Vivir de la Tele

Creación, guión y mucha tele

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25 años de televisión (II)

Si todavía no has leído la primera parte de esta serie, puedes hacerlo aquí. Siendo una niña descubrí el poder que la televisión ejercía sobre mí en el buen sentido: me divertía, he emocionaba y me sorprendía. Con algunos años más, descubrí que la pequeña pantalla era mucho más que un simple entretenimiento: quería que formara parte de mi vida y haría todo lo posible porque así fuera (por algo este blog se llama Vivir de la Tele). Si ya hemos repasado del 1991 al 2008, todavía quedan unos añitos por analizar y recordar aquellos programas que más influencia causaron en mi yo adolescente hasta la actualidad.

Universidad y televisión: el descubrimiento de mi verdadera pasión

2009: Uno de los títulos que más significó para mi posterior formación e interés televisivo fue Granjero Busca Esposa. Aunque llevaba ya muchos años siguiendo distintos realities de todo tipo, este significó la semilla de lo que en el futuro se consideraría tróspido, aunque todavía no nos sonara de nada este término.

En el noveno año de la era 2000 también conocí a Samanta Villar gracias a su 21 días, cuya primera temporada fue toda una revelación de intenciones y me sirvió para reafirmarme en mi decisión de estudiar Periodismo porque contar historias así tendría que ser maravilloso. Aunque en los años siguientes el tono de los reportajes se suavizó muchísimo, en su entrega debut en Cuatro nos trajo relatos aterradores de la realidad que la gente vive, aunque lejos de nosotros.

Durante mi primer año de universidad no consumí mucha tele, si lo comparamos con los que estaban por venir, pero descubrí títulos que no me dejaron indiferente (para bien y para mal), como Curso del 63, De Buena Ley, Hermano Mayor y La Caja. Por supuesto, 2009 también fue el año de Sálvame, formato del que renegué en un principio (como todos) pero al que me enganché inevitablemente tiempo después… Aunque para eso todavía quedan alguno años.

2010: Podemos considerar al décimo año de la era 2000 como el año del absurdo, pues gran parte de los títulos que surgen en este momento orbitan alrededor de este exitoso concepto. El desfile de realities inexplicables es llamativo: Las Joyas de la Corona, con Carmen Lomana al frente, presentó a una serie de jóvenes faltos de educación que serían “rehabilitados” en una escuela de modales.

En 2010 también nace en Telecinco Más Allá de la Vida, el polémico programa presentado por Jordi González y comunicado con el otro mundo gracias a las labores de Anne Germain. Sin embargo, el chiringuito duró un suspiro: la británica se vio obligada a abandonar la cadena al descubrirse los informes que se zampaba antes de realizar sus particulares entrevistas. Aunque había quienes ya le habían calado…

Aunque la estrella del absurdo fue Florentino Fernández con el aterrizaje en Cuatro de Tonterías Las Justas. Junto a Dani Martínez y Anna Simon, quienes comenzaron una subida frenética en la pequeña pantalla, llenaron las sobremesas de risas entre repasos a la actualidad y, literalmente, mamporrazos.

El Reencuentro llegó cuando Gran Hermano se enfrentaba a una “crisis” de edad tras 11 ediciones. Aunque los fieles seguidores nos mantuviéramos al pie del cañón (tal y como permanecemos ahora), es cierto que el mítico reality necesitaba de algunos elementos sorprendentes, a la vez que nostálgicos, que volvieran a conquistar al público que en algún momento de su vida se paró a ver mi programa favorito. En esta edición especial se reencontraron Ainhoa Pareja con Nicola (GH5), Nicky con Cristal y Bea “la legionaria (GH6), Jorge Berrocal con Mª José Galera y Silvia (GH1), Ana Toro con Almudena “Chiqui”, Gema Zafra y Orlando (GH11), Raquel López con Pepe (GH7), Noemí Ungría con Raquel Morillas (GH3), Amor Romeira, Andallá, Melania y Piero (GH9), Inma Contreras con Bea “la marquesa” (GH7), Nacho con Desirée (GH4) y, por supuesto, Arturo e Indhira (GH11). Aunque muchos participantes abandonaron de forma voluntaria y a algunos tuvo que aplicárseles la expulsión disciplinaria, El Reencuentro fue una edición inolvidable por los recuerdos que trajo y los conflictos que desencadenó. También es verdad que para mí resultó un debate de sentimientos: me enamoré de concursantes que había odiado y le cogí manías a algunos que fueron mis favoritos en sus respectivas entregas.

2011: he de admitir que, a día de hoy, no he visto El Barco. Pese a la fiebre que surgió con el estreno de esta serie y a cantidad de referencias que he leído sobre a ficción (no por buena, sino por absurda), no me paré a ver ni siquiera un capítulo. Pero había tantísima gente enganchada que, para qué engañarme, sí que fue un acontecimiento reseñable para este año de televisión.

Aunque en 2009 no vi Perdidos en la Tribu, asistí al estreno de Perdidos en la Ciudad en 2011 y descubrí un magnífico reality basado en la hermandad y en el intercambio de culturas. Las familias españolas que habían viajado años atrás para convivir con tribus de lugares recónditos del mundo acogían ahora a quienes habían sido sus compañeros. Para la sorpresa de los extranjeros y para la nuestra, comprobamos cómo alucinan con elementos que para nosotros son parte de la vida diaria.

Sin duda, 2011 venía cargadito de televisión y descubrimientos de los que otros públicos acabaron disfrutando. Tu Cara Me Suena, formato creado en España y vendido a más de 37 países llegaba en este año para satisfacer a la audiencia gracias al desparpajo de un buen casting y al talento innato de las estrellas. Aunque disfruto con los cantantes que realizan actuaciones de infarto, creo que me gustan más aun los participantes que llegan sin esperar nada y sorprenden… Para bien o para mal.

2012: Mi interés por la televisión, desde un punto de vista más técnico que lúdico, comienza a ser más evidente mientras curso segundo y tercero de carrera. Es aquí cuando comienzo a escribir sobre esta temática en un medio online, pero todavía me sentía bastante insegura porque no sabía ni por dónde empezar: el universo catódico cada vez me resutaba más grande y era imposible elegir tan solo un tema sobre el que publicar. Me gustaba todo: las series extranjeras que descubría poco a poco, las españolas que cada vez me parecían más interesantes y los programas que comenzaba a ver desde otro punto de vista, no solo desde el del simple entretenimiento. En este momento se hunde La Noria, programa de actualidad política y corazón presentado por Jordi González,  debido a la retirada de sus anunciantes tras la polémica entrevista a la madre de “El Cuco”.

Este año también tuvimos nuestra ración de talents correspondiente: con la llegada del formato de The Voice a España descubrimos una forma nueva de emocionarnos con un concurso y, sobre todo, nos ponemos en la piel del jurado encargado de elegir al equipo que luchará en el programa.

Pero si algo distingue al 2012 de otro año televisivo es la explosión de lo tróspido, que llevaba un tiempo germinándose y ahora parecía estar listo para presentarse al público. Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo llegaba de la mano de Luján Argüelles a Cuatro, con un casting repleto de personajes, una realización magistral y un argumento maravilloso… Una pena que en la red no queden vídeos de la primera edición.

También descubrimos a Alberto Chicote, el televisivo chef que se puso al frente del Pesadilla En La Cocina a la española. Este programa significa el comienzo de la obsesión culinaria que todavía sigue trayendo cola en la programación: todo lo relacionado con la comida nos encanta, y todavía más si viene acompañado de tensión, broncas, competición y evolución. Ver a Chicote salvar los negocios arruinados, insalubres y nada apetecibles resulta una de las experiencias más satisfactorias de la tele.

Si no tuviéramos bastante con los tronistas de Mujeres y Hombres y Viceversa, a quienes no hice referencia en 2008 porque no fueron relevantes en mi descubrimiento, los chicos de Gandía Shore sí que revolucionaron mi forma de comprender los realities. Es cierto que había visto algo de Jersey Shore (incluso de los spin offs de Pauly y, más tarde, de Snookie & Jwoww, de quienes me considero una fan total), pero descubrir las burradas dichas y hechas en el contexto español daba muchísimo más juego que ver como se llevaban detenida a Nicole por ir borracha por la playa. ¡Donde iba a parar!

2013: Mientras Canal Nou se iba al negro tras el anuncio del cese de sus emisiones, este año nos trajo nuevos descubrimientos catódicos en la línea de lo anterior, aunque cada vez con más intensidad: lo que sirvió de ensayo en el pasado ahora pasaba a la programación y se convertía en un producto de disfrute habitual. El caso de Un Príncipe Para Corina triunfó en audiencias y en las redes sociales, las cuales se transformaban en un hervidero en las noches de emisión del título. Y no era para menos: con semejante casting y semejantes perlitas, cualquier espectador se echaría una carcajada de categoría viendo algún capítulo.

En el verano de este año comenzó mi descubrimiento de un formato que rechacé durante mucho tiempo. Kiko Hernández inició una cuenta atrás de cien días que me llenó de intrigas: quería saber por qué debíamos esperar tanto para conocer una exclusiva, cuando creía que estas siempre se lanzaban en el momento que eran contrastadas. La cuestión es que, por culpa de este gancho, me tragué Sálvame Diario durante todo el verano (no fuera a ser que a alguien se le escapara algo de este tema) y me enteré de todas las tramas que giraban alrededor de los colaboradores, así como de qué rol jugaba cada uno de ellos. Me sorprendí al descubrir cómo utilizaban el guión para crear un relato de lo más atractivo para el espectador, así como de el uso tan fantástico del material gráfico.


Antes de que terminara esta cuenta atrás (tan solo unas horas), Isabel Pantoja lanzaba un comunicado oficial en el que confesaba que su hija, hasta esa madrugada menor de edad, estaba embarazada. Con esta noticia (y el reventón de la exclusiva de Hernández), Sálvame se convertía en una junga de contenidos y declaraciones. Yo, que todavía no había comenzado el máster pero ya me había mudado (es decir, que no tenía nada mejor que hacer con mi vida salvo ver la tele, o no quería hacer otra cosa), me tragué todas las reacciones surgidas de este acontecimiento tan revolucionario. Además, también me nutrí de otras tramas igual o más jugosas que la de la tonadillera. De nuevo, descubrí la casi mágica capacidad de este programa para entretener a su público, algo cada vez más complicado en el mundo de sobreinformación en el que vivimos. Os enseño las historias que más me han divertido:



Otro formato hilarante que nacía este año era Cazamariposas. Nutrido de la misma prensa que Sálvame, este programa enfoca las historias de una forma distinta: mucho más rápida y jocosa, sin tomarse los contenidos tan en serio como los colaboradores del programa de sobremesa en Telecinco. Su inevitable similitud con el Tomate por cómo eligen los contenidos, cómo montan los vídeos (y los locutan, por supuesto), cómo crean tendencia y por cómo hacen cómplice de sus “trastadas” al público.



El triunfo de los fogones en la programación se reafirma con la llegada de Masterchef. Seguí la primera edición con fervor, aunque me he bajado del carro en los últimos años debido a la pérdida de norte del talent: si este concurso versa sobre el talento con la cocina y el aprendizaje, ¿por qué se crean tensiones, enemistades y competencias forzadas en el guión, cuando eso no es lo que realmente nos interesa? Por lo menos, a mí. Estoy bastante decepcionada con este tipo de programas, pues considero que todavía nos queda mucho por descubrir y que nos lo vamos a perder por querer tener el mismo éxito que los realities basados en la convivencia.

2013 también es el año de los trampolines. Por sorprendente y arriesgado que parezca, Telecinco y Antena 3 adquirieron formatos similares y los emitieron de forma simultánea, en un ejercicio de programación que nunca terminé de comprender. Splash! Famosos al Agua y ¡Mira Quién Salta! no tuvieron demasiado recorrido, pero dejaron imágenes para la posteridad.

