Vivir de la Tele

Creación, guión y mucha tele

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No nos quedan razones para creer en Gran Hermano

Hacía mucho que no me mojaba en este sentido, pero los últimos acontecimientos ocurridos en la casa de Gran Hermano me traen de cabeza: las tramas, que comenzaron siendo previsibles y bastante templadas, han derivado en historias que se me escapan, pues no comprendo cómo el programa puede recompensar ciertas actitudes y penalizar otras que percibo mucho más correctas que las primeras. Me sorprende la hipocresía de los de arriba y las tragaderas de los de abajo, la hipersusceptibilidad en según qué temas y la dejadez en otros. Y aunque algunos concursantes se hayan ganado mi admiración, sigo sin entender por qué, tras diecisiete ediciones de este reality, vuelva a resultar vencedor un perfil similar al del año pasado. Y del anterior. Aunque me repito más que los ajos, creo que lo que sí comprendo es por qué la organización está tan empeñada en que siempre gane la misma persona: pensarán (o querrán pensar) que somos tontos y que los perfiles más complejos se escapan de nuestro entendimiento. Yo, al menos, me siento así. No tonta, sino defraudada.

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Granjero Busca Esposa regresa a la televisión: el soplo de aire fresco (y rural) que necesitábamos

Tras el comienzo de la decimoséptima edición de Gran Hermano y su caída en picado inminente, quienes apreciamos los formatos que mantienen su esencia y provocan en el espectador las reacciones más sanas como la carcajada o la ternura hemos saltado de la emoción tras conocer la gran noticia del regreso de Granjero Busca Esposa a la pequeña pantalla. El programa, cuyas emisiones finalizaron en 2011 y el fenómeno “tróspido” comenzaba a despuntar (aunque no fue evidente hasta 2012 con el comienzo de Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo), regresa en un momento social y tecnológico óptimo: en 2008, cuando se estrenó la primera temporada de este reality, todavía andábamos tanteando Twitter y, por supuesto, no habíamos asimilado su consumo simultáneo con el de los contenidos de la televisión. Ahora, vamos sobrados de experiencia y gusto por la guasa multipantalla.

Los granjeros de la cuarta edición del programa. De izquierda a derecha: Román (agricultor y ganadero), Gustavo (pastor trashumante), Luis (jinete), Melendi (ganadero), Jonathan (ganadero) y César (ganadero y agricultor).

Tal y como reza el título del programa, Granjero Busca Esposa cuenta con una premisa sencilla y una criba que ya hemos visto en otros formatos de la casa: los hombres (aunque también han participado mujeres) deben seleccionar a las chicas que consideren más idóneas para acompañarles en lo sentimental y, por supuesto, en el duro trabajo de los animales, el campo y la vida retirada de la urbe. Al igual que en los dating shows que hemos visto en Cuatro, lo que hace grande a este formato es el casting, el montaje y el desarrollo de las tramas. Por suerte, tanto los granjeros como las aspirantes a granjeras son bastante peculiares. Además, las historias surgen sin apenas ser forzadas a través del guión gracias a las situaciones cotidianas: el duro trabajo diario, el entorno y el choque de egos… ¡Una granja da para mucho!

Que viva Twitter, Vine y los realities

El reality es el género más fuerte de la televisión: además de su exclusividad de plataforma (por ahora, solo es posible su desarrollo en la pequeña pantalla, tal y como está planteado), provoca reacciones más allá de las historias que vemos desde nuestro sofá. Además del rendimiento de los títulos como Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo o Un Príncipe Para… en cuanto a audiencias y posterior reciclaje de algunos personajes por parte de la factoría de Mediaset para su uso en otros formatos como Supervivientes, GHVIP o hasta el improvisado pero no menos polémico Campamento de Verano; el éxito de los “trospi-realities” se demuestra en la huella que dejan para la posteridad. Prueba de ello es que todavía recuerdo a Pedro, participante de la tercera temporada de Granjero Busca Esposa, y en ocasiones me sorprendo a mí misma recitando algunas de sus escatológicas frases lapidarias que nada tienen que envidiarles a las que suelta doña Eugenia en Aída.

Pedro, a pesar de sus peculiares hábitos de higiene, fue un imán de amor-odio para sus pretendientas.

Aunque hace algunos años no contábamos con tantas herramientas para que este rastro permaneciera en nuestra memoria, Granjero Busca Esposa consiguió que no nos olvidáramos de algunos de los momentos estelares del formato: la relación que conformaron Aitor y Ana y el vacío que le hicieron a la pobre Edurne, el encuentro “detrás de las cámaras” de la rusa Vera y el ganadero de toros bravos de Medina Sidonia (Cádiz) Carlos, los celos entre los gemelos Pedro y Jesús que, finalmente, desencaderaron una pelea en mitad de una cena delante de sus amigos y sus pretendientas;  y el final feliz de Raquel y Tito, quienes se casaron después de los días de convivencia del concurso.

Raquel y Tito, de la primera temporada, se casaron tras el concurso.

Mi pena reside en que en MiTele tan solo podemos ver íntegra la cuarta temporada… Con lo maravillosas que resultaron las anteriores. Yo solo espero que Pedro el cabrero vuelva a comentar la nueva edición de Granjero Busca Esposa en YouTube. Aquí, una muestra del tesoro que todavía permanece. ¡Solo puedo cruzar los dedos para que no se esfumen y poder seguir disfrutándolos!

A este vídeo lo titularemos “Como soy autónomo, hago lo que me da la gana”.

Aquí, Pedro el Cabrero graba un vlog en toda regla, donde nos muestra a su amiguis y lo que hace en una fresca noche de verano: comer pipas de girasol. Aunque no tenga nada que ver con el programa, no podía no incluir este extraordinario material.

Me ocurre lo mismo con este vídeo: el granjero, sin saberlo, graba un vídeo típico de bloguero gurú de moda y lifestyle. ¿Acaso todavía no sabéis qué ropa vestir para trabajar en el campo? No hay dramas: Pedro el cabrero os lo cuenta aquí.

Para nuestra suerte, el regreso de uno de mis realities favoritos llega en un momento más que adecuado: pese a que Pedro ya mostraba una tendencia hacia la crítica del formato y la traslación del mismo a otras ventanas, es ahora cuando hemos asumido por completo estos conceptos. Prueba de ello es cómo Twitter se revoluciona cada noche que emiten un programa de estas características o cómo Vine está cada vez más repleto de maravillosos fragmentos de vídeo de tan solo seis segundos con los mejores momentos de nuestros formatos predilectos. Además, los realities ya no solo se comentan en exclusiva en los corrillos de los magacines de las cadenas amigas, sino que el debate se ha mudado a las redes sociales, las plataformas se fortalecen gracias a ser trending topic y los seguidores conocen las estrategias para

La Campos, frotándose las manos para despellejar (televisivamente hablando, claro) a Raquel Morillas (GH3) en el corrillo de Día a Día. Y dirán de Sálvame

A tan solo unas horas del estreno de Granjero Busca Esposa, solo me queda calentar los dedos para twittear, retwittear y revinear como la auténtica seguidora que soy. No he tenido suficiente con los últimos contenidos tróspidos (más bien, casi tróspidos, como Quiero Ser Monja) que Cuatro nos ha ofrecido, y First Dates se nos queda corto a quienes disfrutamos descubriendo los hábitos más vergonzosos y las reacciones más hilarantes de aquellos que se prestan a mostrárnoslos.

El relevo de Bruján Argüelles y la vuelta de Carlos Lozano

El majestuoso carisma de la musa platino de los “trospi-realities” ha ayudado, sin duda alguna, a que estos programas no queden en el simple recuerdo de un contenido gracioso pero prescindible. Luján Argüelles ha conducido con maestría programas insignia de Cuatro pero no significa que sea imprescindible. Así como Mercedes Milá me llega a saturar edición tras edición de Gran Hermano y creo que sería una sorpresa positiva que probaran con caras nuevas para las futuras entregas (que las habrá, y varias, of course); el relevo de Carlos Lozano, la estrella estrellada y ahora recuperada por Mediaset gracias a su intensa participación en GHVIP, puede ser el punto de frescura que necesita Granjero Busca Esposa para no quedarse anclado en lo que ya vimos en las anteriores ediciones. El exmodelo y presentador tiene ahora la oportunidad ideal para que la audiencia se olvide de la época estelar (y estrellada) de los primeros Operación Triunfo (incluso a él mismo tampoco le vendría mal, la verdad).

Lozano, quien todavía disfruta de la resaca del reality que lo llevó al redescubrimiento televisivo, estará al mando de este gran formato: será el encargado de presentar las pretendientas a los granjeros, de contarnos cómo viven ambas partes una preciosa historia de amor o, todo lo contrario, de narrarnos cómo acaban tirándose los trastos durante los días de convivencia, el choque cultural, los celos y los malentendidos… ¡Y yo solo puedo morderme las uñas hasta los codos esperando a que empiece!

Disfrutar de los realities no es pecado, señores

Me da mucha pena encontrarme con reacciones de sorpresa (negativa) de los no seguidores de estos contenidos cuando expreso mi emoción por el regreso de Granjero Busca Esposa, por el anuncio de una nueva edición de Gran Hermano o por el simple comentario sobre una anécdota dentro del escenario de este tipo de formatos. Al parecer, que disfrute con los realities llega a significar para muchos que mis estudios, mi nivel cultural, mis lecturas o mis gustos valen menos que los suyos. Como ya comentaba en un post que escribí en este blogno es necesario avergonzarse de los guilty pleasures, pues en la espontaneidad y en la capacidad de elección de unos contenidos más o menos intelecturales, combinados con el disfrute por lo supuestamente burdo y nada educativo (¿o no tanto?) reside el equilibrio. Ojo, que tampoco es un delito no utilizar frases célebres de la Esteban y compañía en nuestras conversaciones del día a día… Pero a mí me dan la vida, para qué engañarnos.

