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Etiqueta: TVE

25 años de televisión (I)

Este post comenzó a ser creado el 2 de septiembre del 2015, el día que cumplí 24 años. Como me conozco y sé que no soy capaz de “vomitar” un post de un tirón (y menos uno como este, repleto de videoteca), empiezo a escribirlo con un margen de tiempo considerable. Ahora, con el cuarto de siglo recién estrenado, releo y completo con aquellos trocitos de la pequeña pantalla que recuerdo con cariño y fueron necesarios para que hoy fuera lo que soy: una apasionada (y dependiente hasta el extremo) de este medio. Aquí os dejo mi particular repaso a 25 años de televisión.

La infancia: maratones de VHS y creación de referentes

1991: Aunque yo tan solo contaba con días desde que nací, el 19 de septiembre se estrenaba en Antena 3 la mítica Farmacia de Guardia, la cual aparecía en mis apuntes del máster en guión como referente en la sitcom española. Pese a que no conservo apenas recuerdos de la ficción dirigida por Antonio Mercero, no podía no mencionarla en este repaso debido a su importancia para la historia de la ficción en nuestra televisión. Sin embargo, aunque sería imposible que me acordara de todo lo que vi durante este periodo, tengo entendido que me llamaban muchísimo la atención los sonidos llamativos y colores chillones de las cortinillas de Telecinco.

1992: El ’92 no solo fue un año espléndido para España de cara al mundo, sino que esta apertura tuvo repercusión en la tele. Yo, que todavía no era consciente de lo que ocurría tras el cristal, me quedaba embobada viendo los sketches de Pinnic (formato que ya reivindiqué en otra ocasión) en La 2.

Este mismo año también me fascinaban, según las declaraciones de mi familia, las performances de la rubísima y súper carismática Xuxa en Telecinco, en su colorido show Xuxa Park.

1993: El cuarto año de los noventa, el segundo de mi vida, fue sin duda el de los concursos. En La 2 de Televisión Española se estrenaba Cifras y Letras al tiempo que en Antena 3 Emilio Aragón daba la bienvenida a una nueva era con El Juego de la Oca y sus pruebas descabelladas (nunca mejor dicho). Sin embargo, el recuerdo más lúcido que conservo es el de Qué Apostamos. El show presentado por Ramón García disfrutó de varias temporadas en La 1 mostrando a los espectadores cómo los superhumanos eran capaces de desempeñar habilidades sorprendentes. Pero, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad con los talent shows, existían elementos que servían de alicientes tanto para los espectadores como para los invitados presentes en plató, quienes debían apostar a favor o en contra de los concursantes. Además, el público asistente también jugaba un papel divertido en el concurso, pues debían apostar para elegir el ganador. De lo más recordado de uno de los títulos estrella de Ramonchu son las duchas que él y las distintas copresentadoras (Ana Obregón, Antonio Dell’Atte, Raquel Navamuel o Mónica Martínez, en la etapa de la pública) se daban al finalizar cada programa, aunque algún que otro famoso también llegó empapado a casa tras haber jugado en este maravilloso programa.

El recuerdo más lúcido que conservo del ’93 es el de El Gran Circo de TVE. Aunque comenzara su andadura en 1973, en este año regresó a La 1 de Televisión Española para seguir animando las mañanas de los fines de semana a todos los niños que esperábamos que Miliki y Rita Irasema nos contaran historias divertidas. Tenía una obsesión enfermiza con este dúo, ¡me volvían loca!

1994: Un poquito más despierta y adquiriendo gusto televisivo gracias a los maratones de VHS que me tragaba en cada comida (mi madre me grababa un cóctel de contenidos para que me dejara alimentar, pues era la única forma en que no protestaba -tanto-), disfrutaba con los Tricicle en ¡Chooof! pues, aunque no dijeran una sola palabra en todo lo que duraba el programa, me tronchaba de la risa. La tele captaba toda mi atención y con tan solo tres años ya comenzaba a vislumbrarse esta obsesión catódica que tengo (más bien, afición).

Aunque el ’94 fue el año del particular Scavengers de Bertín Osborne, lo descubrí hace algunos años gracias a YouTube. Pese a que no formó parte de mi infancia televisiva, no podía dejar de mencionarlo en este recopilatorio…

1995Blossom y Punky Brewster llegaron a nuestras pantallas este año. Aunque mis padres no me dejaron ver la tele del late night hasta bastante más mayor, pude disfrutar del espacio presentado por Pepe Navarro y por cuyo plató desfilaron personajes tan maravillosos como Cristina ‘La Veneno’ y Krispín Klander a posteriori, gracias a YouTube y a la infinidad de zappings que siguen nutriéndose de estos contenidos. Esta noche cruzamos el Missisippi se estrenaba semanas después de que yo cumpliera cuatro años de edad.

En el ’95 surgía un alocado formato que durante los viernes noche de verano llenaba a las familias de risas y diversión. Como rezaba la sintonía de El Grand Prix, “el programa del abuelo y del niño” tenía una función similar a la del ‘1, 2, 3, Responda Otra Vez‘: reunir a la familia frente a la televisión. En la actualidad, programar un viernes en prime time es arriesgado. Un año después de su estreno, el título también presentado por Ramón García (el rey de los concursos) conseguía un 36,6% de media de share. Si tenéis nostalgia, he encontrado este canal en YouTube donde van subiendo todos los programas, pues en el archivo de RTVE tan solo hay 12 vídeos.

1996: Cuando se estrenó Con Mucha Marcha en La 2 de Televisión Española yo contaba con cinco años de edad y una conciencia casi plena de todo lo que ocurría tras la pequeña pantalla.

El 96′ fue un año de grandes estrenos televisivos, pues surgieron títulos como Caiga Quien Caiga, Día a Día, Redes, Hostal Royal Manzanares, La Parodia Nacional o Sorpresa, ¡Sorpresa! Recuerdo con especial cariño un especial de Navidad que todavía conservo en VHS y que no soy capaz de encontrar en la red. Ahora, ya he visto el vídeo de la niña de Redondo cincuenta mil veces…

1997: Junto con el Missisippi, Crónicas Marcianas no solo ha sido uno de los títulos más venerados del late de nuestra televisión, sino que para mí resultaba un mito viviente, alejado de mis posibilidades debido al horario y a sus contenidos. De todas formas, mi madre acabó comprendiendo mi temprano interés por aquel espacio adulto y no le quedó más remedio que grabarme algunos fragmentos en los que acudían los concursantes de Gran Hermano, aunque para este momento todavía quedan algunos añitos mas… El que os enseño a continuación lo conocí a raíz de la participación de las famosas Hermanas del Baptisterio en Callejeros. Lo que no supe en ese momento es que ya había pasado por la tele, acompañadas de Javier Cárdenas.

Saber y Ganar también llegaba este año a La 2 de Televisión Española. Desde su estreno y hasta el día de hoy, es lo que se ve en mi casa a la hora de comer. Mis padres, como su audiencia, todavía no se han hartado de los magníficos, de Juanjo Cardenal, de Pilar Vázquez ni del fantástico sentido del humor de Jordi Hurtado.

Aunque Tómbola se estrenaba en el Canal Nou, los andaluces también pudimos verlo en Canal Sur durante algunos meses, hasta que los responsables decidieron que el espacio no era apto para su emisión en la televisión autonómica. El polémico espacio de corazón donde se vivieron momentos de lo más tensos resultó un punto y aparte para este tipo de programas, pues los que estaban por venir bebieron de forma irremediable de sus métodos, su realización y sus conflictos internos.

