Desde que a alguien se le ocurriera grabarse a sí mismo con la webcam, soltar un discurso más o menos planificado y subirlo a la plataforma de visualización y distribución de vídeo más popular del mundo ha llovido mucho. Sin embargo, en pleno momento de la hibridación de los medios es inevitable que percibamos cómo ha evolucionado este movimiento que parecía confuso en su nacimiento y que ahora resulta imprescindible en la vida de muchos usuarios de Internet y las redes sociales. Yo lo confieso: soy consumidora de vlogs y veo al día al menos dos o tres vídeos, ya sean tutoriales, daily vlogs o vídeos “estándar”, dentro de lo estándar que se puede ser siendo YouTuber. Desde un tiempo a esta parte vengo encontrándome con piezas que me han llamado especialmente la atención. Ya sea por sus contenidos, por su montaje, por la masa de audiencia que lo recibe o por lo que pretenden hacer sentir a los espectadores, he descubierto algunos vídeos que bien podrían encuadrarse en el marco de la televisión, por increíble que pudiera parecer en los orígenes de este portal.

Las cifras de Youtube: ¿fórmula secreta?

No. No voy a hablar de cuánto gana un YouTuber por cada visualización ni he hecho cábalas sobre cuántos vídeos necesita subir para vivir de ello (este tema está ya bastante manido). Cuando me refiero a las cifras, me refiero a la audiencia, a cuántos espectadores llega un vídeo a través de este portal. Es difícil realizar una media, ya que este número varía dependiendo de la actividad social del creador de vídeo, de sus contenidos y de cómo los viraliza. Para poneros un ejemplo, nada tiene que ver un vlogtrip (vídeo de viajes) con un tutorial de maquillaje: ni tiene el mismo público ni obtiene los mismos números… Normalmente.

Desde fuera, YouTube funciona combinando elementos clave: un guión que llame la atención de tu audiencia, un montaje curioso, un poco de carisma, muchas horas de trabajo y, por qué no, algo de suerte. Ni conozco la fórmula secreta del triunfo en este medio ni tampoco me veo ni con el talento ni con las fuerzas (ni, para qué engañarnos, la necesidad) de contar nada a la webcam de mi ordenador. Sin embargo, admiro la generosidad de los que muestran su vida, su día a día, sus vivencias y sus conocimientos al mundo. A mí me tienen enganchada.

A pesar de ser consumidora de YouTube y de estar suscrita a varios canales, hace poco que descubrí que muchos de los vídeos se regían por principios estéticos y de contenidos parecidos a los que abundan en el género del reportaje en televisión. Callejeros Viajeros, Andaluces (y sus gemelos) por el Mundo, Capitán Q, Vivan Los Bares han conseguido contar historias desde distintos puntos de vista y desde distintos puntos del mundo. Sin embargo, ¿acaso los video-reportajes de Yellow Mellow, Rush Smith, Luzu y MolaViajar no funcionan de la misma manera?

Tanto los planos elegidos, como el montaje y hasta el guión (a veces, escrito previamente, a veces, improvisado sobre la marcha) recuerdan a formatos que podemos ver en la pequeña pantalla y que nos atrapan en nuestro sofá, por ejemplo, durante las franjas del domingo por la tarde o los sábados al mediodía. Si le damos un par de vueltas, ¿por qué no podríamos trasladar los contenidos de YouTube a la televisión? ¿Qué es lo que falta para que la mudanza (al menos, la duplicidad) funcionase?

La fusión, todavía prematura

A pesar de todos los elementos clave que podrían cuajar en un medio como la televisión, es demasiado pronto para sacar los vídeos de su plataforma original para distribuirlos a través de otros canales. Ha habido amagos fallidos como el de TriboTV, que más que tener intención de dar difusión a creadores procedentes de portales distintos resultó ser un supuesto timo; o como el de Fiesta Suprema, un programa de La 2 donde tres YouTubers de la talla de Loulogio, Bolli (TodoElMonteEsOrgasmo) y Roc (Outconsumer) hacían sus cositas más o menos graciosas, pero que no llegó a convencer a la audiencia de la televisión tradicional. Sin embargo, la plataforma de distribución de vídeo más famosa del mundo ha sido la culpable de que muchos talentos de ventana catódica hayan encontrado un hueco en el mercado de la ficción y el humor nacional.

Quizá por los métodos, el tono del discurso o la audiencia, todavía difusa en cuanto a consumidores de vlogs y de este tipo de contenidos, no terminara de funcionar en un medio distinto al original de gestación. La cultura de YouTube se contagia de formar viral y constituye en la actualidad una generación, la llamada Generación C, caracterizada por la interconectividad, la creación de tendencias y la caída del consumo de televisión (¿casualidad?) entre otros aspectos. ¿Qué es lo que falta para dar el salto? Desde mi punto de vista, igual que es imposible trasladar los contenidos de la prensa a la radio o los de la radio a la televisión, YouTube (y todo lo que engloba a su universo) posee elementos tan definitorios que constituye un medio en sí mismo, por lo que me parece imposible (al menos, ahora) que ocupe un espacio en la pequeña pantalla. Sin embargo, al igual que la televisión se nutre de la radio, de la prensa tradicional y, más que nunca, de los contenidos generados en la red, YouTube se alimenta inevitablemente de la tele. Y viceversa.

IMAGEN: del Instagram de Yellow Mellow, Rush Smith y Luzu.