Vivir de la Tele

Creación, guión y mucha tele

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Etiqueta: Telecinco

No nos quedan razones para creer en Gran Hermano

Hacía mucho que no me mojaba en este sentido, pero los últimos acontecimientos ocurridos en la casa de Gran Hermano me traen de cabeza: las tramas, que comenzaron siendo previsibles y bastante templadas, han derivado en historias que se me escapan, pues no comprendo cómo el programa puede recompensar ciertas actitudes y penalizar otras que percibo mucho más correctas que las primeras. Me sorprende la hipocresía de los de arriba y las tragaderas de los de abajo, la hipersusceptibilidad en según qué temas y la dejadez en otros. Y aunque algunos concursantes se hayan ganado mi admiración, sigo sin entender por qué, tras diecisiete ediciones de este reality, vuelva a resultar vencedor un perfil similar al del año pasado. Y del anterior. Aunque me repito más que los ajos, creo que lo que sí comprendo es por qué la organización está tan empeñada en que siempre gane la misma persona: pensarán (o querrán pensar) que somos tontos y que los perfiles más complejos se escapan de nuestro entendimiento. Yo, al menos, me siento así. No tonta, sino defraudada.

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25 años de televisión (II)

Si todavía no has leído la primera parte de esta serie, puedes hacerlo aquí. Siendo una niña descubrí el poder que la televisión ejercía sobre mí en el buen sentido: me divertía, he emocionaba y me sorprendía. Con algunos años más, descubrí que la pequeña pantalla era mucho más que un simple entretenimiento: quería que formara parte de mi vida y haría todo lo posible porque así fuera (por algo este blog se llama Vivir de la Tele). Si ya hemos repasado del 1991 al 2008, todavía quedan unos añitos por analizar y recordar aquellos programas que más influencia causaron en mi yo adolescente hasta la actualidad.

Universidad y televisión: el descubrimiento de mi verdadera pasión

2009: Uno de los títulos que más significó para mi posterior formación e interés televisivo fue Granjero Busca Esposa. Aunque llevaba ya muchos años siguiendo distintos realities de todo tipo, este significó la semilla de lo que en el futuro se consideraría tróspido, aunque todavía no nos sonara de nada este término.

En el noveno año de la era 2000 también conocí a Samanta Villar gracias a su 21 días, cuya primera temporada fue toda una revelación de intenciones y me sirvió para reafirmarme en mi decisión de estudiar Periodismo porque contar historias así tendría que ser maravilloso. Aunque en los años siguientes el tono de los reportajes se suavizó muchísimo, en su entrega debut en Cuatro nos trajo relatos aterradores de la realidad que la gente vive, aunque lejos de nosotros.

Durante mi primer año de universidad no consumí mucha tele, si lo comparamos con los que estaban por venir, pero descubrí títulos que no me dejaron indiferente (para bien y para mal), como Curso del 63, De Buena Ley, Hermano Mayor y La Caja. Por supuesto, 2009 también fue el año de Sálvame, formato del que renegué en un principio (como todos) pero al que me enganché inevitablemente tiempo después… Aunque para eso todavía quedan alguno años.

2010: Podemos considerar al décimo año de la era 2000 como el año del absurdo, pues gran parte de los títulos que surgen en este momento orbitan alrededor de este exitoso concepto. El desfile de realities inexplicables es llamativo: Las Joyas de la Corona, con Carmen Lomana al frente, presentó a una serie de jóvenes faltos de educación que serían “rehabilitados” en una escuela de modales.

En 2010 también nace en Telecinco Más Allá de la Vida, el polémico programa presentado por Jordi González y comunicado con el otro mundo gracias a las labores de Anne Germain. Sin embargo, el chiringuito duró un suspiro: la británica se vio obligada a abandonar la cadena al descubrirse los informes que se zampaba antes de realizar sus particulares entrevistas. Aunque había quienes ya le habían calado…

Aunque la estrella del absurdo fue Florentino Fernández con el aterrizaje en Cuatro de Tonterías Las Justas. Junto a Dani Martínez y Anna Simon, quienes comenzaron una subida frenética en la pequeña pantalla, llenaron las sobremesas de risas entre repasos a la actualidad y, literalmente, mamporrazos.

El Reencuentro llegó cuando Gran Hermano se enfrentaba a una “crisis” de edad tras 11 ediciones. Aunque los fieles seguidores nos mantuviéramos al pie del cañón (tal y como permanecemos ahora), es cierto que el mítico reality necesitaba de algunos elementos sorprendentes, a la vez que nostálgicos, que volvieran a conquistar al público que en algún momento de su vida se paró a ver mi programa favorito. En esta edición especial se reencontraron Ainhoa Pareja con Nicola (GH5), Nicky con Cristal y Bea “la legionaria (GH6), Jorge Berrocal con Mª José Galera y Silvia (GH1), Ana Toro con Almudena “Chiqui”, Gema Zafra y Orlando (GH11), Raquel López con Pepe (GH7), Noemí Ungría con Raquel Morillas (GH3), Amor Romeira, Andallá, Melania y Piero (GH9), Inma Contreras con Bea “la marquesa” (GH7), Nacho con Desirée (GH4) y, por supuesto, Arturo e Indhira (GH11). Aunque muchos participantes abandonaron de forma voluntaria y a algunos tuvo que aplicárseles la expulsión disciplinaria, El Reencuentro fue una edición inolvidable por los recuerdos que trajo y los conflictos que desencadenó. También es verdad que para mí resultó un debate de sentimientos: me enamoré de concursantes que había odiado y le cogí manías a algunos que fueron mis favoritos en sus respectivas entregas.

2011: he de admitir que, a día de hoy, no he visto El Barco. Pese a la fiebre que surgió con el estreno de esta serie y a cantidad de referencias que he leído sobre a ficción (no por buena, sino por absurda), no me paré a ver ni siquiera un capítulo. Pero había tantísima gente enganchada que, para qué engañarme, sí que fue un acontecimiento reseñable para este año de televisión.

Aunque en 2009 no vi Perdidos en la Tribu, asistí al estreno de Perdidos en la Ciudad en 2011 y descubrí un magnífico reality basado en la hermandad y en el intercambio de culturas. Las familias españolas que habían viajado años atrás para convivir con tribus de lugares recónditos del mundo acogían ahora a quienes habían sido sus compañeros. Para la sorpresa de los extranjeros y para la nuestra, comprobamos cómo alucinan con elementos que para nosotros son parte de la vida diaria.

Sin duda, 2011 venía cargadito de televisión y descubrimientos de los que otros públicos acabaron disfrutando. Tu Cara Me Suena, formato creado en España y vendido a más de 37 países llegaba en este año para satisfacer a la audiencia gracias al desparpajo de un buen casting y al talento innato de las estrellas. Aunque disfruto con los cantantes que realizan actuaciones de infarto, creo que me gustan más aun los participantes que llegan sin esperar nada y sorprenden… Para bien o para mal.

2012: Mi interés por la televisión, desde un punto de vista más técnico que lúdico, comienza a ser más evidente mientras curso segundo y tercero de carrera. Es aquí cuando comienzo a escribir sobre esta temática en un medio online, pero todavía me sentía bastante insegura porque no sabía ni por dónde empezar: el universo catódico cada vez me resutaba más grande y era imposible elegir tan solo un tema sobre el que publicar. Me gustaba todo: las series extranjeras que descubría poco a poco, las españolas que cada vez me parecían más interesantes y los programas que comenzaba a ver desde otro punto de vista, no solo desde el del simple entretenimiento. En este momento se hunde La Noria, programa de actualidad política y corazón presentado por Jordi González,  debido a la retirada de sus anunciantes tras la polémica entrevista a la madre de “El Cuco”.