Aunque todos estos títulos sean una aportación al más puro entretenimiento, en 2013 también nacieron programas informativos y de actualidad dignos de ser mencionados. El Objetivo de Ana Pastor llegaba a laSexta tras las convulsas circunstancias a las que se vio sometida la periodista en Televisión Española, después de ser destituida de Los Desayunos de TVE por razones poco claras. Este nuevo programa vendría a ofrecer al espectador todos los datos necesarios para que construyera su propia opinión de los hechos sucedidos en el escenario político. Aunque el planteamiento es excelente, permite poco margen de maniobra: al final, los tiempos en televisión son muy estrictos y algunos temas necesitan ser desgranados con más detalle.

Toñi Moreno se estrenaba en la pública tras años realizando el mismo programa de caridad en Canal Sur, la televisión autonómica de Andalucía. Entre Todos estuvo rodeado de polémica desde el primer día de emisión, pues al público le resultó poco ético que una cadena financiada de los presupuestos generales del Estado tuviera el elemento caritativo como elemento vertebrador. Personalmente, admiré a Moreno cuando hacía divertidísimos reportajes en 75 Minutos o en Andalucía Directo, pero me cansó cuando parecía que la única televisión solidaria (en el caso de que fuera necesaria) podía hacerla ella.

2014: Si Évole llevaba sorprendiéndonos desde que comenzara su andadura follonera en laSexta, con Operación Palace nos descolocó a todos. El falso documental que se promocionó como una revelación de datos y hechos del 23-F, intento de golpe de Estado que siempre ha estado rodeado de un halo de misterio y del cual todavía no sabemos qué es real y qué es épica. Con el (falso) testimonio de Jorge Vestrynge, Iñaki Anasagasti, Federico Mayor Zaragoza, Iñaki Gabilondo, Luis María Ansón o Fernándo Ónega entre otros, se narró cómo el Gobierno de Adolfo Suárez planeó dicho movimiento para sustituir al presidente por otro candidado de unidad nacional, con beneplácito del rey Juan Carlos I y bajo la dirección artísitica de José Luis Garci. Por supuesto, el título tenía un objetivo de ser: el de comprobar la falta de transparencia informativa que sufren los ciudadanos respecto a los hechos de Estado y a la actualidad política.

Tras la emisión de los capítulos de la 15ª temporada de Cuéntame Cómo Pasó se estrenó un maravilloso programa de reportajes que documentaba las temáticas tratadas en la ficción. Ochéntame llegó como un valor añadido a la serie que me tenía enganchada desde que la descubrí, así que no me quedó más remedio que quedarme despierta hasta bien tarde para seguir disfrutando.

Aunque en años anteriores me empapé de algunos titulos extranjeros cuyos temas principales giraban alrededor de la nutrición, el ejercicio físico y los hábitos saludables (Supersize VS Superskinny o I Used To Be Fat), El Método Osmin llegó a Cuatro para crear un revuelo a base de principios erróneos sobre la delgadez y el sacrificio. Bajo los lemas “pescado, agua y ensalada” o “la calle es tu gimnasio”, comprobamos cómo este supuesto entrenador personal machacaba a los participantes en el programa a base de restricciones extremas en la alimentación o durísimos ejercicios de alto impacto, no apto para individuos sedentarios.

Pero mi incursión televisiva de los programas de dietas fue mucho más allá del simple consumo. En 2014 tuve el placer de hacer prácticas en el programa de Canal Sur La Báscula, presentado por Enrique Sánchez y con cuyos consejos e historias de superación ha ayudado a miles de andaluces en cada temporada. A diferencia del formato de Osmin, sus intenciones van más allá del cambio físico: perder peso es ganar salud, pero no vale con ser delgado de cuerpo, sino que el estado mental también es fundamental para lograr el equilibrio y la aceptación.

En las oficinas de Mediasur pude hablar con varios concursantes de La Báscula y monté algunos contenidos con los vídeos domésticos que nos enviaban, para que viéramos como se desenvolvían en su día a día y los cambios que lograban gracias a la pérdida de peso. Aquí me di cuenta de toda la verdad que hay en este tipo de programas, a diferencia de lo que pensaba antes de pisar la productora. Habrá formatos más o menos ficcionados, construidos en base a las historias que dan más juego y dejando a un lado el mensaje de positividad que debería transmitir un título como este; pero tuve la grandísima suerte de colaborar en un buen producto, transmitiendo un mensaje fantástico.

Rescatando a Sara, dirigida por Manuel Ríos San Martín y producida por BocaBoca, me sorprendió por su crudeza, por el realismo de los testimonios reflejados y por la capacidad de trabajo del equipo, cuyas técnicas descubrí en este artículo.

Hable Con Ellas En Telecinco comenzaba en 2014 y su recorrido (interrumpido) se extendía hasta este mismo año. Aunque las carencias del formato se veían de lejos, es cierto que el programa nos dejó momentazos dignos de ser recordados en este recopilatorio: entre las pifias de Beatriz Montañez, la sinceridad de Yolanda Ramos y las espantadas (a veces real, a veces de broma) de algunos invitados, tuvimos un late insulso pero de lo más intenso por momentos. En gran parte, gracias a Twitter.

También pudimos ver la adaptación de un formato alemán de concienciación social en Cuatro y que prometía grandes momentos televisivos, pero se quedó en un intento. Quizá por la falta de continuidad en sus espisodios, En La Caja tan solo contó con dos temporadas poco sonadas, aunque sus capítulos no tienen desperdicio. Pudimos ver a Mercedes Milá en el entorno de la polémica cienciología, a Risto Mejide conviviendo con FEMEN, a Pedro García Aguado descubriendo Magaluf o a Juanra Bonet en Marinaleda.

2014 también fue el año del regreso de Risto Mejide a la televisión, a un género en el cual se sentía cómodo y gracias al que consiguió momentos de gloria. El creativo se sentó al frente de Viajando Con Chester, programa emitido por Cuatro, giraba alrededor del invitado y las preguntas que Mejide lanzaba. A veces muy pretencioso y, otras, brillante, este formato me llamó la atención por la facilidad de atracción del público a través de la palabra.

2015: Sin duda alguna, este es el año de El Ministerio del Tiempo. La serie que llegaba a La 1 de TVE para revolucionar al público y que tanto ha dado que hablar hasta la actualidad aterrizó con fuerza en nuestra televisión gracias a unos principios estupendos: buenos personajes, un guión consistente y una excusa magnífica, que no era otra que la de viajar al pasado para solventar problemas futuros en la historia. Gracias a Rodolfo Sancho, a Aura Garrido, a Nacho Fresneda, Juan Gea, Cayetana Guillén Cuervo y a Hugo Silva (en la última temporada que hemos visto), España puede estar tranquila al contar con unos funcionarios tan eficientes en las cuestiones temporales.

Otro formato que me fascinó este año fue el de Casados a Primera Vista, emitido en Antena3 y algo polémico por la presima que planteaba: varias parejas de desconocidos se encontrarían en una playa paradisiaca de México para darse el “sí quiero” sin haber intercambiado una conversación previamente. El novio y la novia deberán conocerse después del enlace y comprobar si, tal y como indicaría un test realizado por un equipo de psicólogos antes de entrar en el programa, son compatibles. Tras la luna de miel y la convivencia, los esposos decidirán si quieren seguir adelante con el matrimonio o, si por el contrario, prefieren continuar cada uno por su lado.

No todo lo emitido y estrenado en 2015 fue una delicia para nuestros ojos. Este año encontramos verdaderas perlas de la televisión más decadente, triste y de baja calidad. Títulos como Levántate, Las Aventuras del Capitán Alatriste, Yo Quisiera, Aquí Paz y Después Gloria o Centro Médico nos sorprendieron para mal, pero si tuviera que quedarme solo con uno elegiría el que os presento: aunque en 2014 ya pudimos apreciar (o sufrir, según se vea) la vuelta de las famosas galas estivales de José Luis Moreno, regresaba a La 1 de Televisión Española con Alfombra Roja Palace. Sin novedades desde Noche de Fiesta, el desfile de cantantes, bailarines, cómicos pasados de rosca y escenas de matrimonio enranciadas, quienes soportamos las cuatro entregas que duraba la temporada nos pegamos unas buenas risas en Twitter. 

Otro título destacable en esta jungla del horror catódico es el de ¡Vaya Fauna!. Telecinco, en su afán por destacar a través de los talents y sin querer darse cuenta de que estamos realmente cansados de ellos, lo intentó con un programa en el que los animales eran los protagonistas del show. Más que un espacio lleno de sorpresas, apto para toda la familia y divertido, resultó un programa deleznable debido al trato al que eran sometidos los animales que participaban en él. En pleno auge de las polémicas que rechazan los circos de fieras, Telecinco no estuvo en absoluto acertado.

Como contrapunto de toda la bazofia que vimos el año pasado, también pude disfrutar de momentos esperanzadores ante la televisión. Manu Sánchez, a quien seguía desde que presentara La Semana Más Larga en Canal Sur, llegaba a laSexta para conquistar al público de todo el país. Sin embargo, El Último Mono se quedó en un intento, quizá porque su humor no fuera comprendido por los espectadores de toda España. A mí me pareció de lo mejorcito que nos trajo la televisión en 2015.

Otro programa que me resultó totalmente necesario en nuestra vida fue Constructor a la Fuga. Aunque estemos algo saturados de los contenidos relacionados con la vivienda en laSexta (no sé cuántos capítulos de ¿Quién Vive Ahí? o Piso Compartido habré podido ver en mi vida), este nos traía mucho más que simples casas bonitas. Al contrario, el formato adaptado del original Cowboy Builders (que también hemos podido ver en España y el cual era muchísimo más fuerte que su homónimo) trataba un tema social preocupante: el de tantas familias que sufren la incompetencia de un constructor en su propio techo. Sin embargo, no fue un éxito de audiencia y tampoco pudimos ver el último episodio de la temporada debido a un conflicto legal.

2016: Aunque este año todavía no ha terminado, sí que puedo mencionar aquellos títulos que ya han destacado por encima de otros en la programación. El inicio de emisiones de #0 trajo consigo contenidos diferentes a todo lo que habíamos visto antes: aunque Canal + ya contaba con una oferta distinta a la de la televisión convencional, gracias a la nueva cadena de Movistar hemos disfrutado de AcapelA, Late Motiv o Web Therapy. Pero el programa que más me ha enganchado ha sido La Huida, adaptación de Hunted: un concurso de “supervivencia”, en el que los fugitivos tendrían que huir de las autoridades durante 28 días. Todo un descubrimiento.

Aunque Cuatro llevaba algunos años de capa caída en cuanto a creación de nuevos títulos que atrajeran la atención de a audiencia, parece que en 2016 vivimos su despertar: en la línea de los realities que nos gustan, en los que encontramos elementos de ficción descarada y trocitos de realidad, estrenaba Quiero Ser Monja, un descubrimiento del mundo religioso a la vez que un espectáculo de las risas. Gracias a un casting correcto y a lo propio de la situación, disfrutamos de unos capítulos muy divertidos.

Otro título con personalidad ha sido Feis tu Feis, aunque no en cuanto a las audiencias. El programa en el que Joaquín Reyes entrevistaba y se ponía en la piel del invitado no alcanzó cifras espectaculares debido a la franja en que se programó y a la crecida competencia a la que se enfrentaba cada viernes por la noche. Sin embargo, el formato me parecía de lo más adecuado y, si volviera a la programación, lo vería sin dudarlo.

Pero la sorpresa por excelencia de este año de televisión ha sido la que ha dado First Dates. Lo que pareciera un simple programa de citas se ha convertido en un fenómeno social en el que parejas de desconocidos comparten una cena mientras los espectadores observan y comentan en redes sociales cómo se desenvuelve el encuentro. Programado en access prime time, nos permite disfrutar de un formato distinto a lo habitual, pero en el universo tróspido de personajes que tanta gracia nos hace.