Al igual que se respetan a los críticos que afirman encontrarse aturdidos ante en nuevo universo de creación audiovisual de contenidos que se presenta ante sus narices, ¿por qué íbamos a menospreciar a quienes se saben los nombres de todos los colaboradores de Sálvame Diario, hasta los de los fichajes más recientes? Al fin y al cabo, forman parte del imaginario cultural de la actualidad. ¿O es que este formato no ha supuesto una revolución continuada de lo que instauró Aquí Hay Tomate en lo audiovisual del pequeño formato, en el montaje y en el concepto de la fast tv? ¿Acaso esto no es cultura también?

Es una pena que no quede apenas rastro de las ediciones previas de Granjero Busca Esposa en la red, pues hubiera sido un cierre ideal para el post que hoy os traigo. ¿Qué le vamos a hacer? Al menos, quienes las disfrutamos en su momento, nos queda el consuelo del recuerdo de los momentos más desternillantes. ¿Estará la nueva entrega a la altura de las anteriores? ¿Echaremos de menos a Luján Argüelles? ¿Estarán los montadores tan inspirados como antes? ¿Qué pensáis vosotros? ¡Contádmelo en los comentarios!

25 años de televisión (I)

Este post comenzó a ser creado el 2 de septiembre del 2015, el día que cumplí 24 años. Como me conozco y sé que no soy capaz de “vomitar” un post de un tirón (y menos uno como este, repleto de videoteca), empiezo a escribirlo con un margen de tiempo considerable. Ahora, con el cuarto de siglo recién estrenado, releo y completo con aquellos trocitos de la pequeña pantalla que recuerdo con cariño y fueron necesarios para que hoy fuera lo que soy: una apasionada (y dependiente hasta el extremo) de este medio. Aquí os dejo mi particular repaso a 25 años de televisión.

La infancia: maratones de VHS y creación de referentes

1991: Aunque yo tan solo contaba con días desde que nací, el 19 de septiembre se estrenaba en Antena 3 la mítica Farmacia de Guardia, la cual aparecía en mis apuntes del máster en guión como referente en la sitcom española. Pese a que no conservo apenas recuerdos de la ficción dirigida por Antonio Mercero, no podía no mencionarla en este repaso debido a su importancia para la historia de la ficción en nuestra televisión. Sin embargo, aunque sería imposible que me acordara de todo lo que vi durante este periodo, tengo entendido que me llamaban muchísimo la atención los sonidos llamativos y colores chillones de las cortinillas de Telecinco.

1992: El ’92 no solo fue un año espléndido para España de cara al mundo, sino que esta apertura tuvo repercusión en la tele. Yo, que todavía no era consciente de lo que ocurría tras el cristal, me quedaba embobada viendo los sketches de Pinnic (formato que ya reivindiqué en otra ocasión) en La 2.

Este mismo año también me fascinaban, según las declaraciones de mi familia, las performances de la rubísima y súper carismática Xuxa en Telecinco, en su colorido show Xuxa Park.

1993: El cuarto año de los noventa, el segundo de mi vida, fue sin duda el de los concursos. En La 2 de Televisión Española se estrenaba Cifras y Letras al tiempo que en Antena 3 Emilio Aragón daba la bienvenida a una nueva era con El Juego de la Oca y sus pruebas descabelladas (nunca mejor dicho). Sin embargo, el recuerdo más lúcido que conservo es el de Qué Apostamos. El show presentado por Ramón García disfrutó de varias temporadas en La 1 mostrando a los espectadores cómo los superhumanos eran capaces de desempeñar habilidades sorprendentes. Pero, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad con los talent shows, existían elementos que servían de alicientes tanto para los espectadores como para los invitados presentes en plató, quienes debían apostar a favor o en contra de los concursantes. Además, el público asistente también jugaba un papel divertido en el concurso, pues debían apostar para elegir el ganador. De lo más recordado de uno de los títulos estrella de Ramonchu son las duchas que él y las distintas copresentadoras (Ana Obregón, Antonio Dell’Atte, Raquel Navamuel o Mónica Martínez, en la etapa de la pública) se daban al finalizar cada programa, aunque algún que otro famoso también llegó empapado a casa tras haber jugado en este maravilloso programa.

El recuerdo más lúcido que conservo del ’93 es el de El Gran Circo de TVE. Aunque comenzara su andadura en 1973, en este año regresó a La 1 de Televisión Española para seguir animando las mañanas de los fines de semana a todos los niños que esperábamos que Miliki y Rita Irasema nos contaran historias divertidas. Tenía una obsesión enfermiza con este dúo, ¡me volvían loca!

1994: Un poquito más despierta y adquiriendo gusto televisivo gracias a los maratones de VHS que me tragaba en cada comida (mi madre me grababa un cóctel de contenidos para que me dejara alimentar, pues era la única forma en que no protestaba -tanto-), disfrutaba con los Tricicle en ¡Chooof! pues, aunque no dijeran una sola palabra en todo lo que duraba el programa, me tronchaba de la risa. La tele captaba toda mi atención y con tan solo tres años ya comenzaba a vislumbrarse esta obsesión catódica que tengo (más bien, afición).

Aunque el ’94 fue el año del particular Scavengers de Bertín Osborne, lo descubrí hace algunos años gracias a YouTube. Pese a que no formó parte de mi infancia televisiva, no podía dejar de mencionarlo en este recopilatorio…

1995Blossom y Punky Brewster llegaron a nuestras pantallas este año. Aunque mis padres no me dejaron ver la tele del late night hasta bastante más mayor, pude disfrutar del espacio presentado por Pepe Navarro y por cuyo plató desfilaron personajes tan maravillosos como Cristina ‘La Veneno’ y Krispín Klander a posteriori, gracias a YouTube y a la infinidad de zappings que siguen nutriéndose de estos contenidos. Esta noche cruzamos el Missisippi se estrenaba semanas después de que yo cumpliera cuatro años de edad.

En el ’95 surgía un alocado formato que durante los viernes noche de verano llenaba a las familias de risas y diversión. Como rezaba la sintonía de El Grand Prix, “el programa del abuelo y del niño” tenía una función similar a la del ‘1, 2, 3, Responda Otra Vez‘: reunir a la familia frente a la televisión. En la actualidad, programar un viernes en prime time es arriesgado. Un año después de su estreno, el título también presentado por Ramón García (el rey de los concursos) conseguía un 36,6% de media de share. Si tenéis nostalgia, he encontrado este canal en YouTube donde van subiendo todos los programas, pues en el archivo de RTVE tan solo hay 12 vídeos.

1996: Cuando se estrenó Con Mucha Marcha en La 2 de Televisión Española yo contaba con cinco años de edad y una conciencia casi plena de todo lo que ocurría tras la pequeña pantalla.

El 96′ fue un año de grandes estrenos televisivos, pues surgieron títulos como Caiga Quien Caiga, Día a Día, Redes, Hostal Royal Manzanares, La Parodia Nacional o Sorpresa, ¡Sorpresa! Recuerdo con especial cariño un especial de Navidad que todavía conservo en VHS y que no soy capaz de encontrar en la red. Ahora, ya he visto el vídeo de la niña de Redondo cincuenta mil veces…

1997: Junto con el Missisippi, Crónicas Marcianas no solo ha sido uno de los títulos más venerados del late de nuestra televisión, sino que para mí resultaba un mito viviente, alejado de mis posibilidades debido al horario y a sus contenidos. De todas formas, mi madre acabó comprendiendo mi temprano interés por aquel espacio adulto y no le quedó más remedio que grabarme algunos fragmentos en los que acudían los concursantes de Gran Hermano, aunque para este momento todavía quedan algunos añitos mas… El que os enseño a continuación lo conocí a raíz de la participación de las famosas Hermanas del Baptisterio en Callejeros. Lo que no supe en ese momento es que ya había pasado por la tele, acompañadas de Javier Cárdenas.

Saber y Ganar también llegaba este año a La 2 de Televisión Española. Desde su estreno y hasta el día de hoy, es lo que se ve en mi casa a la hora de comer. Mis padres, como su audiencia, todavía no se han hartado de los magníficos, de Juanjo Cardenal, de Pilar Vázquez ni del fantástico sentido del humor de Jordi Hurtado.

Aunque Tómbola se estrenaba en el Canal Nou, los andaluces también pudimos verlo en Canal Sur durante algunos meses, hasta que los responsables decidieron que el espacio no era apto para su emisión en la televisión autonómica. El polémico espacio de corazón donde se vivieron momentos de lo más tensos resultó un punto y aparte para este tipo de programas, pues los que estaban por venir bebieron de forma irremediable de sus métodos, su realización y sus conflictos internos.

1998: Recuerdo cómo mi abuela programaba el temporizador de la tele de la habitación para que se apagara a la media hora, cuando le pedía con todos mis recursos que me dejara (¡por favor!) ver Furor. Yo, que siempre fue una niña muy obediente, no volvía a encender la pantalla pese a que sabía de sobra la estrategia para bajar el volumen a tope y que nadie se diera cuenta de que, efectivamente, no me había dormido cuando me tocaba y me había quedado viendo aquel espectáculo de botones, lunes y canciones. Con siete años me había quedado prendada de Alonso Caparrós, aunque cuando traían a su hermano Andrés al plató me gustaba más el otro.

Ana Rosa Quintana se estrenaba en Antena 3 con el magacín Sabor a Ti. Recuerdo que me pilló de vacaciones en Valencia y alternaba los visionados de Doraemon en un lenguaje que se me escapaba con los de este nuevo programa. Volviéndolos a ver ahora, alucino con lo rápido que pasa el tiempo y con lo mal que envejecen los escenarios, los looks y la televisión en general. Más bien, alguna televisión.