Este año también tuvimos nuestra ración de talents correspondiente: con la llegada del formato de The Voice a España descubrimos una forma nueva de emocionarnos con un concurso y, sobre todo, nos ponemos en la piel del jurado encargado de elegir al equipo que luchará en el programa.

Pero si algo distingue al 2012 de otro año televisivo es la explosión de lo tróspido, que llevaba un tiempo germinándose y ahora parecía estar listo para presentarse al público. Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo llegaba de la mano de Luján Argüelles a Cuatro, con un casting repleto de personajes, una realización magistral y un argumento maravilloso… Una pena que en la red no queden vídeos de la primera edición.

También descubrimos a Alberto Chicote, el televisivo chef que se puso al frente del Pesadilla En La Cocina a la española. Este programa significa el comienzo de la obsesión culinaria que todavía sigue trayendo cola en la programación: todo lo relacionado con la comida nos encanta, y todavía más si viene acompañado de tensión, broncas, competición y evolución. Ver a Chicote salvar los negocios arruinados, insalubres y nada apetecibles resulta una de las experiencias más satisfactorias de la tele.

Si no tuviéramos bastante con los tronistas de Mujeres y Hombres y Viceversa, a quienes no hice referencia en 2008 porque no fueron relevantes en mi descubrimiento, los chicos de Gandía Shore sí que revolucionaron mi forma de comprender los realities. Es cierto que había visto algo de Jersey Shore (incluso de los spin offs de Pauly y, más tarde, de Snookie & Jwoww, de quienes me considero una fan total), pero descubrir las burradas dichas y hechas en el contexto español daba muchísimo más juego que ver como se llevaban detenida a Nicole por ir borracha por la playa. ¡Donde iba a parar!

2013: Mientras Canal Nou se iba al negro tras el anuncio del cese de sus emisiones, este año nos trajo nuevos descubrimientos catódicos en la línea de lo anterior, aunque cada vez con más intensidad: lo que sirvió de ensayo en el pasado ahora pasaba a la programación y se convertía en un producto de disfrute habitual. El caso de Un Príncipe Para Corina triunfó en audiencias y en las redes sociales, las cuales se transformaban en un hervidero en las noches de emisión del título. Y no era para menos: con semejante casting y semejantes perlitas, cualquier espectador se echaría una carcajada de categoría viendo algún capítulo.

En el verano de este año comenzó mi descubrimiento de un formato que rechacé durante mucho tiempo. Kiko Hernández inició una cuenta atrás de cien días que me llenó de intrigas: quería saber por qué debíamos esperar tanto para conocer una exclusiva, cuando creía que estas siempre se lanzaban en el momento que eran contrastadas. La cuestión es que, por culpa de este gancho, me tragué Sálvame Diario durante todo el verano (no fuera a ser que a alguien se le escapara algo de este tema) y me enteré de todas las tramas que giraban alrededor de los colaboradores, así como de qué rol jugaba cada uno de ellos. Me sorprendí al descubrir cómo utilizaban el guión para crear un relato de lo más atractivo para el espectador, así como de el uso tan fantástico del material gráfico.


Antes de que terminara esta cuenta atrás (tan solo unas horas), Isabel Pantoja lanzaba un comunicado oficial en el que confesaba que su hija, hasta esa madrugada menor de edad, estaba embarazada. Con esta noticia (y el reventón de la exclusiva de Hernández), Sálvame se convertía en una junga de contenidos y declaraciones. Yo, que todavía no había comenzado el máster pero ya me había mudado (es decir, que no tenía nada mejor que hacer con mi vida salvo ver la tele, o no quería hacer otra cosa), me tragué todas las reacciones surgidas de este acontecimiento tan revolucionario. Además, también me nutrí de otras tramas igual o más jugosas que la de la tonadillera. De nuevo, descubrí la casi mágica capacidad de este programa para entretener a su público, algo cada vez más complicado en el mundo de sobreinformación en el que vivimos. Os enseño las historias que más me han divertido:



Otro formato hilarante que nacía este año era Cazamariposas. Nutrido de la misma prensa que Sálvame, este programa enfoca las historias de una forma distinta: mucho más rápida y jocosa, sin tomarse los contenidos tan en serio como los colaboradores del programa de sobremesa en Telecinco. Su inevitable similitud con el Tomate por cómo eligen los contenidos, cómo montan los vídeos (y los locutan, por supuesto), cómo crean tendencia y por cómo hacen cómplice de sus “trastadas” al público.



El triunfo de los fogones en la programación se reafirma con la llegada de Masterchef. Seguí la primera edición con fervor, aunque me he bajado del carro en los últimos años debido a la pérdida de norte del talent: si este concurso versa sobre el talento con la cocina y el aprendizaje, ¿por qué se crean tensiones, enemistades y competencias forzadas en el guión, cuando eso no es lo que realmente nos interesa? Por lo menos, a mí. Estoy bastante decepcionada con este tipo de programas, pues considero que todavía nos queda mucho por descubrir y que nos lo vamos a perder por querer tener el mismo éxito que los realities basados en la convivencia.

2013 también es el año de los trampolines. Por sorprendente y arriesgado que parezca, Telecinco y Antena 3 adquirieron formatos similares y los emitieron de forma simultánea, en un ejercicio de programación que nunca terminé de comprender. Splash! Famosos al Agua y ¡Mira Quién Salta! no tuvieron demasiado recorrido, pero dejaron imágenes para la posteridad.

Aunque todos estos títulos sean una aportación al más puro entretenimiento, en 2013 también nacieron programas informativos y de actualidad dignos de ser mencionados. El Objetivo de Ana Pastor llegaba a laSexta tras las convulsas circunstancias a las que se vio sometida la periodista en Televisión Española, después de ser destituida de Los Desayunos de TVE por razones poco claras. Este nuevo programa vendría a ofrecer al espectador todos los datos necesarios para que construyera su propia opinión de los hechos sucedidos en el escenario político. Aunque el planteamiento es excelente, permite poco margen de maniobra: al final, los tiempos en televisión son muy estrictos y algunos temas necesitan ser desgranados con más detalle.

Toñi Moreno se estrenaba en la pública tras años realizando el mismo programa de caridad en Canal Sur, la televisión autonómica de Andalucía. Entre Todos estuvo rodeado de polémica desde el primer día de emisión, pues al público le resultó poco ético que una cadena financiada de los presupuestos generales del Estado tuviera el elemento caritativo como elemento vertebrador. Personalmente, admiré a Moreno cuando hacía divertidísimos reportajes en 75 Minutos o en Andalucía Directo, pero me cansó cuando parecía que la única televisión solidaria (en el caso de que fuera necesaria) podía hacerla ella.

2014: Si Évole llevaba sorprendiéndonos desde que comenzara su andadura follonera en laSexta, con Operación Palace nos descolocó a todos. El falso documental que se promocionó como una revelación de datos y hechos del 23-F, intento de golpe de Estado que siempre ha estado rodeado de un halo de misterio y del cual todavía no sabemos qué es real y qué es épica. Con el (falso) testimonio de Jorge Vestrynge, Iñaki Anasagasti, Federico Mayor Zaragoza, Iñaki Gabilondo, Luis María Ansón o Fernándo Ónega entre otros, se narró cómo el Gobierno de Adolfo Suárez planeó dicho movimiento para sustituir al presidente por otro candidado de unidad nacional, con beneplácito del rey Juan Carlos I y bajo la dirección artísitica de José Luis Garci. Por supuesto, el título tenía un objetivo de ser: el de comprobar la falta de transparencia informativa que sufren los ciudadanos respecto a los hechos de Estado y a la actualidad política.