1998: Recuerdo cómo mi abuela programaba el temporizador de la tele de la habitación para que se apagara a la media hora, cuando le pedía con todos mis recursos que me dejara (¡por favor!) ver Furor. Yo, que siempre fue una niña muy obediente, no volvía a encender la pantalla pese a que sabía de sobra la estrategia para bajar el volumen a tope y que nadie se diera cuenta de que, efectivamente, no me había dormido cuando me tocaba y me había quedado viendo aquel espectáculo de botones, lunes y canciones. Con siete años me había quedado prendada de Alonso Caparrós, aunque cuando traían a su hermano Andrés al plató me gustaba más el otro.

Ana Rosa Quintana se estrenaba en Antena 3 con el magacín Sabor a Ti. Recuerdo que me pilló de vacaciones en Valencia y alternaba los visionados de Doraemon en un lenguaje que se me escapaba con los de este nuevo programa. Volviéndolos a ver ahora, alucino con lo rápido que pasa el tiempo y con lo mal que envejecen los escenarios, los looks y la televisión en general. Más bien, alguna televisión.

No puedo cerrar el ’98 sin hacer una mención a El Informal. Desde aquí quiero transmitir a los directivos del momento, a los creadores del formato y al realizador a los mandos del día al que me refiero que, por su culpa, vivo traumatizada con la película Alien. Y no porque la viera a una edad prematura (de hecho, la vi ya con 24 tacos, hasta que no pude evitarlo más tiempo), sino porque me comí una de las escenas más terroríficas que había presenciado jamás: aquella en la que el alien sale del vientre de su víctima y salta de la mesa de operaciones enseñando sus afilados dientes. Por todo lo demás, el programa presentado por Florentino Fernández y Javier Capitán ha sido uno de los títulos que más risas ha provocado en mi casa y en mi familia todavía se nos saltan las lágrimas cuando recordamos algún doblaje. Y es que no es para menos.

1999: en este año comenzaría el recorrido de todo un hito en la pequeña pantalla. Carlos Lozano se ponía al frente de Noche de Fiesta, creación de José Luis Moreno, quien ha intentado por todos los medios que su creación perviviera hasta el 2015 con Alfombra Roja Palace (y hasta nuevo aviso, que nunca se sabe). Por muchos títulos que tuvieran estos espacios, el programa siempre era el mismo: una gala grabada en un hotel o en exteriores, compuesta por actuaciones musicales y de humor. La verdad, no sé si en algún momento haría algo de gracia pero, a las puertas del 2000, la televisión había recorrido mucho más de lo que reflejaba este título.

Mis padres me mandaban a la cama temprano todos los domingos, además de porque el lunes tenía que madrugar para ir al colegio, porque querían ver 7 Vidas tranquilos. De nuevo, mi curiosidad televisiva provocaba que, a pesar de no ver la pantalla, me durmiera tarde escuchando los divertidos diálogos entre David (Toni Cantó) y Laura (Paz Vega). Años más tarde sí que pude ver algún capítulo sin remordimientos y me arrepentí de no haber disfrutado antes de personajes tan maravillosos como Sole (Amparo Baró), Paco (Javier Cámara), Gonzalo (Gonzalo de Castro) Carlota (Blanca Portillo) o Diana (Anabel Alonso).

De la preadolescencia a la ¿madurez?: el cambio de milenio y los realities que estaban por venir

2000: Tenía que comenzar este apartado mencionando a mi reality favorito de todos los tiempos. Gran Hermano aterrizaba en España en abril y, aunque todavía era una niña, viví con total intensidad gran parte de los acontecimientos vividos en la casa de Soto del Real (que, más tarde, se mudaría al mítico Guadalix de la Sierra): la expulsión de Mª José Galera, el “jódete” de Vanessa, la salida conjunta de Silvia e Israel, los intentos de Ínigo (y su/s polo/s verde/s), el abandono de Mónica tras descubrirse su pasado en una revista (y ser comunicado a la concursante por el programa, debido a la gravedad del asunto, la salida voluntaria de Jorge Berrocal y la victoria de Ismael Beiro al ritmo de los Police, tras 90 días de convivencia y aislamiento, entre otros. Gran Hermano, aquel programa que se presentaba como un experimento social, había roto una barrera en nuestra televisión: la de la privacidad más personal. Aquello nos encantó.

2001: Definitivamente, el cambio de milenio había traído el descubrimiento del reality a nuestras pantallas. Tras el éxito de la primera edición de Gran Hermano nacieron otros formatos que utilizaban la convivencia de los concursantes uno de los reclamos. Sin embargo, en Operación Triunfo no solo valía con ser un buen compañero, sino que los participantes iban escalando hasta la final a base de talento, disciplina y emoción. Había llegado el origen del talent show, tal y como ahora lo conocemos, a España.

Además, en el año 2001 también comenzaba una ficción insignia de Televisión Española que, pese a los baches, sigue ofreciendo capítulos inmensos al público: Cuéntame Cómo Pasó. Aunque no comencé a seguirla en este momento, sino que fue en el verano de 2013 cuando me bebí todas las temporadas emitidas hasta el momento. Y qué secuencias descubrí… Y cómo me emocioné… A tal punto que, a día de hoy, está e mi top 5 de mejores series españolas.

Otro curioso título que nacía en 2001 era El Diario de Patricia. Por supuesto, no podía faltar en un repaso televisivo, pues ha sido el culpable de que se me escapara la carcajada en más de una ocasión mientras observaba (y hasta admiraba) la fauna que se paseaba por aquel plató de Antena 3. Algunas historias eran realmente dramáticas pero, otros relatos resultaban tan poco creíbles que lo único que podíamos hacer era partirnos de risa y disfrutar del espectáculo.

2002: Aunque no seguí esta serie, es cierto que supuso un descubrimiento curioso. Ana y los Siete comenzaba sus emisiones en TVE este año y aguanto hasta el 2005 en programación. La Obregón se metía en el papel de la niñera-stripper que llevaba su mismo nombre y triunfaba en las audiencias.

Pero el programa que recuerdo con más cariño de este año fue el talent que Jesús Vázquez y Elia Galera presentaron en Telecinco. Si Operación Triunfo se vivió con intensidad en mi casa, más dramática fue la expulsión de Roser en Popstars. Tuvimos que llamar para salvarla tras su nominación porque mi hermano, de siete años, se había encaprichado con la catalana y no dejaba de llorar.

2003: el programa que Jorge Javier Vázquez y Carmen Alcayde presentaban en la sobremesa de Telecinco supuso toda una revolución en mi familia, aunque el consumo bestial llegó años más tarde de su estreno. Aquí Hay Tomate fue engullido en mi casa tras el renventón del caso Malaya, pues nos tocaba muy de cerca, y disfrutamos como gorrinos comprobando el revuelo mediático que se formaba a unas calles de nuestra casa. Aunque ya nos meábamos de la risa con los magistrales vídeos de Cachuli y la Pantoja paseando su amor por la aldea de El Rocío y las calles de Marbella… ¡Mi tierra!

Homo Zapping, que también nacía en el 2003, tampoco podía dejar pasar las desternillantes escenas de la mediática pareja.