No puedo cerrar el ’98 sin hacer una mención a El Informal. Desde aquí quiero transmitir a los directivos del momento, a los creadores del formato y al realizador a los mandos del día al que me refiero que, por su culpa, vivo traumatizada con la película Alien. Y no porque la viera a una edad prematura (de hecho, la vi ya con 24 tacos, hasta que no pude evitarlo más tiempo), sino porque me comí una de las escenas más terroríficas que había presenciado jamás: aquella en la que el alien sale del vientre de su víctima y salta de la mesa de operaciones enseñando sus afilados dientes. Por todo lo demás, el programa presentado por Florentino Fernández y Javier Capitán ha sido uno de los títulos que más risas ha provocado en mi casa y en mi familia todavía se nos saltan las lágrimas cuando recordamos algún doblaje. Y es que no es para menos.

1999: en este año comenzaría el recorrido de todo un hito en la pequeña pantalla. Carlos Lozano se ponía al frente de Noche de Fiesta, creación de José Luis Moreno, quien ha intentado por todos los medios que su creación perviviera hasta el 2015 con Alfombra Roja Palace (y hasta nuevo aviso, que nunca se sabe). Por muchos títulos que tuvieran estos espacios, el programa siempre era el mismo: una gala grabada en un hotel o en exteriores, compuesta por actuaciones musicales y de humor. La verdad, no sé si en algún momento haría algo de gracia pero, a las puertas del 2000, la televisión había recorrido mucho más de lo que reflejaba este título.

Mis padres me mandaban a la cama temprano todos los domingos, además de porque el lunes tenía que madrugar para ir al colegio, porque querían ver 7 Vidas tranquilos. De nuevo, mi curiosidad televisiva provocaba que, a pesar de no ver la pantalla, me durmiera tarde escuchando los divertidos diálogos entre David (Toni Cantó) y Laura (Paz Vega). Años más tarde sí que pude ver algún capítulo sin remordimientos y me arrepentí de no haber disfrutado antes de personajes tan maravillosos como Sole (Amparo Baró), Paco (Javier Cámara), Gonzalo (Gonzalo de Castro) Carlota (Blanca Portillo) o Diana (Anabel Alonso).

De la preadolescencia a la ¿madurez?: el cambio de milenio y los realities que estaban por venir

2000: Tenía que comenzar este apartado mencionando a mi reality favorito de todos los tiempos. Gran Hermano aterrizaba en España en abril y, aunque todavía era una niña, viví con total intensidad gran parte de los acontecimientos vividos en la casa de Soto del Real (que, más tarde, se mudaría al mítico Guadalix de la Sierra): la expulsión de Mª José Galera, el “jódete” de Vanessa, la salida conjunta de Silvia e Israel, los intentos de Ínigo (y su/s polo/s verde/s), el abandono de Mónica tras descubrirse su pasado en una revista (y ser comunicado a la concursante por el programa, debido a la gravedad del asunto, la salida voluntaria de Jorge Berrocal y la victoria de Ismael Beiro al ritmo de los Police, tras 90 días de convivencia y aislamiento, entre otros. Gran Hermano, aquel programa que se presentaba como un experimento social, había roto una barrera en nuestra televisión: la de la privacidad más personal. Aquello nos encantó.

2001: Definitivamente, el cambio de milenio había traído el descubrimiento del reality a nuestras pantallas. Tras el éxito de la primera edición de Gran Hermano nacieron otros formatos que utilizaban la convivencia de los concursantes uno de los reclamos. Sin embargo, en Operación Triunfo no solo valía con ser un buen compañero, sino que los participantes iban escalando hasta la final a base de talento, disciplina y emoción. Había llegado el origen del talent show, tal y como ahora lo conocemos, a España.

Además, en el año 2001 también comenzaba una ficción insignia de Televisión Española que, pese a los baches, sigue ofreciendo capítulos inmensos al público: Cuéntame Cómo Pasó. Aunque no comencé a seguirla en este momento, sino que fue en el verano de 2013 cuando me bebí todas las temporadas emitidas hasta el momento. Y qué secuencias descubrí… Y cómo me emocioné… A tal punto que, a día de hoy, está e mi top 5 de mejores series españolas.

Otro curioso título que nacía en 2001 era El Diario de Patricia. Por supuesto, no podía faltar en un repaso televisivo, pues ha sido el culpable de que se me escapara la carcajada en más de una ocasión mientras observaba (y hasta admiraba) la fauna que se paseaba por aquel plató de Antena 3. Algunas historias eran realmente dramáticas pero, otros relatos resultaban tan poco creíbles que lo único que podíamos hacer era partirnos de risa y disfrutar del espectáculo.

2002: Aunque no seguí esta serie, es cierto que supuso un descubrimiento curioso. Ana y los Siete comenzaba sus emisiones en TVE este año y aguanto hasta el 2005 en programación. La Obregón se metía en el papel de la niñera-stripper que llevaba su mismo nombre y triunfaba en las audiencias.

Pero el programa que recuerdo con más cariño de este año fue el talent que Jesús Vázquez y Elia Galera presentaron en Telecinco. Si Operación Triunfo se vivió con intensidad en mi casa, más dramática fue la expulsión de Roser en Popstars. Tuvimos que llamar para salvarla tras su nominación porque mi hermano, de siete años, se había encaprichado con la catalana y no dejaba de llorar.

2003: el programa que Jorge Javier Vázquez y Carmen Alcayde presentaban en la sobremesa de Telecinco supuso toda una revolución en mi familia, aunque el consumo bestial llegó años más tarde de su estreno. Aquí Hay Tomate fue engullido en mi casa tras el renventón del caso Malaya, pues nos tocaba muy de cerca, y disfrutamos como gorrinos comprobando el revuelo mediático que se formaba a unas calles de nuestra casa. Aunque ya nos meábamos de la risa con los magistrales vídeos de Cachuli y la Pantoja paseando su amor por la aldea de El Rocío y las calles de Marbella… ¡Mi tierra!

Homo Zapping, que también nacía en el 2003, tampoco podía dejar pasar las desternillantes escenas de la mediática pareja.

Este mismo año se estrenaba una serie que, según el post que Borja Terán publicó en La Información, es el Verano Azul de las generaciones más jóvenes. Aquí No Hay Quien Viva es un referente de las comedias de situación en nuestra televisión y atrajo a un público tan diverso que permaneció en parrilla hasta el 2006, aunque su legado todavía permanece gracias a La Que Se Avecina. No puedo elegir un momento de esta maravillosa serie que todavía me saca una sonrisa cada vez que me trago sus reposiciones de madrugada en A3Series.

2004: Si Gran Hermano me conquistó a tal punto que, dieciséis ediciones después, acudo fiel a la cita de las nuevas entregas, La Casa De Tu Vida revolucionó mi concepción de reality: este, sin ser un talent, contaba con un elemento extra a la convivencia (debían construir una casa) y, además, resultaba un catalizador de todos los conflictos que ocurrían. Que no eran pocos…

Aunque nunca fui demasiado fan de los concursos de las tardes, he de reconocer que me enganché a Allá Tú. No solo por la dinámica del programa ni por lo bien que lo hacía Jesús Vázquez (cuando todavía no nos habíamos cansado de él por estar en casi todos los títulos de Telecinco), sino porque el público acababa empatizando con los concursantes. Como todos los días eran los mismos, conocíamos sus lugares de procedencia y el casting estaba elaborado con delicadeza (todos los concursantes eran muy simpático y daban juego), no nos quedaba más remedio que quedarnos a ver si el elegido acababa escogiendo la caja adecuada. Seguro que mas de uno recuerda todavía su pegadiza cabecera…

2005: Aunque el apagón analógico no llegó hasta el 2012, es en este momento cuando empieza a vislumbrarse el cambio tecnológico que estaba por venir. Cuatro nacía en 2005 rodeada de una gran expectación en noviembre de este año. Tras haber pasado mi infancia preguntándome qué había tras las interferencias de Canal +, se abría una nueva ventana con la llegada de esta nueva cadena en abierto. El guiñol de Michael Robinson nos lo contaba justo antes de comenzar:

A la primera persona que vimos en la nueva Cuatro fue a Iñaki Gabilondo, junto con parte del equipo. En las imágenes, pese a su baja calidad, también podemos distinguir a Iker Jiménez, a Nacho Abad, a Quequé y a Eva Hache entre otros. ¿A qué otras caras conocidas de la tele veis en esta presentación?

Pero Cuatro no es la única cadena que se estrena dentro de este panorama digital. LaSexta también llega a nuestros hogares de la mano de Emilio Aragón, Florentino Fernández, el Gran Wyoming y Helena Resano, con un reclamo ideal para quienes no ven la tele por la falta de contenidos variados, interesantes o divertidos.

Pero este año no solo supuso el nacimiento de canales de televisión y el comienzo de una nueva era, sino que la factoría de ficción y entretenimiento también fue muy prolífica. Descubrimos títulos que nos hicieron reír como Camera Café, Splunge, Aída o Buenafuente; y espacios que nos descubrieron un mundo desconocido hasta ahora, como Callejeros o Cuarto Milenio. Aunque si tuviera que quedarme con un solo programa elegiría Soy El Que Más Sabe de Televisión Del Mundo. Creo que las razones son obvias…

2006: Es aquí cuando comienza la era de Sé Lo Que Hicísteis y con ello, el inicio del sufrimiento de las demás cadenas. Quienes pudimos disfrutar de este grandísimo formato nos sentíamos muchísimo más satisfechos que viendo un simple programa de zapping, pues Patricia Conde y Ángel Martín se encargaban de mofarse de todas las pifias que ocurrían en nuestra televisión. Además, el largo recorrido que tuvo este título y la fluidez con que ocurría la emisión provocaba que tuviera un lenguaje propio lleno de momentos internos y hasta motes para ciertos canales y personajes famosos.