Tras la emisión de los capítulos de la 15ª temporada de Cuéntame Cómo Pasó se estrenó un maravilloso programa de reportajes que documentaba las temáticas tratadas en la ficción. Ochéntame llegó como un valor añadido a la serie que me tenía enganchada desde que la descubrí, así que no me quedó más remedio que quedarme despierta hasta bien tarde para seguir disfrutando.

Aunque en años anteriores me empapé de algunos titulos extranjeros cuyos temas principales giraban alrededor de la nutrición, el ejercicio físico y los hábitos saludables (Supersize VS Superskinny o I Used To Be Fat), El Método Osmin llegó a Cuatro para crear un revuelo a base de principios erróneos sobre la delgadez y el sacrificio. Bajo los lemas “pescado, agua y ensalada” o “la calle es tu gimnasio”, comprobamos cómo este supuesto entrenador personal machacaba a los participantes en el programa a base de restricciones extremas en la alimentación o durísimos ejercicios de alto impacto, no apto para individuos sedentarios.

Pero mi incursión televisiva de los programas de dietas fue mucho más allá del simple consumo. En 2014 tuve el placer de hacer prácticas en el programa de Canal Sur La Báscula, presentado por Enrique Sánchez y con cuyos consejos e historias de superación ha ayudado a miles de andaluces en cada temporada. A diferencia del formato de Osmin, sus intenciones van más allá del cambio físico: perder peso es ganar salud, pero no vale con ser delgado de cuerpo, sino que el estado mental también es fundamental para lograr el equilibrio y la aceptación.

En las oficinas de Mediasur pude hablar con varios concursantes de La Báscula y monté algunos contenidos con los vídeos domésticos que nos enviaban, para que viéramos como se desenvolvían en su día a día y los cambios que lograban gracias a la pérdida de peso. Aquí me di cuenta de toda la verdad que hay en este tipo de programas, a diferencia de lo que pensaba antes de pisar la productora. Habrá formatos más o menos ficcionados, construidos en base a las historias que dan más juego y dejando a un lado el mensaje de positividad que debería transmitir un título como este; pero tuve la grandísima suerte de colaborar en un buen producto, transmitiendo un mensaje fantástico.

Rescatando a Sara, dirigida por Manuel Ríos San Martín y producida por BocaBoca, me sorprendió por su crudeza, por el realismo de los testimonios reflejados y por la capacidad de trabajo del equipo, cuyas técnicas descubrí en este artículo.

Hable Con Ellas En Telecinco comenzaba en 2014 y su recorrido (interrumpido) se extendía hasta este mismo año. Aunque las carencias del formato se veían de lejos, es cierto que el programa nos dejó momentazos dignos de ser recordados en este recopilatorio: entre las pifias de Beatriz Montañez, la sinceridad de Yolanda Ramos y las espantadas (a veces real, a veces de broma) de algunos invitados, tuvimos un late insulso pero de lo más intenso por momentos. En gran parte, gracias a Twitter.

También pudimos ver la adaptación de un formato alemán de concienciación social en Cuatro y que prometía grandes momentos televisivos, pero se quedó en un intento. Quizá por la falta de continuidad en sus espisodios, En La Caja tan solo contó con dos temporadas poco sonadas, aunque sus capítulos no tienen desperdicio. Pudimos ver a Mercedes Milá en el entorno de la polémica cienciología, a Risto Mejide conviviendo con FEMEN, a Pedro García Aguado descubriendo Magaluf o a Juanra Bonet en Marinaleda.

2014 también fue el año del regreso de Risto Mejide a la televisión, a un género en el cual se sentía cómodo y gracias al que consiguió momentos de gloria. El creativo se sentó al frente de Viajando Con Chester, programa emitido por Cuatro, giraba alrededor del invitado y las preguntas que Mejide lanzaba. A veces muy pretencioso y, otras, brillante, este formato me llamó la atención por la facilidad de atracción del público a través de la palabra.

2015: Sin duda alguna, este es el año de El Ministerio del Tiempo. La serie que llegaba a La 1 de TVE para revolucionar al público y que tanto ha dado que hablar hasta la actualidad aterrizó con fuerza en nuestra televisión gracias a unos principios estupendos: buenos personajes, un guión consistente y una excusa magnífica, que no era otra que la de viajar al pasado para solventar problemas futuros en la historia. Gracias a Rodolfo Sancho, a Aura Garrido, a Nacho Fresneda, Juan Gea, Cayetana Guillén Cuervo y a Hugo Silva (en la última temporada que hemos visto), España puede estar tranquila al contar con unos funcionarios tan eficientes en las cuestiones temporales.

Otro formato que me fascinó este año fue el de Casados a Primera Vista, emitido en Antena3 y algo polémico por la presima que planteaba: varias parejas de desconocidos se encontrarían en una playa paradisiaca de México para darse el “sí quiero” sin haber intercambiado una conversación previamente. El novio y la novia deberán conocerse después del enlace y comprobar si, tal y como indicaría un test realizado por un equipo de psicólogos antes de entrar en el programa, son compatibles. Tras la luna de miel y la convivencia, los esposos decidirán si quieren seguir adelante con el matrimonio o, si por el contrario, prefieren continuar cada uno por su lado.

No todo lo emitido y estrenado en 2015 fue una delicia para nuestros ojos. Este año encontramos verdaderas perlas de la televisión más decadente, triste y de baja calidad. Títulos como Levántate, Las Aventuras del Capitán Alatriste, Yo Quisiera, Aquí Paz y Después Gloria o Centro Médico nos sorprendieron para mal, pero si tuviera que quedarme solo con uno elegiría el que os presento: aunque en 2014 ya pudimos apreciar (o sufrir, según se vea) la vuelta de las famosas galas estivales de José Luis Moreno, regresaba a La 1 de Televisión Española con Alfombra Roja Palace. Sin novedades desde Noche de Fiesta, el desfile de cantantes, bailarines, cómicos pasados de rosca y escenas de matrimonio enranciadas, quienes soportamos las cuatro entregas que duraba la temporada nos pegamos unas buenas risas en Twitter. 

Otro título destacable en esta jungla del horror catódico es el de ¡Vaya Fauna!. Telecinco, en su afán por destacar a través de los talents y sin querer darse cuenta de que estamos realmente cansados de ellos, lo intentó con un programa en el que los animales eran los protagonistas del show. Más que un espacio lleno de sorpresas, apto para toda la familia y divertido, resultó un programa deleznable debido al trato al que eran sometidos los animales que participaban en él. En pleno auge de las polémicas que rechazan los circos de fieras, Telecinco no estuvo en absoluto acertado.

Como contrapunto de toda la bazofia que vimos el año pasado, también pude disfrutar de momentos esperanzadores ante la televisión. Manu Sánchez, a quien seguía desde que presentara La Semana Más Larga en Canal Sur, llegaba a laSexta para conquistar al público de todo el país. Sin embargo, El Último Mono se quedó en un intento, quizá porque su humor no fuera comprendido por los espectadores de toda España. A mí me pareció de lo mejorcito que nos trajo la televisión en 2015.