Este mismo año se estrenaba una serie que, según el post que Borja Terán publicó en La Información, es el Verano Azul de las generaciones más jóvenes. Aquí No Hay Quien Viva es un referente de las comedias de situación en nuestra televisión y atrajo a un público tan diverso que permaneció en parrilla hasta el 2006, aunque su legado todavía permanece gracias a La Que Se Avecina. No puedo elegir un momento de esta maravillosa serie que todavía me saca una sonrisa cada vez que me trago sus reposiciones de madrugada en A3Series.

2004: Si Gran Hermano me conquistó a tal punto que, dieciséis ediciones después, acudo fiel a la cita de las nuevas entregas, La Casa De Tu Vida revolucionó mi concepción de reality: este, sin ser un talent, contaba con un elemento extra a la convivencia (debían construir una casa) y, además, resultaba un catalizador de todos los conflictos que ocurrían. Que no eran pocos…

Aunque nunca fui demasiado fan de los concursos de las tardes, he de reconocer que me enganché a Allá Tú. No solo por la dinámica del programa ni por lo bien que lo hacía Jesús Vázquez (cuando todavía no nos habíamos cansado de él por estar en casi todos los títulos de Telecinco), sino porque el público acababa empatizando con los concursantes. Como todos los días eran los mismos, conocíamos sus lugares de procedencia y el casting estaba elaborado con delicadeza (todos los concursantes eran muy simpático y daban juego), no nos quedaba más remedio que quedarnos a ver si el elegido acababa escogiendo la caja adecuada. Seguro que mas de uno recuerda todavía su pegadiza cabecera…

2005: Aunque el apagón analógico no llegó hasta el 2012, es en este momento cuando empieza a vislumbrarse el cambio tecnológico que estaba por venir. Cuatro nacía en 2005 rodeada de una gran expectación en noviembre de este año. Tras haber pasado mi infancia preguntándome qué había tras las interferencias de Canal +, se abría una nueva ventana con la llegada de esta nueva cadena en abierto. El guiñol de Michael Robinson nos lo contaba justo antes de comenzar:

A la primera persona que vimos en la nueva Cuatro fue a Iñaki Gabilondo, junto con parte del equipo. En las imágenes, pese a su baja calidad, también podemos distinguir a Iker Jiménez, a Nacho Abad, a Quequé y a Eva Hache entre otros. ¿A qué otras caras conocidas de la tele veis en esta presentación?

Pero Cuatro no es la única cadena que se estrena dentro de este panorama digital. LaSexta también llega a nuestros hogares de la mano de Emilio Aragón, Florentino Fernández, el Gran Wyoming y Helena Resano, con un reclamo ideal para quienes no ven la tele por la falta de contenidos variados, interesantes o divertidos.

Pero este año no solo supuso el nacimiento de canales de televisión y el comienzo de una nueva era, sino que la factoría de ficción y entretenimiento también fue muy prolífica. Descubrimos títulos que nos hicieron reír como Camera Café, Splunge, Aída o Buenafuente; y espacios que nos descubrieron un mundo desconocido hasta ahora, como Callejeros o Cuarto Milenio. Aunque si tuviera que quedarme con un solo programa elegiría Soy El Que Más Sabe de Televisión Del Mundo. Creo que las razones son obvias…

2006: Es aquí cuando comienza la era de Sé Lo Que Hicísteis y con ello, el inicio del sufrimiento de las demás cadenas. Quienes pudimos disfrutar de este grandísimo formato nos sentíamos muchísimo más satisfechos que viendo un simple programa de zapping, pues Patricia Conde y Ángel Martín se encargaban de mofarse de todas las pifias que ocurrían en nuestra televisión. Además, el largo recorrido que tuvo este título y la fluidez con que ocurría la emisión provocaba que tuviera un lenguaje propio lleno de momentos internos y hasta motes para ciertos canales y personajes famosos.

De nuevo, en este año me topo con un título que no pude disfrutar en directo. De Vientos de Agua tan solo pudimos ver dos episodios, pues Telecinco decidió no emitir el resto de la temporada debido a las bajas audiencias y por precaución contra la piratería. Yo pude verla muchos años después (en 2013 ) y creo que no he llorado más en mi vida. Como Cuéntame, esta también se encuentra en mi top 5 de series españolas por la historia tan maravillosa que narra, por lo auténtico de sus personajes y, en general, por la emoción que desprende en cada secuencia.

2007: Lorenzo Milá y Ana Blanco se pusieron al frente de un programa que cumplía todos los principios de servicio público. Yo, que todavía no tenía el espíritu político formado del todo, me sirvió para comprender aspectos del día a día traducidos a las acciones políticas. Tengo Una Pregunta Para Usted funcionaba de una forma muy sencilla: el público realizaba preguntas al político presente en el plató y este debía responderlas. Por supuesto, estas cuestiones no eran metapolíticas, como suelen ser los discursos de algunos dirigentes, sino que se preguntaba sobre el paro, la educación, la sanidad y la crisis económica que comenzaba a asomar las orejas. Aunque otros títulos han intentado recuperar este formato en algunas de sus secciones, nadie ha conseguido mantener la esencia.

2008: Todavía recuerdo con claridad el día en que La Sexta fue condenada a no emitir imágenes de Telecinco a raíz de la revolución que había supuesto Sé Lo Que Hicísteis. El gran Ángel Martín había triunfado gracias a los programas de la cadena donde Mermelada hacía de las suyas, pues su ingenio y el del equipo de guionistas superó todos los límites y conquistó a los espectadores.

En general, laSexta contó este año con grandes programas que fortalecieron su línea: Estas No Son Las Noticias, Qué Vida Más Triste (webserie llevada a la pequeña pantalla, ¡bendito descubrimiento!), La Tira o Salvados. Este último no solo supuso el descubrimiento al público de Jordi Évole ‘El Follonero’ o de quienes no vieron a Carlos Navarro ‘El Yoyas’ en GH2, sino que con el paso de los años ha matizado sus intenciones y en la actualidad está establecido como un formato serio de reportajes de calidad.

¿Te ha gustado este post? Pronto podrás leer la segunda parte. ¡Hasta 2016 todavía quedan años por repasar!

La televisión como servicio público 1: qué es, qué no y qué debería

Desde que me puse en marcha con este blog sobre televisión, lo que más me gusta del mundo, y sobre creación y crítica de lo que vemos en la pequeña pantalla, aprendo muchísimo a la vez que escribo. Os pasará a todos que, de una u otra forma, mantengáis un ritmo de publicación constante en algún medio de comunicación o tengáis que investigar a fondo sobre algún tema antes de escribir sobre este. Hace algún tiempo que publiqué un post sobre cómo, a mi parecer, Televisión Española no podía ser considerada una cadena pública y no pude evitar pensar en ello más allá del artículo. Tras analizar estrenos, leer información sobre lo más o menos nuevo y repasar los análisis de los títulos que mejores ratos me hicieron pasar frente a la tele, el debate del servicio público sale a flote en cuanto presenciamos la evolución de la cadena pública, hacia arriba o hacia abajo. Tras haberme pasado un tiempo buscando bibliografía sobre el concepto de servicio público en televisión, me encuentro con que hay mucho texto jurídico pero poca interpretación del mismo.

