tantas familias que sufren la incompetencia de un constructor en su propio techo. Sin embargo, no fue un éxito de audiencia y tampoco pudimos ver el último episodio de la temporada debido a un conflicto legal.

2016: Aunque este año todavía no ha terminado, sí que puedo mencionar aquellos títulos que ya han destacado por encima de otros en la programación. El inicio de emisiones de #0 trajo consigo contenidos diferentes a todo lo que habíamos visto antes: aunque Canal + ya contaba con una oferta distinta a la de la televisión convencional, gracias a la nueva cadena de Movistar hemos disfrutado de AcapelA, Late Motiv o Web Therapy. Pero el programa que más me ha enganchado ha sido La Huida, adaptación de Hunted: un concurso de “supervivencia”, en el que los fugitivos tendrían que huir de las autoridades durante 28 días. Todo un descubrimiento.

Aunque Cuatro llevaba algunos años de capa caída en cuanto a creación de nuevos títulos que atrajeran la atención de a audiencia, parece que en 2016 vivimos su despertar: en la línea de los realities que nos gustan, en los que encontramos elementos de ficción descarada y trocitos de realidad, estrenaba Quiero Ser Monja, un descubrimiento del mundo religioso a la vez que un espectáculo de las risas. Gracias a un casting correcto y a lo propio de la situación, disfrutamos de unos capítulos muy divertidos.

Otro título con personalidad ha sido Feis tu Feis, aunque no en cuanto a las audiencias. El programa en el que Joaquín Reyes entrevistaba y se ponía en la piel del invitado no alcanzó cifras espectaculares debido a la franja en que se programó y a la crecida competencia a la que se enfrentaba cada viernes por la noche. Sin embargo, el formato me parecía de lo más adecuado y, si volviera a la programación, lo vería sin dudarlo.

Pero la sorpresa por excelencia de este año de televisión ha sido la que ha dado First Dates. Lo que pareciera un simple programa de citas se ha convertido en un fenómeno social en el que parejas de desconocidos comparten una cena mientras los espectadores observan y comentan en redes sociales cómo se desenvuelve el encuentro. Programado en access prime time, nos permite disfrutar de un formato distinto a lo habitual, pero en el universo tróspido de personajes que tanta gracia nos hace.

Y ahora, ¿qué?

Si la televisión me ha dado tan buenos momentos durante 25 años de mi vida, no me puedo imaginar lo que me tiene deparado en el futuro. Gracias a la tele he descubierto un universo que me ilusiona, me llena de energía y, sobre todo, me apasiona.  Y con la pasión se llega a todos sitios.

Aunque a pasos pequeñitos, he llegado a lugares que jamás me hubiera imaginado que pudiera alcanzar. Estoy escribiendo en varios medios online y sigo con la cabeza llena de proyectos. A la tele tengo que agradecerle prácticamente todo lo que tengo, y sé que seguirá haciéndome regalos maravillosos.

Gracias a todos por los comentarios tan bonitos que he recibido en Twitter sobre esta serie de posts. ¡A por otros 25 años televisivos más!

Gastro realities: ¿una moda pasajera?

Clara y Juan Manuel, de la primera edición de Masterchef España

Hace un mes que formo parte del estupendo equipo de Perdidos en la Tele, una página donde se habla de lo que más me gusta en el mundo, de televisión y todo lo relacionado con la caja no tan tonta. El día 11 de febrero cumplían su primer aniversario y escribí un post sobre los mejores y los peores estrenos del año de vida de esta plataforma. Hablé de Masterchef y Top Chef, incluso llegué a ponerme nostálgica recordando algunos de los momentos que destacaron del reality que Televisión Española adaptó con verdadera maestría. El programa está en marcha de nuevo y, como adelantaron mis compañeros en octubre del pasado año, ya están realizando los castings.

Está rico, ¿eh? Pepe el Bohío disfruta de cada cucharada como si fuera la última.

Si repasamos la parrilla de las últimas temporadas encontraremos un fenómeno novedoso en comparación con tiempos anteriores en la televisión. Hay muchos programas dedicados a la labor culinaria, algunos desde el enfoque documental pero, sobre todo, en formato de reality. Antes del boom que ha surgido de la cocina televisiva, Antena 3 tuvo un intento fallido con la emisión de Esta cocina es un infierno, producido por Zeppeling y presentado por Carolina Ferre en 2006. Quizá la audiencia española no estuviera preparada para darle la bienvenida a este tipo de programas y desconocía el funcionamiento del gastro reality.

¿Por qué ahora?

Como siempre, nos gusta imitar (adaptar) a los norteamericanos. Estos, siempre por delante de nosotros, comenzaron con la creación de formatos culinario-televisivos realmente innovadores para su época. La popular Julia Child presentó en 1963 The French chef y siguió trabajando en la pequeña pantalla hasta el año 2000 siendo un claro referente (si no conocéis su historia, os recomiendo que le echéis un ojo a la película Julie y Julia, protagonizada por Meryl Streep y Amy Adams). En España, no fue hasta 1984 cuando llegó un programa de cocina a la televisión: Con las manos en la masa llegó en 1984 a TVE de la mano de Elena Santonja y fue referente para el futuro gastronómico de la pequeña pantalla.

