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Etiqueta: Reality Show

Granjero Busca Esposa regresa a la televisión: el soplo de aire fresco (y rural) que necesitábamos

Tras el comienzo de la decimoséptima edición de Gran Hermano y su caída en picado inminente, quienes apreciamos los formatos que mantienen su esencia y provocan en el espectador las reacciones más sanas como la carcajada o la ternura hemos saltado de la emoción tras conocer la gran noticia del regreso de Granjero Busca Esposa a la pequeña pantalla. El programa, cuyas emisiones finalizaron en 2011 y el fenómeno “tróspido” comenzaba a despuntar (aunque no fue evidente hasta 2012 con el comienzo de Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo), regresa en un momento social y tecnológico óptimo: en 2008, cuando se estrenó la primera temporada de este reality, todavía andábamos tanteando Twitter y, por supuesto, no habíamos asimilado su consumo simultáneo con el de los contenidos de la televisión. Ahora, vamos sobrados de experiencia y gusto por la guasa multipantalla.

Los granjeros de la cuarta edición del programa. De izquierda a derecha: Román (agricultor y ganadero), Gustavo (pastor trashumante), Luis (jinete), Melendi (ganadero), Jonathan (ganadero) y César (ganadero y agricultor).

Tal y como reza el título del programa, Granjero Busca Esposa cuenta con una premisa sencilla y una criba que ya hemos visto en otros formatos de la casa: los hombres (aunque también han participado mujeres) deben seleccionar a las chicas que consideren más idóneas para acompañarles en lo sentimental y, por supuesto, en el duro trabajo de los animales, el campo y la vida retirada de la urbe. Al igual que en los dating shows que hemos visto en Cuatro, lo que hace grande a este formato es el casting, el montaje y el desarrollo de las tramas. Por suerte, tanto los granjeros como las aspirantes a granjeras son bastante peculiares. Además, las historias surgen sin apenas ser forzadas a través del guión gracias a las situaciones cotidianas: el duro trabajo diario, el entorno y el choque de egos… ¡Una granja da para mucho!

Que viva Twitter, Vine y los realities

El reality es el género más fuerte de la televisión: además de su exclusividad de plataforma (por ahora, solo es posible su desarrollo en la pequeña pantalla, tal y como está planteado), provoca reacciones más allá de las historias que vemos desde nuestro sofá. Además del rendimiento de los títulos como Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo o Un Príncipe Para… en cuanto a audiencias y posterior reciclaje de algunos personajes por parte de la factoría de Mediaset para su uso en otros formatos como Supervivientes, GHVIP o hasta el improvisado pero no menos polémico Campamento de Verano; el éxito de los “trospi-realities” se demuestra en la huella que dejan para la posteridad. Prueba de ello es que todavía recuerdo a Pedro, participante de la tercera temporada de Granjero Busca Esposa, y en ocasiones me sorprendo a mí misma recitando algunas de sus escatológicas frases lapidarias que nada tienen que envidiarles a las que suelta doña Eugenia en Aída.

Pedro, a pesar de sus peculiares hábitos de higiene, fue un imán de amor-odio para sus pretendientas.

Aunque hace algunos años no contábamos con tantas herramientas para que este rastro permaneciera en nuestra memoria, Granjero Busca Esposa consiguió que no nos olvidáramos de algunos de los momentos estelares del formato: la relación que conformaron Aitor y Ana y el vacío que le hicieron a la pobre Edurne, el encuentro “detrás de las cámaras” de la rusa Vera y el ganadero de toros bravos de Medina Sidonia (Cádiz) Carlos, los celos entre los gemelos Pedro y Jesús que, finalmente, desencaderaron una pelea en mitad de una cena delante de sus amigos y sus pretendientas;  y el final feliz de Raquel y Tito, quienes se casaron después de los días de convivencia del concurso.

Raquel y Tito, de la primera temporada, se casaron tras el concurso.

Mi pena reside en que en MiTele tan solo podemos ver íntegra la cuarta temporada… Con lo maravillosas que resultaron las anteriores. Yo solo espero que Pedro el cabrero vuelva a comentar la nueva edición de Granjero Busca Esposa en YouTube. Aquí, una muestra del tesoro que todavía permanece. ¡Solo puedo cruzar los dedos para que no se esfumen y poder seguir disfrutándolos!

A este vídeo lo titularemos “Como soy autónomo, hago lo que me da la gana”.

Aquí, Pedro el Cabrero graba un vlog en toda regla, donde nos muestra a su amiguis y lo que hace en una fresca noche de verano: comer pipas de girasol. Aunque no tenga nada que ver con el programa, no podía no incluir este extraordinario material.

Me ocurre lo mismo con este vídeo: el granjero, sin saberlo, graba un vídeo típico de bloguero gurú de moda y lifestyle. ¿Acaso todavía no sabéis qué ropa vestir para trabajar en el campo? No hay dramas: Pedro el cabrero os lo cuenta aquí.

Para nuestra suerte, el regreso de uno de mis realities favoritos llega en un momento más que adecuado: pese a que Pedro ya mostraba una tendencia hacia la crítica del formato y la traslación del mismo a otras ventanas, es ahora cuando hemos asumido por completo estos conceptos. Prueba de ello es cómo Twitter se revoluciona cada noche que emiten un programa de estas características o cómo Vine está cada vez más repleto de maravillosos fragmentos de vídeo de tan solo seis segundos con los mejores momentos de nuestros formatos predilectos. Además, los realities ya no solo se comentan en exclusiva en los corrillos de los magacines de las cadenas amigas, sino que el debate se ha mudado a las redes sociales, las plataformas se fortalecen gracias a ser trending topic y los seguidores conocen las estrategias para

La Campos, frotándose las manos para despellejar (televisivamente hablando, claro) a Raquel Morillas (GH3) en el corrillo de Día a Día. Y dirán de Sálvame

A tan solo unas horas del estreno de Granjero Busca Esposa, solo me queda calentar los dedos para twittear, retwittear y revinear como la auténtica seguidora que soy. No he tenido suficiente con los últimos contenidos tróspidos (más bien, casi tróspidos, como Quiero Ser Monja) que Cuatro nos ha ofrecido, y First Dates se nos queda corto a quienes disfrutamos descubriendo los hábitos más vergonzosos y las reacciones más hilarantes de aquellos que se prestan a mostrárnoslos.