Definición de servicio público: la necesidad para la población/los espectadores

Según leemos en la ley 7/2010, de 31 de marzo, General de la Comunicación Audiovisual, la función de servicio público debe comprender la producción de contenidos destinados “a satisfacer necesidades de información, cultura, educación y entretenimiento de la sociedad española; difundir su identidad y diversidad culturales; impulsar la sociedad de la información; promover el pluralismo, la participación y los demás valores constitucionales, garantizando el acceso de los grupos sociales y políticos significativos”. Casi nada. Tras leer el texto jurídico y perderme varias veces entre tanto término técnico, creo que lo que debemos preguntarnos antes de entrar en el centro del asunto es qué entendemos por necesidades del público. En general, ¿qué es lo que espera la audiencia (en este caso, todos los ciudadanos) cuando se sienta a ver la cadena pública?; y, específicamente para este medio, ¿es un contenido exclusivo de televisión e imposible de trasladar a otros medios de comunicación? ¿Es realmente necesario para los espectadores?

Resulta casi imposible encontrar un solo programa que cumpla todas las premisas planteadas arriba, más aún cuando vivimos momentos en los que parece más importante satisfacer las necesidades de entretenimiento que las de conocimiento. Pese a lo general de la televisión (ya que posee contenidos para públicos de todas las edades y de, prácticamente, todos los gustos), es muy complicado generar un contenido que cumpla la función de servicio público en su totalidad, y por ello me planteo que quizá el secreto esté en las pequeñas dosis. Aunque el diseño, producción y emisión de un formato que respete todos los principios exigidos sea, más que utópico, antitelevisivo si somos realistas, el servicio público se cumple en aquellos programas que poseen matices del mismo y cubren las necesidades mencionadas. Sin embargo, debido a que los tiempos reducidos de la pantalla doméstica no permiten extensos discursos, resulta muy complicado.

El papel crucial de las Comunidades Autónomas en el servicio público en televisión

Según la ley General de la Comunicación Audiovisual mencionada arriba, las Comunidades Autónomas juegan un rol más que necesario para que el servicio público en televisión se ejecute como es debido. No solo a través de las herramientas de la estatal, sino con el apoyo de los canales que facilitan el acceso a una información y entretenimiento más cercanos al espectador por la inclusión de elementos “conocidos” para quien ve la televisión, la función de servicio público podría ser alcanzada si se cumplieran los principios básicos incluidos en el texto jurídico.

Pese a lo criticado de todas las televisiones autonómicas (el posicionamiento ideológico según los gobiernos del momento, lo “rancio” de ciertos contenidos y la repetición incesante de las mismas caras contando las mismas noticias y los mismos chistes), creo que no existe otra herramienta más útil y directa para desempeñar la función que hoy me preocupa. Mientras que la televisión nacional tiene que dividirse en públicos objetivos muy dispares, la dirigida a los habitantes de un territorio menor en extensión y similar en cultura tiene muchas más posibilidades de acierto. Por ello, es más fácil alimentar las necesidades de una audiencia con inquietudes y problemáticas similares. Aunque generalizar nunca sea recomendable, tiene sentido que empaticemos con los formatos que se acercan a nuestra cultura y que recojan las preocupaciones que nos atañen a nuestros semejantes (a los más semejantes, entre los semejantes).

Hablemos de ejemplos concretos. Con el fin de curso terminaba la tercera edición de La Báscula en Canal Sur (televisión pública de Andalucía), programa que cerraba su andadura (hasta la próxima temporada) con un share más que aceptable y mantenido semana tras semana. El espacio se ha popularizado entre los espectadores de la comunidad autónoma ya que reúne una serie de claves que lo convierten en un espacio ideal para la franja donde se emite y para el público al que está dirigido: además de ofrecer las guías para mantener una vida saludable, es tan divertido como didáctico. De entre todos los elementos del formato, destaco la capacidad de generar empatía entre los participantes y el público, ya que cualquiera puede conseguir las metas que el programa propone desde la pequeña pantalla. Además, La Báscula se reafirma como servicio público al mostrar la realidad de todos los grupos que convivimos en el territorio: tal y como reza la definición jurídica, este programa promueve el acceso de los diferentes colectivos sociales, que se ven representados en el espacio reservado para la noche del domingo, en prime time y con grandes anunciantes. Tal ha sido la repercusión de este espacio que la comunidad de Aragón se ha hecho recientemente con el formato, el cual se emite en la actualidad y es presentado por Luis Larrodera.

Lo que no es servicio público

El revuelo surgido y tras la elección, difusión y defensa de algunos de los contenidos de la televisión pública es más que conocido, denunciado y no corregido por parte de los responsables. Aunque existan excepciones como Alaska y Segura (o Coronas en su temporada anterior) y Saber y Ganar, ejemplos de la novedad y la tradición en el servicio público de Televisión Española y de cómo sí se deben hacer las cosas; todavía hay mucho camino que recorrer.

El año pasado estudié durante las tardes y pude disfrutar de la programación matutina. Me tragué cientos de entregas de Espejo Público, Al Rojo Vivo, El Programa de Ana Rosa y Las Mañanas de Cuatro. Por supuesto, también lo gocé viendo como Mariló Montero metía gamba tras gamba en el magacín que la pública le dejaba presentar. Todos estos espacios tenían multitud de similitudes, pero encontramos una que nos interesa en este caso y que destaca por encima de todas las demás: aunque la televisión sea un instrumento para el desarrollo del servicio público, esta franja en la programación está desierta de tal elemento. Por supuesto, La 1 tampoco lo cumple. Y pese a lo showoman del personaje que encabeza el programa, lo televisivo que resulte su discurso (sobre todo, a la hora de contestar a las críticas) o el poder viral de sus pifias, resulta vergonzoso que La Mañana pretenda convencer a alguien de que el aroma del limón cura el cáncer  o de que los órganos de un donante contagian con la personalidad de este al receptor. Mientras el magacín de TVE debería formar, culturizar, informar y entretener, yo solo encuentro una comedia absurda, más cercana a la línea surrealista de Amanece que no es poco que de la línea (más bien, de la veracidad) que debería mantener la televisión pública.

Y si hace algunos párrafos enumeraba aquello que me gusta de la oferta de servicio público de la autonómica de Andalucía, también tengo que decir que Canal Sur no es en absoluto la panacea. Por sus platós hemos visto desde niños-loros que recitaban unas cuántas líneas de un guión que no llegaban a comprender para provocar las risas de las señoras (público objetivo de este tipo de espacios, despatarradas casi literalmente en el graderío mientras Juan y Medio no sabía muy bien dónde meterse) hasta las miserias más miserables presentadas en la pequeña pantalla a modo de buffet libre: como el plato de comida asíatica que aparece por la cinta y recorre poco a poco el lugar, exponiéndose en todo su esplendor, mientras espera a ser rescatado por el comensal más hambriento del local. Así trabajaba Toñi Moreno en Tiene Arreglo, con la rifa de penurias en el escaparate de la pública andaluza. Y así le hicieron llegar semejante zasca por vía telefónica cuando se llevó (su equipo, con ella misma incluida en el cupo) el programa a Televisión Española.