Y ahora, ¿qué?

Si la televisión me ha dado tan buenos momentos durante 25 años de mi vida, no me puedo imaginar lo que me tiene deparado en el futuro. Gracias a la tele he descubierto un universo que me ilusiona, me llena de energía y, sobre todo, me apasiona.  Y con la pasión se llega a todos sitios.

Aunque a pasos pequeñitos, he llegado a lugares que jamás me hubiera imaginado que pudiera alcanzar. Estoy escribiendo en varios medios online y sigo con la cabeza llena de proyectos. A la tele tengo que agradecerle prácticamente todo lo que tengo, y sé que seguirá haciéndome regalos maravillosos.

Gracias a todos por los comentarios tan bonitos que he recibido en Twitter sobre esta serie de posts. ¡A por otros 25 años televisivos más!

25 años de televisión (I)

Este post comenzó a ser creado el 2 de septiembre del 2015, el día que cumplí 24 años. Como me conozco y sé que no soy capaz de “vomitar” un post de un tirón (y menos uno como este, repleto de videoteca), empiezo a escribirlo con un margen de tiempo considerable. Ahora, con el cuarto de siglo recién estrenado, releo y completo con aquellos trocitos de la pequeña pantalla que recuerdo con cariño y fueron necesarios para que hoy fuera lo que soy: una apasionada (y dependiente hasta el extremo) de este medio. Aquí os dejo mi particular repaso a 25 años de televisión.

La infancia: maratones de VHS y creación de referentes

1991: Aunque yo tan solo contaba con días desde que nací, el 19 de septiembre se estrenaba en Antena 3 la mítica Farmacia de Guardia, la cual aparecía en mis apuntes del máster en guión como referente en la sitcom española. Pese a que no conservo apenas recuerdos de la ficción dirigida por Antonio Mercero, no podía no mencionarla en este repaso debido a su importancia para la historia de la ficción en nuestra televisión. Sin embargo, aunque sería imposible que me acordara de todo lo que vi durante este periodo, tengo entendido que me llamaban muchísimo la atención los sonidos llamativos y colores chillones de las cortinillas de Telecinco.

1992: El ’92 no solo fue un año espléndido para España de cara al mundo, sino que esta apertura tuvo repercusión en la tele. Yo, que todavía no era consciente de lo que ocurría tras el cristal, me quedaba embobada viendo los sketches de Pinnic (formato que ya reivindiqué en otra ocasión) en La 2.

Este mismo año también me fascinaban, según las declaraciones de mi familia, las performances de la rubísima y súper carismática Xuxa en Telecinco, en su colorido show Xuxa Park.

1993: El cuarto año de los noventa, el segundo de mi vida, fue sin duda el de los concursos. En La 2 de Televisión Española se estrenaba Cifras y Letras al tiempo que en Antena 3 Emilio Aragón daba la bienvenida a una nueva era con El Juego de la Oca y sus pruebas descabelladas (nunca mejor dicho). Sin embargo, el recuerdo más lúcido que conservo es el de Qué Apostamos. El show presentado por Ramón García disfrutó de varias temporadas en La 1 mostrando a los espectadores cómo los superhumanos eran capaces de desempeñar habilidades sorprendentes. Pero, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad con los talent shows, existían elementos que servían de alicientes tanto para los espectadores como para los invitados presentes en plató, quienes debían apostar a favor o en contra de los concursantes. Además, el público asistente también jugaba un papel divertido en el concurso, pues debían apostar para elegir el ganador. De lo más recordado de uno de los títulos estrella de Ramonchu son las duchas que él y las distintas copresentadoras (Ana Obregón, Antonio Dell’Atte, Raquel Navamuel o Mónica Martínez, en la etapa de la pública) se daban al finalizar cada programa, aunque algún que otro famoso también llegó empapado a casa tras haber jugado en este maravilloso programa.

El recuerdo más lúcido que conservo del ’93 es el de El Gran Circo de TVE. Aunque comenzara su andadura en 1973, en este año regresó a La 1 de Televisión Española para seguir animando las mañanas de los fines de semana a todos los niños que esperábamos que Miliki y Rita Irasema nos contaran historias divertidas. Tenía una obsesión enfermiza con este dúo, ¡me volvían loca!

1994: Un poquito más despierta y adquiriendo gusto televisivo gracias a los maratones de VHS que me tragaba en cada comida (mi madre me grababa un cóctel de contenidos para que me dejara alimentar, pues era la única forma en que no protestaba -tanto-), disfrutaba con los Tricicle en ¡Chooof! pues, aunque no dijeran una sola palabra en todo lo que duraba el programa, me tronchaba de la risa. La tele captaba toda mi atención y con tan solo tres años ya comenzaba a vislumbrarse esta obsesión catódica que tengo (más bien, afición).

Aunque el ’94 fue el año del particular Scavengers de Bertín Osborne, lo descubrí hace algunos años gracias a YouTube. Pese a que no formó parte de mi infancia televisiva, no podía dejar de mencionarlo en este recopilatorio…

1995Blossom y Punky Brewster llegaron a nuestras pantallas este año. Aunque mis padres no me dejaron ver la tele del late night hasta bastante más mayor, pude disfrutar del espacio presentado por Pepe Navarro y por cuyo plató desfilaron personajes tan maravillosos como Cristina ‘La Veneno’ y Krispín Klander a posteriori, gracias a YouTube y a la infinidad de zappings que siguen nutriéndose de estos contenidos. Esta noche cruzamos el Missisippi se estrenaba semanas después de que yo cumpliera cuatro años de edad.

En el ’95 surgía un alocado formato que durante los viernes noche de verano llenaba a las familias de risas y diversión. Como rezaba la sintonía de El Grand Prix, “el programa del abuelo y del niño” tenía una función similar a la del ‘1, 2, 3, Responda Otra Vez‘: reunir a la familia frente a la televisión. En la actualidad, programar un viernes en prime time es arriesgado. Un año después de su estreno, el título también presentado por Ramón García (el rey de los concursos) conseguía un 36,6% de media de share. Si tenéis nostalgia, he encontrado este canal en YouTube donde van subiendo todos los programas, pues en el archivo de RTVE tan solo hay 12 vídeos.

1996: Cuando se estrenó Con Mucha Marcha en La 2 de Televisión Española yo contaba con cinco años de edad y una conciencia casi plena de todo lo que ocurría tras la pequeña pantalla.

El 96′ fue un año de grandes estrenos televisivos, pues surgieron títulos como Caiga Quien Caiga, Día a Día, Redes, Hostal Royal Manzanares, La Parodia Nacional o Sorpresa, ¡Sorpresa! Recuerdo con especial cariño un especial de Navidad que todavía conservo en VHS y que no soy capaz de encontrar en la red. Ahora, ya he visto el vídeo de la niña de Redondo cincuenta mil veces…

1997: Junto con el Missisippi, Crónicas Marcianas no solo ha sido uno de los títulos más venerados del late de nuestra televisión, sino que para mí resultaba un mito viviente, alejado de mis posibilidades debido al horario y a sus contenidos. De todas formas, mi madre acabó comprendiendo mi temprano interés por aquel espacio adulto y no le quedó más remedio que grabarme algunos fragmentos en los que acudían los concursantes de Gran Hermano, aunque para este momento todavía quedan algunos añitos mas… El que os enseño a continuación lo conocí a raíz de la participación de las famosas Hermanas del Baptisterio en Callejeros. Lo que no supe en ese momento es que ya había pasado por la tele, acompañadas de Javier Cárdenas.

Saber y Ganar también llegaba este año a La 2 de Televisión Española. Desde su estreno y hasta el día de hoy, es lo que se ve en mi casa a la hora de comer. Mis padres, como su audiencia, todavía no se han hartado de los magníficos, de Juanjo Cardenal, de Pilar Vázquez ni del fantástico sentido del humor de Jordi Hurtado.

Aunque Tómbola se estrenaba en el Canal Nou, los andaluces también pudimos verlo en Canal Sur durante algunos meses, hasta que los responsables decidieron que el espacio no era apto para su emisión en la televisión autonómica. El polémico espacio de corazón donde se vivieron momentos de lo más tensos resultó un punto y aparte para este tipo de programas, pues los que estaban por venir bebieron de forma irremediable de sus métodos, su realización y sus conflictos internos.

1998: Recuerdo cómo mi abuela programaba el temporizador de la tele de la habitación para que se apagara a la media hora, cuando le pedía con todos mis recursos que me dejara (¡por favor!) ver Furor. Yo, que siempre fue una niña muy obediente, no volvía a encender la pantalla pese a que sabía de sobra la estrategia para bajar el volumen a tope y que nadie se diera cuenta de que, efectivamente, no me había dormido cuando me tocaba y me había quedado viendo aquel espectáculo de botones, lunes y canciones. Con siete años me había quedado prendada de Alonso Caparrós, aunque cuando traían a su hermano Andrés al plató me gustaba más el otro.

Ana Rosa Quintana se estrenaba en Antena 3 con el magacín Sabor a Ti. Recuerdo que me pilló de vacaciones en Valencia y alternaba los visionados de Doraemon en un lenguaje que se me escapaba con los de este nuevo programa. Volviéndolos a ver ahora, alucino con lo rápido que pasa el tiempo y con lo mal que envejecen los escenarios, los looks y la televisión en general. Más bien, alguna televisión.

No puedo cerrar el ’98 sin hacer una mención a El Informal. Desde aquí quiero transmitir a los directivos del momento, a los creadores del formato y al realizador a los mandos del día al que me refiero que, por su culpa, vivo traumatizada con la película Alien. Y no porque la viera a una edad prematura (de hecho, la vi ya con 24 tacos, hasta que no pude evitarlo más tiempo), sino porque me comí una de las escenas más terroríficas que había presenciado jamás: aquella en la que el alien sale del vientre de su víctima y salta de la mesa de operaciones enseñando sus afilados dientes. Por todo lo demás, el programa presentado por Florentino Fernández y Javier Capitán ha sido uno de los títulos que más risas ha provocado en mi casa y en mi familia todavía se nos saltan las lágrimas cuando recordamos algún doblaje. Y es que no es para menos.

1999: en este año comenzaría el recorrido de todo un hito en la pequeña pantalla. Carlos Lozano se ponía al frente de Noche de Fiesta, creación de José Luis Moreno, quien ha intentado por todos los medios que su creación perviviera hasta el 2015 con Alfombra Roja Palace (y hasta nuevo aviso, que nunca se sabe). Por muchos títulos que tuvieran estos espacios, el programa siempre era el mismo: una gala grabada en un hotel o en exteriores, compuesta por actuaciones musicales y de humor. La verdad, no sé si en algún momento haría algo de gracia pero, a las puertas del 2000, la televisión había recorrido mucho más de lo que reflejaba este título.

Mis padres me mandaban a la cama temprano todos los domingos, además de porque el lunes tenía que madrugar para ir al colegio, porque querían ver 7 Vidas tranquilos. De nuevo, mi curiosidad televisiva provocaba que, a pesar de no ver la pantalla, me durmiera tarde escuchando los divertidos diálogos entre David (Toni Cantó) y Laura (Paz Vega). Años más tarde sí que pude ver algún capítulo sin remordimientos y me arrepentí de no haber disfrutado antes de personajes tan maravillosos como Sole (Amparo Baró), Paco (Javier Cámara), Gonzalo (Gonzalo de Castro) Carlota (Blanca Portillo) o Diana (Anabel Alonso).