El relevo de Bruján Argüelles y la vuelta de Carlos Lozano

El majestuoso carisma de la musa platino de los “trospi-realities” ha ayudado, sin duda alguna, a que estos programas no queden en el simple recuerdo de un contenido gracioso pero prescindible. Luján Argüelles ha conducido con maestría programas insignia de Cuatro pero no significa que sea imprescindible. Así como Mercedes Milá me llega a saturar edición tras edición de Gran Hermano y creo que sería una sorpresa positiva que probaran con caras nuevas para las futuras entregas (que las habrá, y varias, of course); el relevo de Carlos Lozano, la estrella estrellada y ahora recuperada por Mediaset gracias a su intensa participación en GHVIP, puede ser el punto de frescura que necesita Granjero Busca Esposa para no quedarse anclado en lo que ya vimos en las anteriores ediciones. El exmodelo y presentador tiene ahora la oportunidad ideal para que la audiencia se olvide de la época estelar (y estrellada) de los primeros Operación Triunfo (incluso a él mismo tampoco le vendría mal, la verdad).

Lozano, quien todavía disfruta de la resaca del reality que lo llevó al redescubrimiento televisivo, estará al mando de este gran formato: será el encargado de presentar las pretendientas a los granjeros, de contarnos cómo viven ambas partes una preciosa historia de amor o, todo lo contrario, de narrarnos cómo acaban tirándose los trastos durante los días de convivencia, el choque cultural, los celos y los malentendidos… ¡Y yo solo puedo morderme las uñas hasta los codos esperando a que empiece!

Disfrutar de los realities no es pecado, señores

Me da mucha pena encontrarme con reacciones de sorpresa (negativa) de los no seguidores de estos contenidos cuando expreso mi emoción por el regreso de Granjero Busca Esposa, por el anuncio de una nueva edición de Gran Hermano o por el simple comentario sobre una anécdota dentro del escenario de este tipo de formatos. Al parecer, que disfrute con los realities llega a significar para muchos que mis estudios, mi nivel cultural, mis lecturas o mis gustos valen menos que los suyos. Como ya comentaba en un post que escribí en este blogno es necesario avergonzarse de los guilty pleasures, pues en la espontaneidad y en la capacidad de elección de unos contenidos más o menos intelecturales, combinados con el disfrute por lo supuestamente burdo y nada educativo (¿o no tanto?) reside el equilibrio. Ojo, que tampoco es un delito no utilizar frases célebres de la Esteban y compañía en nuestras conversaciones del día a día… Pero a mí me dan la vida, para qué engañarnos.

Al igual que se respetan a los críticos que afirman encontrarse aturdidos ante en nuevo universo de creación audiovisual de contenidos que se presenta ante sus narices, ¿por qué íbamos a menospreciar a quienes se saben los nombres de todos los colaboradores de Sálvame Diario, hasta los de los fichajes más recientes? Al fin y al cabo, forman parte del imaginario cultural de la actualidad. ¿O es que este formato no ha supuesto una revolución continuada de lo que instauró Aquí Hay Tomate en lo audiovisual del pequeño formato, en el montaje y en el concepto de la fast tv? ¿Acaso esto no es cultura también?

Es una pena que no quede apenas rastro de las ediciones previas de Granjero Busca Esposa en la red, pues hubiera sido un cierre ideal para el post que hoy os traigo. ¿Qué le vamos a hacer? Al menos, quienes las disfrutamos en su momento, nos queda el consuelo del recuerdo de los momentos más desternillantes. ¿Estará la nueva entrega a la altura de las anteriores? ¿Echaremos de menos a Luján Argüelles? ¿Estarán los montadores tan inspirados como antes? ¿Qué pensáis vosotros? ¡Contádmelo en los comentarios!

Gran Hermano 16 y el porqué de mi desencanto

Cualquiera que me hubiera visto escribiendo el título de este post hace algunos años no se lo hubiera creído. Yo, defensora del formato a ultranza y consumidora compulsiva de todo lo que surgiera en las factorías de la mal llamada telebasura, creo haber llegado a un punto de no retorno en cuanto a mi percepción de los contenidos que podremos ver en la nueva temporada que se avecina. En conclusión y, aunque esto solo sea la introducción del post, Gran Hermano ni es lo que era ni logrará serlo jamás. Y ojalá pueda retractarme de esto que os digo cuando finalice la 16ª edición del concurso, pero ya me estoy temiendo lo peor…

Me adelanto a los acontecimientos y, claro, malpienso

Tras varias ediciones aguantando las soporíferas tramas programadas con calzador en la parrilla del reality, solo puedo pensar que lo que está por venir es poco más de lo mismo: historias de amor pasadas de rosca, mecánicas demasiado básicas, protagonistas faltos de acción de motu propio y “antagonistas” con aires de grandeza que tan solo llegan a eso, a aires. Atrás quedan los inolvidables participantes que revolucionaban la casa no solo con chillidos y comportamientos forzados como los que hemos visto en las últimas entregas, sino con verdaderos conflictos. Y cuando me refiero a conflictos no pretendo defender las broncas más que subidas de tono que hemos podido presenciar en ediciones como la tercera, la sexta o la onceava; sino al equilibrio de la mezcla de elementos que conforma un buen reality show: la lucha de egos, la escalada hacia el premio, la complicidad, la enemistad (y el enemigo común, muy importante en Gran Hermano) y la identificación con el público espectador. Todo ello conforma el conflicto, ya que los participantes deberán mantenerse en una continua elección de movimientos, pese a que nieguen la estrategia, con el fin de conseguir ser el último habitante de la casa de Guadalix de la Sierra. No quiero ser negativa, pero malpienso y creo que calibrar la balanza que lleva estropeada tantas ediciones va a ser una de las tareas más complicadas a las que se enfrentará la factoría encargada de dar vida al programa.

¿Qué necesito para reconciliarme con mi programa favorito?

Mientras que el conflicto no se crea solo y hace falta mucho trabajo para que las tramas resulten creíbles, para que el casting no resulte aburrido en mitad de la edición y para que, en conclusión, el público no se aburra. Y aunque con esta que comenzará en breve sean ya 16 las veces que Telecinco ha encerrado a desconocidos (y no tan desconocidos) en una casa para mostrarnos cómo reacciona el ser humano en un territorio tan hostil como aquel vigilado las 24 horas del día, soy de las que defiende que un programa puede renovarse y no caer en su propio cliché. No es tarea sencilla, pero considero que Gran Hermano 16 podría sobrevivir al desastre si tuviera en cuenta lo siguiente:

  • Un ritmo trepidante creciente: mientras que la primera gala es la más aburrida de todas, en las últimas entregas de mi reality favorito he tenido la sensación de ver las mismas reacciones durante semanas y hasta el final del recorrido del concurso. Una de las cosas que necesito para que la 16ª edición de Gran Hermano no sea la última (para mí) es una historia que enganche, un ritmo adecuado del relato y un buen tratamiento de los “hechos”, es decir, que se otorgue la importancia que merece lo que realmente lo merece. Algunos espectadores estamos cansados de ver cómo un concursante sobresale por encima de los demás, pese a que su importancia real no sea tal. Y aunque la percepción sea subjetiva, es resulta molesto que este fenómenos se haya repetido durante las últimas entregas, ¿quizá por falta de buen contenido?
  • Un buen casting: pese al tópico de la petición, Gran Hermano 16 necesita unos participantes dignos de ser recordados tras años y años de la emisión. Si os soy sincera, me cuesta recordar a la gran mayoría de los concursantes de las últimas ediciones, por tanto, han resultado innecesarios o nada trascendentes para el programa. Viendo el revuelo formado en redes sociales y el bombo que el propio reality ha dado en los medios, ojalá el “éxito total de la convocatoria” del que habla la organización no sirva para dejarnos la miel en lo labios. No me quito de la cabeza los grandes hermanos que han aportado más “chicha”: Carlos Navarro “el Yoyas” (GH2), Raquel Morillas, Patricia Ledesma, Kiko Hernández (GH3), Matías “Tone” (GH4), Aida Nízar, Ainhoa (GH5), Bea, Nicky (GH6), Pepe Herrero (GH7), Dani “el sucio” (GH8), Amor, Melania, Ángela (GH9), Almudena “Chiqui”, Ana Toro, Javier Palomares (GH10), Nagore, Tatiana, Indhira, Arturo(GH11), Chari, Rubén, Patricia Hurtado, Laura Campos (GH12), Pepe Flores, Daniel Santos, María Sánchez (GH12+1), Igor, Desiree (GH14), Lucía, Shaima, Alejandra (GH15). Como veis, la lista de imprescindibles fluctúa a favor de las ediciones intermedias, cargaditas de personajes clave para que las tramas más o menos largas en el recorrido del programa tuvieran sentido y enganche para el espectador. Sin embargo, ¿qué recordáis de Gran Hermano 15? Del triángulo Omar-Paula-Lucía, de la TSNR entre Azahara y Juanma, de la relación lapa-ameba entre Yolanda y Jonathan y de Loli echando las cartas en el confesionario… ¿Algo más? Porque yo, no.
  • Unas pruebas decentes: el sentido de ser de las pruebas que se realizan a lo largo del programa es el de comportarse como detonantes de los conflictos entre los participantes. Además de ello, también le sirve al espectador para conocer mejor los roles de cada uno de ellos. Sin embargo, si estas pruebas carecen de interés o resultan tan sencillas que no provocan las reacciones esperadas, no tiene lógica que sigan existiendo. O las quitan y nos dan a cambio más “metraje” de tramas, personajes y entresijos; o las diseñan con un poco más de gracia…
  • Un tratamiento justo del programa: tenemos la suerte de que Gran Hermano sea uno de los programas insignia de Telecinco. De no ser así, harían lo que quisieran con él: lo moverían por toda la parrilla si los datos de audiencia no son los esperados y marearían al público con estrategias televisivas y comerciales que se le escapan a la mayoría de los espectadores. En general, maltratarían tanto a los fieles seguidores del programa como al propio formato. Confieso que han habido ocasiones en las que me he sentido “maltratada”, sobre todo durante las últimas entregas del reality: aunque la formalidad en la programación no es uno de los puntos fuertes de las cadenas, no entiendo cómo se puede anunciar un contenido para su emisión a una hora y que se realice ésta minutos después (y cuando hablo de minutos quiero destacar que un minuto en televisión es algo tan preciado como el dinero, si no más), tras una avalancha de publicidad o contenidos que nada tienen que ver con lo prometido. Comprendo que el mercado publicitario haya caído en picado (como todo) y que debamos tragarnos más anuncios para que los programas sobrevivan, pero… ¿Es que no hay otras formas de publicidad, más novedosas y menos invasivas? ¿Por qué no investigamos un poco y dejamos a un lado todo lo arcaico? ¿O es que estamos acomodados?

 Habemus fecha y primera concursante

El domingo 13 de septiembre se estrena la 16ª entrega de mi reality favorito. Además, conocemos a la primera participante (aunque no sé si creérmelo del todo, ya que esta es la edición de los secretos) de este Gran Hermano, a quien han sorprendido en la rueda de prensa que el programa a dado para presentar lo que está por venir. Tras el despotrique, solo me queda soñar con que será la entrega del regreso a los orígenes, a las buenas historias y a los personajes que merezca la pena conocer a través de la pantalla. Como todos los años, nos han pintado la novedad como la panacea… ¿Nos lo creemos esta vez?

El fascinante mundo de los reality shows, vol. II: granjeros, tróspidos y colegiales ni-nis

Puedes leer el primer post de esta serie aquí.

Con la llegada de la final de la tercera edición de Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo no he podido evitar escribir este post más nostálgico que serio. Aunque lo intente, es imposible que me limite a repasar los puntos teórico de aquellos programas de televisión que me sacaron más que una carcajada, porque cuando hablamos de los realities de la última etapa de este tragicómico medio, más nos vale reír que echarnos a llorar, como pretenden que hagamos algunos al tacharnos desde de analfabetos hasta de antisociales. Y nos hemos reído más que bien.

La tele, como las plataformas de difusión de contenidos más adaptadas a las necesidades del público actual, es un pozo sin fondo en el buen sentido de la expresión. Cuando creemos que hemos llegado al final de su explotación, alguien crea un formato que sorprende a la crítica y a los espectadores por su dinámica, por su feeling y por sus datos de share. Le pese a quien le pese, los realities han protagonizado este fenómeno de reciclaje positivo y no solo han dado la vuelta a la percepción que muchos tenían sobre ellos, sino que han creado una especie de mitología en base a esa percepción incorrecta.

Actores, ¿juguetes rotos?

Esta mitología está compuesta tanto por historias más o menos épicas y por personajes que se quedan grabados en el imaginario del medio. La magia de este fenómeno es la que produce que, quienes solo consuman un par de horas de programación generalista, pueden llegar a reconocer ciertas caras sin saber de dónde han salido. Sin embargo, más que rememorar a los personajes que se han hecho un hueco en la historia de la televisión, pretendía acordarme de aquellos que lo intentaron y se quedaron en el camino.

Los “actores” (entrecomillados, ya que ni lo son de oficio ni de intención, tan solo es una denominación para situarlos en este contexto) que protagonizan estos formatos son incategorizables y dificilmente descriptibles. Aún así, poseen un poder de atracción sobre el espectador equiparable con la del paciente que se deja hipnotizar por su terapeuta, quien no puede dejar de mirar el elemento que se balancea frente a él. Como Zeus convertido en toro blanco para atraer a la joven Europa, Florentino de la Florence bajaba las escaleras del plató de Gran Hermano VIP a trompicones mientras lanzaba particulares acusaciones a una Nagore que tampoco se callaba la boca, David Pedre (Un Príncipe Para Corina) cocinaba unos macarrones con tomate a la princesa de su cuento o María Amparo (Supermodelo) realizaba su desfile más trágico cuando resbalaba en el bordillo de la pasarela para ir a parar a la piscina del set. Sin que pudieran ser considerados ejemplos de nada digno de ser enseñado ni en las escuelas ni en las casas de cada uno, no podemos evitar admirar tal espectaculo. ¿Y qué le vamos a hacer, si nos divierte?