La cocina, aunque siempre ha estado presente en pequeños programas o secciones de magacines, ha regresado como tema recurrente de la televisión en un formato totalmente renovado. El talent show ha cambiado la definición que conocíamos anteriormente y que nos solía recordar a programas como Operación Triunfo, La VozTú Sí Que Vales o similares; y ha ampliado su concepto a áreas que resultaban impensable hace algunos años. Ahora, en continua renovación de escenarios televisivos y siempre en busca del formato perfecto, el reality se recicla y se tratan todos los espacios posibles: desde el coaching (Hermano Mayor, Supernanny, Generación Ni-Ni o Negocios al Límite entre otros títulos) a los demás realities que poco tienen que ver con el Gran Hermano original y germen de todos estos programas.

Los fogones dan muchísimo juego en televisión. Gracias a una realización ágil y a un equipo de titanes (tanto delante como detrás de las cámaras), los realities culinarios han sido el mayor acierto de la parrilla en el último año. Sin embargo, como la gallina de los huevos de oro, podemos llegar a la saturación a base del desgaste y de cansar al espectador poniéndole siempre lo mismo en la tele. Desde la adaptación de Masterchef en Televisión Española, pasamos por Top Chef en Antena 3 y perdimos la cuenta de los gastro realities que se han hecho a partir del éxito del primero. Cuatro se atrevió con Deja sitio para el postre y cadenas autonómicas como Canal Sur (Andalucía) han destacado la importancia de la tapa en el escenario de la cocina. Por supuesto, todos los programas siguen el mismo esquema: una selección de los participantes, el juego de un jurado que mantiene o se deshace de estos concursantes y, cómo no, juegos sentimentales propios de los realities (tensión, competencia, compañerismo y lucha constante).

Canal Sur, televisión autonómica de Andalucía, está dando pasos de gigante en cuanto a la creación de realities, aportándoles un carisma muy propio de la tierra.

¿El secreto? Chefs mediáticos, animales televisivos

Alberto Chicote, uno de los mayores descubrimiento de La Sexta en los últimos años de televisión. Rígido, irónico pero entrañable.

En España no estamos acostumbrados a los programas sin conductores. Necesitamos un narrador que dirija la estructura, que indique a los concursantes qué hacer y qué no para que nosotros, sentados tranquilamente frente al televisor, entendamos todo sin necesidad de estrujarnos demasiado el cerebro. Algo que debemos aprender de los estadounidenses es a eliminar una figura (para mí) innecesaria y bastarnos con unas cuantas técnicas de realización para comprender cómo se organiza un programa. El mejor ejemplo de esto es el Masterchef de EE. UU., donde tan solo basta con la voz del chef Ramsey para estructurar cada capítulo. Lo intentamos con Top Chef y, gracias al animal (siempre en el buen sentido de la palabra) de Chicote, estuvimos a punto de conseguirlo con buenos resultados, aunque nos quedamos cortos.

La figura del jurado es esencial en este tipo de programas. El fenómeno de “animal” televisivo en los talents shows comenzó en España con Risto Mejide, recordado por todos por momentos como “el efecto consolador” dirigido a Lorena (OT 2006, a quien tachó de ser “perfecta en la ejecución pero fría en el sentimiento”). Risto acababa con la moral de los concursantes y ponía los nervios de punta tanto de los profesores de la academia como del público. La audiencia alcanzaba los picos más altos cuando comenzaban las valoraciones del jurado y todos esperábamos la perlita de la noche cuando le tocaba hablar al productor y creativo publicitario.

Alberto Chicote ha sido el animal de la televisión de los fogones. Como Gordon Ramsey, ha sabido cómo ganarse a la audiencia a base de dar caña y poner firmes a todos los trabajadores de los restaurantes que visitaba, pasando de ser prácticamente un desconocido a convertirse en una de las caras más conocidas del panorama televisivo. A diferencia de Risto, Chicote siempre ha simpatizado con los espectadores desde el primer momento y es casi omnipresente en la pequeña pantalla (llego a protagonizar un sketch en la última gala de los Premios Goya y es continuamente imitado por Berto Romero en el late En El Aire que conduce junto a Andreu Buenafuente).

Conclusiones

Para saber si el formato de reality culinario sigue teniendo tirada debemos esperar al estreno de la próxima temporada de Masterchef y a su posterior repercusión en la parrilla. ¿Seguiremos encontrando formatos similares o se habrán reciclado los programas? ¿Qué más queda por explorar en el mundo de la cocina televisiva? ¿Volverán espacios parecidos a Esta cocina es un infierno con personajes conocidos frente a los fuegos? Personalmente, le he cogido cariño al gastro reality pero no puedo imaginar otros programas similares para seguir sacando provecho de los buenos resultados en las audiencias. ¿Se están acabando las posibilidades de hacer buenos realities? ¿Nos estamos aburriendo de ver siempre lo mismo? Desde aquí, hago un llamamiento a los guionistas, creativos y directivos encargados de la creación de realities: ¡reciclen! ¡Innoven! Pero no saturen. Tal y como estamos, estamos bien.

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