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Etiqueta: televisión española

Cuéntame Cómo Pasó: más que un pasatiempo, una lección

ALERTA, SPOILER: Si no estás al día de Cuéntame Cómo Pasó es probable que un spoiler te sorprenda. ¡Estáis avisados!

Qué pena me da que termine otra temporada de una de mis series favoritas y tenga que esperar para poder disfrutar de una nueva entrega (si nos dejan, claro). Tras haberme tragado más de cien capítulos de la serie en tan solo un verano, Cuéntame Cómo Pasó se convirtió para mí en mucho más que un referente de la creación televisiva en España (y en el mundo) y los Alcántara pasaron a formar parte de mis recuerdos más tiernos de la pequeña pantalla.

En esta ocasión (la número diecisiete, nada más y nada menos), hemos disfrutado con el romance de Antonio y Merche, quienes vivían una especie de segunda adolescencia volviéndose a enamorar y reconciliándose con momentos tan duros como su primera boda; hemos sufrido con Carlos y sus indecisiones, típicas en sus años de madurez; hemos visto cómo Ines tomaba decisiones que serán clave para el resto de su vida y hemos reído con las ocurrencias de Herminia, quien vive uno de los momentos más frescos en la ficción y resulta cada vez más indispensable en el desarrollo de la serie.

Tramas: apoyadas en la Historia, pero válidas por sí misma

Aunque pudiera parecer que Cuéntame Cómo Pasó es una simple serie familiar, con tramas adaptadas a todas las edades que conforman el público objetivo de la cadena pública en horario de prime time, la creación por Miguel Ángel Bernardeu ha sabido ir más allá de lo que hacen otros títulos. Pese a que todavía no se desprende de las historias infantiles (antes protagonizadas por Carlitos y, ahora, por María), la serie ha sabido focalizar la tensión y los tiempos en aquellos momentos que merecen mayor protagonismo. Por ello, aunque la trama de los niños pueda tener presencia episódica, tan solo complementa a la historia que vertebra cada temporada y que es la que aporta la tensión que caracteriza a la ficción.

Sin embargo, lo que más me llama la atención de cómo crean los guionistas la línea argumental es el paralelismo que se mantiene entre la historia inventada de la familia Alcántara y la Historia real, por así decirlo, de lo que ocurrió en España y tras sus fronteras en los años en los que se desarrollan las temporadas. Así, todo queda justificado por el contexto: el boom de las construcción, que no solo fastidia a Antonio debido a los negocios turbios de don Pablo, sino que hasta llega a afectar al entorno de los más pequeños; la muerte de Franco, abordada desde el punto de vista cómico y catódico, las presiones que experimentó Toni (uno de mis personajes favoritos), a quien aterrorizaron por meter las narices en la trama de los GAL hasta que huyó al extranjero; y el miedo generalizado que sufren todos los personajes debido a los atentados de ETA que se suceden en el Madrid de ya entrados los ochenta, entre otras historias.

La familia Alcántara, expectante ante la inminente muerte de Franco.

La familia Alcántara, expectante ante la inminente muerte de Franco. Fuente

Aunque el peso de la Historia es esencial para que comprendamos ciertos comportamientos, las alegrías y vicisitudes de este matrimonio de Sagrillas vertebra la serie: Cuéntame Cómo Pasó se mide por los pulsos que marcan Mercedes Fernández y Antonio Alcántara, que no son pocos: desde la primera temporada, cuando él pasaba los días entre el ministerio y la imprenta y ella, cosiendo pantalones en el humilde piso de San Genaro; pasando por las ideas y venidas como pareja (ludopatía, cuernos y secuestro, incluído), como familia (por las aventuras de Inés con el teatro, la Iglesia y las agujas, entre otras; por los sustos de Toni y por los de Carlos… Al final, todos los hermanos han pisado la cárcel por una cosa o por otra…) y como vecinos de uno de los barrios más famosos de la televisión (demostrado en esta última temporada con la trama del violador de Galerías Preciados).

Personajes: el motor de la ficción

Las series que más me gustan suelen estar caracterizadas por contar con unos personajes que sobresalen de lo común y atrapan al público gracias a su carisma, sus ocurrencias y las historias que se generan debido a sus comportamientos. De Cuéntame Cómo Pasó no podría quedarme con uno solo, pues prácticamente todo el elenco me tiene conquistada: desde los más pequeños (aunque no en las últimas temporadas, sino en las primeras, cuando Carlitos pasaba de querer ser El Cid a Lawrence de Arabia.) hasta los más mayores (las historias de Herminia son de lo más tierno y divertido de la serie).