De nuevo, en este año me topo con un título que no pude disfrutar en directo. De Vientos de Agua tan solo pudimos ver dos episodios, pues Telecinco decidió no emitir el resto de la temporada debido a las bajas audiencias y por precaución contra la piratería. Yo pude verla muchos años después (en 2013 ) y creo que no he llorado más en mi vida. Como Cuéntame, esta también se encuentra en mi top 5 de series españolas por la historia tan maravillosa que narra, por lo auténtico de sus personajes y, en general, por la emoción que desprende en cada secuencia.

2007: Lorenzo Milá y Ana Blanco se pusieron al frente de un programa que cumplía todos los principios de servicio público. Yo, que todavía no tenía el espíritu político formado del todo, me sirvió para comprender aspectos del día a día traducidos a las acciones políticas. Tengo Una Pregunta Para Usted funcionaba de una forma muy sencilla: el público realizaba preguntas al político presente en el plató y este debía responderlas. Por supuesto, estas cuestiones no eran metapolíticas, como suelen ser los discursos de algunos dirigentes, sino que se preguntaba sobre el paro, la educación, la sanidad y la crisis económica que comenzaba a asomar las orejas. Aunque otros títulos han intentado recuperar este formato en algunas de sus secciones, nadie ha conseguido mantener la esencia.

2008: Todavía recuerdo con claridad el día en que La Sexta fue condenada a no emitir imágenes de Telecinco a raíz de la revolución que había supuesto Sé Lo Que Hicísteis. El gran Ángel Martín había triunfado gracias a los programas de la cadena donde Mermelada hacía de las suyas, pues su ingenio y el del equipo de guionistas superó todos los límites y conquistó a los espectadores.

En general, laSexta contó este año con grandes programas que fortalecieron su línea: Estas No Son Las Noticias, Qué Vida Más Triste (webserie llevada a la pequeña pantalla, ¡bendito descubrimiento!), La Tira o Salvados. Este último no solo supuso el descubrimiento al público de Jordi Évole ‘El Follonero’ o de quienes no vieron a Carlos Navarro ‘El Yoyas’ en GH2, sino que con el paso de los años ha matizado sus intenciones y en la actualidad está establecido como un formato serio de reportajes de calidad.

¿Te ha gustado este post? Pronto podrás leer la segunda parte. ¡Hasta 2016 todavía quedan años por repasar!

Gran Hermano 16 y el porqué de mi desencanto

Cualquiera que me hubiera visto escribiendo el título de este post hace algunos años no se lo hubiera creído. Yo, defensora del formato a ultranza y consumidora compulsiva de todo lo que surgiera en las factorías de la mal llamada telebasura, creo haber llegado a un punto de no retorno en cuanto a mi percepción de los contenidos que podremos ver en la nueva temporada que se avecina. En conclusión y, aunque esto solo sea la introducción del post, Gran Hermano ni es lo que era ni logrará serlo jamás. Y ojalá pueda retractarme de esto que os digo cuando finalice la 16ª edición del concurso, pero ya me estoy temiendo lo peor…

Me adelanto a los acontecimientos y, claro, malpienso

Tras varias ediciones aguantando las soporíferas tramas programadas con calzador en la parrilla del reality, solo puedo pensar que lo que está por venir es poco más de lo mismo: historias de amor pasadas de rosca, mecánicas demasiado básicas, protagonistas faltos de acción de motu propio y “antagonistas” con aires de grandeza que tan solo llegan a eso, a aires. Atrás quedan los inolvidables participantes que revolucionaban la casa no solo con chillidos y comportamientos forzados como los que hemos visto en las últimas entregas, sino con verdaderos conflictos. Y cuando me refiero a conflictos no pretendo defender las broncas más que subidas de tono que hemos podido presenciar en ediciones como la tercera, la sexta o la onceava; sino al equilibrio de la mezcla de elementos que conforma un buen reality show: la lucha de egos, la escalada hacia el premio, la complicidad, la enemistad (y el enemigo común, muy importante en Gran Hermano) y la identificación con el público espectador. Todo ello conforma el conflicto, ya que los participantes deberán mantenerse en una continua elección de movimientos, pese a que nieguen la estrategia, con el fin de conseguir ser el último habitante de la casa de Guadalix de la Sierra. No quiero ser negativa, pero malpienso y creo que calibrar la balanza que lleva estropeada tantas ediciones va a ser una de las tareas más complicadas a las que se enfrentará la factoría encargada de dar vida al programa.

¿Qué necesito para reconciliarme con mi programa favorito?

Mientras que el conflicto no se crea solo y hace falta mucho trabajo para que las tramas resulten creíbles, para que el casting no resulte aburrido en mitad de la edición y para que, en conclusión, el público no se aburra. Y aunque con esta que comenzará en breve sean ya 16 las veces que Telecinco ha encerrado a desconocidos (y no tan desconocidos) en una casa para mostrarnos cómo reacciona el ser humano en un territorio tan hostil como aquel vigilado las 24 horas del día, soy de las que defiende que un programa puede renovarse y no caer en su propio cliché. No es tarea sencilla, pero considero que Gran Hermano 16 podría sobrevivir al desastre si tuviera en cuenta lo siguiente:

  • Un ritmo trepidante creciente: mientras que la primera gala es la más aburrida de todas, en las últimas entregas de mi reality favorito he tenido la sensación de ver las mismas reacciones durante semanas y hasta el final del recorrido del concurso. Una de las cosas que necesito para que la 16ª edición de Gran Hermano no sea la última (para mí) es una historia que enganche, un ritmo adecuado del relato y un buen tratamiento de los “hechos”, es decir, que se otorgue la importancia que merece lo que realmente lo merece. Algunos espectadores estamos cansados de ver cómo un concursante sobresale por encima de los demás, pese a que su importancia real no sea tal. Y aunque la percepción sea subjetiva, es resulta molesto que este fenómenos se haya repetido durante las últimas entregas, ¿quizá por falta de buen contenido?
  • Un buen casting: pese al tópico de la petición, Gran Hermano 16 necesita unos participantes dignos de ser recordados tras años y años de la emisión. Si os soy sincera, me cuesta recordar a la gran mayoría de los concursantes de las últimas ediciones, por tanto, han resultado innecesarios o nada trascendentes para el programa. Viendo el revuelo formado en redes sociales y el bombo que el propio reality ha dado en los medios, ojalá el “éxito total de la convocatoria” del que habla la organización no sirva para dejarnos la miel en lo labios. No me quito de la cabeza los grandes hermanos que han aportado más “chicha”: Carlos Navarro “el Yoyas” (GH2), Raquel Morillas, Patricia Ledesma, Kiko Hernández (GH3), Matías “Tone” (GH4), Aida Nízar, Ainhoa (GH5), Bea, Nicky (GH6), Pepe Herrero (GH7), Dani “el sucio” (GH8), Amor, Melania, Ángela (GH9), Almudena “Chiqui”, Ana Toro, Javier Palomares (GH10), Nagore, Tatiana, Indhira, Arturo(GH11), Chari, Rubén, Patricia Hurtado, Laura Campos (GH12), Pepe Flores, Daniel Santos, María Sánchez (GH12+1), Igor, Desiree (GH14), Lucía, Shaima, Alejandra (GH15). Como veis, la lista de imprescindibles fluctúa a favor de las ediciones intermedias, cargaditas de personajes clave para que las tramas más o menos largas en el recorrido del programa tuvieran sentido y enganche para el espectador. Sin embargo, ¿qué recordáis de Gran Hermano 15? Del triángulo Omar-Paula-Lucía, de la TSNR entre Azahara y Juanma, de la relación lapa-ameba entre Yolanda y Jonathan y de Loli echando las cartas en el confesionario… ¿Algo más? Porque yo, no.
  • Unas pruebas decentes: el sentido de ser de las pruebas que se realizan a lo largo del programa es el de comportarse como detonantes de los conflictos entre los participantes. Además de ello, también le sirve al espectador para conocer mejor los roles de cada uno de ellos. Sin embargo, si estas pruebas carecen de interés o resultan tan sencillas que no provocan las reacciones esperadas, no tiene lógica que sigan existiendo. O las quitan y nos dan a cambio más “metraje” de tramas, personajes y entresijos; o las diseñan con un poco más de gracia…
  • Un tratamiento justo del programa: tenemos la suerte de que Gran Hermano sea uno de los programas insignia de Telecinco. De no ser así, harían lo que quisieran con él: lo moverían por toda la parrilla si los datos de audiencia no son los esperados y marearían al público con estrategias televisivas y comerciales que se le escapan a la mayoría de los espectadores. En general, maltratarían tanto a los fieles seguidores del programa como al propio formato. Confieso que han habido ocasiones en las que me he sentido “maltratada”, sobre todo durante las últimas entregas del reality: aunque la formalidad en la programación no es uno de los puntos fuertes de las cadenas, no entiendo cómo se puede anunciar un contenido para su emisión a una hora y que se realice ésta minutos después (y cuando hablo de minutos quiero destacar que un minuto en televisión es algo tan preciado como el dinero, si no más), tras una avalancha de publicidad o contenidos que nada tienen que ver con lo prometido. Comprendo que el mercado publicitario haya caído en picado (como todo) y que debamos tragarnos más anuncios para que los programas sobrevivan, pero… ¿Es que no hay otras formas de publicidad, más novedosas y menos invasivas? ¿Por qué no investigamos un poco y dejamos a un lado todo lo arcaico? ¿O es que estamos acomodados?

