¿Verano = Parón creativo?

Posted by in Creación, Guión

El mes de julio lleva implícito aires de mudanza, de maletas por deshacer y desórdenes que resolver. Yo soy muy organizada dentro de un caos imposible de entender por muchos, por eso puedo pasarme semanas con macutos abiertos y bolsas llenas de no sé qué cosas alrededor de mi habitación. Sin embargo, soy incapaz de hacer nada productivo mientras en mi “zona de trabajo” hay un caos de trastos. Y cuando hablo de trastos no solo me refiero a los recuerdos del regreso a casa, también me refiero a los archivos olvidados en los rincones de mi ordenador e, incluso, a los papelotes de ideas sueltas que acumulo en mi escritorio. Con el cuarto ya recogido, la mesa despejada y el portátil formateado (soy muy maniática, suelo limpiarlo a fondo tres veces al año), me dispongo a enfrentarme a la apatía del verano en cuanto a lo creativo.

Y, ¿por dónde empiezo? La verdad, no estoy muy segura de cómo afrontar el parón. Desde que veía de lejos el fin de curso me propuse que estos dos meses de vacaciones no iba a permitirme una tregua, y no porque no la merezca.

Leer + pensar + escribir = crear

Yo soy persona de listas de tareas pendientes, de agendas llenas de anotaciones y, por qué no, de cumplir con lo que me propongo. Para este verano tengo una barbaridad de libros que leer, películas y series que ver, por lo que seguramente no pare de trabajar. Y digo trabajar porque nutrirse de novedades, alimentar la curiosidad y aprender sin descanso es esencial para el creador (ya seas guionista, novelista, cualquier profesión que implique creatividad). Carmen O. Carbonero, guionista de series como Los Serrano y Águila Roja entre otras, nos contó una tarde de máster que ella acostumbra a ver un capítulo de alguna serie antes de comenzar a escribir para “ponerse a tono”.

Mientras busco trabajo de lo mío (de guionista, de periodista, de productora, de lo que sea… De lo mío), yo también me pongo a tono: leo (nada de manuales, que ya me empapé bastante durante el curso), veo muchísima tele (para no variar) y veo muchísimas series. No puedo tomarme unas vacaciones en esto a pesar de que pueda llegar a saturarme, ¿quién sabe cuándo y dónde aparecerá la musa? Todo producto está inspirado en algo que hemos visto, escuchado o experimentado. Las ideas jamás proceden de la nada, por ello debemos permanecer en constante estado de recepción de estímulos que puedan resultarnos útiles en cualquier momento y en cualquier lugar: en la playa, echándote una siesta (a mí, los sueños me inspiran muchísimo) o dando una vuelta “con la fresquita”. El verano cuenta con escenarios ideales para poner nuestra maquinaria creativa a funcionar.

A mí me inspiran estas playas…

Lo tengo. ¿Cuál es el siguiente paso?

Con las ideas claras y el norte de nuestro proyecto definido, nos queda la parte más complicada del reto del verano: no estancarnos. Leí en el blog de Escrilia una entrada sobre las maneras de perder el tiempo para los escritores y decidí poner en práctica los consejos que proponía: establecer un horario de trabajo, permanecer el menor tiempo posible “conectada” (cuando desconecto el wifi de mi ordenador es cuando más me cunde el trabajo. Si necesito consultar un dato, lo anoto y lo hago después. Cada cosa a su tiempo) y, sobre todo, organizar mi zona de trabajo que, como mencioné antes, resulta un caos muy complicado de solucionar.

Para este verano he diseñado una lista de objetivos contabilizables que debo cumplir antes de que finalice el mes de septiembre. De esta manera, es muy sencillo saber en qué porcentaje hemos logrado lo que nos proponíamos a corto plazo, plantear qué podemos cambiar para mejorar este porcentaje y, sobre todo, conocer en qué nos hemos equivocado para que no vuelva a suceder la próxima vez que nos pongamos metas. Un objetivo contabilizable es aquel que puede medirse con cifras. Por ejemplo, si quieres proponerte escribir más cortometrajes este verano, piensa un número para construir tu meta. ¿Cuántos borradores crees que podrás conseguir en tres meses? ¿Tres, cuatro?

Ya me estoy arrepintiendo…

Sé que es muy difícil cumplir con todos los objetivos que nos propongamos al  principio del verano, no te angusties. Fallar no significa fracasar, es más, equivocarse es tan necesario como aprender. Quizá nos pasemos con nuestras metas, seguro que nos ponemos más de las que podamos alcanzar o nos quedemos cortos. ¿Qué más da? Lo único que importa es sacar algo en claro de nuestro trabajo, conocernos mejor a nosotros mismos como creadores: cuáles son las rutinas que mejor nos funcionan, a qué hora somos más productivos a la hora de escribir o qué manías tenemos.

Por lo pronto, yo estoy poniendo en práctica todo lo que os cuento aquí. Cuando termine el verano, ya veréis si me ha funcionado o me he quedado por el camino… ¡Deseadme suerte!