De la preadolescencia a la ¿madurez?: el cambio de milenio y los realities que estaban por venir

2000: Tenía que comenzar este apartado mencionando a mi reality favorito de todos los tiempos. Gran Hermano aterrizaba en España en abril y, aunque todavía era una niña, viví con total intensidad gran parte de los acontecimientos vividos en la casa de Soto del Real (que, más tarde, se mudaría al mítico Guadalix de la Sierra): la expulsión de Mª José Galera, el “jódete” de Vanessa, la salida conjunta de Silvia e Israel, los intentos de Ínigo (y su/s polo/s verde/s), el abandono de Mónica tras descubrirse su pasado en una revista (y ser comunicado a la concursante por el programa, debido a la gravedad del asunto, la salida voluntaria de Jorge Berrocal y la victoria de Ismael Beiro al ritmo de los Police, tras 90 días de convivencia y aislamiento, entre otros. Gran Hermano, aquel programa que se presentaba como un experimento social, había roto una barrera en nuestra televisión: la de la privacidad más personal. Aquello nos encantó.

2001: Definitivamente, el cambio de milenio había traído el descubrimiento del reality a nuestras pantallas. Tras el éxito de la primera edición de Gran Hermano nacieron otros formatos que utilizaban la convivencia de los concursantes uno de los reclamos. Sin embargo, en Operación Triunfo no solo valía con ser un buen compañero, sino que los participantes iban escalando hasta la final a base de talento, disciplina y emoción. Había llegado el origen del talent show, tal y como ahora lo conocemos, a España.

Además, en el año 2001 también comenzaba una ficción insignia de Televisión Española que, pese a los baches, sigue ofreciendo capítulos inmensos al público: Cuéntame Cómo Pasó. Aunque no comencé a seguirla en este momento, sino que fue en el verano de 2013 cuando me bebí todas las temporadas emitidas hasta el momento. Y qué secuencias descubrí… Y cómo me emocioné… A tal punto que, a día de hoy, está e mi top 5 de mejores series españolas.

Otro curioso título que nacía en 2001 era El Diario de Patricia. Por supuesto, no podía faltar en un repaso televisivo, pues ha sido el culpable de que se me escapara la carcajada en más de una ocasión mientras observaba (y hasta admiraba) la fauna que se paseaba por aquel plató de Antena 3. Algunas historias eran realmente dramáticas pero, otros relatos resultaban tan poco creíbles que lo único que podíamos hacer era partirnos de risa y disfrutar del espectáculo.

2002: Aunque no seguí esta serie, es cierto que supuso un descubrimiento curioso. Ana y los Siete comenzaba sus emisiones en TVE este año y aguanto hasta el 2005 en programación. La Obregón se metía en el papel de la niñera-stripper que llevaba su mismo nombre y triunfaba en las audiencias.

Pero el programa que recuerdo con más cariño de este año fue el talent que Jesús Vázquez y Elia Galera presentaron en Telecinco. Si Operación Triunfo se vivió con intensidad en mi casa, más dramática fue la expulsión de Roser en Popstars. Tuvimos que llamar para salvarla tras su nominación porque mi hermano, de siete años, se había encaprichado con la catalana y no dejaba de llorar.

2003: el programa que Jorge Javier Vázquez y Carmen Alcayde presentaban en la sobremesa de Telecinco supuso toda una revolución en mi familia, aunque el consumo bestial llegó años más tarde de su estreno. Aquí Hay Tomate fue engullido en mi casa tras el renventón del caso Malaya, pues nos tocaba muy de cerca, y disfrutamos como gorrinos comprobando el revuelo mediático que se formaba a unas calles de nuestra casa. Aunque ya nos meábamos de la risa con los magistrales vídeos de Cachuli y la Pantoja paseando su amor por la aldea de El Rocío y las calles de Marbella… ¡Mi tierra!

Homo Zapping, que también nacía en el 2003, tampoco podía dejar pasar las desternillantes escenas de la mediática pareja.

Este mismo año se estrenaba una serie que, según el post que Borja Terán publicó en La Información, es el Verano Azul de las generaciones más jóvenes. Aquí No Hay Quien Viva es un referente de las comedias de situación en nuestra televisión y atrajo a un público tan diverso que permaneció en parrilla hasta el 2006, aunque su legado todavía permanece gracias a La Que Se Avecina. No puedo elegir un momento de esta maravillosa serie que todavía me saca una sonrisa cada vez que me trago sus reposiciones de madrugada en A3Series.

2004: Si Gran Hermano me conquistó a tal punto que, dieciséis ediciones después, acudo fiel a la cita de las nuevas entregas, La Casa De Tu Vida revolucionó mi concepción de reality: este, sin ser un talent, contaba con un elemento extra a la convivencia (debían construir una casa) y, además, resultaba un catalizador de todos los conflictos que ocurrían. Que no eran pocos…

Aunque nunca fui demasiado fan de los concursos de las tardes, he de reconocer que me enganché a Allá Tú. No solo por la dinámica del programa ni por lo bien que lo hacía Jesús Vázquez (cuando todavía no nos habíamos cansado de él por estar en casi todos los títulos de Telecinco), sino porque el público acababa empatizando con los concursantes. Como todos los días eran los mismos, conocíamos sus lugares de procedencia y el casting estaba elaborado con delicadeza (todos los concursantes eran muy simpático y daban juego), no nos quedaba más remedio que quedarnos a ver si el elegido acababa escogiendo la caja adecuada. Seguro que mas de uno recuerda todavía su pegadiza cabecera…

2005: Aunque el apagón analógico no llegó hasta el 2012, es en este momento cuando empieza a vislumbrarse el cambio tecnológico que estaba por venir. Cuatro nacía en 2005 rodeada de una gran expectación en noviembre de este año. Tras haber pasado mi infancia preguntándome qué había tras las interferencias de Canal +, se abría una nueva ventana con la llegada de esta nueva cadena en abierto. El guiñol de Michael Robinson nos lo contaba justo antes de comenzar:

A la primera persona que vimos en la nueva Cuatro fue a Iñaki Gabilondo, junto con parte del equipo. En las imágenes, pese a su baja calidad, también podemos distinguir a Iker Jiménez, a Nacho Abad, a Quequé y a Eva Hache entre otros. ¿A qué otras caras conocidas de la tele veis en esta presentación?

Pero Cuatro no es la única cadena que se estrena dentro de este panorama digital. LaSexta también llega a nuestros hogares de la mano de Emilio Aragón, Florentino Fernández, el Gran Wyoming y Helena Resano, con un reclamo ideal para quienes no ven la tele por la falta de contenidos variados, interesantes o divertidos.

Pero este año no solo supuso el nacimiento de canales de televisión y el comienzo de una nueva era, sino que la factoría de ficción y entretenimiento también fue muy prolífica. Descubrimos títulos que nos hicieron reír como Camera Café, Splunge, Aída o Buenafuente; y espacios que nos descubrieron un mundo desconocido hasta ahora, como Callejeros o Cuarto Milenio. Aunque si tuviera que quedarme con un solo programa elegiría Soy El Que Más Sabe de Televisión Del Mundo. Creo que las razones son obvias…

2006: Es aquí cuando comienza la era de Sé Lo Que Hicísteis y con ello, el inicio del sufrimiento de las demás cadenas. Quienes pudimos disfrutar de este grandísimo formato nos sentíamos muchísimo más satisfechos que viendo un simple programa de zapping, pues Patricia Conde y Ángel Martín se encargaban de mofarse de todas las pifias que ocurrían en nuestra televisión. Además, el largo recorrido que tuvo este título y la fluidez con que ocurría la emisión provocaba que tuviera un lenguaje propio lleno de momentos internos y hasta motes para ciertos canales y personajes famosos.

De nuevo, en este año me topo con un título que no pude disfrutar en directo. De Vientos de Agua tan solo pudimos ver dos episodios, pues Telecinco decidió no emitir el resto de la temporada debido a las bajas audiencias y por precaución contra la piratería. Yo pude verla muchos años después (en 2013 ) y creo que no he llorado más en mi vida. Como Cuéntame, esta también se encuentra en mi top 5 de series españolas por la historia tan maravillosa que narra, por lo auténtico de sus personajes y, en general, por la emoción que desprende en cada secuencia.

2007: Lorenzo Milá y Ana Blanco se pusieron al frente de un programa que cumplía todos los principios de servicio público. Yo, que todavía no tenía el espíritu político formado del todo, me sirvió para comprender aspectos del día a día traducidos a las acciones políticas. Tengo Una Pregunta Para Usted funcionaba de una forma muy sencilla: el público realizaba preguntas al político presente en el plató y este debía responderlas. Por supuesto, estas cuestiones no eran metapolíticas, como suelen ser los discursos de algunos dirigentes, sino que se preguntaba sobre el paro, la educación, la sanidad y la crisis económica que comenzaba a asomar las orejas. Aunque otros títulos han intentado recuperar este formato en algunas de sus secciones, nadie ha conseguido mantener la esencia.

2008: Todavía recuerdo con claridad el día en que La Sexta fue condenada a no emitir imágenes de Telecinco a raíz de la revolución que había supuesto Sé Lo Que Hicísteis. El gran Ángel Martín había triunfado gracias a los programas de la cadena donde Mermelada hacía de las suyas, pues su ingenio y el del equipo de guionistas superó todos los límites y conquistó a los espectadores.

En general, laSexta contó este año con grandes programas que fortalecieron su línea: Estas No Son Las Noticias, Qué Vida Más Triste (webserie llevada a la pequeña pantalla, ¡bendito descubrimiento!), La Tira o Salvados. Este último no solo supuso el descubrimiento al público de Jordi Évole ‘El Follonero’ o de quienes no vieron a Carlos Navarro ‘El Yoyas’ en GH2, sino que con el paso de los años ha matizado sus intenciones y en la actualidad está establecido como un formato serio de reportajes de calidad.

¿Te ha gustado este post? Pronto podrás leer la segunda parte. ¡Hasta 2016 todavía quedan años por repasar!

Gran Hermano 16 y el porqué de mi desencanto

Cualquiera que me hubiera visto escribiendo el título de este post hace algunos años no se lo hubiera creído. Yo, defensora del formato a ultranza y consumidora compulsiva de todo lo que surgiera en las factorías de la mal llamada telebasura, creo haber llegado a un punto de no retorno en cuanto a mi percepción de los contenidos que podremos ver en la nueva temporada que se avecina. En conclusión y, aunque esto solo sea la introducción del post, Gran Hermano ni es lo que era ni logrará serlo jamás. Y ojalá pueda retractarme de esto que os digo cuando finalice la 16ª edición del concurso, pero ya me estoy temiendo lo peor…

Me adelanto a los acontecimientos y, claro, malpienso

Tras varias ediciones aguantando las soporíferas tramas programadas con calzador en la parrilla del reality, solo puedo pensar que lo que está por venir es poco más de lo mismo: historias de amor pasadas de rosca, mecánicas demasiado básicas, protagonistas faltos de acción de motu propio y “antagonistas” con aires de grandeza que tan solo llegan a eso, a aires. Atrás quedan los inolvidables participantes que revolucionaban la casa no solo con chillidos y comportamientos forzados como los que hemos visto en las últimas entregas, sino con verdaderos conflictos. Y cuando me refiero a conflictos no pretendo defender las broncas más que subidas de tono que hemos podido presenciar en ediciones como la tercera, la sexta o la onceava; sino al equilibrio de la mezcla de elementos que conforma un buen reality show: la lucha de egos, la escalada hacia el premio, la complicidad, la enemistad (y el enemigo común, muy importante en Gran Hermano) y la identificación con el público espectador. Todo ello conforma el conflicto, ya que los participantes deberán mantenerse en una continua elección de movimientos, pese a que nieguen la estrategia, con el fin de conseguir ser el último habitante de la casa de Guadalix de la Sierra. No quiero ser negativa, pero malpienso y creo que calibrar la balanza que lleva estropeada tantas ediciones va a ser una de las tareas más complicadas a las que se enfrentará la factoría encargada de dar vida al programa.

¿Qué necesito para reconciliarme con mi programa favorito?

