El transmedia está de moda. Quizá sea la primera vez que te topas con este término desconocido o quizá, como me ocurre a mí, estés un poco saturado de encontrártelo allá adonde vayas. La narración transmediática funciona de la misma manera que un río: una historia es contada a través de distintos afluentes gracias a la participación de los consumidores de la misma, los cuales achican aguas o abren nuevos canales para que los contenidos circulen con libertad. Pese a la complejidad que entraña este sistema, El Ministerio Del Tiempo es el ejemplo perfecto para ilustrar un término que a muchos se nos escapaba.

En la variedad está el gusto: la multiplataforma

El final de la primera temporada de la ficción que ha despertado del letargo a los espectadores desencantados con la programación nacional ha supuesto el comienzo de una era: la del crecimiento hacia otros géneros nunca vistos en nuestras pantallas y en soportes que se salen de ella para dotar de riqueza a los contenidos. Acostumbrados a ver las series desde nuestro sofá, sin más dispositivo que el smarphone por si sucediera algo digno de ser comentado en las redes, El Ministerio Del Tiempo cambia la concepción de visionado gracias a la multitud de plataformas que surgen a su alrededor. Desde el podcast hasta la televisión online, la experiencia calma la curiosidad de los espectadores que no se conforman con los 70 minutos aproximados de capítulo semanal ni con el especial emitido tras este en la misma cadena.

Queremos saber más, no nos conformamos con consumir aquello que nos ofrecen a través de los canales habituales. Por suerte, la multiplataforma es uno de los elementos que caracteriza a la ficción creada por Javier y Pablo Olivares como única. Dentro del maravilloso universo elaborado no solo por ellos, sino por los seguidores, encontramos un especial emitido tras el episodio, un podcast, un programa de televisión online y una mastodóntica carga de contenido generado a través de las redes sociales, en Facebook y Twitter, por usuarios ajenos al proceso de escritura de las tramas y diseño de los personajes. Gracias a este último punto, El Ministerio Del Tiempo ha cruzado la barrera de la emisión nacional y ha impregnado de ministeria hasta a los espectadores situados en América Latina. Aunque el público que sigue la serie a través del canal online no se ha tenido en cuenta hasta febrero en la elaboración de las audiencias “oficiales” (las que elabora Kantar Media), la carga es más que significativa cuando con tan solo tres capítulos emitidos acumulaba un total de 263.000 visionados a la carta.

La clave de la revolucionaria ficción que acaba de emitir la cadena de televisión pública ha sido la retroalimentación entre los canales: mientras cada capítulo despertaba un interés especial en los espectadores, estos se valían de las redes para calmar (o potenciarlas, según se vea) sus ansias de Ministerio. Por otro lado, los contenidos “extras” que han surgido a partir del producto más convencional (que no central, ya que para considerarlo transmediático no puede haber un centro, sino varios elementos surgidos al mismo tiempo) han enriquecido los contenidos base de una forma más que significativa: conocer más de la historia ayuda no solo a que la comprensión de cada episodio sea más efectiva, sino que potencia la búsqueda autónoma de los porqués que quizá se nos escapen.

Pero lo que más ha llamado mi atención desde que la ministeria comenzó a ser una tendencia digna de ser estudiada ha sido la creación de perfiles en las redes sociales que imitaban los comportamientos de los personajes de la serie. El fandom no solo impregna las redes en su potencia más básica, a través de la discusión surgida gracias a los hashtags y a medida que se disfruta de la entrega semanas; sino que va más allá de la realidad, si entendemos realidad como lo que veíamos en la pequeña pantalla cada lunes y estaba escrito en el guión de los hermanos Olivares, José Ramón Fernández, Anaïs Schaaf y Paco López Barrio. Así, mientras que algunos seguidores interactuaban en Twitter bajo la identidad de personajes como Irene Larra, Alfonso de Entreríos, Ernesto Jiménez o incluso la esposa fallecida de Julián; otros daban rienda suelta a su imaginación y utilizaban el escenario del Ministerio para crear historias paralelas. Marcos Muñoz escribe fan fics profundizando en lo que ya se cuenta en la serie, aportando novedad al relato y alimentando la curiosidad de los que se quedaron con ganas de más tras el episodio de obligado vistazo.

Transmedia y televisión: ¿un modo de visionado incompatible con el espectador estándar?

Es cierto que la multiplataforma permite al público un enriquecimiento del proceso de consumo que se escapa de lo habitual (al menos, de lo que conocíamos hasta hace algunos años). Sin embargo, estos nuevos espectadores no son los únicos que disfrutan con la ficción, sino que los consumidores tradicionales de sofá y mando a distancia también han tenido parte de culpa de la renovación de la segunda temporada de El Ministerio del Tiempo.

Aunque nadie conozca a nadie que tenga audímetro en su casa (en caso contrario, por favor, ¡manifíestense!), todas las mañanas nos levantamos con los datos arrojados por Kantar Media y nos alegramos o nos sorprendemos según si nuestros contenidos favoritos del día anterior han obtenido buenos o malos resultados. Bien es sabido que El Ministerio del Tiempo no sacaba todo lo mejor de sí en cuanto a las audiencias tradicionales, debido a la guerra del share que se libraba cada lunes en la televisión (luchaba contra Bajo Sospecha, una de las apuestas de Antena 3 para los contenidos de ficción, que se llevaba a gran parte de la tarta), pese a que en redes sociales hubiera provocado tan movimiento.

El universo del entretenimiento en general crece a pasos agigantados. Para ciertos usuarios, la televisión se ha convertido en una herramienta que depende de forma directa de la conversación en la red, aunque también es posible verla de forma independiente puesto que la totalidad del relato se comprende sin necesidad de elementos extra. En este caso, que El Ministerio Del Tiempo tenga naturaleza transmedia no impide su acceso a una parte del público objetivo del prime time de TVE: el espectador estándar, más mayor que el multitarea y multiplataforma, alejado de las nuevas tecnologías y que disfruta de la televisión en familia o en solitario, sin otros dispositivos que lo “entretengan” del visionado.

Para mí ha sido el descubrimiento del año. Que la televisión pública apueste por una ficción novedosa, no en cuanto a historias, sino en métodos para contarlas, abre una puerta que creía cerrada en el panorama que nos queda más cercano a los que disfrutamos de la pequeña pantalla. Pese a los disgustos que nos llevamos cuando nos enteramos de las burradas que se cometen en un servicio pagado por todos, es inevitable que se nos escape la lagrimita cuando contenidos como El Ministerio Del Tiempo aterrizan, son bien cuidados y valorados como se merecen: no solo como títulos que solo recordarán los más frikis, sino como las míticas creaciones que Televisión Española solía hacer y parecía haber olvidado el método. Como Fortunata y Jacinta, Verano Azul, La Plaza del DiamanteAnillos de Oro, Los Gozos y Las Sombras o Cuéntame Cómo Pasó. Por El Ministerio Del Tiempo no pasarán los años que la desgasten… Como las buenas series.

IMAGEN: Alex Muñoz, magnífico ilustrador, me presta su creación de El Ministerio Del Tiempo para dar color a este post. De nuevo, ¡mil gracias! La imagen no se ve al completo, pero podéis hacerlo aquí mismo.

Disculpad el paron de casi un mes que ha sufrido el blog. Como diría Loulogio, me ha surgido un imprevisto: la vida. Sé que no es excusa, pero todavía tengo que acostumbrarme a un ritmo que no termino de dominar… ¡Volveré pronto! Lo prometo 🙂