El heredero más consentido y mejor evolucionado. Fuente

Además, los secundarios cuentan con un gran peso en el desarrollo de los capítulos y aportan verosimilitud a las vivencias ocurridas en San Genaro. Esto último hemos podido comprobarlo en la temporada que ahora finaliza: Paquita ha tenido un gran protagonismo, siempre desde el segundo plano, gracias a su trama “montaña rusa”, a la que nos tiene acostumbrados (amor-desamor, sueños-desilusión, dinero-pérdidas, etc). Por otro lado, Karina también ha sido crucial para Carlos, quien parece haberse aclarado las ideas en cuanto al amor (aunque yo no estoy cien por cien segura de esto). Por último, Pili y Clara han sido claves en esta temporada, ya que sufrieron lo que se rumoreaba pero que nadie se atrevía a contar.

Las chicas más pillinas del Fly. Fuente

En Cuéntame Cómo Pasó sobresale el drama, la angustia, la tensión y la emoción final, aunque el humor y la ternura también cuenta con un claro papel en la ficción de Televisión Española. Herminia (personaje predilecto, junto con Toni) me ha hecho reír hasta que se me salten las lágrimas en esta última temporada y, pese a que ha tenido un protagonismo curioso en la entrega número 17 de la serie, me quedo con sus anteriores tramas románticas (y hasta oníricas) con su mago Jerónimo. Miguel y la reciente incorporación de Olmedilla también han logrado momentos hilarantes junto con la cómica Nieves, quienes formaban un extraño trío cada vez que coincidían en pantalla.

¿Qué nos queda por ver en Cuéntame Cómo Pasó?

Aunque siempre tengo la sensación de que, tras finalizar cada temporada, no queda mucho más que contar de la familia Alcántara debido a la intensidad con la que se narran las historias y la de sentimientos que se explotan cada vez que la serie regresa, me sorprendo cuando descubro las nuevas tramas que están por venir. Pese a las informaciones que leo, quiero confiar en que Cuéntame Cómo Pasó regresará para seguir enriqueciéndonos (porque sí, por supuesto que lo hace, igual que tantos contenidos que deberían potenciarse y que no se tienen en cuenta por considerarse un simple pasatiempo).

De la ficción nos queda por ver todo lo que quieran contarnos: vienen momentos históricos intensos, hitos que han marcado lo que hoy somos. Cuéntame Cómo Pasó es una clase de historia más allá de las aulas, que no solo enseña lo que ocurrió en el mundo de nuestros padres y abuelos, sino cómo se sintieron ante todos los cambios que experimentaba su entorno, un ejercicio de identificación y de valor por quiénes somos y de dónde venimos: de coser pantalones, del Ministerio y de la imprenta. De Sagrillas.

La televisión como servicio público 1: qué es, qué no y qué debería

Desde que me puse en marcha con este blog sobre televisión, lo que más me gusta del mundo, y sobre creación y crítica de lo que vemos en la pequeña pantalla, aprendo muchísimo a la vez que escribo. Os pasará a todos que, de una u otra forma, mantengáis un ritmo de publicación constante en algún medio de comunicación o tengáis que investigar a fondo sobre algún tema antes de escribir sobre este. Hace algún tiempo que publiqué un post sobre cómo, a mi parecer, Televisión Española no podía ser considerada una cadena pública y no pude evitar pensar en ello más allá del artículo. Tras analizar estrenos, leer información sobre lo más o menos nuevo y repasar los análisis de los títulos que mejores ratos me hicieron pasar frente a la tele, el debate del servicio público sale a flote en cuanto presenciamos la evolución de la cadena pública, hacia arriba o hacia abajo. Tras haberme pasado un tiempo buscando bibliografía sobre el concepto de servicio público en televisión, me encuentro con que hay mucho texto jurídico pero poca interpretación del mismo.