Otro programa que me resultó totalmente necesario en nuestra vida fue Constructor a la Fuga. Aunque estemos algo saturados de los contenidos relacionados con la vivienda en laSexta (no sé cuántos capítulos de ¿Quién Vive Ahí? o Piso Compartido habré podido ver en mi vida), este nos traía mucho más que simples casas bonitas. Al contrario, el formato adaptado del original Cowboy Builders (que también hemos podido ver en España y el cual era muchísimo más fuerte que su homónimo) trataba un tema social preocupante: el de tantas familias que sufren la incompetencia de un constructor en su propio techo. Sin embargo, no fue un éxito de audiencia y tampoco pudimos ver el último episodio de la temporada debido a un conflicto legal.

2016: Aunque este año todavía no ha terminado, sí que puedo mencionar aquellos títulos que ya han destacado por encima de otros en la programación. El inicio de emisiones de #0 trajo consigo contenidos diferentes a todo lo que habíamos visto antes: aunque Canal + ya contaba con una oferta distinta a la de la televisión convencional, gracias a la nueva cadena de Movistar hemos disfrutado de AcapelA, Late Motiv o Web Therapy. Pero el programa que más me ha enganchado ha sido La Huida, adaptación de Hunted: un concurso de “supervivencia”, en el que los fugitivos tendrían que huir de las autoridades durante 28 días. Todo un descubrimiento.

Aunque Cuatro llevaba algunos años de capa caída en cuanto a creación de nuevos títulos que atrajeran la atención de a audiencia, parece que en 2016 vivimos su despertar: en la línea de los realities que nos gustan, en los que encontramos elementos de ficción descarada y trocitos de realidad, estrenaba Quiero Ser Monja, un descubrimiento del mundo religioso a la vez que un espectáculo de las risas. Gracias a un casting correcto y a lo propio de la situación, disfrutamos de unos capítulos muy divertidos.

Otro título con personalidad ha sido Feis tu Feis, aunque no en cuanto a las audiencias. El programa en el que Joaquín Reyes entrevistaba y se ponía en la piel del invitado no alcanzó cifras espectaculares debido a la franja en que se programó y a la crecida competencia a la que se enfrentaba cada viernes por la noche. Sin embargo, el formato me parecía de lo más adecuado y, si volviera a la programación, lo vería sin dudarlo.

Pero la sorpresa por excelencia de este año de televisión ha sido la que ha dado First Dates. Lo que pareciera un simple programa de citas se ha convertido en un fenómeno social en el que parejas de desconocidos comparten una cena mientras los espectadores observan y comentan en redes sociales cómo se desenvuelve el encuentro. Programado en access prime time, nos permite disfrutar de un formato distinto a lo habitual, pero en el universo tróspido de personajes que tanta gracia nos hace.

Y ahora, ¿qué?

Si la televisión me ha dado tan buenos momentos durante 25 años de mi vida, no me puedo imaginar lo que me tiene deparado en el futuro. Gracias a la tele he descubierto un universo que me ilusiona, me llena de energía y, sobre todo, me apasiona.  Y con la pasión se llega a todos sitios.

Aunque a pasos pequeñitos, he llegado a lugares que jamás me hubiera imaginado que pudiera alcanzar. Estoy escribiendo en varios medios online y sigo con la cabeza llena de proyectos. A la tele tengo que agradecerle prácticamente todo lo que tengo, y sé que seguirá haciéndome regalos maravillosos.

Gracias a todos por los comentarios tan bonitos que he recibido en Twitter sobre esta serie de posts. ¡A por otros 25 años televisivos más!

25 años de televisión (I)

Este post comenzó a ser creado el 2 de septiembre del 2015, el día que cumplí 24 años. Como me conozco y sé que no soy capaz de “vomitar” un post de un tirón (y menos uno como este, repleto de videoteca), empiezo a escribirlo con un margen de tiempo considerable. Ahora, con el cuarto de siglo recién estrenado, releo y completo con aquellos trocitos de la pequeña pantalla que recuerdo con cariño y fueron necesarios para que hoy fuera lo que soy: una apasionada (y dependiente hasta el extremo) de este medio. Aquí os dejo mi particular repaso a 25 años de televisión.

La infancia: maratones de VHS y creación de referentes

1991: Aunque yo tan solo contaba con días desde que nací, el 19 de septiembre se estrenaba en Antena 3 la mítica Farmacia de Guardia, la cual aparecía en mis apuntes del máster en guión como referente en la sitcom española. Pese a que no conservo apenas recuerdos de la ficción dirigida por Antonio Mercero, no podía no mencionarla en este repaso debido a su importancia para la historia de la ficción en nuestra televisión. Sin embargo, aunque sería imposible que me acordara de todo lo que vi durante este periodo, tengo entendido que me llamaban muchísimo la atención los sonidos llamativos y colores chillones de las cortinillas de Telecinco.

1992: El ’92 no solo fue un año espléndido para España de cara al mundo, sino que esta apertura tuvo repercusión en la tele. Yo, que todavía no era consciente de lo que ocurría tras el cristal, me quedaba embobada viendo los sketches de Pinnic (formato que ya reivindiqué en otra ocasión) en La 2.

Este mismo año también me fascinaban, según las declaraciones de mi familia, las performances de la rubísima y súper carismática Xuxa en Telecinco, en su colorido show Xuxa Park.

1993: El cuarto año de los noventa, el segundo de mi vida, fue sin duda el de los concursos. En La 2 de Televisión Española se estrenaba Cifras y Letras al tiempo que en Antena 3 Emilio Aragón daba la bienvenida a una nueva era con El Juego de la Oca y sus pruebas descabelladas (nunca mejor dicho). Sin embargo, el recuerdo más lúcido que conservo es el de Qué Apostamos. El show presentado por Ramón García disfrutó de varias temporadas en La 1 mostrando a los espectadores cómo los superhumanos eran capaces de desempeñar habilidades sorprendentes. Pero, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad con los talent shows, existían elementos que servían de alicientes tanto para los espectadores como para los invitados presentes en plató, quienes debían apostar a favor o en contra de los concursantes. Además, el público asistente también jugaba un papel divertido en el concurso, pues debían apostar para elegir el ganador. De lo más recordado de uno de los títulos estrella de Ramonchu son las duchas que él y las distintas copresentadoras (Ana Obregón, Antonio Dell’Atte, Raquel Navamuel o Mónica Martínez, en la etapa de la pública) se daban al finalizar cada programa, aunque algún que otro famoso también llegó empapado a casa tras haber jugado en este maravilloso programa.

El recuerdo más lúcido que conservo del ’93 es el de El Gran Circo de TVE. Aunque comenzara su andadura en 1973, en este año regresó a La 1 de Televisión Española para seguir animando las mañanas de los fines de semana a todos los niños que esperábamos que Miliki y Rita Irasema nos contaran historias divertidas. Tenía una obsesión enfermiza con este dúo, ¡me volvían loca!

1994: Un poquito más despierta y adquiriendo gusto televisivo gracias a los maratones de VHS que me tragaba en cada comida (mi madre me grababa un cóctel de contenidos para que me dejara alimentar, pues era la única forma en que no protestaba -tanto-), disfrutaba con los Tricicle en ¡Chooof! pues, aunque no dijeran una sola palabra en todo lo que duraba el programa, me tronchaba de la risa. La tele captaba toda mi atención y con tan solo tres años ya comenzaba a vislumbrarse esta obsesión catódica que tengo (más bien, afición).