¿Mostrar sin pudor cómo sufre una familia y aprovecharse de semejantes circunstancias puede englobarse en la función de servicio público de la televisión? No sé a vosotros, pero a mí se me pone la piel de gallina de solo pensar que toda la tele estuviera basada en el morbo de la tristeza y el sufrimiento ajeno. Y que lo haga una cadena privada me parece hasta lícito (que no moral. Al fin y al cabo, si rechazo un contenido tampoco simpatizo con sus anunciantes. O si no, que se lo digan a La Noria…), pero que la pública no tenga claros cuáles son los principios que debe cumplir me parece terrible. Al menos, los que tiene que evitar por sistema. A pesar de que sean únicas en su especie y, por tanto, exclusivas del medio televisivo, ni por esas encuentro un matiz para considerarlas dignas de los espacios que han ocupado mientras miles de personas esperábamos el despertar de la pequeña pantalla, de la nuestra, porque es nuestra. Ya que la estamos pagando, ¿por qué ibamos a dejar de criticarla?

Transmedia: cuando la televisión traspasa la barrera de la pantalla

El transmedia está de moda. Quizá sea la primera vez que te topas con este término desconocido o quizá, como me ocurre a mí, estés un poco saturado de encontrártelo allá adonde vayas. La narración transmediática funciona de la misma manera que un río: una historia es contada a través de distintos afluentes gracias a la participación de los consumidores de la misma, los cuales achican aguas o abren nuevos canales para que los contenidos circulen con libertad. Pese a la complejidad que entraña este sistema, El Ministerio Del Tiempo es el ejemplo perfecto para ilustrar un término que a muchos se nos escapaba.

En la variedad está el gusto: la multiplataforma

El final de la primera temporada de la ficción que ha despertado del letargo a los espectadores desencantados con la programación nacional ha supuesto el comienzo de una era: la del crecimiento hacia otros géneros nunca vistos en nuestras pantallas y en soportes que se salen de ella para dotar de riqueza a los contenidos. Acostumbrados a ver las series desde nuestro sofá, sin más dispositivo que el smarphone por si sucediera algo digno de ser comentado en las redes, El Ministerio Del Tiempo cambia la concepción de visionado gracias a la multitud de plataformas que surgen a su alrededor. Desde el podcast hasta la televisión online, la experiencia calma la curiosidad de los espectadores que no se conforman con los 70 minutos aproximados de capítulo semanal ni con el especial emitido tras este en la misma cadena.

Queremos saber más, no nos conformamos con consumir aquello que nos ofrecen a través de los canales habituales. Por suerte, la multiplataforma es uno de los elementos que caracteriza a la ficción creada por Javier y Pablo Olivares como única. Dentro del maravilloso universo elaborado no solo por ellos, sino por los seguidores, encontramos un especial emitido tras el episodio, un podcast, un programa de televisión online y una mastodóntica carga de contenido generado a través de las redes sociales, en Facebook y Twitter, por usuarios ajenos al proceso de escritura de las tramas y diseño de los personajes. Gracias a este último punto, El Ministerio Del Tiempo ha cruzado la barrera de la emisión nacional y ha impregnado de ministeria hasta a los espectadores situados en América Latina. Aunque el público que sigue la serie a través del canal online no se ha tenido en cuenta hasta febrero en la elaboración de las audiencias “oficiales” (las que elabora Kantar Media), la carga es más que significativa cuando con tan solo tres capítulos emitidos acumulaba un total de 263.000 visionados a la carta.

La clave de la revolucionaria ficción que acaba de emitir la cadena de televisión pública ha sido la retroalimentación entre los canales: mientras cada capítulo despertaba un interés especial en los espectadores, estos se valían de las redes para calmar (o potenciarlas, según se vea) sus ansias de Ministerio. Por otro lado, los contenidos “extras” que han surgido a partir del producto más convencional (que no central, ya que para considerarlo transmediático no puede haber un centro, sino varios elementos surgidos al mismo tiempo) han enriquecido los contenidos base de una forma más que significativa: conocer más de la historia ayuda no solo a que la comprensión de cada episodio sea más efectiva, sino que potencia la búsqueda autónoma de los porqués que quizá se nos escapen.

Pero lo que más ha llamado mi atención desde que la ministeria comenzó a ser una tendencia digna de ser estudiada ha sido la creación de perfiles en las redes sociales que imitaban los comportamientos de los personajes de la serie. El fandom no solo impregna las redes en su potencia más básica, a través de la discusión surgida gracias a los hashtags y a medida que se disfruta de la entrega semanas; sino que va más allá de la realidad, si entendemos realidad como lo que veíamos en la pequeña pantalla cada lunes y estaba escrito en el guión de los hermanos Olivares, José Ramón Fernández, Anaïs Schaaf y Paco López Barrio. Así, mientras que algunos seguidores interactuaban en Twitter bajo la identidad de personajes como Irene Larra, Alfonso de Entreríos, Ernesto Jiménez o incluso la esposa fallecida de Julián; otros daban rienda suelta a su imaginación y utilizaban el escenario del Ministerio para crear historias paralelas. Marcos Muñoz escribe fan fics profundizando en lo que ya se cuenta en la serie, aportando novedad al relato y alimentando la curiosidad de los que se quedaron con ganas de más tras el episodio de obligado vistazo.

Transmedia y televisión: ¿un modo de visionado incompatible con el espectador estándar?

Es cierto que la multiplataforma permite al público un enriquecimiento del proceso de consumo que se escapa de lo habitual (al menos, de lo que conocíamos hasta hace algunos años). Sin embargo, estos nuevos espectadores no son los únicos que disfrutan con la ficción, sino que los consumidores tradicionales de sofá y mando a distancia también han tenido parte de culpa de la renovación de la segunda temporada de El Ministerio del Tiempo.

Aunque nadie conozca a nadie que tenga audímetro en su casa (en caso contrario, por favor, ¡manifíestense!), todas las mañanas nos levantamos con los datos arrojados por Kantar Media y nos alegramos o nos sorprendemos según si nuestros contenidos favoritos del día anterior han obtenido buenos o malos resultados. Bien es sabido que El Ministerio del Tiempo no sacaba todo lo mejor de sí en cuanto a las audiencias tradicionales, debido a la guerra del share que se libraba cada lunes en la televisión (luchaba contra Bajo Sospecha, una de las apuestas de Antena 3 para los contenidos de ficción, que se llevaba a gran parte de la tarta), pese a que en redes sociales hubiera provocado tan movimiento.

El universo del entretenimiento en general crece a pasos agigantados. Para ciertos usuarios, la televisión se ha convertido en una herramienta que depende de forma directa de la conversación en la red, aunque también es posible verla de forma independiente puesto que la totalidad del relato se comprende sin necesidad de elementos extra. En este caso, que El Ministerio Del Tiempo tenga naturaleza transmedia no impide su acceso a una parte del público objetivo del prime time de TVE: el espectador estándar, más mayor que el multitarea y multiplataforma, alejado de las nuevas tecnologías y que disfruta de la televisión en familia o en solitario, sin otros dispositivos que lo “entretengan” del visionado.

Para mí ha sido el descubrimiento del año. Que la televisión pública apueste por una ficción novedosa, no en cuanto a historias, sino en métodos para contarlas, abre una puerta que creía cerrada en el panorama que nos queda más cercano a los que disfrutamos de la pequeña pantalla. Pese a los disgustos que nos llevamos cuando nos enteramos de las burradas que se cometen en un servicio pagado por todos, es inevitable que se nos escape la lagrimita cuando contenidos como El Ministerio Del Tiempo aterrizan, son bien cuidados y valorados como se merecen: no solo como títulos que solo recordarán los más frikis, sino como las míticas creaciones que Televisión Española solía hacer y parecía haber olvidado el método. Como Fortunata y Jacinta, Verano Azul, La Plaza del DiamanteAnillos de Oro, Los Gozos y Las Sombras o Cuéntame Cómo Pasó. Por El Ministerio Del Tiempo no pasarán los años que la desgasten… Como las buenas series.