Si despejáramos la incógnita de la ecuación “Juan Camus + Cayo Paloma”, ¿cuál sería el resultado? Si se trata de rescatar a juguetes rotos para volverlos a destrozar… Puede ser una fórmula ideal. Que se prepare Anna Allen…

Los distintos realities que hemos presenciado a lo largo de la historia reciente de la televisión han dejado “residuos” imposibles de depurar. Mientras que el universo Telecinco los recicla una y otra vez para rellenar los programas que los sitúan líderes de audiencia, otros no consiguen atravesar la barrera que separa el terreno de los frikis malos del de los frikis buenos. Sin embargo, esta división es cada vez cada vez más difusa y por ello, mucho más sencilla de ser rebasada por quienes jamás se hubieran imaginado en tal terreno hostil. Así, una ganadora del Premio Planeta como Lucía Etxebarría coincidió el tiempo y en espacio con actores de la talla de Gaby (ex novia de Paquirrín y ex participante del indescriptible Mujeres y Hombres y Viceversa) o Pedre, a quien recordaba un poco más arriba y con quien tuvo un conflicto del que nunca sabremos si fue producto de su imaginación o si la realidad superaba a la ficción del momento. Aunque es cierto que han habido múltiples bajas en el arduo camino del reality, otros tantos se han visto aprovechado al máximo el potencial que de otro modo era imposible de sacar a relucir. Mientras la dulce de Lety no descansa de bolos desde que salió de la tercera edición de Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo, me topé con Mª Carmen en un anuncio de Samsung para YouTube.

 

¿Qué reality rescataría? La parrilla más hilarante

Al más puro estilo de El Ministerio del Tiempo, daría cualquier cosa por abrir una puerta y aterrizar en los platósde los programas que se realizaron hace años en la factoría de Eyeworks Cuatro Cabezas y Zeppeling TV, los cuales fueron capaces de crear y mostrar a los espectadores cómo de extraña, curiosa, entrañable y odiosa podía llegar a ser la muestra de la sociedad que, representativa o no (¿y qué importará eso mientras nos partamos de risa?), llegaba a sus manos. Sin dudarlo, tengo mi propio top four de títulos que necesito en la televisión actual:

  • Curso del 63: aunque laSexta lo intentó con Generación Ni-Ni tras el éxito del programa germen, fue Curso del 63 el que despertó la curiosidad de la audiencia por conocer un poco más el comportamiento de este grupo. Aunque ya los conocíamos gracias a Hermano Mayor y, resultaba un fenómeno demasiado reciente y poco explotado en este medio. Sin embargo, a raíz de este nacieron otros como Hijos de Papá Las Joyas de la Corona, incluso me atrevería a decir que Gandía Shore (antes, por supuesto, el original en Jersey) bebe inevitablemente de la mecánica: un grupo de adolescentes es “encerrado” en un espacio distinto al habitual y deberá desempeñar unas tareas con las que estarán más o menos conformes, las cuales desencadenarán una serie de reacciones.

  • Princesas de Barrio: el docu-reality que narraba las aventuras y desventuras de este grupo de chicas me consquistó desde que mostró la cara desconocida de las protagonistas. Además de ser unas chonis de libro (con operaciones de estética, ropajes y actitudes incluidos), algunas de ellas demostraron ser tan dulces como ordinarias. Por eso, al igual que me río con los momentos más absurdo de los Gipsy Kings, me divertía al ver cómo estas “amigas” iban juntas al concierto de Camela o se enamoraban de las prestaciones de la Thermomix. ¡Como para no cogerles cariño!

  • Confianza Ciega: pese a que solo conocía el formato de oídas, hace poco que me puse al día con algunos de los capítulos que encontré en las redes y me sorprendí con el nivel de tensión y de manejo de las emociones de los concursantes por parte del equipo. A pesar de tratarse de un programa de 2001, comenzaban a trastear la fusión del reality con otros formatos como el dating, añadiéndoles elementos inesperados como vídeos manipulados (totales sacados de contexto editados con fragmentos confusos, piezas mal subtituladas, etc). El re Supe por qué el genial podcast Nube, tía! se llama así y sigo sin comprender por qué Antena 3 dejó escapar tal potencia para años después convertirse en la cadena triste (y con razón). Aunque ahora pretendan subirse al carro de la actualidad televisiva con Casados A Primera Vista, ya quisieran las mejores entregas de este contar con las intrigas del de hace más de trece años. A veces avanzamos, pero otras nos quedamos estancados sin remedio. Además, necesitamos a Francine Gálvez de vuelta en la televisión. ¡Es urgente!

  • Granjero Busca Esposa: dejo para el último lugar el programa que para mí fue el más revelador de todos los de esta misma naturaleza que he visto. La maravillosa obra de Grundy Producciones (Sin Tetas No Hay Paraíso, Yo Soy Bea, Factor X) provocó un clic en mi cabeza: yo, que era seguidora acérrima de realities de corte “tradicional”, comenzaba a interesarme por otros productos que sobrepasaban los límites establecidos y se fusionaban con otros formatos. ¿Qué era aquello que me tenía enganchada, me hacía reír y esperaba con ansias a que llegara una nueva edición? Descubrimos el poder de Luján Arguelles para contar una historia cómica y nos maravillamos al comprobar cómo un casting de compatibilidad podía cambiar de forma radical en cualquier momento del programa. Lo que parecía un simple dating show rural provocó una fenómeno que, aunque no trasladable en las cifras (la última edición no superó el 8% de share), inspiró a todos los títulos que fueron aterrizando tras este. Este vídeo es tan solo una muestra de lo hilarante que puede resultar el casting de formatos como este. Pedro nos conquistó a todos por su falta de higiene dental y por su urgencia intestinal mientras pastoreaba ovejas.

#GHVIPEsBasura, QQCCMH y el rechazo hacia el reality

Tras la polémica suscitada en redes sociales, de la que surgió el hashtag #GHVIPEsBasura, me pregunté si el programa que hace caja en Telecinco gracias a haber congregado a las figuras más casposas de la televisión de sobremesa y del papel couché, es tan horrible como lo pintan en los medios de información televisiva que suelo consultar. Por nuestras pequeñas pantallas han pasado realities de todo tipo: de famosos y de anónimos, de jaulas de pladur y de islas desiertas, de territorios conocidos y de lugares por descubrir… Sin embargo, tan solo hemos podido disfrutar de un pequeñísimo porcentaje de todo lo que se produce y emite en las televisiones de todo el globo: tan malo y tan bueno como lo poco que creamos y que llega a nosotros. Por tanto, resulta complicado juzgar un formato tan amplio como el reality habiendo visto tan poco contenido.