 Habemus fecha y primera concursante

El domingo 13 de septiembre se estrena la 16ª entrega de mi reality favorito. Además, conocemos a la primera participante (aunque no sé si creérmelo del todo, ya que esta es la edición de los secretos) de este Gran Hermano, a quien han sorprendido en la rueda de prensa que el programa a dado para presentar lo que está por venir. Tras el despotrique, solo me queda soñar con que será la entrega del regreso a los orígenes, a las buenas historias y a los personajes que merezca la pena conocer a través de la pantalla. Como todos los años, nos han pintado la novedad como la panacea… ¿Nos lo creemos esta vez?

El fascinante mundo de los reality shows, vol. II: granjeros, tróspidos y colegiales ni-nis

Puedes leer el primer post de esta serie aquí.

Con la llegada de la final de la tercera edición de Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo no he podido evitar escribir este post más nostálgico que serio. Aunque lo intente, es imposible que me limite a repasar los puntos teórico de aquellos programas de televisión que me sacaron más que una carcajada, porque cuando hablamos de los realities de la última etapa de este tragicómico medio, más nos vale reír que echarnos a llorar, como pretenden que hagamos algunos al tacharnos desde de analfabetos hasta de antisociales. Y nos hemos reído más que bien.

La tele, como las plataformas de difusión de contenidos más adaptadas a las necesidades del público actual, es un pozo sin fondo en el buen sentido de la expresión. Cuando creemos que hemos llegado al final de su explotación, alguien crea un formato que sorprende a la crítica y a los espectadores por su dinámica, por su feeling y por sus datos de share. Le pese a quien le pese, los realities han protagonizado este fenómeno de reciclaje positivo y no solo han dado la vuelta a la percepción que muchos tenían sobre ellos, sino que han creado una especie de mitología en base a esa percepción incorrecta.

Actores, ¿juguetes rotos?

Esta mitología está compuesta tanto por historias más o menos épicas y por personajes que se quedan grabados en el imaginario del medio. La magia de este fenómeno es la que produce que, quienes solo consuman un par de horas de programación generalista, pueden llegar a reconocer ciertas caras sin saber de dónde han salido. Sin embargo, más que rememorar a los personajes que se han hecho un hueco en la historia de la televisión, pretendía acordarme de aquellos que lo intentaron y se quedaron en el camino.

Los “actores” (entrecomillados, ya que ni lo son de oficio ni de intención, tan solo es una denominación para situarlos en este contexto) que protagonizan estos formatos son incategorizables y dificilmente descriptibles. Aún así, poseen un poder de atracción sobre el espectador equiparable con la del paciente que se deja hipnotizar por su terapeuta, quien no puede dejar de mirar el elemento que se balancea frente a él. Como Zeus convertido en toro blanco para atraer a la joven Europa, Florentino de la Florence bajaba las escaleras del plató de Gran Hermano VIP a trompicones mientras lanzaba particulares acusaciones a una Nagore que tampoco se callaba la boca, David Pedre (Un Príncipe Para Corina) cocinaba unos macarrones con tomate a la princesa de su cuento o María Amparo (Supermodelo) realizaba su desfile más trágico cuando resbalaba en el bordillo de la pasarela para ir a parar a la piscina del set. Sin que pudieran ser considerados ejemplos de nada digno de ser enseñado ni en las escuelas ni en las casas de cada uno, no podemos evitar admirar tal espectaculo. ¿Y qué le vamos a hacer, si nos divierte?

Si despejáramos la incógnita de la ecuación “Juan Camus + Cayo Paloma”, ¿cuál sería el resultado? Si se trata de rescatar a juguetes rotos para volverlos a destrozar… Puede ser una fórmula ideal. Que se prepare Anna Allen…

Los distintos realities que hemos presenciado a lo largo de la historia reciente de la televisión han dejado “residuos” imposibles de depurar. Mientras que el universo Telecinco los recicla una y otra vez para rellenar los programas que los sitúan líderes de audiencia, otros no consiguen atravesar la barrera que separa el terreno de los frikis malos del de los frikis buenos. Sin embargo, esta división es cada vez cada vez más difusa y por ello, mucho más sencilla de ser rebasada por quienes jamás se hubieran imaginado en tal terreno hostil. Así, una ganadora del Premio Planeta como Lucía Etxebarría coincidió el tiempo y en espacio con actores de la talla de Gaby (ex novia de Paquirrín y ex participante del indescriptible Mujeres y Hombres y Viceversa) o Pedre, a quien recordaba un poco más arriba y con quien tuvo un conflicto del que nunca sabremos si fue producto de su imaginación o si la realidad superaba a la ficción del momento. Aunque es cierto que han habido múltiples bajas en el arduo camino del reality, otros tantos se han visto aprovechado al máximo el potencial que de otro modo era imposible de sacar a relucir. Mientras la dulce de Lety no descansa de bolos desde que salió de la tercera edición de Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo, me topé con Mª Carmen en un anuncio de Samsung para YouTube.

 

¿Qué reality rescataría? La parrilla más hilarante

Al más puro estilo de El Ministerio del Tiempo, daría cualquier cosa por abrir una puerta y aterrizar en los platósde los programas que se realizaron hace años en la factoría de Eyeworks Cuatro Cabezas y Zeppeling TV, los cuales fueron capaces de crear y mostrar a los espectadores cómo de extraña, curiosa, entrañable y odiosa podía llegar a ser la muestra de la sociedad que, representativa o no (¿y qué importará eso mientras nos partamos de risa?), llegaba a sus manos. Sin dudarlo, tengo mi propio top four de títulos que necesito en la televisión actual:

  • Curso del 63: aunque laSexta lo intentó con Generación Ni-Ni tras el éxito del programa germen, fue Curso del 63 el que despertó la curiosidad de la audiencia por conocer un poco más el comportamiento de este grupo. Aunque ya los conocíamos gracias a Hermano Mayor y, resultaba un fenómeno demasiado reciente y poco explotado en este medio. Sin embargo, a raíz de este nacieron otros como Hijos de Papá Las Joyas de la Corona, incluso me atrevería a decir que Gandía Shore (antes, por supuesto, el original en Jersey) bebe inevitablemente de la mecánica: un grupo de adolescentes es “encerrado” en un espacio distinto al habitual y deberá desempeñar unas tareas con las que estarán más o menos conformes, las cuales desencadenarán una serie de reacciones.

  • Princesas de Barrio: el docu-reality que narraba las aventuras y desventuras de este grupo de chicas me consquistó desde que mostró la cara desconocida de las protagonistas. Además de ser unas chonis de libro (con operaciones de estética, ropajes y actitudes incluidos), algunas de ellas demostraron ser tan dulces como ordinarias. Por eso, al igual que me río con los momentos más absurdo de los Gipsy Kings, me divertía al ver cómo estas “amigas” iban juntas al concierto de Camela o se enamoraban de las prestaciones de la Thermomix. ¡Como para no cogerles cariño!

  • Confianza Ciega: pese a que solo conocía el formato de oídas, hace poco que me puse al día con algunos de los capítulos que encontré en las redes y me sorprendí con el nivel de tensión y de manejo de las emociones de los concursantes por parte del equipo. A pesar de tratarse de un programa de 2001, comenzaban a trastear la fusión del reality con otros formatos como el dating, añadiéndoles elementos inesperados como vídeos manipulados (totales sacados de contexto editados con fragmentos confusos, piezas mal subtituladas, etc). El re Supe por qué el genial podcast Nube, tía! se llama así y sigo sin comprender por qué Antena 3 dejó escapar tal potencia para años después convertirse en la cadena triste (y con razón). Aunque ahora pretendan subirse al carro de la actualidad televisiva con Casados A Primera Vista, ya quisieran las mejores entregas de este contar con las intrigas del de hace más de trece años. A veces avanzamos, pero otras nos quedamos estancados sin remedio. Además, necesitamos a Francine Gálvez de vuelta en la televisión. ¡Es urgente!

  • Granjero Busca Esposa: dejo para el último lugar el programa que para mí fue el más revelador de todos los de esta misma naturaleza que he visto. La maravillosa obra de Grundy Producciones (Sin Tetas No Hay Paraíso, Yo Soy Bea, Factor X) provocó un clic en mi cabeza: yo, que era seguidora acérrima de realities de corte “tradicional”, comenzaba a interesarme por otros productos que sobrepasaban los límites establecidos y se fusionaban con otros formatos. ¿Qué era aquello que me tenía enganchada, me hacía reír y esperaba con ansias a que llegara una nueva edición? Descubrimos el poder de Luján Arguelles para contar una historia cómica y nos maravillamos al comprobar cómo un casting de compatibilidad podía cambiar de forma radical en cualquier momento del programa. Lo que parecía un simple dating show rural provocó una fenómeno que, aunque no trasladable en las cifras (la última edición no superó el 8% de share), inspiró a todos los títulos que fueron aterrizando tras este. Este vídeo es tan solo una muestra de lo hilarante que puede resultar el casting de formatos como este. Pedro nos conquistó a todos por su falta de higiene dental y por su urgencia intestinal mientras pastoreaba ovejas.

#GHVIPEsBasura, QQCCMH y el rechazo hacia el reality

Tras la polémica suscitada en redes sociales, de la que surgió el hashtag #GHVIPEsBasura, me pregunté si el programa que hace caja en Telecinco gracias a haber congregado a las figuras más casposas de la televisión de sobremesa y del papel couché, es tan horrible como lo pintan en los medios de información televisiva que suelo consultar. Por nuestras pequeñas pantallas han pasado realities de todo tipo: de famosos y de anónimos, de jaulas de pladur y de islas desiertas, de territorios conocidos y de lugares por descubrir… Sin embargo, tan solo hemos podido disfrutar de un pequeñísimo porcentaje de todo lo que se produce y emite en las televisiones de todo el globo: tan malo y tan bueno como lo poco que creamos y que llega a nosotros. Por tanto, resulta complicado juzgar un formato tan amplio como el reality habiendo visto tan poco contenido.

¿#GHVIPEsBasura?