IMAGEN: Alex Muñoz, magnífico ilustrador, me presta su creación de El Ministerio Del Tiempo para dar color a este post. De nuevo, ¡mil gracias! La imagen no se ve al completo, pero podéis hacerlo aquí mismo.

Disculpad el paron de casi un mes que ha sufrido el blog. Como diría Loulogio, me ha surgido un imprevisto: la vida. Sé que no es excusa, pero todavía tengo que acostumbrarme a un ritmo que no termino de dominar… ¡Volveré pronto! Lo prometo 🙂

La crítica y El Ministerio Del Hype

Me apodero de la expresión que acuñaban los críticos y espectadores que esperan impacientes el aterrizaje de la nueva serie de Televisión Española para la noche del martes. Algunos privilegiados ya pudieron disfrutar del primer episodio de El Ministerio del Tiempo la semana pasada y otros hemos tenido que conformarnos con alimentar nuestra ansia de productos de calidad desde el otro lado de la pantalla. En mi caso, leyendo, leyendo, leyendo y deseando que todo lo que leía fuera verdad.

Creación patria + ciencia ficción = ¿fórmula explosiva o fallida?

Javier y el fallecido Pablo Olivares apostaron por recuperar el antiguo gusto televisivo por lo fantástico, por lo que se escapara de la lógica que conocemos, por lo desconcertante. Con El Ministerio del Tiempo se desprenden de la concepción de “lo cutre” en relación con las historias fundamentadas en principios que nos resultan ajenos, en este caso, los viajes en el tiempo. A mí me resulta inevitable pensar en ciencia ficción sin que mi mente viaje hasta el set de grabación de Scavengers, en el cual un Bertín Osborne demasiado plateado para pasar por ser humano y demasiado peludo para ser un robot conducía un concurso sin pies ni cabeza. Pero ni la serie a la que esta noche asistimos a su estreno es un programa de desafío ni se dirige al mismo público. Tan solo confío en que nos cuenten una buena historia.

Los guionistas encargados de dar forma a El Ministerio del Tiempo ya nos han contado buenas historias en ocasiones anteriores. Aunque no he visto Isabel, loada por muchos y que no logra convencer a otros, sí que me tragué Pelotas años después de que fuera retirada de la parrilla y he de admitir que me reí a carcajadas con las mejores temporadas de Los Serrano (en las que Marcos y Eva todavía tonteaban y no se sabía nada de los SJK). Ahora, en un género arriesgado y para una audiencia resabiada, más aun tras las buenas palabras de los críticos más destroyers del país,  la historia que nos transmitan no solo tiene que ser buena. Tiene que ser la bomba.

Abriendo el apetito

Con el goteo constante de opiniones sobre la serie, con más incertidumbre que datos y con unas ganas terribles de probar a qué sabe la nueva ficción de la pública (Víctor Ros fue un aperitivo de lo más suculento), esta noche llega El Ministerio del Tiempo para conquistar a los espectadores como lo hizo con la crítica. En este vídeo podéis comprobar sus reacciones que, para sorpresa de quienes seguimos de cerca sus artículos y qué es lo que piensan sobre todo lo que se estrena en nuestra pequeña pantalla, sorprende hasta a la audiencia más estoica. Sin duda alguna, me quedo con el tweet-sentencia de Alberto Rey que, a diferencia de lo que estamos acostumbrados a leer en sus despiadados y maravillosos textos, califica la novedad como “muy buena”… ¡Guau!

Por si fuera poco, TVE colgaba en su página web los primeros cinco minutos de la serie que seguro dará que hablar esta temporada. Además, nos mostraba tres minutos más de la misma en la noche anterior a su estreno, y aunque con un visionado que resulta efímero, es cierto que notamos evidentes diferencias de calidad y escritura en comparación con ficciones de esta misma temporada… Pero, como las comparaciones son odiosas, no compararemos (por ahora). Vedlo vosotros y, si os parece, hablamos.

Hablemos, pues

El Ministerio del Tiempo ha prometido tanto (no por sí misma, sino por las voces de la crítica) que dudo mucho su fracaso. No solo me fío del criterio de quienes ya han podido disfrutar del primer episodio, sino del equipo que respalda a la ficción que seguro revolucionará la concepción del espectador de series extranjeras que rechaza cualquier creación nacional por, simplemente, ser española. Como con el cine y la música, siempre habrá quien se aleje de “lo suyo/nuestro” por prejuicio. Con El Ministerio del Tiempo (más bien, El Ministerio del Hype tras la expectación creada) esperamos que no nos sirvan ni los prejuicios ni la experiencia anterior (no podemos negar que han habido y habrán muy malos productos, pero de aquí y de la China popular). Por mi parte, tan solo con el material mostrado antes del estreno de la serie, la gestión del movimiento en redes sociales y los adelantos que nos dan a los espectadores (eso sí, a cucharaditas), ya me valen para confiar en que, más o menos buena, la ficción que viene será distinta a las demás. Y vosotros, ¿qué esperáis de El Ministerio del Tiempo?

IMAGEN: TVE

Navidad televisiva: qué nos gusta ver y qué no durante las fiestas

Como cada año, la programación se cubre de un halo navideño que inunda la parrilla de películas americanas sobre las aventuras de unos niños y sus padres con los espíritus típicos de la época, de especiales musicales que nos transportan a tiempos casi remotos, de caras conocidas y algo rancias presentando programas tan tópicos como los discursos de todas las fiestas y, sobre todo, de buenos deseos lanzados a través de todas las plataformas posibles (más aun cuando la tele no solo se ve en el salón de la vivienda, sino en el ordenador y el el teléfono móvil, ¡bienvenido a la era digital! Bienvenido a la publicidad incesante, estés donde estés). Como cada año, la Navidad llega a la televisión cargada de anuncios de juguetes, perfumes, turrones y de programación temática.

La Navidad: época ideal para quemar un buen producto

Pese a que el discurso del nuevo rey quizá sea lo más esperado por algunos telespectadores que no se pierden ningún 24 de diciembre el VTR del monarca en su oficina (¿cambiará de localización este año? ¿Estará acompañado? Veremos), a mí me entretiene más la nostalgia que los mensajes institucionales. Por ello, y a pesar de que todos los años se repitan los métodos, los momentos y hasta las coberturas de los reporteros en los distintos magazines matinales, me gusta ver el Sorteo de Lotería de Navidad porque, inevitablemente, me contagio de la euforia de la gente. Sin embargo, no empatizo con el teatrillo que nos ofrecen los especiales navideños de corte musical: ni con la gala de Raphael, que más que un imprescindible me parece un incesario en la televisión; ni con los especiales de supuesto humor que cada año son un poco peores que el anterior.