Mientras que el conflicto no se crea solo y hace falta mucho trabajo para que las tramas resulten creíbles, para que el casting no resulte aburrido en mitad de la edición y para que, en conclusión, el público no se aburra. Y aunque con esta que comenzará en breve sean ya 16 las veces que Telecinco ha encerrado a desconocidos (y no tan desconocidos) en una casa para mostrarnos cómo reacciona el ser humano en un territorio tan hostil como aquel vigilado las 24 horas del día, soy de las que defiende que un programa puede renovarse y no caer en su propio cliché. No es tarea sencilla, pero considero que Gran Hermano 16 podría sobrevivir al desastre si tuviera en cuenta lo siguiente:

  • Un ritmo trepidante creciente: mientras que la primera gala es la más aburrida de todas, en las últimas entregas de mi reality favorito he tenido la sensación de ver las mismas reacciones durante semanas y hasta el final del recorrido del concurso. Una de las cosas que necesito para que la 16ª edición de Gran Hermano no sea la última (para mí) es una historia que enganche, un ritmo adecuado del relato y un buen tratamiento de los “hechos”, es decir, que se otorgue la importancia que merece lo que realmente lo merece. Algunos espectadores estamos cansados de ver cómo un concursante sobresale por encima de los demás, pese a que su importancia real no sea tal. Y aunque la percepción sea subjetiva, es resulta molesto que este fenómenos se haya repetido durante las últimas entregas, ¿quizá por falta de buen contenido?
  • Un buen casting: pese al tópico de la petición, Gran Hermano 16 necesita unos participantes dignos de ser recordados tras años y años de la emisión. Si os soy sincera, me cuesta recordar a la gran mayoría de los concursantes de las últimas ediciones, por tanto, han resultado innecesarios o nada trascendentes para el programa. Viendo el revuelo formado en redes sociales y el bombo que el propio reality ha dado en los medios, ojalá el “éxito total de la convocatoria” del que habla la organización no sirva para dejarnos la miel en lo labios. No me quito de la cabeza los grandes hermanos que han aportado más “chicha”: Carlos Navarro “el Yoyas” (GH2), Raquel Morillas, Patricia Ledesma, Kiko Hernández (GH3), Matías “Tone” (GH4), Aida Nízar, Ainhoa (GH5), Bea, Nicky (GH6), Pepe Herrero (GH7), Dani “el sucio” (GH8), Amor, Melania, Ángela (GH9), Almudena “Chiqui”, Ana Toro, Javier Palomares (GH10), Nagore, Tatiana, Indhira, Arturo(GH11), Chari, Rubén, Patricia Hurtado, Laura Campos (GH12), Pepe Flores, Daniel Santos, María Sánchez (GH12+1), Igor, Desiree (GH14), Lucía, Shaima, Alejandra (GH15). Como veis, la lista de imprescindibles fluctúa a favor de las ediciones intermedias, cargaditas de personajes clave para que las tramas más o menos largas en el recorrido del programa tuvieran sentido y enganche para el espectador. Sin embargo, ¿qué recordáis de Gran Hermano 15? Del triángulo Omar-Paula-Lucía, de la TSNR entre Azahara y Juanma, de la relación lapa-ameba entre Yolanda y Jonathan y de Loli echando las cartas en el confesionario… ¿Algo más? Porque yo, no.
  • Unas pruebas decentes: el sentido de ser de las pruebas que se realizan a lo largo del programa es el de comportarse como detonantes de los conflictos entre los participantes. Además de ello, también le sirve al espectador para conocer mejor los roles de cada uno de ellos. Sin embargo, si estas pruebas carecen de interés o resultan tan sencillas que no provocan las reacciones esperadas, no tiene lógica que sigan existiendo. O las quitan y nos dan a cambio más “metraje” de tramas, personajes y entresijos; o las diseñan con un poco más de gracia…
  • Un tratamiento justo del programa: tenemos la suerte de que Gran Hermano sea uno de los programas insignia de Telecinco. De no ser así, harían lo que quisieran con él: lo moverían por toda la parrilla si los datos de audiencia no son los esperados y marearían al público con estrategias televisivas y comerciales que se le escapan a la mayoría de los espectadores. En general, maltratarían tanto a los fieles seguidores del programa como al propio formato. Confieso que han habido ocasiones en las que me he sentido “maltratada”, sobre todo durante las últimas entregas del reality: aunque la formalidad en la programación no es uno de los puntos fuertes de las cadenas, no entiendo cómo se puede anunciar un contenido para su emisión a una hora y que se realice ésta minutos después (y cuando hablo de minutos quiero destacar que un minuto en televisión es algo tan preciado como el dinero, si no más), tras una avalancha de publicidad o contenidos que nada tienen que ver con lo prometido. Comprendo que el mercado publicitario haya caído en picado (como todo) y que debamos tragarnos más anuncios para que los programas sobrevivan, pero… ¿Es que no hay otras formas de publicidad, más novedosas y menos invasivas? ¿Por qué no investigamos un poco y dejamos a un lado todo lo arcaico? ¿O es que estamos acomodados?

 Habemus fecha y primera concursante

El domingo 13 de septiembre se estrena la 16ª entrega de mi reality favorito. Además, conocemos a la primera participante (aunque no sé si creérmelo del todo, ya que esta es la edición de los secretos) de este Gran Hermano, a quien han sorprendido en la rueda de prensa que el programa a dado para presentar lo que está por venir. Tras el despotrique, solo me queda soñar con que será la entrega del regreso a los orígenes, a las buenas historias y a los personajes que merezca la pena conocer a través de la pantalla. Como todos los años, nos han pintado la novedad como la panacea… ¿Nos lo creemos esta vez?

Transmedia: cuando la televisión traspasa la barrera de la pantalla

El transmedia está de moda. Quizá sea la primera vez que te topas con este término desconocido o quizá, como me ocurre a mí, estés un poco saturado de encontrártelo allá adonde vayas. La narración transmediática funciona de la misma manera que un río: una historia es contada a través de distintos afluentes gracias a la participación de los consumidores de la misma, los cuales achican aguas o abren nuevos canales para que los contenidos circulen con libertad. Pese a la complejidad que entraña este sistema, El Ministerio Del Tiempo es el ejemplo perfecto para ilustrar un término que a muchos se nos escapaba.

En la variedad está el gusto: la multiplataforma

El final de la primera temporada de la ficción que ha despertado del letargo a los espectadores desencantados con la programación nacional ha supuesto el comienzo de una era: la del crecimiento hacia otros géneros nunca vistos en nuestras pantallas y en soportes que se salen de ella para dotar de riqueza a los contenidos. Acostumbrados a ver las series desde nuestro sofá, sin más dispositivo que el smarphone por si sucediera algo digno de ser comentado en las redes, El Ministerio Del Tiempo cambia la concepción de visionado gracias a la multitud de plataformas que surgen a su alrededor. Desde el podcast hasta la televisión online, la experiencia calma la curiosidad de los espectadores que no se conforman con los 70 minutos aproximados de capítulo semanal ni con el especial emitido tras este en la misma cadena.

Queremos saber más, no nos conformamos con consumir aquello que nos ofrecen a través de los canales habituales. Por suerte, la multiplataforma es uno de los elementos que caracteriza a la ficción creada por Javier y Pablo Olivares como única. Dentro del maravilloso universo elaborado no solo por ellos, sino por los seguidores, encontramos un especial emitido tras el episodio, un podcast, un programa de televisión online y una mastodóntica carga de contenido generado a través de las redes sociales, en Facebook y Twitter, por usuarios ajenos al proceso de escritura de las tramas y diseño de los personajes. Gracias a este último punto, El Ministerio Del Tiempo ha cruzado la barrera de la emisión nacional y ha impregnado de ministeria hasta a los espectadores situados en América Latina. Aunque el público que sigue la serie a través del canal online no se ha tenido en cuenta hasta febrero en la elaboración de las audiencias “oficiales” (las que elabora Kantar Media), la carga es más que significativa cuando con tan solo tres capítulos emitidos acumulaba un total de 263.000 visionados a la carta.

La clave de la revolucionaria ficción que acaba de emitir la cadena de televisión pública ha sido la retroalimentación entre los canales: mientras cada capítulo despertaba un interés especial en los espectadores, estos se valían de las redes para calmar (o potenciarlas, según se vea) sus ansias de Ministerio. Por otro lado, los contenidos “extras” que han surgido a partir del producto más convencional (que no central, ya que para considerarlo transmediático no puede haber un centro, sino varios elementos surgidos al mismo tiempo) han enriquecido los contenidos base de una forma más que significativa: conocer más de la historia ayuda no solo a que la comprensión de cada episodio sea más efectiva, sino que potencia la búsqueda autónoma de los porqués que quizá se nos escapen.

Pero lo que más ha llamado mi atención desde que la ministeria comenzó a ser una tendencia digna de ser estudiada ha sido la creación de perfiles en las redes sociales que imitaban los comportamientos de los personajes de la serie. El fandom no solo impregna las redes en su potencia más básica, a través de la discusión surgida gracias a los hashtags y a medida que se disfruta de la entrega semanas; sino que va más allá de la realidad, si entendemos realidad como lo que veíamos en la pequeña pantalla cada lunes y estaba escrito en el guión de los hermanos Olivares, José Ramón Fernández, Anaïs Schaaf y Paco López Barrio. Así, mientras que algunos seguidores interactuaban en Twitter bajo la identidad de personajes como Irene Larra, Alfonso de Entreríos, Ernesto Jiménez o incluso la esposa fallecida de Julián; otros daban rienda suelta a su imaginación y utilizaban el escenario del Ministerio para crear historias paralelas. Marcos Muñoz escribe fan fics profundizando en lo que ya se cuenta en la serie, aportando novedad al relato y alimentando la curiosidad de los que se quedaron con ganas de más tras el episodio de obligado vistazo.

Transmedia y televisión: ¿un modo de visionado incompatible con el espectador estándar?

Es cierto que la multiplataforma permite al público un enriquecimiento del proceso de consumo que se escapa de lo habitual (al menos, de lo que conocíamos hasta hace algunos años). Sin embargo, estos nuevos espectadores no son los únicos que disfrutan con la ficción, sino que los consumidores tradicionales de sofá y mando a distancia también han tenido parte de culpa de la renovación de la segunda temporada de El Ministerio del Tiempo.

Aunque nadie conozca a nadie que tenga audímetro en su casa (en caso contrario, por favor, ¡manifíestense!), todas las mañanas nos levantamos con los datos arrojados por Kantar Media y nos alegramos o nos sorprendemos según si nuestros contenidos favoritos del día anterior han obtenido buenos o malos resultados. Bien es sabido que El Ministerio del Tiempo no sacaba todo lo mejor de sí en cuanto a las audiencias tradicionales, debido a la guerra del share que se libraba cada lunes en la televisión (luchaba contra Bajo Sospecha, una de las apuestas de Antena 3 para los contenidos de ficción, que se llevaba a gran parte de la tarta), pese a que en redes sociales hubiera provocado tan movimiento.

El universo del entretenimiento en general crece a pasos agigantados. Para ciertos usuarios, la televisión se ha convertido en una herramienta que depende de forma directa de la conversación en la red, aunque también es posible verla de forma independiente puesto que la totalidad del relato se comprende sin necesidad de elementos extra. En este caso, que El Ministerio Del Tiempo tenga naturaleza transmedia no impide su acceso a una parte del público objetivo del prime time de TVE: el espectador estándar, más mayor que el multitarea y multiplataforma, alejado de las nuevas tecnologías y que disfruta de la televisión en familia o en solitario, sin otros dispositivos que lo “entretengan” del visionado.