¿#GHVIPEsBasura?

Con Gran Hermano VIP he sufrido una de las mayores decepciones de la temporada, a pesar de que no hayamos terminado ni el primer mes del año. Tras una decimoquinta edición más que floja de mi reality favorito (por ser el primero y por ser el germen de todos los que han nacido después de éste), quería convencerme a mí misma de que la entrega de los famosos vendría cargada no solo de la morralla que la cadena quiere meternos a toda costa en todos sus programas (la cual estaba dispuesta a aguantar, una vez más), sino que descubriríamos potencial de televisión más allá del espectáculo típico de “Telecirco”. Nada más lejos de la realidad, pues hemos tenido que conformarnos con la entrada triunfal de Coman (Adán y Eva), con los dramas de Víctor Sandoval y su continua regresión a los fantasmas de Miami, con los gritos de Belén Esteban y las peinetas hacia la ex concejala del PSOE Olvido Hormigos. Por supuesto, tampoco podía faltar la presencia de algunos tronistas y viceversos, grupo que más que relacionado con un programa de la televisión ya parece casi una tribu urbana. En total, una fauna digna de ser vista… ¿O preferís ahorraros la sorpresa/perturbación? Yo ya estoy algo saturada.

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Belén Esteban, o como la llaman en Twitter, #LaBrujaDelPueblo. Fuente: Telecinco.

A pesar de que pensemos o no que Gran Hermano VIP es una basura y que este youtuber estuvo más o menos acertado en su afirmación (lo que sí consiguió fue una publicidad gratuita inmensa, juzguen ustedes si fue más una táctica comercial que la espontaneidad del mismo o la necesidad de expresar lo que “sentía”), el mundo de los realities no acaba ni empieza en la edición de los famosos, ni siquiera comparte los pilares básicos del formato si lo comparamos con los docu-realities o los docurreporjates. Quizá #GHVIPEsBasura (sea, más bien) según el cristal con que se mire y cómo de en serio nos tomemos el programa, pero no podemos trasladarlo a todos los demás espacios en los que la “realidad” sea el elemento vertebrador.

Lo mágico del docu-reality: contar una historia a través de la “realidad”

La televisión es un medio que nunca deja de sorprenderme. Cuando pensé escribir sobre los realities decidí que no podía volver a repetir lo mismo de siempre: el guión-sin guión, la importancia del casting y la creación de las tramas. Conociendo estos conceptos, me gustaría adentrarme en lo que se aleja de lo formal y centrarme en aquello que llama la atención del espectador en su máxima potencia: la naturalidad del que “juega” y los acontecimientos que son tratados en los formatos. Es aquí donde entra en escena el docu-reality, un género nacido a partir del primitivo reality y que ha ido evolucionando debido a las necesidades del público y de la transformación de la televisión.

Dentro del amplio universo del docu-reality (si este es amplio, imaginaos la inmensidad de su formato padre, el del reality) distingo los siguientes subgéneros (según mi percepción, por supuesto):

  • La  factual television: basada, literalmente, en hechos reales. Aquella que muestra eventos reales de gente real. Dentro de este grupo encontramos programas como el mítico Cops, One Born Every Minute Embarrasing Bodies. En España, podemos encuadrar dentro de esta clasificación a Policías en Acción y a U-24 Urgencias.
  • La de situaciones provocadas: en los que encontramos los formatos que, tras una documentación previa, se desencadena de forma intencionada un conflicto o un reto. Bajo esta subcategoría encontramos los programas como I Used to Be Fat, Perdidos en la Tribu, Adán y Eva, el mítico Confianza Ciega o el polémico El Método Osmín.
  • El híbrido del docu-reportaje con el reality: aquellos programas en los que se muestra una realidad de la mano de un “actor” que participa de los acontecimientos y, por tanto, los narra a la vez que los documenta para la audiencia. Dentro de esta definición encontramos espacios como Wild Frank, 21 Días o el recién estrenado En Tierra Hostil.
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Frank Cuesta narra y documenta su realidad para mostrársela a la audiencia de una forma jamás vista. Fuente: Formula TV.

El término reality lleva implícito el concepto de realidad, en este caso, de telerealidad. Según la RAE, la realidad se refiere tanto a la “existencia real y efectiva de algo”, a la “verdad, lo que ocurre verdaderamente” como a “lo que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio“. Esta última explicación me llama la atención de forma especial, ya que resulta complicado poner en la balanza qué es lo verdaderamente efectivo o práctico, sobre todo si lo medimos con los ojos de la televisión o del espectáculo. ¿Qué es efectivo en la pequeña pantalla (en general) y en el mundo del reality (en particular)? Bajo mi percepción, tanto las buenas historias como los golpes de efecto, es decir, que la audiencia se “enganche” y que no decaigan sus picos de sorpresa y empatía. Esto es tan complicado como diseñar la serie o la película perfecta, ya que hay que calcular el guión al milímetro. Sin embargo, en la actualidad estamos experimentando un gran crecimiento del género y cada temporada encontramos un producto que nos conquista. A mí, pese a que se trate de un formato con años de recorrido, me fascina Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo y todo el universo creado alrededor de esta maravilla.

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La maravillosa Mª Carmen, ante la avergonzada mirada de su hijo, Fran.

La factoría de Eyeworks Cuatro Cabezas supo dar con la tecla cuando en 2012 creyó que QQCCMH encajaba en la parrilla nacional, cuando revolucionó el concepto de ver la televisión convirtiéndolo en un fenómeno social y cuando pusieron todo su empeño en los métodos: en un casting espectacular para cada ocasión, en una edición de los vídeos que sorprende hasta al espectador más espabilado y con una dirección y unos guionistas que merecen todos los honores. ¿El truco? Contar un cuento de elementos sencillos, enredándolos y con un toque de humor absurdo. De nuevo, la realidad es el elemento crucial en esta historia porque, aunque nos estén enseñando un “teatrillo” conformado por figurantes desempeñando distintos roles; no dejan de ser ciertas todas las jugadas que visualizamos en este formato: los engaños, los juegos, los secretos y los momentos mas vergonzosos. Simplemente, magnífico.

IMAGEN: Cuatro (promocional).

¿Cómo se escribe un reality? Tramas y perfiles en Gran Hermano

Aquellos que digan que un reality no tiene trabajo de guion porque, aunque sea cierto que los concursantes no actúan bajo las directrices de un texto memorizado, están muy equivocados. Sin embargo, no significa que el programa no siga con unas directrices de tramas y estructuras básicas. Gran Hermano funciona al revés que casi todos los demás espacios que vemos en televisión (desde formatos de géneros distintos como los magacines o, incluso los informativos; hasta las series): el guión no lo “elaboran” los guionistas, sino que son los propios participantes quienes marcan las pautas que se seguirán a lo largo de todo el concurso.