Definición de servicio público: la necesidad para la población/los espectadores

Según leemos en la ley 7/2010, de 31 de marzo, General de la Comunicación Audiovisual, la función de servicio público debe comprender la producción de contenidos destinados “a satisfacer necesidades de información, cultura, educación y entretenimiento de la sociedad española; difundir su identidad y diversidad culturales; impulsar la sociedad de la información; promover el pluralismo, la participación y los demás valores constitucionales, garantizando el acceso de los grupos sociales y políticos significativos”. Casi nada. Tras leer el texto jurídico y perderme varias veces entre tanto término técnico, creo que lo que debemos preguntarnos antes de entrar en el centro del asunto es qué entendemos por necesidades del público. En general, ¿qué es lo que espera la audiencia (en este caso, todos los ciudadanos) cuando se sienta a ver la cadena pública?; y, específicamente para este medio, ¿es un contenido exclusivo de televisión e imposible de trasladar a otros medios de comunicación? ¿Es realmente necesario para los espectadores?

Resulta casi imposible encontrar un solo programa que cumpla todas las premisas planteadas arriba, más aún cuando vivimos momentos en los que parece más importante satisfacer las necesidades de entretenimiento que las de conocimiento. Pese a lo general de la televisión (ya que posee contenidos para públicos de todas las edades y de, prácticamente, todos los gustos), es muy complicado generar un contenido que cumpla la función de servicio público en su totalidad, y por ello me planteo que quizá el secreto esté en las pequeñas dosis. Aunque el diseño, producción y emisión de un formato que respete todos los principios exigidos sea, más que utópico, antitelevisivo si somos realistas, el servicio público se cumple en aquellos programas que poseen matices del mismo y cubren las necesidades mencionadas. Sin embargo, debido a que los tiempos reducidos de la pantalla doméstica no permiten extensos discursos, resulta muy complicado.

El papel crucial de las Comunidades Autónomas en el servicio público en televisión

Según la ley General de la Comunicación Audiovisual mencionada arriba, las Comunidades Autónomas juegan un rol más que necesario para que el servicio público en televisión se ejecute como es debido. No solo a través de las herramientas de la estatal, sino con el apoyo de los canales que facilitan el acceso a una información y entretenimiento más cercanos al espectador por la inclusión de elementos “conocidos” para quien ve la televisión, la función de servicio público podría ser alcanzada si se cumplieran los principios básicos incluidos en el texto jurídico.

Pese a lo criticado de todas las televisiones autonómicas (el posicionamiento ideológico según los gobiernos del momento, lo “rancio” de ciertos contenidos y la repetición incesante de las mismas caras contando las mismas noticias y los mismos chistes), creo que no existe otra herramienta más útil y directa para desempeñar la función que hoy me preocupa. Mientras que la televisión nacional tiene que dividirse en públicos objetivos muy dispares, la dirigida a los habitantes de un territorio menor en extensión y similar en cultura tiene muchas más posibilidades de acierto. Por ello, es más fácil alimentar las necesidades de una audiencia con inquietudes y problemáticas similares. Aunque generalizar nunca sea recomendable, tiene sentido que empaticemos con los formatos que se acercan a nuestra cultura y que recojan las preocupaciones que nos atañen a nuestros semejantes (a los más semejantes, entre los semejantes).

Hablemos de ejemplos concretos. Con el fin de curso terminaba la tercera edición de La Báscula en Canal Sur (televisión pública de Andalucía), programa que cerraba su andadura (hasta la próxima temporada) con un share más que aceptable y mantenido semana tras semana. El espacio se ha popularizado entre los espectadores de la comunidad autónoma ya que reúne una serie de claves que lo convierten en un espacio ideal para la franja donde se emite y para el público al que está dirigido: además de ofrecer las guías para mantener una vida saludable, es tan divertido como didáctico. De entre todos los elementos del formato, destaco la capacidad de generar empatía entre los participantes y el público, ya que cualquiera puede conseguir las metas que el programa propone desde la pequeña pantalla. Además, La Báscula se reafirma como servicio público al mostrar la realidad de todos los grupos que convivimos en el territorio: tal y como reza la definición jurídica, este programa promueve el acceso de los diferentes colectivos sociales, que se ven representados en el espacio reservado para la noche del domingo, en prime time y con grandes anunciantes. Tal ha sido la repercusión de este espacio que la comunidad de Aragón se ha hecho recientemente con el formato, el cual se emite en la actualidad y es presentado por Luis Larrodera.