Aunque el ’94 fue el año del particular Scavengers de Bertín Osborne, lo descubrí hace algunos años gracias a YouTube. Pese a que no formó parte de mi infancia televisiva, no podía dejar de mencionarlo en este recopilatorio…

1995Blossom y Punky Brewster llegaron a nuestras pantallas este año. Aunque mis padres no me dejaron ver la tele del late night hasta bastante más mayor, pude disfrutar del espacio presentado por Pepe Navarro y por cuyo plató desfilaron personajes tan maravillosos como Cristina ‘La Veneno’ y Krispín Klander a posteriori, gracias a YouTube y a la infinidad de zappings que siguen nutriéndose de estos contenidos. Esta noche cruzamos el Missisippi se estrenaba semanas después de que yo cumpliera cuatro años de edad.

En el ’95 surgía un alocado formato que durante los viernes noche de verano llenaba a las familias de risas y diversión. Como rezaba la sintonía de El Grand Prix, “el programa del abuelo y del niño” tenía una función similar a la del ‘1, 2, 3, Responda Otra Vez‘: reunir a la familia frente a la televisión. En la actualidad, programar un viernes en prime time es arriesgado. Un año después de su estreno, el título también presentado por Ramón García (el rey de los concursos) conseguía un 36,6% de media de share. Si tenéis nostalgia, he encontrado este canal en YouTube donde van subiendo todos los programas, pues en el archivo de RTVE tan solo hay 12 vídeos.

1996: Cuando se estrenó Con Mucha Marcha en La 2 de Televisión Española yo contaba con cinco años de edad y una conciencia casi plena de todo lo que ocurría tras la pequeña pantalla.

El 96′ fue un año de grandes estrenos televisivos, pues surgieron títulos como Caiga Quien Caiga, Día a Día, Redes, Hostal Royal Manzanares, La Parodia Nacional o Sorpresa, ¡Sorpresa! Recuerdo con especial cariño un especial de Navidad que todavía conservo en VHS y que no soy capaz de encontrar en la red. Ahora, ya he visto el vídeo de la niña de Redondo cincuenta mil veces…

1997: Junto con el Missisippi, Crónicas Marcianas no solo ha sido uno de los títulos más venerados del late de nuestra televisión, sino que para mí resultaba un mito viviente, alejado de mis posibilidades debido al horario y a sus contenidos. De todas formas, mi madre acabó comprendiendo mi temprano interés por aquel espacio adulto y no le quedó más remedio que grabarme algunos fragmentos en los que acudían los concursantes de Gran Hermano, aunque para este momento todavía quedan algunos añitos mas… El que os enseño a continuación lo conocí a raíz de la participación de las famosas Hermanas del Baptisterio en Callejeros. Lo que no supe en ese momento es que ya había pasado por la tele, acompañadas de Javier Cárdenas.

Saber y Ganar también llegaba este año a La 2 de Televisión Española. Desde su estreno y hasta el día de hoy, es lo que se ve en mi casa a la hora de comer. Mis padres, como su audiencia, todavía no se han hartado de los magníficos, de Juanjo Cardenal, de Pilar Vázquez ni del fantástico sentido del humor de Jordi Hurtado.

Aunque Tómbola se estrenaba en el Canal Nou, los andaluces también pudimos verlo en Canal Sur durante algunos meses, hasta que los responsables decidieron que el espacio no era apto para su emisión en la televisión autonómica. El polémico espacio de corazón donde se vivieron momentos de lo más tensos resultó un punto y aparte para este tipo de programas, pues los que estaban por venir bebieron de forma irremediable de sus métodos, su realización y sus conflictos internos.

1998: Recuerdo cómo mi abuela programaba el temporizador de la tele de la habitación para que se apagara a la media hora, cuando le pedía con todos mis recursos que me dejara (¡por favor!) ver Furor. Yo, que siempre fue una niña muy obediente, no volvía a encender la pantalla pese a que sabía de sobra la estrategia para bajar el volumen a tope y que nadie se diera cuenta de que, efectivamente, no me había dormido cuando me tocaba y me había quedado viendo aquel espectáculo de botones, lunes y canciones. Con siete años me había quedado prendada de Alonso Caparrós, aunque cuando traían a su hermano Andrés al plató me gustaba más el otro.

Ana Rosa Quintana se estrenaba en Antena 3 con el magacín Sabor a Ti. Recuerdo que me pilló de vacaciones en Valencia y alternaba los visionados de Doraemon en un lenguaje que se me escapaba con los de este nuevo programa. Volviéndolos a ver ahora, alucino con lo rápido que pasa el tiempo y con lo mal que envejecen los escenarios, los looks y la televisión en general. Más bien, alguna televisión.

No puedo cerrar el ’98 sin hacer una mención a El Informal. Desde aquí quiero transmitir a los directivos del momento, a los creadores del formato y al realizador a los mandos del día al que me refiero que, por su culpa, vivo traumatizada con la película Alien. Y no porque la viera a una edad prematura (de hecho, la vi ya con 24 tacos, hasta que no pude evitarlo más tiempo), sino porque me comí una de las escenas más terroríficas que había presenciado jamás: aquella en la que el alien sale del vientre de su víctima y salta de la mesa de operaciones enseñando sus afilados dientes. Por todo lo demás, el programa presentado por Florentino Fernández y Javier Capitán ha sido uno de los títulos que más risas ha provocado en mi casa y en mi familia todavía se nos saltan las lágrimas cuando recordamos algún doblaje. Y es que no es para menos.

1999: en este año comenzaría el recorrido de todo un hito en la pequeña pantalla. Carlos Lozano se ponía al frente de Noche de Fiesta, creación de José Luis Moreno, quien ha intentado por todos los medios que su creación perviviera hasta el 2015 con Alfombra Roja Palace (y hasta nuevo aviso, que nunca se sabe). Por muchos títulos que tuvieran estos espacios, el programa siempre era el mismo: una gala grabada en un hotel o en exteriores, compuesta por actuaciones musicales y de humor. La verdad, no sé si en algún momento haría algo de gracia pero, a las puertas del 2000, la televisión había recorrido mucho más de lo que reflejaba este título.

Mis padres me mandaban a la cama temprano todos los domingos, además de porque el lunes tenía que madrugar para ir al colegio, porque querían ver 7 Vidas tranquilos. De nuevo, mi curiosidad televisiva provocaba que, a pesar de no ver la pantalla, me durmiera tarde escuchando los divertidos diálogos entre David (Toni Cantó) y Laura (Paz Vega). Años más tarde sí que pude ver algún capítulo sin remordimientos y me arrepentí de no haber disfrutado antes de personajes tan maravillosos como Sole (Amparo Baró), Paco (Javier Cámara), Gonzalo (Gonzalo de Castro) Carlota (Blanca Portillo) o Diana (Anabel Alonso).

De la preadolescencia a la ¿madurez?: el cambio de milenio y los realities que estaban por venir

2000: Tenía que comenzar este apartado mencionando a mi reality favorito de todos los tiempos. Gran Hermano aterrizaba en España en abril y, aunque todavía era una niña, viví con total intensidad gran parte de los acontecimientos vividos en la casa de Soto del Real (que, más tarde, se mudaría al mítico Guadalix de la Sierra): la expulsión de Mª José Galera, el “jódete” de Vanessa, la salida conjunta de Silvia e Israel, los intentos de Ínigo (y su/s polo/s verde/s), el abandono de Mónica tras descubrirse su pasado en una revista (y ser comunicado a la concursante por el programa, debido a la gravedad del asunto, la salida voluntaria de Jorge Berrocal y la victoria de Ismael Beiro al ritmo de los Police, tras 90 días de convivencia y aislamiento, entre otros. Gran Hermano, aquel programa que se presentaba como un experimento social, había roto una barrera en nuestra televisión: la de la privacidad más personal. Aquello nos encantó.