Miedo me da que con el 2015 regrese el mítico dúo Cruz y Raya, que tantas risas provocaban en mi casa allá por los 90 y que, estoy segura, se habrán quedado más que anticuados. Ni hablemos ya de que en Telecinco darán las campanadas los de Chiringuito de Pepe… A veces me pregunto hasta cuándo son capaces de quemar un producto que funcionaba para convertirlo, una vez más, en basura insignia de la cadena. Por supuesto, las Navidades son la época perfecta para que esto ocurra. TVE no se queda atrás con su especial de Masterchef, aunque todavía no me atrevo a predecir si será un nuevo batacazo o un éxito por los pelos.

Chiringuito de Pepe

No entiendo cómo este esperpento puede dar las campanadas en Telecinco… De qué me voy a extrañar, si hace nada las daba la Pantoja y su pequeño del alma.

Pero, a pesar del mal hacer de las televisiones y su gusto por meternos a cucharadas forzadas contenidos que no digerimos ni este año ni el que viene, hay cosas que no pasan de moda. Quizá porque siempre han estado ahí o, quizá, porque se han convertido en parte de nuestra vida y nos acompañan en rituales que repetimos año tras año. Recuerdo lo que me gusta ver el final del Concierto de Año Nuevo de Viena y contagiarme del entusiasmo del público, así como los saltos de esquí de Garmisch. Y vosotros, ¿qué veis durante la mañana del día 1 que no podéis dejar pasar año tras año?

 

TVE y la regresión temporal: la enfermedad degenerativa de la pública

Mientras que Televisión Española debería posicionarse como la cadena de referencia de información, contenidos culturales y formación mediante esta maravillosa plataforma que es la televisión, sigue inmersa en una espiral caótica de la que no es capaz de salir o, más bien, se encuentra demasiado cómoda en ella. Hacer buena tele es mucho más difícil que hacerla mediocre, y el mejor ejemplo de ello es que los penosos resultados de Sábado Sensacional en verano no han servido para abrir los ojos de quienes se han empeñado en hacer Telepasión para estas Navidades. Tras siete años sin emitirse, ya que creíamos que la televisión pública había evolucionado y los espectadores nos encontrábamos en otro estadio de recepción de contenidos, José Luis Moreno regresa cargado con sus peores armas: sus clichés de género y parejas, sus guiones vacíos y llenos de bromas repetitivas, más que rancias dignas de los peores cuñaos… Y con Carlos Lozano para Reyes.

Navidad TVE

Ana Obregón y Ramón García, ¿la pareja de moda televisiva? Hace unos diez años, quizá…

La tele autonómica: el caso del villancico en Canal Sur

A pesar de toda la morralla que encontramos en nuestras pantallas durante esta época, me gusta la Navidad en televisión. Me gustan las pelis americanas malas de nieve, luces y regalos, me gustan las cortinillas y promos navideñas y me gustan los especiales de Nochevieja de recortes musicales de hace veinte, treinta y cuarenta años. Me gusta que las televisiones se impliquen en esta época y me gusta cómo lo hace la televisión autonómica de Andalucía. En 2013, para la promoción de esta bonita iniciativa en la que animaban a los niños de los colegios e instituto de la comunidad a cantar el villancico ya institucional de la cadena (que hasta se han servido de ella en una chirigota), los presentadores del informativo de la autonómica se lanzaban cantar la famosa canción para la promoción.

Estas son las cosas que me enternecen de la televisión en Navidad, más que Ramones Garcías ni Anitas Obregones de turno, más que sorteos benéficos (que no faltan en esta época) y más que sorteos homenajes. Me gusta la Navidad y me gusta la tele, aunque estén ambas bastante complicadas.

IMÁGENES: Cadena SER

TVE: el fracaso de la televisión pública en España

Los tiempos en que los informativos de La 1 ganaban premios internacionales parecen tan lejanos que es casi imposible comprender cómo una televisión pública ha llegado a transformarse de una manera tan drástica y dramática. La decadencia en la programación de entretenimiento, las acusaciones de manipulación en los servicios de noticias y las pérdidas económicas continuas de la Corporación (y sus consiguientes inyecciones de dinero por parte del Gobierno) son señales de que Televisión Española dejó de ser una cadena pública como tal y ha pasado a ser la cadena del Estado y no de los ciudadanos, simple y llanamente.

Quizá no tenga mucha idea de asuntos empresariales ni de política de instituciones públicas, pero tengo ojos en la cara y sé cuándo me están tomando el pelo a pesar de que lo hagan a través de una pantalla (que parece que está muy de moda en este país). Se suele decir que tenemos lo que nos merecemos pero, como ya dije en una ocasión en Perdidos en la Tele hablando de TVE, ¿realmente tenemos la televisión pública que nos merecemos? Me parece que no.

TVE no cumple un servicio público

Antes de lanzar mi opinión sobre qué no me gusta en las actuaciones de TVE, debemos conocer qué puntos debe cumplir una televisión pública para considerarse tal. Buscando una especie de decálogo de buenos hábitos o un libro de estilo de la cadena, he encontrado este artículo de la Asociación de la Prensa de Madrid, donde se explican ” qué requisitos debe cumplir y qué deficiencias nunca debe tener” una televisión que quiera considerarse pública dentro del modelo español. Citando al texto en el entrecomillado, destaco los siguientes puntos:

  • “Debe ser plural” y basarse en el rigor: establecida como una cadena en la que confluían todas las voces de la noticia, de grandes programas informativos y de reporterismo de visualización casi obligada, Televisión Española nada tiene que ver ahora con su pasado: ha abandonado a su suerte formatos de necesidad en una canal público, dando prioridad a programas que no aportan nada a los ciudadanos que los ven. Ejemplo de ello es el declive que sufrió Informe Semanal, programa emblema de la pública que perdió fuelle por no narrar con importancia acontecimientos de demostrada relevancia informativa (como fue el cierre de la televisión pública valenciana), y que quedó relegado al late night para, en su lugar, emitir un programa de entretenimiento (bastante malo, por cierto).

Plantilla de los Informativos de TVE en 2013 / Fuente: Cadena Ser

¿Qué programas hacen falta en TVE?

Si bien La 2 cuenta con espacios educativos, aunque en franjas que ocupan otros programas de mayor audiencia en otras cadenas, la pública debería ser referencia en televisión cultural y formadora (de pequeños y grandes). Dividiendo el día en franjas de parrilla, una Televisión Española decente y adecuada para todos los ciudadanos debería contar con:

  • Un buen magacín matinal: aunque presenciar las perlas que suelta Mariló Montero con bastante frecuencia, me mosquea que sea la cara de las mañanas en TVE. ¿Acaso no hay profesionales cualificados para dirigir un espacio informativo ligero, dinámico pero, al fin y al cabo, serio? Inés Ballester demostró en su sustitución de verano que poseía dotes de sobra para ello y, estoy segura, de que La Mañana de la 1 ganaría audiencia si se transformara en un formato donde cupiera la actualidad (la seria y, por qué no, algo de la menos seria) y el debate.
  • Programación infantil: cuando muchos de nosotros éramos pequeños, TVE poseía programas para niños realmente buenos. Ahora, tan solo encontramos series de dibujos animados en las cadenas de la TDT que la pública posee. Sin embargo, no existe un programa infantil como tal, como el antiguo Club Disney (donde, además de emitir dibujos, también se hacían concursos en un plató lleno de niños) o THP Club, el último programa infantil que recuerdo en Televisión Española que, aunque ya comenzaba a quedarse anticuado y aburrido para los niños que lo veían, seguía manteniendo ciertos elementos que ahora no encontramos (píldoras educativas, enseñanzas entre series de dibujos, etc). Yo recuerdo Pinnic con especial cariño, un programa bastante extravagante y súper divertido:

  • Un canal de “todo noticias” actualizado y en alerta permanente: mientras que el 24 Horas Todo Noticias no resulta eficiente en la cobertura de acontecimientos imprevistos (como el accidente ferroviario de Santiago) o permanentes en la agenda (como la Diada en Cataluña), sí que se explaya en la narración de eventos que no resultan tan importantes en cuanto a la actualidad (como la Semana Santa, que ya la retransmiten las cadenas públicas autonómicas y locales de todas las comunidades y municipios).
  • Y, por supuesto, unos servicios informativos que informaran.