Lo que no es servicio público

El revuelo surgido y tras la elección, difusión y defensa de algunos de los contenidos de la televisión pública es más que conocido, denunciado y no corregido por parte de los responsables. Aunque existan excepciones como Alaska y Segura (o Coronas en su temporada anterior) y Saber y Ganar, ejemplos de la novedad y la tradición en el servicio público de Televisión Española y de cómo sí se deben hacer las cosas; todavía hay mucho camino que recorrer.

El año pasado estudié durante las tardes y pude disfrutar de la programación matutina. Me tragué cientos de entregas de Espejo Público, Al Rojo Vivo, El Programa de Ana Rosa y Las Mañanas de Cuatro. Por supuesto, también lo gocé viendo como Mariló Montero metía gamba tras gamba en el magacín que la pública le dejaba presentar. Todos estos espacios tenían multitud de similitudes, pero encontramos una que nos interesa en este caso y que destaca por encima de todas las demás: aunque la televisión sea un instrumento para el desarrollo del servicio público, esta franja en la programación está desierta de tal elemento. Por supuesto, La 1 tampoco lo cumple. Y pese a lo showoman del personaje que encabeza el programa, lo televisivo que resulte su discurso (sobre todo, a la hora de contestar a las críticas) o el poder viral de sus pifias, resulta vergonzoso que La Mañana pretenda convencer a alguien de que el aroma del limón cura el cáncer  o de que los órganos de un donante contagian con la personalidad de este al receptor. Mientras el magacín de TVE debería formar, culturizar, informar y entretener, yo solo encuentro una comedia absurda, más cercana a la línea surrealista de Amanece que no es poco que de la línea (más bien, de la veracidad) que debería mantener la televisión pública.

Y si hace algunos párrafos enumeraba aquello que me gusta de la oferta de servicio público de la autonómica de Andalucía, también tengo que decir que Canal Sur no es en absoluto la panacea. Por sus platós hemos visto desde niños-loros que recitaban unas cuántas líneas de un guión que no llegaban a comprender para provocar las risas de las señoras (público objetivo de este tipo de espacios, despatarradas casi literalmente en el graderío mientras Juan y Medio no sabía muy bien dónde meterse) hasta las miserias más miserables presentadas en la pequeña pantalla a modo de buffet libre: como el plato de comida asíatica que aparece por la cinta y recorre poco a poco el lugar, exponiéndose en todo su esplendor, mientras espera a ser rescatado por el comensal más hambriento del local. Así trabajaba Toñi Moreno en Tiene Arreglo, con la rifa de penurias en el escaparate de la pública andaluza. Y así le hicieron llegar semejante zasca por vía telefónica cuando se llevó (su equipo, con ella misma incluida en el cupo) el programa a Televisión Española.

¿Mostrar sin pudor cómo sufre una familia y aprovecharse de semejantes circunstancias puede englobarse en la función de servicio público de la televisión? No sé a vosotros, pero a mí se me pone la piel de gallina de solo pensar que toda la tele estuviera basada en el morbo de la tristeza y el sufrimiento ajeno. Y que lo haga una cadena privada me parece hasta lícito (que no moral. Al fin y al cabo, si rechazo un contenido tampoco simpatizo con sus anunciantes. O si no, que se lo digan a La Noria…), pero que la pública no tenga claros cuáles son los principios que debe cumplir me parece terrible. Al menos, los que tiene que evitar por sistema. A pesar de que sean únicas en su especie y, por tanto, exclusivas del medio televisivo, ni por esas encuentro un matiz para considerarlas dignas de los espacios que han ocupado mientras miles de personas esperábamos el despertar de la pequeña pantalla, de la nuestra, porque es nuestra. Ya que la estamos pagando, ¿por qué ibamos a dejar de criticarla?

TVE: el fracaso de la televisión pública en España

Los tiempos en que los informativos de La 1 ganaban premios internacionales parecen tan lejanos que es casi imposible comprender cómo una televisión pública ha llegado a transformarse de una manera tan drástica y dramática. La decadencia en la programación de entretenimiento, las acusaciones de manipulación en los servicios de noticias y las pérdidas económicas continuas de la Corporación (y sus consiguientes inyecciones de dinero por parte del Gobierno) son señales de que Televisión Española dejó de ser una cadena pública como tal y ha pasado a ser la cadena del Estado y no de los ciudadanos, simple y llanamente.