Para mí ha sido el descubrimiento del año. Que la televisión pública apueste por una ficción novedosa, no en cuanto a historias, sino en métodos para contarlas, abre una puerta que creía cerrada en el panorama que nos queda más cercano a los que disfrutamos de la pequeña pantalla. Pese a los disgustos que nos llevamos cuando nos enteramos de las burradas que se cometen en un servicio pagado por todos, es inevitable que se nos escape la lagrimita cuando contenidos como El Ministerio Del Tiempo aterrizan, son bien cuidados y valorados como se merecen: no solo como títulos que solo recordarán los más frikis, sino como las míticas creaciones que Televisión Española solía hacer y parecía haber olvidado el método. Como Fortunata y Jacinta, Verano Azul, La Plaza del DiamanteAnillos de Oro, Los Gozos y Las Sombras o Cuéntame Cómo Pasó. Por El Ministerio Del Tiempo no pasarán los años que la desgasten… Como las buenas series.

IMAGEN: Alex Muñoz, magnífico ilustrador, me presta su creación de El Ministerio Del Tiempo para dar color a este post. De nuevo, ¡mil gracias! La imagen no se ve al completo, pero podéis hacerlo aquí mismo.

Disculpad el paron de casi un mes que ha sufrido el blog. Como diría Loulogio, me ha surgido un imprevisto: la vida. Sé que no es excusa, pero todavía tengo que acostumbrarme a un ritmo que no termino de dominar… ¡Volveré pronto! Lo prometo 🙂

La crítica y El Ministerio Del Hype

Me apodero de la expresión que acuñaban los críticos y espectadores que esperan impacientes el aterrizaje de la nueva serie de Televisión Española para la noche del martes. Algunos privilegiados ya pudieron disfrutar del primer episodio de El Ministerio del Tiempo la semana pasada y otros hemos tenido que conformarnos con alimentar nuestra ansia de productos de calidad desde el otro lado de la pantalla. En mi caso, leyendo, leyendo, leyendo y deseando que todo lo que leía fuera verdad.

Creación patria + ciencia ficción = ¿fórmula explosiva o fallida?

Javier y el fallecido Pablo Olivares apostaron por recuperar el antiguo gusto televisivo por lo fantástico, por lo que se escapara de la lógica que conocemos, por lo desconcertante. Con El Ministerio del Tiempo se desprenden de la concepción de “lo cutre” en relación con las historias fundamentadas en principios que nos resultan ajenos, en este caso, los viajes en el tiempo. A mí me resulta inevitable pensar en ciencia ficción sin que mi mente viaje hasta el set de grabación de Scavengers, en el cual un Bertín Osborne demasiado plateado para pasar por ser humano y demasiado peludo para ser un robot conducía un concurso sin pies ni cabeza. Pero ni la serie a la que esta noche asistimos a su estreno es un programa de desafío ni se dirige al mismo público. Tan solo confío en que nos cuenten una buena historia.

Los guionistas encargados de dar forma a El Ministerio del Tiempo ya nos han contado buenas historias en ocasiones anteriores. Aunque no he visto Isabel, loada por muchos y que no logra convencer a otros, sí que me tragué Pelotas años después de que fuera retirada de la parrilla y he de admitir que me reí a carcajadas con las mejores temporadas de Los Serrano (en las que Marcos y Eva todavía tonteaban y no se sabía nada de los SJK). Ahora, en un género arriesgado y para una audiencia resabiada, más aun tras las buenas palabras de los críticos más destroyers del país,  la historia que nos transmitan no solo tiene que ser buena. Tiene que ser la bomba.

Abriendo el apetito

Con el goteo constante de opiniones sobre la serie, con más incertidumbre que datos y con unas ganas terribles de probar a qué sabe la nueva ficción de la pública (Víctor Ros fue un aperitivo de lo más suculento), esta noche llega El Ministerio del Tiempo para conquistar a los espectadores como lo hizo con la crítica. En este vídeo podéis comprobar sus reacciones que, para sorpresa de quienes seguimos de cerca sus artículos y qué es lo que piensan sobre todo lo que se estrena en nuestra pequeña pantalla, sorprende hasta a la audiencia más estoica. Sin duda alguna, me quedo con el tweet-sentencia de Alberto Rey que, a diferencia de lo que estamos acostumbrados a leer en sus despiadados y maravillosos textos, califica la novedad como “muy buena”… ¡Guau!

Por si fuera poco, TVE colgaba en su página web los primeros cinco minutos de la serie que seguro dará que hablar esta temporada. Además, nos mostraba tres minutos más de la misma en la noche anterior a su estreno, y aunque con un visionado que resulta efímero, es cierto que notamos evidentes diferencias de calidad y escritura en comparación con ficciones de esta misma temporada… Pero, como las comparaciones son odiosas, no compararemos (por ahora). Vedlo vosotros y, si os parece, hablamos.

Hablemos, pues

El Ministerio del Tiempo ha prometido tanto (no por sí misma, sino por las voces de la crítica) que dudo mucho su fracaso. No solo me fío del criterio de quienes ya han podido disfrutar del primer episodio, sino del equipo que respalda a la ficción que seguro revolucionará la concepción del espectador de series extranjeras que rechaza cualquier creación nacional por, simplemente, ser española. Como con el cine y la música, siempre habrá quien se aleje de “lo suyo/nuestro” por prejuicio. Con El Ministerio del Tiempo (más bien, El Ministerio del Hype tras la expectación creada) esperamos que no nos sirvan ni los prejuicios ni la experiencia anterior (no podemos negar que han habido y habrán muy malos productos, pero de aquí y de la China popular). Por mi parte, tan solo con el material mostrado antes del estreno de la serie, la gestión del movimiento en redes sociales y los adelantos que nos dan a los espectadores (eso sí, a cucharaditas), ya me valen para confiar en que, más o menos buena, la ficción que viene será distinta a las demás. Y vosotros, ¿qué esperáis de El Ministerio del Tiempo?

IMAGEN: TVE

¿Estamos preparados para consumir buena ficción?

Si hace algunas semanas escribía sobre el hype creado tras conocer los nuevos contenidos que aterrizarían en el panorama nacional con el 2015, hoy os cuento por qué que me invadió anoche la negatividad después de asistir al estreno de Bajo Sospecha, la nueva serie de Antena 3 y Bambú Producciones, protagonizada por Blanca Portillo y Jon González y escrita por Ramón Campos y Gema Rodríguez Neira. A pesar de que los creadores de títulos como Gran Hotel, Hispania, Gran Reserva o Velvet han sabido dotar a la ficción de un realismo que echamos de menos en los anteriores títulos policiacos, me falta algo para considerarla la serie que nos merecemos.

A pesar de la expectación, los buenos datos arrojados el el primer día de emisión, la calidad de la fotografía y hasta la sorpresa causada (al menos, en mi caso) por un hilo argumental bastante bien definido y por unas actuaciones más que decentes, Bajo Sospecha me dejó un extraño regusto que no sé identificar tras varios días de reflexión desde que aterrizara en la pequeña pantalla. Ya conté qué me pareció en Perdidos en la Tele pero, como suele pasarme cuando analizo el estreno de una serie desde el punto de vista del espectador, me queda la espinita de cuestionarme por qué no me gusta lo que veo (o, en este caso, por qué no me convence) y de responder con lo que creo que ocurre para que esto suceda. Y, allá vamos.

Personajes ¿planos? = reacciones evidentes

Salvo excepciones, uno de los aspectos que no termina de pulir el mundo de la ficción televisiva española es el de la creación de personajes. Así como Jean Cité analizaba cómo Victor Ros, protagonista de la miniserie que llevaba su nombre, no resultaba creíble debido a su falta de matices negativos; creo que los personajes de Bajo Sospecha responden a criterios de definición bastante sencillos: él, dentro del estereotipo de casanova-listillo y ella, dentro del de estirada-listilla, juegan el evidente papel de la pareja-no pareja cuya tensión sexual no resuelta (T. S. N. R.) cansa más que engancha. A pesar de que hayamos podido ver bastante poco en el primer episodio de la temporada, tengo la sensación de que no darán mucho más de sí… Aunque espero que me sorprendan y tenga que escribir otro post rectificando.

Por otro lado, de los demás personajes que juegan un papel más o menos protagonista dentro de la serie, el que más me llama la atención es el jefe de policía. Aparentemente amigable, no duda en soltarle una patada en los huevos (literalmente, sin rodeos metafóricos ni nada, para la desgracia de nuestro casanova-listillo) en cuanto ve venir los problemas o, al menos, la intranquilidad de sus apacibles dominios. A Vidal, el personaje interpretado por Vicente Romero, parece importarle más que Víctor (Yon González) venga a Cienfuegos a meterse en sus asuntos que que la pobre Alicia, pequeña, desaparecida y vete tú a saber qué más cosas, haya dejado algún rastro que ilumine su búsqueda. Además, es el más creíble por estos matices de egoísmo e interés.

No queda sitio para la intriga

A pesar de que nos vendieron Bajo Sospecha como una serie de intriga, frenética y que no daría tregua al espectador en cuanto a la curiosidad que le produciría capítulo a capítulo, experimenté una gran decepción durante el visionado del primer episodio. Aunque tan solo presenciamos el detonante de las tramas, tanto de la central como de las secundarias que funcionan de afluentes de la principal, nos fastidiaron el quid de la cuestión: Alicia, la niña desaparecida, está viva. Podemos justificar esta siembra de información (en mi opinión, forzada) con que lo realmente importante no es el resultado de la búsqueda, sino cómo se realiza y qué desencadena en la familia y en la pareja de investigadores. Sin embargo, lo que no me cuadra es por qué se ejecuta en un punto del capítulo que no coincide con los picos de guion marcados. Llamadme tradicional, pero considero que es necesario que respetemos eso del detonante, primer punto de giro, segundo y clímax, al menos si el producto es español y al público que nos dirigimos también lo es.

Que no se cumpla la estructura básica en ciertos momentos produce que la intriga sufra una caída estrepitosa y sin remedio, pese a que a lo largo del episodio se respire un ambiente de tensión continua, de mal rollito entre los personajes y de preguntas en el aire: ¿Qué es lo que ocultan todos? ¿Por qué algunos están enfadados con otros? Aunque Alberto Rey afirme que Bajo Sospecha engancha “como una perra”, este efecto tan solo se produce durante el capítulo. La verdad, todavía no me ha quitado el sueño, y digo todavía porque confío en que esta ficción despegue capítulo a capítulo.

¿Estamos preparados para consumir buena ficción?

Pese a que las cadenas no estén dispuestas a ceder algunos números de share a cambio de un contenido más fino y exigente. La falsa creencia (al menos, la antigua creencia) del espectador que solo busca un descanso en la televisión, un contenido que no le haga pensar demasiado tras llegar exhausto del trabajo carece de sentido a estas alturas, más aun cuando los consumidores de ficciones extranjeras no hace más que crecer. Quiero creer que sí, que por supuesto que estamos preparados y, sobre todo, que nos merecemos la buena ficción. Hace mucho que no me conformo con la pasable.

IMAGEN: Antena3

Évole y la Espe-espantada: el arte de hacer preguntas y el deber de responderlas

El domingo asistimos a otro espectáculo lamentable patrocinado por uno de los mejores programas que ha parido la televisión de nuestros tiempos. Jordi Évole, anteriormente apodado como El Follonero, y con razón, se sentaba junto a Esperanza Aguirre en una cafetería cercana a la popular sede de Génova del Partido Popular. Comenzando la charla en un tono distendido aunque irónico, el regreso de Salvados con el estreno de la 2ª parte de su octava temporada auguraba un revuelo asegurado tanto en las informaciones televisivas de la mañana siguiente como en las redes sociales durante los momentos de emisión.