2001: Definitivamente, el cambio de milenio había traído el descubrimiento del reality a nuestras pantallas. Tras el éxito de la primera edición de Gran Hermano nacieron otros formatos que utilizaban la convivencia de los concursantes uno de los reclamos. Sin embargo, en Operación Triunfo no solo valía con ser un buen compañero, sino que los participantes iban escalando hasta la final a base de talento, disciplina y emoción. Había llegado el origen del talent show, tal y como ahora lo conocemos, a España.

Además, en el año 2001 también comenzaba una ficción insignia de Televisión Española que, pese a los baches, sigue ofreciendo capítulos inmensos al público: Cuéntame Cómo Pasó. Aunque no comencé a seguirla en este momento, sino que fue en el verano de 2013 cuando me bebí todas las temporadas emitidas hasta el momento. Y qué secuencias descubrí… Y cómo me emocioné… A tal punto que, a día de hoy, está e mi top 5 de mejores series españolas.

Otro curioso título que nacía en 2001 era El Diario de Patricia. Por supuesto, no podía faltar en un repaso televisivo, pues ha sido el culpable de que se me escapara la carcajada en más de una ocasión mientras observaba (y hasta admiraba) la fauna que se paseaba por aquel plató de Antena 3. Algunas historias eran realmente dramáticas pero, otros relatos resultaban tan poco creíbles que lo único que podíamos hacer era partirnos de risa y disfrutar del espectáculo.

2002: Aunque no seguí esta serie, es cierto que supuso un descubrimiento curioso. Ana y los Siete comenzaba sus emisiones en TVE este año y aguanto hasta el 2005 en programación. La Obregón se metía en el papel de la niñera-stripper que llevaba su mismo nombre y triunfaba en las audiencias.

Pero el programa que recuerdo con más cariño de este año fue el talent que Jesús Vázquez y Elia Galera presentaron en Telecinco. Si Operación Triunfo se vivió con intensidad en mi casa, más dramática fue la expulsión de Roser en Popstars. Tuvimos que llamar para salvarla tras su nominación porque mi hermano, de siete años, se había encaprichado con la catalana y no dejaba de llorar.

2003: el programa que Jorge Javier Vázquez y Carmen Alcayde presentaban en la sobremesa de Telecinco supuso toda una revolución en mi familia, aunque el consumo bestial llegó años más tarde de su estreno. Aquí Hay Tomate fue engullido en mi casa tras el renventón del caso Malaya, pues nos tocaba muy de cerca, y disfrutamos como gorrinos comprobando el revuelo mediático que se formaba a unas calles de nuestra casa. Aunque ya nos meábamos de la risa con los magistrales vídeos de Cachuli y la Pantoja paseando su amor por la aldea de El Rocío y las calles de Marbella… ¡Mi tierra!

Homo Zapping, que también nacía en el 2003, tampoco podía dejar pasar las desternillantes escenas de la mediática pareja.

Este mismo año se estrenaba una serie que, según el post que Borja Terán publicó en La Información, es el Verano Azul de las generaciones más jóvenes. Aquí No Hay Quien Viva es un referente de las comedias de situación en nuestra televisión y atrajo a un público tan diverso que permaneció en parrilla hasta el 2006, aunque su legado todavía permanece gracias a La Que Se Avecina. No puedo elegir un momento de esta maravillosa serie que todavía me saca una sonrisa cada vez que me trago sus reposiciones de madrugada en A3Series.

2004: Si Gran Hermano me conquistó a tal punto que, dieciséis ediciones después, acudo fiel a la cita de las nuevas entregas, La Casa De Tu Vida revolucionó mi concepción de reality: este, sin ser un talent, contaba con un elemento extra a la convivencia (debían construir una casa) y, además, resultaba un catalizador de todos los conflictos que ocurrían. Que no eran pocos…

Aunque nunca fui demasiado fan de los concursos de las tardes, he de reconocer que me enganché a Allá Tú. No solo por la dinámica del programa ni por lo bien que lo hacía Jesús Vázquez (cuando todavía no nos habíamos cansado de él por estar en casi todos los títulos de Telecinco), sino porque el público acababa empatizando con los concursantes. Como todos los días eran los mismos, conocíamos sus lugares de procedencia y el casting estaba elaborado con delicadeza (todos los concursantes eran muy simpático y daban juego), no nos quedaba más remedio que quedarnos a ver si el elegido acababa escogiendo la caja adecuada. Seguro que mas de uno recuerda todavía su pegadiza cabecera…

2005: Aunque el apagón analógico no llegó hasta el 2012, es en este momento cuando empieza a vislumbrarse el cambio tecnológico que estaba por venir. Cuatro nacía en 2005 rodeada de una gran expectación en noviembre de este año. Tras haber pasado mi infancia preguntándome qué había tras las interferencias de Canal +, se abría una nueva ventana con la llegada de esta nueva cadena en abierto. El guiñol de Michael Robinson nos lo contaba justo antes de comenzar:

A la primera persona que vimos en la nueva Cuatro fue a Iñaki Gabilondo, junto con parte del equipo. En las imágenes, pese a su baja calidad, también podemos distinguir a Iker Jiménez, a Nacho Abad, a Quequé y a Eva Hache entre otros. ¿A qué otras caras conocidas de la tele veis en esta presentación?

Pero Cuatro no es la única cadena que se estrena dentro de este panorama digital. LaSexta también llega a nuestros hogares de la mano de Emilio Aragón, Florentino Fernández, el Gran Wyoming y Helena Resano, con un reclamo ideal para quienes no ven la tele por la falta de contenidos variados, interesantes o divertidos.

Pero este año no solo supuso el nacimiento de canales de televisión y el comienzo de una nueva era, sino que la factoría de ficción y entretenimiento también fue muy prolífica. Descubrimos títulos que nos hicieron reír como Camera Café, Splunge, Aída o Buenafuente; y espacios que nos descubrieron un mundo desconocido hasta ahora, como Callejeros o Cuarto Milenio. Aunque si tuviera que quedarme con un solo programa elegiría Soy El Que Más Sabe de Televisión Del Mundo. Creo que las razones son obvias…

2006: Es aquí cuando comienza la era de Sé Lo Que Hicísteis y con ello, el inicio del sufrimiento de las demás cadenas. Quienes pudimos disfrutar de este grandísimo formato nos sentíamos muchísimo más satisfechos que viendo un simple programa de zapping, pues Patricia Conde y Ángel Martín se encargaban de mofarse de todas las pifias que ocurrían en nuestra televisión. Además, el largo recorrido que tuvo este título y la fluidez con que ocurría la emisión provocaba que tuviera un lenguaje propio lleno de momentos internos y hasta motes para ciertos canales y personajes famosos.

De nuevo, en este año me topo con un título que no pude disfrutar en directo. De Vientos de Agua tan solo pudimos ver dos episodios, pues Telecinco decidió no emitir el resto de la temporada debido a las bajas audiencias y por precaución contra la piratería. Yo pude verla muchos años después (en 2013 ) y creo que no he llorado más en mi vida. Como Cuéntame, esta también se encuentra en mi top 5 de series españolas por la historia tan maravillosa que narra, por lo auténtico de sus personajes y, en general, por la emoción que desprende en cada secuencia.