Con Gran Hermano VIP he sufrido una de las mayores decepciones de la temporada, a pesar de que no hayamos terminado ni el primer mes del año. Tras una decimoquinta edición más que floja de mi reality favorito (por ser el primero y por ser el germen de todos los que han nacido después de éste), quería convencerme a mí misma de que la entrega de los famosos vendría cargada no solo de la morralla que la cadena quiere meternos a toda costa en todos sus programas (la cual estaba dispuesta a aguantar, una vez más), sino que descubriríamos potencial de televisión más allá del espectáculo típico de “Telecirco”. Nada más lejos de la realidad, pues hemos tenido que conformarnos con la entrada triunfal de Coman (Adán y Eva), con los dramas de Víctor Sandoval y su continua regresión a los fantasmas de Miami, con los gritos de Belén Esteban y las peinetas hacia la ex concejala del PSOE Olvido Hormigos. Por supuesto, tampoco podía faltar la presencia de algunos tronistas y viceversos, grupo que más que relacionado con un programa de la televisión ya parece casi una tribu urbana. En total, una fauna digna de ser vista… ¿O preferís ahorraros la sorpresa/perturbación? Yo ya estoy algo saturada.

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Belén Esteban, o como la llaman en Twitter, #LaBrujaDelPueblo. Fuente: Telecinco.

A pesar de que pensemos o no que Gran Hermano VIP es una basura y que este youtuber estuvo más o menos acertado en su afirmación (lo que sí consiguió fue una publicidad gratuita inmensa, juzguen ustedes si fue más una táctica comercial que la espontaneidad del mismo o la necesidad de expresar lo que “sentía”), el mundo de los realities no acaba ni empieza en la edición de los famosos, ni siquiera comparte los pilares básicos del formato si lo comparamos con los docu-realities o los docurreporjates. Quizá #GHVIPEsBasura (sea, más bien) según el cristal con que se mire y cómo de en serio nos tomemos el programa, pero no podemos trasladarlo a todos los demás espacios en los que la “realidad” sea el elemento vertebrador.

Lo mágico del docu-reality: contar una historia a través de la “realidad”

La televisión es un medio que nunca deja de sorprenderme. Cuando pensé escribir sobre los realities decidí que no podía volver a repetir lo mismo de siempre: el guión-sin guión, la importancia del casting y la creación de las tramas. Conociendo estos conceptos, me gustaría adentrarme en lo que se aleja de lo formal y centrarme en aquello que llama la atención del espectador en su máxima potencia: la naturalidad del que “juega” y los acontecimientos que son tratados en los formatos. Es aquí donde entra en escena el docu-reality, un género nacido a partir del primitivo reality y que ha ido evolucionando debido a las necesidades del público y de la transformación de la televisión.

Dentro del amplio universo del docu-reality (si este es amplio, imaginaos la inmensidad de su formato padre, el del reality) distingo los siguientes subgéneros (según mi percepción, por supuesto):

  • La  factual television: basada, literalmente, en hechos reales. Aquella que muestra eventos reales de gente real. Dentro de este grupo encontramos programas como el mítico Cops, One Born Every Minute Embarrasing Bodies. En España, podemos encuadrar dentro de esta clasificación a Policías en Acción y a U-24 Urgencias.
  • La de situaciones provocadas: en los que encontramos los formatos que, tras una documentación previa, se desencadena de forma intencionada un conflicto o un reto. Bajo esta subcategoría encontramos los programas como I Used to Be Fat, Perdidos en la Tribu, Adán y Eva, el mítico Confianza Ciega o el polémico El Método Osmín.
  • El híbrido del docu-reportaje con el reality: aquellos programas en los que se muestra una realidad de la mano de un “actor” que participa de los acontecimientos y, por tanto, los narra a la vez que los documenta para la audiencia. Dentro de esta definición encontramos espacios como Wild Frank, 21 Días o el recién estrenado En Tierra Hostil.
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Frank Cuesta narra y documenta su realidad para mostrársela a la audiencia de una forma jamás vista. Fuente: Formula TV.

El término reality lleva implícito el concepto de realidad, en este caso, de telerealidad. Según la RAE, la realidad se refiere tanto a la “existencia real y efectiva de algo”, a la “verdad, lo que ocurre verdaderamente” como a “lo que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio“. Esta última explicación me llama la atención de forma especial, ya que resulta complicado poner en la balanza qué es lo verdaderamente efectivo o práctico, sobre todo si lo medimos con los ojos de la televisión o del espectáculo. ¿Qué es efectivo en la pequeña pantalla (en general) y en el mundo del reality (en particular)? Bajo mi percepción, tanto las buenas historias como los golpes de efecto, es decir, que la audiencia se “enganche” y que no decaigan sus picos de sorpresa y empatía. Esto es tan complicado como diseñar la serie o la película perfecta, ya que hay que calcular el guión al milímetro. Sin embargo, en la actualidad estamos experimentando un gran crecimiento del género y cada temporada encontramos un producto que nos conquista. A mí, pese a que se trate de un formato con años de recorrido, me fascina Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo y todo el universo creado alrededor de esta maravilla.

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La maravillosa Mª Carmen, ante la avergonzada mirada de su hijo, Fran.

La factoría de Eyeworks Cuatro Cabezas supo dar con la tecla cuando en 2012 creyó que QQCCMH encajaba en la parrilla nacional, cuando revolucionó el concepto de ver la televisión convirtiéndolo en un fenómeno social y cuando pusieron todo su empeño en los métodos: en un casting espectacular para cada ocasión, en una edición de los vídeos que sorprende hasta al espectador más espabilado y con una dirección y unos guionistas que merecen todos los honores. ¿El truco? Contar un cuento de elementos sencillos, enredándolos y con un toque de humor absurdo. De nuevo, la realidad es el elemento crucial en esta historia porque, aunque nos estén enseñando un “teatrillo” conformado por figurantes desempeñando distintos roles; no dejan de ser ciertas todas las jugadas que visualizamos en este formato: los engaños, los juegos, los secretos y los momentos mas vergonzosos. Simplemente, magnífico.

IMAGEN: Cuatro (promocional).

¿Cómo se escribe un reality? Tramas y perfiles en Gran Hermano

Aquellos que digan que un reality no tiene trabajo de guion porque, aunque sea cierto que los concursantes no actúan bajo las directrices de un texto memorizado, están muy equivocados. Sin embargo, no significa que el programa no siga con unas directrices de tramas y estructuras básicas. Gran Hermano funciona al revés que casi todos los demás espacios que vemos en televisión (desde formatos de géneros distintos como los magacines o, incluso los informativos; hasta las series): el guión no lo “elaboran” los guionistas, sino que son los propios participantes quienes marcan las pautas que se seguirán a lo largo de todo el concurso.

Dónde comienzan las tramas

La convivencia es el escenario ideal para desencadenar historias: las filias, las fobias, los romances y la lucha de egos son los “conflictos” más recurrentes en los realities. De hecho, existen formatos específicos que enfocan sus energías en crear historias derivadas de una de estas variantes (por ejemplo, Un Príncipe Para... se centra en la aventura del romance y la atracción física, por ejemplo). Los acontecimientos de la vida diaria se convierten en tramas susceptibles de ser desarrolladas, siempre y cuando se den las circunstancias idóneas para ello (que los participantes estén receptivos, que el ambiente del reality sea tenso o distendido, etc). Sin embargo, no podemos olvidar que el escenario donde se ejecutan las tramas no es el mundo real aunque las experiencias vividas sean reales. Aquí es donde entra en juego la estrategia, que gracias al paso del tiempo, a la evolución de los formatos y al conocimiento que los “actores” del reality poseen del propio concurso, se ha convertido en otro punto tramático fuerte. Si no, que se lo digan a Pepe Herrero. No sé si ganó su edición de Gran Hermano por jugar con una buena estrategia o por mantener enganchada a la audiencia a esa misma estrategia… ¡Pero ganó!

No podemos olvidarnos de las tan mencionadas historias de “carpeta”. Para quien todavía no esté a la última en cuanto a términos de Gran Hermano se refiere, carpeteras son aquellas (y aquellos) que defienden a capa y espada a las parejas que se crean a partir de estas tramas. Estos grupos de apoyo poseen un poder inmenso dentro del concurso porque son los que se gastan el dinero en y proteger a sus protegidos y, por tanto, están muy protegidas por el propio reality. Es por ello que, cuando existe el mínimo indicio de “amor carpeteril”, se mueven todos los hilos posibles para que la historia salga a flote. No quiero decir que el programa manipule las situaciones, jamás me atrevería a decir que Gran Hermano está guionizado, en el mal sentido de la palabra, puesto que ya nos ha demostrado de sobra que los concursantes pueden actuar de la manera más espontanea posible en el momento más inoportuno. Que se lo digan a Indhira, protagonista de una de las historias de carpeta más intensas de toda la historia del reality, la cual fue expulsada por un comportamiento violento. Pasen y vean una de las mayores broncas de Gran Hermano, con vaso de agua incluido.

Personajes: perfiles y roles

Como en todas las historias narradas y necesarias de un trabajo de guion, los personajes son una parte fundamental del total. Sin ellos, los realities no tendrían sentido. No quiero decir que sea imposible hacer un reality sin participantes, sino que el estudio de la personalidad de los participantes y un buen casting son elementos imprescindibles en una edición cañera de Gran Hermano, donde se consigue marcar la diferencia con respecto a años anteriores. Gilda Santana explica de forma magistral en su libro Diez años en Gran Hermano: Diario de una guionista cómo se configuran los personajes y se encuadran en perfiles, los cuales evolucionan con el paso de los días en la casa de Guadalix de la Sierra. Si cuando creamos personajes para un texto de ficción debemos calcular cómo se desenvolverán los personajes, en el reality también debemos estudiarlo para estar prevenidos. Si en una casa conviven dos líderes y diez débiles, seguro que habrá una lucha de egos; si, por lo contrario, hay cinco líderes y siete débiles, se crearán grupos de presión.