Desde que Évole se marcó la trola de Operación Palace (que, sentara mejor o peor y resultara más o menos creíble, es una pieza digna de revisionado y estudio) y dejó con las patas colgando a más de 5 millones de espectadores, el revoltoso reportero tan solo puede aspirar a sorprender al público. Él lo hace con maestría y desde una relativa sombra: otorgando el protagonismo al entrevistado, permitíendole explicar su punto de vista y ofreciéndole la oportunidad de dejarse a sí mismo con el culo al aire ante un público que sigue revolviéndose al comprobar que lo que se cuece en la política y en la actualidad nacional e internacional está tan lleno de basura como nos veníamos oliendo.

Esperanza Aguirre entraba sembrando un silencio sepulcral que obligaba a preguntarse si aquel fenómeno era habitual ante su presencia o tan solo se debía a la tensión del momento. La ex presidenta de la Comunidad de Madrid ya había protagonizado momentos polémicos en Antena 3, cadena del mismo grupo que laSexta, durante la semana, según parece, temiéndose lo que ocurriría la noche del domingo: de nuevo, su nombre se vería sumido en un bochornoso espectáculo televisivo desde que se levantara de su asiento y dejara a Jordi Évole con la palabra en la boca. Éste, sin más remedio que reírse de la situación, se ha vuelto a cubrir de gloria. Qué momentazo. Qué maravilla.

Sin embargo, la espantada a la que asistimos el domingo por parte de esta pobre sexagenaria no resultó motivo de éxtasis televisivo, más allá del buen sabor de boca que han dejado las audiencias del lunes por la mañana. Que la vuelta de Salvados haya arrojado un espléndido 21,2% de share no indica que a la gente le guste lo que ve, más bien todo lo contrario: el público quiere respuestas a las preguntas que formula, en este caso, mediante la perspicacia y la rapidez mental de Évole y el maravilloso equipo que lo respalda.

El chico que el equipo de Buenafuente descubriera cuando comenzaba la era de los 2000 se encuentra cada vez más cómodo en la que es ya su casa: esté donde esté y esté con quien esté, en la helada Finlandia o en el salón del mismísimo Artur Mas, lidiando con Juan Cotino (o con su hermano) o escuchando con una gran fortaleza a las víctimas del accidente del metro de Valencia. Mucho ha llovido desde que sus incómodas preguntas comenzaran a levantar los sarpullidos de más de uno, nada más y nada menos que siete años, cifra por la cual la señora Aguirre se sorprendía al encuentro de Évole. Sin embargo, a El Follonero no le pesan ni los aniversarios en antena ni los entrevistados a los que ha sacado los colores a lo largo de su camino. Ni, muchísimo menos, una resabiada Esperanza Aguirre que permanecía frente al curioso reportero con la coraza de la prepotencia que le caracteriza.

De nuevo, la estrategia de los balones fuera del campo y la media sonrisa que transmitía eso de “estoy jodida, pero contenta” dejaron entrever la fuerza del periodismo a la hora de contar historias que no solo interesan al público que se sienta a ver un programa de televisión un domingo por la noche, sino que son necesarias para que los ciudadanos configuren el mapa mental de la actualidad nacional, de lo que se cuece en el mundo que hay más allá de la pantalla que visualizan. La realización, la naturalidad de las escenas y un guión (más bien, una escaleta sencilla) de lo más distendido y, cómo no, los silencios resultaron los elementos necesarios para que el Aló Pablo (Aló Espe), como lo bautizó la mediática política, fuera un bombazo. ¿Cuál es el secreto para que la fórmula funcione a la perfección? No basta con echar en el caldero catódico un revoltijo de ingredientes susceptibles de ser sabrosos a los ojos del espectador, sino que los instrumentos para que la mezcla adquiera la textura correcta son esenciales: el ritmo marcado por los interlocutores, la agilidad del entrevistador y, por supuesto, el arte de realizar preguntas, aunque el deber de responderlas quede, en ocasiones, en un oscuro segundo plano.

Y tal y como vino, se fue. A las siete y diez de una tarde lluviosa de Madrid que, según afirmaba al comienzo del programa, había sido el primer día malo de aquel año. No se preocupe, Espe, que vendrán muchos más.

IMAGEN: La Sexta.

YouTube: la nueva ventana pseudocatódica

Desde que a alguien se le ocurriera grabarse a sí mismo con la webcam, soltar un discurso más o menos planificado y subirlo a la plataforma de visualización y distribución de vídeo más popular del mundo ha llovido mucho. Sin embargo, en pleno momento de la hibridación de los medios es inevitable que percibamos cómo ha evolucionado este movimiento que parecía confuso en su nacimiento y que ahora resulta imprescindible en la vida de muchos usuarios de Internet y las redes sociales. Yo lo confieso: soy consumidora de vlogs y veo al día al menos dos o tres vídeos, ya sean tutoriales, daily vlogs o vídeos “estándar”, dentro de lo estándar que se puede ser siendo YouTuber. Desde un tiempo a esta parte vengo encontrándome con piezas que me han llamado especialmente la atención. Ya sea por sus contenidos, por su montaje, por la masa de audiencia que lo recibe o por lo que pretenden hacer sentir a los espectadores, he descubierto algunos vídeos que bien podrían encuadrarse en el marco de la televisión, por increíble que pudiera parecer en los orígenes de este portal.

Las cifras de Youtube: ¿fórmula secreta?

No. No voy a hablar de cuánto gana un YouTuber por cada visualización ni he hecho cábalas sobre cuántos vídeos necesita subir para vivir de ello (este tema está ya bastante manido). Cuando me refiero a las cifras, me refiero a la audiencia, a cuántos espectadores llega un vídeo a través de este portal. Es difícil realizar una media, ya que este número varía dependiendo de la actividad social del creador de vídeo, de sus contenidos y de cómo los viraliza. Para poneros un ejemplo, nada tiene que ver un vlogtrip (vídeo de viajes) con un tutorial de maquillaje: ni tiene el mismo público ni obtiene los mismos números… Normalmente.

Desde fuera, YouTube funciona combinando elementos clave: un guión que llame la atención de tu audiencia, un montaje curioso, un poco de carisma, muchas horas de trabajo y, por qué no, algo de suerte. Ni conozco la fórmula secreta del triunfo en este medio ni tampoco me veo ni con el talento ni con las fuerzas (ni, para qué engañarnos, la necesidad) de contar nada a la webcam de mi ordenador. Sin embargo, admiro la generosidad de los que muestran su vida, su día a día, sus vivencias y sus conocimientos al mundo. A mí me tienen enganchada.

A pesar de ser consumidora de YouTube y de estar suscrita a varios canales, hace poco que descubrí que muchos de los vídeos se regían por principios estéticos y de contenidos parecidos a los que abundan en el género del reportaje en televisión. Callejeros Viajeros, Andaluces (y sus gemelos) por el Mundo, Capitán Q, Vivan Los Bares han conseguido contar historias desde distintos puntos de vista y desde distintos puntos del mundo. Sin embargo, ¿acaso los video-reportajes de Yellow Mellow, Rush Smith, Luzu y MolaViajar no funcionan de la misma manera?

Tanto los planos elegidos, como el montaje y hasta el guión (a veces, escrito previamente, a veces, improvisado sobre la marcha) recuerdan a formatos que podemos ver en la pequeña pantalla y que nos atrapan en nuestro sofá, por ejemplo, durante las franjas del domingo por la tarde o los sábados al mediodía. Si le damos un par de vueltas, ¿por qué no podríamos trasladar los contenidos de YouTube a la televisión? ¿Qué es lo que falta para que la mudanza (al menos, la duplicidad) funcionase?

La fusión, todavía prematura

A pesar de todos los elementos clave que podrían cuajar en un medio como la televisión, es demasiado pronto para sacar los vídeos de su plataforma original para distribuirlos a través de otros canales. Ha habido amagos fallidos como el de TriboTV, que más que tener intención de dar difusión a creadores procedentes de portales distintos resultó ser un supuesto timo; o como el de Fiesta Suprema, un programa de La 2 donde tres YouTubers de la talla de Loulogio, Bolli (TodoElMonteEsOrgasmo) y Roc (Outconsumer) hacían sus cositas más o menos graciosas, pero que no llegó a convencer a la audiencia de la televisión tradicional. Sin embargo, la plataforma de distribución de vídeo más famosa del mundo ha sido la culpable de que muchos talentos de ventana catódica hayan encontrado un hueco en el mercado de la ficción y el humor nacional.

Quizá por los métodos, el tono del discurso o la audiencia, todavía difusa en cuanto a consumidores de vlogs y de este tipo de contenidos, no terminara de funcionar en un medio distinto al original de gestación. La cultura de YouTube se contagia de formar viral y constituye en la actualidad una generación, la llamada Generación C, caracterizada por la interconectividad, la creación de tendencias y la caída del consumo de televisión (¿casualidad?) entre otros aspectos. ¿Qué es lo que falta para dar el salto? Desde mi punto de vista, igual que es imposible trasladar los contenidos de la prensa a la radio o los de la radio a la televisión, YouTube (y todo lo que engloba a su universo) posee elementos tan definitorios que constituye un medio en sí mismo, por lo que me parece imposible (al menos, ahora) que ocupe un espacio en la pequeña pantalla. Sin embargo, al igual que la televisión se nutre de la radio, de la prensa tradicional y, más que nunca, de los contenidos generados en la red, YouTube se alimenta inevitablemente de la tele. Y viceversa.

IMAGEN: del Instagram de Yellow Mellow, Rush Smith y Luzu.

#GHVIPEsBasura, QQCCMH y el rechazo hacia el reality

Tras la polémica suscitada en redes sociales, de la que surgió el hashtag #GHVIPEsBasura, me pregunté si el programa que hace caja en Telecinco gracias a haber congregado a las figuras más casposas de la televisión de sobremesa y del papel couché, es tan horrible como lo pintan en los medios de información televisiva que suelo consultar. Por nuestras pequeñas pantallas han pasado realities de todo tipo: de famosos y de anónimos, de jaulas de pladur y de islas desiertas, de territorios conocidos y de lugares por descubrir… Sin embargo, tan solo hemos podido disfrutar de un pequeñísimo porcentaje de todo lo que se produce y emite en las televisiones de todo el globo: tan malo y tan bueno como lo poco que creamos y que llega a nosotros. Por tanto, resulta complicado juzgar un formato tan amplio como el reality habiendo visto tan poco contenido.

¿#GHVIPEsBasura?

Con Gran Hermano VIP he sufrido una de las mayores decepciones de la temporada, a pesar de que no hayamos terminado ni el primer mes del año. Tras una decimoquinta edición más que floja de mi reality favorito (por ser el primero y por ser el germen de todos los que han nacido después de éste), quería convencerme a mí misma de que la entrega de los famosos vendría cargada no solo de la morralla que la cadena quiere meternos a toda costa en todos sus programas (la cual estaba dispuesta a aguantar, una vez más), sino que descubriríamos potencial de televisión más allá del espectáculo típico de “Telecirco”. Nada más lejos de la realidad, pues hemos tenido que conformarnos con la entrada triunfal de Coman (Adán y Eva), con los dramas de Víctor Sandoval y su continua regresión a los fantasmas de Miami, con los gritos de Belén Esteban y las peinetas hacia la ex concejala del PSOE Olvido Hormigos. Por supuesto, tampoco podía faltar la presencia de algunos tronistas y viceversos, grupo que más que relacionado con un programa de la televisión ya parece casi una tribu urbana. En total, una fauna digna de ser vista… ¿O preferís ahorraros la sorpresa/perturbación? Yo ya estoy algo saturada.

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Belén Esteban, o como la llaman en Twitter, #LaBrujaDelPueblo. Fuente: Telecinco.

A pesar de que pensemos o no que Gran Hermano VIP es una basura y que este youtuber estuvo más o menos acertado en su afirmación (lo que sí consiguió fue una publicidad gratuita inmensa, juzguen ustedes si fue más una táctica comercial que la espontaneidad del mismo o la necesidad de expresar lo que “sentía”), el mundo de los realities no acaba ni empieza en la edición de los famosos, ni siquiera comparte los pilares básicos del formato si lo comparamos con los docu-realities o los docurreporjates. Quizá #GHVIPEsBasura (sea, más bien) según el cristal con que se mire y cómo de en serio nos tomemos el programa, pero no podemos trasladarlo a todos los demás espacios en los que la “realidad” sea el elemento vertebrador.