Dónde comienzan las tramas

La convivencia es el escenario ideal para desencadenar historias: las filias, las fobias, los romances y la lucha de egos son los “conflictos” más recurrentes en los realities. De hecho, existen formatos específicos que enfocan sus energías en crear historias derivadas de una de estas variantes (por ejemplo, Un Príncipe Para... se centra en la aventura del romance y la atracción física, por ejemplo). Los acontecimientos de la vida diaria se convierten en tramas susceptibles de ser desarrolladas, siempre y cuando se den las circunstancias idóneas para ello (que los participantes estén receptivos, que el ambiente del reality sea tenso o distendido, etc). Sin embargo, no podemos olvidar que el escenario donde se ejecutan las tramas no es el mundo real aunque las experiencias vividas sean reales. Aquí es donde entra en juego la estrategia, que gracias al paso del tiempo, a la evolución de los formatos y al conocimiento que los “actores” del reality poseen del propio concurso, se ha convertido en otro punto tramático fuerte. Si no, que se lo digan a Pepe Herrero. No sé si ganó su edición de Gran Hermano por jugar con una buena estrategia o por mantener enganchada a la audiencia a esa misma estrategia… ¡Pero ganó!

No podemos olvidarnos de las tan mencionadas historias de “carpeta”. Para quien todavía no esté a la última en cuanto a términos de Gran Hermano se refiere, carpeteras son aquellas (y aquellos) que defienden a capa y espada a las parejas que se crean a partir de estas tramas. Estos grupos de apoyo poseen un poder inmenso dentro del concurso porque son los que se gastan el dinero en y proteger a sus protegidos y, por tanto, están muy protegidas por el propio reality. Es por ello que, cuando existe el mínimo indicio de “amor carpeteril”, se mueven todos los hilos posibles para que la historia salga a flote. No quiero decir que el programa manipule las situaciones, jamás me atrevería a decir que Gran Hermano está guionizado, en el mal sentido de la palabra, puesto que ya nos ha demostrado de sobra que los concursantes pueden actuar de la manera más espontanea posible en el momento más inoportuno. Que se lo digan a Indhira, protagonista de una de las historias de carpeta más intensas de toda la historia del reality, la cual fue expulsada por un comportamiento violento. Pasen y vean una de las mayores broncas de Gran Hermano, con vaso de agua incluido.

Personajes: perfiles y roles

Como en todas las historias narradas y necesarias de un trabajo de guion, los personajes son una parte fundamental del total. Sin ellos, los realities no tendrían sentido. No quiero decir que sea imposible hacer un reality sin participantes, sino que el estudio de la personalidad de los participantes y un buen casting son elementos imprescindibles en una edición cañera de Gran Hermano, donde se consigue marcar la diferencia con respecto a años anteriores. Gilda Santana explica de forma magistral en su libro Diez años en Gran Hermano: Diario de una guionista cómo se configuran los personajes y se encuadran en perfiles, los cuales evolucionan con el paso de los días en la casa de Guadalix de la Sierra. Si cuando creamos personajes para un texto de ficción debemos calcular cómo se desenvolverán los personajes, en el reality también debemos estudiarlo para estar prevenidos. Si en una casa conviven dos líderes y diez débiles, seguro que habrá una lucha de egos; si, por lo contrario, hay cinco líderes y siete débiles, se crearán grupos de presión.

  • Victimas: si Paco, el primer expulsado de la 15ª edición de Gran Hermano, afirmaba que el concurso solo lo ganaban “los humildes” (teoría discutible cuanto menos), opino que este perfil es el que se lleva el premio gordo del reality o, si no, se queda cerca de conseguirlo. La víctima es aquel que ha sufrido, por desamor o por el rechazo de sus compañeros, y que empatiza con la audiencia por esto mismo. A Sabrina (GH2), Iván Madrazo (GH10), Laura Campos (GH12), Patricia Ledesma (GH3), Ania (GH1) e incluso Pepe Herrero (GH7) podemos encuadrarlos dentro de este perfil.
  • Débiles: para mí, débil no significa víctima. El débil es aquel que no puede considerarse fuerte o por su manera de actuar (son demasiado impulsivos, radicales de pensamiento, celosos, etc). Entre ellos encontramos a Nicky y a Bea “la legionaria” (GH6), a Shaima (GH15) y a Carlos Navarro “el yoyas” (GH2).
  • Líderes: a diferencia de los dos anteriores, el líder es aquel que “mueve los hilos” para que el grupo que tiene a su alrededor le guarde lealtad. Son personas frías (siempre hasta cierto punto), que no arriesgan demasiado y con el juego siempre en su cabeza. Pepe Flores (GH12+1) representa a la perfección el rol de líder. Sin embargo, Pepe Herrero (GH7) también cumple con este perfil, aunque también sea víctima (solo tenía un amigo dentro de la casa, su fiel compañero Dayron).
  • Graciosos, bufones, payasos: la tensión de la casa debe aligerarse de alguna manera. Los simpáticos por naturaleza también tienen su hueco en Gran Hermano y sirven para descargar los malos rollos de las ediciones más intensas.De una forma maravillosa, así lo hizo Daniel Santos (GH12+1) junto con Ariadna (en su rol de víctima), quienes protagonizaron momentos de carcajada y lágrima (Mercedes Milá llegó a caerse al suelo del plató de la risa en una ocasión).
  • Muebles: es imposible diseñar la edición perfecta y es inevitable que se cuele algún “mueble” en la casa de Gran Hermano. Por suerte, suelen ser expulsados por la audiencia en cuanto no se les ve el pelo. Somos así de malos, qué le vamos a hacer.

Leo a Saramago y veo Gran Hermano. ¿Y qué?

Si la televisión es el medio de comunicación más criticado por sus contenidos supuestamente banales, de bajo interés cultural o escasa formación (conceptos erróneos), el reality es el género que más rechaza la sociedad de cara a la galería. Sin embargo, las audiencias demuestran todo lo contrario: a la gente le gusta verlo, comentarlo en redes sociales y, en definitiva, disfrutar de todo lo bueno que aporta. Que sí, que lo hace. Por supuesto.

Soy y seré una defensora a ultranza del reality

Mi andadura comenzó cuando a los 8 años, de chiripa, vi la expulsión de Mª José Galera (GH1). Me he tragado todas y cada una de las ediciones de Gran Hermano, casi todas las de Operación Triunfo, varios Supervivientes (aunque a trompicones, vi la primera edición de “anónimos” y he visto por encima todas las de los famosos), La Casa de tu Vida, Perdidos en la Tribu, Granjero Busca Esposa (programa olvidado que merece un post… Y lo tendrá), Mujeres Ricas, Alaska y Mario, Curso del 63, Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo y algún que otro programa extranjero como Jersey Shore y el spin off de Snooki & Jwoww, Supersize VS Superskinny One Born Every Minute o Embarrassing Bodies entre otros. Se me escapan los títulos de los programas que no he seguido de forma habitual, aunque cada vez que encuentro un reality en la televisión me paro, al menos, a ver de qué se trata. Ahora estoy descubriendo los realities surcoreanos… Vamos, que soy una auténtica friki.