2007: Lorenzo Milá y Ana Blanco se pusieron al frente de un programa que cumplía todos los principios de servicio público. Yo, que todavía no tenía el espíritu político formado del todo, me sirvió para comprender aspectos del día a día traducidos a las acciones políticas. Tengo Una Pregunta Para Usted funcionaba de una forma muy sencilla: el público realizaba preguntas al político presente en el plató y este debía responderlas. Por supuesto, estas cuestiones no eran metapolíticas, como suelen ser los discursos de algunos dirigentes, sino que se preguntaba sobre el paro, la educación, la sanidad y la crisis económica que comenzaba a asomar las orejas. Aunque otros títulos han intentado recuperar este formato en algunas de sus secciones, nadie ha conseguido mantener la esencia.

2008: Todavía recuerdo con claridad el día en que La Sexta fue condenada a no emitir imágenes de Telecinco a raíz de la revolución que había supuesto Sé Lo Que Hicísteis. El gran Ángel Martín había triunfado gracias a los programas de la cadena donde Mermelada hacía de las suyas, pues su ingenio y el del equipo de guionistas superó todos los límites y conquistó a los espectadores.

En general, laSexta contó este año con grandes programas que fortalecieron su línea: Estas No Son Las Noticias, Qué Vida Más Triste (webserie llevada a la pequeña pantalla, ¡bendito descubrimiento!), La Tira o Salvados. Este último no solo supuso el descubrimiento al público de Jordi Évole ‘El Follonero’ o de quienes no vieron a Carlos Navarro ‘El Yoyas’ en GH2, sino que con el paso de los años ha matizado sus intenciones y en la actualidad está establecido como un formato serio de reportajes de calidad.

¿Te ha gustado este post? Pronto podrás leer la segunda parte. ¡Hasta 2016 todavía quedan años por repasar!

¿Necesitamos más talent shows?

La promo Got Talent España, el nuevo programa que Telencinco lanzará en breves, ha provocado que sufriera una regresión inconsciente a mi preadolescencia: a la llegada de Operación Triunfo a la televisión pública, a la fiebre fan que los espectadores experimentamos al ver cómo, semana tras semana, salvaban y expulsaban a nuestros concursantes favoritos; a la expectación ante las actuaciones de PopStars y a las salidas más o menos dramáticas de las chicas; y al descubrimiento de la danza menos tradicional en un plató que tan solo habíamos visto en la ficción y que se convirtió en habitual de la sobremesa de Cuatro gracias a Fama! A Bailar. También me ilusioné con el descubrimiento de los concursos dedicados a mostrar cómo unos participantes luchaban a través de los fogones, pero el entusiasmo se ha ido esfumando cuando el logro de los formatos ha provocado una multiplicidad absurda y una sobrecarga en la programación. El exceso de los títulos que funcionan no se queda en las cocinas televisivas, sino que se contagia a toda la disciplina: los talent shows llevan años sin aportar ninguna novedad a los espectadores y, sin embargo, no hay quien los quite de la parrilla (o, al menos, quien los transforme).

Nada nuevo que mostrar

Tengo la impresión de que, cada vez que nos enfrentamos al estreno de un nuevo formato de esta categoría, se suceden las mismas imágenes y reacciones tras la pantalla: unos participantes que, emocionados, consiguen (o no) cumplir sus sueños; un jurado de diversa naturaleza que sirve de enlace entre los concursantes y el público y que aporta (algunos más que otros) el matiz profesional (o el discordante) de dichas actuaciones; y un presentador que cada vez me sobra más en un escenario de pantallas y demás elementos que, en lugar de realizar la función de acompañar, despistan a los que estamos en casa. Y no porque nos falte cultura audiovisual y no sepamos entender qué ocurre tras los focos, sino porque todo este artificio puede resultar visualmente agotador.

¿Otro talent culinario? ¿Otro más? Fuente: RTVE

Por muchas novedades que surjan en torno a estos formatos, creo estar viendo el mismo programa de un tiempo a esta parte. Desde el estreno de La Voz en España, no han surgido títulos que me sorprendan. Y aunque no dudo de la valentía que desprenden quienes se presentan a los castings y consiguen cantar, bailar o desarrollar la habilidad en cuestión frente a miles de espectadores para recibir un juicio mediático (y el posterior efecto, positivo para algunos y negativo para otros), esto no supone nada para mí. Al menos, en estos momentos, cuando han pasado casi quince años desde que viéramos cruzar la pasarela de la televisión pública a dieciséis triunfitos que significaron más que un puñado de nervios, talento e inexperiencia. Porque aunque antes que Operación Triunfo hubiéramos visto algún otro talent y se nos saltasen las lágrimas con las actuaciones de Lluvia de Estrellasla verdadera emoción surge con el seguimiento, la evolución y la identificación. Así, cuando nos invitaron a vivir la Academia desde dentro u a experimentar las audiciones a ciegas para, después, acompañar a los participantes de los distintos programas a lo largo de esta trayectoria, surge una conexión especial que se va diluyendo a medida que los formatos se multiplican. La saturación de talents es evidente: no pasamos tres días sin ver uno en la parrilla.

Talent multidisciplina, multiconcursante y multiaburrimiento

Este tipo de programas comenzaron desarrollando una sola habilidad, la cual se potenciaría a lo largo de la temporada y experimentaría un clímax digno de una gran final. Sin embargo, la evolución de los formatos ha provocado que las bases del talent tradicional se echaran a perder para dar paso a un abanico de novedades que, en lugar de aportar nuevas sensaciones al espectador, lo aturde ante tal bruma de mecánicas, disciplinas y valoraciones. El concurso de habilidad vocal y musical derivó en una competición entre intérpretes y bandas sin un criterio determinado para valorar a unos y a otros (Factor X); el de talentos infantiles más básico, en el de críos danzando por un plató sin rumbo (Pequeños Gigantes, Levántate); y el del arte ante los fogones, en el del reality de egos más absurdo (Masterchef, Top Chef). De nuevo, la hibridación es un arma de doble filo: al igual que puede producir verdaderas obras maestras, puede resultar soporífero para el espectador, hastiado de ver supuestos nuevos conceptos que tan solo están disfrazados.

Un oso toca la trompeta presionado por su dueño en un talent de Telecinco.

“I have no idea what I’m doing”. Fuente: VICE

Además de la hibridación en los formatos, la encontramos en los demás elementos que conforman los programas: en los concursantes (no solo en su naturaleza, sino en sus roles) y en las disciplinas acometidas. Esto significa que ya no solo vemos a participantes estándares realizando tareas estándares, sino que no es extraño descubrir cómo un menor se enfrenta a unos afilados cuchillos y demuestra su destreza en una gymkana gastronómica; o a un oso tocando la trompeta en medio de una jungla de luces y cableado. Pese a lo atrevido de la propuesta de colocar un elemento extraño en un escenario extraño, la fórmula no funciona. Vaya Fauna cerró su primera (y espero que única) temporada con un 13% de share medio y tras una caída en las cifras desde la primera gala, lo cual no es de extrañar tras la polémica que provocó ver cómo los animales jugaban a un Tú Sí Que Vales interespecie de pacotilla.

Tu Cara Me Suena: la excepción que confirma la regla

Aunque encuadrar este título en la categoría de talent más tradicional sea imposible, es cierto que la premisa del programa se basa en el desarrollo de una habilidad, en concreto, la de imitar a un personaje popular. A diferencia de los títulos de arriba, Tu Cara Me Suena sigue divirtiéndome tanto como el primer día: gracias a la carcajada que provoca el elenco de participantes, el carisma de algunos de ellos (y el anticarisma de otros, que se convierte en otro punto a favor para el programa gracias al espectáculo del mismo), el talento natural de otros y la sorpresa que, entrega tras entrega, no parece desgastarse. Quizá es que cuatro temporadas no hayan sido suficientes para quemar el formato o que las caras conocidas (y un magnífico casting, por supuesto) aporten el extra que mantiene enganchada a la audiencia.