Lo mágico del docu-reality: contar una historia a través de la “realidad”

La televisión es un medio que nunca deja de sorprenderme. Cuando pensé escribir sobre los realities decidí que no podía volver a repetir lo mismo de siempre: el guión-sin guión, la importancia del casting y la creación de las tramas. Conociendo estos conceptos, me gustaría adentrarme en lo que se aleja de lo formal y centrarme en aquello que llama la atención del espectador en su máxima potencia: la naturalidad del que “juega” y los acontecimientos que son tratados en los formatos. Es aquí donde entra en escena el docu-reality, un género nacido a partir del primitivo reality y que ha ido evolucionando debido a las necesidades del público y de la transformación de la televisión.

Dentro del amplio universo del docu-reality (si este es amplio, imaginaos la inmensidad de su formato padre, el del reality) distingo los siguientes subgéneros (según mi percepción, por supuesto):

  • La  factual television: basada, literalmente, en hechos reales. Aquella que muestra eventos reales de gente real. Dentro de este grupo encontramos programas como el mítico Cops, One Born Every Minute Embarrasing Bodies. En España, podemos encuadrar dentro de esta clasificación a Policías en Acción y a U-24 Urgencias.
  • La de situaciones provocadas: en los que encontramos los formatos que, tras una documentación previa, se desencadena de forma intencionada un conflicto o un reto. Bajo esta subcategoría encontramos los programas como I Used to Be Fat, Perdidos en la Tribu, Adán y Eva, el mítico Confianza Ciega o el polémico El Método Osmín.
  • El híbrido del docu-reportaje con el reality: aquellos programas en los que se muestra una realidad de la mano de un “actor” que participa de los acontecimientos y, por tanto, los narra a la vez que los documenta para la audiencia. Dentro de esta definición encontramos espacios como Wild Frank, 21 Días o el recién estrenado En Tierra Hostil.
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Frank Cuesta narra y documenta su realidad para mostrársela a la audiencia de una forma jamás vista. Fuente: Formula TV.

El término reality lleva implícito el concepto de realidad, en este caso, de telerealidad. Según la RAE, la realidad se refiere tanto a la “existencia real y efectiva de algo”, a la “verdad, lo que ocurre verdaderamente” como a “lo que es efectivo o tiene valor práctico, en contraposición con lo fantástico e ilusorio“. Esta última explicación me llama la atención de forma especial, ya que resulta complicado poner en la balanza qué es lo verdaderamente efectivo o práctico, sobre todo si lo medimos con los ojos de la televisión o del espectáculo. ¿Qué es efectivo en la pequeña pantalla (en general) y en el mundo del reality (en particular)? Bajo mi percepción, tanto las buenas historias como los golpes de efecto, es decir, que la audiencia se “enganche” y que no decaigan sus picos de sorpresa y empatía. Esto es tan complicado como diseñar la serie o la película perfecta, ya que hay que calcular el guión al milímetro. Sin embargo, en la actualidad estamos experimentando un gran crecimiento del género y cada temporada encontramos un producto que nos conquista. A mí, pese a que se trate de un formato con años de recorrido, me fascina Quién Quiere Casarse Con Mi Hijo y todo el universo creado alrededor de esta maravilla.

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La maravillosa Mª Carmen, ante la avergonzada mirada de su hijo, Fran.

La factoría de Eyeworks Cuatro Cabezas supo dar con la tecla cuando en 2012 creyó que QQCCMH encajaba en la parrilla nacional, cuando revolucionó el concepto de ver la televisión convirtiéndolo en un fenómeno social y cuando pusieron todo su empeño en los métodos: en un casting espectacular para cada ocasión, en una edición de los vídeos que sorprende hasta al espectador más espabilado y con una dirección y unos guionistas que merecen todos los honores. ¿El truco? Contar un cuento de elementos sencillos, enredándolos y con un toque de humor absurdo. De nuevo, la realidad es el elemento crucial en esta historia porque, aunque nos estén enseñando un “teatrillo” conformado por figurantes desempeñando distintos roles; no dejan de ser ciertas todas las jugadas que visualizamos en este formato: los engaños, los juegos, los secretos y los momentos mas vergonzosos. Simplemente, magnífico.

IMAGEN: Cuatro (promocional).

Las series que están por venir: nuevos escenarios, nuevas historias

Con el comienzo del año 2015 llegan a nuestros oídos (y, sobre todo, a nuestras pantallas a través de las redes sociales) noticias de cómo serán los próximos productos de televisión que se avecinan de cara a la nueva temporada. Tras la decepción que sufrimos con Alatriste, relegada al late night tras su fracaso, queda pensar que todo lo que está por venir será mucho mejor que la ficción que Telecinco estrenaba tras una larga espera. Pero, ¿cómo podemos identificar que el panorama comienza a cambiar? ¿Cuáles son las señales que nos indica que algo se remueve en los entresijos de las series “made in Spain” ?

Del cine a las series

Muchos profesionales de la gran industria cinematográfica ha comprobado que el mercado de las series es también digno de estudio y de atención. No solo los directores y actores extranjeros como Woody Allen, Kevin Spacey, Jeff Daniels, Matthew McConaughey, Martin Scorsese o J.J. Abrams; sino que el escenario nacional también se suma a la fiebre de la pequeña pantalla. Juan Antonio Bayona, español contagiado de Hollywood, probó suerte con Penny Dreadful, aunque la rodó a modo de película y no como la serie que es. Si en los 90 ocurría que los directores de la pequeña pantalla se mudaban al cine, ahora ocurre lo contrario: se lanzan a la creación de nuevos contenidos para televisión de la mano de grandes plataformas de difusión. Con esto me refiero a un caso particular que me ha sorprendido de una forma muy grata por el cual no puedo dejar de preguntarme cómo resultará el producto final. Alberto Rodríguez, director de 7 Vírgenes, Grupo 7 y La Isla Mínima, será el encargado de rodar la primera producción de Movistar Series que seguro no dejará indiferente a nadie. Ambientada en la Sevilla del siglo XVI asolada por la peste bubónica, estoy convencida de que las artes de Rodríguez y el grandísimo equipo que respalda el proyecto lo tratarán como un niño recién nacido y lo alimentarán para que se convierta en un producto de referencia. ¿Estaremos haciéndonos demasiadas ilusiones? ¿Quedará anclada por ser otra serie de época más? A pesar de que en ocasiones, los escenarios se repitan, quiero creer que todavía queda mucho que contar.

Refugiados y el hype por la novedad

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Natalia Tena, una de las protagonistas de la nueva ficción de LaSexta. Fuente: El Economista.

Las típicas historias que solían abundar en la televisión española parecen deshacerse a medida que el río de la calidad se llena de agua nueva y fresca. Lejos quedan las locas mesas de desayunos de Globomedia y sus familias perfectas-no tan perfectas (aunque se han intentado reanimar, sin éxito), así como las tramas de adolescentes que ya no interesan ni a esta franja en particular. Aunque se siga practicado el product placement hasta en las secuencias más insólitas y los jóvenes tengan más o menos relevancia en las historias de la actualidad, ahora se tratan distintas problemáticas: nos preocupa el porvenir más allá del área doméstica, pensamos en ciencia ficción e incluso llegamos a preguntarnos qué ocurriría si ocurriera un desastre a nivel mundial. Cuestiones que se plantean en ficciones como The Leftovers, Lost o Under the Dome han conquistado a los creativos patrios. ¿Por qué no llevarlas a las pantallas de los españoles, que poco conocen de los mundos distópicos a través de este medio? ¿Qué ocurriría si creamos una serie que englobe elementos de thriller, estética y tramas nunca vistas? Por lo pronto, a la crítica le gusta esta idea.

The Refugees nace de Bambú (Gran Hotel, Velvet) y la mismísima BBC, quien la coproduce junto con Atresmedia. Tan solo por su padrino británico ya alimenta el hype que se está produciendo alrededor de su llegada a la televisión. El guión, la clave que cautivó a la emblemática cadena, promete ser el elemento que la distinga de todas las demás ficciones que hemos visto en nuestras pantallas. Refugiados, como se llamará en España, es una serie para una audiencia activa, es decir, que disfrute comiéndose el coco y dándole vueltas a la cabeza. El público acostumbrado a ver exclusivamente a televisión convencional en nuestro país quizá no comprenda el sentido de esta nueva ficción y, quizá por ello me parece una de las apuestas más atrevidas de laSexta. ¿Confía en que la audiencia consumidora de productos extranjeros se enganche? ¿O pretende cambiar, poco a poco, la visión de los espectadores más pasivos? Estoy deseando que empiece.

Rabia y la llegada del high concept a España

Parte del elenco de Rabia. Fuente: Perdidos en la Tele

Desde que el espectador de productos televisivos nacionales tuvo acceso a ficciones que traspasaban las barreras geográficas e incluso culturales, las comparaciones han sido odiosas. Nada tiene que ver The X-Files con El Inquilino ni la adaptación española de Cheers, protagonizada por Antonio Resines, con su original. Sin embargo, resulta muy complicado no caer en la exigencia, en pedirle al producto español parecerse un poco a lo que acostumbramos a ver en la televisión extranjera que tanto nos cautiva. Aunque no despreciamos lo que se crea en nuestro escenario, tenemos la espinita del quiero y no puedo. ¿Y si esta percepción estuviera cambiando poco a poco?

2014 resultó un año revolucionario para la ficción española y salieron a la luz títulos que soprendieron a gran parte del público. Sin embargo, así como Pérez-Reverte se lamentaba de que Telencinco no era la HBO y, por ello (entre otras razones), Alatriste había resultado semejante bodrio; la parte restante de los espectadores siguen con la venda del “producto nacional y, por ende, mal producto” y no se desprende del prejuicio de lo español. Quiero pensar que 2015 será el año del cambio de mentalidad, de la apertura de miras y de la recepción de ficciones que conquiste al público rezagado. Por lo pronto, los creativos han comenzado a dar el salto y se está apostando no solo por historias distintas, sino por tendencias que en el extranjero ya ha generado éxitos. De nuevo, imitamos lo que se hace más allá de nuestras fronteras, por supuesto, aportando un toque de lo mejor de lo nuestro (espero, no voy a adelantarme a los acontecimientos). Isla Audiovisual y Mediaset han preparado un escenario fuera de lo común y un problema global para contextualizar su nueva serie. Rabia, a la que quieren bautizarla como la madre del high concept en España, promete aterrizar con aires nuevos a la televisión y convence en su presentación al espectador hastiado de los contenidos pasados de vuelta. Su reparto, más que correcto; su equipo, con grandes ideas y metas a corto y largo plazo. Solo espero que no sea un espejismo más.

¿Qué es lo que nos falta para dar el salto?

A pesar de las buenas intenciones, los proyectos no pueden llevarse a la realidad si no hay un señor (o un grupo de enchaquetados sentados alrededor de una mesa cara) que dé el visto bueno. Es conocido que ficciones sin pies ni cabeza han salido adelante por un puro sentido comercial, más bien, por una mala intuición comercial (por mucho que les moleste a algunos, dos tetas no tiran más que dos carretas a estas alturas de la televisión, o de según qué televisión). Quiero creer que estamos en otro punto, en el que la televisión como elemento formador de la cultura es cada vez más evidente. ¿Convencerán estas ficciones a la audiencia? ¿Debatiremos sobre las teorías que encierren las series españolas? ¿Asistiremos a la creación de un referente? Ojalá 2015 nos deje satisfechos.

IMAGEN: Canal Sur.

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