Una auténtica friki, pero ninguna friki

Todo el mundo tiene aficiones, más o menos dispares (yo lo comparo con el fútbol, ya que jamás conseguiré entender cómo puede atraer a las masas de la forma en que lo hace, pero lo respeto como lo que más). En ocasiones se me ha juzgado por ver y disfrutar de los realities, por vivirlos de manera apasionada. Siempre defiendo que, a diferencia de la imagen que posee la gente de que el reality es un contenido vacío, está lleno de factores culturales y de formación de pensamiento crítico. Además, el televidente empatiza con los concursantes y experimenta un sentimiento de identificación comparable con el que se produce con el cine o las series de televisión dramáticas. Por supuesto que el reality cuenta con elementos despreciables y que muchos de los titulos que podemos ver en la programación actual merecen morir pero, ¿acaso no hay canciones malas siendo la música una cosa maravillosa? No me gusta generalizar.

No hay guilty pleassures

No me siento culpable de ver ‘Gran Hermano’. Tampoco me siento culpable de disfrutar con mis demás aficiones, ¿por qué iba a hacerlo? Me gusta el deporte, el cine, la música y la lectura. Veo Gran Hermano y leo a Saramago, ¿y qué? Para gustos, colores. Habrá quien no soporte la novela realista del siglo XIX y no por ello sea menos culto que quien se emocione con un gol de su equipo o se pase días enteros haciendo cola para ver a su banda favorita en un concierto. Hace tiempo que pienso que los llamados guilty pleassures (aquellos placeres que hacen sentirnos culpables por disfrutarlos. Desde comerte un donut de chocolate en medio de una dieta hasta vivir apasionadamente el desenlace de una telenovela) no existen en realidad, sino que mucha gente prefiere que sigamos mintiendo al afirmar que vemos los documentales de La 2 (que si ya no los veía nadie hace diez años, cuando se escuchaba esta rancia expresión, ahora menos) a que seamos sinceros y declaremos que no solo vimos la primera edición del programa de “la vida en directo”, sino que nos hemos tragado muchas más. Yo, todas.

¿Y por qué nos da tanta vergüenza decir que hemos visto Aquí Hay Tomate (que cuando comenzó era un programa buenísimo, que no dejó títere con cabeza del caso Malaya), que todos conocemos las imágenes de Yola Berrocal gritando poseída ante un monitor en Hotel Glam y que, seguro, TODOS conocemos cómo se llamaba el primer ganador de Gran Hermano y, si me tiras, la segunda? Porque el reality en España está encasillado como un formato usado por la televisión más chabacana, aquella que tiende a la incultura de la audiencia para entretener con el humor más burdo… Quizá el reality en España no tenga el rodaje del que puede presumir el género en el extranjero, donde se utiliza para fines educativos y de explicación de fenómenos sociológicos. ¿A que esto no suena tan mal? La BBC produce esta cantidad ingente de realities… ¿Os sigue dando corte decir que veis Gran Hermano?

¿…Todavía no sabéis quién es?

 

Calentando motores

A mediados de septiembre comienza, como me gusta llamarlo, el reality por excelencia, del que llevo hablando meses antes de que se conociera fecha de estreno de la nueva edición. Y aunque mis compañeros de Perdidos en la Tele están preparando un espacio maravilloso para que, los frikis como yo, escribamos (charlemos, critiquemos, despotriquemos) sobre esta maravilla que es Gran Hermano; os seguiré dando la chapa con los aspectos más técnicos y enrevesados del programa por esta vía. ¿Quién se apunta a ver la 15ª edición de mi reality favorito?

IMAGEN: Gran Hermano

El fascinante mundo de los reality shows

De grandes éxitos como “Yo no veo la tele, me achicharra la inspiración” o “Solo vi el primer Gran Hermano, los demás han sido una mierda” os traigo este post. No, no me he convertido en una espectadora pasiva más, engullida por el sofá de mi piso, incapaz de cambiar el canal por no alcanzar el mando al estirar el brazo. Hay que verlo todo para poder analizarlo y criticarlo y, aquí me tenéis.

Aunque a más de uno os cueste creerlo, el reality show es un formato espectacular, creativo y casi mágico en lo que respecta a su aplicación social.  Soy consumidora de estos contenidos desde, prácticamente, su creación e inserción en España. Comencé viendo Gran Hermano con la expulsión de María José Galera, de la primera edición, cuando tan solo tenía ocho años. Aunque no entendía muy bien qué estaba ocurriendo en aquella casa y en aquel plató, seguí viendo las galas todas las semanas, me enganché a los resúmenes y mi madre me grababa los especiales del programa matinal de María Teresa Campos y los de Crónicas Marcianas (solo los que consideraba adecuados, cuando comenzaban a quitarse la ropa paraba el vídeo, claro). Me tragué Gran Hermano 1 de principio a fin, y la segunda edición, y la tercera, y la cuarta… Hasta el día de hoy, he visto 14 ediciones. La 15 también la veré, a pesar de que haya quien diga que el formato está más que pasado de rosca. Y tienen razón. Pero no quiero utilizar este post para decir qué no me gusta del reality, sino que pretendo reconciliar a quienes reniegan de Gran Hermano con un maravilloso programa que, aunque lleve más de 14 años presente en la parrilla española, sigue teniendo puntos televisivos pendientes de explotación.

La conductora del programa, Mercedes Milá, recibiendo al ganador de la primera edición de Gran Hermano, Ismael Beiro.

Gran Hermano: gran reclamo, grandes beneficios

Cuando decidí escribir sobre los reality shows pensé en documentarme y conocer lo máximo posible antes de hablar de nada. Saqué de la biblioteca algún libro, leí muchos blogs de supuestos entendidos en el tema y me quedé totalmente desconcertada. Según Rebeca Quintáns y Andrés Sánchez, autores del libro Gran Hermano, el precio de la dignidad, el formato “es un salto mortal más en la pirueta del espectáculo”. Además, afirman que “nadie les creyó” cuando Telecinco lo anunció como un “experimento sociológico y que contribuía a la ciencia por ser único de tales características”. Todos coinciden en la misma premisa: Gran Hermano fue creado por y para el morbo televisivo y, por supuesto, para sacar tajada de ello. Y yo me pregunto, ¿acaso en la tele (privada, la pública debe cumplir con un servicio público, tiene una función distinta) se crea algún contenido que no esté pensado para obtener beneficio económico? Me parece que no.