¿Es Tu Cara Me Suena el contra-talent perfecto? Tiene un buen casting, una buena realización, un buen jurado y un magnífico resultado. Fuente: Atresplayer

Dudo de que la llegada del formato Got Talent suponga revelación alguna. Aunque soy defensora del constante reciclaje de los conceptos televisivos, cada vez creo con mayor firmeza que el talent, tal y como está planteado, tiene fecha de caducidad: no interesa ver cómo un aspirante se enfrenta al juicio con el arma que cree más estable, cuando estas armas son demasiado convencionales o viceversa. Quizá sea el momento ideal para respirar, apagar la maquinaria y replantearnos hacia dónde vamos en este sentido y, sobre todo, qué queremos conseguir y cómo. ¿Emoción del público? ¿Talentos y tramas que rellenen espacios vacíos en la parrilla? ¿Una legión de fans que se conviertan en una audiencia fiel? Habrá que ver dónde hemos puesto la brújula y calibrarla para que, en el futuro, no perdamos el norte.

Imagen: Vanitatis.

¿Podemos encuadrar a Pequeños Gigantes en la nueva programación infantil?

Pese a que no tenía pensado escribir un post sobre el tema, no he podido evitarlo tras asistir al estreno de la segunda temporada de Pequeños Gigantes en el prime time del lunes en Telecinco. Ya lo hice el año pasado debido a la novedad del formato en Perdidos en la Tele y, por supuesto, las críticas no se hicieron esperar: un internauta bastante moderado en su tono pero muy radical en su discurso llegó a sugerir que yo, que parecía pasar por un “momento rabioso” o “falto de estímulos”, seguramente estaba llena no de envidia, sino de una mezcla entre admiración y deseos frustrados por llevar un “pequeño gigante” en mis adentros que jamás logró subirse a un escenario. Sí, yo también me quedé ojiplática. Tras este detalle, me pregunto si el supuesto mini yo vería cubiertas sus necesidades televisivas tras el visionado del programa, el cual todavía no soy capaz de encuadrar en una categoría.

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Leo a Saramago y veo Gran Hermano. ¿Y qué?

Si la televisión es el medio de comunicación más criticado por sus contenidos supuestamente banales, de bajo interés cultural o escasa formación (conceptos erróneos), el reality es el género que más rechaza la sociedad de cara a la galería. Sin embargo, las audiencias demuestran todo lo contrario: a la gente le gusta verlo, comentarlo en redes sociales y, en definitiva, disfrutar de todo lo bueno que aporta. Que sí, que lo hace. Por supuesto.

Soy y seré una defensora a ultranza del reality

Mi andadura comenzó cuando a los 8 años, de chiripa, vi la expulsión de Mª José Galera (GH1). Me he tragado todas y cada una de las ediciones de Gran Hermano, casi todas las de Operación Triunfo, varios Supervivientes (aunque a trompicones, vi la primera edición de “anónimos” y he visto por encima todas las de los famosos), La Casa de tu Vida, Perdidos en la Tribu, Granjero Busca Esposa (programa olvidado que merece un post… Y lo tendrá), Mujeres Ricas, Alaska y Mario, Curso del 63, Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo y algún que otro programa extranjero como Jersey Shore y el spin off de Snooki & Jwoww, Supersize VS Superskinny One Born Every Minute o Embarrassing Bodies entre otros. Se me escapan los títulos de los programas que no he seguido de forma habitual, aunque cada vez que encuentro un reality en la televisión me paro, al menos, a ver de qué se trata. Ahora estoy descubriendo los realities surcoreanos… Vamos, que soy una auténtica friki.

Una auténtica friki, pero ninguna friki

Todo el mundo tiene aficiones, más o menos dispares (yo lo comparo con el fútbol, ya que jamás conseguiré entender cómo puede atraer a las masas de la forma en que lo hace, pero lo respeto como lo que más). En ocasiones se me ha juzgado por ver y disfrutar de los realities, por vivirlos de manera apasionada. Siempre defiendo que, a diferencia de la imagen que posee la gente de que el reality es un contenido vacío, está lleno de factores culturales y de formación de pensamiento crítico. Además, el televidente empatiza con los concursantes y experimenta un sentimiento de identificación comparable con el que se produce con el cine o las series de televisión dramáticas. Por supuesto que el reality cuenta con elementos despreciables y que muchos de los titulos que podemos ver en la programación actual merecen morir pero, ¿acaso no hay canciones malas siendo la música una cosa maravillosa? No me gusta generalizar.

No hay guilty pleassures

No me siento culpable de ver ‘Gran Hermano’. Tampoco me siento culpable de disfrutar con mis demás aficiones, ¿por qué iba a hacerlo? Me gusta el deporte, el cine, la música y la lectura. Veo Gran Hermano y leo a Saramago, ¿y qué? Para gustos, colores. Habrá quien no soporte la novela realista del siglo XIX y no por ello sea menos culto que quien se emocione con un gol de su equipo o se pase días enteros haciendo cola para ver a su banda favorita en un concierto. Hace tiempo que pienso que los llamados guilty pleassures (aquellos placeres que hacen sentirnos culpables por disfrutarlos. Desde comerte un donut de chocolate en medio de una dieta hasta vivir apasionadamente el desenlace de una telenovela) no existen en realidad, sino que mucha gente prefiere que sigamos mintiendo al afirmar que vemos los documentales de La 2 (que si ya no los veía nadie hace diez años, cuando se escuchaba esta rancia expresión, ahora menos) a que seamos sinceros y declaremos que no solo vimos la primera edición del programa de “la vida en directo”, sino que nos hemos tragado muchas más. Yo, todas.

¿Y por qué nos da tanta vergüenza decir que hemos visto Aquí Hay Tomate (que cuando comenzó era un programa buenísimo, que no dejó títere con cabeza del caso Malaya), que todos conocemos las imágenes de Yola Berrocal gritando poseída ante un monitor en Hotel Glam y que, seguro, TODOS conocemos cómo se llamaba el primer ganador de Gran Hermano y, si me tiras, la segunda? Porque el reality en España está encasillado como un formato usado por la televisión más chabacana, aquella que tiende a la incultura de la audiencia para entretener con el humor más burdo… Quizá el reality en España no tenga el rodaje del que puede presumir el género en el extranjero, donde se utiliza para fines educativos y de explicación de fenómenos sociológicos. ¿A que esto no suena tan mal? La BBC produce esta cantidad ingente de realities… ¿Os sigue dando corte decir que veis Gran Hermano?

¿…Todavía no sabéis quién es?

 

Calentando motores

A mediados de septiembre comienza, como me gusta llamarlo, el reality por excelencia, del que llevo hablando meses antes de que se conociera fecha de estreno de la nueva edición. Y aunque mis compañeros de Perdidos en la Tele están preparando un espacio maravilloso para que, los frikis como yo, escribamos (charlemos, critiquemos, despotriquemos) sobre esta maravilla que es Gran Hermano; os seguiré dando la chapa con los aspectos más técnicos y enrevesados del programa por esta vía. ¿Quién se apunta a ver la 15ª edición de mi reality favorito?

IMAGEN: Gran Hermano

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