Quizá no tenga mucha idea de asuntos empresariales ni de política de instituciones públicas, pero tengo ojos en la cara y sé cuándo me están tomando el pelo a pesar de que lo hagan a través de una pantalla (que parece que está muy de moda en este país). Se suele decir que tenemos lo que nos merecemos pero, como ya dije en una ocasión en Perdidos en la Tele hablando de TVE, ¿realmente tenemos la televisión pública que nos merecemos? Me parece que no.

TVE no cumple un servicio público

Antes de lanzar mi opinión sobre qué no me gusta en las actuaciones de TVE, debemos conocer qué puntos debe cumplir una televisión pública para considerarse tal. Buscando una especie de decálogo de buenos hábitos o un libro de estilo de la cadena, he encontrado este artículo de la Asociación de la Prensa de Madrid, donde se explican ” qué requisitos debe cumplir y qué deficiencias nunca debe tener” una televisión que quiera considerarse pública dentro del modelo español. Citando al texto en el entrecomillado, destaco los siguientes puntos:

  • “Debe ser plural” y basarse en el rigor: establecida como una cadena en la que confluían todas las voces de la noticia, de grandes programas informativos y de reporterismo de visualización casi obligada, Televisión Española nada tiene que ver ahora con su pasado: ha abandonado a su suerte formatos de necesidad en una canal público, dando prioridad a programas que no aportan nada a los ciudadanos que los ven. Ejemplo de ello es el declive que sufrió Informe Semanal, programa emblema de la pública que perdió fuelle por no narrar con importancia acontecimientos de demostrada relevancia informativa (como fue el cierre de la televisión pública valenciana), y que quedó relegado al late night para, en su lugar, emitir un programa de entretenimiento (bastante malo, por cierto).

Plantilla de los Informativos de TVE en 2013 / Fuente: Cadena Ser

¿Qué programas hacen falta en TVE?

Si bien La 2 cuenta con espacios educativos, aunque en franjas que ocupan otros programas de mayor audiencia en otras cadenas, la pública debería ser referencia en televisión cultural y formadora (de pequeños y grandes). Dividiendo el día en franjas de parrilla, una Televisión Española decente y adecuada para todos los ciudadanos debería contar con:

  • Un buen magacín matinal: aunque presenciar las perlas que suelta Mariló Montero con bastante frecuencia, me mosquea que sea la cara de las mañanas en TVE. ¿Acaso no hay profesionales cualificados para dirigir un espacio informativo ligero, dinámico pero, al fin y al cabo, serio? Inés Ballester demostró en su sustitución de verano que poseía dotes de sobra para ello y, estoy segura, de que La Mañana de la 1 ganaría audiencia si se transformara en un formato donde cupiera la actualidad (la seria y, por qué no, algo de la menos seria) y el debate.
  • Programación infantil: cuando muchos de nosotros éramos pequeños, TVE poseía programas para niños realmente buenos. Ahora, tan solo encontramos series de dibujos animados en las cadenas de la TDT que la pública posee. Sin embargo, no existe un programa infantil como tal, como el antiguo Club Disney (donde, además de emitir dibujos, también se hacían concursos en un plató lleno de niños) o THP Club, el último programa infantil que recuerdo en Televisión Española que, aunque ya comenzaba a quedarse anticuado y aburrido para los niños que lo veían, seguía manteniendo ciertos elementos que ahora no encontramos (píldoras educativas, enseñanzas entre series de dibujos, etc). Yo recuerdo Pinnic con especial cariño, un programa bastante extravagante y súper divertido:

  • Un canal de “todo noticias” actualizado y en alerta permanente: mientras que el 24 Horas Todo Noticias no resulta eficiente en la cobertura de acontecimientos imprevistos (como el accidente ferroviario de Santiago) o permanentes en la agenda (como la Diada en Cataluña), sí que se explaya en la narración de eventos que no resultan tan importantes en cuanto a la actualidad (como la Semana Santa, que ya la retransmiten las cadenas públicas autonómicas y locales de todas las comunidades y municipios).
  • Y, por supuesto, unos servicios informativos que informaran.

¿Y vosotros? ¿Qué creéis que necesita Televisión Española para que la consideremos cadena pública?

IMAGEN: TVE

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