  • Victimas: si Paco, el primer expulsado de la 15ª edición de Gran Hermano, afirmaba que el concurso solo lo ganaban “los humildes” (teoría discutible cuanto menos), opino que este perfil es el que se lleva el premio gordo del reality o, si no, se queda cerca de conseguirlo. La víctima es aquel que ha sufrido, por desamor o por el rechazo de sus compañeros, y que empatiza con la audiencia por esto mismo. A Sabrina (GH2), Iván Madrazo (GH10), Laura Campos (GH12), Patricia Ledesma (GH3), Ania (GH1) e incluso Pepe Herrero (GH7) podemos encuadrarlos dentro de este perfil.
  • Débiles: para mí, débil no significa víctima. El débil es aquel que no puede considerarse fuerte o por su manera de actuar (son demasiado impulsivos, radicales de pensamiento, celosos, etc). Entre ellos encontramos a Nicky y a Bea “la legionaria” (GH6), a Shaima (GH15) y a Carlos Navarro “el yoyas” (GH2).
  • Líderes: a diferencia de los dos anteriores, el líder es aquel que “mueve los hilos” para que el grupo que tiene a su alrededor le guarde lealtad. Son personas frías (siempre hasta cierto punto), que no arriesgan demasiado y con el juego siempre en su cabeza. Pepe Flores (GH12+1) representa a la perfección el rol de líder. Sin embargo, Pepe Herrero (GH7) también cumple con este perfil, aunque también sea víctima (solo tenía un amigo dentro de la casa, su fiel compañero Dayron).
  • Graciosos, bufones, payasos: la tensión de la casa debe aligerarse de alguna manera. Los simpáticos por naturaleza también tienen su hueco en Gran Hermano y sirven para descargar los malos rollos de las ediciones más intensas.De una forma maravillosa, así lo hizo Daniel Santos (GH12+1) junto con Ariadna (en su rol de víctima), quienes protagonizaron momentos de carcajada y lágrima (Mercedes Milá llegó a caerse al suelo del plató de la risa en una ocasión).
  • Muebles: es imposible diseñar la edición perfecta y es inevitable que se cuele algún “mueble” en la casa de Gran Hermano. Por suerte, suelen ser expulsados por la audiencia en cuanto no se les ve el pelo. Somos así de malos, qué le vamos a hacer.

Leo a Saramago y veo Gran Hermano. ¿Y qué?

Si la televisión es el medio de comunicación más criticado por sus contenidos supuestamente banales, de bajo interés cultural o escasa formación (conceptos erróneos), el reality es el género que más rechaza la sociedad de cara a la galería. Sin embargo, las audiencias demuestran todo lo contrario: a la gente le gusta verlo, comentarlo en redes sociales y, en definitiva, disfrutar de todo lo bueno que aporta. Que sí, que lo hace. Por supuesto.

Soy y seré una defensora a ultranza del reality

Mi andadura comenzó cuando a los 8 años, de chiripa, vi la expulsión de Mª José Galera (GH1). Me he tragado todas y cada una de las ediciones de Gran Hermano, casi todas las de Operación Triunfo, varios Supervivientes (aunque a trompicones, vi la primera edición de “anónimos” y he visto por encima todas las de los famosos), La Casa de tu Vida, Perdidos en la Tribu, Granjero Busca Esposa (programa olvidado que merece un post… Y lo tendrá), Mujeres Ricas, Alaska y Mario, Curso del 63, Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo y algún que otro programa extranjero como Jersey Shore y el spin off de Snooki & Jwoww, Supersize VS Superskinny One Born Every Minute o Embarrassing Bodies entre otros. Se me escapan los títulos de los programas que no he seguido de forma habitual, aunque cada vez que encuentro un reality en la televisión me paro, al menos, a ver de qué se trata. Ahora estoy descubriendo los realities surcoreanos… Vamos, que soy una auténtica friki.

Una auténtica friki, pero ninguna friki

Todo el mundo tiene aficiones, más o menos dispares (yo lo comparo con el fútbol, ya que jamás conseguiré entender cómo puede atraer a las masas de la forma en que lo hace, pero lo respeto como lo que más). En ocasiones se me ha juzgado por ver y disfrutar de los realities, por vivirlos de manera apasionada. Siempre defiendo que, a diferencia de la imagen que posee la gente de que el reality es un contenido vacío, está lleno de factores culturales y de formación de pensamiento crítico. Además, el televidente empatiza con los concursantes y experimenta un sentimiento de identificación comparable con el que se produce con el cine o las series de televisión dramáticas. Por supuesto que el reality cuenta con elementos despreciables y que muchos de los titulos que podemos ver en la programación actual merecen morir pero, ¿acaso no hay canciones malas siendo la música una cosa maravillosa? No me gusta generalizar.

No hay guilty pleassures

No me siento culpable de ver ‘Gran Hermano’. Tampoco me siento culpable de disfrutar con mis demás aficiones, ¿por qué iba a hacerlo? Me gusta el deporte, el cine, la música y la lectura. Veo Gran Hermano y leo a Saramago, ¿y qué? Para gustos, colores. Habrá quien no soporte la novela realista del siglo XIX y no por ello sea menos culto que quien se emocione con un gol de su equipo o se pase días enteros haciendo cola para ver a su banda favorita en un concierto. Hace tiempo que pienso que los llamados guilty pleassures (aquellos placeres que hacen sentirnos culpables por disfrutarlos. Desde comerte un donut de chocolate en medio de una dieta hasta vivir apasionadamente el desenlace de una telenovela) no existen en realidad, sino que mucha gente prefiere que sigamos mintiendo al afirmar que vemos los documentales de La 2 (que si ya no los veía nadie hace diez años, cuando se escuchaba esta rancia expresión, ahora menos) a que seamos sinceros y declaremos que no solo vimos la primera edición del programa de “la vida en directo”, sino que nos hemos tragado muchas más. Yo, todas.

¿Y por qué nos da tanta vergüenza decir que hemos visto Aquí Hay Tomate (que cuando comenzó era un programa buenísimo, que no dejó títere con cabeza del caso Malaya), que todos conocemos las imágenes de Yola Berrocal gritando poseída ante un monitor en Hotel Glam y que, seguro, TODOS conocemos cómo se llamaba el primer ganador de Gran Hermano y, si me tiras, la segunda? Porque el reality en España está encasillado como un formato usado por la televisión más chabacana, aquella que tiende a la incultura de la audiencia para entretener con el humor más burdo… Quizá el reality en España no tenga el rodaje del que puede presumir el género en el extranjero, donde se utiliza para fines educativos y de explicación de fenómenos sociológicos. ¿A que esto no suena tan mal? La BBC produce esta cantidad ingente de realities… ¿Os sigue dando corte decir que veis Gran Hermano?

¿…Todavía no sabéis quién es?

 

Calentando motores

A mediados de septiembre comienza, como me gusta llamarlo, el reality por excelencia, del que llevo hablando meses antes de que se conociera fecha de estreno de la nueva edición. Y aunque mis compañeros de Perdidos en la Tele están preparando un espacio maravilloso para que, los frikis como yo, escribamos (charlemos, critiquemos, despotriquemos) sobre esta maravilla que es Gran Hermano; os seguiré dando la chapa con los aspectos más técnicos y enrevesados del programa por esta vía. ¿Quién se apunta a ver la 15ª edición de mi reality favorito?

IMAGEN: Gran Hermano

Sobre el casting de GH15: Casos prácticos de fracaso

Esta tarde se ha hecho público que mañana, jueves 15 de mayo, comienzan los castings para la decimoquinta edición del gigante de los realities que tanto suelo mencionar en este blog: Gran Hermano.

¿Cómo se os queda el cuerpo? La novedad de esta entrega, como bien explica Mercedes Milá en la promo, es que los concursantes no participarán solos en el reality como estábamos acostumbrados a verlos. Esta vez, aunque no sabemos cómo, los grandes hermanos concursarán acompañados por su familia o amigos. En las redes sociales las reacciones no han tardado en aparecer y la percepción general es negativa.

 

Y esta es solo una pequeña muestra. La verdad, la idea de concursar en pareja no convence a los más fieles del reality por excelencia y dudo mucho que atraiga al público que lleva tiempo despegado de Gran Hermano por su decadencia. Pero, que no nos engañen, porque este movimiento no es una novedad en el formato: muchos de los participantes han contado con el apoyo de un compañero dentro de la casa.

La presencia de un familiar en Guadalix de la Sierra ha solido revolucionar al resto de los concursantes, sobre todo cuando éste entraba sin que nadie se diera cuenta. Los juegos de engaños, habituales en Gran Hermano, son recordados por los fans del programa y han dejado verdaderos momentos de carcajada explosiva. Conchi (“Conzi”) y Pamela y, en la última edición, Gonzalo y Carlos, dieron muchísimo juego en el reality.

¿Por qué los gemelos dan tanto juego? Por el despiste, el desquicie, la incertidumbre que provocan en los demás concursantes de la casa. Sin embargo, si los familiares entran juntos y los participantes saben qué relación tienen, ¿en qué queda el conflicto? En absolutamente nada. También hemos vivido momentos madre/hija. ¿Qué no se ha hecho ya en Gran Hermano? Me parece que muy poco.

Saray y Pilarita, gallegas y a cada cual más insoportable, protagonizaron momentos que quedarán en la memoria del reality. La madre, jugando un papelón de madre moderna y colega de su hija, levantó los odios más voraces del público y la hija, que para colmo acabó liada con su  mayor enemigo y ahogando sus penas en cucharadas de mayonesa a altas horas de la madrugada, tampoco se quedaba atrás. Pero jamás olvidaré a una madre/hija que, a pesar de que Gran Hermano estuviera investigando nuevas líneas de creación del programa, marcó un punto de inflexión. Esta vez la madre no concursaba, pero como si lo hiciera. ¿Recordáis a Patricia Ledesma y a la omnipresente Encarni? Por desgracia, hay muy poco archivo de aquella época (hace ya 12 años de su emisión) pero podéis ver aquí la primera gala y la última.