Puede que se equivocaran en la primera denominación del formato, pero han tenido 13 ediciones para rectificar el error. Mercedes Milá se preguntaba en el primer programa de la primera entrega si el proyecto que comenzaban haría historia de la televisión y quizá ni se imaginara las consecuencias que tendría en las audiencias en los próximos programas de la edición de Ismael Beiro, Iván y Ania, donde llegaron a alcanzar picos de 11 millones de espectadores. Gran Hermano jamás ha dejado de ser una excusa para aprovechar un producto que llamaba la atención de los espectadores y traía a la cadena y a la productora un beneficio multimillonario. Y creo que lo consiguió con creces.

Mercedes Milá, 13 ediciones más tarde, sentada en el plató de la última entrega del reality.

¿Por qué Gran Hermano es lo peor de lo peor de la televisión?

He sido juzgada por decir que veo Gran Hermano y, mucho más, por considerarme una seguidora acérrima del programa. Luis Navarrete, coordinador del Máster en Guión, Narrativa y Creatividad Audiovisual que curso actualmente en la Universidad de Sevilla hace una perfecta distinción entre los productos pertenecientes al “gusto popular” y aquellos que se encuadran en el “gusto culto”. ¿Qué ocurre con Gran Hermano, que la sociedad lo rechaza de una manera tan tajante y dice cambiar el canal en cuanto escucha la música del programa? ¿Quizá resulta improductivo sentarte a ver cómo salen y entran los concursantes en una casa llena de cámaras? Si tenemos este pensamiento, no podemos olvidar que cualquier cosa que veamos en la pequeña pantalla (y cuando digo cualquier cosa, me refiero a todos los productos creados por y para la televisión, sin pretensiones educativas) será igual de improductiva que ver Gran Hermano. Existen espacios que fueron ideados para entretener, provocar unas risas a los espectadores y, por supuesto, ganar posibles compradores de los productos que publicitan los anunciantes. Eso es lo más importante.

Pero los realities no son los únicos motores que mueven cantidades ingentes de dinero. Desde Globomedia, comenzando por Médico de Familia y siguiendo por la infinidad de ficciones nacionales que hemos podido ver a lo largo de la historia de las televisiones privadas, hemos descubierto mesas de desayuno repletas de productos que a nosotros no se nos ocurriría jamás comer por las mañanas. Entonces, ¿por qué se condena a Gran Hermano por publicitar a según qué marcas? ¿Acaso no es lo que hace todo el mundo en la televisión? Todos nos han vendido algo alguna vez desde la pequeña pantalla, no nos vamos a extrañar a estas alturas.

Teté y Eva (Los Serrano), desayunando al ritmo del product placement como las que no quieren la cosa…

Todo el mundo ha criticado alguna vez al reality más visto de España y del mundo. El producto creado por John de Mol, fundador de Endemol y cabeza del proyecto Big Brother, ha estado en boca de todos desde su primera emisión el 23 de abril del 2000. Y aunque pudiera parecer sencillo reunir a un grupo de desconocidos, encerrarlos en una casa ajena y esperar a que surgieran las relaciones, roces y reacciones esperadas por el equipo que controla y diseña el programa, es mucho más complicado que guionizar un magacín o una sitcom. En Gran Hermano todo se magnifica, como bien dicen los fans y concursantes, y nunca se sabe con exactitud qué puede ocurrir. Quizá la incertidumbre sea el punto más interesante del reality, aunque sea una “incertidumbre altamente guionizada” por parte de un gran equipo de creativos y redactores. Si nos tragamos bazofias varias, donde en la mayoría de las situaciones sabemos casi exactamente qué va a decir el protagonista de la ficción en una momento específico, ¿por qué no vemos un programa donde, en mayor o menos medida, los personajes puedan llegar a sorprendernos? ¿Quién no quedó boqueabierto cuando Silvia decidió acompañar a Israel (GH 1) el día de su expulsión? ¿Y cuándo Noemí (GH 12+1) se desnudó en las duchas del Gran Hermano Brasil, dejando a los demás concursantes con la misma cara que teníamos nosotros frente a nuestras televisiones? Muchos tachan al formato del mejor ejemplo de la llamada telebasura, todo lo que venga de la pequeña pantalla es, más o menos, aprovechable. Javier Bilbao escribe que estos programas “son un estímulo para nuestras mentes, evolucionadas en un entorno de continua interacción personal”. Para que luego digan los supuestos entendidos y reputados teóricos…

Solo los más frikis de Gran Hermano serán capaces de reconocer a estas dos figuras de la edición número 12 del reality. Una de ellas firmaba la frase “se me comba la peluca” y, la otra, consiguió que un conejo se volviera, literalmente, cardiópata por arguantarla. Momentos estelares.

¿De capa caída?

Pues sí, para que nos vamos a engañar, 14 ediciones hacen mella en cualquier programa de la televisión. Como los años que pesan en las personas, Gran Hermano ha sufrido un declive en muchos sentidos: desde los castings y la selección de los perfiles de los concursantes, pasando por las tramas que se tratan en el programa y llegando, por supuesto, a la presentadora. Sé que hay muchos seguidores de la Milá, que la consideran una de las caras más necesarias del panorama del espectáculo (incluso en el informativo) pero, del carisma al esperpento hay solo un paso. Y Mercedes lo cruzó hace algunos años ya.

Desvaríos varios en Gran Hermano, por supuesto, protagonizados por Mercedes Milá. También enseñó las bragas en una ocasión, pero he decidido omitir la imagen por motivos evidentes.

Me cuesta creer que, algún día, Gran Hermano desaparezca de la parrilla televisiva, pero he de confesar que en estos últimos años lo he deseado muchas veces. Como las series de ficción que se alargan hasta la saciedad, como una telenovela mala donde los personajes no hacen más que morir y resucitar, todos los formatos tienen su momento de gloria y de decadencia. Al parecer, hasta los propios directivos decidieron que el programa no merecía el destino que estaba viviendo, cuando la audiencia no alcanzaba los tres millones de espectadores en las noches más álgidas del reality. Por ello, anunciaron un descanso de un año tras la última edición. Mercedes Milá (por supuesto, quién si no, ¿Pepe Navarro? Já) proclamó a los cuatro vientos que Gran Hermano 15 estaría de regreso tras el verano de este año.

Quiero creer que este periodo de barbecho sirva para que Gran Hermano se refresque y haga un viaje de regreso a los orígenes, cuando el formato era tan básico como bueno y los concursantes no eran personajes sacados de los lugares más recónditos de Internet y el mundo del espectáculo, sino que tan solo eran gente “normal”. No podía terminar este post sin adjuntar un vídeo de mis momentos favoritos del programa: las noches de Halloween en Gran Hermano, o lo que es lo mismo, carcajada asegurada.

Una cosa… Se puede ver Gran Hermano, ¡y leer a Saramago!

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