¿Y vosotros? ¿Qué creéis que necesita Televisión Española para que la consideremos cadena pública?

IMAGEN: TVE

A ti que no ves la tele

Por suerte, ya casi no se escucha a nadie presumir de no encender la televisión en todo el día, o “solo para ver el telediario a la hora de comer”. Y no porque esto fuera cierto, sino porque la tele se veía de una forma bien distinta a los diarios o la radio y a muchos les daba vergüenza admitir que se divertían con los concursos, que disfrutaban viendo cualquier “serie mala” del prime time y, por supuesto, que se conocían todos los nombres de los habitantes de la casa de Gran Hermano. ¡Hombre, por favor! ¡Si yo solo veo los documentales de La 2 y el Tour de Francia, para echar la cabezadita!…

Según el último estudio del EGM, la televisión es el medio que más consumen los ciudadanos, por encima de la radio e Internet. La llamada caja tonta, que demuestra cada día que no lo es en absoluto a pesar de que muchos pretendan desprestigiarla, posee una gran fuerza educativa y crítica. Y aunque cualquier tiempo pasado fuera mejor en materia de programación infantil (con títulos como Sabadabadá, Pinnic o la mítica La Bola de Cristal en TVE), cultural (Andalucía es de Cine, unos mini documentales que se produjeron para Canal Sur, la autonómica de Andalucía; o Experiencia TV, un certamen de reportajes en el que pueden participar estudiantes de Grados o Ciclos Formativos relacionados con la comunicación y que, tras una selección, son emitidos por Canal Sur*) o en contenidos de exclusivo entretenimiento (Un, Dos, Tres… Responda Otra Vez, El Precio Justo o El Gran Juego de la Oca quedan en el recuerdo de todos los telespectadores). Sin embargo, la televisión actual tiene poco que envidiarle a la de hace varias décadas. Y es que el medio más visto por los españoles ha evolucionado y sigue sorprendiendo.

La mujer que no tenía tele en su casa

Hace unos días hice un viaje en BlaBlaCar con un señor (que conducía el coche), con mi pareja y con otra chica. Pasamos las dos horas de trayecto hablando, en una charla bastante distendida y muy entretenida. Cómo no, llegamos al tema estrella de conversación: las tonterías que ve la gente en la tele, cómo la caja tonta que preside el salón funciona como una máquina de lavar cerebros y, por supuesto, si este medio es esencial para la vida o podemos prescindir de él. La mujer, desconocida para nosotros, afirmaba que llevaba 10 años sin tener tele en su casa y que no la echaba de menos en absoluto. Sin embargo, conocía la existencia de programas como Mujeres y Hombres y Viceversa gracias a un amigo suyo que le narraba lo absurdo de los relatos coordinados por la celestina de la televisión por excelencia, Emma García, y los pipiolos que suben y bajan las escaleras del plató en busca del “amor”. Por supuesto, jamás había visto Gran Hermano (ni similares) ni tenía la mínima intención de hacerlo.

Para mí, no ver la tele es lo mismo que no leer la prensa o no abrir un libro en meses. Yo no veo la tele como un instrumento destinado a atontar a la gente, más bien, opino todo lo contrario. Ocurre que la televisión (sobre todo, según qué contenidos más complejos como los realities, los docu-reportajes de temas controvertidos y los programas de debate político en el que confluyen opiniones de todos los colores) hay que saber verla, igual que hay que saber leer la prensa para no tirarnos de los pelos. Pero una persona no aprende por sí misma a analizar los contenidos, a contrastarlos y a no hacerlos suyos tras haberlos asumido en su pensamiento. Todo lo que aparece en la tele no es ni cierto ni bueno, ni siquiera los informativos, que debería ser el espacio más veraz. Como quien lee un libro escrito por una persona contraria a su ideología y sabe apreciar la calidad del relato (pienso en Vargas Llosa o en Pérez Reverte. Nadie puede negar que son grandes escritores y, sin embargo, no me identifico con ellos), la televisión debe verse de manera crítica: sin perder la noción de realidad y diferenciando de qué podemos nutrirnos y qué podemos desechar.

Cómo se aprende de la televisión

Me duele que la gente desprecie la televisión como un método educativo. Al igual que la prensa escrita de referencia (al menos supuesta) y las revistas especializadas son herramientas usadas para aprender, nadie rechaza al papel en su totalidad por el simple hecho de que las revistas del corazón más burdo e inútil se publiquen en un soporte similar. Con la televisión ocurre lo mismo: no importa quién (qué cadena, qué productora) o cómo se emita (en qué franja, en qué formato) , sino qué se emite y para qué. Es cierto que podemos criticar la manera en que está diseñado un producto porque nos resulte más o menos adecuado pero, si el fin es educativo, ya puede ser un programa de corte documental como un concurso.

Aprender de la televisión es tan sencillo como sentarnos en el sofá y, como decía un profesor de primaria, “tener las orejas bien abiertas”. El ser humano es una esponja y está dispuesto a captar todos los conocimientos que puedan ser útiles en un futuro… O no tan útiles.

Algunos hablan de “higiene mental” cuando presumen de no ver la televisión para evitar estímulos innecesarios. Seamos claros: los estímulos van a aparecer tengamos o no la tele encendida, tengamos o no tele en casa. Lo que importa es que, quien reciba estos estímulos, posea la inteligencia suficiente (adquirida por la experiencia, tras años de consumo de televisión y otros medios) como para saber con qué debe quedarse y con qué no.

¡Todos a ver la tele!

Aunque la programación televisiva sea soporífera en verano, yo recomiendo desde este pequeño altavoz que veáis la televisión. No hace falta que solo dediquéis un tiempo exclusivo a este medio, yo lo hago a la vez que realizo otras tareas: consulto las redes sociales, hago otros trabajos, navego… La verdad, soy incapaz de ver la televisión en exclusividad. La doble pantalla se ha convertido en esencial para mi vida diaria. Esto no significa que la tele me aburra, sino que los usos de este medio están mutando y que ya no somos un espectador ante una pantalla fría y unidireccional, sino que el público es más colectivo que nunca. Y esto es lo mejor que nos puede pasar a nosotros como audiencia y al ente televisivo: a los creadores de contenido, a los directivos y a los trabajadores. Si vemos la tele y opinamos qué nos parece, podremos hacer una televisión mejor en un futuro.

*Perdonad que solo haga referencias de Canal Sur, la autonómica de Andalucía, pero apenas conozco nada de las demás autonómicas. Ayudadme vosotros a hacerlo, ¿qué programas no puedo perderme de vuestras cadenas autonómicas?

IMAGEN: Television Head, de Pepe Kirchhoff.

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