Patricia Ledesma, concursante de GH3 y segunda finalista.

Encarni Manfredi, madre de Patricia Ledesma, haciendo todo lo posible por matar a Marta López (GH2) con el poder de su mirada.

Quien entra en Gran Hermano no viene de nuevas: suelen participar verdaderos expertos en la materia, que han visto el reality desde la primera edición y que, incluso, se han presentado varias veces a los castings y saben cómo funciona el proceso. Algunos juegan un papel que les dura tan solo unas semanas (por mucho que digan los comentaristas, colaboradores de magazines donde se trata en programa y demás expertos, es imposible interpretar un papel en una casa aislada durante más de tres meses. A no ser que seas un neúrotico y te lo creas, pero eso ya son otros temas) y otros juegan bien sus cartas. Creo que el juego de los familiares o amigos no funcionaría a estas alturas, más que nada, porque los concursantes están ya muy resabiados. Sin embargo, confío en la factoría de Gran Hermano y en el poder que tienen de sorprender año tras año (aunque cada vez les cueste más trabajo).

Los realities donde los participantes juegan por parejas no suelen tener demasiada relevancia en la historia de la televisión. Salvo los concursos de superación tipo Pekín Express, los intentos que ha hecho Mediaset por cambiar las reglas del juego han sido fallidos. La Casa De Tu Vida, un programa donde las parejas debían luchar por su permanencia en la casa a la vez que la construían, es el perfecto ejemplo de este concepto. A los que os espantáis cuando escucháis hablar de Gran Hermano, ved el vídeo. Eso sí que era la jungla.

El reality obtuvo buenos resultados en la primera edición y creó personajes celebres que rodaron durante algún tiempo por los distintos platós de Telecinco. La tercera edición tan solo duró dos semanas. ¿Ocurrirá lo mismo con la edición número 15 de Gran Hermano? A los que somos fans desde hace tantos años nos daría muchísima pena pero, la verdad, el formato necesita muchos cambios para seguir siendo el fenómeno que era a comienzos del 2000. ¿Tiene fecha de caducidad el reality por excelencia de la televisión española? Por favor… ¡Que no sea así!

La reinvención del reality: el género televisivo por excelencia

Sala de control de realización de Gran Hermano España. Fuente: Fórmula TV.

Desde la llegada del fenómeno Big Brother de la mano de Telecinco en el año 2000 el reality ha estado siempre presente en la parrilla televisiva. Gran Hermano marcó un antes y un después a la hora de entender la manera de ver la televisión. Podemos decir que, aunque la era de la hipertelevisión quedara algo alejada, el medio comenzaba su transformación hacia el visionado social y la participación de las audiencias en la elección de los contenidos.

Pero en 14 años ha dado tiempo a que el público modifique sus hábitos de consumo y preferencias a la hora de ver la televisión. Lo más probable es que si viéramos la primera gala de la primera edición de Gran Hermano (a no ser que fuérais tan frikis como yo, que sí la disfruto), nos aburriéramos sobremanera. Si el formato se ha mantenido estable durante tantas temporadas casi ininterrumpidas y ha propiciado la creación de otros realities, ¿qué ha cambiado en el modelo para que continuemos enganchados a ellos?

La diversidad, esencial para combatir el hastío

Perdidos en la Tribu es uno de los docurealities más representativos del panorama.

La oferta de programas de este tipo que encontramos cada día en la parrilla es abrumadora. Ya no solo tenemos el más puro formato de telerrealidad, sino que sus derivamos más dinámicos ocupan una gran parte de la franja diaria en la parrilla. Estos son el docureality y el docudrama. Títulos como Pesadilla en la Cocina, Novias de Beverly Hills o Perdidos en la Tribu tan solo son una muestra de lo que se emite a diario y en reposición continua en las cadenas secundarias de la TDT.

La explicación de este fenómeno es sencilla: primero, la reposición es muy barata y, segundo, la gente lo sigue viendo porque el formato engancha. A pesar de que los contenidos novedosos son muy frecuentes y los grandes realities ocupan el prime time en todos los casos, no solo éstos beben de la caja no tan tonta, sino que la oferta en inmensa, compleja de contabilizar y de etiquetar.

Reality vs Tradición: la evolución del formato

Hablar de Jersey Shore y el esperpento como concepto base del reality actual nos daría para rellenar otro post entero.

Ni de Gran Hermano interesa el estudio sociológico ni de Supervivientes interesa la supervivencia, valga la redundancia. Si un espectador de mediados de los 90 viajara en el tiempo y aterrizara en la actualidad quedaría completamente descolocado ante la nueva televisión que ven sus ojos. Sería incapaz de entender lo que ocurre al otro lado de la pantalla. Pero, al igual que el lenguaje cinematográfico ha evolucionado con el paso de los años, la telerrealidad ha ampliado sus horizontes hacia universos que jamás hubiéramos creído posibles. Títulos como Jersey Shore (y sus variantes británica y española), My Strange Addiction o Toddlers And Tiaras superan cualquier barrera ética o moral establecida en la mente del espectador. Ver hasta dónde podemos llegar es lo que más nos gusta, por extraño que parezca.

Sin embargo, no podemos olvidar que la televisión es un carísimo teatrillo que pretende que nos creamos todo lo que vemos en ella. Aunque la RAE todavía no recoja la definición del término reality, hemos asumido (por error) que todo lo que está denominado así debe ser real en su totalidad. Esto es, que el programa no debe organizarse por un guión y que las actuaciones de los personajes deben ser espontáneas y no estar sujetas a compromisos de ningún tipo. Sin embargo, el éxito de este formato en plena evolución reside en la creatividad y la técnica de los equipos de guión, la labor de casting previa al reality, la realización y la postproducción. Un perfecto ejemplo de ello es el recién estrenado Un Príncipe Para Laura que, a pesar de ser ésta su segunda edición, no ha dejado a nadie indiferente.

Nuestro toque personal

Gracias al éxito de los formatos extranjeros adaptados a las necesidades del público nacional, no hemos dejado de explorar y disfrutar de nuevos programas, por chocantes que pudieran parecernos en un principio. ¿Quién pudiera imaginar hace diez años que nos acabaríamos aficionando a programas de episodios cortos como Pesadilla en la Cocina y que, incluso llegaríamos hasta a crear nuestro propio monstruo de los fogones?

El Jefe Infiltrado, nuevo programa adaptado de La Sexta de la versión original norteamericana.

El último formato que hemos adaptado ha sido el de El Jefe, programa que llevaba emitiéndose en Xplora desde comienzos de 2013 y que llamó la atención de los aficionados a los realities fuera de lo común. Un alto cargo de una empresa se infiltra entre los empleados de la misma para conocer qué puede mejorarse y qué problemas tiene el sistema que maneja. Jose Díaz, activo twittero y crítico de televisión, considera que el espacio puede convertirse en “el heredero de Pesadilla en la Cocina” al guardar semejanzas en los mecanismos de desarrollo. Sin embargo, a El Jefe Infiltrado le falta algo esencial para que nos quedemos pegados a la televisión: el carisma de un personaje que se convierta en ídolo de masas.

Nos encanta ver caras conocidas en los realities y, sobre todo, reciclar los participantes. Los concursantes de Gran Hermano han sido (y siguen siéndolo, aunque tras 14 ediciones los habitantes de la casa no sean tan archiconocidos como lo fueron en las tres primeras temporadas) muy recurrentes en otros formatos similares como Supervivientes, Mujeres y Hombres y Viceversa y demás programas de la misma casa. Esto sucede porque al conocer cómo son y cómo se comportaron en el reality de origen, sabemos qué rol van a jugar en el reality futuro y nos da satisfacción saber de antemano qué ocurrirá. Por ello tendemos a casposear las plantillas y los programas están llenos de personajes estereotipados: la guapa tonta, el macho alfa, el freak, la superwoman y el chivo expiatorio. De nuevo, y a pesar de lo que digan algunos ideólogos de estos formatos, el guión está tan presente que se crean las mismas estructuras de narración que en cualquier otra historia.

Mis descubrimientos de la temporada

Linds, pensando quién sabe qué.

El reality no deja de expandirse por los demás formatos de la televisión. En el caso de Lindsay, donde se narra la vida de la celebritie Lindsay Lohan después de su rehabilitación de la mano y producción de Oprah Winfrey, transpasa los límites del docureality y se convierte en algo más. Con una compleja definición, cada capítulo aporta un dramatismo muy bien creado sobre todo lo que le pasa a esta chica. Aunque no consigo dar con los subtítulos y me cuesta descifrar según qué cosas, empatizo con ella a pesar de sus excentricidades, cosa que me parece tremendamente difícil.

También quería destacar un reality de la fábrica de Endemol que me llamó la atención desde la primera vez que escuché hablar de él. Su nombre, Utopia, puede suscitar miles de pensamientos si no hemos visto la promo. Cuando la visioné, me pregunté si este formato podría ser adaptado a la española y le trasladé mi inquietud a Baldomero Toscano, director de producción de programas de Mediaset, en una charla que dio en clase. Él me contestó con risas que, a no ser que llenáramos un descampado con ex tronistas y demás personalidades asiduas a los platós de Telecinco, resultaría muy complicado.

La verdad, sería interesante volver a los orígenes del reality, donde no existía la retroalimentación entre programas y los “actores” eran desconocidos. La incertidumbre, la sorpresa y la emoción eran sentimientos únicos que ahora, por muy trabajado que esté, son complicados de conseguir de forma natural.

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